6 de octubre de 2011

LAS RAZONES DEL LATÍN (II)

LA UNIVOCIDAD


A menudo se dice que el latín es una lengua muerta. No es verdad. El latín es una lengua viva y robusta, porque hay quien la habla (en la liturgia, en la enseñanza de ciertos seminarios) y quien la escribe (pensemos sobre todo en los documentos oficiales de la Iglesia)
No es sin embargo una lengua de uso corriente, ni una lengua que se use en las conversaciones cotidianas. Pero, visto bien, para la liturgia esto constituye una indudable ventaja.
La fe, de hecho, es expresión de la verdad imperecedera, que no cambia con el paso del tiempo y con la evolución de la historia, porque emana de Dios, en el cual, como dice Santiago en su epístola (1, 17), no se da mudanza ni sombra de alteración.
No hay necesidad de ser un experto en lingüística para darse cuenta de cómo el lenguaje corriente está sometido a numerosas y continuas variaciones de significado.
Basta pensar en la palabra “salute”, que en el italiano de un tiempo significaba genéricamente “salvación” (del cuerpo, pues, pero sobre todo del alma= lat. Salus), mientras que hoy indica solamente la sanidad física. Otras veces las palabras del lenguaje corriente asumen para algunos un matiz particular, sobre la base de la vivencia personal, de la asociación espontánea de ideas, de la excesiva familiaridad de los conceptos.
Se comprende, por lo tanto, que la lengua de uso corriente, por su excesiva variabilidad objetiva y subjetiva, no es la más adecuada para expresar los contenidos de la liturgia, que son contenidos eternos, inmutables, como eterno e inmutable es el objeto a quien se dirigen, que es Dios.
El latín, habiendo salido del uso cotidiano hace más de un milenio, proporciona sin embargo los requisitos necesarios, porque su léxico, sus fórmulas, su modo de expresión han cristalizado en formas bien precisas, de significado unívoco, que no pueden ser de ningún modo tergiversados o alterados por la percepción subjetiva.

*Por Daniele Di Sorco. Fuente: Messainlatino. Traducción: Blog Santa María Reina