12 de septiembre de 2011

El dulce nombre de María


"Aprovechemos siempre el hermoso consejo de san Bernardo: “En los peligros, en las angustias, en las dudas, invoca a María. Que no se te caiga de los labios, que no se te quite del corazón”. En todos los peligros de perder la gracia divina, pensemos en María, invoquemos a María junto con el nombre de Jesús, que siempre han de ir estos nombres inseparablemente unidos. No se aparten jamás de nuestro corazón y de nuestros labios estos nombres tan dulces y poderosos, porque estos nombres nos darán la fuerza para no ceder nunca jamás ante las tentaciones y para vencerlas todas. Son maravillosas las gracias prometidas por Jesucristo a los devotos del nombre de María, como lo dio a entender a santa Brígida hablando con su Madre santísima, revelándole que quien invoque el nombre de María con confianza y propósito de la enmienda, recibirá estas gracias especiales: un perfecto dolor de sus pecados, expiarlos cual conviene, la fortaleza para alcanzar la perfección y al fin la gloria del paraíso. Porque, añadió el divino Salvador, son para mí tan dulces y queridas tus palabras, oh María, que no puedo negarte lo que me pides.
En suma, llega a decir san Efrén, que el nombre de María es la llave que abre la puerta del cielo a quien lo invoca con devoción. Por eso tiene razón san Buenaventura al llamar a María “salvación de todos los que la invocan”, como si fuera lo mismo invocar el nombre de María que obtener la salvación eterna. También dice Ricardo de San Lorenzo que invocar este santo y dulce nombre lleva a conseguir gracias sobreabundantes en esta vida y una gloria sublime en la otra. Por tanto, concluye Tomás de Kempis: “Si buscáis, hermanos míos, ser consolados en todos vuestros trabajos, recurrid a María, invocad a María, obsequiad a María, encomendaos a María. Disfrutad con María, llorad con María, caminad con María, y con María buscad a Jesús. Finalmente desead vivir y morir con Jesús y María. Haciéndolo así siempre iréis adelante en los caminos del Señor, ya que María, gustosa rezará por vosotros, y el Hijo ciertamente atenderá a la Madre”.


San Alfonso María de Ligorio, Las glorias de Maria . Cap. X


Oración para invocar el nombre de María
de San Alfonso María de Ligorio


¡Madre de Dios y Madre mía María!Yo no soy digno de pronunciar tu nombre;pero tú que deseas y quieres mi salvación,me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura,que pueda llamar en mi socorrotu santo y poderoso nombre,que es ayuda en la vida y salvación al morir.
¡Dulce Madre, María!haz que tu nombre, de hoy en adelante,sea la respiración de mi vida.No tardes, Señora, en auxiliarmecada vez que te llame.Pues en cada tentación que me combata,y en cualquier necesidad que experimente,quiero llamarte sin cesar; ¡María!
Así espero hacerlo en la vida,y así, sobre todo, en la última hora,para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado:“¡Oh clementísima, oh piadosa,oh dulce Virgen María!”¡Qué aliento, dulzura y confianza,qué ternura sientocon sólo nombrarte y pensar en ti!
Doy gracias a nuestro Señor y Dios,que nos ha dado para nuestro bien,este nombre tan dulce, tan amable y poderoso.Señora, no me contentocon sólo pronunciar tu nombre;quiero que tu amor me recuerdeque debo llamarte a cada instante;y que pueda exclamar con san Anselmo:“¡Oh nombre de la Madre de Dios,tú eres el amor mío!”
Amada María y amado Jesús mío,que vivan siempre en mi corazón y en el de todos,vuestros nombres salvadores.Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre,para acordarme sólo y siempre,de invocar vuestros nombres adorados.
Jesús, Redentor mío, y Madre mía María,cuando llegue la hora de dejar esta vida,concédeme entonces la gracia de deciros:“Os amo, Jesús y María;Jesús y María,os doy el corazón y el alma mía”.