14 de septiembre de 2011

4º ANIVERSARIO DE LA ENTRADA EN VIGOR DEL MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM



El pasado 7 de julio de 2011 se cumplían cuatro años desde que su Santidad Benedicto XVI publicaba el Motu Proprio Summorum Pontificum. Hoy 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz es el aniversario de la entrada en vigor de las normas contenidas en dicho documento.

Un motu proprio es un documento que el Papa da a la Iglesia por propia iniciativa sin responder generalmente a una petición previa y que tiene toda la autoridad de su magisterio trantándose habitualmente de documentos breves y de materia disciplinar. Benedicto XVI ha publicado desde el inicio de su pontificado 11 motus proprios sobre diferentes temas: reforma de cánones del derecho canónico, reorganización de la curia romana, la elección del Romano Pontífice… Generalmente, los documentos del Santo Padre ya sean encíclicas, constituciones apostólicas, motus proprios se conocen por las dos primeras palabras con las que comienza el texto en lengua latina.

¿Qué tiene de particular la publicación del Motu Proprio Summorum Pontificum? Este motu propio trata sobre la posibilidad de utilizar en el culto católico romano la liturgia anterior a 1970.
Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia diciendo que “el Papa quería imponer el latín”, o que “el Papa quería volver a los tiempos del paleolítico”. Incluso desde algunas instancias de la misma Iglesia, el Papa fue criticado la publicación el motu proprio alegando que se había sometido a las presiones de grupos extremistas…

Quién conozca y haya leído los libros del entonces Cardenal Ratzinger habrá podido comprobar su sensibilidad hacia la liturgia. Para él, no es un tema superfluo, sino que es el mismo corazón de la Iglesia: “A propósito del primer texto que elaboró el Vaticano II: la constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia. Al inicio, el hecho de que fuera la primera se debió a motivos prácticos. Pero, retrospectivamente, se debe decir que, en la arquitectura del Concilio, tiene un sentido preciso: lo primero es la adoración. Y, por tanto, Dios. Este inicio corresponde a las palabras de la Regla benedictina: "Operi Dei nihil praeponatur". (…) Ciertamente, en la historia del postconcilio la constitución sobre la liturgia no fue comprendida a partir de este fundamental primado de la adoración, sino más bien como un libro de recetas sobre lo que podemos hacer con la liturgia. [La eclesiología de la Lumen Gentium. Congreso Internacional sobre la aplicación del Concilio Vaticano II (2000)].

¿Qué pretendió Benedicto XVI permitiendo el uso libre por parte de los fieles y de los sacerdotes de la liturgia anterior a 1970? Quiso, en primer lugar, ofrecer a todos la posibilidad de conocer y poder elegir libremente la forma para celebrar la santa Misa, sin prejuicios, sin limitaciones, sin imposiciones… Si alguna persona lo dudaba, en la Instruccion Universae Ecclesiae ha quedado manifiesto. El Papa pensaba sobre todo en aquellos más jóvenes que no tuvieron la oportunidad histórica de asistir a la santa Misa por el antiguo rito romano. Él mismo atestigua con admiración: “se podía suponer que la petición del uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía.” (Carta a los obispos que acompaña el Motu Proprio).

La acción del Papa Benedicto, como hombre sabio que es, ha sido como la de aquel padre de familia que sabe sacar del arca familiar lo nuevo y lo viejo. (Cfr. Mt 13, 52) ¡Gracias, Santo Padre! Ad multos annos!