30 de junio de 2011

MEDITACIÓN PARA LA FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN




Meditación sobre el Corazón de Jesús en torno a las lecturas del Domingo XIVº del tiempo ordinario (ciclo A)

Primera Lectura: Zacarías 9:9-10


Salmo Responsorial: Salmo 145:1-2, 8-11, 13-14


Segunda Lectura: Romanos 8: 9. 11-13


Evangelio: Mateo 11: 25-30




Dame, hijo, tu corazón
y que tus ojos hallen deleite en mis caminos”




Hemos celebrado hace escasos dos días, este año extraordinariamente tardía, la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Luego de haber recorrido, en la fe y en la actualización salvífica de la liturgia, todo el camino del descenso a nosotros del Amor misericordioso de Dios en Jesucristo: la Encarnación, la Cruz, la Resurrección, la donación del Paráclito. Luego de haber ascendido en alas de ese Amor para ver de cara el Misterio de Dios, que es un Misterio de Comunión y Entrega, en la Santísima Trinidad. Luego de agradecer y extasiarnos en adoración ante ese Amor que sigue palpitando en la Eucaristía para trasformarnos en Sí mismo. Hoy contemplamos el Corazón de Jesús, nos volvemos a la Fuente desde donde nos llega continuamente ese Amor, la Fuente de la Gracia y la Misericordia, el espacio vivo de la Nueva Alianza, el Sagrario en donde se unen definitivamente la criatura humana y el Creador.

Hoy el evangelio nos invita a volvernos al Corazón del Hijo amado, a su mansedumbre y humildad. El Corazón de Jesús es como la síntesis de toda la Revelación de la Vida de Dios y es el Sacramento fundante de esa Vida para nosotros.

El Corazón de Jesús es como el horizonte en donde se tocan el Cielo y la tierra. Es, si se me permite la casera expresión, como un embudo en donde se concentra, en el latir del amor humano de Jesucristo, todo el Amor Divino, toda la Pasión de Dios por su criatura, sus entrañas de Misericordia por medio de las cuales nos crea, nos sostiene, nos redime y nos participa de lo más hondo del conocimiento de su amor.

Quién habla de corazón hace referencia al núcleo de la persona, al lugar de su interioridad. Es el lugar en donde se posee a sí mismo, en donde se adentra para experimentar su capacidad de la Verdad, su deseo del Bien, su nostalgia por una Belleza que no se opaca. Es el lugar en donde debe concentrarse, en una sana antropología cristiana, la luz de la inteligencia, el discernimiento, el afecto espiritual de la voluntad, la riqueza de los sentimientos, los afectos, las pasiones. El corazón es el órgano espiritual, nudo del ser, en donde nos volvemos a Dios, le escuchamos, le entregamos nuestro sí, nuestra vida. Es el lugar de la decisión y la respuesta. Es el lugar de la escucha, ya que ha sido creado por la Palabra de Dios y para “guardar[1]” como un sagrario esta Palabra que le vivifica y le ilumina. Es el lugar en donde, ya en esta peregrinación de la vida, podemos entrar en comunión con las Personas Divinas, que desean hacer del corazón humano el lugar de su complacencia, el reposo de sus delicias. Pareciera que toda la creación tiende a ese Corazón humano en donde Dios reposa complacido. El Corazón humano de Jesucristo es el Sábado de Dios. Ese Corazón es el objeto de todas las complacencias del Padre.

Todas las líneas en el círculo, partiendo de un punto del contorno exterior, se encuentran en el centro, se concentran allí, desde ese centro se abren en rayos, encuentran su subsistencia en ese centro. De igual manera, en la revelación cristiana se sigue el mismo esquema geométrico. Toda la revelación parte de ese Centro –el Amor Divino subsistente en el Corazón humano de Jesús- y todo debe ser atraído a ése Centro. Ese Centro es el Corazón de Jesús, en sus afectos humanos, en su compasión, en sus entrañas de misericordia[2], en su predilección por los pecadores, en su celo ardiente, en su anonadamiento, en su humildad, en la mansedumbre que invita y conquista.

En Jesús, como Sacramento fundante, nos llega todo el Amor salvífico de Dios. Ese Corazón, en su amar humano, tierno y compasivo, nos está mostrando y comunicando el meollo del Amor Divino. Dios es así, ese Corazón palpitante del Hijo. Un Corazón que se abrasa de amor, que está coronado de espinas, que está herido, que está abierto, que se derrama en Sangre y Agua. Dios es Corazón. Dios se ha dejado herir en nuestra búsqueda por las espinas, espinas que ahogaban su Imagen en nosotros. Dios, en nuestra búsqueda, ha querido ser traspasado en lo más hondo de su Amor, en el Corazón de su Hijo. Aquella herida mortal con que le afligimos, el Amor la ha cambiado en fuente de Vida, en donde nace la Iglesia, en donde nacemos por el Agua y la Sangre.

El Signo del Corazón de carne del Redentor, es allí en donde debemos ingresar para celebrar la Alianza nueva, para despojarnos de nuestras durezas, para adorar en espíritu y verdad, para conocer al Padre. El Corazón de Jesús es el centro que resume su existir eterno, de cara al Padre, su Amor eterno en el cual vive en Don al Padre. El Corazón de Cristo es el Sacramento que nos comunica el Don de Jesús a nosotros. La entrega de la vida que nos convierte en sus amigos. Ese Corazón nos habla de su existencia por los otros. Jesús, el único Corazón que no ha vivido para sí mismo, sino en don para el Padre y para los hombres, comunicándoles en ese Don la gracia de ser hijos y hermanos, la gracia de responder desde esa misma existencia entregada de Jesús.

El texto de este domingo es como una llave de oro que nos abre un poco la puerta de ése Corazón. Ese texto es como el Corazón de la Revelación neotestamentaria. Sintetiza los cuatro evangelios.

En los primeros versículos, vemos a Jesús en su continua oración, en su continuo alabar, exultar y hacer eucaristía de su vida al Padre. En este “¡Te bendigo, Padre![3]” nos encontramos con toda la substancia del Evangelio de Juan: desde el Verbo que vive de cara al Padre, en su seno como Unigénito, el Hijo que conoce al Padre, que en ese mismo amor da la vida por sus ovejas, nos unimos a su plegaria sacerdotal, su sacrificium laudis, hasta el Resucitado que, como mendigo de nuestro amor, nos pregunta acerca de nuestro amor a Él: ¿Me amas más que estos[4]? En este: “¿Me amas más que estos?” nos encontramos con la mismísima atracción del amor de su “Venid a Mí…”

En esa exultación de júbilo del Corazón de Jesús nos encontramos con su oración continua, en donde se vive como Hijo. Jesús conoce al Padre. Vive en una compenetración existencial con Él. Es uno con Él. Ese conocimiento del Padre, la compenetración del amor y el vivir extático en quién se ama, se nos revela en esa palabra que es el latir continuo del Corazón de Jesús: ¡Sí, Padre![5]

La vida de Jesús, su reposar como Hijo en el seno del Padre, su postración como Siervo doliente y manso en Getsemaní, su abandono en la Cruz. Su mirada contemplativa a la naturaleza para extraer, como Divino Artista, materia para sus parábolas. Su vida en lo oculto de la trinidad de Nazareth, en el calor de María y de José, como sus noches de camino sin tener dónde reclinar su cabeza, sembrando la Palabra del reino, todo ello se concentra en ése: ¡Sí, Padre!

Este “¡Sí, Padre!” expresa el fondo de su Corazón, su adhesión a la Voluntad del Padre…Toda la oración de Jesús está en esta adhesión amorosa de su corazón de hombre al “misterio de la voluntad” del Padre. En ese ¡Sí, Padre! ya nos encontramos con el Fiat de Getsemaní y con el “Todo está consumado” en la sexta palabra de la Cruz antes de poner su Corazón entregado en las manos del Padre: ¡Padre en tus manos encomiendo…!

Esa compenetración de existencias entre Jesús y el Padre. Este conocimiento continuo en la oración, en el vivir de cara al Padre con su Corazón humano, Jesús quiere comunicarlo a nosotros. Quiere injertarnos en su vivir hacia el Padre, quiere introducirnos en su oración, en su gozo, filial, en la permanencia del Hijo en el Corazón del Padre, in sinu Patris.

El Bien es comunicativo desde sí mismo. El Padre es el Sumo Bien, Kyrie fons bonitatis, Pater ingénite, a quo bona cuncta procedunt[6]… le llama un tropo del medioevo bordado sobre la melodía de la Misa gregoriana II.

Fons Bonitatis, ese Señor, el Pantocrator, el Creador Omnipotente, el Señor del cielo y la tierra, como le confiesa, en adoración, el Corazón humano de Jesús, es la fuente de toda bondad. Y esa Bondad no permanece inerte. Esa Bondad crea el cielo y la tierra, nos crea a nosotros, crea en nosotros, en nuestra alma espiritual, un espacio más vasto que el cielo y la tierra, para contener al Señor de toda bondad.

Pero esa Fuente de Bondad, el Señor, es el Padre…la oración del Hijo nos lo revela. ¿Hay acaso mayor regalo del Corazón orante de Jesús de mostrarnos a ése Señor del cielo y de la tierra como Padre?

Es la realidad más honda de esa Bondad, que en su Paternidad, se da totalmente a Sí mismo en su Verbo, en su Hijo. El Hijo es la expresión más acabada, el sello perfecto de esa Fuente de Bondad que es el Padre. El Padre tiene todo su Gozo en ese Único Bien suyo, en su Hijo. Pero ese Bien se quiere participar, comunicar. Y en la medida en que se comunica y se participa nos quiere atraer a lo más profundo de ese Bien.

La revelación en Jesucristo, Corazón y Mediador del Misterio, es ese movimiento de salida (exitus) por medio del cual Dios se nos da a conocer. El Deus Absconditus se llama ahora Emmanuel, Dios con nosotros. La Vida que existía junto al Padre ahora, en Jesús, se nos hace Rostro, Corazón. La Vida se hace audible, visible, palpable porque el Verbo de Vida se hizo carne. Pero la revelación es también un movimiento de atracción: “Venid a Mi todos…”[7] nos invita el Corazón del Hijo. El Padre nos atrae hacia el Hijo para injertarnos en su filiación: “Nadie puede venir a Mí si el Padre no le atrae”[8].

La Revelación es un ser atraído. La criatura es llevada, por la Gracia, a lo más hondo del Corazón de Dios. Esa revelación por medio de la atracción se nos da en la palabra de Jesús, en la segunda parte del Evangelio de hoy. Jesús nos atrae invitándonos a ir hacia Él. Todo aquel que escuche con un corazón sincero ese “Venid a Mí…” de Jesús se sentirá llevado, arrastrado dulcemente por el peso liberador de su Amor.

El Padre nos ha entregado a su Hijo, todo su Bien. El Hijo, habiendo asumido nuestra humanidad, nuestro corazón, nuestro rostro, quiere revelarnos cómo es Su Padre. Jesús, en su Corazón manso y pobre, en su anonadamiento, en sus entrañas de compasión, es la revelación del amor pasional de Dios por su criatura. Un amor desde las “entrañas”[9]. Como una madre que no puede olvidarse de sus hijos[10], por que los ha llevado y vivificado en su seno, así Dios nos lleva en su Corazón compasivo. Estos son los Misterios del Reino que Jesús quiere comunicarnos y para los cuales necesitamos un corazón pobre y pequeño.

El Padre, en su gracia, nos atrae, nos lleva a su Hijo, en donde Él quiere comunicarse y hacernos sus hijos. El Padre nos desvela el misterio del Reino que es su Hijo viviendo en nosotros, haciéndonos su Cuerpo. Reuniendo a los hombres, dispersos y divididos por el pecado, en la unidad de la Caridad, en la comunión de una misma vida filial, en la Gracia de la Única filiación de Jesús que desciende a nosotros configurándonos con Él y con sus misterios.

Sólo el Padre puede revelarnos los secretos del Corazón del Hijo, porque ése Hijo, como un pequeñuelo, reposa siempre en su seno. Jesús exulta de gozo en el conocimiento que posee del Padre, nosotros atraídos por el Padre debemos tener la alegría perfecta de los hijos en el conocimiento –o sea en la compenetración- con el Amor de Jesucristo que excede todo conocimiento. Ese conocimiento se lo recibe como Don de lo alto[11] pero requiere un corazón muy pobre, un corazón liberado de las falsas seguridades humanas, un corazón que se sepa pecador y necesitado, un corazón que no se contente en su propia justicia o excelencia, en el tranquilo descansar en nuestros méritos y logros.

Ése conocimiento se regala a las almas sencillas que saben que por sí mismas nada pueden, a los grandes pecadores que se reconocen como tales y que por sí mismos –sin la mano redentora del Amor- no pueden salir de su iniquidad y del atolladero de sus vidas. Ese conocimiento se regala a los que para el mundo, y a veces para cierto mundo “religioso”, son los rudos, los incultos, los de la masa o el montón que nunca llegarán a ser “iniciados” en la ciencia de los puros y perfectos. Esos pobres, a los cuales el Misterio de Jesús les es regalado, son los pastores de Belén, los magos que vienen de afuera, con un corazón sediento de la Verdad; esos pobres son María y José, Simeón y Ana; los pescadores de Galilea, los publicanos que se dejan tocar por la luz de la Misericordia; la Samaritana en su sed, la pecadora pública a quién se le perdona mucho porque demuestra mucho amor, es la cananea que pide las migajas de los perritos. Esos pobres son el leproso purificado, el ciego Bartimeo, el centurión que se sabe tan indigno que de que Jesús entre bajo su techo y sólo le pide una palabra para la curación de su siervo. Ese conocimiento de Jesús resplandecerá, como un rayo sublime de esperanza, y como las primicias del Redentor, en el corazón del ladrón crucificado, que le pide a Jesús tan sólo un recuerdo confesándole como a su Rey, como al Cordero Inocente que sólo pasó haciendo el bien. “Quid Mariam absolvisti et latronem exaudisti mihi quoque spem me dedisti” cantará la liturgia de los difuntos en la Secuencia, una súplica desgarrada de esperanza. Perdonando a la Magdalena, escuchando al ladrón, Jesús, nos ha abierto la puerta a la esperanza. Su perdón es la esperanza.

Su invitación para ir hacia Él es una invitación a acogernos en el regazo de Aquel que es Perdón[12]. Por ello el más pequeño, el más pecador, el más oprimido por los yugos del sufrimiento o de la culpa, es el que más derecho tiene a esta revelación de la Misericordia, el que más derecho tiene a ser atraído hacia Jesús[13].

¿Nosotros nos contamos entre esos pobres, en aquellos que tienen el corazón roto, en los que están hambrientos y sedientos de Dios y de su Reino? ¿En verdad consideramos que el conocimiento del Amor de Jesucristo, que nos viene de la atracción del Padre, es el gran sentido de nuestra vida, de nuestro peregrinar, de nuestra misión, de nuestro padecer? Con facilidad ¿no caemos en la hinchazón de los fariseos que conocen perfectamente las Escrituras pero que, anclados en su autosuficiencia y en sus egoísmos, no quieren ponerse en camino para ir a Jesús, para conocerle desde el corazón y seguirle? También ellos tuvieron la “gracia” de ser atraídos a Jesús, no obstante prefirieron seguir encerrados en una religión del cumplimiento, de meras exterioridades, sin el cambio del núcleo, del corazón. Este es el gravísimo problema del fariseísmo en todas sus formas: es una religión de la mera exterioridad, en donde el corazón sigue siendo siempre de piedra. Un corazón que pretendiera justificarse a sí mismo, redimirse a sí mismo se quedaría siempre en la letra antigua, una letra muerta. Se haría óbice a la gracia, a la Vida. Sólo el Amor redime el corazón de piedra en corazón de carne, y el fariseísmo, bajo capa de piedad devota, se cierra al Amor que perdona y redime. El conocimiento sólo no redime. Es necesario entregar el corazón a Jesucristo como Él nos ha entregado el suyo totalmente.

Jesús revelándose como el Hijo amado, como el Siervo manso y humilde que no viene a romper la caña quebrada ni apagar la mecha que arde débilmente[14] no sólo nos atrae hacia Sí sino que nos invita a hacernos sus discípulos, a ingresar en su escuela. Atrayéndonos hacia Sí nos instruye y nos cambia el corazón.

Esa atracción misericordiosa que nos lleva a Él, y por Él al Padre, es una gracia iluminante y transformadora. Nuestro corazón, ese corazón que sólo Él conoce en su profundidad porque sus manos le formaron en las entrañas, en el seno materno, es remodelado en esa suave atracción.

La Vida humilde de Jesús, entregada, en la fuerza de la mansedumbre debe ser nuestro vivir. Debemos entrar en su Corazón como en una escuela, para aprender la Ciencia de los Santos, la Ciencia del puro amor. Este aprendizaje, este cargar el yugo liberador de la ley nueva de la Gracia, la Ley escrita en el corazón por el Espíritu Santo, no es un mero reproducir o imitar un modelo que está al exterior. Jesús, atrayéndonos, se constituye en nuestra forma interior, en la Vida de nuestro vivir. Ese nacimiento del corazón nuevo, del Corazón de Jesucristo viviendo y amando en nosotros, se da desde dentro, desde la atracción de su Gracia. Jesús, atrayéndonos, nos va configurando con Él, haciendo nuestro corazón según su Corazón, como oramos con esa jaculatoria que nos enseñaron desde pequeños.

Jesús atrae pero nunca se impone. La imagen de su Sagrado Corazón siempre nos está ofreciendo Su Amor. Nosotros frecuentemente ofrecemos el corazón a tantas cosas. Andamos con el corazón en la mano dándolo al mejor postor y en todos los casos nos quedamos con el corazón vacío, herido y roto. El Corazón ha sido creado para Jesucristo, por ello, dejándonos atraer por Él, para conocer al Padre, entrar en la hondura de su Amor, debemos devolverle nuestro corazón a Jesucristo.

Ir hacia Él, con el corazón en la mano, como una ofrenda pobre sí, pero infinitamente amada y deseada por Él. Sólo en la oblación de nuestro corazón al Corazón de Jesucristo experimentaremos el gozo jubiloso de sentir su atracción fuerte y dulce, atracción que nos liberará de nuestros yugos y cadenas, para cantar junto con Jesús: ¡Te bendigo, Padre!

Que la imagen del Corazón manso y humilde nos hable siempre al alma. ¡Dejémonos atraer más y más hacia Él! Como canta la antífona de las laudes de la Solemnidad del Corazón de Jesús resumiendo este movimiento de devolvernos a Dios:

“Fili, praebe mihi cor tuum, et óculi tui custodiant vias meas…”

“Dame, hijo, tu corazón y que tus ojos hallen deleite en mis caminos”[15]




P. Marco Antonio Foschiatti, OP
Casa San Pablo primer ermitaño,
Santa Fe de la Vera Cruz, República Argentina..




[1] Lucas 2, 19; 51.
[2] Lucas 1, 78 (Benedictus); Marcos 6, 34; 8, 2; Lucas 15, 20.
[3] Mateo 11, 25.
[4] Juan 21, 15.
[5] Mateo 11, 26.
[6] Señor, fuente de bondades, Padre inengendrado, del cual todo Bien procede.
[7] Mateo 11, 28.
[8] Juan 6, 44.
[9] Oseas 11. En ese capítulo está en “nuce” toda la teología del Corazón de Dios.
[10] Isaías 49, 14-16.
[11] Mateo 16, 17.
[12] In Caritate perpétua dilexit nos Deus, ídeo attráxit nos ad Cor suum, míserans. (antífona del oficio del Sagrado Corazón de Jesús). “Con Amor eterno nos amó Dios, por eso compadeciéndose de nosotros, nos atrajo a su Corazón” Esta antífona se inspira en el hondo texto de Jeremías 31, 3 (Vulg).
[13] “No importa la intensidad de tu fatiga, ni tu cansancio del trabajo o del camino tan largo y sin embargo tan inútil que has recorrido hasta ahora en busca de una ayuda, de una salvación. Si tienes la sensación de no poder dar un paso más, de no poder siquiera resistir un momento más sin sucumbir, da todavía un paso más, y allí encontrarás el reposo. ¡Venid! Y si alguien se encontrara tan afligido que no atinara siquiera a moverse, y bien, bastaría un suspiro: desear a Jesús, es haber llegado a Él. (Soren Kierkegaard: La escuela del cristianismo).
[14] Isaías 42, 2-3.
[15] Proverbios 23, 26.

28 de junio de 2011

60º ANIVERSARIO DE ORDENACIÓN SACERDOTAL: AD MULTOS ANNOS, BEATÍSIMO PADRE!

Los miembros de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina nos unimos al Santo Padre Benedicto XVI en su acción de gracias al Señor con motivo del 60º Aniversario de su ordenación sacerdotal que tuvo lugar el 29 de junio de 1951. Elevamos fervientes súplicas al Altísimo para que derrame abundantísimas bendiciones sobre el Santo Padre que hagan fecundo su ministerio pastoral al servicio de la Santa Iglesia y de todos los hombres de buena voluntad. Con filial confianza acudimos al Corazón Inmaculado de María para que acompañe y sostenga al Vicario de su Hijo en la tierra, al tiempo que encomendamos su persona a la fiel custodia de San José y del Arcángel San Miguel.

















Oh Dios, que para suceder al bienaventurado Apóstol san Pedro elegiste a tu siervo Benedicto XVI como pastor de tu grey, escucha la plegaria de tu pueblo y haz que nuestro Papa,Vicario de Cristo en la tierra, confirme en la fe a todos los hermanos, y que toda la Iglesia se mantenga en comunión con él por el vínculo de la unidad, del amor y de la paz, para que todos encuentren en Ti, Pastor de los hombres, la verdad y la vida eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

24 de junio de 2011

HERMANOS DE LA FRATERNIDAD: CELEBRACIÓN DEL CORPUS CHRISTI EN TOLEDO



El jueves 23 de junio celebramos la Solemnidad del Corpus Christi en la iglesia del Salvador de Toledo. Un nutrido grupo de fieles se unió a la Comunidad de Hermanos para participar piadosamente en la Santa Misa y en la Procesión Eucarística que tuvo lugar por el interior del templo.


Altar de Cristo Sacerdote



Altar del Sacratísimo Corazón de Jesús


Vista desde la tribuna de la iglesia



Procesión de entrada




Incensación del altar


Lectura del Santo Evangelio



Durante la homilía el sacerdote recordó como la Iglesia vive de la Eucaristía, es su centro y su corazón, renovación del Santo Sacrificio de la Cruz, Alimento de nuestras almas, semilla y prenda de vida eterna y Sacramento de la Presencia del Señor en medio de su Iglesia y del mundo. Animó a todos los presentes a reavivar el espíritu de fe, la adoración y la admiración hacia el Augusto Sacramento del Altar, estimándolo como la fuente y el culmen de la vida cristiana. No existe en esta vida otro medio tan excelente para entrar en comunión con Dios. No hay otra forma que nos procure tan grande unión e intimidad con el Señor como esta que se produce a través de la comunión eucarística. No existe otra fuente tan eficaz de caridad como este Divino Sacramento que nos hace partícipes del amor de Dios y nos impulsa a amar al prójimo siguiendo las huellas de Cristo. ¡Es el Sacramento del Amor, pues nos comunica el amor de Dios y nos capacita para amar verdaderamente a los hermanos! La espiritualidad eucarística es fuente de renovación de vida eclesial que fortalece nuestros vínculos con la Iglesia y con todos los miembros del Cuerpo Místico. De la misma manera existe una relación profunda e indivisible entre la espiritualidad eucarística y la espiritualidad mariana. Jesús Eucaristía es el fruto bendito del seno de la Virgen María quien como Madre y Maestra nos conduce siempre hasta su Hijo, enseñándonos, inspirándonos y alcanzándonos las gracias necesarias para que reproduzcamos en nosotros las cualidades y virtudes de Cristo Sacerdote Eterno: profunda adoración ante la Majestad divina, espíritu de acción de gracias, filial obediencia a la voluntad amorosa y salvadora del Padre, espíritu de expiación y penitencia por nuestros pecados y los del mundo entero.



Incensación de las ofrendas


Lavabo

Incensación de los fieles



Jesucristo Sacerdote y Rey de la Fraternidad




Incensación de los Acólitos



Elevación de la Sagrada Hostia



Adoración del Santísimo Sacramento



Procesión Eucarística















Bendición con el Santísimo Sacramento






23 de junio de 2011

ADOREMUS IN AETERNUM SANCTISSIMUM SACRAMENTUM

Si pan es lo que vemos, ¿cómo dura,sin que comiendo dél se nos acabe?

Si Dios, ¿cómo en el gusto a pan nos sabe? ¿Cómo de sólo pan tiene figura?

Si pan, ¿cómo le adora la criatura?

Si Dios, ¿cómo en tan chico espacio cabe?

Si pan, ¿cómo por ciencia no sabe?

Si Dios, ¿cómo le come su hechura?

Si pan, ¿cómo nos harta siendo poco?

Si Dios, ¿cómo puede ser partido?

Si pan, ¿cómo en el alma hace tanto?

Si Dios, ¿cómo le miro y le toco?

Si pan, ¿cómo del cielo ha descendido?

Si Dios, ¿cómo no muero yo de espanto?

*Fray Luis de León

18 de junio de 2011

JAMÁS SE AGOTARÁ LA MISERICORDIA DE DIOS

Jesús, Verdad Eterna, Vida nuestra, Te suplico e imploro Tu misericordia para los pobres pecadores. Dulcísimo Corazón de mi Señor, lleno de piedad y de misericordia insondable. Te suplico por los pobres pecadores. Oh Sacratísimo Corazón, Fuente de Misericordia de donde brotan rayos de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana. Te pido luz para los pobres pecadores. Oh Jesús, recuerda Tu amarga Pasión y no permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya. Oh Jesús, cuando considero el alto precio de Tu Sangre, me regocijo en su inmensidad porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores. Aunque el pecado es un abismo de maldad e ingratitud, el precio pagado por nosotros jamás podrá ser igualado. Por lo tanto, haz que cada alma confíe en la Pasión del Señor y que ponga su esperanza en su misericordia. Dios no le negará su misericordia a nadie. El cielo y la tierra podrán cambiar, pero jamás se agotará la misericordia de Dios. ¡Oh, qué alegría arde en mi corazón, cuando contemplo Tu bondad inconcebible, oh Jesús mío! Deseo traer a todos los pecadores a Tus pies para que glorifiquen Tu misericordia por los siglos de los siglos.

(Diario, 72).

*Oración de Santa Faustina Kowalska

LA ORACIÓN SIEMPRE ESCUCHADA POR JESÚS

Palabras del Señor a Santa Faustina:

Tú siempre Me consuelas cuando rezas por los pecadores. Tu oración que más Me agrada es la oración por la conversión de los pecadores. Has de saber, hija Mía, que esta oración es siempre escuchada (Diario, 1397).


En otra ocasión le dijo:

Deseo que conozcas más profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas y tu comprenderás esto cuando medites Mi Pasión. Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su salvación. Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión. Esta oración es la siguiente:


Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.(Diario, 186 - 187).

ORACIÓN POR LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES

Señor, tú eres bondadoso y misericordioso, y todo lo hiciste muy bien, creando de la nada cuanto existe. Señor, tú eres clemente y compasivo, y no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Señor tú eres paciente y fiel, y esperas al hijo pródigo e invitas al justo a alegrarse de su regreso.


Señor, tú tanto amaste al mundo, que enviaste a tu Hijo único, no para juzgarnos, sino para salvarnos. Señor, tú quieres que todos los hombres se salven, lleguen al conocimiento de la verdad y sean uno como Tú eres uno. Te pido la conversión de los que, como yo, son pecadores, quiero unirme, junto al Padre Pío, a tu deseo de salvación universal, solidarizándome con mis hermanos y emprendiendo con ellos un camino de sincera conversión.


Dame la gracia de cumplir tus mandamientos alimentando al hambriento, dando de beber al sediento, vistiendo al desnudo, alojando al forastero, visitando al enfermo y al encarcelado, descubriéndote y respetándote en la obra de tus manos. Cambia mi forma de pensar y de sentir, porque muchas veces no parezco hijo tuyo. Permíteme disfrutar al final de los tiempos del banquete que tienes preparado no sólo para los que te conocen y sirven, sino también para aquellos que no han tenido esa gracia y que, a pesar de no saberlo, también son hijos tuyos. Amén.

17 de junio de 2011

INSTRUCCIÓN UNIVERSAE ECCLESIAE: UN TEXTO CON RESPUESTAS





El viernes 13 de mayo de 2011, aniversario de la aparición de Nuestra Señora en Fátima, el Santo Padre publicó la tan esperada instrucción sobre la aplicación del motu proprio Summorum Pontificum. Intitulada “Universae Ecclesiae”, el texto data del 30 de abril, día de la fiesta de San Pío V en el nuevo calendario litúrgico. A esta feliz doble protección se agrega el hecho de que el texto se hizo público en el momento preciso en que comenzaba en Roma el tercer coloquio sobre el motu proprio, del que se puede afirmar, claramente, que constituye el coloquio oficial de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. Si Roma eligió con tanto cuidado la fecha de publicación de esta instrucción, es simplemente para darle la mayor repercusión posible, como lo confirma el espacio que le consagró el Osservatore Romano.Ya nadie puede fingir ignorarlo: la liturgia tradicional de la Iglesia es “un tesoro que debe ser conservado preciosamente” (art. 8), ofrecido “a todos los fieles” y no sólo a quienes se encuentran vinculados al usus antiquior.Esta semana os proponemos un comentario de dicho texto desde el punto de vista de los grupos de fieles que solicitan la forma extraordinaria.

1) Los poderes de la comisión Ecclesia Dei

El 10 de marzo de 2011, por medio de una súplica dirigida al Cardenal Bertone, Secretario de Estado de la Santa Sede, Paix Liturgique llamaba la atención sobre la insuficiencia del poder de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei para hacer aplicar el motu proprio Summorum Pontificum (ver nuestro Correo 14). No resulta exagerado decir que el punto fuerte de la instrucción Universae Ecclesiae es precisamente responder, en su segunda parte (Tareas de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei), a este pedido.En efecto, a la comisión Ecclesia Dei se le confiere poder vicario (art. 9) –como representante del Papa– “para supervisar la observancia y aplicación de las disposiciones del motu proprio”. Este poder de intimar a los “ordinarios” (obispos o superiores de comunidades religiosas) la aplicación de las disposiciones generosas del motu proprio se expresará mediante “decretos” (art. 10.2), los cuales, como se precisa en el mismo documento, “podrán ser impugnados ad normam iuris ante el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica” que dirige el Cardenal Burke. Más allá del lenguaje canónico, lo que cabe destacar es que, de ahora en más, se define claramente un cuadro jurídico para los fieles o los sacerdotes víctimas de una negativa episcopal.Era una de las cosas que esperaban los grupos de solicitantes frente a los bloqueos eclesiásticos, y es excelente que hoy se vea satisfecha.

2) Una ley universal para la Iglesia, para el bien de los fieles

En el artículo 2, la instrucción recuerda que el motu proprio Summorum Pontificum es “una ley universal para la Iglesia” promulgada por el Santo Padre. Esta expresión, retomada en una nota de la comisión Ecclesia Dei publicada por el Osservatore Romano, confirma “desde la cúpula” lo que las encuestas científicas regularmente encargadas por Paix Liturgique demuestran “desde la base”: el hecho de que la “misa en latín” no es un privilegio concedido a algunos nostálgicos. Se trata, además, de una “ley especial” fundada en el estado de la liturgia romana anterior a las reformas conciliares, que deroga, en consecuencia, todas las disposiciones litúrgicas (pero no las disposiciones puramente canónicas, tales como la regla de incardinación de los clérigos) posteriores a dicha situación litúrgica (art. 28). No resulta sorprendente, entonces, que la comisión Ecclesia Dei concluya su comentario sobre la Instrucción con una “esperanza”: la de que la “observancia de las normas y disposiciones de la Instrucción” contribuya a la reconciliación y a la unidad deseadas por el Santo Padre en su carta a los obispos del 7 de julio de 2007. Para ello, la comisión cuenta con “la caridad pastoral y la prudente vigilancia” de los pastores de la Iglesia.Los grupos de solicitantes esperan, también, que sus pastores –y en particular, aquéllos que, hasta ahora, se han negado a brindar un espacio a la forma extraordinaria en su diócesis o su parroquia– hagan prueba de “caridad pastoral” y de “prudente vigilancia”. Esperanza tanto más legítima cuanto que el artículo 8 (inciso b) de la Instrucción precisa que “el uso de la Liturgia romana que entró en vigor en 1962 es una facultad concedida para el bien de los fieles y, por lo tanto, debe interpretarse en sentido favorable a los fieles, que son sus principales destinatarios”.

3) No a las mezcolanzas en la forma extraordinaria

En el artículo 6, la Instrucción estipula que “por su uso venerable y antiguo, la forma extraordinaria debe conservarse con el honor debido”. En el artículo 14, indica que “Es tarea del obispo diocesano adoptar las medidas necesarias para garantizar el respeto de la forma extraordinaria del Rito Romano, a tenor del motu proprio Summorum Pontificum”.En la parte consagrada a “La disciplina litúrgica y eclesiástica” (artículos 24 a 28), se recuerda que los “libros litúrgicos de la forma extraordinaria han de usarse tal como son” y que “en virtud de su carácter de ley especial, dentro de su ámbito propio, el motu proprio Summorum Pontificum deroga aquellas medidas legislativas inherentes a los ritos sagrados, promulgadas a partir de 1962, que sean incompatibles con las rúbricas de los libros litúrgicos vigentes en 1962”. Esto significa, simplemente, que nadie puede prevalerse de una innovación posterior a 1962 para modificar las rúbricas y la estructura del Misal de 1962. Los grupos de files que han debido soportar celebraciones donde se mezclan la liturgia tradicional y la liturgia moderna (por ejemplo, la utilización del leccionario de Pablo VI) pueden pedir legítimamente al obispo que intervenga para lograr el respeto del misal de Juan XXIII.

4) ¡La apertura a la forma extraordinaria de las puertas de los santuarios...

En nuestra carta en francés Nº 263, denunciamos la negativa arbitraria de un sacerdote a una comunidad Ecclesia Dei de celebrar la forma extraordinaria en la basílica del Sagrado Corazón de Montmartre. Los artículos 16 y 18 de la Instrucción dirimen de forma definitiva estos casos.El artículo 16 indica que en el caso de que “un sacerdote se presente ocasionalmente con algunas personas en una iglesia parroquial o en un oratorio, con la intención de celebrar según la forma extraordinaria”, “el párroco o el rector de una iglesia o el sacerdote responsable admitan tal celebración, respetando las exigencias de horarios de las celebraciones litúrgicas de la misma iglesia”. “En los santuarios y lugares de peregrinación, completa el artículo 18, ofrézcase la posibilidad de celebrar en la forma extraordinaria a los grupos de peregrinos que lo requieran, si hay un sacerdote idóneo”.

5) ¡Y de los seminarios!

En los artículos 20 a 23, la Instrucción define, justamente, qué es un sacerdote “idóneo” y da dos criterios: que no esté impedido a tenor del derecho canónico y que tenga “un conocimiento suficiente” del latín, al mismo tiempo que se precisa que “en lo que respecta al conocimiento del desarrollo del rito, se presumen idóneos los sacerdotes que se presenten espontáneamente para celebrar en la forma extraordinaria y la hayan usado anteriormente”.Todo esto pone límites a la inventiva represiva de los obispos que, a semejanza del Cardenal Rosales de Manila o de la conferencia episcopal alemana, habían requerido de modo abusivo pruebas de latinismos o de liturgicismo de los sacerdotes deseosos de celebrar la forma extraordinaria.Como Paix Liturgique tuvo oportunidad de ilustrarlo en muchas ocasiones, una cantidad significativa de seminaristas diocesanos, incluso en Portugal, desea poder vivir su sacerdocio al ritmo de la forma extraordinaria del Rito Romano, y un número aún mayor desea, sencillamente, conocer esta liturgia para enriquecer su práctica de la forma ordinaria, de conformidad con la invitación del Sumo Pontífice. En adelante, estos seminaristas podrán apoyarse sobre la instrucción Universae Ecclesiae para pedir el retorno del latín al programa de sus estudios y, como mínimo, una introducción para descubrir la forma extraordinaria.Esta disposición de la Instrucción, asociada al artículo 22 –que prevé que “en las diócesis donde no haya sacerdotes idóneos, los obispos diocesanos pueden solicitar la colaboración de los sacerdotes de los institutos erigidos por la Pontificia Comisión Ecclesia Dei o de quienes conozcan la forma extraordinaria del rito, tanto para su celebración como para su eventual aprendizaje” –, es una garantía de que los grupos de fieles solicitantes podrán contar, es cierto que a mediano plazo, con sacerdotes debidamente preparados para la celebración de la forma extraordinaria. El movimiento de reconciliación iniciado por Benedicto XVI el 7 de julio de 2007 ya no se detendrá.

*Fuente: Paix Liturgique

*Fotografías: Peregrinación a N.D. de Chartres 2011

12 de junio de 2011

PEREGRINACIÓN A SAN ESTEBAN DE RIBAS DE SIL

El pasado fin de semana las Hermanas Misioneras de la Fraternidad peregrinaron a tierra orensana. En el blog de http://elprioratodesanjose.blogspot.com/ pueden ver el reportaje.


En la austeridad de una construcción cavada en roca,
vimos el testimonio de fe de aquellos hombres
que cientos de años después de su muerte
nos siguen enseñando que el sentido de la vida
del hombre es conocer, amar y servir a Dios.

11 de junio de 2011

PROFESIÓN TEMPORAL DE LA HNA. MARÍA MONTSERRAT DE SAN JOSÉ, MISIONERA DE LA FRATERNIDAD

El pasado 31 de mayo, fiesta de Santa María Reina en el calendario litúrgico de la forma extraordinaria del Rito Romano, la Hna. María Monsterrat de San José hizo sus primeros votos simples tras los dos años de noviciado. La ceremonia tuvo lugar en el Priorato de San José de las Misioneras de la Fraternidad situado en Barro, provincia de Pontevedra (España). Los votos fueron recibidos por el P. Fundador y Superior general.



Las Hermanas Misioneras de la Fraternidad es un Instituto Religioso en Formación aprobado por Monseñor Julián Barrio Barrio en la Archidiócesis de Santiago en 1999.



Las Misioneras de la Fraternidad profesan los consejos evangélicos de obediencia, pobreza, castidad y aspiración a la perfección en el amor.

El fin del Instituto es la santificación de sus miembros en el seguimiento de Jesucristo, imitando las virtudes de la Virgen María, Madre y Corredentora, consagrando la propia vida a procurar la gloria de Dios y a la causa de la salvación de todo el género humano, trabajando sin descanso al servicio de la Santa Iglesia Católica.

Para conocer más sobre ellas, pincha aquí. También puedes visitar los blogs realizados por ellas: http://elprioratodesanjose.blogspot.com/; http://reginamundislu.blogspot.com/; http://casadeoracionsantamariareina.blogspot.com/

La ceremonia comenzó con la Santa Misa Cantada según la forma extraordinaria. A continuación tuvo lugar el rito de profesión que consistió en los siguientes momentos: 1. Canto del responsorio "Veni electa mea" y primer escrutinio. 2. Exhortación y segundo escrutinio. 3. Bendición del velo, la corona, la correa y la medalla-crucifjo de San Benito. 4. Postración de la neoprofesa y canto del "Veni Creator" con la oración consacratoria. 5. Fórmula de profesión de la neoprofesa. 6. Entrega del velo, la corona, la correa y de la medalla-crucifijo. 7. Ósculo de paz y canto del "Ecce quam bonum". 8. Te Deum de acción de gracias. 9. Bendición de la neoprofesa, letanías de la Fraternidad y bendición de los presentes.

A continuación, de la ceremonia todos los presentes pudimos disfrutar de un pequeño ágape fraterno.










Pidamos al Señor, que nos dé la perseverancia en su santo servicio y nos bendiga con abundantes y santas vocaciones que quieran ir detrás del Cristo Sacerdote, Cordero Inmaculado, imitando a María Santísima, Reina de cielo y tierra.