31 de octubre de 2010

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY EN LA IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO


HIMNO A CRISTO REY

1. Oh Príncipe absoluto de los siglos, Oh Jesucristo, Rey de las naciones: Te confesamos árbitro supremo De las mentes y de los corazones.

2. La turbamulta impía vocifera: "No queremos que reine Jesucristo"; Pero en cambio nosotros te aclamamos, Y Rey del universo te decimos.

3. Oh Jesucristo, Príncipe pacífico: Somete a los espíritus rebeldes, Y haz que encuentren el rumbo los perdidos y que en un solo aprisco se congreguen.

4. Para eso pendes de una cruz sangrienta, Y abres en ella tus divinos brazos; Para eso muestras en tu pecho herido Tu ardiente corazón atravesado.

5. Para eso estás oculto en los altares Tras las imágenes del pan y el vino; Para eso viertes de tu pecho abierto Sangre de salvación para tus hijos.

6. Que con honores públicos te ensalcen Los que tienen poder sobre la tierra; Que el maestro y el juez te rindan culto, Y que el arte y la ley no te desmientan.

7. Que las insignias de los reyes todos Te sean para siempre dedicadas, Y que estén sometidos a tu cetro Los ciudadanos todos de la patria.

8. Glorificado seas, Jesucristo, Que repartes los cetros de la tierra; Y que contigo y con tu eterno Padre Glorificado el Paráclito sea. Amén

CONSAGRACIÓN A CRISTO REY


Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar; vuestros somos y vuestros queremos ser y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamentenos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Sacratísimo.

Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y de miseria.

Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.

Mirad, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida, la sangre que un día contra sí reclamaron.

Conceded, oh Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz:

¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud, a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos!
Amén.
S.S. León XIII

30 de octubre de 2010

LETANÍAS A JESUCRISTO REY


-Señor, ten misericordia de nosotros,
-Cristo, ten misericordia de nosotros,
-Señor, ten misericordia de nosotros,
-Cristo óyenos,
-Cristo escúchanos,

-Dios, Padre celestial, Ten misericordia de nosotros
-Dios Hijo, Redentor del mundo,
-Dios Espíritu Santo,
-Trinidad santa, un solo Dios,

-Jesús, Rey, verdadero Dios y verdadero hombre, Ten piedad de nosotros
-Jesús, Rey de los cielos y de la tierra,
-Jesús, Rey de los ángeles,
-Jesús, Rey de los apóstoles,
-Jesús, Rey de los mártires,
-Jesús, Rey de los confesores,
-Jesús, Rey de los vírgenes,
-Jesús, Rey de todos los santos,
-Jesús, Rey de la santa Iglesia,
-Jesús, Rey de los sacerdotes,
-Jesús, Rey de los reyes,
-Jesús, Rey de las naciones,
-Jesús, Rey de nuestros corazones,
-Jesús, Rey y esposo de nuestras almas,
-Jesús, Rey, Salvador y Redentor nuestro,
-Jesús, Rey, y Dios nuestro,
-Jesús, Rey y Maestro nuestro,
-Jesús, Rey y Pontífice nuestro,
-Jesús, Rey y Juez nuestro,
-Jesús, Rey de gracia y santidad,
-Jesús, Rey de amor y justicia,
-Jesús, Rey de vida y de paz,
-Jesús, Rey de la verdad y de la sabiduría,
-Jesús, Rey del universo,
-Jesús, Rey de la gloria,
-Jesús, Rey Altísimo,
-Jesús, Rey Todopoderoso,
-Jesús, Rey invencible,
-Jesús, Rey sapientísimo,
-Jesús, Rey benevolentísimo,
-Jesús, Rey pacientísimo
-Jesús, Rey flagelado,
-Jesús, Rey coronado de espinas,
-Jesús, Rey crucificado,
-Jesús, Rey gloriosamente resucitado,
-Jesús, Rey de amor en el Santísimo Sacramento,
-Jesús, Rey nuestro amantísimo,

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Escúchanos Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Ten misericordia de nosotros.
V. Bendecid vuestro pueblo, oh Jesús Rey; gobernadnos y protegednos.
R. Vivid y reinad en nuestros corazones y en los corazones de todos los hombres.
Oración.
Omnipotente y sempiterno Dios, que en vuestro amado Hijo, Rey del universo, resolvisteis renovar todas las cosas, conceded benignamente que todos los hombres pecadores se sujeten a su suave yugo y dominio, quien vive y reina con Vos por los siglos de los siglos. Amén.

FUERA DE CRISTO NO HAY QUE BUSCAR LA SALVACIÓN EN NINGÚN OTRO


CARÁCTER DE LA REALEZA DE CRISTO

a) Triple potestad

Viniendo ahora a explicar la fuerza y naturaleza de este principado y soberanía de Jesucristo, indicaremos brevemente que contiene una triple potestad, sin la cual apenas se concibe un verdadero y propio principado. Los testimonios, aducidos de las Sagradas Escrituras, acerca del imperio universal de nuestro Redentor, prueban más que suficientemente cuanto hemos dicho; y es dogma, además, de fe católica, que Jesucristo fue dado a los hombres como Redentor, en quien deben confiar, y como legislador a quien deben obedecer. Los santos Evangelios no sólo narran que Cristo legisló, sino que nos lo presentan legislando. En diferentes circunstancias y con diversas expresiones dice el Divino Maestro que quienes guarden sus preceptos demostrarán que le aman y permanecerán en su caridad. El mismo Jesús, al responder a los judíos, que le acusaban de haber violado el sábado con la maravillosa curación del paralítico, afirma que el Padre le había dado la potestad judicial, porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo el poder de juzgar se lo dio al Hijo. En lo cual se comprende también su derecho de premiar y castigar a los hombres, aun durante su vida mortal, porque esto no puede separarse de una forma de juicio. Además, debe atribuirse a Jesucristo la potestad llamada ejecutiva, puesto que es necesario que todos obedezcan a su mandato, potestad que a los rebeldes inflige castigos, a los que nadie puede sustraerse.

b) Campo de la realeza de Cristo

a) En Lo espiritual
Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran evidentísimamente, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalrnente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efeeto, en varias ocasiones, cuando los judíos, y aun los mismos apóstoles, imaginaron erróneamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo y restablecería el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó esta vana imaginación y esperanza. Asimisrno, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiración, le rodeaba, El rehusó tal títuto de honor huyendo y escondiéndose en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador romano manifestó que su reino no era de este mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con tales caracteres, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior. Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus súbditos no sólo que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino también que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz. Habiendo Cristo, como Redentor, rescatado a la Iglesia con su Sangre y ofreciéndose a sí mismo, como Sacerdote y como Víctima, por los pecados del mundo, ofrecimiento que se renueva cada día perpetuamente, ¿quién no ve que la dignidad real del Salvador se reviste y participa de la naturaleza espiritual de ambos oficios?

b) En lo temporal
Por otra parte, erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confiríó un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo de ello, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, y así como entonces despreció la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.
Acerca de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que da los celestiales. Por tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor, como lo afirman estas palabras de nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII, las cuales hacemos con gusto nuestras: El imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano.

c) En los individuos y en la sociedad

El es, en efecto, la fuente del bien público y privado. Fuera de El no hay que buscar la salvación en ningún otro; pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos.
El es sólo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, así a los individuos como a las naciones: porque la felicidad de la nación no procede de distinta fuente que la felicidad de los ciudadanos, pues la nación no es otra cosa que el conjunto concorde de ciudadanos. No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo si quieren conservar incólume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria. Lo que al comenzar nuestro pontificado escribíamos sobre el gran menoscabo que padecen la autoridad y el poder legítimos, no es menos oportuno y necesario en los presentes tiempos, a saber: «Desterrados Dios y Jesucristo —lamentábamos— de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que... hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad privada de todo apoyo y fundamento sólido».
En cambio, si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Señor, así como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los súbditos. Por eso el apóstol San Pablo, aunque ordenó a las casadas y a los siervos que reverenciasen a Cristo en la persona de sus maridos y señores, mas también les advirtió que no obedeciesen a éstos como a simples hombres, sino sólo como a representantes de Cristo, porque es indigno de hombres redimidos por Cristo servir a otros hombres: Rescatados habéis sido a gran costa; no queráis haceros siervos de los hombres.

Y si los príncípes y los gobernantes legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, más que por derecho propio por mandato y en representación del Rey divino, a nadie se le ocultará cuán santa y sabiamente habrán de usar de su autoridad y cuán gran cuenta deberán tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores. De aquí se seguirá, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedición; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las demás autoridades públicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusará obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.
En lo que se refiere a la concordia y a la paz, es evidente que, cuanto más vasto es el reino y con mayor amplitud abraza al género humano, tanto más se arraiga en la conciencia de los hombres el vínculo de fraternidad que los une. Esta convicción, así como aleja y disipa los conflictos frecuentes, así también endulza y disminuye sus amarguras. Y si el reino de Cristo abrazase de hecho a todos los hombres, como los abraza de derecho, ¿por qué no habríamos de esperar aquella paz que el Rey pacífico trajo a la tierra, aquel Rey que vino para reconciliar todas las cosas; que no vino a que le sirviesen, sino a servir; que siendo el Señor de todos, se hizo a sí mismo ejemplo de humildad y estableció como ley principal esta virtud, unida con el mandato de la caridad; que, finalmente dijo: Mi yugo es suave y mi carga es ligera.
¡Oh, qué felicidad podríamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente —diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor León XIII dirigió hace veinticinco años a todos los obispos del orbe católico—, entonces se podrán curar tantas heridas, todo derecho recobrará su vigor antiguo, volverán los bienes de la paz, caerán de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.
* De la Encíclica Quas Primas del Papa Pío XI

JESUCRISTO, SOBERANO SEÑOR Y REY DE LOS REYES

LA REALEZA DE CRISTO

Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino; porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

a) En el Antiguo Testamento

Que Cristo es Rey, lo dicen a cada paso las Sagradas Escrituras.
Así, le llaman el dominador que ha de nacer de la estirpe de Jacob; el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra. El salmo nupcial, donde bajo la imagen y representación de un Rey muy opulento y muy poderoso se celebraba al que había de ser verdadero Rey de Israel, contiene estas frases: El trono tuyo, ¡oh Dios!, permanece por los siglos de los siglos; el cetro de su reino es cetro de rectitud. Y omitiendo otros muchos textos semejantes, en otro lugar, como para dibujar mejor los caracteres de Cristo, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz... y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra.

A este testimonio se añaden otros, aún más copiosos, de los profetas, y principalmente el conocidísimo de Isaías: Nos ha nacido un Párvulo y se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado; y tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Príncipe de Paz. Su imperio será amplificado y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la justicia desde ahora y para siempre. Lo mismo que Isaías vaticinan los demás profetas. Así Jeremías, cuando predice que de la estirpe de David nacerá el vástago justo, que cual hijo de David reinará como Rey y será sabio y juzgará en la tierra. Así Daniel, al anunciar que el Dios del cielo fundará un reino, el cual no será jamás destruido..., permanecerá eternamente; y poco después añade: Yo estaba observando durante la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo un personaje que parecía el Hijo del Hombre; quien se adelantó hacia el Anciano de muchos días y le presentaron ante El. Y diole éste la potestad, el honor y el reino: Y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: la potestad suya es potestad eterna, que no le será quitada, y su reino es indestructible. Aquellas palabras de Zacarías donde predice al Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino, había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas, ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

b) En el Nuevo Testamento

Por otra parte, esta misma doctrina sobre Cristo Rey que hemos entresacado de los libros del Antiguo Testamento, tan lejos está de faltar en los del Nuevo que, por lo contrario, se halla magnífica y luminosamente confirmada.
En este punto, y pasando por alto el mensaje del arcángel, por el cual fue advertida la Virgen que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David su padre y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin, es el mismo Cristo el que da testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey y públicamente confirmó que es Rey, y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Con las cuales palabras, ¿qué otra cosa se significa sino la grandeza de su poder y la extensión infinita de su reino? Por lo tanto, no es de maravillar que San Juan le llame Príncipe de los reyes de la tierra, y que El mismo, conforme a la visión apocalíptica, lleve escrito en su vestido y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de los que dominan. Puesto que el Padre constituyó a Cristo heredero universal de todas las cosas, menester es que reine Cristo hasta que, al fin de los siglos, ponga bajo los pies del trono de Dios a todos sus enemigos.

c) En la Liturgia

De esta doctrina común a los Sagrados Libros, se siguió necesariamente que la Iglesia, reino de Cristo sobre la tierra, destinada a extenderse a todos los hombres y a todas las naciones, celebrase y glorificase con multiplicadas muestras de veneración, durante el ciclo anual de la liturgia, a su Autor y Fundador como a Soberano Señor y Rey de los reyes.
Y así como en la antigua salmodia y en los antiguos Sacramentarios usó de estos títulos honoríficos que con maravillosa variedad de palabra expresan el mismo concepto, así también los emplea actualmente en los diarios actos de oración y culto a la Divina Majestad y en el Santo Sacrificio de la Misa. En esta perpetua alabanza a Cristo Rey descúbrese fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que la ley de la oración constituye la ley de la creencia.

d) Fundada en la unión hipostática

Para mostrar ahora en qué consiste el fundamento de esta dignidad y de este poder de Jesucristo, he aquí lo que escribe muy bien San Cirilo de Alejandría: Posee Cristo soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza. Es decir, que la soberanía o principado de Cristo se funda en la maravillosa unión llamada hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado en cuanto Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además, los unos y los otros están sujetos a su imperio y le deben obedecer también en cuanto hombre; de manera que por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas.

e) Y en la redención

Pero, además, ¿qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero Inmaculado y sin tacha. No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande; hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo.
* De la Encíclica Quas primas del Papa Pío XI

29 de octubre de 2010

Calendario litúrigico de la forma extraordinaria del Rito Romano



NOVIEMBRE


LUNES 1. Fiesta de Todos los Santos. (I clase, blanco). Fiesta de precepto. Gloria y Credo. Prefacio común o el prefacio del apéndice "De Sanctis et Patronis".

MARTES 2. Conmemoración de todos los fieles difuntos (I clase, negro). Prefacio de difuntos.
Cada sacerdote puede celebrar tres misas; pero solo puede recibir un estipendio. Oficio de difuntos.En la misa de difuntos:


  • 1) se omite el salmo Judica me Deus,

  • 2) Se omite el Gloria Patri del Introito,

  • 3)Se omite la bendición antes del Evangelio,

  • 4) Al Agnus Dei se contesta: dona eis réquiem,

  • 5) en vez de Ite missa est se dice Requiescant in pace y se omite la bendición,

  • 6) si hay responso solemne a continuación, se omite el último evangelio;

  • 7) la secuencia ha de decirse en la misa principal, a falta de esta, en la primera misa.

  • 8) si un sacerdote celebra las 3 misas, ha de utilizar para cada una de ella los formularios previstos en el misal.

  • 9) En el altar no debe haber flores y el órgano solo se permite para sotener el canto.

  • Pueden lucrar INDULGANCIA PLENARIA, aplicable sólo a los difuntos, todos aquellos que con las condiciones acostumbradas (confesión, comunión, oración por el Papa) recen por los difuntos y visiten una iglesia o el cementerio. Para más detalle ver las rúbricas del misal 390-404.

MIERCOLES 3. Feria (IV clase. verde) Misa del domingo XXII despues de Pentecostés, sin Gloria ni Credo. Prefacio común. Se puede decir misa de difuntos como también cualquier otra votiva. En algunos lugares, San Martín de Porres.


JUEVES 4. San Carlos Borromeo, obispo y confesor. (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común. 2ª oración de la Conmemoración de San Vital y San Agrícola. Se puede celebrar hoy misa votiva (III clase) de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, donde se realice algún acto por la santificación del Clero. Gloria sin Credo.


VIERNES 5. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo XXII después de Pentecostés. Sin Gloria ni Credo. Prefacio de común. Se pueden decir misas de réquiem. En algunas diócesis se celebra la Fiesta de las Reliquias de los Santos. Primer Viernes de mes. Se puede celebrar hoy misa votiva (III clase) del Sagrado Corazón de Jesús, donde se realice algún acto en su honor. Gloria sin Credo.


SABADO 6. Santa María en Sábado (IV clase, blanco) Gloria, Prefacio de la Virgen. En España, Santos Mártires del siglo XX (III clase, rojo) Gloria y Prefacio común. Misa del común de varios mártires. Primer sábado de mes: se puede celebrar misa votiva del Inmaculado Corazón de María (III clase, blanco)


VISITA DE S.S. BENEDICTO XVI A ESPAÑA


DOMINGO 7. XXIV DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES (5 domingo despues de Epifanía) (II clase, verde) Gloria, Prefacio de la Santísima Trinidad.


VISITA DE S.S. BENEDICTO XVI A ESPAÑA


LUNES 8. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo anterior, conmemoración de los Santos Coronados, mártires. Se permite cualquier misa votiva, así como misa de requiem.


MARTES 9. Dedicación de la Archibásilica del Salvador. (II clase, blanco) Gloria, Credo y Prefacio común . Conmemoración de San Teodoro, mártir.


MIERCOLES 10. San Andrés Avelino, confesor (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común. 2ª oración de la Conmemoración de los santos Trifón, Respicio y Ninfa, mártires. En algunas diócesis, Nuestra Señora de la Almudena.


JUEVES 11. San Martín, obispo y confesor (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común. 2ª oración de la Conmemoración de San Menas.


VIERNES 12. San Martín I, papa y mártir (III clase, rojo) Gloria y Prefacio común.


SABADO 13. San Diego, confesor (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común


DOMINGO 14. XXV DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS (II clase, verde) Gloria y Credo. Prefacio de la Trinidad. Este domino es el VI domingo después de la Epifanía transferido.
DIA DE LA IGLESIA DIOCESANA


LUNES 15. San Alberto Magno (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.


MARTES 16. Santa Gertrudis, virgen (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común.


MIERCOLES 17. San Gregorio Taumaturgo, obispo y confesor (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común


JUEVES 18. Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común.


VIERNES 19. Santa Isabel de Hungría, duquesa y viuda. (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común. 2ª oración de la conmemoración de San Ponciano


SABADO 20. San Félix de Valois, confesor (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común.


DOMINGO 21. XVI Y ÚLTIMO DOMINGO DESPUES DE PONTECOSTÉS. (II clase, verde) Gloria y Credo. Prefacio de la Trinidad. Se omite la fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen


LUNES 22. Santa Cecilia, virgen y mártir (III clase, rojo) Gloria y prefacio común.


MARTES 23. San Clemente, papa y mártir (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común. Conmemoración de Santa Felicidad.


MIERCOLES 24. San Juan de la Cruz, confesor y doctor (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común. 2ª oración de la Conmemoración de San Crisógono, mártir.


JUEVES 25. Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir (III clase, rojo) Gloria y Prefacio común.


VIERNES 26. San Silvestre, abad. (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común. 2ª oración de la Conmemoración de San Pedro de Alejandría, mártir.


SÁBADO 27. Santa María en sábado (IV clase, blanco) Gloria y prefacio de la Virgen "et in veneratione". En algunas diócesis y congregaciones, fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.


TERMINA EL AÑO LITÚRGICO
NUEVO AÑO LITÚRGICO 2009-2010


ADVIENTO




  • Los domingos son de I clase. No se dice Gloria. No se admite Comemoración ni Solemnidad, ni Fiesta. Las Fiestas (I clase) que ocurriesen en domingo son trasladadas al lunes con la conmemoración de la feria.

  • Las ferias del adviento son de III clase y a partir de 17 de diciembre son de II clase. La misa ferial es del domingo sin aleluya. Las ferias de adviento no admiten misas votivas de IV clase.

  • En las Fiestas de III clase se ha de conmemorar la feria de adviento, cuyas oraciones son las del domingo.

  • Prefacio de Adviento. Debe ser usado en todas las misas del tiempo así como aquellas donde no hay propio. Se encuentran como suplementos en la edición de 1962. En su defecto, Prefacio común para las ferias y prefacio de la Trinidad para los domingos.

  • El uso del organo sólo se permite para sostener el canto y no debe haber adorno floral.


DOMINGO 28. DOMINGO I DE ADVIENTO (I clase, morado) Misa sin Gloria, pero sí Credo.


LUNES 29. Feria (III clase, morado) Misa del I domingo de Adviento.


MARTES 30. San Andrés, Apóstol (II clase, rojo) Gloria, Credo y Prefacio de los Apóstoles. Hoy comienza la novena preparatoria a la Fiesta de la Inmaculada Concepción de María.

28 de octubre de 2010

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE LA MADRE MARÍA ELVIRA DE LA SANTA CRUZ

María Elvira nació el 29 de octubre del año 1965 en la ciudad de Pontevedra. Hoy se cumple, por lo tanto, el 45 aniversario de su nacimiento.

Su paso por esta tierra fue más bien corto, pues el Señor la llamó a su presencia el 19 de marzo de 2006 cuando contaba 40 años de edad. Sin embargo, su vida fue muy intensa. Cuantos compartimos con ella un trecho largo de su camino podemos testimoniar como en nuestra Hermana se hizo realidad concreta la Palabra revelada:

"El justo, aunque muera prematuarmente, tendrá el descanso. Vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el número de los años; que las canas del hombre son la prudencia; la edad avanzada, una vida sin tacha. Agradó a Dios, y Dios lo amó; vivía entre pecadores, y Dios se lo llevó; lo arrebató para que la malicia no pervirtiera su conciencia, para que la perfidia no sedujera su alma.

La fascinación del vicio oscurece lo bueno, el vértigo de la pasión pervierte una mente sin malicia. Madurando en pocos años, llenó mucho tiempo. Como su alma era agradable a Dios, lo sacó aprisa de en medio de la maldad. Lo vieron las gentes, pero no lo entendieron, no reflexionaron sobre ello; la gracia y la misericordia son para los elegidos del Señor, y la visitación para sus santos" (Sab. 4, 7-15)


María Elvira vivió totalmente orientada hacia Dios. En su mente un objetivo claro hacia el que dirigía con tesón su voluntad, siempre apoyada y confiada en la gracia: alcanzar la santidad. En su alma un fuego devorador hacia sus tres "amores": La Divina Eucaristía, el Corazón Inmaculado de María, la Iglesia. En su corazón una aspiración dominante: "vivir asociada a Cristo Crucificado". Todo ello en un espíritu de sencillez y frescura evangélica: siguiendo el camino de infancia espiritual enseñado por Teresita de Lisieux.

Su físico débil y sufriente escondía la realidad de un alma grande, fuerte, mortificada, servicial y entregada hasta el heroísmo. El secreto de semejante fortaleza interior se nos desvela en los escritos que nos ha dejado y que redactó tan sólo por obediencia:


- "El aceite que necesito para que mi lámpara arda día y noche sin consumirse, lo encuentro en los sacramentos, en la Penitencia, en la Eucaristía. Ellos me ayudan a sentirme abrasada en el fuego del amor divino que es Jesucristo".


- "María, que a imitación tuya esté siempre dispuesta a decir: "Fiat","hágase siempre tu santa voluntad".

- "Tengo una batalla interior que librar mientras la Verdad, dentro y fuera de mí, no grite: ¡Sólo Dios basta!".


Su amor a la Eucaristía la animaba a hacer de la Santa Misa el centro de su vida, momento privilegiado en su jornada diaria para ofrecerse a sí misma juntamente con Cristo Sacerdote a través de las manos maternales de la Virgen Corredentora. ¡Cuánto gustaba el estarse prolongadamente en adoración ante el Santísimo Sacramento.

Su amor tierno y filial y su profunda confianza en el Corazón Inmaculado de María, le llevará a exclamar: "¡Mi vivir es María!". La Madre Inmaculada será su permanente Modelo de entrega a Cristo.

Y su amor profundo a la Iglesia, lejos de cualquier espiritualismo estéril, se concretará en la ofrenda diaria de su vida por el Papa, por la santificación de los sacerdotes, por el aumento de las vocaciones y por la extensión de reino de Cristo entre los niños, los jóvenes y las familias. Por ello, fue Cofundadora de las Misioneras de la Fraternidad de cuyo carisma brota el compromiso de vivir enteramente consagradas al servicio de la Santa Iglesia y a la Salvación de las almas. La culminación de esta oblación llevará a la Madre María Elvira a ofrecer su vida por la santificación de los sacerdotes. Y el Señor tomó su vida, aceptó su ofrenda y la llamó a su presencia precisamente en la Fiesta de San José, Patrono y Guardián de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina. Su alma volaba al encuentro con el Esposo a la misma hora que en la Iglesia Catedral de su diócesis estaban siendo ordenados nuevos sacerdotes.

Sus Hermanos la recordamos todos los días, aunque hoy sea un día especial por el aniversario de su nacimiento. Sentimos que está a nuestro lado, entre nosotros, y que después del momento mismo de su partida comenzó para ella una labor aún más intensa y eficaz en orden al desarrollo y propagación de su familia religiosa.

ALGO HA CAMBIADO: CUATRO AÑOS CON MONSEÑOR GUIDO MARINI

Todos lo han observado, todos hablan, muchos lo escriben: pero, ¿qué cosas ha combinado en estos cuatro años el Monseñor genovés en la Liturgia Papal? ¿Ha restaurado? Ha renovado? ¿Ha alterado los planes del predecesor? Sin duda ha cerrado una época, con gran estilo. Ha eliminado las danzas, la simbología y el neutro gris. Ha restablecido el trono abandonado desde los tiempos de Pablo VI, desempolvado ornamentos antiguos y tesoros olvidados
Pero lo mejor ha sido seguramente poner el crucifijo al centro del Altar, y aún, la comunión sobre la lengua y de rodillas, todo según las directrices del verdadero director, el Papa Benedicto XVI auténtico conocedor de la Liturgia. Guido Marini se ha atrevido y probablemente se atreverá todavía más. Para revivir estos (casi) cuatro años de bella Liturgia Papal, he aquí algunas imágenes:











FUENTE: Sacrissolemniis.blogspot.com

27 de octubre de 2010

DEL PAPA CELESTINO VI A LOS HOMBRES

AL PUEBLO QUE SE LLAMA CRISTIANO
HERMANOS MÍOS:
HIJOS MÍOS:
No puedo seguir callando. Demasiado aguardé. El dolor infinito del mundo se acumula y fermenta en mi alma de padre y quiere que mi voz sea su voz. Si no habla el que representa a Cristo en la Tierra, ¿quién hablará?

Muchos hay que murmuran, susurran, gritan, discuten, razonan y deliran, pero en parte alguna oigo elevarse una voz, pronunciarse una palabra que resplandezca con una luz pura del espíritu, que mane esa sangre caliente que brota directamente del corazón.

Demasiado aguardé. El pensamiento de haberme demorado hasta hoy me hace enrojecer. El peso de la vejez, la angustia misma, los tropiezos de la prudencia demasiado humana, las rémoras de esa razón que en tiempos de apocalipsis es siempre estupidez a los ojos de Dios, el miedo a ser mal comprendido, no bastan para excusar mi demora.

He sufrido, y sufro, grandemente; la pasión atroz de los hombres me ha hecho y me hace padecer. Mis noches casi no saben qué es sueño; mis días han olvidado el hambre, mis labios ignoran la sonrisa. En el silencio de mi palacio he escuchado, estremeciéndome, los suspiros, los gemidos, los sollozos, las quejas, los estertores y hasta las blasfemias de todos los infelices martirizados, golpeados y moribundos por todas las tierras y todos los mares. Pero, ¿de qué sirven a los lacerados, a los amputados, a los despojados, a los envenenados, a los desesperados supervivientes, las cotidianas lágrimas de mi llanto solitario?

Toda la humanidad está trastornada, revuelta, disuelta, casi sepultada ya. ¿Y había de callar el virrey, aunque indigno, de Aquél que dio su sangre por liberarla? No soy ya más que un montón de articulados huesos, recubiertos de escasa carne y ajada piel; no tengo más patrimonio que un corazón sangrante, ni más armas que mi frágil báculo pastoral y mi voz, quebrantada por los años y los trabajos. Pero tengo la obligación de hablar, tengo el derecho a hablar y hablaré. Hablaré, sobre todo, a vosotros, los que os llamáis y creéis cristianos, pero hablaré también a todos los hombres, incluso a aquellos que no reconocen mi dignidad de Vicario de Cristo, incluso a aquellos que ignoran y niegan a nuestro Dios. Hablaré alto y fuerte, como el Padre me inspira, como el Hijo me enseña, como el Espíritu me ordena, como me fuerzan a hacerlo la caridad, la piedad, la ansiedad. Quisiera que mis palabras tuviesen la suavidad de la brisa mañanera en mayo, pero que tuviesen también, cuando fuera necesario, la potencia de los truenos nocturnos que revientan entre las murallas de los montes; quisiera que penetrasen en las almas como dulces gotas de resurrección, pero que quedasen grabadas en la memoria con caracteres de fuego.

Como hombre, no soy, lo sé, más que un hombre débil, entre otros hombres; unido a Dios seré un gigante capaz de hacer oír el toque de llamada se su pasión hasta en los últimos confines del planeta.

Bien sabéis, cristianos, cuál es hoy la amargura y el martirio de la familia humana.

Desde hace muchos años, nuestra especie está poseída por rabiosos accesos de furor suicida, con arrebatos alternados de loca destrucción y enfermiza desesperación. El hombre parece un titán fúlgido y mugiente envuelto en la túnica llameante del Centauro. Ha sufrido un inmenso y horrendo bautismo de sangre, pero ni siquiera este aluvión rojo ha podido apagar el fuego que le devora.

Guerras, revoluciones, derrotas, pestilencias, hambre de dominio, de matanza y de pan han diezmado a la Humanidad, sin conseguir curarla. Más de una vez, en el camino sangriento y cenagoso de la Historia, hubo hombres que creyeron oír el galopar de los caballos del Apocalipsis. Pero en momento alguno, creo yo, la boca del caballo de la Muerte estuvo tan cerca de pacer la hierba pálida crecida entre las ruinas. De los tres diluvios necesarios, sólo falta el último. El primero, del Padre, fue el castigo del agua; el segundo, del Hijo, fue de sangre purificadora; el tercero, del Espíritu Santo, será de fuego. Hemos visto ya descender del cielo el fuego, que todo lo derriba y consume; aguardamos ahora el fuego del espíritu, que todo lo salva y sublima. Pero, mientras dura la espera, la Humanidad no es más que una enferma aterrorizada y caprichosa, cubierta con las pústulas de la vergüenza, las úlceras de los horrores, la polvareda de las catástrofes, los cardenales de los suplicios y el abrigo, mal remendado de la discordia.

Millones de cadáveres se deshacen en la tierra grasa de los campos de batalla y en los visibles osarios de los valles submarinos; millones de muertos se pudren bajo los escombros o en fosas improvisadas; millones de víctimas del hambre, de las torturas, de los contagios, han descendido antes de tiempo a servir de alimento a los gusanos; millones de prisioneros están encerrados, como rebaños anónimos, en recintos de piedra y de hierro; millones de esclavos, lejanos de todo aquello que amaron, pagan con sus agotadas fuerzas el avaro pan extranjero; millones de fugitivos vagan todavía, humillados y acosados, en busca de un techo destruido y de la mesa que abandonaron; millones de huérfanos, de viudas, de padres y madres, esperan en vano a los que nunca volverán; millones de hambrientos libran cada día contra la muerte una batalla –no siempre victoriosa- que los envilece: millones de hombres de presa aprovechan el universal desorden para aumentar la miseria de los míseros y el terror de los aterrorizados; millones de mujeres se prostituyen o se envilecen en el suplicio de la indigencia o de la ausencia; millones de corazones pierden su temple o se petrifican bajo los golpes de la angustia y de la nostalgia; millones de almas están envenenadas por el rumiar del odio, por el lento desfilar de los rencores, por los impulsos de la venganza; millones de almas están sumidas en las tinieblas, en el extravío de la paz imposible; millones de almas han perdido o están perdiendo toda fe en la justicia de Dios y en la humanidad de los hombres.

A las guerras libradas por los ejércitos han sucedido las guerras de los rebeldes y los desesperados contra todo y contra todos, contra sí mismos y contra el Destino; las guerras civiles entre hijos de una misma patria; la guerra de facciones, de palabras, de acusaciones y amenazas.
Se ha disipado el humo de las batallas, pero es para descubrir mejor el lúgubre espectáculo de las ruinas; ha cedido la furia del fuego, pero aún se yerguen en el cielo los troncones que fueron mordidos por el incendio; calló ya el tañido del feroz exterminio, pero se oyen más fuertes las voces de la desolación, de la revuelta, de la locura.

Infinitas casas de los hombres se han convertido en pedregales y nidos de serpientes; riquezas infinitas han sido diseminadas, despilfarradas, robadas, destruidas; ciudades famosas y aldeas son ahora ruinas, cenizas y basura; las iglesias han quedado reducidas a montones de escombros o han sido convertidas en letrinas; las escuelas, en cárceles o en cuarteles; monumentos antes gloriosos son sólo mutiladas reliquias de una demolición bárbara. Un tercio, por lo menos, del género humano se encuentra hoy sin cobijo seguro y sin alimento suficiente, sin amor y sin honor, sin fuerza y sin esperanza.

En el orden material, las plagas, aunque innumerables y tremendas, casi no significan nada en comparación con las que se presentan en el orden del espíritu.

La fe en la Redención vacila incluso en los más intrépidos; las multitudes, olvidando los errores y los pecados de todos, se rebelan contra Dios, que permite tantas desgracias y golpea con tantos castigos; son muchos los que pierden toda caridad ya porque los asuste la suma inmensa de los males, porque los desconcierte la obstinada frigidez de los corazones o porque hiele el suyo la creciente ferocidad de los anónimos. La misma razón –orgullo supremo del hombre—arece vencida por delirios febriles, oscurecida por alucinaciones frenéticas. No ya las mentes, sino las vísceras inferiores, dictan las humanas palabras. Hablan, en casi todos, los borborigmos del vientre, los cólicos del hígado, los furores del útero, los hervores de la sangre.

Hablan solamente las pasiones y las ansias violentas de la carne, los intereses de clase y de casta, el espíritu de partido y de raza. El lenguaje pensado y ponderado se ha convertido en eructo de manías, escupitajo de resentimientos. Los hombres se unen solamente en las empresas de odio y en las gestas de la muerte. En todo lo demás están divididos, separados, y se sienten adversarios, enemigos: continente contra continente, fe contra fe, nación contra nación, tribu contra tribu, hombre contra hombre.

El freno de la conciencia y el dique de la ley han desparecido. Quien tiene fuerza para ello, roba; quien tiene armas, mata; quien está seguro de la impunidad, asalta y asesina. No hay más norma que el interés, ni más ídolo que el dinero, más moral que la de los lobos, más código que el de los buitres.
Incluso en nuestros países, los que se llaman cristianos, hace tiempo que no reina la doctrina del Evangelio, sino una doctrina diabólica que nadie ha osado exponer abiertamente en reglas y mandamientos, aun cuando todos la practiquen con arrogante docilidad. Esa religión oculta no se atreve a decir su nombre; sabed que se llama ahrimanismo. Tiene también, como la nuestra, una veneradísima trinidad: Moloc, Mammón y Príapo. Algunos añaden una cuarta persona, Belfagor, el demonio de la confusión intelectual.

No obstante su triunfo indiscutible, el ahrimanismo no da a sus fieles la felicidad. Por su mismo origen satánico, se resuelve en una paradoja que, a través del sarcasmo, culmina en tragedia.
Los hombres desean gozar y, para gozar más, se hacen la guerra, y las guerras, exteriores o intestinas, aumentan indeciblemente el sufrimiento.

Los hombres quieren enriquecerse y, con la esperanza de enriquecerse, se hacen la guerra y en la guerra destruyen las riquezas poseídas y se condenan a una miseria más dura.

Los hombres quieren dominar, y por el afán de un mayor dominio, se hacen la guerra, pero las necesidades de la guerra aumentan la esclavitud, ya grave, de todos los ciudadanos, la de los vencedores tanto como la de los vencidos.

Entonces dicen que quieren la paz, la paz para todos, la paz para siempre, pero los poderosos, para imponer esta paz, sólo saben armarse cada vez más, amenazar con nuevas y más horribles guerras.

Tal es la espantosa sinrazón del ahrimanismo, que encuentra mil confirmaciones en la historia de nuestros días. Los pueblos que querían comer mejor, se ven reducidos a padecer hambre; los pueblos que querían destacarse, quedan relegados en los últimos puestos; los pueblos que creen haber vencido, descubren que son menos libres, menos ricos, menos potentes que antes.

GIOVANNI PAPINI

PROGRAMA DEL VIAJE APOSTÓLICO A SANTIAGO Y BARCELONA


Sábado, 6 Noviembre 2010

Roma
8:30
Salida desde el Aeropuerto Internacional de Fiumicino hacia Santiago de Compostela


Santiago de Compostela
11:30
LLegada al Aeropuerto Internacional de Santiago de Compostela


Ceremonia de Bienvenida en el Aeropuerto Internacional de Santiago de Compostela
Alocución del Santo Padre

Encuentro privado con Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias en la "Sala de Autoridades" del Aeropuerto Internacional de Santiago de Compostela.

13:00
Visita a la Catedral de Santiago de Compostela
Saludo del Santo Padre

13:45
Comida con los Cardenales españoles, los Miembros del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española y el séquito papal en el Arzobispado de Santiago de Compostela.

16:30
Santa Misa con ocasión del Año Jubilar Compostelano en la Plaza del Obradoiro.
Homilía del Santo Padre

19:15
Salida del Aeropuerto Internacional de Santiago de Compostela hacia Barcelona.

Domingo, 7 Noviembre 2010
Barcelona

9:30
Encuentro Privado con Sus Majestades los Reyes de España en la Sala Museo de la iglesia de la Sagrada Familia.

10:00
Santa Misa y dedicación de la iglesia de la Sagrada Familia y del altar.
Homilía del Santo Padre

Recitación del Ángelus en la plaza de la iglesia de la Sagrada Familia.
Alocución del Santo Padre
13:00
Comida con los Cardenales y Obispos presentes y con el séquito papal en el Arzobispado de Barcelona.

16:30
Ceremonia de despedida del Arzobispado de Barcelona
17:15
Visita a la Obra Benéfico-Social Nen Déu
Saludo del Santo Padre

18:30
Ceremonia de despedida en el Aeropuerto Internacional de Barcelona
Alocución del Santo Padre.

19:15
Salida del Aeropuerto Internacional de Barcelona hacia Roma

Rome
20:55
Llegada al Aeropuerto de Ciampino

25 de octubre de 2010

ORDENACIÓN DE DIÁCONOS POR EL RITO TRADICIONAL

Monseñor Velasio de Paolis,Presidente de la Prefectura para los asuntos económicos de la Santa Sede y Delegado Apostólico para los Legionarios de Cristo, ordenó ayer a nueve diáconos de la Congregación de los Franciscanos de la Inmaculada.
La ordenación se hizo conforme al Rito Tradicional y tuvo lugar en la iglesia de San Francisco de Tarquinia, al norte de Roma.
Monseñor de Paolis recibirá el capelo cardenalicio en el próximo Consistorio.






* Fuentes: Orbis Catholicus y Messainlatino.it

MISA MENSUAL EN HONOR AL SANTO PADRE PÍO DE PIETRELCINA

Los días 23 de cada mes, la Comunidad de Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, en la iglesia del Salvador de Toledo, ofrecen la Santa Misa, conforme al uso extraordinario, en honor del Santo Padre Pío.
Este pasado sábado durante la homilía, el sacerdote celebrante presentó al Santo Padre Pío como modelo y maestro de oración, ilustrando con ejemplos tomados de la vida del santo capuchino esta dimensión absolutamente necesaria y fundamental en la vida de todo cristiano.
Al finalizar la Santa Misa se entonó el himno al Padre Pío y todos los asistentes pasaron a venerar la reliquia.







20 de octubre de 2010

EL COLEGIO CARDENALICIO

ASISTEN AL PAPA EN SU GOBIERNO COTIDIANO DE LA IGLESIA UNIVERSAL Y LA ELECCIÓN DEL NUEVO ROMANO PONTÍFICE
Los Cardenales
Históricamente, cuando la Iglesia tenía poder temporal, se les conocía con el apelativo de “príncipes de la Iglesia”. De hecho, después del título de Papa, el de mayor dignidad en la Iglesia católica es el de cardenal, que ya fue reconocido durante el pontificado de Silvestre I (314-335). El término viene de la palabra latina «cardo», que equivale a quicio, gozne sobre el cual gira una puerta o ventana. La creación de cardenales se lleva a cabo por decreto del obispo de Roma quien toma esta decisión en plena libertad. Los cardenales son conocidos también con el nombre de «purpurados», en referencia al color púrpura de la birreta que reciben del Papa en el consistorio. Birreta del color de la sangre, como dice el mismo rito de esa ceremonia, «para significar que deben estar dispuestos a portarse con fortaleza, hasta el derramamiento de la sangre, por el incremento de la fe cristiana, por la paz y la tranquilidad del Pueblo de Dios y por la libertad y la difusión de la Santa Iglesia Romana».
El Colegio de Cardenales
El Colegio de Cardenales de la Santa Iglesia Romana tiene su origen en el conjunto de los presbíteros y los diáconos de Roma, más los Obispos de las diócesis sufragáneas de Roma. Estas diócesis se denominan suburbicarias. El término de cardenal proviene, precisamente, del hecho de que estos clérigos estaban incardinados en la diócesis romana. Desde el primer momento el Romano Pontífice acudía a ellos como cuerpo consultivo. Desde el Papa Nicolás II en 1059 y gradualmente hasta 1438 con el Papa Eugenio IV, este título adquirió el prestigio que lo caracteriza hoy. El Colegio Cardenalicio fue instituido en su forma actual en 1150. Desde el siglo XII se incorporaron al Colegio Cardenalicio miembros residentes fuera de Roma. Sin embargo, como reminiscencia de los orígenes del Colegio, sus miembros se adscriben a uno de los Ordenes, como se verá más abajo. Actualmente el Colegio de Cardenales está regulado en el capítulo III de la sección I, Parte II, del libro II, del Código de Derecho Canónico en lon los cánones 349 a 359: «Los Cardenales de la Santa Iglesia Romana constituyen un Colegio especial cuya responsabilidad es proveer a la elección del Romano Pontífice, de acuerdo con la norma del derecho peculiar; también los Cardenales asisten al Romano Pontífice, colegialmente --cuando son convocados para tratar juntos cuestiones de más importancia--, o personalmente, mediante las distintas funciones que desempeñan, ayudando sobre todo al Papa en su gobierno cotidiano de la Iglesia universal». Durante el período de «sede vacante» --de la Sede Apostólica-- el Colegio Cardenalicio desempeña una importante función en el gobierno general de la Iglesia y, tras los Pactos Lateranenses de 1929, también el gobierno de la Ciudad del Vaticano. Cuenta con un decano y un camarlengo, que administra los bienes de la Iglesia cuando la Sede de Pedro está vacante. Los requisitos para ser elegidos cardenales son, más o menos, los mismos que estableció el Concilio de Trento en su sesión XXIV del 11 de noviembre de 1563: hombres que han recibido la ordenación sacerdotal y se distinguen por su doctrina, piedad y prudencia en el desempeño de sus deberes. Los elegidos que todavía no son obispos deben recibir la consagración episcopal, según estableció Juan XXIII. La función del Colegio de Cardenales es la de ayudar colegialmente al Papa en el gobierno de la Iglesia. Para ello, se establece dos tipos de reuniones: el Consistorio ordinario y el Consistorio extraordinario. Si el Consistorio ordinario reúne ciertas solemnidades, se llama público, y se convoca además a otras autoridades, como ciertos Prelados, representantes diplomáticos u otros invitados. El Papa convoca estos consistorios para hacer alguna consulta sobre cuestiones importantes o para dar solemnidad especial a algunas celebraciones. En la práctica, hasta el momento, el colegio cardenalicio, en sede plena, sólo se reúne para los Consistorios en que se crean nuevos Cardenales, y en los que se aprueba la canonización de nuevo santos. Al consistorio extraordinario son llamados todos los cardenales y se celebra cuando lo requieren algunas necesidades especiales de la Iglesia o asuntos de mayor gravedad.
A los cardenales se les da el tratamiento de «eminencia».
La más conocida de las funciones del Colegio de Cardenales, sin embargo, no está regulada por el Código de Derecho Canónico. Como es conocido, al Colegio de Cardenales le corresponde la elección del Papa, cada vez que se produce la vacante de la Sede Romana. Actualmente se regula por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, de 22 de febrero de 1996. Los Cardenales se reúnen en cónclave para proceder a la elección del nuevo Romano Pontífice. Al cónclave tienen derecho a asistir todos los Cardenales que no hayan cumplido 80 años en el momento de producirse la vacante.El Colegio Cardenalicio está estructurado en tres órdenes: el episcopal, el presbiteral y el diaconal. Los órdenes siguen la tradición de incardinación en la diócesis de Roma. La adscripción a un orden la hace el Papa. Tal adscripción a un orden no significa que el sujeto sea diácono o presbítero: el canon 351 § 1 prescribe que los promovidos a Cardenal que no sean Obispos, deben recibir la consagración episcopal. Al orden episcopal pertenecen los Cardenales a los que se les asigna una de las Iglesias suburbicarias, o diócesis sufragáneas de Roma. Estas diócesis son Ostia, Albano, Frascati, Palestrina, Porto y Santa Rufina, Sabina y Poggio Mirteto, y Velletri. Los Cardenales del Orden presbiteral reciben un título, o Iglesia de la ciudad de Roma. A este orden pertenecen los Cardenales que son obispos diocesanos, y otros cardenales. Por fin, al orden de los diáconos pertenecen siete cardenales, que no son Obispos diocesanos. Los cardenales, por lo demás, no asumen ninguna función en la diócesis, o iglesia titular, que se les asigna: es más, casi todas las diócesis suburbicarias en la actualidad no existen, tienen la categoría de diócesis titulares. Sin embargo, forma parte de sus obligaciones las de tomar posesión de la diócesis o título.En el Colegio hay un Decano y un Vicedecano. Su designación está regulada en el Código de Derecho Canónico (canon 352). Otro cargo que se debe mencionar es el de Cardenal Protodiácono, que es el más antiguo del orden de los diáconos. Tiene como función propia anunciar al pueblo el nombre del nuevo Romano Pontífice, mediante la conocida fórmula: “Annuntio vobis gaudium magnum, habemus Papam, Emminentissimum ac Reverendissimum Dominum Dominum NN, qui sibi nomen imposuit NN.”Durante el período de «sede vacante» --de la Sede Apostólica-- el Colegio Cardenalicio desempeña una importante función en el gobierno general de la Iglesia y, tras los Pactos Lateranenses de 1929, también el gobierno de la Ciudad del Vaticano. Cuenta con un decano y un camarlengo, que administra los bienes de la Iglesia cuando la Sede de Pedro está vacante. El Cardenal Decano asume el título de Ostia, además del título episcopal que tenía. Pertenecen también al orden episcopal los Patriarcas de rito oriental promovidos al cardenalato, los cuales conservan como título cardenalicio el de la sede patriarcal a la que pertenecen. Los demás Cardenales pertenecen al Orden de los presbíteros o de los diáconos. La Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, en su art. 33 establece el número máximo de Cardenales electores, es decir, menores de 80 años, en 120. Puede haber más Cardenales, que hayan superado esa edad.Hasta el momento, y en atención a la principal función que debe representar el Colegio de Cardenales, que es la de elegir al Romano Pontífice, el Papa creó Cardenales a Obispos, menores de 80 años, procedentes de todo el mundo. En la práctica el Papa Juan Pablo II introdujo la novedad de designar Cardenales a insignes presbíteros mayores de 80 años. Estos presbíteros no han sido elevados al episcopado con su designación, ni tienen -por razón de su edad-derecho a participar en el cónclave. Además, Juan Pablo II, en la dos últimas designaciones de cardenales superó el número de 120 Cardenales electores.

*Autor: Pedro María Reyes Vizcaino Fuente: Catholic.net

EL PAPA ANUNCIA LA CREACIÓN DE NUEVOS CARDENALES Y CONSISTORIO DEL 19 AL 21 DE NOVIEMBRE

24 nuevos cardenales, 10 son italianos, de los cuales 8 electores (los mayores de ochenta años no tienen derecho a voto), dos alemanes, un polaco, un suizo, un español (no elector), cuatro africanos, entre ellos el Patriarca de Egipto, dos americanos, un brasileño y un ecuatoriano, uno de Sri Lanka.
Los miembros de la Curia Romana son:
Angelo Amato
Fortunato Baldelli
Raymond Leo Burke
Velasio De Paolis
Francesco Monterisi
Kurt Koch
Gianfranco Ravasi
Paolo Sardi
Robert Sarah
Mauro Piacenza.
Arzobispos Residenciales:
Antonio Naguib, Patriarca de Alejandriaa de los Coptos (Egipto);
Paolo Romeo, arzobispo de Palermo;
Reinhrad Marx, arzobispo de Munich y Frisinga (Alemania);
Kazimierz Nycz, arzobispo de Varsovia (Polonia);
Donald William Wuerl, arzobispo deWashington (Usa);
Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa (Congo):
Medardo Joseph Mazombwe, arzobispo emérito de Lusaka (Zambia);
Albert Malcom Ranjith Patanbendige Don, arzobispo de Colombo (Sri Lanka);
Raul Eduardo Vela Chiriboga, arzobispo de Quito (Ecuador);
Raymundo Damasceno Assis, arzopispo de Aparecida (Brasile).
Con más de 80 años:
Elio Sgreccia (Italia),
Josè Manuel Estepa Llaurens (España)
Walter Brandmuller (Alemania)
Domenico Bartolucci (Italia).

16 de octubre de 2010

MONSEÑOR MUNILLA: MADRE CÁNDIDA MARÍA DE JESÚS, UNA "PERLA PRECIOSA"...



A partir del domingo 17 de octubre, el santoral incluye a la primera guipuzcoana que ha llegado a los altares. En total, son cinco los guipuzcoanos canonizados por la Iglesia, cuyas vidas han sido presentadas ante los católicos del mundo entero, para ser veneradas e imitadas: San Ignacio de Loyola (s. XVI), San Martín de la Ascensión (s. XVI), Santo Domingo Ibáñez de Erquicia (s. XVII), San Miguel de Aozaraza (s. XVII) y, a partir de ahora, también Santa Cándida María de Jesús, nacida en 1845 en el caserío de Berrospe, en Andoain.
Santa Cándida María de Jesús, popularmente conocida como la Madre Cándida, es fundadora de las Hijas de Jesús o “Jesuitinas”, una de las numerosas congregaciones religiosas femeninas que surgieron en el siglo XIX, dando respuesta a las carencias y deficiencias existentes en la oferta educativa de aquel momento. Mucho se podría hablar de la gran aportación pedagógica realizada por la vida religiosa en el siglo XIX: normalización del acceso de la mujer a la enseñanza, integración de todas las clases sociales en la misma aula (cuando todavía las clases medias eran minoritarias), sistema de becas para las jóvenes de familias sin recursos, concepción integral de la educación cristiana, etc.
Pero entre todas las fundadoras de órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza en aquel siglo, la Madre Cándida llama especialmente la atención por un detalle: Hasta los 18 años de edad, prácticamente, no hablaba el castellano; e incluso, ¡todavía era analfabeta, cuando a los 24 años de edad, recibió la llamada de Dios para fundar una congregación religiosa dedicada a la educación! ¿Cómo es posible que una joven que no sabía leer ni escribir, pudiera ser elegida para semejante tarea? ¿Nos podemos imaginar la cara que pudo poner su confesor, el jesuita Miguel San José Herranz, al escuchar de labios de la joven semejante “inspiración”? ¿Qué pensaríamos nosotros de alguien que, sin tan siquiera tener el carnet de conducir, nos manifestase que pretende correr en la “Fórmula 1”?... Sin embargo, su director espiritual, conocedor de la “piedra preciosa” que Dios había puesto en sus manos, no la tomó por una fantasiosa, sino que comenzó por pedirle que se liberase dos horas al día de las labores domésticas que realizaba en una casa, para poder enseñarle a leer y a escribir. El propio P. Herranz S.J. tuvo que escuchar no pocos comentarios irónicos: “Pero, hombre, ¡quieres fundar una institución de enseñanza y eliges a una analfabeta!”.
He aquí la lógica de Dios, que ciertamente, no coincide con la nuestra… La santidad necesita de dos piernas para poder “andar”: la humildad y la confianza. “Santo” es aquél que no desea otra cosa que lo que Dios quiera, y en esa perfecta confianza y humildad, se sabe frágil y al mismo tiempo, invencible. Por ello, la Madre Cándida solía repetir con frecuencia: “Sola nada; pero con la gracia de Dios, lo puedo todo”. No es difícil llegar a la conclusión de que este estilo que tiene Dios de hacer las cosas, es una llamada a entender la santidad en la humildad: ¿Es que puede una pluma ufanarse de los versos que su dueño ha escrito con ella?
Llegados a este punto, podríamos seguir relatando cómo llegó a ser una realidad floreciente, aquello que en un primer momento parecía una locura; pero, tal vez, sea preferible retornar a los inicios de su vida, para descubrir así el secreto de esta alma de hierro, tan moldeable como la arcilla misma.
No parece que sea casualidad que las “Jesuitinas” hayan tenido a una guipuzcoana como fundadora: La propia Madre Candida contaba la anécdota de que a sus diez años, cuando pasaba ante la estatua de San Ignacio de Loyola, que sostiene en su mano los Ejercicios Espirituales, solía exclamar: “Santo mío, quiero hacer lo que dice ese libro”.
Quisiera concluir este artículo invitando a reflexionar sobre esa expresión de aquella niña: “¡Santo mío!”… Ciertamente, creo que uno de los dramas de nuestra cultura postmoderna es la carencia de raíces, tradiciones y modelos de referencia, sobre los que edificar los valores de nuestra vida. Sin embargo, cuando conocemos a alguien que consigue ir más lejos que el común de los mortales, nos percatamos de que parte de su secreto está en haberse encaramado sobre los hombros de quienes le han precedido.
Por ello resulta tan importante para todos nosotros la canonización de esta guipuzcoana, ¡nuestra primera santa! Nuestra Iglesia diocesana siente la alegría de haber dado a luz este modelo de santidad, para bien de todo el orbe católico. Pero también sentimos una gran responsabilidad al descubrir que somos herederos de su estela… ¿Quién cogerá su testigo y quién se alzará ahora sobre sus hombros?
+ Monseñor José Ignacio Munilla
Obispo de San Sebastián

MAÑANA SERÁ CANONIZADA LA BEATA MADRE CÁNDIDA MARÍA DE JESÚS


La Madre Cándida María de Jesús, cuyo nombre de seglar era Juana Josefa Cipitria y Barriola, nació en Andoain (Guipúzcoa) el 31 de Mayo de 1845 en una familia humilde. Siendo aún joven, dejó su tierra - Tolosa- para ir a trabajar a Burgos con el fin de colaborar en la economía familiar.
Dotada de una gran sensibilidad hacia los más necesitados, las situaciones de cuantos viven cerca no le son indiferentes. Por eso, incluso con el riesgo de quedarse sin trabajo, dirá “donde no hay sitio para los pobres no hay sitio para mí”.
Su deseo de hacer lo que Dios quiere es el único motivo que mueve su vida. El 2 de Abril de 1869, en la iglesia de “El Rosarillo” en Valladolid, ante el altar de la Sagrada Familia le pide al Señor una vez más que le aclare cuál es su voluntad y Dios con mayor claridad le expresa su deseo: “Fundar una Congregación con el nombre de Hijas de Jesús, dedicada a la salvación de las almas, por medio de la educación e instrucción de la niñez y juventud”.
Será en Salamanca, el 8 de Diciembre de 1871, cuando con otras cinco mujeres comience su aventura, sólo con la confianza que da el saber que lo que emprende es “lo que Dios quiere”. De esta manera y con el nombre de Cándida María de Jesús, esta mujer de poca cultura y pocos medios materiales funda la Congregación de las Hijas de Jesús en una de las ciudades universitarias más importantes del siglo XIX.
La exclusión de la mujer y de las clases económicamente débiles de los ámbitos de la enseñanza mueven a la Madre Cándida a iniciar este camino. Y muy pronto lo que comenzó en Salamanca se extiende por toda la geografía española.
Más tarde, el 3 de Octubre de 1911 salen las primeras Hijas de Jesús para Brasil, haciendo realidad su sueño: “Al fin del mundo iría yo en busca de almas”.
El 9 de Agosto de 1912 muere en Salamanca la Madre Cándida, mujer sencilla y valiente que hizo de su vida una constante entrega a la voluntad de Dios. Juan Pablo II la declaró Beata el 12 de Mayo de 1996. Benedicto XVI la canonizará en Roma, mañana 17 de octubre.
ORACIÓN

Señor, Padre Nuestro, por intercesión
de la Madre Cándida María de Jesús, te pedimos
la FE para adherirnos a a Ti y comprometernos a
tu servicio.

Señor Jesucristo, Verbo del Padre, por intercesión
de la Madre Cándida María de Jesús,
te pedimos la ESPERANZA que nos ayude
a superar con alegría las dificultades de la VIDA.

Espíritu Santo, por intercesión
de la Madre Cándida María de Jesús, te pedimos
La CARIDAD, para entregarnos plenamente a Ti,
Y hacer que otros se entreguen a tu amor.

Santísima Trinidad, concédenos lo que te pedimos
por intercesión
de la Madre Cándida María de Jesús
y aumenta en nosotros la Fe, la Esperanza y la Caridad
que nos unen a Ti. Amén

CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre mía, atraído por la misericordia y la dulzura de tu Corazón Inmaculado, me consagro enteramente a Ti, pues quiero ser tuyo en el tiempo y en la eternidad.
Me abandono confiadamente en tus manos maternales para que Tú dirijas cada uno de mis pasos y me lleves hasta Jesús mi Salvador, fruto bendito de tu vientre.
Toma mi vida entera y haz que viva perfectamente unido a Tí, y por Tí a Jesús.
Que sea tu Corazón Inmaculado el que haga latir mi pobre corazón.
Que sea tu mente la que inspire y dirija todos mis pensamientos.
Que sea tu voluntad la que gobierne e impulse todas mis acciones.
Toma mi libertad, cuanto soy y cuanto tengo.
¡Soy todo tuyo, pues eres mi Madre!
¡Te pertenezco enteramente, pues eres mi Reina!
Como Madre Dulcísima y solícita, defiéndeme de los ataques del maligno enemigo, socórreme en los peligros, consuélame en las penas, levántame en mis caídas, fortaléceme en mis debilidades, sáname en mis enfermedades, anímame en mis cansancios y dame perseverancia en medio de las pruebas.
Como Reina benignísima, acéptame a tu servicio y adiéstrame para el combate.
Sea mi más preciado gozo el vivir consagrado a la extensión de tu reinado, para que así venga a nosotros el reinado de Jesús.
Sea mi verdadera recompensa y consuelo el morir luchando por el Triunfo de tu Inmaculado Corazón. Amén.
P. M.M.

LA INMACULADA, THEOTÓKOS, MATER ECCLESIAE

María es la Theotókos - una mujer es Madre de Dios-
Queridos hermanos y hermanas,
el 11 de octubre de 1962, hace treinta y ocho años, el papa Juan XXIII inauguraba el Concilio Vaticano II. Se celebraba entonces el 11 de octubre la fiesta de la Maternidad divina de María y, con este gesto, con esta fecha, el papa Juan quería confiar todo el Concilio a las manos maternales, al corazón maternal de Nuestra Señora. También nosotros comenzamos el 11 de octubre, también nosotros queremos confiar este Sínodo, con todos sus problemas, con todos sus desafíos, con todas sus esperanzas, al corazón maternal de Nuestra Señora, de la Madre de Dios.
Pío XI, en 1930, había introducido esta fiesta, mil seiscientos años después del Concilio de Éfeso, el cual había legitimado, para María, el título de Theotókos, Dei Genitrix. Es esta gran palabra Dei Genitrix, Theotókos, el Concilio de Éfeso había resumido toda la doctrina de Cristo, de María, toda la doctrina de la redención. Y así vale la pena reflexionar un poco, un momento, sobre lo que habla el Concilio de Éfeso, de lo que habla este día.
En realidad, Theotókos es un título audaz. Una mujer es Madre de Dios. Se podría decir: ¿cómo es posible? Dios es eterno, es el Creador. Nosotros somos criaturas, estamos en el tiempo: ¿cómo podrían una persona humana ser Madre de Dios, del Eterno, dado que nosotros estamos todos en el tiempo, somos todos criaturas? Por ello se entiende que había una fuerte oposición, en parte, contra esta palabra. Los nestorianos decían: se puede hablar de Christotókos, sí, pero de Theotókos no: Theós, Dios, está por encima de todos los acontecimientos de la historia. Pero el Concilio decidió esto, y precisamente así puso a la luz la aventura de Dios, la grandeza de cuanto hizo por nosotros. Dios no permaneció en sí mismo: salió d sí mismo, se unió de tal forma, tan radicalmente con este hombre, Jesús, que este hombre Jesús es Dios, y su hablamos de Él, podemos siempre también hablar de Dios. No nació solamente un hombre que tenía que ver con Dios, sino que en Él nació Dios sobre la tierra. Dios salió de sí mismo. Pero podemos también decir lo contrario: Dios nos atrajo en sí mismo, de modo que ya no estamos fuera de Dios, sino que estamos en su intimidad, en la intimidad del mismo Dios.

La Madre de Dios es Madre de la Iglesia
La filosofía aristotélica, lo sabemos bien, nos dice que entre Dios y el hombre existe sólo una relación no recíproca. El hombre se remite a Dios, pero Dios, el Eterno, es en sí, no cambia: no puede tener hoy esta y mañana otra relación. Está en sí, no tiene relación ad extra. Es una palabra muy lógica, pero es una palabra que nos hace desesperar: por tanto, Dios mismo no tiene relación conmigo. Con la Encarnación, con la llegada de la Theotókos, esto ha cambiado radicalmente, porque Dios nos ha atraído en sí mismo y Dios en sí mismo es relación y nos hace participar de su relación interior. Así estamos en su ser Padre, Hijo y Espíritu Santo, estamos dentro de su ser en relación. Estamos en relación con Él y Él realmente ha creado relación con nosotros. En ese momento, Dios quería nacer de una mujer y ser siempre sí mismo: éste es el gran acontecimiento. Y así podemos entender la profundidad del acto del Papa Juan, que confió la cumbre conciliar, sinodal, al misterio central, a la Madre de Dios que fue atraída por el Señor en Sí mismo, y así todos nosotros con Ella.
El Concilio comenzó con el icono de la Theotókos. Al final el Papa Pablo VI reconoció a la propia Virgen el título Mater Ecclesiae. Y estos dos iconos, que inician y concluyen el Concilio, están intrínsecamente unidos, son, al final, un solo icono, Porque Cristo no nació como un individuo entre los demás. Nació para crearse un cuerpo: nació – como dice Juan en el capítulo 12 de su Evangelio – para atraer a todos hacia sí y en sí. Nació – como dicen las cartas a los Colosenses y a los Efesios – para recapitular todo el mundo, nació como primogénito de muchos hermanos, nació para reunir el cosmos en sí, de forma que Él es la cabeza de un gran Cuerpo. Donde nace Cristo, comienza el movimiento de la recapitulación, comienza el momento de la llamada, de la construcción de su Cuerpo, de la santa Iglesia. La Madre de Theós, la Madre de Dios, es Madre de la Iglesia, porque es Madre de Aquel que vino para reunirnos a todos en su Cuerpo resucitado.


La mujer vestida de sol da a luz con gran dolor
San Lucas nos da a entender esto en el paralelismo entre el primer capítulo de su Evangelio y en el primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles, que repiten a dos niveles el mismo misterio. En el primer capítulo del Evangelio el Espíritu Santo viene sobre María y así da a luz y nos da al Hijo de Dios. En el primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles María está en el centro de los discípulos de Jesús que rezan todos juntos, implorando la nube del Espíritu Santo. Y así de la Iglesia creyente, con María en el centro, nace la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Este doble nacimiento es el único nacimiento del Christus totus, del Cristo que abraza al mundo y a todos nosotros.
Nacimiento en Belén, nacimiento en el Cenáculo. Nacimiento de Jesús niño, nacimiento del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia. Son dos acontecimientos o un único acontecimiento. Pero entre los dos están realmente la Cruz y la Resurrección. Y sólo a través de la Cruz pasa el camino hacia la totalidad del Cristo, hacia su Cuerpo resucitado, hacia la universalización de su ser en la unidad de la Iglesia. Y así, teniendo presente que sólo del grano caído en la tierra nace después la gran cosecha, del Señor atravesado en la Cruz viene la universalidad de sus discípulos reunidos en este Cuerpo suyo, muerto y resucitado.
Teniendo en cuenta este nexo entre Theotókos y Mater Ecclesiae, nuestra mirada va hacia el último libro de la Sagrada Escritura, el Apocalipsis, donde, en el capítulo 12, aparece precisamente esta síntesis. La mujer vestida de sol, con doce estrellas sobre la cabeza y la luna bajo sus pies, da a luz. Y da a luz con un grito de dolor, da a luz con gran dolor. Aquí el misterio mariano es el misterio de Belén extendido al misterio cósmico. Cristo nace siempre de nuevo en todas las generaciones y así asume, recoge a la humanidad en sí mismo. Y este nacimiento cósmico se realiza en el grito de la Cruz, en el dolor de la Pasión. Y a este grito de la Cruz pertenece la sangre de los mártires.

El grito de la Madre Iglesia hace caer las divinidades y así tansforma el mundo
Así, en este momento, podemos mirar el segundo Salmo de esta Hora Media, el Salmo 81, donde se ve una parte de este proceso. Dios está entre los dioses – aún se consideraban en Israel como dioses. En este Salmo, en una gran concentración, en una visión profética, se ve la pérdida de poder de esos dioses. Los que parecían dioses no son dioses y pierden el carácter divino, caen a tierra. Dii estis et moriemini sicut nomine (cfr Sal 81, 6-7): la pérdida de poder, la caída de las divinidades.
Este proceso que se realiza en el largo camino de la fe de Israel, y que se resume aquí en una visión única, es un verdadero proceso de la historia de las religiones: la caída de los dioses. Y así la transformación del mundo, el conocimiento del verdadero Dios, la pérdida de poder de las fuerzas que dominan la tierra, es un proceso de dolor. En la historia de Israel vemos como esta liberación del politeísmo, este reconocimiento - “sólo Él es Dios” - se realiza con muchos dolores, comenzando por el camino de Abraham, el exilio, los Macabeos, hasta Cristo. Y en la historia continua este proceso de pérdida de poder, del que habla el capítulo 12; habla de la caída de los ángeles, que no son ángeles, no son divinidades sobre la tierra. Y se realiza realmente, precisamente en el tiempo de la Iglesia naciente, donde vemos cómo con la sangre de los mártires pierden el poder las divinidades, comenzando por el emperador divino, de todas estas divinidades. Es la sangre de los mártires, el dolor, el grito de la Madre Iglesia que las hace caer y transforma así el mundo.

Deben caer estas divinidades
Esta caída no es sólo el conocimiento de que éstas no son Dios; es el proceso de transformación del mundo, que cuesta la sangre, cuesta el sufrimiento de los testigos de Cristo. Y, si miramos bien, vemos que este proceso nunca ha terminado. Se realiza en los diversos periodos de la historia de formas siempre nuevas; también hoy, en este momento, en el que Cristo, el único Hijo de Dios, debe nacer para el mundo con la caída de los dioses, con el dolor, el martirio de los testigos. Pensemos en las grandes potencias de la historia de hoy, pensemos en los capitales anónimos que esclavizan al hombre, que ya no son cosa del hombre, sino un poder anónimo al que sirven los hombres, por el que los hombres son atormentados e incluso asesinados. Son un poder destructivo, que amenaza al mundo. Y después el poder de las ideologías terroristas. Aparentemente en nombre de Dios se hace violencia, pero no es Dios: son divinidades falsas que deben ser desenmascaradas, que no son Dios. Y después la droga, este poder que como una bestia voraz extiende las manos sobre todos los lugares de la tierra y destruye: es una divinidad, pero una divinidad falsa, que debe caer. O también la forma de vivir propagada por la opinión pública: hoy se hace así, el matrimonio ya no cuenta, la castidad ya no es una virtud, etc.
Estas ideologías que dominan que se imponen con fuerza, son divinidades. Y en el dolor de los santos, en el dolor de los creyentes, de la Madre Iglesia de la cual somos parte, deben caer estas divinidades, debe realizarse cuanto dicen las Cartas a los Colosenses y a los Efesios: las dominaciones, los poderes, caen y se convierten en súbditos del único Señor Jesucristo. De esta lucha en la que estamos, de esta pérdida de poder de los dioses, de esta caída de los falsos dioses, que caen porque no son divinidades, sino poderes que destruyen el mundo, habla el Apocalipsis en el capítulo 12, también con una imagen misteriosa, para la cual, me parece, hay con todo distintas interpretaciones bellas. Se dice que el dragón pone un gran río de agua contra la mujer que huy para arrastrarla. Y parece inevitable que la mujer sea ahogada en este río. Pero la buena tierra absorbe este río y éste no puede hacer daño. Yo creo que el río es fácilmente interpretable: son estas corrientes que dominan a todos y que quieren hacer desaparecer la fe de la Iglesia, la cual ya no parece tener sitio ante la fuerza de estas corrientes que se imponen como la única racionalidad, como la única forma de vivir. Y la tierra que absorbe estas corrientes es la fe de los sencillos, que no se deja arrastrar por estos ríos y salva a la Madre y al Hijo. Por ello el Salmo dice – el primer salmo de la Hora Media – que la fe de los sencillos es la verdadera sabiduría (cfr Sal 118,130). Esta sabiduría verdadera de la fe sencilla, que no se deja devorar por las aguas, es la fuerza de la Iglesia. Y volvemos otra vez al misterio mariano.


Confiándonos a María, la Madre de Dios
Y hay también una última palabra en el Salmo 81, "movebuntur omnia fundamenta terrae" (Sal 81,5), vacilan los fundamentos de la tierra. Lo vemos hoy, con los problemas climáticos, cómo son amenazados los fundamentos de la tierra, pero son amenazados por nuestro comportamiento. Vacilan los fundamentos externos porque vacilan los fundamentos interiores, los fundamentos morales y religiosos, la fe de la que sigue el modo recto de vivir. Y sabemos que la fe es el fundamento, y, en definitiva, los fundamentos de la tierra no pueden vacilar si permanece firme la fe, la verdadera sabiduría.
Y también el Salmo dice: "Levántate, Señor, y juzga la tierra" (Sal 81,8). Así decimos también nosotros al Señor: “Levántate en este momento, toma la tierra entre tus manos, protege a tu Iglesia, protege a la humanidad, protege a la tierra”. Y confiándonos de nuevo a la Madre de Dios, a María, y oremos: "Tu, la gran creyente, tu que has abierto la tierra al cielo, ayúdanos, abre hoy también las puertas, para que sea vencedora la verdad, la voluntad de Dios, que es el verdadero bien, la verdadera salvación del mundo”. Amén

* Meditación del Papa Benedicto XVI en el aula del Sínodo, durante la primera Congregación General de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, el lunes 11 de octubre.