30 de abril de 2011

DOMINGO II DE PASCUA: FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

JESÚS, EN TÍ CONFÍO

DEL DIARIO DE SANTA MARÍA FAUSTINA KOWALSKA:

Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero. (47)
Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y sobretodo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como Mi gloria. (48)


Cuando lo dije al confesor (48), recibí como respuesta que ese se refería a mi alma. Me dijo: Pinta la imagen de Dios en tu alma. Cuando salí del confesionario, oí nuevamente estas palabras: Mi imagen está en tu alma. Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia. (49)


Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia. Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía. El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia - recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi Misericordia. Yo las sanaré y las fortificaré. (206)

Una vez, cuando el confesor me mandó preguntar al Señor Jesús por el significado de los dos rayos que están en esta imagen; contesté que sí, que se lo preguntaría al Señor.
Durante la oración oí interiormente estas palabras: Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas...
Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.
Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios. Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia. (299)

Pide a Mi siervo fiel (132) que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas. (300)

El primer domingo después de la Pascua de Resurrección, es decir, Fiesta de la Misericordia del Señor, clausura del Jubileo de Redención. Cuando fuimos a esta solemnidad, el corazón me latía de alegría por estar unidas estas dos solemnidades tan estrechamente. Pedí a Dios la misericordia para las almas pecadoras. Cuando terminó el oficio y el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen. El Señor impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el mundo. De repente vi una claridad inaccesible en forma de una habitación de cristal, tejida de ondas de luz impenetrable a cualquier criatura o espíritu. Para entrar en la claridad había tres puertas y en ese instante Jesús, con el mismo aspecto que tiene en la imagen, entró en aquel resplandor a través de la segunda puerta, hasta el interior de la unidad. Es la Unidad Trinitaria que es inconcebible, infinita. Oí la voz: Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá. Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi Dios. (420)

No encontrará alma ninguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita. Dile al confesor que la imagen esté expuesta en la Iglesia y no en el convento dentro de la clausura. Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por eso, que cada alma tenga acceso a ella. (570)
Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia. (965)

Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa Comunión el día de la Fiesta de Mi misericordia. (1109)


CONSAGRACIÓN DEL MUNDO A LA DIVINA MISERICORDIA HECHA POR JUAN PABLO II EL 17 DE AGOSTO DE 2002


Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.
Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.
Padre eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.

JUAN PABLO II, TESTIGO DEL AMOR MISERICORDIOSO DE CRISTO

Es pues necesario que todo cuanto he dicho en el presente documento sobre la misericordia se transforme continuamente en una ferviente plegaria: en un grito que implore la misericordia en conformidad con las necesidades del hombre en el mundo contemporáneo. Que este grito condense toda la verdad sobre la misericordia, que ha hallado tan rica expresión en la Sagrada Escritura y en la Tradición, así como en la auténtica vida de fe de tantas generaciones del Pueblo de Dios. Con tal grito nos volvemos, como todos los escritores sagrados, al Dios que no puede despreciar nada de lo que ha creado, al Dios que es fiel a sí mismo, a su paternidad y a su amor. Y al igual que los profetas, recurramos al amor que tiene características maternas y, a semejanza de una madre, sigue a cada uno de sus hijos, a toda oveja extraviada, aunque hubiese millones de extraviados, aunque en el mundo la iniquidad prevaleciese sobre la honestidad, aunque la humanidad contemporánea mereciese por sus pecados un nuevo « diluvio », como lo mereció en su tiempo la generación de Noé. Recurramos al amor paterno que Cristo nos ha revelado en su misión mesiánica y que alcanza su culmen en la cruz, en su muerte y resurrección. Recurramos a Dios mediante Cristo, recordando las palabras del Magnificat de María, que proclama la misericordia « de generación en generación ». Imploremos la misericordia divina para la generación contemporánea. La Iglesia que, siguiendo el ejemplo de María, trata de ser también madre de los hombres en Dios, exprese en esta plegaria su materna solicitud y al mismo tiempo su amor confiado, del que nace la más ardiente necesidad de la oración.


Elevemos nuestras súplicas, guiados por la fe, la esperanza, la caridad que Cristo ha injertado en nuestros corazones. Esta actitud es asimismo amor hacia Dios, a quien a veces el hombre contemporáneo ha alejado de sí ha hecho ajeno a sí, proclamando de diversas maneras que es algo « superfluo ». Esto es pues amor a Dios, cuya ofensa-rechazo por parte del hombre contemporáneo sentimos profundamente, dispuestos a gritar con Cristo en la cruz: « Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen ». Esto es al mismo tiempo amor a los hombres, a todos los hombres sin excepción y división alguna: sin diferencias de raza, cultura, lengua, concepción del mundo, sin distinción entre amigos y enemigos. Esto es amor a los hombres que desea todo bien verdadero a cada uno y a toda la comunidad humana, a toda familia, nación, grupo social; a los jóvenes, los adultos, los padres, los ancianos, los enfermos: es amor a todos, sin excepción. Esto es amor, es decir, solicitud premurosa para garantizar a cada uno todo bien auténtico y alejar y conjurar el mal (...)

En el nombre de Jesucristo, crucificado y resucitado, en el espíritu de su misión mesiánica, que permanece en la historia de la humanidad, elevemos nuestra voz y supliquemos que en esta etapa de la historia se revele una vez más aquel Amor que está en el Padre y que por obra del Hijo y del Espíritu Santo se haga presente en el mundo contemporáneo como más fuerte que el mal: más fuerte que el pecado y la muerte. Supliquemos por intercesión de Aquella que no cesa de proclamar « la misericordia de generación en generación », y también de aquellos en quienes se han cumplido hasta el final las palabras del sermón de la montaña: « Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia ».


*Juan Pablo II. Encíclica Dives in misericordia

BEATÍSIMO PADRE, RUEGA POR NOSOTROS, RUEGA POR LA IGLESIA, RUEGA POR EL MUNDO ENTERO





TOTUS TUUS MARÍA EGO SUM





KAROL JÓSEF WOJTYLA. BEATO JUAN PABLO II



Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te pido... (pídase). A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

24 de abril de 2011

MISA DEL DOMINGO DE RESURRECCIÓN EN TOLEDO

Inundados de la alegría inmensa que ha dejado en nuestras almas la Solemne Vigilia Pascual, la comunidad de los Hermanos de Cristo Sacerdote y Santa María Reina se dispuso en la mañana del domingo de Resurrección a celebrar la Santa Misa Cantada.

En el tiempo pascual, la antífona "Asperges" es sustituida por la Antífona "Vidi Aquam". Como prolongación de la noche de Pascua, este rito nos recuerda nuestro bautismo y el deber que tenemos de estar en gracia de Dios y limpios de pecado para asistir con verdadero fruto a la Santa Misa.

"He visto brotar el agua

del lado derecho del templo, aleluya;

y todos los alcanzados de esta agua

se han salvado y dirán Aleluya, aleluya

Alabad al Señor, porque es bueno;

porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre y el Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

y por los siglos de los siglos. Amén




Durante la Octava de Pascua, despues del gradual y el aleluya, se canta la Secuencia Victimae Paschali laudes:

1. Ofrezcan, los cristianos, sacrificios de alabanza a Jesucristo, que es la Víctima de la Pascua.

2. El Cordero ha redimido a las ovejas: Jesucristo,inocente, ha reconciliado a los pecadores con su Padre.

3. Han combatido la muerte y la vida; el autor de ésta, después de muerto, reina vivo.

4. Dinos tú, oh María, ¿qué has visto en el camino?

5. Yo he visto el sepulcro de Jesucristo vivo, y la gloria del que ha resucitado.

6. He visto los Ángeles, que han sido testigos, y he visto el sudario y la sábana en que fue envuelto.

7. Cristo, mi esperanza, ha resucitado, e irá delante de vosotros a Galilea.

8. Sabemos que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos: oh Tú, Rey, vencedor de la muerte, apiádate de nosotros. Amén. Aleluya.






Al término de la Santa Misa, todos los fieles felicitamos a la Santísima Virgen María por la resurrección de Hijo con el canto del Regina Caeli.


LA FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA, DESEA A TODOS SUS COLABORADORES Y AMIGOS UNAS SANTAS FIESTAS DE PASCUA PIDIENDO AL SEÑOR QUE LA ALEGRÍA DE SU RESURRECCIÓN INUNDE SUS ALMAS Y TAMBIÉN BENDIGA A SUS FAMILIAS Y AMISTADES.

VIGILIA PASCUAL EN EL SALVADOR DE TOLEDO

Después de acompañar a la Santísima Virgen en un silencio meditativo tras la celebración de los oficios de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la tarde del Viernes Santo; en la tarde del Sábado Santo, los Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina se dispusieron para celebrar la solemne Vigilia Pascual. A las 21 horas de la noche dio comienzo la hermosa celebración.



El oficio de esta noche del sábado consta de tres partes:1) El anuncio de la Resurrección: con la bendición del fuego y del cirio, la procesión solemne y el canto de la Angélica o Pregón Pascual. 2)La liturgia bautismal con las lecciones de la Sagrada Escritura, el canto de las letanías y la renovación de las promesas del Bautismo. 3) La Santa Misa -el nuevo sacrificio pascual- con el breve oficio de laudes.


La bendición del fuego y del cirio se hizo en el zaguán de la iglesia. El sacerdote se reviste la capa pluvial morada. La oración de bendición del fuego pide la gracia de que nuestras almas inflamadas en deseos celestiales en estas fiestas pascuales podamos llegar con almas puras a las fiestas de la luz perdurable. A continuación el sacerdote marca sobre el cirio la señal de la cruz, el Alfa y la Omega, el número del año presente y coloca cinco granos de incienso como recuerdo de las llagas gloriosas del Señor. Después de bendecir el cirio, el sacerdote se reviste con la dalmática blanca y entra en la iglesia. Durante la procesión canta por tres veces en tono progresivamente más alto "Lumen Christi" a lo que los fieles responden "Deo gratias".


El primer "Lumen Chisti" lo canta el sacerdote sólo con el cirio encendido; en el segundo, los ministros encienden sus fieles y después del tercero todos los fieles encienden sus velas. La explicación es la siguiente: en un primer momento Cristo, luz del mundo, ilumina a los apóstoles, en segundo lugar a los discípulos y, finalmente, a todos los pueblos: Cristo "lumen gentium"



El sacerdote -despues de colocar el cirio en su candelero- lo inciensa y se dirige al facistol para cantar el pregón pascual.

Los fieles, permaneciendo de pie, con sus velas encendidas siguen con sus misales el canto de la Angélica.



El cantor delante del cirio, de espaldas al lado de la epístola, canta las lecciones. El sacerdote y los fieles las escuchan sentados. Las lecturas de la Vigilia son: 1) La creación (Gen 1,1-2,2) 2)La liberación de Egipto (Ex 14, 24-15,1) 3) La presencia del Señor en medio de Sión (Is 4, 2-6) 4)La exhortación de Moisés antes de entrar en la Tierra Prometida (Deut 31, 22-30).

A continuación de las lecciones, se canta el Tracto y el sacerdote recita una oración en relación espiritual y tipológica con el texto.
Terminada las lecciones, se da comienzo al canto de las letanías de los santos, durante las cuales el sacerdote y los fieles permanecen de rodillas.


Omitida en nuestra Vigilia la bendición del agua por no haber pila bautismal, el sacerdote invitó a los fieles en lengua vernácula a renovar -terminada la cuaresma- las promesas del santo bautismo. Después el sacerdote a lo largo de la iglesia rocía a los fieles con agua bendita y da comienzo la segunda parte de las letanías de los santos.

Los ministros se retiran a la sacristía para disponer todo para la celebración de la santa Misa. La liturgia de la misa de la vigilia tiene las peculiaridades siguientes: Suprimidas las oraciones preparatorias ante el altar, el sacerdote comienza la Santa Misa incensando el altar. Al canto del Gloria se tocan las campanas. No se canta el Credo ni tampoco hay Antífona del Ofertorio, tampoco se canta el Agnus Dei. El canon tiene partes propias para la octava de Pascua. La Antífona de Comunión es sustituida por el triple aleluya y un salmo y, terminada la purificación, el sacerdote entona la Antífona del Benedictus.






El cirio pascual ha sido pintado por nuestras Hermanas Misioneras de la Fraternidad.


El altar se adornó para la Solemne Vigilia con hermosas flores para indicar la alegría pascual y se colocó en el retablo un pequeña talla barroca de Cristo Resucitado.



23 de abril de 2011

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡CRISTO ES NUESTRA VIDA Y NUESTRA LUZ!

VIGILIA PASCUAL
TOLEDO. 2011

Amadísimos Hermanos:


Hemos comenzado esta Solemne Vigilia Pascual con la bendición del fuego nuevo sacado del pedernal. ¡Cristo es el pedernal!, Cristo es la roca, la piedra desechada por los arquitectos, pero puesta por el Padre como piedra angular del nuevo y verdadero templo de Dios que es la Iglesia. Aún más, Él es la piedra angular de todo el universo, de todo cuanto existe y fue creado, porque Él es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin y suyos son los tiempos y los siglos; A Él la gloria y el imperio por todos los siglos de la eternidad. Por medio de Él, su Hijo amado, el Padre nos ha comunicado la llama de la caridad, la llama del amor divino, que es un amor misericordioso e infinito.


Si Cristo Jesús ha sido puesto como piedra angular, como cimiento y fundamento, entonces no hemos de temer. Para los creyentes en Cristo se acabaron todos los vértigos y miedos existenciales. Ya no cabe el miedo a los riesgos de la propia existencia, ni a la incertidumbre del más allá. Ya no hay miedo a los fracasos, ni a las limitaciones y frustraciones que experimentamos en este mundo. Y no hay miedo, porque Cristo es la fuerza, es la piedra, el cimiento sobre el que nos asentamos cada uno de nosotros. Él es la piedra angular que sostiene el edifico de nuestro vivir cotidiano. Por eso podemos decir con el salmista: Todo el día me pisan mis enemigos, son muchos los que me atacan desde la altura. El día en que temo, en ti confío. En Dios, cuya palabra alabo, en Dios confío y ya no temo, ¿qué puede hacerme un mortal? (…) Yo sé que Dios está por mí. En Dios, cuya palabra alabo, en Yahvé, cuya palabra alabo, en Dios confío y ya no temo, ¿qué puede hacerme un mortal? (Cf. Salmo 56). Es verdad que el Padre no libró de la muerte a su Hijo, pero Él estaba ahí también haciendo suyos los padecimientos y sufrimientos del Hijo amado, y finalmente le dio la victoria sobre el pecado, sobre el Mal y sobre la misma muerte. Pues también así el Señor está de nuestra parte, sufre con nosotros, padece con nosotros; quizás no nos evita las dificultades ni los padecimientos, pero Él está ahí sosteniéndonos, llevándonos de la mano, cobijándonos bajo sus alas. Por lo tanto, hemos de confiar, hemos de perseverar, hemos de fundamentarnos sobre la fe y sobre la esperanza y al final veremos y gustaremos la victoria, porque “Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo; y esta es la fuerza victoriosa que ha vencido al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1Jn 5, 4-5).


Al contemplar el triunfo de Cristo se nos manifiesta el camino para encontrar nuestro propio triunfo; ese camino no es otro que fundamentar sobre Él nuestra vida, entregarle nuestro corazón, corresponder a su amor y confiar, siempre confiar, aún en medio de las mayores pruebas y dificultades, aún en medio de la noche más oscura de nuestro espíritu, y sobre todo cuando el dolor nos atenace, cuando las lágrimas no nos dejen ver, cuando hayamos de beber el cáliz amargo del desprecio de los otros, de la traición del amigo, de la ingratitud de aquellos a quienes sólo hemos hecho bien; cuando nos veamos abandonados, incomprendidos, faltos de amor o de correspondencia. En todas esas ocasiones y siempre, recordemos quién es nuestro fundamento, quién Aquél que nos sostiene, quién Aquél que nunca falla y que es fiel hasta la muerte, porque no puede contradecirse a Sí mismo, aún cuando nosotros desgraciadamente no le permaneciésemos fieles (Cf. 2Tim 2, 13). Sobre Cristo Jesús y sobre la certeza de su amor incondicional hemos de edificar nuestra vida de todos los días: “Cristo Jesús, el que murió, aún más, el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, es quien intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? (…) Mas en todas estas cosas vencemos por aquél que nos amó” (Rom 8, 34- 37).


Con el fuego nuevo se ha encendido la llama del cirio pascual y a él habéis acercado vuestras lámparas para prender en ellas la llama. El cirio representa a Cristo victorioso, a Cristo luz del mundo, a Cristo triunfador sobre la oscuridad de la muerte. El fuego, la llama y la luz significan a Cristo y su victoria. Las candelas que tomamos en nuestras manos quieren significar a nosotros mismos. Si no nos acercamos a Cristo no tenemos fuego, ni luz. Sin Cristo todo es frialdad y oscuridad. Pero, resulta que no hemos sido creados para la oscuridad ni para la frialdad. Resulta que en lo más profundo de nuestra alma brota un rechazo contra el frio y la oscuridad. Estamos hechos para el calor del amor y para la luz del bien y de la verdad. ¡Estamos hechos para Cristo! ¡Estamos hechos para ser de Dios y gozar de Dios! ¡Cristo es nuestro gozo! ¡Cristo es nuestra Luz! ¡Cristo es el calor que da vida a nuestras almas!.


Con la luz de la Resurrección Dios ha iluminado los dolores, sufrimientos y padecimientos de Cristo. Y con esa misma luz quiere iluminar también todas y cada una de las oscuridades de nuestra vida y de nuestro ser: “Verdadera es la palabra: “Que si padecemos con Él, también con Él viviremos. Si sufrimos con Él, con Él reinaremos” (2 Tim 11-12)
En esta Noche Santa, la más clara de todas las noches, noche clara como el día, noche iluminada por el Sol de Justicia, somos invitados a poner nuestra vida entera bajo la luz de Cristo. Pongámonos nosotros mismos en la luz acogiendo en nosotros a Cristo Resucitado. Si Él nos ilumina podremos ser portadores de su luz para iluminar el mundo con la claridad de su amor: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5, 14).


La luz de la Resurrección ilumina nuestro entendimiento y nos hace comprender la fuerza y la sabiduría de Dios, pues en efecto: el mal ha sido ahogado y destruido con la fuerza del bien, la mentira ha sido desenmascarada con la contundencia de la verdad, los rencores han sido disipados con la fuerza del perdón, las llamas incendiarias de los odios han sido apagadas con los torrentes del amor. ¿Comprendemos verdaderamente el alcance de la victoria de Cristo? La Resurrección de Cristo es un milagro mucho mayor que la resurrección de un muerto. ¡Es una victoria en toda regla! Una victoria que también es y será eternamente nuestra si edificamos nuestra vida sobre la piedra angular y nos dejamos encender e iluminar por la luz del Resucitado, por la luz de su Amor y de su Gracia.


Amadísimos, ¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo es nuestra vida y nuestra luz! No vivamos ya para nosotros mismos, sino para Aquel que por nosotros murió y resucitó (Cf. 2 Cor 5, 15). “Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistamos las armas de la luz” (Rom 13, 12).
Reina de los Cielos y Madre de todos los hombres, alégrate, pues tu Hijo ha resucitado. Recibe todo nuestro amor y agradecimiento, pues por Ti nos vino Aquél que es nuestra luz y nuestra vida. Ruega siempre al Señor por nosotros. Amén

*P. Manuel María de Jesús

LA CRUZ, SIGNO LUMINOSO DEL AMOR

Queridos hermanos y hermanas:
Esta noche hemos acompañado en la fe a Jesús en el recorrido del último trecho de su camino terrenal, el más doloroso, el del Calvario. Hemos escuchado el clamor de la muchedumbre, las palabras de condena, las burlas de los soldados, el llanto de la Virgen María y de las mujeres. Ahora estamos sumidos en el silencio de esta noche, en el silencio de la cruz, en el silencio de la muerte. Es un silencio que lleva consigo el peso del dolor del hombre rechazado, oprimido y aplastado; el peso del pecado que le desfigura el rostro, el peso del mal. Esta noche hemos revivido, en lo profundo de nuestro corazón, el drama de Jesús, cargado del dolor, del mal y del pecado del hombre.
¿Qué queda ahora ante nuestros ojos? Queda un Crucifijo, una Cruz elevada sobre el Gólgota, una Cruz que parece señalar la derrota definitiva de Aquél que había traído la luz a quien estaba sumido en la oscuridad, de Aquél que había hablado de la fuerza del perdón y de la misericordia, que había invitado a creer en el amor infinito de Dios por cada persona humana. Despreciado y rechazado por los hombres, está ante nosotros el "Varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos, despreciado y evitado de los hombres, ante el cual se ocultaban los rostros" (Isaías 53, 3).
Pero miremos bien a este hombre crucificado entre la tierra y el cielo, contemplémosle con una mirada más profunda, y descubriremos que la Cruz no es el signo de la victoria de la muerte, del pecado y del mal, sino el signo luminoso del amor, más aún, de la inmensidad del amor de Dios, de aquello que jamás habríamos podido pedir, imaginar o esperar: Dios se ha inclinado ante nosotros, se ha abajado hasta llegar al rincón más oscuro de nuestra vida para tendernos la mano y alzarnos hacia él, para llevarnos hasta él. La Cruz nos habla de la fe en el poder de este amor, nos invita a creer que en cada situación de nuestra vida, de la historia, del mundo, Dios es capaz de vencer la muerte, el pecado, el mal, y darnos una vida nueva, resucitada. En la muerte en cruz del Hijo de Dios, está la semilla de una nueva esperanza de vida, como el grano que muere dentro de la tierra.
En esta noche cargada de silencio, cargada de esperanza, resuena la invitación que Dios nos dirige a través de las palabras de san Agustín: "Tened fe. Vosotros vendréis a mí y gustaréis los bienes de mi mesa, así como yo no he rechazado saborear los males de la vuestra... Os he prometido la vida... Como anticipo os he dado mi muerte, como si os dijera: 'Mirad, yo os invito a participar en mi vida... Una vida donde nadie muere, una vida verdaderamente feliz, donde el alimento no perece, repara las fuerzas y nunca se agota. Ved a qué os invito... a la amistad con el Padre y el Espíritu Santo, a la cena eterna, a ser hermanos míos..., a participar en mi vida'" (cf. Sermón 231, 5).
Fijemos nuestra mirada en Jesús crucificado y pidamos en la oración: Ilumina, Señor, nuestro corazón, para que podamos seguirte por el camino de la Cruz; haz morir en nosotros el "hombre viejo", atado al egoísmo, al mal, al pecado, y haznos "hombres nuevos", hombres y mujeres santos, transformados y animados por tu amor.
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*Benedicto XVI : alocución al finalizar el Via Crucis en el Coliseo.

22 de abril de 2011

OFICIOS DE VIERNES SANTO EN EL SALVADOR DE TOLEDO

El sacerdote, postrado ante el altar, ora en silencio...



Los fieles, puestos en pie, escuchan la Lectura de la Pasión del Señor

Terminada la Pasión, revestido de pluvial negro, el sacerdote hace las nueve Oraciones Solemnes: Pro Sancta Ecclesia, Pro Summo Pontífice, Pro ómnibus ordínibus gradibusque fidélium, Pro res públicas moderántibus, Pro catechúmenis, Pro fidélium necessitatibus, Pro unitate Ecclessiae, Pro judaeorum, Pro conversione infidélium.






Adoración de la Santa Cruz y Canto de los Improperios



Distribución de la Sagrada Comunión

Oraciones finales


Procesión final hacia la Sacristía

MONUMENTO DE JUEVES SANTO


Ave verum corpus, natum
De Maria Virgine,
Vere passum, immolatum
In cruce pro homine,
Cuius latus perforatum
Unda fluxit et sanguine,
Esto nobis praegustatum
In mortis exanime.
O Iesu dulcis, o Iesu pie, o Iesu, Fili Mariae.





Salve, Verdadero Cuerpo nacido
de la Virgen María,
verdaderamente atormentado, sacrificado
en la cruz por la humanidad,
de cuyo costado perforado
fluyó agua y sangre;
Sé para nosotros un anticipo
en el trance de la muerte.
¡Oh, Jesús dulce, oh, Jesús piadoso, oh, Jesús, hijo de María!




* Comunidad de Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina. Iglesia del Salvador, Toledo.

JUEVES SANTO: SANTA MISA "IN CENA DOMINI" EN LA IGLESIA DEL SALVADOR EN TOLEDO

La Comunidad de Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, celebró la Santa Misa in Cena Domini en la Iglesia del Salvador en la ciudad imperial de Toledo.











Traslado del Santísimo al Monumento








Una vez finalizado el traslado al Monumento se procedió a desnudar los altares. El Templo permaneció abierto toda la noche durante la cual se organizaron vigilias y turnos de vela ante el Santísimo Sacramento.