(Tomado de la reciente entrevista concedida a Gloria.tv)
¿Cuáles son las razones de la hostilidad de muchos ambientes eclesiásticos contra una liturgia que la Iglesia y tantísimos santos han celebrado durante un período tan largo y que ha sido el instrumento de un desarrollo espectacular de la Iglesia?
Es una pregunta compleja porque creo que hay muchos factores que intervienen para comprender este prejuicio todavía difuso contra la liturgia de la forma extraordinaria del Rito Antiguo. Hay que tener presente que durante muchos años no se ha ofrecido una formación litúrgica verdaderamente adecuada y completa en la Iglesia Católica. Se ha querido introducir el principio de una ruptura, de un alejamiento, una separación radical entre la reforma litúrgica propuesta, instaurada, promulgada por el Papa Pablo VI y la liturgia tradicional. En realidad las cosas son de manera diversa, porque está claro que hay una continuidad sustancial en la liturgia, en la historia de la liturgia; hay crecimiento, progreso, renovación, pero no ruptura, no discontinuidad, y luego estos prejuicios influyen en grado determinante en la forma mentis de las personas, de los eclesiásticos y también de los fieles.Tenemos que superar este prejuicio, tenemos que dar una formación litúrgica completa, auténtica, y ver cómo, precisamente, una cosa son los libros litúrgicos de la reforma querida por el Papa Pablo VI, otra cosa son las formas de actuación que en tantas partes del mundo católico se verifican en la práctica, y que son auténticos abusos de la misma reforma litúrgica de Pablo VI y contienen también errores doctrinales que deben ser corregidos y rechazados. Es por esto que el Santo Padre Benedicto XVI, en un discurso en el Ateneo Anselmiano, recientemente, a finales de primavera de este año, ha querido reiterar una vez más. Una cosa son los libros de la reforma litúrgica, otra son las formas concretas de aplicación que, por desgracia, se han extendido a muchas partes y que no son coherentes con los principios que se establecieron de manera explícita en la Constitución del Concilio Vaticano II, "Sacrosanctum Concilium ", sobre la divina liturgia.
¿Cuáles son las razones de la hostilidad de muchos ambientes eclesiásticos contra una liturgia que la Iglesia y tantísimos santos han celebrado durante un período tan largo y que ha sido el instrumento de un desarrollo espectacular de la Iglesia?
Es una pregunta compleja porque creo que hay muchos factores que intervienen para comprender este prejuicio todavía difuso contra la liturgia de la forma extraordinaria del Rito Antiguo. Hay que tener presente que durante muchos años no se ha ofrecido una formación litúrgica verdaderamente adecuada y completa en la Iglesia Católica. Se ha querido introducir el principio de una ruptura, de un alejamiento, una separación radical entre la reforma litúrgica propuesta, instaurada, promulgada por el Papa Pablo VI y la liturgia tradicional. En realidad las cosas son de manera diversa, porque está claro que hay una continuidad sustancial en la liturgia, en la historia de la liturgia; hay crecimiento, progreso, renovación, pero no ruptura, no discontinuidad, y luego estos prejuicios influyen en grado determinante en la forma mentis de las personas, de los eclesiásticos y también de los fieles.Tenemos que superar este prejuicio, tenemos que dar una formación litúrgica completa, auténtica, y ver cómo, precisamente, una cosa son los libros litúrgicos de la reforma querida por el Papa Pablo VI, otra cosa son las formas de actuación que en tantas partes del mundo católico se verifican en la práctica, y que son auténticos abusos de la misma reforma litúrgica de Pablo VI y contienen también errores doctrinales que deben ser corregidos y rechazados. Es por esto que el Santo Padre Benedicto XVI, en un discurso en el Ateneo Anselmiano, recientemente, a finales de primavera de este año, ha querido reiterar una vez más. Una cosa son los libros de la reforma litúrgica, otra son las formas concretas de aplicación que, por desgracia, se han extendido a muchas partes y que no son coherentes con los principios que se establecieron de manera explícita en la Constitución del Concilio Vaticano II, "Sacrosanctum Concilium ", sobre la divina liturgia.
¿Por qué vale la pena promover la misa latina?
Porque en la misa del rito antiguo están explicitados, evidenciados, ciertos valores, ciertos aspectos fundamentales de la liturgia, que merecen ser mantenidos y no hablo sólo de la lengua latina o del canto gregoriano, hablo del sentido del misterio, de lo sagrado, el sentido del sacrificio, de la Misa como sacrificio, la presencia real y substancial de Cristo en la Eucaristía, y del hecho de que hay grandes momentos de recogimiento interior, como la participación interior en la divina liturgia. Aquí están todos los elementos fundamentales que en la misa del rito antiguo están particularmente evidenciados. No digo que en la misa de la reforma de Pablo VI no existan estos elementos, pero hablo de una mayor evidencia, y esto puede enriquecer también a quien celebra o participa en la misa en la forma ordinaria.
Nada prohíbe pensar que en un futuro se pueda también lograr una reunificación de las dos formas con elementos que se complementan entre sí, pero esto no es un objetivo a alcanzar en un tiempo breve, sobre todo para tomar una decisión sobre la mesa, sino que requiere una maduración de todo el pueblo cristiano que lleve a comprender las dos formas litúrgicas del mismo rito romano.
Porque en la misa del rito antiguo están explicitados, evidenciados, ciertos valores, ciertos aspectos fundamentales de la liturgia, que merecen ser mantenidos y no hablo sólo de la lengua latina o del canto gregoriano, hablo del sentido del misterio, de lo sagrado, el sentido del sacrificio, de la Misa como sacrificio, la presencia real y substancial de Cristo en la Eucaristía, y del hecho de que hay grandes momentos de recogimiento interior, como la participación interior en la divina liturgia. Aquí están todos los elementos fundamentales que en la misa del rito antiguo están particularmente evidenciados. No digo que en la misa de la reforma de Pablo VI no existan estos elementos, pero hablo de una mayor evidencia, y esto puede enriquecer también a quien celebra o participa en la misa en la forma ordinaria.
Nada prohíbe pensar que en un futuro se pueda también lograr una reunificación de las dos formas con elementos que se complementan entre sí, pero esto no es un objetivo a alcanzar en un tiempo breve, sobre todo para tomar una decisión sobre la mesa, sino que requiere una maduración de todo el pueblo cristiano que lleve a comprender las dos formas litúrgicas del mismo rito romano.
*Traducción: Blog Santa María Reina