29 de noviembre de 2010

Calendario litúrgico del uso extraordinario del Rito Romano

DICIEMBRE


MIERCOLES 1. Feria (III clase, morado). Misa del domingo I de Adviento, sin aleluya, prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.
JUEVES 2. Santa Bibiana, virgen y mártir. (III clase, rojo). Conmemoración del Adviento. Gloria y prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.
Primer jueves de mes: se permite misa votiva de Jesucristo Sumo y eterno sacerdote (III clase) donde se realice algún acto por la santificación de los sacerdotes. Se conmemora la feria y a San Francisco Javier.
VIERNES 3. San Francisco Javier, confesor. (III clase, rojo). Conmemoración del Adviento. Gloria y prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.
Primer viernes de Mes: se permite misa votiva del Sagrado Corazón (III clase) donde se realice algún acto en su honor. Se conmemora la feria y a San Francisco Javier.
SABADO 4. San Pedro Crisólogo, obispo y doctor. (III clase, blanco) Conmemoración del Adviento y de santa Bárbara. Gloria y prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.
Primer sábado de Mes: se permite misa votiva del Inmaculado Corazón de María (III clase) donde se realiza algún acto en su honor. Se conmemora la feria y Pedro Crisologo.
DOMINGO 5. II Domingo de Adviento. (I clase, morado) No se dice Gloria. Credo. Prefacio de Adviento y, en su defecto, el de la Santísima Trinidad.
LUNES 6. San Nicolás (III clase, ) Conmemoración de la feria. Prefacio de Adviento, en su defecto, el común.
MARTES 7. San Ambrosio (III clase, blanco) Conmemoración del domingo II de Adviento. Gloria y prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.I Vísperas de la Inmaculada Concepción
MIERCOLES 8. Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María (I clase, azul) Gloria. Conmemoración de la feria de Adviento. Credo. Prefacio de la Virgen María, se dice “et te in Conceptione Inmaculata”.
JUEVES 9. Feria (III clase, morado) Misa de la feria de Adviento, sin aleluya, prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.
VIERNES 10. Feria (III clase, morado) Misa del domingo II de Adviento, sin aleluya, prefacio de Adviento, y en su defecto, el común. Conmemoración de San Melquíades, papa y mártir.
En algunas diócesis, Santa Eulalia de Mérida, virgen y mártir.
SABADO 11. San Dámaso, papa y confesor. (III clase, blanco) Conmemoración de la feria de Adviento. Gloria y prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.
DOMINGO 12. III Domingo de Adviento –domingo gaudete– (I clase, rosa o morado) No se dice Gloria. Credo. Prefacio de Adviento y, en su defecto, el de la Santísima Trinidad.
En Méjico y América Latina, la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe (I clase) se traslada al día siguiente.
LUNES 13. Santa Lucía, virgen y mártir (III clase, rojo) Gloria, conmemoración de la feria, sin aleluya, prefacio de adviento o en su defecto común.
MARTES 14. Feria (III clase, morado) Misa del domingo III de Adviento, sin aleluya, prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.
MIERCOLES 15. Miércoles de Témporas. (II clase, morado) Misa propia.
JUEVES 16. San Eusebio, obispo y martir (III clase, morado) Gloria, conmemoración de la feria, sin aleluya, prefacio de adviento o en su defecto común.
VIERNES 17. Viernes de Témporas (II clase, morado) Misa propia.
SÁBADO 18. Sábado de Témporas (II clase, morado) En las misas que no sean conventuales ni se confieren Órdenes Sagradas, se puede decir la misa brevior.
En algunas diócesis, Expectación del Parto de la Santísima Virgen.
DOMINGO 19. IV Domingo de Adviento (I clase, morado) No se dice Gloria. Credo. Prefacio de Adviento y, en su defecto, el de la Santísima Trinidad.
LUNES 20. Feria (II clase, morado) Misa del domingo IV de adviento, sin aleluya, prefacio de adviento, o en su defecto, común.
MARTES 21. Santo Tomás Apóstol (II clase, rojo) Conmemoración de la feria de Adviento. Gloria, Credo y prefacio de Apóstoles.
MIERCOLES 22. Feria (II clase, morado) Misa del domingo IV de Adviento, sin aleluya, prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.
JUEVES 23. Feria (II clase, morado) Misa del domingo IV de Adviento, sin aleluya, prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.
VIERNES 24. Vigilia de Navidad. (I clase, morado) Sin Gloria, ni aleluya; prefacio de Adviento, y en su defecto, el común.I Vísperas de la Natividad del Señor
SABADO 25. NATIVIDAD DEL SEÑOR (I clase, blanco)
  • Hoy cada sacerdote puede celebrar tres misas y recibir estipendio por cada una de ellas:
    Misa de Media Noche (o misa del Gallo): no se puede comenzar antes de las 12. Gloria. Credo. Prefacio de Navidad. Comunicantes propios: se dice Noctem Sanctissimam
  • Misa de la Aurora: Gloria. Credo. Prefacio de Navidad. Comunicantes propios. Conmemoración de San Anastasia.
  • Misa del Día: No se dice el último evangelio.La imagen del Niño Jesús, expuesta a la veneración de los fieles, es en la misa cantada y solemne incesada con triplici ductu después de la cruz.
DOMINGO 26. Domingo dentro de la Octava de Navidad. (II clase, blanco) Gloria y Credo. Prefacio y comunicantes de Navidad. Conmemoración de San Esteban, promártir.
LUNES 27. San Juan, apóstol y evangelista (II clase, blanco) Gloria, Credo y prefacio de e comunicantes de navidad.
MARTES 28. Conmemoración de los Santos Inocentes. (II clase, rojo) Conmemoración de la Octava de Navidad. Gloria y Credo. Prefacio y comunicantes de Navidad.
MIERCOLES 29. Octava de Navidad (II clase, blanco) Conmemoración de Santo Tomás de Canterbury. Gloria y Credo. Prefacio y comunicantes de Navidad.
JUEVES 30. Octava de Navidad (II clase, blanco) Gloria y Credo. Prefacio y comunicantes de Navidad.
En algunas diócesis, Traslación del Apóstol Santiago.
VIERNES 31. Octava de Navidad (II clase, blanco) Conmemoración de San Silvestre, papa y mártir. Gloria y Credo. Prefacio y comunicantes de Navidad.
Al ser último día del año, se concede Indulgencia Plenaria a todas las personas que, en comunidad, recen o cante el Te Deum en acción de gracias.

28 de noviembre de 2010

I DOMINGO DE ADVIENTO

La Comunidad de Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote, que tienen como Rito propio el Uso extraordinario, celebraron el Primer Domigo de Adviento en la Iglesia del Salvador de Toledo, donde a diario celebran la Santa Misa -Uso extraordinario- y el Oficio Divino Tradicional.
La Misa diaria de Comunidad es a la 8.15 de la mañana. Los domingos y festivos la Misa cantada es a las 9 de la mañana. Los fieles también pueden participar a diario en las Horas del Oficio, especialmente Laudes a las 7.45 de la mañana, Vísperas cantadas a las 6 de la tarde y Completas a las 9.15 de la noche.




DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO

En cuanto nos disponemos a vivir el tiempo litúrgico del Adviento, casi de forma mecánica y espontánea, viene a nuestra mente el recordatorio de la virtud teologal de la esperanza. Efectivamente, Adviento es tiempo de esperanza, como habrá de serlo todo el tiempo que dure nuestra vida, nuestro paso por este mundo pasajero, en el que somos caminantes, viadores y peregrinos hacia la meta definitiva: el puerto de la feliz eternidad.

El camino vital que cada uno ha de recorrer personalmente, sin olvidar que no caminamos solos, pues avanzamos en compañía de nuestros hermanos, y viene en todo momento el Señor a nuestro lado, y contamos con la presencia íntima y cercana de nuestra Madre la Virgen y con la compañía de los Santos que no cesan de interceder por nosotros. Ese camino vital, decimos, no está exento de peligros, dificultades y escollos que habremos de salvar. No es una senda llana, ni un viaje apacible, pues como nos advierte el mismo Señor: “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella entran. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la vida, y cuán poco los que dan con ella! (Mt 7, 13-14).

Esa realidad del camino y de la peregrinación llena de dificultades y peligros, requiere de nosotros la conciencia clara de que nuestra vida es una verdadera milicia, lo que nos convierte en soldados de Cristo –Milites Christi-, teniendo presente en todo instante “que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires” (Ef. 6, 12) Veamos, pues, como la Palabra de Vida eterna nos ilumina con desbordante claridad y nos sitúa con todo realismo frente a las dificultades que de forma permanente y continua se hacen presentes en nuestra andadura cotidiana con el fin de desalentarnos en la lucha, desviarnos del camino y desesperarnos en el dolor.

No es difícil comprender, ante esta realidad que venimos describiendo, hasta que punto se nos impone la necesidad de la virtud de la esperanza, pues ¿qué sentido tendría la lucha sin la esperanza de vencer?, ¿qué sentido el camino sin la esperanza de alcanzar un día la meta?, ¿y qué sentido el sufrimiento y el padecer sin la esperanza de alcanzar una ulterior, plena y definitiva felicidad? Sin esperanza no se puede luchar. Sin esperanza no se puede caminar. Sin esperanza no se puede padecer ni sufrir pacientemente.

Si el tener valor para la lucha nos parece harto difícil, al igual que la fortaleza para caminar sin claudicar, quedándose tendido al borde el camino, o si la paciencia para perseverar en medio de los sufrimientos y penalidades se nos antoja casi imposible, dada nuestra extrema pobreza y debilidad. ¿Qué pensar, entonces, de la virtud de la esperanza, tan necesaria como imprescindible para caminar, luchar y padecer? ¿Estará a nuestro alcance?


Sin duda alguna que lo está, no porque nosotros logremos alcanzarla, sino porque por pura gracia, por pura misericordia y por puro amor, nos ha sido acercada, dada e infundida en lo profundo de nuestro ser, en el centro mismo de nuestra alma. Como virtud teologal la poseemos desde el día del santo bautismo. Como semilla sembrada en la tierra de nuestra alma fue depositada por el Espíritu Santo con la finalidad de crecer, desarrollarse, florecer y fructificar.

La esperanza cristiana es fruto de la fe, virtud que también como semilla fue sembrada en nosotros por el mismo Espíritu Santo, siendo el fruto de ambas la caridad. Es, por lo tanto, sobre este fundamento de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, que se ha de levantar el edificio de nuestra vida cristiana, el templo de nuestra santificación, la cumbre y cima de nuestra identificación con Cristo, que se expresa de forma elocuente y admirable en las palabras del Apóstol San Pablo: “Estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 19-20).

Necesitamos vivir en la esperanza cada uno de los días de nuestra vida, con la clara conciencia de que la misma es un prolongado y continuo adviento a través del cual Cristo que viene nos invita a salir a su encuentro. Él se acerca a nosotros por medio de los sacramentos, especialmente en el Sacramento de su Presencia eucarística, también cuando entramos en la intimidad de nuestro cuarto y cerrada la puerta rezamos a nuestro Padre que está en lo escondido. Se acerca a diario a través de nuestro prójimo, especialmente en sus humildes hermanos: enfermos, pobres y pequeños. Todos estos advenimientos del Señor que sale a nuestro encuentro y se nos acerca, son de alguna manera una preparación para el encuentro definitivo, cara a cara con Él.

Todos los obstáculos que encontramos en el camino, el combate espiritual que libramos en todo momento, lo peligros que permanentemente nos acechan en nuestra andadura, no pretenden más que frustrar nuestro encuentro con Cristo Salvador. Ahora, mientras vamos de camino y luchamos, un encuentro siempre velado. Definitivamente, al final de la lucha un encuentro sin velos y ya definitivo, cara a cara, contemplando la hermosura de su rostro. ¿Cómo vencer, entonces, dichos obstáculos? ¿Podemos nosotros, en cuanto pobres criaturas que somos, luchar contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires, llegando a vencerlos definitivamente? Nuevamente, el Apóstol San Pablo, nos ofrece la respuesta: “Tomad, pues la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y vencido todo, os mantengáis firmes. Estad, pues, alerta, ceñidos vuestros lomos con la verdad, revestida la coraza de la justicia y calzados los pies, prontos para anunciar el evangelio de la paz. Embarazad en todo momento el escudo de la fe, con que podáis apagar los encendidos dardos del maligno. Tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios, con toda suerte de oraciones y plegarias, orando en todo tiempo en espíritu y para ello velando con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6, 13-18).


No seremos derrotados en nuestra esperanza si empuñamos las armas que Dios nos ofrece para la lucha que hemos de librar en nuestra peregrinación terrena: el ceñidor de la verdad, la coraza de la justicia, el escudo de la fe, el yelmo de la salvación, la espada del espíritu y toda suerte de oraciones y plegarias. Al crecer nuestra fe en Dios, crecerá nuestra esperanza y con ello crecerá nuestro amor. En la medida en que se espera con mayores ansias la venida y el encuentro con el Amado, del mismo modo se inflama el amor mayormente.

Nuestra espera es una espera confiada, y así cuanto mayor es nuestra confianza mayor es también nuestra esperanza, y cuanto más esperamos más confiamos, porque esperanza y confianza se nutren de su Palabra divina: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Lc. 21, 33) La oración, la escucha atenta y meditativa de su Palabra es el aceite que mantiene viva y chispeante la llama de la esperanza. Permanezcamos, pues, en continua oración, en compañía de la Madre de Jesús y Madre nuestra Santísima. Ella que es Maestra y Modelo de oración no sólo nos enseñará a meditar todas estas cosas guardándolas en nuestro corazón, sino que además nos alcanzará la gracia de una fe más viva, una esperanza más firme y una caridad más ardiente.

¡Ven a librarnos! ¡Ven pronto a visitarnos! ¡Ven, y no tardes! ¡Ven, Señor Jesús!
*P. Manuel María de Jesús

27 de noviembre de 2010

ORACIÓN DE BENEDICTO XVI POR LA VIDA


Señor Jesús,

que fielmente visitas y colmas con tu Presencia la Iglesia y la historia de los hombres; que en el admirable Sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre nos haces participes de Vida divina y nos haces pregustar la alegría de la Vida eterna; nosotros te adoramos y te bendecimos.

Postrados delante de Ti, fuente y amante de la vida, realmente presente y vivo en medio de nosotros, te suplicamos.

Despierta en nosotros el respeto por toda vida humana naciente, haznos capaces de ver en el fruto del vientre materno la admirable obra del Creador, dispón nuestros corazones a la generosa acogida de todo niño que se asoma a la vida.

Bendice a las familias, santifica la unión de los esposos, haz fecundo su amor.

Acompaña con la luz de tu Espíritu las decisiones de las asambleas legislativas, para que los pueblos y las naciones reconozcan y respeten la sacralidad de la vida, de toda vida humana.

Guía el trabajo de los científicos y los médicos, para que el progreso contribuya al bien integral de la persona y ninguno padezca la injusticia y la represión.

Concede caridad creativa a los administradores y economistas, para que sepan intuir y promover condiciones suficientes para que las familias jóvenes puedan serenamente abrirse al nacimiento de nuevos hijos.

Consuela a los esposos que están sufriendo a causa de la imposibilidad de tener hijos, y en tu bondad provee.

Enseña a todos a tener cuidado de los niños huérfanos o abandonados, para que puedan experimentar el calor de tu Caridad, el consuelo de tu Corazón divino.

Con María, tu Madre, la gran creyente, en cuyo seno has asumido nuestra naturaleza humana, acudimos a Ti, nuestro único verdadero Bien y Salvador, danos la fuerza de amar y servir a la vida, a la espera de vivir siempre en Ti, en la Comunión de Santísima Trinidad.
Amén.
*Benedicto XVI
*Traducción: Blog Santa María Reina

EL PAPA A LOS RELIGIOSOS: "MI SINCERO AGRADECIMIENTO POR TODO LO QUE HACÉIS EN LA IGLESIA"


*Discurso del Santo Padre a la Asamblea General de la Unión de Superiores Generales:
¡Queridísimos Hermanos y Hermanas!
Estoy contento de encontrarme con vosotros con ocasión de la Asamblea Semestral de la Unión de los Superiores Generales (...)


Sincero agradecimiento del Papa a los Religiosos

Extiendo mi pensamiento a todos vuestros hermanos y hermanas dispersos por el mundo, especialmente a los que sufren por dar testimonio del Evangelio. Deseo expresar mi sincero agradecimiento por todo lo que hacéis en la Iglesia y con la Iglesia a favor de la evangelización y del hombre. Pienso en las múltiples actividades pastorales en las parroquias, en los santuarios y en los centros de culto, por la catequesis y la formación cristiana de los niños, de los jóvenes y de los adultos, manifestando vuestra pasión por Cristo y por la humanidad. Pienso en el gran trabajo en el campo educativo, en las universidades y en las escuelas; en las múltiples obras sociales, a través de las cuales salís al encuentro de los hermanos más necesitados con el amor mismo de Dios. Pienso también en el testimonio, a veces arriesgado, de vida evangélica en las misiones ad gentes, en circunstancias a menudo difíciles.


Sois por vocación buscadores de Dios

Vuestras dos últimas Asambleas han estado dedicadas a considerar el futuro de la vida consagrada en Europa. Esto ha significado replantear el sentido mismo de vuestra vocación, que comporta, ante todo, buscar a Dios, quaerere Deum: sois por vocación buscadores de Dios. A esta búsqueda consagráis las mejores energías de vuestra vida. Pasáis de las cosas secundarias a las esenciales, es decir a lo que es verdaderamente importante; buscáis lo definitivo, buscáis a Dios, mantenéis la mirada puesta en Él. Como los primeros monjes, cultiváis una orientación escatológica: detrás de lo provisional buscáis lo que permanece, es decir lo que no pasa. Buscáis a Dios en los hermanos que os ha dado, con los cuales compartís la misma vida y misión. Lo buscáis en los hombres y en las mujeres de nuestro tiempo, a los que estáis invitados a ofrecer, con la vida y la palabra, el don del Evangelio. Lo buscáis especialmente en los pobres, primeros destinatarios de la Buena Noticia. Lo buscáis en la Iglesia, donde el Señor se hace presente, sobre todo en la Eucaristía y en los demás Sacramentos; y en su Palabra, que es vía maestra para la búsqueda de Dios, nos introduce en el coloquio con Él y nos revela su verdadero rostro. ¡Sed siempre buscadores apasionados y testigos de Dios!


Llamados a ser Evangelio vivo

La renovación profunda de la vida consagrada parte de la centralidad de la Palabra de Dios, y más en concreto del Evangelio, regola suprema para todos vosotros, como afirma el Concilio Vaticano II en el Decreto Perfectae caritatis y como bien comprendieron vuestros Fundadores: la vida consagrada es una planta rica en ramas que hunde las raíces en el Evangelio. Lo demuestra la historia de vuestros Institutos, en los que la firme voluntad de vivir el Mensaje de Cristo y de configurar la propia vida según él, ha sido y continúa siendo el criterio fundamental del discernimiento vocacional y de vuestro discernimiento personal y comunitario. Es el Evangelio vivido cotidianamente el elemento que da fascinación y belleza a la vida consagrada y la presenta ante el mundo como una alternativa viable. Esto necesita la sociedad actual, esto espera de vosotros la Iglesia: que seáis Evangelio vivo.


Ofrecen al mundo el testimono profético de la vida fraterna

Otro aspecto fundamental de la vida consagrada que querría destacar es la fraternidad: confessio Trinitatis y parábola de la Iglesia comunión. A través de ésta, de hecho, pasa el testimonio de vuestra consagración. La vida fraterna es uno de los aspectos que más buscan los jóvenes cuando se acercan a vuestra vida; es un elemento profético importante que ofrecéis en una sociedad fuertemente individualista. Conozco los esfuerzos que estáis haciendo en este campo, como conozco también las dificultades que la vida comunitaria comporta. Es necesario un serio y constante discernimiento para escuchar lo que el Espíritu dice a la comunidad, para reconocer lo que viene del Señor y lo que le es contrario. Sin el discernimiento, acompañado de la oración y de la reflexión, la vida consagrada corre el peligro de acomodarse a los criterios de este mundo: el individualismo, el consumismo, el materialismo; criterios que hacen disminuir la fraternidad y hacen perder fascinación y penetración a la misma vida consagrada. Sed maestros del discernimiento, para que vuestros hermanos y vuestras hermanas asuman este habitus y vuestras comunidades sean signo elocuente para el mundo de hoy. Vosotros que ejercéis el servicio de la autoridad, y que tenéis tareas de guía y de proyección del futuro de vuestros Institutos Religiosos, recordad que una parte importante de la animación espiritual y del gobierno es la búsqueda común de los medios para favorecer la comunión, la comunicación mutua, la calidez y la verdad en las relaciones recíprocas.


El desafío de la nueva evangelización

Un último elemento que quiero evidenciar es la misión. La misión es el modo de ser de la Iglesia y, en ella, de la vida consagrada; forma parte de vuestra identidad; os empuja a llevar el Evangelio a todos, sin límites. La misión, sostenida por una fuerte experiencia de Dios, por una robusta formación y por la vida fraterna en comunidad, es una clave para comprender y revitalizar la vida consagrada. Id, por tanto, y en fidelidad creativa haced vuestro el desafío de la nueva evangelización. Renovad vuestra presencia en los aerópagos de hoy para anunciar, como hizo san Pablo en Atenas, al Dios “desconocido”.


La vida consagrada tiene su origen en el Señor

Queridos Superiores Generales, el momento actual presenta para no pocos Institutos el dato de la disminución numérica, especialmente en Europa. Las dificultades, sin embargo, no deben hacernos olvidar que la vida consagrada tiene su origen en el Señor: es querida por Él para la edificación y la santidad de su Iglesia, y por eso la misma Iglesia nunca estará privada de ella. Mientras os aliento a caminar en la fe y en la esperanza, os pido un renovado compromiso en la pastoral vocacional y en la formación inicial y permanente. Os confío a la Bienaventurada Virgen María, a vuestros Santos Fundadores y Patrones, mientras de corazón os imparto mi Bendición Apostólica, que extiendo a vuestras Familias religiosas.

QUÉDATE CONMIGO, SEÑOR


*Oración del Santo Padre Pío para después de la Comunión. Proponemos rezarla especialmente en este tiempo de Adviento:
Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte presente para que Yo no te pueda olvidar. Tu sabes que tan fácilmente te abandono.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi vida y sin Ti Yo estoy sin fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi luz y sin Ti yo estoy en la oscuridad.
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que Yo pueda escuchar tu voz y seguirte.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo deseo amarte mucho y siempre estar en tu compañía. Quédate conmigo, Señor, si Tú deseas que Yo sea fiel a Ti.
Quédate conmigo, Señor, pobre como mi alma es, Yo deseo que sea un lugar de consolación para Ti, un nido de amor.
Quédate conmigo, Señor, porque se hace tarde y el día se está terminando, y la vida pasa. La muerte, el juicio y la eternidad se acercan. Es necesario renovar mi fortaleza, para que Yo no pare en el camino y por eso Yo te necesito. Se está haciendo tarde y la muerte se aproxima, tengo miedo de la oscuridad, las tentaciones, la aridez, la cruz, los sufrimientos. Oh, como te necesito, mi Jesús, en esta noche de exilio.
Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito.
Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón.
Quédate conmigo, Señor, porque a la hora de mi muerte, Yo quiero permanecer unido contigo, sino por la Comunión, por lo menos por la gracia y el amor.
Quédate conmigo, Señor, por que solamente eres Tú a quien Yo busco, tu amor, tu gracia, tu voluntad, tu corazón, tu espíritu, porque Yo te amo y te pido no otra recompensa que amarte más y más.
Con un amor firme, Yo te amaré con todo mi corazón mientras aquí en la tierra y continuaré amándote perfectamente durante toda la eternidad.
Amén.

CARICIAS BONDADOSAS DE DIOS...

"Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él".
*Beata Madre Teresa de Calcuta

ADVIENTO


El Adviento (del latín: adventus, "advenimiento", "llegada"), es un tiempo de preparación para el Nacimiento de Jesucristo, en Belén, y representa los cuatro mil y más años que estuvieron los antiguos aguardando y suspirando por la venida del Mesías.

La institución del Adviento como tiempo preparatorio para Navidad, data, en España, de fines del siglo IV, según consta por un canon del concilio de Zaragoza celebrado el año 380, y en el resto de Occidente, de principios o mediados del siglo V.


Vino entonces como a rafirmar la doctrina de los concilios de éfeso y Calcedonia, proclamando el dogma de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona de Jesucristo, contra la herejía cristológica de Nestorio y Eutiques, y a dar mayor relieve en la Liturgia al misterio de la Encarnación y al de la Maternidad de la Virgen.


Por asociación de ideas, a la primera venida de Jesucristo a la tierra en carne mortal, une la Iglesia el pensamiento de la segunda, al fin del mundo; y, en consecuencia, el Adviento viene a resaltar una preparación a ese doble advenimiento del Redentor.


"En este concepto tiene este período litúrgico una puerta que mira al pasado y otra al porvenir: de un lado, tiene por perspectiva los millares de años durante los cuales la humanidad esperaba a su Redentor; de otro, los siglos que han de transcurrir hasta la hora del cataclismo postrero, en el que ha de zozobrar nuestro planeta". Cada uno de estos dos advenimientos sugiere a la Liturgia ideas y sentimientos peculiares, que ella expresa con soberana elocuencia e inflamados acentos. Para preparar el primero, traduce las ansias y suspiros cada vez más crecientes de las generaciones del Antiguo Testamento, y para prevenir el segundo, alude de vez en cuando al juicio final o alguna de sus circunstancias.


Pero, además de prepararnos el Adviento para el nacimiento histórico de Jesucristo para el Juicio final, nos revela cada año al Cristo de la promesa, es decir al Cristo de los Patriarcas y de los Profetas, al Deseado de los collados eternos, y estrecha nuestras relaciones íntimas con el Cristo místico, cuya venida y completo reinado en las almas prepara también.


El Cristo de la promesa es el que llena toda la historia y todos los libros del Antiguo Testamento, Aquél en quien creían, a quien esperaban y a quien, sin conocer, amaban todos los justos de Israel. Aludiendo tan a menudo a Él, la liturgia de Adviento nos pone en comunicación de fe, de esperanza y de amor con todas las generaciones de creyentes que nos han precedido, y nos persuade de que somos de la descendencia espiritual de Abrahán y herederos legítimos de la Sinagoga.

Si Cristo místico es el Cristo viviendo en las almas y reproduciendo en ellas los fenómenos de su vida divina, haciendo de los cristianos otros cristos. Cada Adviento tiende a producir en nosotros un acercamiento nuevo de este Cristo místico.


Considerado a través de la Liturgia, el Adviento, por lo mismo que recoge las ansias e inquietudes de las pasadas generaciones y los entusiasmos y regocijos de las nuevas ante la venida del Salvador, es una mezcla de luz y de sombra, de alegría y de tristeza, de angustiosa incertidumbre y de seguro bienestar. Y este doble aspecto se descubre a cada paso en los textos de la Misa y del Oficio, y también en algunos detalles exteriores de la Liturgia.


A excepción de muy contadas frases que traducen la inquietante expectación de la humanidad ante la demora excesiva de su Libertador y Consolador, y que se resumen en apóstrofes como estos: "¡Ven a librarnos!... Ven y no tardes... Ven pronto a visitarnos... etc; todos los demás textos son acentos de gozo y expresiones de vehementes deseos de saludar de cerca al Hijo de Dios.


La tristeza está más bien dibujada en algunos rasgos exteriores del culto, como son: el empleo, en los domingos y ferias de Adviento, de los ornamentos morados, y de las casullas plegadas, o planetas, en lugar de las majestuosas dalmáticas; la supresión de los floreros, del órgano, del "Gloria in excelsis", del "Te Deum", del "Ite missa est", y de las bodas solemnes.


Todos estos son indicios, indudablemente, de cierta preocupación y tristeza, comunes al Adviento y a la Cuaresma; pero el objeto de uno y otro período litúrgico los diferencia radicalmente, como bien lo manifiesta el uso diario, en Adviento, del festivo aleluya, nunca permitido en Cuaresma. El carácter de penitencia, que algunos recalcan por demás, le vino al Adviento, en el siglo VII, de la influencia del ayuno monástico, no de su propia esencia y espíritu. Pues de suyo es una temporada de recogimiento y de santa y confiada expectación.

*Fuente: La flor de la Liturgia. R.P. Andrés Azcárate

24 de noviembre de 2010

SANTA CATALINA LABOURÉ, CONFIDENTE DE LA VIRGEN INMACULADA


Era la media noche del 18 al 19 de julio de 1830 cuando Sor Catalina Labouré que estaba en el Noviciado de las Hijas de la Caridad de París oyó la voz de un niño que la llamaba por su nombre. Se incorporó en la cama y al ver su vestido luminoso y su rostro comprendió que era un ángel. Este le dijo: "La Virgen te espera en la Capilla. ¡Vamos!"
El niño la guiaba en la oscuridad con el destello de su luz. Cuando bajaron a la Capilla, el ángel la hizo acercarse al Altar Mayor y arrodillarse. De pronto, apareció la Virgen y se sentó en el sillón reservado al sacerdote.
Ella se acercó. Apoyó sus manos en las rodilas de la Virgen y así estuvo más de dos horas, mirándola y escuchando sus maternales confidencias. La Virgen se quejó ante la Vidente de ciertos abusos introducidos en la Comunidad. Le reveló sucesos luctuosos que iban a tener lugar, y varios consejos muy personales, para su propia santificación. Al final se despidió anunciándole otra visita, en la que le haría una encomienda especial, un encargo de mucha trascendencia.

El 27 de noviembre del mismo año 1830, a eso de las cinco de la tarde, cuando estaba en la Capilla del Noviciado, en oración, con todas las novicias, volvió a ver a la Virgen y escuchó su mensaje.

La aparición de este día tuvo dos fases. Primero vió a la Virgen de pie, sobre un globo que representaba el mundo. Sus pies aplastaban la Serpiente, símbolo del Tentador. En sus manos sostenía otro globo mucho más pequeño, coronado por una cruz de oro. La Virgen ofrecía este globo al cielo... Sus ojos miraban hacia lo alto. Sus labios se movían, como musitando una oración... De pronto despareció el globo pequeño de sus manos... Estas, descendieron suavemente como dejándose caer, a ambos lados del cuerpo. Los anillos de los dedos, que antes aparecían luminosos, empezaron a despedir haces de luz que llegaban hasta la Tierra... Una voz interior le dijo: "Estos rayos son el símbolo de las gracias que yo derramo sobre todos, pero en especial sobre los que me las piden"... "Innumerables gracias concederé, pero sobre todo a los que me las pidan con confianza".



Después desapareció este cuadro y se produjo como un movimiento rotatorio de todo el conjunto, pudiendo distinguir, como en un óvalo, una Cruz apoyada en la letra M, de grandes proporciones. Debajo de la Cruz y la M aparecieron dos corazones: uno coronado de espinas y el otro atravesado por una espada.
Y como orla de todo el conjunto, doce estrellas que recorrían el óvalo de la medalla.
La Virgen expresó el deseo de que se acuñase una Medalla: en el Anverso, presentándose como Triunfadora del demonio y Dispensadora de todas las gracias de Jesucristo, aplastando la serpeinte y con la jaculatoria: "Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos"; y en el Reverso, destacando su asociación a la Pasión de su Hijo y su maternidad espiritual, manifestada de modo especial, al pie de la Cruz.

LA VIRGEN INMACULADA DE LA MEDALLA MILAGROSA


TRIDUO EN HONOR DE LA VIRGEN INMACULADA DE LA MEDALLA MILAGROSA

Oración para empezar todos los días:

Oh María concebida sin pecado, Madre de Dios y Madre nuestra, llenos de confianza en tu intercesión todopoderosa, que tan a menudo nos manifestaste por tu Medalla Milagrosa, te pedimos que nos obtengas de tu Hijo Jesús, las gracias y los favores que necesitamos, si es que eso nos puede ayudar para adelantar en el Amor de Dios y de nuestros hermanos. Amén


DÍA PRIMERO:

"Venid al pie de este altar. Cerca de mi Hijo encontraréis luz y fuerza".
La Santísima Virgen nos dice el amor de Dios hacia nosotros. Ella nos invita a seguir a Cristo, a comprender lo que Él quiere de nosotros.
Agradezcamos y pidamos a María su ayuda para ser testigos del Amor de Dios.

* Padrenuestro, Avemaría y Gloria... (Pídase la gracia que se desea alcanzar)

* Invocación: Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos

DÍA SEGUNDO:
"Los pies de la Virgen se apoyaban sobre un globo blanco en el que había una serpiente" El pecado del hombre es la negación del Amor: la injusticia, la violencia, el egoísmo. La serpiente es el símbolo de todo esto y también del Maligno. Pidamos a la Virgen Inmaculada que nos defienda del Maligno enemigo y nos ayude a luchar contra el mal que está en nosotros y a nuestro alrededor.

*Padrenuestro, Avemaría y Gloria... (Pídase la gracia que se desea alcanzar)

*Invocación: Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos


DÍA TERCERO

"Hagan acuñar una medalla según este modelo". María se une a Jesús en la obra de la salvación del mundo. Todas las gracias nos vienen de Jesús por medio de María, pues conforme al querer y designio de Dios Ella es la distribuidora universal de las gracias obtenidas por el único Mediador entre Dios y los hombres: su Divino Hijo Nuestro Señor Jesucristo.

*Padrenuestro, Avemaría y Gloria... (Pídase la gracia que se desea alcanzar)

*Invocación: Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos

Oración final para todos los días:
Oh Virgen Inmaculada de la Sagrada Medalla, disipa con un rayo de tus manos nuestras tinieblas interiores, oriéntanos hasta la cumbre donde nos esperas. Haz que tu Medalla sea escudo invulnerable para nuestros cuerpos y nuestras almas y nos ayude a vivir la vida de la Gracia y así poder gozar un día de la Gloria. Amén.

21 de noviembre de 2010

ACUDAMOS A LA PODEROSA INTERCESIÓN DEL SANTO PADRE PÍO

Oración
Oh Dios, que a San Pío de Pietrelcina, sacerdote capuchino, le has concedido el insigne privilegio de participar, de modo admirable, de la pasión de tu Hijo: concédeme, por su intercesión, la gracia de ... que ardientemente deseo; y otórgame, sobre todo, que yo me conforme a la muerte de Jesús para alcanzar después la gloria de la resurrección.
Gloria al Padre... (tres veces)

Novena al Sagrado Corazón de Jesús

El Padre Pío la recitaba diariamente por todos aquellos que solicitaban sus oraciones. Recitémosla confiando en la intercesión de San Pío de Pietrelcina:

I. ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: "en verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá". He aquí que, confiado en tu Palabra divina, llamo, busco y te pido la gracia ...

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

II. ¡Oh Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, todo lo que pidiéreis al Padre en mi Nombre, Él os lo concederá". He aquí que, confiado en tu Palabra divina, pido al eterno Padre en tu Nombre la gracia ...

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

III. ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: "en verdad os digo, los cielos y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán". He aquí que, confiado en la infalibilidad de tu Palabra divina, te pido la gracia...

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Oh Sagrado Corazón de Jesús, infinitamente compasivo con los desgraciados, ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que te pedimos por medio del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre.

San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

SANTO PADRE PÍO: LA VERDADERA SANTIDAD...


"Recordémonos o mejor tengamos presente lo que constituye la verdadera santidad. Santidad quiere decir superarnos a nosotros mismos, quiere decir victoria perfecta de todas nuestras pasiones: quiere decir despreciarnos verdadera y constantemente y a las cosas del mundo hasta preferir la pobreza a la riqueza, la humillación a la gloria, el dolor al placer. La santidad es amar al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios. La santidad, en este punto, es amar incluso a quine nos maldice, nos odia, nos persigue, haciéndole hasta el bien. La santidad es vivir humildes, desinteresados, prudentes, justos, pacientes, caritativos, castos, mansos, trabajadores, observantes de los propios deberes no por otro fin que el de agradar a Dios, y para recibir sólo de él la merecida recompensa.
En síntesis: la santidad, Raffaelina, posee en sí la virtud de transformar, según el lenguaje de los libros sagrados, al hombre en Dios"
*Carta del P. Pío a Raffaelina Cerase

13 de noviembre de 2010

DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

La Eucaristía, además de sacramento, es también el sacrificio perenne de la nueva ley dejado por Jesucristo a su Iglesia para ser ofrecido a Dios por mano de los sacerdotes.

El sacrificio en general consiste en ofrecer una cosa sensible a Dios y destruirla de alguna manera en reconocimiento de su supremo dominio sobre nosotros y sobre todas las cosas.

Este sacrificio de la nueva ley se llama la santa Misa.
La Santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y vino en memoria del sacrificio de la Cruz.

El sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo de la Cruz, en cuanto el mismo Jesucristo que se ofreció en la Cruz es el que se ofrece por mano de los sacerdotes, sus ministros, sobre nuestros altares; mas, cuanto al modo con que se ofrece, el sacrificio de la misa difiere del sacrificio de la Cruz, si bien guarda con éste la más íntima relación.

Entre el sacrifico de la Misa y el de la Cruz hay esta diferencia y relación: que en la Cruz, Jesucristo se ofreció derramando su sangre y mereciendo por nosotros, mientras en nuestros altares se sacrifica Él mismo sin derramamiento de sangre y nos aplica los frutos de su pasión y muerte.
La otra relación que guarda el sacrificio de la Misa con el de la Cruz es que el sacrificio de la Misa representa de un modo sensible el derramamiento de la sangre de Jesucristo ne la Cruz; porque, en virtud de las palabras de la consagración, se hace presente bajo las especies del pan sólo el Cuerpo, y bajo las especies del vino sólo la Sangre de nuestro Redentor; si bien, por natural concomitrancia y por la unión hipostática, está presente bajo cada una de las especies Jesucristo vivo y verdadero.

El sacrificio de la Cruz es el único sacrificio de la nueva ley, en cuanto por él aplacó el Señor la divina justicia, adquirió todos los merecimientos necesarios para salvarnos, y así consumó de su parte nuestra redención. Mas estos merecimientos nos los aplica por los medios instituidos por Él en la Iglesia, entre los cuales está el santo sacrificio de la Misa.


El sacrificio de la Santa Misa se ofrece a Dios para cuatro fines: 1º para honrarle como conviene, y por eso se llama latréutico; 2º para agradecerle sus beneficios, y por esto se llama eucarístico; 3º para aplacarle, para darle alguna satisfacción por nuestros pecados y para ofrecerle sufragios por las almas del purgatorio, por lo cual se llama propiciatorio; 4º para alcanzar todas las gracias que nos son necesarias, y por esto se llama impetratorio.

El primero y principal oferente de la santa Misa es Jesucristo, y el sacerdote es el ministro que en nombre de Jesucristo ofrece el mismo sacrificio al eterno Padre.

El sacrificio de la santa Misa lo instituyó el mismo Jesucristo cuando instituyó el sacramento de la Eucaristía y dijo que se hiciese en memoria de su Pasión.

La santa Misa se ofrece a sólo Dios.

La Misa que se celebra en honor de la Santísima Virgen y de los Santos es siempre un sacrificio ofrecido a sólo Dios; se dice, empero, que se celebra en honor de la Santísima Virgen y de los Santos, a fin de agradecer a Dios las mercedes que les hizo y alcanzar de Él por su intercesión más copiosamente las gracias de que tenemos necesidad.

Toda la Iglesia participa de los frutos de la Misa, pero en particular: 1º el sacerdote y lo que asisten a la Misa, los cuales se consideran unidos al sacerdote; 2º aquellos por quienes se aplica la Misa, que pueden ser así los vivos como los difuntos.



Para oír bien y con fruto la santa Misa son necesarias dos cosas: 1ª modestia en el exterior de la persona; 2ª devoción del corazón.

La modestia de la persona consiste de un modo especial en ir modestamente vestido, en guardar silencio y recogimiento y en estar cuanto sea posible arrodillado, excepto el tiempo de los dos evangelios, que se oyen en pie.
La mejor manera de practicar la devoción del corazón mientras se oye la santa Misa es la siguiente: 1º Unir desde el principio nuestra intención con la del sacerdote, ofreciendo a Dios el santo sacrificio por los fines para que fue instituido. 2º Acompañar al sacerdote en todas las oraciones y acciones del sacrificio. 3º Meditar la pasión y muerte de Jesucristo y aborrecer de corazón los pecados que fueron causa de ella. 4º Hacer la comunión sacramental o, a lo menos, la espiritual, al tiempo que comulga el sacerdote.
Comunión espiritual es un gran deseo de unirse sacramentalmente a Jesucristo, diciendo, por ejemplo: Señor mío Jesucristo, deseo con todo mi corazón unirme a Vos ahora y por toda la eternidad, y haciendo los mismos actos que preceden y siguen a la comunión sacramental.
Es loable rogar también por otros mientras se asiste al santa Misa; antes bien, el tiempo de la Santa Misa es el más oportuno para rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Acabada la Misa debemos dar gracias a Dios por habernos concedido asistir a tan gran sacrificio y pedir perdón por las faltas que hubiésemos comteido al oírla.

* Del Catecismo Mayor de San Pío X

10 de noviembre de 2010

¡ SANTOS MÁRTIRES DE ESPAÑA, ROGAD POR NOSOTROS !

A LOS MÁRTIRES ESPAÑOLES
"En esta hora de tu crucifixión, Santa España, en este día, hermana España, que es el tuyo,
Con los ojos llenos de entusiasmo y de lágrimas, yo te envío mi admiración y mi amor.
Cuando todos los cobardes traicionaban, tú, una vez más, no aceptabas la traición.
Igual que en los tiempos de Pelayo y del Cid, con la fe impulsas la espada.
Ha llegado el momento de escoger y de liberar el alma.
Ha llegado el momento de mirar cara a cara la propuesta infame.
Ha llegado el momento al fin de mostrar el color de la sangre.
Muchos creen que llegarán al cielo por su propio pie por un camino fácil y agradable.
Pero, de golpe, he aquí la cuestión planteada, he aquí la consumación y el martirio.
Se nos pone el cielo y el infierno en la mano
y tenemos sólo cuarenta segundos para elegir.
¡Cuarenta segundos es demasiado!
Hermana España, Santa España, tú ya has elegido.
Once obispos, dieciséis mil sacerdotes masacrados y ni una sola apostasía.
Ah, ojalá yo pudiera dar, como tú, en voz alta,
en el esplendor de mediodía, un claro testimonio".
Paul Claudel


ORACIÓN
Oh Dios, que enviaste a tu Hijo,para que muriendo y resucitando nos diese su Espíritu de amor.Nuestros hermanos, mártires del siglo XX en España,mantuvieron su adhesión a Jesucristo de manera tan radical y plena que les permitiste derramar su sangre por Él.Danos la gracia y la alegría de la conversión para asumir las exigencias de la fe;ayúdanos, por su intercesión,y por la de María, Reina de los mártires, a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad y a promover una viva comunión entre los miembros de tu Iglesia en España; enséñanos a comprometernos, con nuestros pastores,en la nueva evangelización haciendo de nuestras vidas testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos.Te lo pedimos por Jesucristo, el Testigo fiel y veraz, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Espíritu de Amor eterno, que procedes del Padre y del Hijo,
Te damos gracias por todas las vocaciones de apóstoles y santos
que han fecundado la Iglesia.
Continúa, todavía, te rogamos, esta tu obra.
Acuérdate de cuando, en Pentecostés,
descendiste sobre los Apóstoles reunidos en oración con María, la Madre de Jesús,
y mira a la Iglesia que tiene hoy una particular necesidad de sacerdotes santos,
de testigos fieles y autorizados de tu gracia;
tiene necesidad de consagrados y consagradas,
que manifiesten el gozo de quien vive sólo para el Padre,
de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo,
de quien construye con la caridad el mundo nuevo.
Espíritu Santo, perenne manantial de gozo y de paz,
eres tú quien abre el corazón y la mente a la divina llamada:
eres tú que hace eficaz cada impulso al bien, a la verdad, a la caridad.
Tus ‘gemidos inenarrables’ suben al Padre desde el corazón de la Iglesia,
que sufre y lucha por el Evangelio.
Abre los corazones y las mentes de los jóvenes,
para que una nueva floración de santas vocaciones
manifieste la constancia de tu amor,
y todos puedan conocer a Cristo,
luz verdadera del mundo,
para ofrecer a cada ser humano la segura esperanza de la vida eterna.
Amén.


Juan Pablo II
Castel Gandolfo, 24 de setiembre de 1997
Fuente: annussacerdotalis.blogspot.com

BENEDICTO XVI: LA VIDA CONSAGRADA NUNCA PODRÁ FALTAR NI MORIR EN LA IGLESIA

Porción elegida del Pueblo de Dios, los consagrados y consagradas recuerdan hoy “una planta con muchas ramas, que asienta sus raíces en el Evangelio y produce abundantes frutos en cada estación de la Iglesia”. Siendo la caridad el primer fruto del Espíritu y el mayor de todos los carismas, la comunidad religiosa enriquece a la Iglesia de la que es parte viva, antes de todo con su amor: ama a su Iglesia particular, la enriquece con sus carismas y la abre a una dimensión más universal. Las delicadas relaciones entre las exigencias pastorales de la Iglesia particular y la especificidad carismática de la comunidad religiosa fueron tratadas por el documento Mutuae relationes, del cual está alejado tanto la idea de aislamiento y de independencia de la comunidad religiosa en relación a la Iglesia particular, como la de su práctica absorción en el ámbito de la Iglesia particular. “Como la comunidad religiosa no puede actuar independientemente o como alternativa o, menos aún, contra las directrices y la pastoral de la Iglesia particular, así la Iglesia particular no puede disponer a su placer, según sus necesidades, de la comunidad religiosa o de algunos de sus miembros”.

Ante la disminución de los miembros en muchos Institutos y su envejecimiento, evidente en algunas partes del mundo, muchos se preguntan si la vida consagrada sea hoy también una propuesta capaz de atraer a los jóvenes y a las jóvenes. Bien sabemos, queridos obispos, que las diversas Familias religiosas desde la vida monástica hasta las congregaciones religiosas y sociedades de vida apostólica, desde los institutos seculares hasta las nuevas formas de consagración tuvieron su origen y su historia, pero la vida consagrada como tal tiene su origen en el propio Señor que escogió para Si esta forma de vida virgen, pobre y obediente. Por eso la vida consagrada nunca podrá faltar ni morir en la Iglesia: fue querida por el propio Jesús como parcela irremovíble de su Iglesia. De aquí la llamada al compromiso general en la pastoral vocacional: si la vida consagrada es un bien de toda la Iglesia, algo que interesa a todos, también la pastoral que busca promover las vocaciones a la vida consagrada debe ser un compromiso sentido por todos: obispos, sacerdotes, consagrados y laicos.

* Del discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el 5 de noviembre a los obispos de la Región Este II de la Conferencia Episcopal de Brasil, con motivo de su visita ad Limina Apostolorum.

8 de noviembre de 2010

ATENTANDO CONTRA LA LIBERTAD DE CULTO. ¡REACCIÓN DE LOS MONJES DE SANTA CRUZ DEL VALLE DE LOS CAÍDOS Y DE CIENTOS DE FIELES!

Nuevamente, ayer domingo, la Guardia Civil, "CUMPLIENDO ÓRDENES SUPERIORES", impidió el acceso de los fieles a la celebración de la Santa Misa en la Basílica de Santa Cruz del Valle de los Caídos. Los monjes optaron por celebrar el Santo Sacrificio en el exterior, ante las puertas de acceso al recinto. Más de 200 fieles asistieron a la Santa Misa en la que también participaron los niños de la Escolanía.
Esto sucedía a la misma hora que el Santo Padre consagraba la nueva Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona y al día siguiente de que el Papa, durante el vuelo que le conducía desde Roma hasta Santiago de Compostela, denunciase ante los periodistas que en España se está viviendo un laicismo agresivo y un anticlericalismo semejante al de los años treinta.
La Asociación por la defensa del Valle de los Caídos, invita a todos los fieles a acudir en los domingos sucesivos a las puertas del Valle para participar en la Santa Misa, apoyar a los monjes y reclamar de las autoridades el derecho que asiste a los fieles para acudir a rezar a la Basílica Menor.




Homilía pronunciada ayer domingo por Fray Santiago Cantera, monje benedictino de la Abadía de Santa Cruz del Valle de los Caídos en la Santa Misa celebrada a las puertas de acceso al recinto de la Basílica de Santa Cruz del Valle de los Caídos.

Queridos hermanos en Cristo Jesús:
Las lecturas de hoy resultan sugerentes sobre todo para dos aspectos de nuestra vida actual. Por un lado, nos encontramos en el mes de noviembre, dedicado a la intercesión por las almas de los difuntos: se abre con la solemnidad de Todos los Santos, que nos recuerda que todos estamos llamados a la santidad ante Dios y a la salvación eterna; y al día siguiente prosigue con la conmemoración de los Fieles Difuntos, que instituyó el abad cluniacense San Odilón a inicios del siglo XI.


Es precisamente en el segundo libro de los Macabeos donde se encuentran algunos de los textos en los que la Iglesia Católica fundamenta la creencia en el Purgatorio o unas penas purgatorias, que es un dogma de fe definido por el II Concilio de Lyon en 1274. Para pasar a contemplar la belleza infinita de Dios, las almas deben estar limpias de toda mancha dejada por sus pecados. Nosotros podemos ofrecer nuestras oraciones, penitencias, limosnas y sobre todo el Santo Sacrificio de la Misa para que las almas que se encuentran en ese estado puedan pasar a disfrutar de Dios.


En el texto que hoy se ha leído, contemplamos la firme esperanza de los hermanos Macabeos en el premio eterno por su muerte martirial en defensa de la fe. “Dios quiere que todos los hombres se salven”, dice San Pablo. Y Jesús nos habla de la inmortalidad, pues Dios “no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos están vivos”. Dios desea que todos podamos llegar a gozar de la visión de Él en el Cielo. La secta de los saduceos, que trataron de poner a prueba a Jesús, tuvo su origen precisamente en la época de los Macabeos: fueron los judíos helenizantes que colaboraron con las autoridades impías y aceptaron elementos provenientes del paganismo y del racionalismo. Serían unos de los responsables en llevar a Jesús al Calvario. Aquí entra la segunda consideración.


Los Macabeos son un ejemplo de martirio en tiempos de persecución religiosa. No tenían miedo a la muerte, porque creían en el premio eterno. Jesucristo ha culminado lo que ellos anticiparon y se ha convertido en el Gran Mártir de la verdad y del amor de Dios, la Víctima que se ha ofrecido al Padre para redimirnos del pecado y abrirnos las puertas del Cielo. Por eso todos los mártires han dado desde entonces su vida por Él y con Él.


Hoy vivimos tiempos difíciles para la fe en España y el testimonio de los mártires debe servirnos de estímulo frente a la adversidad. Ayer mismo celebrábamos la memoria de los mártires españoles del siglo XX. En el avión de venida, el Santo Padre Benedicto XVI dijo ayer que España está sufriendo una ofensiva laicista muy semejante a la de los años 30. Vosotros mismos lo podéis contemplar hoy en esta celebración, que a mí me recuerda a las misas del Beato mártir Jerzy Popieluszko en la Polonia de los años 80.


Por ello, debemos mirar el valor de los mártires para llenarnos nosotros mismos de valor. Traigamos a la memoria los cerca de 50 católicos asesinados esta semana en Irak por elementos islamistas. Ojalá los católicos españoles seamos capaces de decir con convicción lo que ha dicho el cardenal arzobispo de Bagdad: “No tememos la muerte”.


Es preferible una Iglesia mártir −y recordemos que la palabra mártir significa “testigo”− que una Iglesia connivente con el mal por temor a perder un bienestar temporal. A medio y largo plazo, la Iglesia que realmente pervivirá será la primera. Hoy no honramos a ciertos eclesiásticos que en los años de la persecución en México pactaron los denominados “arreglos” con el gobierno masónico, sino que veneramos como santos y beatos a los mártires cristeros, procedentes sobre todo del pueblo sencillo.


No tengamos miedo a defender la verdad de Cristo. San Juan Crisóstomo fue desterrado dos veces por denunciar públicamente la corrupción de la corte de Constantinopla, pero ante la persecución afirmaba: “Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? ‘Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir’. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena’. ¿La confiscación de los bienes? ‘Sin nada vinimos al mundo y sin nada nos iremos de él’. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. Yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo: […] ‘Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo’”.


Evitemos el odio que pueda surgir en nuestro corazón hacia quienes persiguen la fe. Oremos por ellos y que el amor de Cristo venza el muro del odio. Pero, sin dejar de amarles, sepamos también mostrar nuestra firmeza, porque el Señor está con nosotros y tenemos que defender su heredad, de la que forman parte las iglesias y los lugares de culto. Que podamos decir con convencimiento las mismas palabras que el abad benedictino Santo Domingo de Silos dijera a un rey de Navarra en el siglo XI: “La vida podéis quitarme, pero no más”.


Quiero terminar extractando algunos preciosos versos de una canción que entonaban los cristeros mexicanos y que revelan el valor y el anhelo de eternidad que debemos tener. Dicen así: “El martes me fusilan / a las seis de la mañana / por creer en Dios eterno / y en la Gran Guadalupana. […] Matarán mi cuerpo, pero nunca mi alma. / Yo les digo a mis verdugos / que quiero me crucifiquen, / y una vez crucificado / entonces usen sus rifles. […] No tengo más Dios que Cristo, / porque me dio la existencia. / Con matarme no se acaba / la creencia en Dios eterno: / muchos quedan en la lucha / y otros que vienen naciendo. […] ¡Viva Cristo Rey! ”


Que la Santísima Virgen nos alcance del Espíritu Santo el don de fortaleza y haga que la visita del Santo Padre traiga sobre nuestra querida y atribulada España frutos copiosos de una fe recia y de un espíritu ardiente.

7 de noviembre de 2010

ANTONIO GAUDÍ: EL ARQUITECTO DE DIOS

*Tumba de Antonio Gaudí en la Capilla del Carmen, Cripta de la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona.

Gaudi fue un hombre de Dios con quien mantuvo una hermosa sintonía reflejada en su intensa vida espiritual. Oía la Santa Misa y comulgaba diariamente, y todos los días visitaba a Jesucristo sacramentado, y jamás faltaba en las grandes manifestaciones religiosas de la ciudad, o del templo. Las demás horas del día las pasaba en el trabajo y en la oración. Su esperanza en Dios le daba una completa paz y serenidad de espíritu en los momentos de adversidad. "Dios lo quiere así - decía - ; su Divina Providencia sabe lo que hace".
Era devotísimo de la Sagrada Familia, y especialmente de San José. Si alguien le preguntaba cómo sería posible concluir el todavía hoy inacabado templo de la Sagrada Familia, el gran sueño de siempre en su vida ("Tengo sesenta y cuatro años - dijo un día - , y la mitad de ellos los he empleado en este templo, y ahora soy ya su portero…"), en seguida les contestaba: "No se apure: San José es un santo que tiene muchos recursos." Veneraba al Romano Pontífice. No tenía dinero. Una vez pudo ir a Roma, pero prefirió donar lo que el viaje le hubiera costado - y Dios sabe la ilusión con que habría visitado la tumba de Pedro - para que le fuese donado al Santo Padre.
De fe firme y confiada acabó por imponerse a su difícil temperamento y también a todas las ideas demoledoras de su época de juventud; profundización constante, a través de la Liturgia, en el conocimiento de la historia de la Salvación; ejemplar seguimiento del Evangelio; esperanza incesante; amor a Dios y amor sacrificado y generoso a su prójimo; piedad y deseo permanente de perfección en las virtudes cristianas: éstas fueron las páginas magistrales del libro de la vida de este arquitecto genial cuya vida, sin embargo, humanamente, a primera vista, pudo parecer a muchos un fracaso. Lo fue, pues muchas de las obras que proyectó ni llegaron siquiera a iniciarse - por ejemplo, la restauración del monasterio de Poblet -, y algunas quedaron inacabadas; pero no ocurrió así, desde luego, con la propia obra de su interior construcción espiritual.
El llamado a la Casa del Padre el día de su muerte lo había pasado como todos, en su templo: vivía en el taller de la obra, a la que dedicó cuarenta y tres años de su vida; a pie de obra, dirigiendo personalmente hasta el mas mínimo detalle. Salió, como de costumbre, a las cinco de la tarde, hacia el Oratorio de San Felipe Neri. Al cruzar la Gran Vía barcelonesa, a la altura de Bailén, le atropelló el tranvía. Iba calzado con zapatillas de felpa, y con los tobillos envueltos en vendas de lana. Se alimentaba frugalísimamente, pan y fruta las más de las veces.
Su lectura habitual era la Biblia y El año litúrgico, del benedictino Dom Gueranguer. Había estudiado un curso de gregoriano, porque se decía convencido de que el ritmo y la espiritualidad del canto gregoriano le servían de orientación plástica para sus obras. "No vengo aquí a estudiar gregoriano, decía, sino arquitectura."Días antes en que fue atropellado le dice a un sacerdote íntimamente amigo suyo: "Yo soy batallador por temperamento; he luchado siempre, y siempre me he salido con la mía, menos en una cosa: en la lucha contra mi genio. Con éste no logro acabar" (...) En Cataluña surgió la idea de fundar la Asociación para promover la beatificación de Antonio Gaudí, el pueblo cristiano se sumó a la iniciativa de manera realmente entusiasta.
El proceso de beatificación de Antonio Gaudí está en marcha...

Desde abril de 2000 a mayo de 2003 el tribunal diocesano examina las pruebas y escucha los testimonios sobre la posible santidad de Gaudí de personas que conocieron a Gaudí o que oyeron hablar de él a testimonios directos, y a expertos y estudiosos de su vida y obra. El 25 de marzo de 2003 la Junta de la Asociación pro Beatificación de Antoni Gaudí nombra postuladora de la causa ante la Congregación para las Causas de los Santos a la Dra. Silvia Correale, doctora en Derecho Canónico.
El 13 de mayo de 2003 se clausura solemnemente el proceso diocesano de la causa de beatificación de Antoni Gaudí en el Palacio Episcopal de Barcelona, en un acto presidido por el cardenal Ricard M. Carles, y el 28 de mayo la Asociación pro Beatificación entrega las actas del proceso elaborado en Barcelona (1.024 páginas) a la Congregación para las Causas de los Santos, organismo de la Santa Sede encargado de estos asuntos. El 9 de julio se abre oficialmente en el Vaticano el proceso de beatificación de Antoni Gaudí, con la presencia del subsecretario de la Comisión de Estudios, Mons. Michele Di Ruberto, el cardenal arzobispo de Barcelona, Dr. Ricard M. Carles, el presidente de la Asociación pro Beatificación, el arquitecto D. José Manuel Almuzara, y otros miembros de la mencionada Asociación.
El 20 de febrero de 2004 se aprueba el decreto de validez, otorgado por la Congregación para las Causas de los Santos. El 23 de abril de 2004 es nombrado relator de la causa de beatificación de Antoni Gaudí Mons. José Luis Gutiérrez, en el día de la festividad de Sant Jordi, bajo cuya guía se elaborará la positio. Finalmente, en julio de 2006 se inicia la elaboración del sumario.

*Fuente: http://www.papabarcelona2010/

ANTONIO GAUDÍ

Arquitecto catalán, máximo representante del modernismo y uno de los principales pioneros de las vanguardias artísticas del siglo XX. Su figura es una de las más sorprendentes de la historia de la arquitectura, tanto por sus innovaciones, en apariencia intuitivas, como por su práctica aislada de las corrientes internacionales e imbuida a menudo en el mero trabajo artesanal.
Antoni Plàcid Gaudí i Cornet nació un 25 de Julio de 1852 en Reus, cerca de Tarragona, hijo de un forjador; su madre muere en su juventud. Después de trabajar como aprendiz de forjador (lo cual le sirvió de base para su excelente trabajo con el hierro) Gaudí comenzó sus estudios de arquitectura en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona. Allí no demuestra ser un buen estudiante, pero pese a ello obtiene su diploma de aruitectura en 1878. Una vez terminados sus estudios, viajo por toda Cataluña y algunas regiones colindantes.

Su primer trabajo, incluso antes de que hubiese terminado sus estudios, la fuente del complejo del Parc de la Ciutadella en Barcelona, junto con Josep Fontserè i Mestres, la cual se completó entre 1877 y 1882. Otro de los edificios que realizó en sus comienzos son: la Casa Vicens, la cual se construyo en Barcelona entre 1878 y 1880 (un edificio neogótico en el que ya se aprecia su fuerte personalidad); y El Capricho, una casa en Comillas, en el Norte de España, en la cual Gaudí trabajo desde 1883 a 1885, pese al hecho de que nunca estuvo en la construcción (un hábito que posteriormente cambio, llegando a vivir en los lugares en los que trabajaba). Allí probó su perfecto conocimiento del hierro como material, conocimientos que había aprendido como aprendiz.
Poco después comenzó a trabajar para el que sería su principal mecenas durante el resto de su carrera, el empresario textil Eusebio Güell: primero con las caballerizas de su finca en Pedralbes, y más tarde con el palacio Güell (1885-1889) en Barcelona, un edificio pleno de espacios y formas innovadoras. Durante esta primera etapa de carácter historicista también construyó algunas obras fuera de Cataluña, entre las que cabe reseñar el palacio episcopal de Astorga (comenzado en 1887) y la casa de los Botines (1891-1892) en León.

En 1883 se hizo cargo de la continuación en Barcelona del templo expiatorio de la Sagrada Familia, una catedral neogótica que modificó totalmente el joven Gaudí. Así, en 1891 concluyó las trazas generales de la iglesia, compuesta por cinco naves y tres fachadas monumentales, en 1893 decidió concentrar sus esfuerzos en la construcción de la fachada del Nacimiento, que no pudo ver completamente concluida, y en 1908 publicó la primera imagen definitiva del templo, una especie de bosque ascendente de elevadas torres.
A comienzos del siglo XX levantó otras tres obras no menos sorprendentes en la capital catalana: el Parque Güell (1900-1914), una obra paisajística jalonada de elementos arquitectónicos, como la gran sala hipóstila sobre la que se asienta la plaza principal —conocida como el ‘teatro griego'—, el banco ondulado que delimita esta explanada y los soportales inclinados sobre los que discurre el viaducto; la casa Batlló (1904-1906), edificio del pleno modernismo destacado por sus balconadas curvilíneas y por su expresiva cubierta en forma de dragón, recubierta por piezas cerámicas que simulan escamas; y la casa Milá (1906-1912), conocida por los barceloneses como La Pedrera —cantera en castellano— por su carácter monolítico, que supone un hito de la historia de la arquitectura no sólo por su capacidad expresiva, sino también por las numerosas innovaciones —como la planta libre o las grandes proporciones de los vanos— que más tarde caracterizaron a los maestros del movimiento moderno. Gaudí también fue un destacado diseñador, tanto por las imaginativas forjas que caracterizan sus balcones y cancelas, como por el excepcional mobiliario que fabricó para distintos encargos privados. Al igual que sus coterráneos Victor Horta o Henry van de Velde, practicó la arquitectura desde una concepción globalizadora, esmerándose en la concreción de cada detalle y proponiendo el mobiliario completo de cada vivienda que proyectaba. Entre sus piezas más relevantes se encuentran el sillón Calvet, la bancada del Parque Güell así como la silla y el banco Batlló, donde su exuberante genio se alió a las exigencias ergonómicas en una armonía insólita, que anticipó en más de medio siglo las innovaciones del diseño moderno. Por otra parte, su obra ejerció innumerables influencias sobre las vanguardias históricas, entre las que destacan los paralelismos con el expresionismo alemán y la herencia recogida por Salvador Dalí y otros artistas del surrealismo. Su desconcertante personalidad destaca en la historia de la arquitectura como la de un visionario, que inspiró el camino estructuralista de Pier Luigi Nervi o de Félix Candela tanto como el brutalismo expresionista de las últimas obras de Le Corbusier. Sin embargo, su obra fue menospreciada por sus compatriotas noucentistas, defensores de un catalanismo basado en la cordura —el seny— antes que en la aparente locura del genio mediterráneo.

Por las noches, cuando terminaba su trabajo, Gaudí solía abandonar su tienda para dar un paseo, normalmente iba a la iglesia de San Felipe Neri. El 7 de Junio de 1926, fue atropellado por un tranvía. Debido a sus ropas viejas fue llevado a un hospital para pobres, el Hospital de la Santa Creu, donde fue encontrado por el diácono de la Sagrada Familia y el arquitecto Sugranyes, quién lo traslado a una habitación privada, en la cual falleció tres días después, un 10 de Junio de 1926.
Una larga procesión despidió sus restos cuando fueron llevados a la cripta en la Sagrada Familia, donde fue enterrado.

EL SANTO PADRE CONSAGRA EL TEMPLO EXPIATORIO DE LA SAGRADA FAMILIA DE BARCELONA



Estimats germans i germanes en el Senyor:
“La diada d’avui és santa, dedicada a Déu, nostre Senyor; no us entristiu ni ploreu… El goig del Senyor sarà la vostra força” (Ne 8, 9-11). Amb aquestes paraules de la primera lectura que hem proclamat vull saludar-vos a tots els qui us trobeu aquí presents participant en aquesta celebració. Adreço una salutació afectuosa a Ses Majestats els Reis d’Espanya, que han volgut acompanyar-nos cordialment. La meva salutació agraïda al Senyor Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arquebisbe de Barcelona, per les seves paraules de benvinguda i la seva invitació a dedicar aquesta Església de la Sagrada Família, suma admirable de tècnica, d’art i de fe. Saludo també al Cardenal Ricard Maria Carles Gordó, Arquebisbe emèrit de Barcelona, als altres Senyors Cardenals i Germans en l’Episcopat, especialment, al Bisbe auxiliar d’aquesta Església particular, com també als nombrosos sacerdots, diaques, seminaristes, religiosos i fidels que participen en aquesta solemne cerimònia. També adreço la meva deferent salutació a totes les Autoritats Nacionals, Autonòmiques i Locals, com també als membres d’altres comunitats cristianes, que s’han unit al nostre goig i a la nostra lloança agraïda a Déu.

(Amadísimos Hermanos y Hermanas en el Señor:
“Hoy es un día consagrado a nuestro Dios; no hagáis duelo ni lloréis… El gozo en el Señor es vuestra fortaleza” (Neh 8,9-11). Con estas palabras de la primera lectura que hemos proclamado quiero saludaros a todos los que estáis aquí presentes participando en esta celebración. Dirijo un afectuoso saludo a Sus Majestades los Reyes de España, que han querido cordialmente acompañarnos. Vaya mi saludo agradecido al Señor Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona, por sus palabras de bienvenida y su invitación para la dedicación de esta Iglesia de la Sagrada Familia, admirable suma de técnica, de arte y de fe. Saludo igualmente al Cardenal Ricardo María Carles Gordó, Arzobispo emérito de Barcelona, a los demás Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado, en especial, al Obispo auxiliar de esta Iglesia particular, así como a los numerosos sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y fieles que participan en esta solemne ceremonia. Asimismo, dirijo mi deferente saludo a las Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales, así como a los miembros de otras comunidades cristianas, que se unen a nuestra alegría y alabanza agradecida a Dios.)

Este día es un punto significativo en una larga historia de ilusión, de trabajo y de generosidad, que dura más de un siglo. En estos momentos, quisiera recordar a todos y a cada uno de los que han hecho posible el gozo que a todos nos embarga hoy, desde los promotores hasta los ejecutores de la obra; desde los arquitectos y albañiles de la misma, a todos aquellos que han ofrecido, de una u otra forma, su inestimable aportación para hacer posible la progresión de este edificio. Y recordamos, sobre todo, al que fue alma y artífice de este proyecto: a Antoni Gaudí, arquitecto genial y cristiano consecuente, con la antorcha de su fe ardiendo hasta el término de su vida, vivida en dignidad y austeridad absoluta. Este acto es también, de algún modo, el punto cumbre y la desembocadura de una historia de esta tierra catalana que, sobre todo desde finales del siglo XIX, dio una pléyade de santos y de fundadores, de mártires y de poetas cristianos. Historia de santidad, de creación artística y poética, nacidas de la fe, que hoy recogemos y presentamos como ofrenda a Dios en esta Eucaristía.

La alegría que siento de poder presidir esta ceremonia se ha visto incrementada cuando he sabido que este templo, desde sus orígenes, ha estado muy vinculado a la figura de san José. Me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaudí, ante las innumerables dificultades que tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la divina Providencia: “San José acabará el templo”. Por eso ahora, no deja de ser significativo que sea dedicado por un Papa cuyo nombre de pila es José.

¿Qué hacemos al dedicar este templo? En el corazón del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de fe, levantamos una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es un signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma.

En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Introdujo piedras, árboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creación convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sacó los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. De este modo, colaboró genialmente a la edificación de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo.

Hemos dedicado este espacio sagrado a Dios, que se nos ha revelado y entregado en Cristo para ser definitivamente Dios con los hombres. La Palabra revelada, la humanidad de Cristo y su Iglesia son las tres expresiones máximas de su manifestación y entrega a los hombres. «Mire cada cual cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, que es Jesucristo» (1 Co 3,10-11), dice San Pablo en la segunda lectura. El Señor Jesús es la piedra que soporta el peso del mundo, que mantiene la cohesión de la Iglesia y que recoge en unidad final todas las conquistas de la humanidad. En Él tenemos la Palabra y la presencia de Dios, y de Él recibe la Iglesia su vida, su doctrina y su misión. La Iglesia no tiene consistencia por sí misma; está llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato. El único Cristo funda la única Iglesia; Él es la roca sobre la que se cimienta nuestra fe. Apoyados en esa fe, busquemos juntos mostrar al mundo el rostro de Dios, que es amor y el único que puede responder al anhelo de plenitud del hombre. Ésa es la gran tarea, mostrar a todos que Dios es Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacción, de concordia y no de discordia. En este sentido, pienso que la dedicación de este templo de la Sagrada Familia, en una época en la que el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si ya no tuviera nada que decirle, resulta un hecho de gran significado. Gaudí, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Que el secreto de la auténtica originalidad está, como decía él, en volver al origen que es Dios. Él mismo, abriendo así su espíritu a Dios ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma. Así expresaba el arquitecto sus sentimientos: “Un templo [es] la única cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religión es la cosa más elevada en el hombre”.

Esa afirmación de Dios lleva consigo la suprema afirmación y tutela de la dignidad de cada hombre y de todos los hombres: “¿No sabéis que sois templo de Dios?... El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros” (1 Co 3,16-17). He aquí unidas la verdad y dignidad de Dios con la verdad y la dignidad del hombre. Al consagrar el altar de este templo, considerando a Cristo como su fundamento, estamos presentando ante el mundo a Dios que es amigo de los hombres e invitando a los hombres a ser amigos de Dios. Como enseña el caso de Zaqueo, del que se habla en el Evangelio de hoy (cf. Lc 19,1-10), si el hombre deja entrar a Dios en su vida y en su mundo, si deja que Cristo viva en su corazón, no se arrepentirá, sino que experimentará la alegría de compartir su misma vida siendo objeto de su amor infinito.

La iniciativa de este templo se debe a la Asociación de amigos de San José, quienes quisieron dedicarlo a la Sagrada Familia de Nazaret. Desde siempre, el hogar formado por Jesús, María y José ha sido considerado como escuela de amor, oración y trabajo. Los patrocinadores de este templo querían mostrar al mundo el amor, el trabajo y el servicio vividos ante Dios, tal como los vivió la Sagrada Familia de Nazaret. Las condiciones de la vida han cambiado mucho y con ellas se ha avanzado enormemente en ámbitos técnicos, sociales y culturales. No podemos contentarnos con estos progresos. Junto a ellos deben estar siempre los progresos morales, como la atención, protección y ayuda a la familia, ya que el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural. Sólo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad. Por eso, la Iglesia aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización; para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar.

Al contemplar admirado este recinto santo de asombrosa belleza, con tanta historia de fe, pido a Dios que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad, que presten al mundo el gran servicio que la Iglesia puede y debe prestar a la humanidad: ser icono de la belleza divina, llama ardiente de caridad, cauce para que el mundo crea en Aquel que Dios ha enviado (cf. Jn 6,29).
Queridos hermanos, al dedicar este espléndido templo, suplico igualmente al Señor de nuestras vidas que de este altar, que ahora va a ser ungido con óleo santo y sobre el que se consumará el sacrificio de amor de Cristo, brote un río constante de gracia y caridad sobre esta ciudad de Barcelona y sus gentes, y sobre el mundo entero. Que estas aguas fecundas llenen de fe y vitalidad apostólica a esta Iglesia archidiocesana, a sus pastores y fieles.

Desitjo, finalment, confiar a l’amorosa protecció de la Mare de Déu, Maria Santissima, Rosa d’abril, Mare de la Mercè, tots els aquí presents, i tots aquells que amb paraules i obres, silenci o pregària, han fet possible aquest miracle arquitectònic. Que Ella presenti al seu diví Fill les joies i les penes de tots els qui vinguin en aquest lloc sagrat en el futur, perquè, com prega l’Església en la dedicació dels temples, els pobres trobin misericòrdia, els oprimits assoleixin la llibertat veritable i tots els homes es revesteixin de la dignitat dels fills de Déu. Amén.

(Deseo, finalmente, confiar a la amorosa protección de la Madre de Dios, María Santísima, Rosa de abril, Madre de la Merced, a todos los que estáis aquí, y a todos los que con palabras y obras, silencio u oración, han hecho posible este milagro arquitectónico. Que Ella presente también a su divino Hijo las alegrías y las penas de todos los que lleguen a este lugar sagrado en el futuro, para que, como reza la Iglesia al dedicar los templos, los pobres puedan encontrar misericordia, los oprimidos alcanzar la libertad verdadera y todos los hombres se revistan de la dignidad de hijos de Dios. Amén.)