31 de marzo de 2011

MODELOS DE HUMILDAD


Santa Verónica me ha dado cuatro pláticas sobre la humildad:


— El orgulloso es como el grano de trigo metido en el agua: se hincha, crece. Exponed ese grano al sol o al fuego: se seca y arde. El humilde es como el grano de trigo puesto en tierra buena: se encoge, se rompe, desaparece y muere para reverde­cer en el cielo.


— La recogida de olivas se hace con gran cuidado: amontonan todas las caídas para extraer el aceite. Busca por todas partes con cuidado sin igual las ocasiones de practicar la humildad.


— Fíjate en las abejas: vuelan de flor en flor, luego entran en la colmena a fabricar la miel. Imítalas, recoge por todas partes el jugo de la humildad. La miel es dulce; la humildad es del gusto de Dios y hace que otros lo gusten también.


— Trabajar todos los días por adquirir la humildad. Cuan­do uno se olvida de regar los árboles recién plantados, los ár­boles mueren. Si te olvidas de ejercitarte todos los días en la práctica de la humildad, el árbol de tu alma se secará.


*Beata María de Jesús Crucificado -La Arabita-

VALOR PEDAGÓGICO DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA PARA LOS PENITENTES


¿Cuál es el valor pedagógico del Sacramento de la Penitencia para los penitentes? Debemos comenzar diciendo que esto depende, antes que nada, de la acción de la Gracia y de los efectos objetivos del Sacramento en el alama del fiel. Ciertamente la Reconciliación sacramental es uno de los momentos en los que la libertad personal y la conciencia de uno mismo están llamadas a expresarse en un modo particularmente evidente. Y quizás también por esto, en una época de relativismo y, por consiguiente, de una conciencia atenuada del propio ser, se debilita también la práctica sacramental. El examen de conciencia tiene un importante valor pedagógico: educa a mirar con sinceridad la propia existencia, a confrontarla con la verdad del Evangelio y a valorarla con parámetros no sólo humanos, sino tomados de la Revelación divina. La confrontación con los Mandamientos y con las Bienaventuranzas y, sobre todo, con el Precepto del amor, constituye la primera gran “escuela penitencial”.

En nuestro tiempo caracterizado por el ruido, la distracción, la soledad, el coloquio del penitente con el confesor puede ser una de las pocas, sino la única ocasión de ser escuchado de verdad y en profundidad. Queridos sacerdotes, no dejéis de darle el espacio adecuado al ejercicio del ministerio de la Penitencia en el confesionario: ser acogidos y escuchados constituye también un signo humano de la acogida y de la bondad de Dios hacia sus hijos. La confesión íntegra de los pecados, además, educa al penitente a la humildad, al reconocimiento de la propia fragilidad y, al mismo tiempo, a la conciencia de la necesidad del perdón de Dios y a la confianza de que la Gracia divina puede transformar la vida. Del mismo modo, escuchar las advertencias y de los consejos del confesor es importante para el juicio sobre los actos, para el camino espiritual y para la curación interior del penitente. ¡No olvidemos cuantas conversiones y cuantas existencias realmente santas comenzaron en un confesionario! La acogida de la penitencia, la escucha de las palabras “Yo te absuelvo de tus pecados” representan, finalmente, una escuela verdadera de amor y de esperanza, que guía a la plena confianza en el Dios Amor revelado en Jesucristo, a la responsabilidad y al compromiso de la conversión continua.

*Audiencia del Papa a los participantes en el Curso sobre el Fuero Interno. 28-03-2011

VALOR PEDAGÓGICO DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA PARA LOS SACERDOTES


¿De qué modo educa el Sacramento de la Penitencia? ¿En qué sentido tiene su celebración, un valor pedagógico, antes que nada para los ministros? Podríamos comenzar desde el reconocimiento de que la misión sacerdotal constituye un punto de observación único y privilegiado, del cual, cotidianamente, se da la contemplación del esplendor de la Misericordia divina. Cuantas veces en la celebración del Sacramento de la Penitencia, el sacerdote asiste a verdaderos y propios milagros de conversión, que, renovando “el encuentro con un acontecimiento, con una Persona” (Enc. Deus Caritas est, nº1), refuerzan su misma fe. En el fondo, confesar significa asistir a tantas “professiones fidei” cuantos son los penitentes, y contemplar la acción de Dios misericordioso en la historia, tocar con la mano los efectos salvíficos de la Cruz y de la Resurrección de Cristo, en todo tiempo y para cada hombre. No raramente nos colocamos ante verdaderos y propios dramas existenciales y espirituales, que no encuentran respuesta en las palabras de los hombres, pero que son abrazados y asumidos por el Amor divino, que perdona y transforma: “ Aunque vuestros pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve” (Is 1,18).

Conocer y, en cierto modo, visitar el abismo del corazón humano, incluso en los aspectos oscuros, si por un lado pone a prueba la humanidad y la fe del mismo sacerdote, por el otro lado alimenta en él la certeza de que la última palabra sobre el mal del hombre y de la historia es de Dios, y de su Misericordia, capaz de hacer nuevas todas las cosas (cfr Ap 21,5). Cuanto puede aprender el sacerdote de penitentes ejemplares de su vida espiritual, de la seriedad con la que conducen su examen de conciencia, de la transparencia en el reconocimiento del propio pecado y por la docilidad hacia la enseñanza de la Iglesia y las indicaciones del confesor. ¡De la administración del Sacramento de la Penitencia podemos recibir profundas lecciones de humildad y de fe! Es una llamada muy fuerte para todo sacerdote a la conciencia de la propia identidad. ¡Nunca, sólo por la fuerza de nuestra humanidad, podremos escuchar las confesiones de los hermanos!. Si estos se acercan a nosotros es sólo porque somos sacerdotes, configurados en Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, y capaces de actuar en su Nombre y en su Persona, de hacer realmente presente a Dios que perdona, renueva y transforma. La celebración del Sacramento de la Penitencia tiene un valor pedagógico para el sacerdote, con respecto a su fe, a la verdad y pobreza de su persona y alimenta en él su conciencia de la identidad sacramental.

*Audiencia del Papa a los participantes en el Curso sobre el Fuero Interno. 28-03- 2011

28 de marzo de 2011

PREPARARSE CON LAS OBRAS DE MISERICORDIA A RECIBIR LA MISERICORDIA DE DIOS


Amadísimos: Ha llegado el tiempo favorable, ha llegado el día de la salvación. Aunque no haya época del año que no esté colmada de dones divinos, y se nos conceda en todo tiempo la gracia de acercarnos a la misericordia de Dios, conviene, sin embargo, que se dispongan ahora las almas de todos con mayor diligencia a un mejor aprovechamiento espiritual y se animen con mayor confianza, ya que la proximidad del día en que fuimos redimidos nos invita a los ejercicios de piedad para celebrar de este modo con pureza de alma y de cuerpo el misterio, sobre todos excelente, de la pasión del Señor. A la verdad, tan grandes misterios merecerían una incesante devoción y una continua reverencia, de manera que permaneciésemos siempre en la presencia de Dios tales cuales deberíamos encontrarnos el día de Pascua. Pero como esta fortaleza es de pocos y, por una parte, afloja la observancia más austera a causa de la flaqueza de la carne y por otra, solicitan nuestra atención las muchas ocupaciones de la vida presente, es inevitable que los corazones religiosos se empañen con el polvo del mundo. Por eso, esta institución de la Cuaresma eminentemente salvadora ha previsto, para reparar la pureza de nuestra alma, el remedio del entrenamiento de cuarenta días, en los cuales se pueden reparar las negligencias de los otros tiempos, por las buenas obras y consumir nuestras culpas por los santos ayunos.


Confiamos plenamente, hermanos, que estáis bien dispuestos a todas estas obras; por eso os advertimos que no dudéis de que el diablo, adversario de toda virtud, lleno de envidia pondrá en juego todos los recursos de su malicia para tender a la piedad lazos sacados de la misma piedad e intentar vencer por la gloria a los que no ha podido vencer por la pusilanimidad. Pues el mal de la soberbia está próximo a las buenas acciones y el orgullo acecha siempre a las virtudes. Difícil es, en efecto, que el que vive laudablemente no sea seducido por las alabanzas humanas, a menos que, como está escrito, el que se gloria, gloríese en el Señor. ¿Qué propósito no osará atacar este enemigo malísimo? ¿Qué ayuno no querrá hacer romper el que se atrevió a tender sus acechanzas al Salvador, según acabamos de oír en la lectura del Evangelio? Estupefacto ante un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, quiso descubrir hábilmente si tal abstinencia le era dada de afuera o si la tenía como cosa propia.


Pero la sabiduría de Dios volvió insensata la prudencia del diablo, para que el soberbio enemigo fuese encadenado por causa de aquél a quien en otro tiempo había encadenado, y que por otra parte no temiese perseguir al que habría de morir por la salvación del mundo. Pongámonos en guardia contra las astucias de este adversario, y recibamos los santos días de cuaresma con piadosa devoción preparándonos con las obras de misericordia a recibir la misericordia de Dios. Amadísimos, extinguid en vosotros la ira, apagad los odios, amad la unidad y adelantaos unos a otros sirviéndoos con sincera humildad. Cambiad la severidad en dulzura, la indignación en mansedumbre, la discordia en paz. Que todos encuentren en nosotros a hombres modestos, serenos, benignos: así nuestros ayunos serán agradables a Dios.

San León Magno

PADRE PÍO: APRECIAR SÓLO AQUELLO QUE AYUDA A ALCANZAR LOS BIENES ETERNOS

Misa mensual en honor al Santo Padre Pío

23 de marzo de 2011

Iglesia del Salvador. Toledo


Queridos Hermanos:

Coincide esta misa mensual en honor del Santo Padre Pío con el tiempo litúrgico de la cuaresma que estamos celebrando. El Señor nos ofrece este tiempo cuaresmal para que nos dediquemos con mayor intensidad a la oración, a la limosna –obras de caridad- y a las obras de penitencia, con el fin de reparar por nuestros pecados y los del mundo entero. Es también un tiempo propicio para que hagamos balance de nuestra vida cristiana y hagamos el firme propósito de llevar en adelante una vida cristiana más honrada, piadosa y santa.

A través de la vivencia de la cuaresma es Dios mismo quien nos invita amorosamente a que nos volvamos hacia Él. Nos llama con amor de Padre a vivir orientados enteramente hacia Él que es el Sumo Bien, la fuente verdadera de felicidad y nuestra plenitud. Para que comprendamos la necesidad que tenemos de conversión es preciso que estemos firmemente persuadidos de aquella convicción que testimonia el gran San Agustín en el libro de las Confesiones: “Para Ti nos hiciste, Señor, y nuestro corazón andará inquieto hasta que descanse en Ti”.

El Santo Padre Pío, a través de sus enseñanzas, es también para nosotros un maestro de vida cristiana que puede orientarnos y ayudarnos a vivir con mayor intensidad las exigencias de este tiempo cuaresmal, que en definitiva no son otras que las exigencias mismas que implica nuestra condición de bautizados e hijos de la Santa Iglesia Católica, miembros, por lo tanto, del Cuerpo Místico de Cristo. Comienza el Padre Pío recordándonos una verdad fundamental que, sin embargo, olvidamos frecuentemente, o no la tenemos tan en cuenta como deberíamos. Escuchemos al Padre Pío: “Nosotros tenemos una doble vida: una, natural, que la obtenemos de Adán por generación carnal, y, como consecuencia, es una vida terrena, corruptible, amante de nosotros y llena de bajas pasiones; la otra, sobrenatural, que la obtenemos de Jesús a través del bautismo y, por lo mismo, es una vida espiritual, celestial, obradora de virtud”.

Ciertamente que es así y lo experimentamos permanentemente, lo sufrimos a diario. Luchan en nuestro interior dos fuerzas opuestas: el hombre carnal y el hombre espiritual. Por un lado sentimos una fuerza de atracción hacia nosotros mismos que nos incita a entronizarnos y situarnos como el centro y la medida de todas las cosas. Sufrimos el asalto permanente de las bajas pasiones que de forma desbocada emergen en nuestro interior. Esto mismo enseñaba Jesús a la muchedumbre cuando les decía: “Lo que del hombre sale, eso es lo que mancha al hombre, porque de dentro, del corazón del hombre, proceden los pensamientos malos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez, la insensatez. Todas estas maldades, del hombre proceden y manchan al hombre” (Mc 7, 20-23)

Mientras dure nuestra peregrinación en esta tierra sufriremos los asaltos del hombre viejo que hay en nosotros –el hombre de pecado- y la tentación de las obras de la carne. Padre Pío nos recuerda que, pese a la realidad del hombre viejo que hay en nosotros, somos sin embargo portadores de una nueva vida que nos fue infundida e injertada en el santo bautismo. Se refiere a la vida sobrenatural, la vida de la gracia, la vida divina. De esta nueva vida, dice el Padre Pio, que es “celestial, espiritual, obradora de virtud”. Así como experimentamos el asalto de las bajas pasiones, experimentamos también los movimientos de la gracia divina que nos empujan a obrar conforme a esa “vida espiritual, celestial, obradora de virtud”. Los frutos de esa vida virtuosa los menciona el Apóstol San Pablo en su Carta a los Gálatas: “Los frutos del espíritu son: caridad, gozo, paz, longanimidad, afabilidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gal 5, 22-23).

Este es el milagro de la gracia en nosotros, consecuencia de la vida divina que nos fue comunicada en el bautismo. Por eso enseña el santo Padre Pío: “Por el bautismo se da en nosotros una verdadera transformación: morimos al pecado y nos injertamos en Cristo Jesús de tal manera que vivimos de su misma vida. Por el bautismo recibimos la gracia santificante que nos da vida, toda celestial; nos convertimos en hijos de Dios, hermanos de Jesús y herederos del cielo”. Entonces, hemos recibido el inmenso don de la vida sobrenatural, sin mérito alguno de nuestra parte, por pura gracia de Dios. Pero no todo está hecho. Hace falta que nosotros colaboremos con ese don. Sólo así alcanzaremos la salvación eterna. Escuchemos lo que nos dice el Padre Pío: “Ahora bien, si por el bautismo el cristiano muere a su primera vida y resucita a la segunda, es deber de todo cristiano buscar las cosas del cielo, sin preocuparse de las cosas de esta tierra. Eso mismo lo insinúa el apóstol san Pablo a los colosenses: “Así pues –dice este gran santo-, ya que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios”. Sí, el cristiano en el bautismo resucita en Jesús, es elevado a una vida sobrenatural, adquiere la hermosa esperanza de sentarse glorioso en el trono celestial”.

Conocía muy bien el Padre Pío las dificultades que todos encontramos en el camino de nuestra santificación. Sabía, por experiencia propia, y por sus largas horas de confesonario atendiendo a las almas, cuáles son los peligros y las tentaciones que a todos nos acechan. Por eso, nos ofrece indicaciones muy concretas y consejos muy certeros para que los llevemos a la práctica, conscientes de la grandeza de nuestra vocación de cristianos, y de cómo lo único verdaderamente importante es alcanzar el cielo, después de nuestra peregrinación por este mundo.

Dice el Padre Pío: "¡Qué dignidad! Su vocación le exige desear continuamente la patria de los bienaventurados, considerarse como peregrino en tierra de destierro; la vocación del cristiano, digo, exige no poner el corazón en las cosas de este mundo terrenal; toda la preocupación, todo el esfuerzo del buen cristiano, que vive según su vocación, está dirigido a procurarse los bienes eternos; debe conseguir un modo de enjuiciar las cosas de aquí abajo como para estimar y apreciar sólo aquellas que le ayudan a alcanzar los bienes eternos, y tener, además, por viles todas aquellas que no le sirven para ese fin”

Que sea este nuestro firme propósito en este tiempo de cuaresma. Y que el Santo Padre Pío nos alcance la gracia de una verdadera conversión a Dios, y de una firme determinación de poner los medios para alcanzar los bienes eternos.

P. Manuel María de Jesús

19 de marzo de 2011

SANTA MISA DE LA FIESTA DE SAN JOSÉ EN TOLEDO


La Comunidad de Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, celebró ayer la Fiesta de San José, esposo de la Virgen María, en la Iglesia del Salvador de Toledo. En los días precedentes tuvo lugar la Novena en honor del Santo Patriarca.









Coincidiendo con el V Aniversario de su fallecimiento, el 19 de marzo de 2006, la Santa Misa de ayer se aplicó por el eterno descanso de la Madre María Elvira de la Santa Cruz. También en el Priorato de las Misioneras de la Fraternidad en Barro (Pontevedra) se ofreció la Santa Misa por su eterno descanso, siendo el celebrante el Rvdo. Don Román Millán Pardavila, párroco de Santa María de Portas.

SAN JOSÉ, PRÍNCIPE DE LA CASA DE DAVID


Dice el Evangelio que el Niño Jesús «crecía en sabiduría, edad y gracia delante de Dios y de los hombres» (Lc. 2,52). Si esto es verdad – y ciertamente lo es, pues son palabras inspiradas por el Espíritu Santo – es señal de que en el Hombre-Dios aún había cómo crecer. De cualquier naturaleza que fuese ese crecimiento, era un crecimiento de la perfección perfectísima para algo que era una perfección aún más perfectísima.
Por otro lado, debemos considerar todo cuan­to es Nuestra Señora: un tal cúmulo de perfeccio­nes creadas, que un Papa llegó a declarar: de Ella se puede decir todo en materia de elogio, desde que no se le atribuya la divinidad. Fue concebida sin pecado original y confirmada en gracia a partir del primer instante de su ser; no podía pecar, no podía caer en la más leve falta, porque estaba asegurada por Dios contra eso. No teniendo defectos – tal es el aspecto importante de esta consideración –, también Ella crecía constantemente en virtud.
Al lado del Niño Jesús y de Nuestra Señora estaba San José. Es difícil elogiar cualquier hombre, cualquier grandeza terrena, después de considerar la grandeza de San José. El hombre casto, virginal por excelencia, descendiente de David.
San Pedro Julián Eymard (cfr. «Extrait des écrits du P. Eymard», Desclée de Brouwer, Paris, 7° ed., pp. 59-62) dice que San José era el jefe de la Casa de David, el pretendiente le­gítimo al trono de Israel, el mismo trono que fue ocupado y derrumba­do por falsos reyes, mientras Israel era dividido y, al final, dominado por los romanos.

Triple ascensión y tres auges
San José era un varón perfec­to, modelado por el Espíritu Santo para tener proporción con Nuestra Señora. Se puede imaginar a qué auge, a qué altura, San José debió haber llegado para estar en proporción con Nuestra Señora. Es sumamente probable que también él haya sido confirmado en gracia. Entonces se puede decir que, en la humilde casa de Nazaret, a cada momento que pasaba, aquellas tres personas crecían en gracia y santidad delante de Dios y de los hombres.
San José debe haber fallecido antes del inicio de la vida pública de Nuestro Señor Jesucristo. Es el patrono de la buena muerte, porque todo lleva a creer que, en su muerte, fue asistido por Nuestra Señora y el Divino Redentor, que lo ayudaron a elevar su alma a aquella perfección pinacular para la cual él fue creado. No era la perfección de Nuestra Señora, era una perfección menor. Pero era la perfección enorme para la cual fue llamado.
Cuando su mirada turbia se iba apagando para la vida, San José –al contemplar a Aquella que era su esposa y a Aquel que jurídicamente era su hijo– se extasió con la ascensión continua de santidad de Nuestra Señora y de su Divino Hijo. Al verlos subir así, también él, a su vez, subía sin cesar en su propia santidad.
Esta triple ascensión continua en la humilde casa de Nazaret, constituyó el encanto del Creador y de los hombres: tres perfecciones que llegaron todas al pináculo a que cada una debía llegar. Eran tres auges que se amaban intensamente y se intercomprendían intensamente; perfecciones altísimas, admirables, pero desiguales, realizando una armonía de desigualdades como jamás hubo en la faz de la Tierra.
Entretanto, la jerarquía puesta por Dios entre tales sublimes desigualdades era de un orden admirablemente inverso: Aquel que era el jefe de la Casa en el plano humano era el menor en el orden sobrenatural; en cuanto al Niño, que debería prestar obediencia a sus padres, era Dios. Una inversión que nos hace amar aún más las riquezas y las complejidades de cualquier orden verdaderamente jerárquico; y que lleva al alma fiel, deseosa de meditar sobre tan elevado tema, a entonar un himno de alabanza, de admiración y de fidelidad a todas las jerarquías y a todas las desigualdades establecidas por Dios.

Paradoja: Príncipe y obrero
Otra paradoja fue también colocada por el Creador en las complejidades de este nobilísimo orden jerárquico.
San José era el representante de la Casa más augusta que hubo en todos los tiempos, pues, en cuanto de otras Casas nacieron reyes, de la Casa de David nació un Dios. Y los únicos cortesanos a la altura de esa casa son los Ángeles del Cielo.
Entretanto, por designio divino, tal jefe de la Casa de David era al mismo tiempo, trabajador manual, un carpintero. Y también Nuestro Señor Jesucristo ejerció esa actividad antes de iniciar su vida pública. Dios quiso así que las dos puntas de la jerarquía temporal se uniesen en aquel que es Hombre-Dios. En El está la condición de Príncipe real de la Casa de David, de pretendiente al trono de Israel. Pero esta condición coexiste con la de mero carpintero, obrero, en el extremo opuesto de la escala social. Esta coexistencia de perfecciones, en ambos aspectos – tanto en el de Creador­-criatura como en el otro, incomparablemente menor, de rey-obrero – reúne los extremos para reforzar la cohesión de los elementos intermediarios de la jerarquía, uniendo tales elementos por la unión de los extremos.
Así, la sacrosanta jerarquía en el interior de la Sagrada Familia no aparece apenas como un conjunto de cimas tan altas que a nuestra vista física y mental le cuesta alcanzar. Ella representa también un conjunto jerárquico, desigual pero afectuoso, entre todos los grados del orden social. De tal manera que, aquel que ocupa el lugar más alto, abraza afectuosamente el que está más bajo y dice: «En cuanto naturaleza humana somos todos iguales».

Amor desinteresado a la Jerarquía
Escogí el ejemplo de San José, de Nuestra Señora y de Nues­tro Señor Jesucristo para que se comprenda la jerarquía en lo que ella tiene de más puro, de más límpido, de más perfecto, en la cual no hay egoísmo ni pretensión. Porque existe ese puro amor de Dios, el cual genera amor a las varias jerarquías, sin la preocupación de ser mucho, de hacer mucho o de poder mucho. Es amar la jerarquía por amor de Dios.
Las almas que tienen el verdadero censo de la jerar­quía aman de este modo a los que son superiores. La palabra «majestad» tiene para ellas un sentido, un misterio, un lumen especial que torna respetables y venerables los reyes y emperadores, incluso cuando éstos, no merecen el homenaje que le es pres­tado por ser quienes son. Pero si, para aquello a que fueron llamados, en algo corresponden, ese algo, por pequeño que sea, es como el aroma de una flor incomparable, de la cual se saca una gota, cuyo perfume produce sobre el hombre recto un efecto semejante al que la santidad mayor produce sobre la santidad menor. Y eso tiene alguna analogía con lo que pasaba en la Sagrada Familia, entre las tres personas indeciblemente excelsas – una de ellas divina – que la componían.
He ahí algunas consideraciones sobre el arrobo y el entusiasmo que las verdaderas jerarquías – como aquella que existió, en grado arquetípico, en la Sagrada Familia – pueden y deben suscitar en las almas rectas y auténticamente católicas.

* Dr. Plinio Corrêa de Oliveira

PIADOSO TRÁNSITO DE SAN JOSÉ

¡Oh mi Santo protector, glorioso Patriarca San José, que, estando en el lecho de vuestro dulce tránsito, os visteis rodeado de ángeles y asistido de su Rey, Cristo Jesús, y de su Reina, la Santísima Virgen María, esposa vuestra, y que con esta amabilísima compañía salisteis en una paz celestial de esta miserable vida!. Alcanzadme la gracia de perseverar en el bien hasta que muera reclinado en vuestros brazos. Sí, santo mío, por aquella dulce compañía que Jesús y María os hicieron hasta la hora de vuestra muerte, protegedme en la mía hasta que me vea con Vos en el cielo. Compadeceos también de las pobres almas del Purgatorio que invocan vuestra gracia y poder para con ellas; amparadlas y llevadlas pronto a vuestra gloria, para que juntas con la mía, glorifiquemos vuestro santo nombre con el de Jesús y María por todos los siglos. Amén.

BAJO LA FIEL CUSTODIA DE SAN JOSÉ



Amorosísimo padre de nuestro Señor Jesucristo, en vuestras manos queremos poner hoy esta Fraternidad. Os suplicamos que la acojáis y abracéis con el mismo amor con que abrazasteis al Niño Jesús; que la protejáis y defendáis del maligno enemigo y nos guardéis a cada uno de nosotros, para que en medio de este mundo podamos llevar a cabo la gran tarea que la Virgen Santísima ha puesto en nuestras manos.¡San José, nuestro Padre y Guardián, rogad por nosotros!

*Madre María Elvira de la Santa Cruz

QUINTO ANIVERSARIO: HERMANA MARÍA ELVIRA, TUS HERMANOS NO TE OLVIDAMOS...

Le encantaban las tarjetas en papel cebolla que le pintaba para felicitarla por algún motivo.
Le gustaba hacer la vida agradable a los demás. Le gustaba verme reír. Le gustaba la imagen del Corazón de María que está en la Capilla porque "tiene mirada de Madre"-decía-. Le gustaba estar en casa y coser. Le gustaba que la ropa secara rápido y le gustaba planchar. Le gustaba el "café con cuatro galletas contadas" a cualquier hora y una cerveza con bocadillo de jamón después de deslomarse haciendo limpieza general ( pero no quiere decir que cada vez que hacía limpieza se lo tomara).
Le gustaba estar con la gente de las aldeas y ensayar el Coro parroquial. Le gustaba cantar - y a la gente le encantaba oírla-.
Le gustaban aquellas "sillas de tortura", las de los picos en el respaldo, y la mesa haciendo juego porque eran de castaño y se las habían regalado de su casa.
Le encantaban los días de sol y aire. Abría todas las ventanas y colgaba la ropa en el balcón.
Se ponía muy contenta cuando el Padre Manuel la llamaba para hacerle algún encargo. Me decía: "cuando el Padre Manuel me llama por teléfono y oigo "Elvi"..., ya digo yo: "este, algo quiere".
Le gustaba reír y buscaba cualquier excusa para hacer fiesta.
No soportaba los ratones. Cuando había alguno en el salón de abajo, me mandaba poner veneno o pegamento para cogerlo, y si ponía pegamento tenía que bajar yo delante de ella por si había caído alguno, para que ella no lo viera.
No le gustaban muchas otras cosas como estar enferma, tener que quedarse en cama, los portazos de las Hermanas, ver desatendidos a los niños de las parroquias...

"¿Cuándo será domingo para descansar?"... Lo decía cuando se encontraba muy cansada... El 19 de marzo de 2006, día de su tránsito, era domingo...
Tenía ganas de descansar ya. Fue una vida, la suya, muy intensa, agobiante de trabajos, problemas, contradicciones...
A veces yo le decía que esta vida esra muy complicada, este mundo tan complejo... Ella decía que no, que la vida era muy sencilla, pero las personas lo complicábamos todo.
Amaba la vida porque amaba a Dios.

Hoy tengo la impresión de que la Madre supo disfrutar de la vida como nadie. Era una expresión que solía usar muchas veces: "disfrutar de la vida".
A mi me resultaba extraña en labios de una mujer de Dios y hasta me parecía contraria a la fe. Me hacía eco en la mente como aquel "carpe diem" que tanto se oía en el Instituto...
Ella vivía en Dios, gustaba de lo bueno, gozaba de la vida. Llevaba la cruz siempre con ella: su cuerpo no tenía descanso, y cuando la cruz no era física, entonces era espiritual. En los últimos años ambas eran simultáneas.
Gozaba viendo a la gente llevarse bien. Contaba a menudo detalles de la gente de las parroquias, donde gracias a la Virgen o a la Misión parroquial, o a la participación en los coros parroquiales, algunos empezaban a tratarse después de años sin hablarse.
Su fiesta estaba dentro de ella. Se sabía querida por Dios y por la Virgen, y esto la llenaba.
*Recuerdos de una Hermana Misionera de la Fraternidad

17 de marzo de 2011

CUARESMA: TIEMPO PARA SOLTAR LAS PIEDRAS...

¿Quién puede arrogarse el derecho de condenar a su prójimo?
Quisiera añadir algunas precisiones, recordando que el hombre es un ser complicado y que todas las cosas de este mundo tienen haz y envés.
Que tire la primera piedra contra la mujer adúltera el que nunca ha cometido adulterio en su corazón. Y que tire la primera piedra contra los ancianos aquel que nunca deseó apedrear a alguien.
Que tire la primera piedra contra el reo quien tenga las manos limpias de toda culpa. Y que se atreva a tirar la primera piedra contra los jueces el que nunca ha juzgado la conducta ajena.
Que tire la primera piedra contra el publicano el que no tiene nada de que acusarse. Y que tire la primera piedra contra el fariseo el que nunca se jactó de su virtud.
Que tire la primera piedra contra el hijo pródigo el que nunca ha ofendido a su padre. Y que tire la primera piedra contra el hijo mayor el que nunca condenó a su hermano.
* La sopa con tenedor. José María Cabodevilla

13 de marzo de 2011

CELEBRACIÓN DEL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Asperges
Introito
En primer plano, hermosa imagen de la oración de Jesús
en el huerto de los olivos
ambientando este tiempo penitencial

Evangelio

Homilía

Durante el Credo

Despues de la Consagración



Ecce Agnus Dei

El miércoles pasado con la imposición de la ceniza comenzó la Santa Cuaresma. En el rito latino, antes de los siglos VI-VII, la cuaresma comenzaba en este primer domingo.
El tiempo litúrgico de la Cuaresma es el más antiguo, y, por ello, el tiempo más rico y lógicamente ordenado con aquella triple dimensión que adquirió en la antiguedad:
  1. Tiempo de preparación intenso para los catecúmenos que habían de recibir el bautismo en la noche de Pascua
  2. Tiempo de penitencia pública para los pecadores
  3. Tiempo de preparación para la fiesta de Pascua mediante el ayuno, la limosna y la oración.

La duración de los cuarenta días tiene sus referencias en el Antiguo Testamento: la duración del Diluvio (40 días), la estancia de Israel en el desierto (40 años), los ayunos de Moisés y de Elías... El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en el desierto despues de un ayuno de 40 días en el que es tentado por Satanás.


"La Cuaresma es un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana”


San León Magno, Sermón 42


Las fotografías son gentileza de los miembros de la Delegación de la Militia Templi en España que han participado durante este fin de semana en nuestras celebraciones.

http://www.ordo-militiae-templi.org/index.php?ID_lingua=4


SALVE, REINA DE MISERICORDIA Y SEÑORA DEL MUNDO


Salve Reina de misericordia, Señora del mundo, Reina del cielo, Virgen de las vírgenes, Sancta Sánctorum, luz de los ciegos, gloria de los justos, perdón de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los lánguidos, salud del orbe, espejo de toda pureza.
Haga tu piedad que el mundo conozca y experimente aquella gracia que tú hallaste ante el Señor, obteniendo con tus santos ruegos perdón para los pecadores, medicina para los enfermos, fortaleza para los pusilánimes, consuelo para los afligidos, auxilio para los que peligran.
Por ti tengamos acceso fácil a tu Hijo, oh bendita y llena de gracia, madre de la vida y de nuestra salud, para que por ti nos reciba el que por ti se nos dio.
Excuse ante tus ojos tu pureza las culpas de nuestra naturaleza corrompida: obténganos tu humildad tan grata a Dios el perdón de nuestra vanidad.
Encubra tu inagotable caridad la muchedumbre de nuestros pecados: y tu gloriosa fecundidad nos conceda abundancia de merecimientos.
Oh Señora nuestra, Mediadora nuestra, y Abogada nuestra: reconcílianos con tu Hijo, recomiéndanos a tu Hijo, preséntanos á tu Hijo.
Haz, oh Bienaventurada, por la gracia que hallaste ante el Señor, por las prerrogativas que mereciste y por la misericordia que engendraste, que Jesucristo tu Hijo y Señor nuestro, bendito por siempre y sobre todas las cosas, así como por tu medio se dignó hacerse participante de nuestra debilidad y miserias, así nos haga participantes también por tu intercesión de su gloria y felicidad.

*Oración de San Bernardo a la Virgen Santísima

TERREMOTO EN JAPÓN, ¡EL SEÑOR ESTÁ A NUESTRO LADO!


Queridos hermanos y hermanas:
Las imágenes del trágico terremoto y del consiguiente tsunami en Japón nos han impresionando profundamente a todos. Deseo renovar mi cercanía espiritual a las queridas poblaciones de ese país, que con dignidad y valentía están afrontando las consecuencias de estas calamidades. Rezo por las víctimas y por sus familiares y por todos los que sufren a causa de estos tremendos eventos. Aliento a todos los que, con encomiable rapidez, se están comprometiendo para llevar ayuda. Permanezcamos unidos en la oración. ¡El Señor está a nuestro lado!
Benedicto XVI

BENEDICTO XVI: OPONERSE AL PECADO Y SALVAR AL PECADOR


Hoy es el primer domingo de Cuaresma, el tiempo litúrgico de cuarenta días que constituye en la Iglesia un camino espiritual de preparación para Pascua. Se trata, en definitiva, de seguir a Jesús, que se dirige decididamente hacia la Cruz, culmen de su misión de salvación. Si nos preguntamos: ¿por qué la Cuaresma? ¿Por qué la Cruz? La respuesta, en términos radicales, es ésta: porque existe el mal, es más, el pecado, que según las Escrituras es la causa profunda de todo mal. Pero esta afirmación no es algo que se puede dar por descontado, y la misma palabra "pecado" no es aceptada por muchos, pues presupone una visión religiosa del mundo y del hombre. De hecho, es verdad: si se elimina a Dios del horizonte del mundo, no se puede hablar de pecado. Al igual que cuando se esconde el sol desaparecen las sombras -la sombra sólo parece cuando hay sol-, del mismo modo el eclipse de Dios comporta necesariamente el eclipse del pecado. Por este motivo, el sentido del pecado -que es algo diferente al "sentido de culpa", como lo entiende la psicología-, se alcanza redescubriendo el sentido de Dios. Lo expresa el Salmo Miserere, atribuido al rey David con motivo de su doble pecado de adulterio y de homicidio: "Contra ti -dice David dirigiéndose a Dios-, contra ti sólo he pecado" (Salmo 51,6).


Ante el mal moral, la actitud de Dios es la de oponerse al pecado y salvar al pecador. Dios no tolera el mal, pues es Amor, Justicia, Fidelidad; y precisamente por este motivo no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Para salvar a la humanidad, Dios interviene: lo vemos en toda la historia del pueblo judío, a partir de la liberación de Egipto. Dios está determinado a liberar a sus hijos de la esclavitud para conducirles a la libertad. Y la esclavitud más grave y profunda es precisamente la del pecado. Por este motivo, Dios ha enviado a su Hijo al mundo: para liberar a los hombres del dominio de Satanás, "origen y causa de todo pecado". Lo ha enviado a nuestra carne mortal para que se convirtiera en víctima de expiación, muriendo por nosotros en la cruz. Contra este plan de salvación definitivo y universal, el Diablo se ha opuesto con todas sus fuerzas, como lo demuestra en particular el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, que es proclamado cada año en el primer domingo de Cuaresma. De hecho, entrar en este período litúrgico significa ponerse cada vez del lado de Cristo contra el pecado, afrontar -ya sea como personas ya sea como Iglesia- el combate espiritual contra el espíritu del mal (Miércoles de Ceniza, oración colecta).


Por este motivo, invocamos la ayuda maternal de María Santísima para el camino cuaresmal que acaba de comenzar para que esté lleno de frutos de conversión. Pido un recuerdo especial en la oración por mí y mis colaboradores de la Curia Romana, que esta noche comenzaremos la semana de Ejercicios Espirituales.
*Durante el rezo del Ángelus de hoy domingo

NUESTRA SEÑORA DE AKITA, RUEGA POR EL JAPÓN Y POR EL MUNDO ENTERO

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. ¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

10 de marzo de 2011

QUE EL AMOR NO SE APAGUE...


EL Señor viene todos los días a mi vida y me invita a entrar con Él en su morada, a pasear con Él por esa cárcel de amor que es el sagrario, y a que mi corazón permanezca día y noche ardiendo como la lamparilla de su sagrario, sin apagarse nunca, pero consumiéndose lentamente por su amor.


* Madre María Elvira de la Santa Cruz (Misionera de la Fraternidad)

COMIENZA LA NOVENA EN HONOR A SAN JOSÉ


+ Por la señal de la Santa Cruz...
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero...

Recuerda, castísimo esposo de la Virgen María,San José, nuestro querido patrón,que nunca se ha sabido que alguien haya invocado tu protección y buscado tu ayuda sin ser confortado.
Inspirado por esta confianza, a ti me encomiendo.No desprecies mi petición, querido padre adoptivo de nuestro Redentor,sino acéptala amablemente y ruega por mí a tu Hijo adoptivo,Nuestro Señor Jesucristo. Amén

*Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea alcanzar
* Padrenuestro, Avemaría y Gloria

8 de marzo de 2011

CUARESMA, TIEMPO DE AMOR Y CONFIANZA


Os apiadáis, Señor, de todos y nada aborrecéis, de cuanto hicisteis, cubriendo y perdonando los pecados de los hombres por su penitencia, porque sois Vos nuestro Dios y Señor.
Tened piedad de mí, Dios mío, tened piedad de mí, porque en Vos confía mi alma
-Introito-

Rechacemos de plano la tentación de encarar el tiempo santo de Cuaresma como un tiempo oscuro y tenebroso. No cedamos a la sugestión de la tristeza y mantengamos nuestra mirada fija en el Señor y nuestro corazón confiado en la inmensidad de su amor y de su misericordia.
La Cuaresma ha de ser para nosotros tiempo de amor y de confianza. Amor a Dios, que deseamos vivamente que sea purificado, acrisolado y acrecentado. Amor a los hermanos, sacramento de Dios, pues según el querer y la enseñanza de Jesús, “lo que hiciereis a uno de estos mis humildes hermanos conmigo lo hicisteis”.


Esta purificación y acrisolamiento comporta por nuestra parte el reconocimiento de nuestras infidelidades, el dolor de nuestra falta de correspondencia, el deseo de purificación de la mente y del corazón. Todo ello, comporta, sin duda alguna, una cierta dosis de sufrimiento y de dolor. Pero no olvidemos en ningún momento que nosotros, seguidores de Jesús, no hemos de sufrir como aquellos que no tienen esperanza. Esto es posible gracias a aquella confianza que no defrauda: confianza en el amor misericordioso de Dios, que se traduce en perdón, en reconciliación, en acogida amorosa del pecador arrepentido, porque Él ha venido a “reunir a las ovejas descarriadas de Israel”, “a llamar no a los justos sino a los pecadores”, “a ser médico de los enfermos y no de los sanos”. Porque “en el cielo habrá más alegría por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan de conversión”.


Encaremos y afrontemos este tiempo santo de Cuaresma desde esta perspectiva y lógica del amor redentor de Cristo que ha venido a sanar nuestros corazones y a vendar las heridas que nos han causado nuestros pecados, miserias e infidelidades. Al Señor no le asusta nuestra pequeñez, ni nuestra miseria, ni nuestra debilidad. Al Señor no le asusta nuestra condición de pecadores. Todo eso escandaliza a los hipócritas, a los soberbios, a los que están henchidos de sí mismos y se creen justos ante Dios y ante los hombres. Pero, precisamente para esos Cristo Jesús es piedra de tropiezo que los precipita a su propia perdición. Sin embargo, que distinta es la suerte de aquellos a quienes se pueden aplicar las palabras del Divino Salvador: “mucho se le ha perdonado porque mucho ha amado” y “más ama aquél a quien más se le perdona”. En este sentido, es más necesario que nunca recordar que la vida cristiana no es una ideología de la estética –apariencia externa de bien, de justicia y honorabilidad-, sino un mensaje de gracia, de salvación, de un amor que redime y justifica verdaderamente al hombre pecador y lo hace una criatura nueva: “os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo”. Y esto, por pura gracia, por efecto del amor misericordioso de Dios que “levanta de la basura al pobre”, “enaltece a los humildes” y “carga sobre sus hombros a la oveja perdida”.
Tan sólo una cosa es necesaria: clamar desde lo profundo del corazón, “¡Apiádate de mí, Señor, que soy un pobre pecador!” Estemos seguros de que quien así clama al Señor, ese baja justificado a su casa.


La Cuaresma no sitúa de frente ante la realidad “escandalosa” y desconcertante de Dios Altísimo y Tres veces Santo, que se abaja hacia el hombre pecador para levantarlo de su postración y “vestirlo con traje de fiesta”. Es la epifanía de Dios-Piadoso, Dios-Compasivo, Dios-rico en misericordia para con aquellos que le suplican y solicitan su perdón, conscientes de su indignidad e incapacidad.
Quizás ningún tiempo litúrgico en que tan a fondo y de manera tan profunda podamos detenernos, extasiarnos y experimentar en profundidad la misericordia infinita de Dios que se nos manifiesta a través de su piedad para con nosotros.

El reconocimiento de nuestra pobre condición de pecadores es el paso que nos introduce en la tierra de la misericordia que es el Corazón herido y abierto del Salvador. Es la llave que nos abre la fuentes del amor y de la piedad que brotan a raudales del Corazón de Dios, Padre y Redentor nuestro.
¡Qué misterio tan insondable! Cuanto más reconoce el hombre su pecado y su maldad, más se aborrece y desprecia a sí mismo. Sin embargo, el Señor nada aborrece de cuanto ha hecho y por eso más ternura siente Él ante el pecador que se arrepiente y llora sus pecados. Más lo rodea con su amor y su misericordia. Más lo eleva y ensalza Dios, cuanto más el pecador se humilla y se desprecia a sí mismo.

La ceniza nos recuerda nuestra débil condición. Es un símbolo elocuente de nuestra pobreza e indigencia, de nuestra pequeñez y de la profunda miseria a la que somos arrastrados por nuestros pecados y ofensas contra Dios y el prójimo. ¡No hemos de pasar por alto ante dicha realidad! ¡Hemos de meditar en ello con detenimiento y profundidad! Pero, tampoco esa es la última palabra. Por eso hemos de escuchar y acoger la invitación paterna y amorosa de Dios: Conviértete y cree en el Evangelio.
El Señor puede hacernos renacer de nuestras cenizas, levantarnos de nuestra postración, revestirnos de dignidad y coronarnos de gloria. Esta es la Buena Noticia que resuena con fuerza en el silencio de la Cuaresma. En nuestros corazones, en los que abundó el pecado, puede ahora sobreabundar la gracia por la misericordia infinita de nuestro Señor y Redentor. Y, aquello mismo que hasta hoy nos parecía imposible e inalcanzable, está a nuestro alcance, porque todo lo podemos en Aquél que nos conforta.
Pidamos a la Virgen Santísima que nos acompañe a lo largo de la peregrinación cuaresmal y que disponga nuestra mente y nuestro corazón para que aceptemos y secundemos la gracia de la conversión. Que envíe en nuestra ayuda a San Miguel Arcángel y a su Santos Ángeles para que podamos salir victoriosos de las luchas y batallas contra los enemigos de nuestra salvación. Amén.

P. Manuel María de Jesús

5 de marzo de 2011

SI JESÚS ME GUARDA SERÉ JUAN EL AMADO


La santidad no consiste sólo en rezar, ni en tener visiones o revelaciones, ni en la ciencia del bien hablar, ni en llevar cilicios y hacer penitencias. La santidad es dinamismo de crecimiento en humildad...
El Señor ha dicho: Este es el siglo en que la serpiente ha echado alas; por eso voy a purificar la tierra.... ¿Quién podrá salvarse? Aquel que pide humildad y la practica. La humildad es paz, es reina, alma humilde que está siempre feliz. En el combate, en el sufrimiento se humilla, cree merecer más y pide aumentarla; está siempre en paz.
El orgulloso crea siempre problema. Corazón humilde es la copa, el cáliz en que mora Dios. Dice el Señor: Un alma hu­milde, verdaderamente humilde, hará más milagros que los antiguos profetas. En el cielo los árboles más bellos son los que más han pecado. Se han servido de los propios pecados, como las raíces del árbol con el estiércol y de sus hojas caídas.
Piénsalo siempre: si Jesús me aban­donase sería yo peor que Judas. Pero si Jesús me guarda seré Juan el Amado.
*Beata María de Jesús Crucificado. La Arabita

EL AMOR DE JUAN PABLO II A ESPAÑA


Sois depositarios de una rica herencia espiritual que debe ser capaz de dinamizar vuestra vitalidad cristiana, unida al gran amor a la Iglesia y al Sucesor de Pedro.
Con mis brazos abiertos os llevo a todos en mi corazón. El recuerdo de estos días se hará oración pidiendo para vosotros la paz en fraterna convivencia, alentados por la esperanza cristiana que no defrauda. Y con gran afecto os digo, como en la primera vez, ¡Hasta siempre España! ¡Hasta siempre, tierra de María!

*Juan Pablo II al finalizar su Visita a España en 2003

PRIMER SÁBADO DE MES


Oración por España

¡Oh María Inmaculada, amada Patrona de España! Velad por España, nación mariana por excelencia, rogad por España; salvad a España; que cuanto mas culpable, mayor necesidad tiene de vuestra poderosa intercesión. Una súplica a vuetro Divino Hijo Jesús, que reposa en vuestros virginales brazos, y España será salvada.


¡Oh Jesús, Corazón divino oculto en el Santísimo Sacramento, tan amado de los españoles, por María su Patrona, salvad a España! Porque extendió tu Nombre y el reinado de la Cruz por todo el mundo, que vea palpablemente tu soberana protección, y porque confía en Aquella que aplastó la cabeza del infernal dragón, que sean desbaratados sus perversos planes.


¡Oh Jesús Sacramentado! ¡Oh María Inmaculada! Velad, velad por ella; salvad a esta España tan vuestra de cuantos peligros pueden amenazar su fe y la paz y la tranquilidad del orden. Amén.

1 de marzo de 2011

Calendario litúrgico de la forma extraordinaria del Rito Romano