Los Consagrados han de anunciar a Cristo, dejándose interpelar por la Palabra de Dios y los signos de los tiempos, sin necesidad de sentirse aventureros ni dejarse dominar por la impaciencia. La falta de realismo y de madurez lleva a posturas estériles y frustrantes como abandonar la comunidad que tenemos delante pensando en otras comunidades que nunca llegan. Queridos miembros de la Vida Consagrada, dejaos ganar enteramente por el Evangelio de Jesucristo, fortaleciendo todo aquello que es necesario para mantener con un claro y definido sentido eclesial una vida espiritual intensa: oración, confesión frecuente, plan de vida, estudio asiduo, disponibilidad, obediencia y afirmando la importancia de la vida consagrada. Sin este convencimiento y esta fidelidad original, no se puede ser ni profeta ni evangelizador, cayendo en el riesgo de ser simplemente un consiliario dócil de la nueva cultura dominante, y sancionador religioso de una forma de vida, cada vez más dominada por las modas del momento. La historia tiene hoy una versión nueva: hay que saber relativizar las críticas y los rechazos que recibimos desde las posiciones de la cultura dominante.*Extracto de la Carta Pastoral del Arzobispo de Santiago de Compostela en el Día de la Vida Consagrada.