27 de julio de 2011

LOS CATOLICOS DEBEN COMULGAR DE RODILLAS Y EN LA BOCA

En una entrevista concedida a ACI Prensa, el Cardenal Antonio Cañizares señaló que: "es recomendable que los fieles comulguen en la boca y de rodillas". Ponerse de rodillas, responde "al sentido que debe tener la comunión, que es de adoración, de reconocimiento de Dios". "Es sencillamente saber que estamos delante de Dios mismo y que Él vino a nosotros y que nosotros no lo merecemos".

El Cardenal afirma que hay que recuperar la comunión de rodillas, afirmando que "que es necesario para toda la Iglesia que la comunión se haga de rodillas".
Además afirmó que "si trivializamos la comunión, trivializamos todo, y no podemos perder un momento tan importante como es comulgar, como es reconocer la presencia real de Cristo allí presente, del Dios que es amor de los amores como cantamos en una canción española".


leer artículo en

26 de julio de 2011

ORDENACIONES DIACONALES EN EL MONASTERIO BENEDICTINO DE LE BARROUX

El pasado 22 de Julio, Solemnidad de Santa María Magdalena en la Abadía Benedictina de Le Barroux, tuvo lugar la ordenación de dos nuevos diáconos. El obispo es Monseñor Marc Aillet, obispo de Bayona y asistió a la ceremonia el obispo Paul Marie Guillaume, obispo emérito de Saint-Dié. En New liturgical se pueden ver más fotografías del Solemne Pontifical. La página web del monasterio es la siguiente http://www.barroux.org/

25 de julio de 2011

SANTA MISA DEL APOSTOL SANTIAGO

SOLEMNIDAD DEL APOSTOL SANTIAGO

PATRONO DE ESPAÑA

Vísperas gregorianas

18:00

Santa Misa Cantada

18:30

Iglesia del Salvador

Plaza del Salvador, s/n

TOLEDO

24 de julio de 2011

DIOS ES NUESTRO PADRE

*Ayer sábado día 23 se celebró en la Iglesia del Salvador la misa mensual, uso extraordinario del Rito Romano, en honor del santo Padre Pío. Reproducimos la homilia pronunciada en la misma:

Escribiendo en diversas ocasiones a una de sus almas dirigidas el Santo Padre Pío va exponiendo una serie de máximas que él considera necesarias para llevar una vida cristiana devota. En una anterior ocasión ya reflexionamos sobre la primera máxima que el Padre le exponía: “Todo redunda en bien de los que aman a Dios”.

En una carta posterior el Padre Pío le presenta a su dirigida la segunda máxima que él desea lleve siempre gravada en su espíritu: ¡Que Dios es nuestro padre! Reparemos en las palabras y en la reflexión que hace el Santo:
Dios es nuestro padre; ¿y qué tienes que temer cuando se es hija de tal padre, sin cuya providencia no caerá nunca un cabello de tu cabeza?

Claramente podemos advertir como el Padre Pío en su labor de dirección y acompañamiento de las almas quiere echar sólidos cimientos para luego levantar y edificar todo el edificio espiritual. La vida cristiana ha de apoyarse sobre los cimientos inamovibles de la fe; es por eso que el Padre comienza por la afirmación básica de que Dios es nuestro padre y nosotros sus hijos. ¡Este es el mensaje gozoso de la fe cristiana, la Buena Nueva del Evangelio! Para eso se encarnó, padeció y murió nuestro Señor Jesucristo: para redimirnos del pecado, salvarnos de la muerte eterna y alcanzarnos la gracia de ser hijos adoptivos de Dios. Todas estas gracias y dones de infinito valor nos fueron conferidos a cada uno mediante el sacramento del bautismo. Antes éramos enemigos de Dios, pues nacimos privados de la gracia divina, sometidos al poder del Maligno. Pero, gracias a Cristo fuimos liberados, rescatados y elevados a la categoría de hijos muy amados de Dios. Por lo tanto, hemos de vivir con esta conciencia clara de nuestra dignidad, pensando en todo momento y circunstancia Quién es nuestro padre, de Quién somos hijos y cuál es la herencia eterna que estamos llamados a poseer un día. Nuestra vida entera ha de estar imbuida y como empapada de esta firme y gozosa convicción de que Dios es nuestro padre y como tal hemos de relacionarnos con él: como verdaderos hijos suyos, procurando ser lo más dignos posible de esa nuestra condición.

Dios en su infinita bondad y misericordia llama a todos los hombres y mujeres a esa vocación y dignidad altísimas, la de ser sus hijos de adopción por los méritos de Jesucristo, su Hijo Unigénito y predilecto. De ahí la misión de la Iglesia de predicar el Evangelio y bautizar a todas las gentes. Y de ahí la obligación de todos los bautizados de ser apóstoles de la fe cristiana mediante el ejemplo de nuestra vida y el testimonio de nuestras palabras, anunciando a Cristo y sus enseñanzas, estando siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza en la vida eterna a todo aquél que nos lo pidiere.

En la carta a su dirigida espiritual, que podemos muy bien recibirla como dirigida a cada uno de nosotros en particular, el santo Padre Pío hace una llamada a la confianza que libera del temor, del miedo y de la opresión que se ceban en nosotros por medio de las dificultades y penalidades de la vida. ¡Padre Pío conocía como nadie toda esa cadena de sufrimientos físicos, morales y espirituales! A sus tremendos sufrimientos físicos se sumaban permanentemente otros todavía más crudos y amargos: la incomprensión de los suyos, la persecución por parte de quienes eran para él los representantes oficiales de Dios, las calumnias y difamaciones, las burlas y desconfianzas de todo tipo. Pero, aún con todo esto, el Padre Pío confiaba, porque se sabía hijo de Dios amoroso y providente. Estaba firmemente convencido que la última palabra la tiene Dios; que siempre, tarde o temprano, Dios acaba actuando a favor de sus hijos amados, desbaratando los planes de los malvados, derribando de sus pedestales a los soberbios y a todos aquellos que se hacen poderosos con sus maldades, sus maquinaciones y planes malévolos. Esta confianza es la que el Santo Padre Pío desea infundir en nosotros.

¿No es en verdad muy extraño que, siendo nosotros hijos de tal padre, tengamos y podamos tener otro pensamiento que no sea el de amarlo y servirlo?
Esta es la doctrina dulcísima que el Padre Pío nos ofrece como manjar sabroso para nuestras almas: la que nos invita primero a la confianza y suscita después en nosotros el amor filial hacia Dios nuestro padre. Un amor que no se paraliza en un sentimiento ineficaz, sino que se traduce en la firme decisión de servirle aceptando su voluntad y esforzándose por cumplir sus mandamientos.
Son, pues, estas las dos columnas sobre las que edificar nuestra vida cristiana, los dos faros de luz que han de iluminar nuestra travesía por este mundo: CONFIANZA Y AMOR para con Aquél que es nuestro Creador, Padre y Señor.
Termina este capítulo el Santo Padre Pío con unas indicaciones muy prácticas y sencillas que a todos nos pueden hacer mucho bien:

Cuida y gobierna tu alma y tu familia como él quiere, y no te preocupes; porque, si haces esto, verás cómo Jesús cuida de ti. “Piensa en mí, que yo pensaré en ti”, dijo Jesús en una ocasión a Santa Catalina de Siena; y el Sabio dice: “Padre eterno, vuestra providencia lo gobierna todo”
Así, de esta forma tan sencilla, nos invita el Padre Pío a vivir confiados en Dios como el niño que camina fuertemente asido a la mano de su padre, confiando en Él, en su poder y en su providencia; no dejándonos ahogar por las dificultades que a veces parecen vencernos y sepultarnos bajo su peso. Luchemos, haciendo lo que esté a nuestro alcance, apoyados en la gracia y en el auxilio de Dios, y confiémosle a Él todo aquello que veamos que es superior a nuestras fuerzas. Procuremos vivir confiando y amando, orando y ofreciendo. A su tiempo el Señor actuará en nuestro favor. Pidamos a nuestra Madre Santísima, Medianera de todas las gracias, que aumente nuestra confianza e inflame nuestro amor hacia el Señor.
P. Manuel María de Jesús

22 de julio de 2011

EL AMOR DE MAGDALENA

Magdalena, la santa amante de Jesús, lo amó en sus tres estados. Lo amó vivo, lo amó muerto, lo amó resucitado. Dio a conocer la ternura de su amor por Jesucristo presente y vivo; la constancia de su amor por Jesucristo muerto y sepultado; las impaciencias y los transportes; los arrebatos, los desmayos y los excesos de su amor desamparado por Jesucristo resucitado y ascendido a los cielos.


Cuando miro a Magdalena a los pies de Jesús me parece ver al amor extraviado que deplora sus extravíos y busca el recto camino a los pies de Aquél que es el camino mismo. ¿Es el amor el que la acucia? Sus ardientes besos lo atestiguan; la palabra de Jesucristo lo confirma. Per, ¿cuál es este amor de Magdalena? El amor lo puede todo; el amor lo osa todo; el amor no sólo es libre y familiar, sino además audaz y emprendedor; y veo a Magdalena que permanece detrás, que no osa alzar la vista ni mirar este rostro, que considera que es ya una gran dicha acercarse a sus pies; veo que suspira y no habla, que llora y no osa esperar consuelo alguno, que da todo lo que tiene y todo lo que es y ni siquiera osa pedir su gracia.


Magdalena, si es el amor el que te impele, ¿qué temes? Ósalo todo, empréndelo todo. El amor no sabe de límites: sus deseos son su norma, sus transportes su ley, sus excesos su medida. Sólo teme temer; y su licencia para poseer es la osadía de pretenderlo todo, la libertad de emprenderlo todo.


Pero es cierto: éstos son los derechos del amor siempre y cuando no se aparte del recto camino. Pues, habiéndose extraviado, ha de volver dando largos rodeos, y ha de temblar, y ha de alejarse, y ha de llorar sus extravíos y reparar sus faltas con su confusión. ¿Para qué estás hecho, amor? Para lo bello y lo bueno, para la unidad y el todo, para la verdad y el ser y para la fuente del ser: y todo esto es Dios mismo. Sí, de haber caminado siempre derecho a Dios lo osarías todo con Jesucristo; lo emprenderías todo por Jesucristo. El Dios hecho hombre para ser del hombre se hubiera abandonado todo él a tus abrazos, tan castos como libres, tan suaves y dulces como férvidos e insaciables. Lo pedirías todo sin temor y lo poseerías todo sin reserva. Pero, amor, te extraviaste entre objetos extraños para los cuales no fuiste creado. Vuelve pobre vagabundo, vuelve; pero vuelve con temor y justamente castigado por haber permitido a tu libertad errar; vuelve con el corazón oprimido por el dolor a fin de llevar la pena de tus desahogos disolutos; vuelve humillado y abatido a fin de enseñar que has sacudido el yugo con demasiado atrevimiento y que has olvidado a tu Soberano.


El amor une, el pecado distancia, pero el amor penitente participa de ambos. Magdalena corre a Jesús: eso es amor; Magdalena no osa acercarse a Jesús: eso es pecado. Entra intrépida: eso es amor; se acerca temerosa y confusa: eso es pecado. Perfuma los pies de Jesús: eso es amor; los riega con sus lágrimas: eso es pecado. Esparce y prodiga su cabello: eso es amor; para enjugar los pies de Jesús: eso es pecado. Es ávida e insaciable: eso es amor; no osa pedir nada: eso es pecado. Pero llora, pero suspira; pero mira; pero calla: eso es a un tiempo amor y pecado.





¡Qué amable es el amor penitente en sus osadías sumisas, en sus libertades reprimidas y en sus licencias temblorosas! Y de nuevo, ¡qué amable porque ama, porque honra, porque practica la justicia y renuncia a los derechos que le confieren el nombre y la calidad de amor para que, con sentimientos de penitencia, reine la justicia!


Pues, oigamos qué dice el amor en el Cantar de los Cantares. No aspira más que a la unión, los castos besos, los íntimos abrazos del Esposo. Audaz e impetuoso como es él, comienza así: "Reciba yo un ósculo de su boca" Al amor penitente le gustaría sin duda abandonarse desde el mero principio a este amable exceso; pero, aturdido por sus desórdenes, no osa hablar con este noble arrebato y, en lugar de cantar con la Esposa: "Reciba yo un ósculo de su boca", lo colma ¡ay! la dicha de poder decir: "Que sufra tan sólo mis besos en sus pies". Este es el cantar del amor penitente; es el que canta María Magdalena con su lágrimas, con sus sollozos y con su melódico silencio.


No creamos empero que renuncia por completo a los abrazos del Esposo. A todas estas amables delicias, de las que parece alejarse convencida de no ser digna de ellas, en su fuero más interno sí aspira. Postrada como está a los pies del Esposo, y entregada toda ella a sus sagrados pies, no osando tan sólo mirar su rostro, ya lo abraza en su espíritu con el corazón. Pero suprime este deseo por ser demasiado libre tras sus pecados y al suprimirlo le infunde otra vida más íntima y más delicada. Este deseo que la humildad contiene va a su objeto por otra senda. Se acerca retirándose y la cautividad que se impone le da la libertad.


Estos son los admirables y los misteriosos rodeos del amor penitente que se aproxima huyendo y que pasa a poseer rechazando, en cierto modo, el bien que persigue. No osa decirle al Esposo con esa libertad de la Esposa: "Ven, amor de mi alma; ven, ven pronto"; pero halla la forma de llamarlo de otro modo diciendo: Apártate; apártate. "Apártate de mí, Señor", decía san Pedro, "que soy un hombre pecador" ¡Nuevo e insólito método de invitar rechazando! Pero el Esposo entiende este lenguaje. Sabe reconocer que es desearlo ardientemente rechazarlo de tal forma; y este deseo de poseerlo, que mediante su contrario se expresa, le llega al alma y lo apiada; pues ve a un tiempo tanto las impaciencias de un alma verdaderamente amante, como su secreto suspiro -más violento aún porque no osa escapar-, como las sujeciones de su amor que no se descubre por respeto.

* Fragmento de L'Amour de Madeleine

Sermón anónimo francés del siglo XVII, descubierto por Rilke en 1911

16 de julio de 2011

ORACIÓN DEL BEATO JUAN PABLO II A NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN



1. Te bendecimos, ¡oh Dios nuestro!, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, porque elegiste a María, desde antes de la creación del
mundo, para ser santa e inmaculada ante Ti por el amor.
En previsión de los méritos de Cristo,
la redimiste y constituiste Madre del mismo Redentor.
Por virtud del Espíritu Santo hiciste de Ella para siempre
templo de tu gloria, una nueva criatura,
primicia de la nueva humanidad.
¡Bendito seas por siempre, Señor!

2. ¡Bendita Tú entre las mujeres, Virgen María,
y bendito el fruto de tu seno, Jesús!

En Ti, la llena de gracia, se refleja la bondad de Dios
y el destino de la criatura humana,
para alabanza de la gloria de su gracia
con la que nos enriqueció en su Hijo muy amado,
que es nuestro Hermano e Hijo tuyo, Jesucristo.

Tú, la humilde sierva del Señor,
eres el modelo de los discípulos de Cristo
que consagran su vida a realizar la voluntad del Padre
para la venida de su reino.

3. ¡Santa María, Madre de Cristo,
Madre de Dios y Madre nuestra!

Bajo tu amparo nos acogemos,
a tu intercesión maternal nos confiamos.
Como Tú te consagraste totalmente a Dios,
nosotros, siguiendo tu ejemplo
y en comunión contigo,
nos consagramos a Cristo el Señor;
nos consagramos también a Ti, nuestro modelo,
porque queremos hacer en todo la voluntad del Padre,
y ser como Tú fieles a las inspiraciones del Espíritu.

4. ¡Virgen del Carmen de Maipú,
Reina y Patrona del pueblo chileno!

A tu corazón de Madre encomiendo la Iglesia
y todos los habitantes de Chile:
los Pastores y los fieles,
todos los hijos de esta nación.
Que bajo tu protección maternal,
Chile sea una familia unida en el hogar común,
una patria reconciliada en el perdón
y en el olvido de las injurias,
en la paz y en el amor de Cristo.
Tú que eres la Madre de la Vida verdadera,
enséñanos a ser testigos del Dios vivo,
del amor que es más fuerte que la muerte,
del perdón que disculpa las ofensas,
de la esperanza que mira hacia el futuro
para construir, con la fuerza del Evangelio,
la civilización del amor en una patria reconciliada y en paz.

5. ¡Santa María de la Esperanza,
Virgen del Carmen y Madre de Chile!

Extiende tu escapulario, como manto de protección,
sobre las ciudades y los pueblos, sobre la cordillera y el mar,
sobre hombres y mujeres, jóvenes y niños,
ancianos y enfermos, huérfanos y afligidos,
sobre los hijos fieles y sobre las ovejas descarriadas.
Tú, que en cada hogar chileno tienes un altar familiar,
que en cada corazón chileno tienes un altar vivo,
acoge la plegaria de tu pueblo, que ahora, con el Papa, de nuevo se consagra a Ti.
Estrella de los mares y Faro de luz,
consuelo seguro para el pueblo peregrino,
guía los pasos de Chile en su peregrinar terreno,
para que recorra siempre senderos de paz y de concordia,
caminos de Evangelio, de progreso, de justicia y libertad.
Reconcilia a los hermanos en un abrazo fraterno;
que desaparezcan los odios y los rencores,
que se superen las divisiones y las barreras,
que se unan las rupturas y sanen las heridas.
Haz que Cristo sea nuestra Paz,
que su perdón renueve los corazones,
que su Palabra sea esperanza y fermento en la sociedad.

6. ¡Madre de la Iglesia y de todos los hombres!
Inspira y conserva la fidelidad a Cristo
en la nación chilena y en el continente latinoamericano.
Mantén viva la unidad de la Iglesia bajo la cruz de tu Hijo.
Haz que los hombres de todos los pueblos,
reconozcan su mismo origen y su idéntico destino,
se respeten y amen como hijos del mismo Padre,
en Cristo Jesús, nuestro único Salvador,
en el Espíritu Santo que renueva la faz de la tierra,
para gloria y alabanza de la Santísima Trinidad.
Amén.

NUESTRA SEÑORA DEL MONTE CARMELO



La Orden del Carmen nació a finales del siglo XII en el Monte Carmelo, especialmente para dar culto y tratar de imitar a la Virgen María. Por ello desde los orígenes se conoció a los religiosos carmelitas como a los "Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo". Aún hoy éste es el título oficial de la Orden que fue enriquecido con muchas gracias e indulgencias a cuantos así llamaran a los carmelitas.
Por el 1251 el Prior General de la Orden San Simón Stock (+ 1265) acudía a la Virgen María, como Patrona de la Orden para que le liberara de los enemigos que atentaban contra su existencia. Y para ello llegó a componerle algunas plegarias. Ésta la cantan cada día los carmelitas: "Oh flor del Carmelo, Viña florida, esplendor del cielo, virgen fecunda y singular. ¡Oh Madre tierna!, intacta de hombre, a los carmelitas, proteja tu nombre (da privilegios) estrella del mar".
Una noche, la tradición dice que fue el 16 de julio de 1251, se le apareció la Virgen María llevando el escapulario del Carmen en sus manos y le dijo: "Éste será el privilegio para ti y todos los carmelitas: quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriese, se salvará".
Desde entonces empezó a divulgarse esta devoción por todas partes, especialmente por los países latinos, hasta llegar a ser una devoción católica.
Hoy la Orden del Carmen en todas sus múltiples ramas masculinas, femeninas y los millares y hasta millones de seglares que visten el escapulario del Carmen -el más popular de todos los escapularios que venera la Iglesia- se halla extendida por todas partes y dan a conocer a la Virgen María bajo esta popular advocación del CARMELO.
Es Patrona la Virgen del Carmen de varias Naciones y Gremios, y especialmente la venera como Madre y como Reina la gente del Mar.

13 de julio de 2011

BENEDICTO XVI: SAN BENITO, MAESTRO DE LA ESCUCHA



Mañana celebraremos la fiesta de San Benito, Abad y Patrón de Europa. A la luz de este Evangelio, mirémosle como maestro de la escucha de la Palabra de Dios, una escucha profunda y perseverante. Debemos siempre aprender del gran Patriarca del monaquismo occidental y dar a Dios el lugar que Él espera, el primer lugar, ofreciéndoLe, con la oración de la mañana y de la tarde, las actividades cotidianas.

Ángelus, 10-7-2011

El 80% de los católicos españoles no ha oído hablar del Motu Proprio Summorum Pontificum



Según la encuesta realizada por Paix Liturgique en España, sólo el 19% de los católicos españoles ha oído hablar de la liberalización de la liturgia anterior al Concilio Vaticano II por el Motu Proprio Summorum Pontificum, porcentaje muy inferior al del resto de Europa. Uno de cada tres católicos practicantes en España consideraría normal que en su parroquia se utilizasen ambas formas del rito romano y algo más de la mitad de los mismos participaría al menos una vez al mes en la Misa según el Misal de Juan XXIII, si se celebrase en su parroquia.


seguir leyendo en

4 de julio de 2011

BREVE RESEÑA DEL BEATO PIER GIORGIO

BEATO PIER GIORGIO FRASSATI, ORA PRO NOBIS




BEATO PIER GIORGIO FRASSATI


patrono y protector de los jóvenes


de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina



Letanías del Beato Pier Giorgio Frassati



Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad
Cristo, óyenos.



Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo
Dios Espíritu Santo
Santísima Trinidad y un único Dios



Santa María
Ruega por nosotros
Todos los ángeles y santos,
Beato Pier Giorgio,
Amante hijo y hermano,
Sostén de la vida familiar,
Amigo de los que no tienen amigos,
El más cristiano de los compañeros,
Líder de la juventud,
Ayuda de los necesitados,
Maestro de la caridad,
Protector de los pobres,
Consuelo de los enfermos,
Atleta del Reino de Dios,
Conquistador de las cumbres de la vida,
Defensor de verdad y la virtud,
Oponente de toda injusticia,
Patriótico ciudadano de la nación,
Leal hijo de la Iglesia,
Devoto hijo de la Virgen,
Ardiente adorador de la Eucaristía,
Ferviente estudioso de las Escrituras,
Dedicado seguidor de Santo Domingo,
Apóstol de la oración y el ayuno,
Guía para un profundo amor a Jesús,
Diligente en el trabajo y en el estudio,
Alegre en todas las circunstancias de la vida,
Fuerte en mantener la castidad,
Callado en el dolor y sufrimiento,
Fiel a las promesas del Bautismo,
Modelo de humildad,
Ejemplo de desprendimiento,
Espejo de obediencia,
Hombre de las Bienaventuranzas,






Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten piedad de nosotros



V. Ruega por nosotros, Beato Pier Giorgio Frassati,
R. Para que seamos hechos dignos de las promesas de Cristo.

Oremos,
Oh, Padre, tú has dado al joven Pier Giorgio Frassati la dicha de encontrar a Cristo y de vivir con coherencia su fe al servicio de los pobres y enfermos; por su intercesión haz que también nosotros subamos, como él, por los senderos de las bienaventuranzas evangélicas y que imitemos su generosidad, para difundir en la sociedad el espíritu del Evangelio. Por Cristo, nuestro Señor. Amén


Se ruega informar de las gracias obtenidas por intercesión del Beato Pier Giorgio a:

Postulador de la Causa P.G. Frassati
C/Borgo S. Spirito, 5 00100 Roma Italia

Si quieren estampas, puedes solicitarlas a:

Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina

Pasaje de las hazas, 2 Bº N

45002 TOLEDO

o nuestro email:

1 de julio de 2011

ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS POR LOS SACERDOTES




¡Oh Jesús, eterno sacerdote!

Guarda a tus sacerdotes al abrigo de tu corazón.

Especialmente te pedimos para que guardes sin mancha sus manos consagradas, que diariamente tocan tu Santo Cuerpo, y limpios sus labios,teñidos por tu preciosa Sangre.

Guarda puro su corazón, marcado por el sello sublime del sacerdocio.

No permitas que el espíritu del mundo los contamine, y que tu santo Amor los proteja de todo peligro. Bendice sus trabajos y que el fruto de sus desvelos sea la salvación de muchas almas, que serán su consuelo aquí y su corona eterna.

Divino Corazón de Jesús, Corazón lleno de celo por la gloria del Eterno Padre, te rogamos por todos los sacerdotes; en tu Corazón Sagrado llénalos de celo, de pureza, de bondad, de amor y de caridad apostólica.
Amén

MI AMADO Y BUEN JESÚS

Oh, amado Jesús.

Ayúdame a esparcir tu fragancia por donde quiera que vaya.

Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.

Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la Tuya.

Brilla a través de mi y permanece tan dentro de mi, que cada alma con que me encuentre pueda sentir tu presencia en la mia.

¡Permite que no me vean a mí sino solamente a Jesús!
Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú, a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.

La luz oh, Jesus, vendrá toda de Tí, nada de ella sera mía; serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mí.

Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como más te gusta.
Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor que existe en mi corazón por Tí.
Amen.
*Beata Madre Teresa de Calcuta

¡SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, EN VOS CONFÍO!

Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos las gracias por todo lo que eres y todo lo que haces.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de Tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna.

Reunidos en Tu nombre, que está por encima de todo nombre, nos consagramos a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.

Al consagrarnos a Ti, renovamos nuestro deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordioso y pleno amor.

Señor Jesucristo, Rey de Amor y Príncipe de la Paz, reina en nuestros corazones y en nuestros hogares. Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón.
¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén.

*Beato Juan Pablo II