24 de diciembre de 2011

CELEBRACIONES DEL DÍA 24 DE DICIEMBRE. HERMANOS DE LA FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA (TOLEDO)

MISA DE LA VIGILIA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR





OFICIO DE LA HORA PRIMA Y CANTO DE LA CALENDA











MISA DE MEDIA NOCHE







Reproducimos la homilía pronunciada en la Misa de Media Noche:

Amadísimos Hermanos:
Al contemplar emocionados el Misterio que con su brillo iluminó la Noche Santa de Belén se presenta ante nosotros el misterio de obediencia del Hijo Unigénito de Dios, que a través de su Encarnación viene a reparar la desobediencia del género humano y a librarnos de las funestas consecuencias que dicha desobediencia ha acarreado a la humanidad pecadora: un cortejo funesto conformado por toda clase de sufrimientos, violencias, odios y maldades que oprimen a la pobre humanidad.
La obediencia del Hijo al Padre eterno y misericordioso es una obediencia libre que tiene su raíz en el amor infinito. En Belén el misterio de obediencia tiene rostro de niño, rostro dulce y angelical. En la humilde cueva de Belén el misterio de obediencia desprende el perfume suave y fresco del amor auténtico, el aroma incontaminado de la entrega confiada y de la libre sumisión a Aquél que es todo amor, fuente del amor y de la felicidad sin sombra alguna.
Es suficiente contemplar el rostro del Divino Niño para descubrir hasta que punto el tentador, cuya estrategia es en todo momento la de “disfrazarse de ángel de luz”, y cuya identidad es la de ser “padre de la mentira”, embaucó al género humano con la perfidia del engaño, haciéndonos creer que era mejor la rebelión que la obediencia al Padre de las misericordias, pretendiendo convencernos de que nos era más ventajosa la insolente desconfianza hacia el Creador que el abandono filial en su voluntad siempre santa y enriquecedora para sus criaturas.
Es el Hijo humanado que viene a reparar con su obediencia nuestra rebelión irracional. Viene a reparar con su amor la frialdad de nuestro rechazo a Dios. Viene a rescatarnos del hoyo profundo de la desesperanza y de la oscuridad para trasladarnos a la luz de su reino de vida, de gracia y de felicidad.
¿Cómo podríamos aún resistirnos ante el signo de amor que nos es dado? … Se nos impone manejar con prudencia y con toda responsabilidad la espada de doble filo de nuestra libertad. Podemos acudir con la sencillez de los pastores de Belén a postrarnos ante el Misterio o podemos automarginarnos quedándonos atrapados en nuestros fríos palacios, al fin y al cabo siempre vulnerables, entretenidos en oscuros intereses, en débiles raciocinios humanos y cálculos mezquinos, mientras la luz y la vida pasan a nuestro lado sin que nosotros sepamos o queramos verlas ni reconocerlas. He aquí el terrible misterio de iniquidad siempre presente y operante: “Los hombres prefirieron las tinieblas a la luz”. “He venido a traer vida y vosotros no queréis venir a Mi para tener vida”. ¿Cómo es posible?...
Para poder entrar en relación amorosa con el Niño recostado en el pesebre- signo que nos es dado para nuestra salvación- hay que hacerse niño, despojándose antes del hombre viejo que nos recubre.
Para entrar a formar parte de los suyos hay que nacer de nuevo, proceso doloroso cuando tan acostumbrados estamos a prejuicios resabiados de vanidad mundana.
Para poder gozar de la amistad del Niño hay que tener corazón de niño, lo que sólo es posible mediante el milagro de la gracia, único medio que nos puede devolver la inocencia perdida por nuestras rebeliones y pecados.
Comprenderemos, entonces, como en Belén hoy se inaugura un reino nuevo, una humanidad nueva, una vida nueva. En la pobre cueva de Belén se inicia un dinamismo que hará nuevas todas las cosas: las relaciones del hombre con Dios, consigo mismo y con los demás. Es un torrente impetuoso e incontrolable de gracia que va a dinamizar la historia entera dividiéndola en dos. A partir del acontecimiento de Belén la historia se divide en dos ciudades irreconciliables entre sí. Dos ciudades opuestas y en lucha permanente: la Ciudad de Dios y la ciudad que libremente se somete al imperio tenebroso del príncipe de este mundo que es homicida, enemigo declarado de Dios y del hombre, perturbador y mentiroso.
Hay un antes y un después. Hay un reto que se presenta a todo ser humano: “Quien no está conmigo está contra mí. Quien no recoge conmigo desparrama”. Esta fuerza transformadora de la realidad y de las personas se llama gracia y tiene su fuente y manantial en el corazón mismo de Dios. Es el torrente del amor divino que hace posible el milagro de los cielos nuevos y de la tierra nueva. El triunfo está del lado de esta corriente amorosa, vigorosa, vivificante y luminosa. El fracaso estrepitoso está del lado de quien la desprecia, de quien la rechaza culpablemente, de quien la ignora con soberbia, o de quien la combate temerariamente.
No nos dejemos engañar. Contemplemos con mirada de fe y visión sobrenatural el Misterio de Belén. Sólo así podremos descubrir como detrás de la vulnerabilidad del Niño indefenso de Belén se esconde la fuerza más poderosa y formidable que el hombre puediera imaginar: la fuerza arrolladora y transformante de la gracia y del amor divino. Detrás de la figura débil del Divino Infante se esconde el asiento de la Sabiduría ante quien toda la ciencia del hombre arrogante no es más que pura necedad. Detrás del balbuceo del Pequeño, envuelto en pañales y recostado en el humilde pesebre, se esconde la Palabra; la única y verdadera Palabra, poderosa y eficaz, contundente y creadora.
Apenas el Niño acaba de nacer y ya la Iglesia, Esposa Mística del Cordero inmaculado, expresa sus primeros lamentos y preocupaciones: “¿Por qué se embravecen los pueblos y maquinan las naciones vanos planes?”.
Este mismo reparo y preocupación maternal de la Iglesia Esposa y Madre se convierte en advertencia precavida y prudente dirigida a todos sus hijos. Se trata de la advertencia materna que nos recuerda que el Mal está siempre al acecho; el Mal no tolera la presencia del bien; las tinieblas están siempre en actitud desafiante para sofocar el brillo de la luz. El poder de la mentira alberga siempre la pretensión de ahogar el despunte de la verdad.
La Noche Santa de Belén ofrece su tesoro escondido desde los siglos. En Belén –Casa del Pan- se ofrece a la humanidad la Alianza Nueva entre el cielo y la tierra, que es Alianza de Paz, de indulgencia, de reconciliación y de gracia sin medida. Sin embargo la paz, el bien, la luz y la verdad habrán de abrirse paso a través de la historia en medio de luchas y permanentes asaltos.
Lejos de todo espíritu de derrota y negatividad los seguidores del Niño Divino habremos de avanzar confiados con la certeza que sus palabras nos infunden: “Todo lo puedo en Aquél que me conforta”.
En compañía de María y José admiremos y contemplemos el Misterio del Verbo humanado. ¡Venite, adoremus!

*P. Manuel María de Jesús

23 de diciembre de 2011

VENERACIÓN DE LA RELIQUIA DEL SANTO PADRE PÍO DE PIETRELCINA

Como todos los 23 de cada mes se ha venerado la reliquia del Santo Padre Pío en la Iglesia del Salvador de Toledo.





Amados hermanos:
Es el día de nuestra cita mensual con nuestro queridísimo y admirado Santo Padre Pío. Coincide esta fecha estando a las puertas mismas de la Nochebuena y de la Navidad. Y desearíamos todos que estas santas fiestas no fuesen una celebración rutinaria, anodina y fría, sino por el contrario quisiéramos todos acoger con las verdaderas disposiciones al Niño que viene para salvarnos y para ser nuestro compañero y amigo en el camino de la vida, en esta peregrinación a través de la cual nos dirigimos hacia la eternidad, hacia la patria verdadera.
Qué mejor oportunidad que esta para pedir al Padre Pío que nos ayude a disponer nuestros corazones. Para pedirle con humildad y confianza que nos tienda su mano y nos ofrezca sus palabras y sabios consejos para disponernos a celebrar el misterio santo de la Navidad.
Al leer la correspondencia que el Padre Pío dirigía en estas fechas a su director espiritual y a sus almas dirigidas encontramos una constante en sus escritos. Padre Pío, que era ante todo un gran orante, redoblaba en estas fechas su oración de súplica al Niño Dios. En los días navideños el Padre pedía incansablemente por todos. Pedía por sus conocidos, por sus superiores, por las almas que él trataba y dirigía espiritualmente, pero pedía también aun por todos aquellos a quienes no conocía.
La Navidad era para el Padre Pío, más que nada, un tiempo de oración. Un tiempo de súplica confiada dirigida al Niño Jesús por las grandes necesidades de las almas y del mundo entero. De esta forma el corazón del Padre Pío se hacía en estos días más universal. Su corazón se agigantaba, se dilataba hasta contener en él a la humanidad entera. Y con este peso de llevar a los hermanos cargados sobre sus hombros acudía confiado a la presencia del Niño Jesús para descargar ante Él las inquietudes, los sufrimientos, las angustias y necesidades de la pobre humanidad.
Por algo Jesús significa Salvador. Porque ciertamente Él viene a salvar a los hombres de la tiranía del pecado y de la frustración de la muerte. Como Salvador, Jesús es el médico de las almas que viene a sanar los corazones afligidos y a curarnos a todos de la enfermedad del pecado. El Señor viene a librarnos de los males que nos acechan.
¿A quién, entonces, sino a Jesús puede acudir la pobre humanidad lacerada en busca de medicina para remediar sus males? Por eso mismo, el Santo Padre Pío aprovechaba esta venida del Salvador para hacer como aquellas gentes de Palestina que al paso de Jesús sacaban los enfermos a las puertas de las casas y a los caminos por donde Jesús había de pasar. Así también el Padre Pío llevaba hasta el portal de Belén las necesidades de todos los hombres y ante la cuna del Niño Divino pedía misericordia y solicitaba la medicina necesaria para cada uno.

El Padre Pío con su ejemplo nos enseña, queridos hermanos, que la Navidad es un tiempo de gracia. Un tiempo en el que Cristo Salvador se acerca a nosotros, pasa a nuestro lado y viene con sus manos repletas de bendiciones y con su Corazón Divino desbordante de misericordia, ardiendo en deseos de inclinarse sobre cada alma y sobre cada corazón para ser bálsamo y consuelo, médico y medicina, salvación y gozo de los pobres pecadores. Padre Pío nos exhorta a que aprovechemos este tiempo de gracia, que aprovechemos el paso de Jesús y salgamos a su encuentro recibiéndolo en la fe y en los sacramentos con piedad renovada y con santa unción.
De los ejemplos del Padre Pío podemos aprender que la Navidad ha de ser por encima de todo un tiempo de verdadera y profunda oración. ¡Hemos de estar alerta contra la tentación de vaciar estos días de su verdadero contenido! ¡Muy alerta contra la tentación de trivializar las cosas santas! ¡Muy alerta para no caer en la tentación de la superficialidad transformando la Navidad en aquello que no es! ¡Muy alerta ante todo aquello que pudiese oscurecer a quien es el centro y el protagonista verdadero de la Navidad: el Niño Divino!
Precisamente, la oración es el arma más valiosa y eficaz para rechazar y vencer todas esas tentaciones y provocaciones que podrían arruinar la Navidad cristiana. Si perseveramos en la oración, en la intimidad con Cristo, con María y con San José, entonces experimentaremos sin duda el milagro del paso del Señor por nuestra vida.
Pero, además, el Santo Padre Pío nos enseña como debe ser esa oración nuestra particularmente en estos días. Ha de ser una oración ensanchada, amplia y universal, fruto de un corazón verdaderamente católico, que no vive encaracolado en sí mismo. Una oración a través de la cual nos hagamos solidarios de la humanidad entera y por medio de la cual acudamos a la presencia del Niño Divino portando las grandes y múltiples necesidades de la humanidad. ¡Pidamos por los otros! ¡Pidamos por los demás, aún por aquellos que no conocemos, que ya el Señor se encargará de nuestras necesidades particulares! Así nos quiere Cristo: olvidados de nosotros mismos, despegados de nuestras cosillas, atentos a las necesidades del prójimo, compartiendo los sufrimientos, las angustias y el llanto de todos los hombres. No se trata de crear fronteras sino de abrirlas. No se trata de hacer grupos sino de ser gran familia de los hijos de Dios. No se trata de permanecer lamiendo las propias heridas sino de acudir presurosos llevando en nuestras manos aceite y vino para curar las heridas del prójimo.
¡Este es el milagro auténtico de la Navidad! : La transformación de los corazones y el renacer de un compromiso verdadero en favor de la paz, de la justicia, del perdón, de la misericordia y de la fraternidad. Un compromiso de una fe más pura, de una esperanza más firme y de una caridad más ardiente.
“No dejaré nunca, y mucho menos en estos días santos, de suplicar al divino Niño por todos los hombres”. Que este compromiso del Santo Padre Pío sea también el nuestro. Amén.
*P. Manuel María de Jesús

22 de diciembre de 2011

VILLANCICO TRISTE DEL POSADERO


Niño, yo no tengo nada

que pueda dártelo a ti.

El alma tengo cerrada,

vacía, inútil, helada.


Si quisieras frío, sí.


Yo soy el de la posada

que no te abrí.


Luis López Anglada

INDULGENCIA PARA EL POSADERO DE BELÉN

Te acusan, posadero, de haber negado al Hijo de Dios un sitio en tu posada.
Si le hubieras dado un sitio en la posada, ya no sería el Padre su única morada ni los pobres más pobres su más segura estancia.

Si le hubieras dado un sitio en la posada, la confianza en Dios de María y José no habría sido probada hasta el límite.

Si le hubieras dado un sitio en la posada, no habríamos visto a Dios en un pesebre, acostado entre pajas, ni habríamos conocido la suma pobreza de Belén.

Si le hubieras dado un sitio en la posada ya no sería tan oscura y santa la noche, sin más testigos que Dios, María y José. La soledad habría quedado herida y la Palabra, dicha en el silencio, perturbada.

Si le hubieras dado un sitio en la posada, no habrían sido pastores, proscritos y excluidos del Reino de los cielos por la ley farisaica, los primeros en recibir la Buena Nueva de la salvación. Que esto enseña san Lucas.

Si le hubieras dado un sitio en la posada, los que no tienen casa podrían pensar que no había compadecido con ellos. No sería su semejante. Si le hubieras dado un sitio en la posada, habrían perdido evocación y fuerza sus futuras palabras: las zorras tienen madriguera, y los pájaros nidos, mas el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza.

Si le hubieras dado un sitio en la posada, ¿a quién acudiríamos en la prueba del exilio, ante el rechazo de los propios o la incomprensión de los ajenos? ¿Dónde refugiaríamos nuestra soledad?

Si le hubieras dado un sitio en la posada, san Jerónimo, y san Sabas y san Juan Damasceno, y tantos eremitas y anacoretas, no habrían imitado al Maestro alojándose en cuevas del desierto. Tú has contribuido a que el desierto se convierta en ciudad de santos.

Si le hubieras dado un sitio en la posada, ¿en quién me excusaría para cerrar a otros las puertas de mi casa? Me sirves tantas veces...

Si le hubieras dado un sitio en tu posada, lloraría sin consuelo, perdería la esperanza, cuando tan a menudo le cierro yo las puertas de mi alma.

Hoy nace para mí, quien nació para ti, posadero de Belén. Tú me enseñas a decir con el poeta Luis López Anglada: Yo soy el de la posada que no te abrí.

*Fuente: motivaciones.org

BALADILLA DEL POSADERO DE BELÉN


Tan cerca como le tuve
y dejé que se me fuera.
Malhaya la posadera.

Y eso que les vi la luz
nimbando sus sienes, pero...
Malahaya sea el posadero.

Malhaya la posadera
que me dijera que no
abriera. Malhaya yo.

Malahaya yo que les vi
la luz y no les retuve.
Tan cerca como le tuve.

Y ahora tan lejos, temblando
sobre el heno y la retama.
Malhaya mi blanda cama.

Carlos Murciano

¡OH, SI YO FUERA EN BELÉN MESONERO!...


Iba María, la muy delicada,
a pie, con sus grávidas santas entrañas,
subiendo las ásperas, altas montañas,
por no fatigar la asnilla cansada.
Contempla, cristiano, la Reina preñada,
cuan iba propicia del parto del Rey;
y el viejo tras ella con un flaco buey
para el tributo y dispensa gastada.


Llegaron los pobres a la ciudad:
buscaban por ella mesón y posada;
fueles de todos ella denegada
considerando su gran pobredad.
Andaba la Virgen con gran humildad
por calles y plazas, asaz vergonzosa,
sus ojos en tierra, la más que graciosa,
muy más honesta que la honestidad.

¡Oh, Madre preciosa de Dios verdadero!
Tú eres del mundo la propia Señora.
¿Y cómo te falta mesón a tal hora
viéndote pobre con el carpintero?.
¡Oh, si yo fuera en Belén mesonero!.
Cierto, Señora, por buena manera
a todos echara, a ti recibiera,
sin que pagaras un solo dinero.

¿Y cómo no visteis, oh, ciegos pintores,
la gran hermosura de esta doncella?
Pudiérades cierto, sacar por aquella,
alguna figura de grandes primores.
¡Oh, hembras preñadas y nobles señores!
¿Cuál ya crudeza os pudo tener,
viendo preñada tan tierna mujer
y no recibirla con muchos honores?
(...)
(Juan de Padilla)

18 de diciembre de 2011

EL VICARIO DE CRISTO VISITA A LOS RECLUSOS DE LA CÁRCEL DE REBIBBIA

"Donde hay un hambriento, un extranjero, un enfermo, un encarcelado, allí está Cristo mismo que atiende nuestra visita y nuestra ayuda. Es esta la razón principal que me hace feliz de estar aquí, para orar, dialogar y escuchar"...


"He venido a deciros simplemente que Dios os ama con un amor infinito y sois siempre hijos de Dios. Y el mismo unigénito Hijo de Dios, el Señor Jesús, ha tenido la experiencia de la cárcel, ha estado expuesto a un juicio delante de un tribunal y ha sufrido la más feroz condena a la pena capital".
"He venido, porque sé que en vosotros el Señor me espera"

"Los encarcelados son personas humanas que merecen, no obstante sus crímenes, de ser tratados con respeto y dignidad"


"Cierto, los hombres no son capaces de aplicar la justicia divina, pero deben al menos mirar hacia ella, tratar de aprovechar el espíritu profundo que la anima, para que ilumine también la justicia humana, para evitar -como lamentablemente no es infrecuente- que el detenido pase a ser un excluido"


"Debemos soportar que algunos hablen de manera feroz- hablan de manera feroz también contra el Papa y todavía vamos adelante. Me parece importante animar a todos a que tengan el sentido de vuestros sufrimientos. Cada uno podrá caer, pero Dios quiere que todos lleguen hasta Él, y nosotros debemos cooperar con el Espíritu de fraternidad. El Señor os ayudará y nosotros estamos a vuestro lado"


* De las palabras dirigidas por Benedicto XVI a los reclusos.

17 de diciembre de 2011

QUE VUELVA LA NAVIDAD

Cielos, destilad el rocío; nubes derramad al Justo:
Que vuelva la Navidad.

Sin Dios revestido de fragilidad, no hay Navidad.
Sin Dios empequeñecido, no hay Navidad.
Sin Dios empobrecido, no hay Navidad.
Sin Dios entre pecadores, no hay Navidad.

Sin la alegría que el cielo regala a la tierra, no hay Navidad.
Sin la salvación que del cielo nos llega, no hay Navidad.
Sin un niño que puedas encontrar y en el que puedas reconocer la alegría y la salvación que el cielo te anuncia, no hay Navidad.

Sin la fidelidad de Dios a sus promesas, nunca habría Navidad.
Sin el amor eterno del que nacen las promesas de Dios, nunca habría Navidad.
Sin la fe de María de Nazaret, que confía su vida a la fidelidad de Dios, nunca habría Navidad.
Sin tu fe, no habrá para ti ninguna Navidad.

Encontrarás a Dios pequeño en la Eucaristía. Allí lo escucharás, allí lo recibirás, allí lo adorarás: Será tu Navidad.
Encontrarás a Dios frágil y pobre en el sin techo, en el sin patria, en el sin papeles, en el sin trabajo, en el sin pan. Lo acudirás: Será tu Navidad.
Entonces podrás cantar eternamente las misericordias del Señor, anunciar su fidelidad por todas las edades, porque su misericordia es un edificio eterno: Él, el Señor, ha salido a tu encuentro como Salvador en la Eucaristía y en los pobres. Por su gracia lo has reconocido. Por gracia volverá la Navidad.

+ Fray Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger

16 de diciembre de 2011

DON JOSÉ LEONARDO LEMOS MONTANET, NUEVO OBISPO DE OURENSE

Foto: Miguel Castaño

La Santa Sede ha hecho público que el Papa Benedicto XVI ha nombrado Obispo de la diócesis de Ourense al sacerdote José Leonardo Lemos Montanet, en la actualidad Canónigo Secretario de la Catedral de Santiago de Compostela y Director de Estudios del Seminario Menor diocesano, según ha anunciado la Nunciatura Apostólica a la Conferencia Episcopal Española.

José Leonardo Lemos Montanet nació en Barallobre (A Coruña), Archidiócesis de Santiago de Compostela, el 31 de mayo de 1953. Cursó estudios en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela y es Licenciado en Estudios Eclesiásticos por la Universidad Pontificia de Salamanca (1978). Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1979.
También es Licenciado en Filosofía Teorética por la Universidad Gregoriana de Roma (1984); Diplomado en Arqueología Sagrada por el Pontificio Instituto de Arqueología de Roma (1984) y en Archivística (1985) y Biblioteconomía (1985) en las respectivas Escuelas Vaticanas. Además, en 1987, obtuvo el Doctorado en Filosofía por la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino (Angelicum) de Roma.
Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la Archidiócesis de Santiago de Compostela. Comenzó como formador en el Seminario Menor en Belvís y colaborador los fines de semana en la Parroquia “Ntra. Sra. De la Merced” de Conxo (A coruña), de 1978 a 1982. Después se trasladó a Roma para ampliar estudios. A su regresó, fue nombrado Capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey (1986-1988) y formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela (1988-2001).
Desde 2001 es Director Técnico de Estudios del Seminario Menor-Colegio Diocesano. Además es Canónigo, desde 2003, y Secretario Capitular, desde 2005, de la Catedral Compostelana. En el Instituto Teológico Compostelano es profesor encargado de Cátedra, desde el año 1985; Director de la Biblioteca de Estudios Teológicos, desde 1992, y Vicedirector desde 2007. También, desde el año 2006, es Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas y es colaborador pastoral en la Parroquia “San Fernando” en Santiago. Es autor de varios libros y numerosos artículos.

*Fuente:pastoralsantiago.org

11 de diciembre de 2011

DOMINGO GAUDETE EN LA IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO - HERMANOS DE LA FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA






"Gozaos siempre en el Señor; otra vez digo, gozaos. Vuestra modestia sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No tengáis solicitud de cosa alguna; mas en toda circunstancia, por la oración, manifestad vuestras peticiones a Dios." (Fil 4, 4-6)



Toda la liturgia de adviento tiene un carácter de espera gozosa de Aquel que viene a salvarnos. Entre los cuatro domingos de adviento, el tercero destaca por marcarlo en sus textos y en su signos y, de ahí, su nombre de Domingo Gaudete, tomado de la primera palabra del Introito. "Por fin el Señor está cerca, y esta noticia inunda de gozo los corazones , gozo que nada tiene de parecido con el mundano, por ser fruto de la paz interior que el Espíritu Santo comunica al alma cuando esta permanece fiel a la voluntad de Dios. A esa fidelidad, es decir, al exacto cumplimiento de los deberes del propio estado, llama San Pablo, modestia, como si dijera modo y exacta medida de todas las virtudes. Cierto que los dolores e inquietudes externos pueden ser un obstáculo a la paz interior, pero san Pablo nos aconseja que desterremos de nuestro corazón la demasiada solicitud. Recurramos a Dios en la oración con humilde confianza y representemos nuestras necesidades al Padre de las misericordias y Dios de toda consolación."

Beato Card. Schuster OSB, Liber Sacramentorum II.

9 de diciembre de 2011

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA EN LA FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA

A las 10 de la mañana se celebró en la Iglesia del Salvador de Toledo la Santa Misa Cantada en honor de la Inmaculada Concepción de María. En esta Iglesia se celebra a diario la Santa Misa conforme al uso extraordinario y el Oficio Coral por parte de la comunidad de Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina.














Al finalizar la Santa Misa dos personas realizaron el acto de consagración a Jesucristo, Sabiduría encarnada, por manos de María. Esta consagración se conoce como Esclavitud mariana, cuya doctrina fue expuesta magistralmente por San Luis María Grignión de Montfort, y que en nuestros días fue propagada incansablemente por el Beato Juan Pablo II. La esclavitud mariana es una perfecta renovación de las promesas bautismales y un acto de amor, confianza y abandono en las manos maternales de María. AD JESUM PER MARIAM!




En esta misma Iglesia del Salvador se viene reuniendo semanalmente un grupo de personas que se preparan para hacer la consagración mariana estudiando y profundizando la doctrina expuesta por San Luis en el Tratado de la Verdadera Devoción.

¡SOY TODO TUYO REINA MÍA Y MADRE MÍA, Y CUANTO TENGO TUYO ES!

CELEBRACIÓN DEL PRIMER SÁBADO DE DICIEMBRE EN LA IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO

Respondiendo al pedido del Señor y de la Santísima Virgen a la Hermana Lucía, en la ciudad de Pontevedra el 10 de diciembre de 1925, venimos celebrando en la Iglesia del Salvador de Toledo los Primeros Sábados de mes en reparación de las blasfemias y ofensas ques e cometen contra el Inmaculado Corazón de María.
El acto consiste en la Exposición del Santísimo Sacramento, rezo y meditación del Santo Rosario, para finalizar con la procesión por el interior del templo y la renovación de la consagración al Corazón Inmaculado de María.






8 de diciembre de 2011

BENEDICTO XVI ACUDE A SU CITA CON LA INMACULADA EN LA PLAZA DE ESPAÑA

Como ya es tradición desde el pontificado del Papa Pablo VI, también hoy solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Papa Benedicto XVI acudió a la Plaza de España en el corazón mismo de la Ciudad eterna, donde se alza majestuoso el monumento a la Inmaculada, para presidir un acto de homenaje a la Madre de Dios y de la Iglesia.







El papamóvil pasando ante la Embajada de España







El Cardenal Cañizares saludando al Santo Padre al finalizar el acto


ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE ANTE EL MONUMENTO A LA INMACULADA
Queridos hermanos y hermanas:
La gran fiesta de María Inmaculada nos invita cada año a encontrarnos aquí, en una de las plazas más bellas de Roma, para rendir homenaje a Ella, a la Madre de Cristo y Madre nuestra. Con afecto saludo a todos ustedes aquí presentes, como también a cuantos están unidos a nosotros a través de la radio y la televisión. Y les agradezco por su coral participación en este, mi acto de oración.
En la sumidad de la columna que hoy coronamos, María aparece representada por una estatua que en parte evoca el pasaje del Apocalipsis apenas proclamado: “Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza” (Ap 12,1). ¿Cuál es el significado de esta imagen? Ella representa al mismo tiempo a la Santísima Virgen y a la Iglesia.
Antes que nada la “mujer” del Apocalipsis es María misma. Ella aparece “vestida de sol”, es decir vestida de Dios: la Virgen María en efecto está completamente circundada por la luz de Dios y vive en Dios. Este símbolo de la túnica luminosa claramente expresa una condición que alude a todo el ser de María: Ella es la “llena de gracia”, plena del amor de Dios. Y “Dios es luz”, dice también san Juan (1 Jn 1,5). Es por eso que la “llena de gracia”, la Inmaculada” refleja con toda su persona la luz del “sol” que es Dios.
Esta mujer tiene bajo sus pies la luna, símbolo de la muerte y de la mortalidad. María, en efecto, está completamente asociada a la victoria de Jesucristo, su Hijo, sobre el pecado y sobre la muerte; está libre de toda sombra de muerte y totalmente llena de vida. Porque la muerte ya no tiene poder sobre Jesús resucitado (cfr Rm 6,9), así, por una gracia y un privilegio singular de Dios Omnipotente, María la ha dejado tras de sí, la ha superado. Esto se manifiesta en los dos grandes misterios de su existencia: al inicio, al haber sido concebida sin pecado original, que es el misterio que celebramos hoy; y, al fin, al haber sido elevada en alma y cuerpo al Cielo, en la gloria de Dios. Pero también toda su vida terrena ha sido una victoria sobre la muerte, porque la ha gastado por entero al servicio de Dios, en la oblación total de sí a Él y al prójimo. Por esto María es en sí misma un himno a la vida: es la creatura en la que ha quedada cumplida la palabra de Cristo “yo he venidopara que tengan Vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).
En la visión del Apocalipsis hay otro particular: sobre la cabeza de la mujer vestida de sol hay “una corona de doce estrellas”. Este signo representa las doce tribus de Israel y significa que la Virgen María está al centro del Pueblo de Dios, de toda la comunión de los santos. Y así ésta imagen de la corona de doce estrellas nos introduce a la segunda gran interpretación del signo celeste de la “mujer vestida de sol”: además de representar a la Santísima Virgen, este signo representa a la Iglesia, la comunidad cristiana de todos los tiempos. Ella está encinta, en el sentido de que lleva en su seno a Cristo y lo debe hacer nacer al mundo: ese es el parto de la Iglesia peregrina sobre la tierra, que en medio a las consolaciones de Dios y a las persecuciones del mundo debe llevar a Jesús a los hombres.
Es por este motivo, porque lleva a Jesús, que la Iglesia encuentra la oposición de un feroz adversario, representado en la visión apocalíptica por un “un enorme Dragón rojo” (Ap 12,3). Este dragón ha buscado inútilmente devorar a Jesús – el hijo varón que debía regir a todas las naciones” (12,5) –inútilmente porque Jesús, con su muerte y resurrección, fue elevado hasta Dios y hasta su trono. Por este motivo el dragón, derrotado de una vez por todas en el cielo, dirige sus ataques contra la mujer – la Iglesia – en el desierto del mundo. Pero en cada época la Iglesia es sostenida por la luz y por la fuerza de Dios, que la nutre en el desierto con el pan de su Palabra y de la santa Eucaristía. Y así en cada tribulación a través de todas las pruebas que encuentra en el curso de los tiempos y en las diversas partes del mundo, la Iglesia sufre persecuciones, pero resulta vencedora. Y de este modo la Comunidad cristiana es la presencia, la garantía del amor de Dios contra todas las ideologías del odio y del egoísmo.
La única insidia de la cual la Iglesia puede y debe tener temor es el pecado de sus miembros mientras en efecto María es Inmaculada, libre de toda mancha de pecado, la Iglesia es santa, pero al mismo tiempo marcada por nuestros pecados. Por esto el Pueblo de Dios, peregrino en el tiempo se dirige a su Madre celeste y le pide su ayuda; la pide para que Ella acompañe el camino de fe, para que aliente el compromiso de vida cristiana y para que lo apoye en la esperanza. Lo necesitamos, sobre todo en este momento tan difícil para Italia, para Europa, para varias partes del mundo. Que María nos ayude a ver que hay una luz más allá de la capa de niebla que parece envolver la realidad. Por esto también nosotros, especialmente en esta celebración, no cesamos de pedir con filial confianza su auxilio: “Oh María concebida sin pecado ruega por nosotros que recurrimos a Ti”. Ora pro nobis, intercede pro nobis ad Dominum Iesum Christum