La influencia y la presencia de Satanás en la realidad cotidiana es uno de los aspectos más olvidados en la actualidad. Hay que recordar las nociones de quién es y cómo funciona con nosotros. Algunos de los calificativos con los que la Sagrada Escritura lo señala nos sirven para este propósito.
Por el Cardenal Jorge Medina Estévez
A menudo en el uso bíblico el nombre dado a una persona tiene que ver con sus características y su acción. En el Nuevo Testamento hay al menos 160 referencias a Satanás bajo diferentes denominaciones. El más utilizado es demonio, empleado aproximadamente un centenar de veces. El nombre diablo aparece no menos de 36 veces y otras tantas veces aparece el de Satanás.
La abundancia de estos "nombres" significa que la cuestión no es banal y que el Espíritu Santo, inspirador de los libros sagrados, quiere que los cristianos de todos los tiempos tengan presente tanto la realidad como la acción, ambas nefastas, del Maligno .
Los "nombres" de Satanás a menudo contienen una referencia a una realidad que nos es conocida por nuestra experiencia cotidiana, o que pertenece a nuestro bagaje cultural y por lo tanto, nos sirven analógicamente para aproximarnos al misterio del mal y a su autor.
Conviene aclarar que empleamos la expresión "nombre" en su sentido más amplio, más amplio que el utilizado corrientemente en el cual el "nombre" sirve a la identificación de una persona. En este caso el "nombre" es único. Aquí nos ocupamos en vez de "nombres" que equivalen a las características, sobre todo, a la acción.
El gran enemigo de la salvación humana:Tomemos por ejemplo algunos de estos "nombres" de Satanás. "Satanás" mismo significa "adversario", "enemigo", "acusador". El Maligno es adversario porque se opone al plan de Dios, porque es el que trata de subvertir el buen orden puesto por el Creador en su obra, especialmente en lo que respecta al plan de salvación para la humanidad caída por el pecado, pero redimida por la acción salvífica de Dios hecho hombre, Jesucristo nuestro Señor. En el libro de Job, Satanás desencadena contra él toda suerte de desgracias con la intención de inducirlo a rebelarse contra Dios y sus designios, sin éxito (Job 1,6 ss.).
"Diablo" es una palabra con contenido similar al de Satanás, es decir, "acusador", "detractor", uno que "se atraviesa" que "molesta", que nos hace tropezar. La Biblia le atribuye problemas y enfermedades, algunas de las cuales hoy se identifican con enfermedades psíquicas o neurológicas.
Legión es el nombre que se dieron a sí mismos los diablos que habían poseído al endemoniado de Gerasa y así querían decir que eran muchos (Marcos 5,9). En otros textos del Nuevo Testamento se hace referencia a la pluralidad de los espíritus malignos.
Príncipe y dios de este mundo
"Príncipe de este mundo", citado en Marcos, Lucas y Mateo, es una expresión alusiva al poder que el demonio ejerce sobre la sociedad, impregnándola de antivalores, y consiguiendo que los hombres rechacen los planes de Dios y construyan las relaciones sociales prescindiendo de Dios y también contra su voluntad.
Este "nombre" se relaciona con la afirmación de San Juan que "el mundo entero está bajo el poder del Maligno» (1 Jn. 5,19) y está cerca de la expresión "el dios de este mundo" (2 Cor. 4, 4), lo que significa que Satanás puede encontrar hombres que sustituyen a Dios por otra realidad, de ahí las diversas formas de idolatría que esclavizan a la humanidad.
Esta expresión usada por San Pablo, "dios de este mundo", sugiere el altísimo grado de nefasta influencia que Satanás ejerce sobre la comunidad humana, la cual de diversas formas acepta y rinde culto a los antivalores, es decir, a conductas que contrastan con la verdad de la naturaleza humana y con la voluntad de Dios.
Esta influencia puede llegar, y de hecho ha llegado, a desencadenar la persecución violenta de los cristianos exigiéndoles la apostasía como precio para poder conservar la vida corporal. Hoy en día, bajo el pretexto de evitar cualquier tipo de discriminación, se pretende que la Iglesia reconozca como legítimas y morales, conductas que contradicen el Evangelio.
La palabra "dios" de esta expresión paulina, indica el grado de sumisión que Satanás y sus seguidores exigen de aquellos que, con mayor o menor conciencia, se prestan a colaborar con sus designios de anti salvación.
Las estrategias diabólicas hacen que esta sumisión no se manifieste siempre de modo explícito mas sí frecuentemente con opciones antievangélicas justificadas con argumentos especiosos en los cuales, obviamente, están ausentes tanto Dios como su divina voluntad.
Para el cristiano ninguna adhesión, ni a personas ni a la autoridad, puede ser incondicional. Sólo Dios merece incondicionalidad y puede ser objeto de adoración. Sin embargo, Satanás continúa pretendiendo adoración por vía de la adhesión a cuanto representa desprecio y rechazo de Dios mismo y de su voluntad. Va tan lejos como para inducir a algunos a la extrema perversión de rendirle homenaje como si fuese Dios, en los cultos satánicos.
Mentiroso y tentador
Mentiroso, "nombre" que se encuentra en Jn. 8,44 y 1 Jn 2,22; se refiere, podemos decir, a la característica más típica de la acción del diablo. Y es enfáticamente subrayada por el "nombre", "padre de la mentira" (Jn 8,44). Hay dos ocasiones en que Satanás actúa como el gran mentiroso: cuando tienta a los primeros padres en el Jardín del Edén, sugiriéndoles que Dios es un engañador y un envidioso (cf. Gen 3,1 ss.) y cuando tienta al mismo Jesús, ofreciéndole lo que no le pertenece a cambio de un tributo de homenaje y adoración (cf. Mt 4,1 ss.; Me. 1,12 ss.; Le. 4,1-13).
Esta característica del diablo (y de los diablos) explica la razón profunda de su aversión a Jesucristo: el Señor de la Verdad (Jn 14,6). La mentira está cercana a la confusión, al engaño, al culto de las apariencias. Tentador, presente en Mt. 4,3 y 1Ts. 3,5, es un calificativo que describe la acción permanente de los espíritus malignos, es decir, conducen a los hombres, generalmente a través del engaño y la mentiras, a alejarse del camino de Dios. De una manera o de otra, el demonio ofrece la felicidad donde no se puede encontrar.
El cristiano debe ser prudente frente a la tentación y la primera precaución es aquella de conocer la voluntad de Dios por medio de Su Palabra, y a continuación, orar para que su gracia lo haga fuerte frente a las insidias.
Dos textos del Nuevo Testamento son instructivos sobre el "tentador": aquél en que San Pedro lo presenta "como león rugiente que anda buscando a quien devorar" y aquél de san Pablo, cuando describe en la Epístola a los Efesios la vida cristiana como una lucha contra las insidias del diablo (Ef. 6,10 ss.).
A pesar de que la tentación es un fenómeno frecuente en la existencia humana, y proviene directamente o indirectamente del Maligno, "Fiel es Dios - nos dice san Pablo - que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas; antes dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla" (1 Cor. 10,13).
"Tentar" significa poner a prueba, medir las fuerzas de alguien con el propósito o al menos la esperanza de vencerlo. En el caso de Satanás, la tentación es el intento de llevarnos al pecado, esto es, hacer que el hombre se rebele contra Dios. La audacia increíble de Satanás lo llevó a tentar al mismo Jesucristo. Pero no todas las tentaciones vienen directamente del demonio.
Algunas proceden del ambiente circundante, lo que en muchos lugares del Nuevo Testamento viene denominado como "el mundo", en la medida en que se encuentra bajo el influjo de Satanás. Otras provienen de nuestra propia naturaleza herida y debilitada por el pecado; otras todavía tienen su origen en personas que, con mayor o menor conciencia, nos inducen a pecar con sus malos ejemplos o sirven de cómplices a nuestras acciones pecaminosas.
"Yo he vencido al mundo"
Este recorrido por algunos de los "nombres" que la Palabra de Dios da al demonio es instructivo porque nos permite descubrir las cualidades del ser diabólico y de su acción. ¿Quién, después de leer estos textos de la Sagrada Escritura, podría poner en duda la existencia de los espíritus malignos y de su nefasta acción sobre los hombres?
Tengamos en cuenta las palabras del mismo Jesús: "Simón, Simón, Satanás os busca para ahecharos como trigo; pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos"(Lucas 22,31-32). Palabras de advertencia severa, pero al mismo tiempo, de confianza en la definitiva victoria del Señor y de su gracia.
Completamos estas palabras con aquellas de San Pedro anteriormente citadas, "Sed sobrios y vigilad, que vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda rondando y busca a quién devorar, al cual resistiréis firmes en la fe, considerando que los mismos padecimientos soportan vuestros hermanos dispersos por el mundo. Y el Dios de toda gracia, que os llamó en Cristo a su gloria eterna, después de un breve padecer, os perfeccionará y afirmará, os fortalecerá y consolidará” (1 Pe 5,8 ss.)
No olvidemos pues las palabras del Apocalipsis, que nos enseñan que el demonio, después del infructuoso ataque contra la misteriosa Mujer y su Hijo, "fue a hacer la guerra contra el resto de su descendencia, contra aquellos que guardan los mandamientos de Dios y están en posesión del testimonio de Jesús "(Ap. 12,17). Sin embargo, el triunfo le pertenece a Jesús: "Pero confiad, yo he vencido al mundo" (Jn 16,33).
Fuente: Rassegna Stampa
Radici cristiane n.66 Iuglio 2011
Trducción: Blog Santa María Reina
