En suma, llega a decir san Efrén, que el nombre de María es la llave que abre la puerta del cielo a quien lo invoca con devoción. Por eso tiene razón san Buenaventura al llamar a María “salvación de todos los que la invocan”, como si fuera lo mismo invocar el nombre de María que obtener la salvación eterna. También dice Ricardo de San Lorenzo que invocar este santo y dulce nombre lleva a conseguir gracias sobreabundantes en esta vida y una gloria sublime en la otra. Por tanto, concluye Tomás de Kempis: “Si buscáis, hermanos míos, ser consolados en todos vuestros trabajos, recurrid a María, invocad a María, obsequiad a María, encomendaos a María. Disfrutad con María, llorad con María, caminad con María, y con María buscad a Jesús. Finalmente desead vivir y morir con Jesús y María. Haciéndolo así siempre iréis adelante en los caminos del Señor, ya que María, gustosa rezará por vosotros, y el Hijo ciertamente atenderá a la Madre”.
Oración para invocar el nombre de María
de San Alfonso María de Ligorio
¡Madre de Dios y Madre mía María!Yo no soy digno de pronunciar tu nombre;pero tú que deseas y quieres mi salvación,me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura,que pueda llamar en mi socorrotu santo y poderoso nombre,que es ayuda en la vida y salvación al morir.
¡Dulce Madre, María!haz que tu nombre, de hoy en adelante,sea la respiración de mi vida.No tardes, Señora, en auxiliarmecada vez que te llame.Pues en cada tentación que me combata,y en cualquier necesidad que experimente,quiero llamarte sin cesar; ¡María!
Así espero hacerlo en la vida,y así, sobre todo, en la última hora,para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado:“¡Oh clementísima, oh piadosa,oh dulce Virgen María!”¡Qué aliento, dulzura y confianza,qué ternura sientocon sólo nombrarte y pensar en ti!
Doy gracias a nuestro Señor y Dios,que nos ha dado para nuestro bien,este nombre tan dulce, tan amable y poderoso.Señora, no me contentocon sólo pronunciar tu nombre;quiero que tu amor me recuerdeque debo llamarte a cada instante;y que pueda exclamar con san Anselmo:“¡Oh nombre de la Madre de Dios,tú eres el amor mío!”
Amada María y amado Jesús mío,que vivan siempre en mi corazón y en el de todos,vuestros nombres salvadores.Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre,para acordarme sólo y siempre,de invocar vuestros nombres adorados.
Jesús, Redentor mío, y Madre mía María,cuando llegue la hora de dejar esta vida,concédeme entonces la gracia de deciros:“Os amo, Jesús y María;Jesús y María,os doy el corazón y el alma mía”.
