23 de diciembre de 2011

VENERACIÓN DE LA RELIQUIA DEL SANTO PADRE PÍO DE PIETRELCINA

Como todos los 23 de cada mes se ha venerado la reliquia del Santo Padre Pío en la Iglesia del Salvador de Toledo.





Amados hermanos:
Es el día de nuestra cita mensual con nuestro queridísimo y admirado Santo Padre Pío. Coincide esta fecha estando a las puertas mismas de la Nochebuena y de la Navidad. Y desearíamos todos que estas santas fiestas no fuesen una celebración rutinaria, anodina y fría, sino por el contrario quisiéramos todos acoger con las verdaderas disposiciones al Niño que viene para salvarnos y para ser nuestro compañero y amigo en el camino de la vida, en esta peregrinación a través de la cual nos dirigimos hacia la eternidad, hacia la patria verdadera.
Qué mejor oportunidad que esta para pedir al Padre Pío que nos ayude a disponer nuestros corazones. Para pedirle con humildad y confianza que nos tienda su mano y nos ofrezca sus palabras y sabios consejos para disponernos a celebrar el misterio santo de la Navidad.
Al leer la correspondencia que el Padre Pío dirigía en estas fechas a su director espiritual y a sus almas dirigidas encontramos una constante en sus escritos. Padre Pío, que era ante todo un gran orante, redoblaba en estas fechas su oración de súplica al Niño Dios. En los días navideños el Padre pedía incansablemente por todos. Pedía por sus conocidos, por sus superiores, por las almas que él trataba y dirigía espiritualmente, pero pedía también aun por todos aquellos a quienes no conocía.
La Navidad era para el Padre Pío, más que nada, un tiempo de oración. Un tiempo de súplica confiada dirigida al Niño Jesús por las grandes necesidades de las almas y del mundo entero. De esta forma el corazón del Padre Pío se hacía en estos días más universal. Su corazón se agigantaba, se dilataba hasta contener en él a la humanidad entera. Y con este peso de llevar a los hermanos cargados sobre sus hombros acudía confiado a la presencia del Niño Jesús para descargar ante Él las inquietudes, los sufrimientos, las angustias y necesidades de la pobre humanidad.
Por algo Jesús significa Salvador. Porque ciertamente Él viene a salvar a los hombres de la tiranía del pecado y de la frustración de la muerte. Como Salvador, Jesús es el médico de las almas que viene a sanar los corazones afligidos y a curarnos a todos de la enfermedad del pecado. El Señor viene a librarnos de los males que nos acechan.
¿A quién, entonces, sino a Jesús puede acudir la pobre humanidad lacerada en busca de medicina para remediar sus males? Por eso mismo, el Santo Padre Pío aprovechaba esta venida del Salvador para hacer como aquellas gentes de Palestina que al paso de Jesús sacaban los enfermos a las puertas de las casas y a los caminos por donde Jesús había de pasar. Así también el Padre Pío llevaba hasta el portal de Belén las necesidades de todos los hombres y ante la cuna del Niño Divino pedía misericordia y solicitaba la medicina necesaria para cada uno.

El Padre Pío con su ejemplo nos enseña, queridos hermanos, que la Navidad es un tiempo de gracia. Un tiempo en el que Cristo Salvador se acerca a nosotros, pasa a nuestro lado y viene con sus manos repletas de bendiciones y con su Corazón Divino desbordante de misericordia, ardiendo en deseos de inclinarse sobre cada alma y sobre cada corazón para ser bálsamo y consuelo, médico y medicina, salvación y gozo de los pobres pecadores. Padre Pío nos exhorta a que aprovechemos este tiempo de gracia, que aprovechemos el paso de Jesús y salgamos a su encuentro recibiéndolo en la fe y en los sacramentos con piedad renovada y con santa unción.
De los ejemplos del Padre Pío podemos aprender que la Navidad ha de ser por encima de todo un tiempo de verdadera y profunda oración. ¡Hemos de estar alerta contra la tentación de vaciar estos días de su verdadero contenido! ¡Muy alerta contra la tentación de trivializar las cosas santas! ¡Muy alerta para no caer en la tentación de la superficialidad transformando la Navidad en aquello que no es! ¡Muy alerta ante todo aquello que pudiese oscurecer a quien es el centro y el protagonista verdadero de la Navidad: el Niño Divino!
Precisamente, la oración es el arma más valiosa y eficaz para rechazar y vencer todas esas tentaciones y provocaciones que podrían arruinar la Navidad cristiana. Si perseveramos en la oración, en la intimidad con Cristo, con María y con San José, entonces experimentaremos sin duda el milagro del paso del Señor por nuestra vida.
Pero, además, el Santo Padre Pío nos enseña como debe ser esa oración nuestra particularmente en estos días. Ha de ser una oración ensanchada, amplia y universal, fruto de un corazón verdaderamente católico, que no vive encaracolado en sí mismo. Una oración a través de la cual nos hagamos solidarios de la humanidad entera y por medio de la cual acudamos a la presencia del Niño Divino portando las grandes y múltiples necesidades de la humanidad. ¡Pidamos por los otros! ¡Pidamos por los demás, aún por aquellos que no conocemos, que ya el Señor se encargará de nuestras necesidades particulares! Así nos quiere Cristo: olvidados de nosotros mismos, despegados de nuestras cosillas, atentos a las necesidades del prójimo, compartiendo los sufrimientos, las angustias y el llanto de todos los hombres. No se trata de crear fronteras sino de abrirlas. No se trata de hacer grupos sino de ser gran familia de los hijos de Dios. No se trata de permanecer lamiendo las propias heridas sino de acudir presurosos llevando en nuestras manos aceite y vino para curar las heridas del prójimo.
¡Este es el milagro auténtico de la Navidad! : La transformación de los corazones y el renacer de un compromiso verdadero en favor de la paz, de la justicia, del perdón, de la misericordia y de la fraternidad. Un compromiso de una fe más pura, de una esperanza más firme y de una caridad más ardiente.
“No dejaré nunca, y mucho menos en estos días santos, de suplicar al divino Niño por todos los hombres”. Que este compromiso del Santo Padre Pío sea también el nuestro. Amén.
*P. Manuel María de Jesús