15 de febrero de 2011

LA FELICIDAD...


La humildad es dichosa con ser despre­ciada, con no tener nada más que la esclavitud. No se enoja por nada. La humildad está siempre contenta; la humildad es feliz en todo tiempo. La humildad anda siempre contenta; la humildad lleva siempre al Señor en su corazón.
El orgullo todo lo vive fuera de sí, se desentiende de los de­más y rebaja su valor de ellos; el orgullo lo contraría todo, lo revuelve todo y anda angustiado en este y en el otro mundo. Humildad es todo lo opuesto. Fíjate en el gusano de tierra: a medida que se hunde está más seguro. Las bestias de encima lo aplastan. Al gusano, cuando llegan las heladas, la tierra le da su calor, y, cuando hace mucho sol, la tierra le da su frescor. La humildad es el reino del corazón de Dios.
Hay que trabajar para alcanzar humildad; hay que sem­brar. Entonces Dios la da. No basta con sólo decir: «Dame, Señor». Hace falta sembrar y trabajar. Siembra, trabaja y recogerás. Como sea la siembra, será la cosecha. Siembras espi­nas, espinas recogerás; siembras rosas, rosas recogerás; siem­bras trigo puro, trigo puro recogerás.

*Beata María de Jesús Crucificado -La Arabita-