
EL Señor viene todos los días a mi vida y me invita a entrar con Él en su morada, a pasear con Él por esa cárcel de amor que es el sagrario, y a que mi corazón permanezca día y noche ardiendo como la lamparilla de su sagrario, sin apagarse nunca, pero consumiéndose lentamente por su amor.
* Madre María Elvira de la Santa Cruz (Misionera de la Fraternidad)