31 de marzo de 2011
MODELOS DE HUMILDAD
VALOR PEDAGÓGICO DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA PARA LOS PENITENTES
VALOR PEDAGÓGICO DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA PARA LOS SACERDOTES
28 de marzo de 2011
PREPARARSE CON LAS OBRAS DE MISERICORDIA A RECIBIR LA MISERICORDIA DE DIOS
PADRE PÍO: APRECIAR SÓLO AQUELLO QUE AYUDA A ALCANZAR LOS BIENES ETERNOS
19 de marzo de 2011
SANTA MISA DE LA FIESTA DE SAN JOSÉ EN TOLEDO

La Comunidad de Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, celebró ayer la Fiesta de San José, esposo de la Virgen María, en la Iglesia del Salvador de Toledo. En los días precedentes tuvo lugar la Novena en honor del Santo Patriarca.

Coincidiendo con el V Aniversario de su fallecimiento, el 19 de marzo de 2006, la Santa Misa de ayer se aplicó por el eterno descanso de la Madre María Elvira de la Santa Cruz. También en el Priorato de las Misioneras de la Fraternidad en Barro (Pontevedra) se ofreció la Santa Misa por su eterno descanso, siendo el celebrante el Rvdo. Don Román Millán Pardavila, párroco de Santa María de Portas.
SAN JOSÉ, PRÍNCIPE DE LA CASA DE DAVID

Dice el Evangelio que el Niño Jesús «crecía en sabiduría, edad y gracia delante de Dios y de los hombres» (Lc. 2,52). Si esto es verdad – y ciertamente lo es, pues son palabras inspiradas por el Espíritu Santo – es señal de que en el Hombre-Dios aún había cómo crecer. De cualquier naturaleza que fuese ese crecimiento, era un crecimiento de la perfección perfectísima para algo que era una perfección aún más perfectísima.
Por otro lado, debemos considerar todo cuanto es Nuestra Señora: un tal cúmulo de perfecciones creadas, que un Papa llegó a declarar: de Ella se puede decir todo en materia de elogio, desde que no se le atribuya la divinidad. Fue concebida sin pecado original y confirmada en gracia a partir del primer instante de su ser; no podía pecar, no podía caer en la más leve falta, porque estaba asegurada por Dios contra eso. No teniendo defectos – tal es el aspecto importante de esta consideración –, también Ella crecía constantemente en virtud.
Al lado del Niño Jesús y de Nuestra Señora estaba San José. Es difícil elogiar cualquier hombre, cualquier grandeza terrena, después de considerar la grandeza de San José. El hombre casto, virginal por excelencia, descendiente de David.
San Pedro Julián Eymard (cfr. «Extrait des écrits du P. Eymard», Desclée de Brouwer, Paris, 7° ed., pp. 59-62) dice que San José era el jefe de la Casa de David, el pretendiente legítimo al trono de Israel, el mismo trono que fue ocupado y derrumbado por falsos reyes, mientras Israel era dividido y, al final, dominado por los romanos.
Triple ascensión y tres auges
San José era un varón perfecto, modelado por el Espíritu Santo para tener proporción con Nuestra Señora. Se puede imaginar a qué auge, a qué altura, San José debió haber llegado para estar en proporción con Nuestra Señora. Es sumamente probable que también él haya sido confirmado en gracia. Entonces se puede decir que, en la humilde casa de Nazaret, a cada momento que pasaba, aquellas tres personas crecían en gracia y santidad delante de Dios y de los hombres.
San José debe haber fallecido antes del inicio de la vida pública de Nuestro Señor Jesucristo. Es el patrono de la buena muerte, porque todo lleva a creer que, en su muerte, fue asistido por Nuestra Señora y el Divino Redentor, que lo ayudaron a elevar su alma a aquella perfección pinacular para la cual él fue creado. No era la perfección de Nuestra Señora, era una perfección menor. Pero era la perfección enorme para la cual fue llamado.
Cuando su mirada turbia se iba apagando para la vida, San José –al contemplar a Aquella que era su esposa y a Aquel que jurídicamente era su hijo– se extasió con la ascensión continua de santidad de Nuestra Señora y de su Divino Hijo. Al verlos subir así, también él, a su vez, subía sin cesar en su propia santidad.
Esta triple ascensión continua en la humilde casa de Nazaret, constituyó el encanto del Creador y de los hombres: tres perfecciones que llegaron todas al pináculo a que cada una debía llegar. Eran tres auges que se amaban intensamente y se intercomprendían intensamente; perfecciones altísimas, admirables, pero desiguales, realizando una armonía de desigualdades como jamás hubo en la faz de la Tierra.
Entretanto, la jerarquía puesta por Dios entre tales sublimes desigualdades era de un orden admirablemente inverso: Aquel que era el jefe de la Casa en el plano humano era el menor en el orden sobrenatural; en cuanto al Niño, que debería prestar obediencia a sus padres, era Dios. Una inversión que nos hace amar aún más las riquezas y las complejidades de cualquier orden verdaderamente jerárquico; y que lleva al alma fiel, deseosa de meditar sobre tan elevado tema, a entonar un himno de alabanza, de admiración y de fidelidad a todas las jerarquías y a todas las desigualdades establecidas por Dios.
Paradoja: Príncipe y obrero
Otra paradoja fue también colocada por el Creador en las complejidades de este nobilísimo orden jerárquico.
San José era el representante de la Casa más augusta que hubo en todos los tiempos, pues, en cuanto de otras Casas nacieron reyes, de la Casa de David nació un Dios. Y los únicos cortesanos a la altura de esa casa son los Ángeles del Cielo.
Entretanto, por designio divino, tal jefe de la Casa de David era al mismo tiempo, trabajador manual, un carpintero. Y también Nuestro Señor Jesucristo ejerció esa actividad antes de iniciar su vida pública. Dios quiso así que las dos puntas de la jerarquía temporal se uniesen en aquel que es Hombre-Dios. En El está la condición de Príncipe real de la Casa de David, de pretendiente al trono de Israel. Pero esta condición coexiste con la de mero carpintero, obrero, en el extremo opuesto de la escala social. Esta coexistencia de perfecciones, en ambos aspectos – tanto en el de Creador-criatura como en el otro, incomparablemente menor, de rey-obrero – reúne los extremos para reforzar la cohesión de los elementos intermediarios de la jerarquía, uniendo tales elementos por la unión de los extremos.
Así, la sacrosanta jerarquía en el interior de la Sagrada Familia no aparece apenas como un conjunto de cimas tan altas que a nuestra vista física y mental le cuesta alcanzar. Ella representa también un conjunto jerárquico, desigual pero afectuoso, entre todos los grados del orden social. De tal manera que, aquel que ocupa el lugar más alto, abraza afectuosamente el que está más bajo y dice: «En cuanto naturaleza humana somos todos iguales».
Amor desinteresado a la Jerarquía
Escogí el ejemplo de San José, de Nuestra Señora y de Nuestro Señor Jesucristo para que se comprenda la jerarquía en lo que ella tiene de más puro, de más límpido, de más perfecto, en la cual no hay egoísmo ni pretensión. Porque existe ese puro amor de Dios, el cual genera amor a las varias jerarquías, sin la preocupación de ser mucho, de hacer mucho o de poder mucho. Es amar la jerarquía por amor de Dios.
Las almas que tienen el verdadero censo de la jerarquía aman de este modo a los que son superiores. La palabra «majestad» tiene para ellas un sentido, un misterio, un lumen especial que torna respetables y venerables los reyes y emperadores, incluso cuando éstos, no merecen el homenaje que le es prestado por ser quienes son. Pero si, para aquello a que fueron llamados, en algo corresponden, ese algo, por pequeño que sea, es como el aroma de una flor incomparable, de la cual se saca una gota, cuyo perfume produce sobre el hombre recto un efecto semejante al que la santidad mayor produce sobre la santidad menor. Y eso tiene alguna analogía con lo que pasaba en la Sagrada Familia, entre las tres personas indeciblemente excelsas – una de ellas divina – que la componían.
He ahí algunas consideraciones sobre el arrobo y el entusiasmo que las verdaderas jerarquías – como aquella que existió, en grado arquetípico, en la Sagrada Familia – pueden y deben suscitar en las almas rectas y auténticamente católicas.
PIADOSO TRÁNSITO DE SAN JOSÉ
¡Oh mi Santo protector, glorioso Patriarca San José, que, estando en el lecho de vuestro dulce tránsito, os visteis rodeado de ángeles y asistido de su Rey, Cristo Jesús, y de su Reina, la Santísima Virgen María, esposa vuestra, y que con esta amabilísima compañía salisteis en una paz celestial de esta miserable vida!. Alcanzadme la gracia de perseverar en el bien hasta que muera reclinado en vuestros brazos. Sí, santo mío, por aquella dulce compañía que Jesús y María os hicieron hasta la hora de vuestra muerte, protegedme en la mía hasta que me vea con Vos en el cielo. Compadeceos también de las pobres almas del Purgatorio que invocan vuestra gracia y poder para con ellas; amparadlas y llevadlas pronto a vuestra gloria, para que juntas con la mía, glorifiquemos vuestro santo nombre con el de Jesús y María por todos los siglos. Amén.BAJO LA FIEL CUSTODIA DE SAN JOSÉ

Amorosísimo padre de nuestro Señor Jesucristo, en vuestras manos queremos poner hoy esta Fraternidad. Os suplicamos que la acojáis y abracéis con el mismo amor con que abrazasteis al Niño Jesús; que la protejáis y defendáis del maligno enemigo y nos guardéis a cada uno de nosotros, para que en medio de este mundo podamos llevar a cabo la gran tarea que la Virgen Santísima ha puesto en nuestras manos.¡San José, nuestro Padre y Guardián, rogad por nosotros!
*Madre María Elvira de la Santa Cruz
QUINTO ANIVERSARIO: HERMANA MARÍA ELVIRA, TUS HERMANOS NO TE OLVIDAMOS...
"¿Cuándo será domingo para descansar?"... Lo decía cuando se encontraba muy cansada... El 19 de marzo de 2006, día de su tránsito, era domingo...
Hoy tengo la impresión de que la Madre supo disfrutar de la vida como nadie. Era una expresión que solía usar muchas veces: "disfrutar de la vida".17 de marzo de 2011
CUARESMA: TIEMPO PARA SOLTAR LAS PIEDRAS...
¿Quién puede arrogarse el derecho de condenar a su prójimo?Quisiera añadir algunas precisiones, recordando que el hombre es un ser complicado y que todas las cosas de este mundo tienen haz y envés.
13 de marzo de 2011
CELEBRACIÓN DEL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
En primer plano, hermosa imagen de la oración de Jesús
en el huerto de los olivos
ambientando este tiempo penitencial
- Tiempo de preparación intenso para los catecúmenos que habían de recibir el bautismo en la noche de Pascua
- Tiempo de penitencia pública para los pecadores
- Tiempo de preparación para la fiesta de Pascua mediante el ayuno, la limosna y la oración.
La duración de los cuarenta días tiene sus referencias en el Antiguo Testamento: la duración del Diluvio (40 días), la estancia de Israel en el desierto (40 años), los ayunos de Moisés y de Elías... El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en el desierto despues de un ayuno de 40 días en el que es tentado por Satanás.
"La Cuaresma es un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana”
San León Magno, Sermón 42
Las fotografías son gentileza de los miembros de la Delegación de la Militia Templi en España que han participado durante este fin de semana en nuestras celebraciones.
SALVE, REINA DE MISERICORDIA Y SEÑORA DEL MUNDO
*Oración de San Bernardo a la Virgen Santísima
TERREMOTO EN JAPÓN, ¡EL SEÑOR ESTÁ A NUESTRO LADO!

Las imágenes del trágico terremoto y del consiguiente tsunami en Japón nos han impresionando profundamente a todos. Deseo renovar mi cercanía espiritual a las queridas poblaciones de ese país, que con dignidad y valentía están afrontando las consecuencias de estas calamidades. Rezo por las víctimas y por sus familiares y por todos los que sufren a causa de estos tremendos eventos. Aliento a todos los que, con encomiable rapidez, se están comprometiendo para llevar ayuda. Permanezcamos unidos en la oración. ¡El Señor está a nuestro lado!
BENEDICTO XVI: OPONERSE AL PECADO Y SALVAR AL PECADOR

Ante el mal moral, la actitud de Dios es la de oponerse al pecado y salvar al pecador. Dios no tolera el mal, pues es Amor, Justicia, Fidelidad; y precisamente por este motivo no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Para salvar a la humanidad, Dios interviene: lo vemos en toda la historia del pueblo judío, a partir de la liberación de Egipto. Dios está determinado a liberar a sus hijos de la esclavitud para conducirles a la libertad. Y la esclavitud más grave y profunda es precisamente la del pecado. Por este motivo, Dios ha enviado a su Hijo al mundo: para liberar a los hombres del dominio de Satanás, "origen y causa de todo pecado". Lo ha enviado a nuestra carne mortal para que se convirtiera en víctima de expiación, muriendo por nosotros en la cruz. Contra este plan de salvación definitivo y universal, el Diablo se ha opuesto con todas sus fuerzas, como lo demuestra en particular el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, que es proclamado cada año en el primer domingo de Cuaresma. De hecho, entrar en este período litúrgico significa ponerse cada vez del lado de Cristo contra el pecado, afrontar -ya sea como personas ya sea como Iglesia- el combate espiritual contra el espíritu del mal (Miércoles de Ceniza, oración colecta).
Por este motivo, invocamos la ayuda maternal de María Santísima para el camino cuaresmal que acaba de comenzar para que esté lleno de frutos de conversión. Pido un recuerdo especial en la oración por mí y mis colaboradores de la Curia Romana, que esta noche comenzaremos la semana de Ejercicios Espirituales.
NUESTRA SEÑORA DE AKITA, RUEGA POR EL JAPÓN Y POR EL MUNDO ENTERO
10 de marzo de 2011
QUE EL AMOR NO SE APAGUE...

* Madre María Elvira de la Santa Cruz (Misionera de la Fraternidad)
COMIENZA LA NOVENA EN HONOR A SAN JOSÉ
Recuerda, castísimo esposo de la Virgen María,San José, nuestro querido patrón,que nunca se ha sabido que alguien haya invocado tu protección y buscado tu ayuda sin ser confortado.
Inspirado por esta confianza, a ti me encomiendo.No desprecies mi petición, querido padre adoptivo de nuestro Redentor,sino acéptala amablemente y ruega por mí a tu Hijo adoptivo,Nuestro Señor Jesucristo. Amén
*Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea alcanzar
8 de marzo de 2011
CUARESMA, TIEMPO DE AMOR Y CONFIANZA

Tened piedad de mí, Dios mío, tened piedad de mí, porque en Vos confía mi alma
-Introito-
Rechacemos de plano la tentación de encarar el tiempo santo de Cuaresma como un tiempo oscuro y tenebroso. No cedamos a la sugestión de la tristeza y mantengamos nuestra mirada fija en el Señor y nuestro corazón confiado en la inmensidad de su amor y de su misericordia.
La Cuaresma ha de ser para nosotros tiempo de amor y de confianza. Amor a Dios, que deseamos vivamente que sea purificado, acrisolado y acrecentado. Amor a los hermanos, sacramento de Dios, pues según el querer y la enseñanza de Jesús, “lo que hiciereis a uno de estos mis humildes hermanos conmigo lo hicisteis”.
Esta purificación y acrisolamiento comporta por nuestra parte el reconocimiento de nuestras infidelidades, el dolor de nuestra falta de correspondencia, el deseo de purificación de la mente y del corazón. Todo ello, comporta, sin duda alguna, una cierta dosis de sufrimiento y de dolor. Pero no olvidemos en ningún momento que nosotros, seguidores de Jesús, no hemos de sufrir como aquellos que no tienen esperanza. Esto es posible gracias a aquella confianza que no defrauda: confianza en el amor misericordioso de Dios, que se traduce en perdón, en reconciliación, en acogida amorosa del pecador arrepentido, porque Él ha venido a “reunir a las ovejas descarriadas de Israel”, “a llamar no a los justos sino a los pecadores”, “a ser médico de los enfermos y no de los sanos”. Porque “en el cielo habrá más alegría por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan de conversión”.
Encaremos y afrontemos este tiempo santo de Cuaresma desde esta perspectiva y lógica del amor redentor de Cristo que ha venido a sanar nuestros corazones y a vendar las heridas que nos han causado nuestros pecados, miserias e infidelidades. Al Señor no le asusta nuestra pequeñez, ni nuestra miseria, ni nuestra debilidad. Al Señor no le asusta nuestra condición de pecadores. Todo eso escandaliza a los hipócritas, a los soberbios, a los que están henchidos de sí mismos y se creen justos ante Dios y ante los hombres. Pero, precisamente para esos Cristo Jesús es piedra de tropiezo que los precipita a su propia perdición. Sin embargo, que distinta es la suerte de aquellos a quienes se pueden aplicar las palabras del Divino Salvador: “mucho se le ha perdonado porque mucho ha amado” y “más ama aquél a quien más se le perdona”. En este sentido, es más necesario que nunca recordar que la vida cristiana no es una ideología de la estética –apariencia externa de bien, de justicia y honorabilidad-, sino un mensaje de gracia, de salvación, de un amor que redime y justifica verdaderamente al hombre pecador y lo hace una criatura nueva: “os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo”. Y esto, por pura gracia, por efecto del amor misericordioso de Dios que “levanta de la basura al pobre”, “enaltece a los humildes” y “carga sobre sus hombros a la oveja perdida”.
Tan sólo una cosa es necesaria: clamar desde lo profundo del corazón, “¡Apiádate de mí, Señor, que soy un pobre pecador!” Estemos seguros de que quien así clama al Señor, ese baja justificado a su casa.
La Cuaresma no sitúa de frente ante la realidad “escandalosa” y desconcertante de Dios Altísimo y Tres veces Santo, que se abaja hacia el hombre pecador para levantarlo de su postración y “vestirlo con traje de fiesta”. Es la epifanía de Dios-Piadoso, Dios-Compasivo, Dios-rico en misericordia para con aquellos que le suplican y solicitan su perdón, conscientes de su indignidad e incapacidad.
Quizás ningún tiempo litúrgico en que tan a fondo y de manera tan profunda podamos detenernos, extasiarnos y experimentar en profundidad la misericordia infinita de Dios que se nos manifiesta a través de su piedad para con nosotros.
El reconocimiento de nuestra pobre condición de pecadores es el paso que nos introduce en la tierra de la misericordia que es el Corazón herido y abierto del Salvador. Es la llave que nos abre la fuentes del amor y de la piedad que brotan a raudales del Corazón de Dios, Padre y Redentor nuestro.
¡Qué misterio tan insondable! Cuanto más reconoce el hombre su pecado y su maldad, más se aborrece y desprecia a sí mismo. Sin embargo, el Señor nada aborrece de cuanto ha hecho y por eso más ternura siente Él ante el pecador que se arrepiente y llora sus pecados. Más lo rodea con su amor y su misericordia. Más lo eleva y ensalza Dios, cuanto más el pecador se humilla y se desprecia a sí mismo.
La ceniza nos recuerda nuestra débil condición. Es un símbolo elocuente de nuestra pobreza e indigencia, de nuestra pequeñez y de la profunda miseria a la que somos arrastrados por nuestros pecados y ofensas contra Dios y el prójimo. ¡No hemos de pasar por alto ante dicha realidad! ¡Hemos de meditar en ello con detenimiento y profundidad! Pero, tampoco esa es la última palabra. Por eso hemos de escuchar y acoger la invitación paterna y amorosa de Dios: Conviértete y cree en el Evangelio.
El Señor puede hacernos renacer de nuestras cenizas, levantarnos de nuestra postración, revestirnos de dignidad y coronarnos de gloria. Esta es la Buena Noticia que resuena con fuerza en el silencio de la Cuaresma. En nuestros corazones, en los que abundó el pecado, puede ahora sobreabundar la gracia por la misericordia infinita de nuestro Señor y Redentor. Y, aquello mismo que hasta hoy nos parecía imposible e inalcanzable, está a nuestro alcance, porque todo lo podemos en Aquél que nos conforta.
Pidamos a la Virgen Santísima que nos acompañe a lo largo de la peregrinación cuaresmal y que disponga nuestra mente y nuestro corazón para que aceptemos y secundemos la gracia de la conversión. Que envíe en nuestra ayuda a San Miguel Arcángel y a su Santos Ángeles para que podamos salir victoriosos de las luchas y batallas contra los enemigos de nuestra salvación. Amén.
P. Manuel María de Jesús
5 de marzo de 2011
SI JESÚS ME GUARDA SERÉ JUAN EL AMADO

El Señor ha dicho: Este es el siglo en que la serpiente ha echado alas; por eso voy a purificar la tierra.... ¿Quién podrá salvarse? Aquel que pide humildad y la practica. La humildad es paz, es reina, alma humilde que está siempre feliz. En el combate, en el sufrimiento se humilla, cree merecer más y pide aumentarla; está siempre en paz.
El orgulloso crea siempre problema. Corazón humilde es la copa, el cáliz en que mora Dios. Dice el Señor: Un alma humilde, verdaderamente humilde, hará más milagros que los antiguos profetas. En el cielo los árboles más bellos son los que más han pecado. Se han servido de los propios pecados, como las raíces del árbol con el estiércol y de sus hojas caídas.
EL AMOR DE JUAN PABLO II A ESPAÑA

Con mis brazos abiertos os llevo a todos en mi corazón. El recuerdo de estos días se hará oración pidiendo para vosotros la paz en fraterna convivencia, alentados por la esperanza cristiana que no defrauda. Y con gran afecto os digo, como en la primera vez, ¡Hasta siempre España! ¡Hasta siempre, tierra de María!
*Juan Pablo II al finalizar su Visita a España en 2003
PRIMER SÁBADO DE MES










