31 de julio de 2010

LA COMPUNCIÓN

Uno de los rasgos fundamentales de la espiritualidad del cristiano es esa conciencia habitual de ser pecador; que los latinos llamaban "compunctio" y los griegos "penthos". Es la compunción una tristeza por el pecado, no una tristeza amarga, sino en la paz de la humildad, y en lágrimas, que a veces son de gozo, cuando en la propia miseria se alcanza a contemplar la misericordia abismal del Señor. "La tristeza conforme a Dios origina una conversión salvadora, de la que nunca tendremos que lamentarnos; en cambio, la tristeza producida por el mundo ocasiona la muerte" (2Cor 7,10)
En la tradición cristiana la compunción del corazón ha sido un rasgo muy profundo. En los Apotegmas de los padres del desierto, leemos que uno de ellos confesaba: "Si pudiera ver todos mis pecados, tres o cuatro hombres no serían bastantes para lamentarlos con sus lágrimas" (MG 65, 161). Y otro explica la causa de esa actitud: "Cuanto más el hombre se acerca a Dios, tanto más se ve pecador" (65,289). Pero ese acercamiento a Dios, a su bondad, a su hermosura, explica a su vez por qué la compunción no es sólo tristeza, sino también gozo inmenso y pacífico, un júbilo que a veces conmueve el corazón hasta las lágrimas. Así lo describe Casiano: en el monje "a menudo se revela el fruto de la compunción salvadora por un gozo inefable y por la alegría de espíritu. Prorrumpe, entonces, en gritos por la inmensidad de una alegría incontenible, y llega así hasta la celda del vecino la noticia de tanta felicidad y embriaguez espiritual...A veces está el alma tan llena de compunción y dolor, que sólo las lágrimas pueden aliviarla (Colaciones 9,27) (...)
Dios siempre dona o perdona a los hombres que quieren vivir en su amistad. Si obramos el bien, es porque recibimos el don de la gracia divina. Y si obramos mal, es porque rechazamos el don de Dios; pero entonces, si nos arrepentimos, Dios nos concede su perdón, es decir, nos da de nuevo el don intensivo, reiterado, sobreabundante. Por eso siempre vivimos del don o del perdón de Dios, y "donde abundó el pecado (un abismo), sobreabundó la gracia (otro abismo) (Rm 5, 20). San Agustín, como San Pablo, contempla con frecuencia estos dos abismos: "En la tierra abunda la miseria del hombre y sobreabunda la misericordia de Dios. Llena está la tierra de la miseria humana, y llena está la tierra de la misericordia de Dios" (ML 36, 287).
*Síntesis de espiritualidad católica. José Rivera y José María Iraburu.

29 de julio de 2010

CALENDARIO LITÚRGICO DEL USO EXTRAORDINARIO DEL RITO ROMANO


AGOSTO


DOMINGO 1. X domingo después de Pentecostés (II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad.

LUNES 2. San Alfonso María de Ligoriom obispo y confesor (III clase,blanco) Gloria y prefacio común. Conmemoración de San Esteban.
MARTES 3. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem.
MIÉRCOLES 4. Santo Domingo de Guzmán, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.
JUEVES 5. Dedicación de Santa María de las Nieves (III clase, blanco) Gloria y prefacio de la Virgen “Et in veneratione”
Primer Jueves de mes: se permite misa votiva de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.
VIERNES 6. Fiesta de la Transfiguración del Señor (II clase, blanco) Conmemoración de san Sixto y compañeros, mártires. Gloria, Credo y prefacio común. 2ª oración de san Sixto y compañeros
Primer viernes de mes, no se puede celebrar misa votiva al Sagrado Corazón.
SÁBADO 7. San Cayetano, confesor (III clase, blanco) Conmemoración de san Donato, obispo y mártir. Gloria y prefacio común. 2ª oración de san Donato.
En algunos lugares, Nuestra Señora de los Reyes.
Primer sábado de mes: se permite misa votiva del Inmaculado Corazón de María.
DOMINGO 8. XI domingo después de Pentecostés (II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad.
LUNES 9. Vigilia de San Lorenzo (III clase, morado) Sin Gloria, prefacio común.
MARTES 10. San Lorenzo, diácono y mártir (II clase, rojo) Gloria y Prefacio común.
MIÉRCOLES 11. Feria (IV clase, verde) Conmemoración de San Tiburcio y santa Susana, mártires. Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem.
JUEVES 12. Santa Clara, virgen (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.
VIERNES 13. Feria. (IV clase, verde) Conmemoración de San Hipólito y Casiano. Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común, 2ª oración de San Hipólito y Casiano. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem. En algunos lugares, Nuestra Señora refugio de pecadores.
SABADO 14. Vigilia de la Asunción de Nuestra Señora (II clase, morado) Conmemoración de San Eusebio, confesor. Prefacio común, sin gloria.
I vísperas de la Asunción, conmemoración del domingo XII despues de Pentecostés.

DOMINGO 15. Asunción de Nuestra Señora a los cielos (I clase, blanco) Gloria, Credo y prefacio de la Virgen “Et in Assumptione”. Vísperas de la Asunción, conmemoración del Domingo.

LUNES 16. San Joaquín, padre de la Santísima Virgen (II clase, blanco). Gloria y prefacio común.
En algunos lugares, San Roque.
MARTES 17. San Jacinto, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.
En algunos lugares, Beato Bartolomé Laurel.
MIÉRCOLES 18. Feria (IV clase, verde) Conmemoración de San Agapito, mártir. Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común, 2ª oración de san Agapito. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem. El algunos lugares, La Virgen Madre de la Gracia.
JUEVES 19. San Juan Eudes, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común. En algunos lugares, Beatos Pedro de Zúñiga y Luis Flores
VIERNES 20. San Bernardo, abad y confesor. (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.
SABADO 21. Santa Juana de Chantal, viuda (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.

DOMINGO 22. XIII domingo despues de Pentecostés. (II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad. 2ª Oración del Inmaculado Corazón de María
LUNES 23. San Felipe Benicio, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.
MARTES 24. San Bartolomé, apóstol (II clase, rojo) Gloria, Credo y Prefacio de los Apóstoles.
MIERCOLES 25. San Luis, rey de Francia, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común. En algunos lugares, Santa Micaela del Santísimo Sacramento.
JUEVES 26. Feria (IV clase, verde) Conmemoración de San Ceferino, papa y mártir. Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común, 2ª oración de san Ceferino. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem.
VIERNES 27. San José de Calasanz, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.
SABADO 28. San Agustín, obispo y doctor (III clase, blanco) Conmemoración de San Hermes, mártir. Gloria y prefacio común. 2ª oración de San Hermes.

DOMINGO 29. XIV domingo después de Pentecostés (II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad. Nada del martirio de san Juan Bautista.
LUNES 30. Santa Rosa de Lima, virgen (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.
En América Latina (I clase) patrona principal.
MARTES 31. San Ramón Nonato, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.
En algunos lugares, Santo Dominguito del Val, mártir y patrono de los monaguillos.

28 de julio de 2010

SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS

El 25 de marzo de 1945 la Santísima Virgen se apareció en Amsterdam a Ida Peerdeman transmitiéndole el primero de una serie de 56 mensajes a lo largo de 15 años.
En estos mensajes María pide explícitamente al Papa y a la Iglesia la proclamación de un nuevo dogma: el de María Corredentora, Medianera y Abogada, como colofón de la doctrina mariana.
Cuando este dogma sea proclamado Ella promete dar la paz, la verdadera paz al mundo.
El 11 de febrero de 1951, aniversario de las apariciones de Lourdes, la Señora dicta una sencilla oración. Pide que se difunda, que todos la recen cada día y afirma que mediante ella la Señora salvará al mundo.
La imagen es la representación y la preparación del dogma de María Corredentora, Medianera y Abogada.
El 31 de mayo de 1996, el obispo de Haarlem-Amsterdam, Monseñor Bomers, y su auxiliar, Monseñor Punt, autorizaron en una declaración oficial la veneración pública de la Virgen María con el título de Señora de todos los Pueblos.


Oración
Señor Jesucristo,
Hijo del Padre,
manda ahora tu Espíritu sobre la tierra.
Haz que el Espíritu Santo habite
en el corazón de todos los pueblos,
para que sean preservados de la corrupción,
de las calamidades y de la guerra.
Que la Señora de todos los Pueblos,
que un día era María,
sea nuestra Abogada. Amén

24 de julio de 2010

Misa propia para España del Apóstol Santiago en la forma extraordinaria del rito romano


Die 25 julii
SANCTI JACOBI APOSTOLI
HISPANIE PATRONUM

I classis

Antiphona ad Introitus Isaías 66, 19
Ponam in eis signum, dicit Dóminus: et mittam ex eis ad eos qui non audiérunt de me: et annuntiábunt glóriam meam géntibus.- Ps. 1, 2 Cæli enárrant glóriam Dei: et ópera mánuum ejus annúntiat firmaméntum. ℣. Glória Patri.

Oratio
Esto, Domine, plebi tuae sanctificator et custos: ut, Apostoli tui Iacobi munita praesidiis, et conversatione tibi placeat, et secura mente deserviat. Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium Dei, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli
ad Corinthios
1 Cor. 4, 9-15.
Fratres: Puto, quod Deus nos Apostolos novissimos ostendit, tam-quam morti destinatos: quia spectaculum facti sumus mundo, et Angelis, et homi-nibus. Nos stulti propter Christum, vos autem prudentes in Christo: nos infirmi, vos autem fortes: vos nobiles, nos autem ignobiles. Usque in hanc horam et esu-rimus, et sitimus, et nudi sumus, et colaphis caedimur, et instabiles sumus, et laboramus operantes manibus nostris: maledicimur, et benedicimus: persecutio-nem patimur, et sustinemus: blasphema-mur, et obsecramus: tamquam purgamen-ta huius mundi facti sumus, omnium peri-psema usque adhuc. Non ut confundam vos, haec scribo, sed ut filios meos carissimos moneo. Nam si decem millia paedagogorum habeatis in Christo: sed non multos patres. Nam in Christo Iesu per Evangelium ego vos genui.

Graduale. Ml. 2, 6 ℣. Lex Dómini semper fuit in ore ejus; et iníquitas non est invénta in lábiis suis. ℣. In pace et in æquitáte ambulávit, et ímpios convérti ab iniquitáte.
Allelúia, alleluia.- ℣. O sidus refúlgens Hispániæ, sancte Jacó-be Apóstole!: Intercede pro nobis ad Dóminum. Allelúia.
+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthæum
Math. 20, 20-23.
In illo témpore: Accessit ad Iesum mater filiorum Zebedaei cum filiis suis, adorans et petens aliquid ab eo. Qui dixit ei: Quid vis? Ait illi: Dic ut sedeant hi duo filii mei, unus ad dexteram tuam, et unus ad sinistram in regno tuo. Respondens autem Iesus, dixit: Nescitis quid petatis. Potestis bibere calicem, quem ego bibiturus sum? Dicunt ei: Possumus. Ait illis: Calicem quidem meum bibetis: sedere autem ad dexteram meam, vel sinistram, non est meum dare vobis, sed quibus paratum est a Patre meo.

Credo

Antiphona ad Offertorium. Ps. 138, 17 Nimis honoráti sunt amici tui, Deus: nimis confortátus est principátus eórum. Allelúia.
te
Secreta
Oblatiónes pópuli tui, quǽsumus, Dómine, beáti Jacóbi Apóstoli tui passio beáta concíliet: et quæ nostris non apta sunt méritis, fiant tibi plácitæ eius deprecatióne. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Filium tuum qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus

Præfatio de Apostolis.

Antiphona ad Communionem. Eccli. 5, 20 - 21. Ipsum elégit Dóminus in salú-tem géntium: dedit illi in præcéptis suis potestátem docére Jacob testimónia, et in lege sua lucem dare Israel.

Postcommunio
Beáti Apóstoli tui Jacobi, quæsumus, Dómine, intercessióne nos ádjuva: pro cuius solemnitáte percépimus tua sancta lætántes. Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium tuum qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen
Si lo deseas en versión PDF
para el Misal del altar
puedes pedirneslo a nuestro e-mail

22 de julio de 2010

Opiniones sobre el libro 'Summorum Pontificum, ¿un problema o una riqueza?'

Me parece un libro Claro, Conciso, Concreto. Muy recomendable para todos los católicos en general como lectura formativa y de interés actual, dado que su contenido en relación al Summorum Pontificum es reciente.
Me parece que hay una falta tremenda de información en la propia Iglesia ( laicos, sacerdotes y religiosos ) al respecto de lo que se explicita en este Libro; y también de interés por saber y comprender.
Por eso cualquier católico, o cualquier persona que desee estar al día, debe leer este libro y actualizarse, respecto al uso y participación en la Santa Misa de Rito Romano, según el uso de siempre; sino también para secundar de manera objetiva y concreta el deseo del Papa Benedicto XVI en este sentido.; y en concreto como elemento de juicio a nivel de Liturgia.
Es un Libro que por su claridad, deja resueltas innumerables dudas y problematicidades. Especialmente entre el clero, estimo que va a ser clarificador.
Los hechos que resume, interceptan cualquier ideologización del asunto o problematicismo criticista, a no ser que quien los plantee, solo se busque a sí mismo, y solo quiera encontrar algo que previamente ya haya “ diseñado “ intelectualmente.
La Liturgia es un signo, un signo de Algo y de Alguien. Si el signo es el que debe ser, se puede entender a ese Algo, a ese Misterio. Si el signo queda empañado o mal explicado; ese Misterio es inabordable, desde la Fe y la Razón.
La importancia del uso del siempre en el Rito único en la Sta. Misa Romana, es tan importante por esto: para entender ese Misterio que nos cuida y que permanentemente rodea la vida del hombre y para entendernos a nosotros mismos, como hombres.
Atte,
Evaristo J. Maldonado Trigo
Sevilla

21 de julio de 2010

MONSEÑOR BURKE CELEBRA SOLEMNE MISA PONTIFICAL EN DUBLÍN




Su Excelencia Monseñor Raymond Burke, Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica y Consultor de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, ha celebrado la Santa Misa Pontifical y administrado el Sacramento de la Confirmación en Dublín, todo ello conforme al Rito Tradicional. Durante esos mismos días ha participado en la Fota III Liturgical Conference.
* Fuente: New Liturgical Movement

ORDENACIONES POR EL RITO TRADICIONAL EN EL INSTITUTO DEL BUEN PASTOR








Felicitamos a nuestros amigos del Instituto del Buen Pastor con motivo de las recientes ordenaciones que han tenido lugar en Courtalain (Francia).

"PADRE NUESTRO"


“Padre nuestro”:
Él no es sólo tu prójimo, el de una humanidad que sufre abandonada al borde del camino; él no es sólo tu casa, la de una humanidad que permaneciendo en el amor permanece en Dios; él es también tu Padre, el de una humanidad de hijos de Dios, que por ser nacidos de ese único Padre, son todos ellos hermanos entre sí.
La liturgia de este domingo supone que conoces tu condición filial y sabes de qué amor has nacido, qué Espíritu has recibido, qué vida se te ha comunicado. Por eso te invita a discernir deseos y palabras para tiempos de encuentro con tu Padre del cielo en la intimidad familiar.
Tú dices “Padre”, y, si lo dices con verdad, lo dices confiado y atrevido, lo dices con gozo, lo dices en la certeza de la esperanza y en la paz.
El salmista aquietaba todo deseo en la plenitud que es Dios: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre”. Tú, acogido al amparo de la misma plenitud, avivas en el encuentro tus ansias, y pides con el fuego de un deseo que te consume: “Santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad”.
Tú dices “Padre”, y todo tu ser se remansa en la fe, porque “Dios ha enviado a tu corazón el Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá, Padre!”
Tú dices “Padre nuestro”, y aunque lo digas desde la singularidad personal, si lo dices con verdad, hallarás tu soledad poblada de hermanos, y tu corazón será casa abierta para la humanidad entera.
Entra ahora en el misterio de la eucaristía que celebras y de la comunión que haces. La fe te ha enseñado que comulgas con Cristo cabeza de la Iglesia; comulgas con la Iglesia cuerpo de Cristo; comulgas con “los hombres que Dios ama”, comulgas con todos para ser un pueblo “unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
Entra en el misterio de este pueblo, de este cuerpo único, y escucha cómo resuena en ese templo de piedras vivas el eco de la oración común –la tuya, la de la Iglesia, la de la humanidad, la oración de Cristo Jesús-: “¡Abbá, Padre!” “¡Padre nuestro!”
Las palabras de tu invocación envuelven en el amor del Padre todo lo que deseas, lo que pides, lo que buscas, lo que necesitas para acoger en la noche a tu amigo. Y con esas mismas palabras reconoces ya otorgado lo que de tu Padre del cielo esperabas recibir.
Feliz domingo, Iglesia de Dios. Feliz domingo, hermanos.
+ Fray Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

20 de julio de 2010

ÉL ME AMA Y YO LE AMO...


Jesús, nuestro amigo
MEDITACIÓN PARA LA SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

La devoción a la humanidad de Jesús, que renace con San Bernardo y se hace tan popular con la espiritualidad de San Francisco de Asís, tiene en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús su desarrollo más perfecto y como el sello de la aprobación divina. Un siglo antes de que Jesús se apareciese a Santa Margarita María, Santa Teresa de Ávila advertía a los contemplativos los daños e ilusiones de una espiritualidad que descuidase la devoción a la humanidad de Jesús.
Un alma que camine hacia Dios y no cultive esta devoción parece a Santa Teresa “que camina, como suele decirse, por el aire; está privada de apoyo, aunque crea que está llena de Dios. No somos ángeles, sino que tenemos un cuerpo; querer hacer de ángeles es una locura” (Autobiografía, c. 22).
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús enseña prácticamente a las almas la verdad predicada por Santa Teresa y les da el apoyo más sólido y sublime.
¡Cuán fácil y dulce viene a ser para el alma su camino hacia Dios, cuando ha conocido a Jesús, se ha acercado a Él y ha entablado con Él un lazo de verdadera amistad!
¿La espiritualidad cristiana ha sufrido verdaderamente un empobrecimiento después de que del Cristo Pantocrator del arte bizantino se ha preferido al Jesús que nace en el pesebre de Greccio, o al Jesús que llora en el canto del Beato Enrique Susón, el Jesús que ofrece su Corazón a Santa Margarita María y busca en cambio el amor de los hombres? Es una temeridad hablar de empobrecimiento cuando, contra la espiritualidad oriental que no conoce una devoción a la humanidad de Cristo tan viva, pero que también ha dado tan pocos santos a la Iglesia, nosotros occidentales podemos contraponer la multitud inmensa de los amigos de Cristo.
A la vida angélica, término de la ascesis oriental, el occidente simplemente ha preferido la vida cristiana: a la unión con los ángeles, la unión con Cristo; y esta unión es más fácil y elevada, porque la vida no cesa de ser humana y divina.
Me parece que en el fondo la “vida angélica” sobre la cual, como ideal de perfección, insiste especialmente la espiritualidad del oriente, es solo un falso ideal que puede influir peligrosamente sobre la vida del cristiano. Se propone al hombre el ideal de una vida naturalmente más alta que no se sabe cómo se puede conseguir, y parece sobre todo que el ideal propuesto debe enseñar al hombre que existe en la naturaleza un camino capaz de acercarle a Dios. Por otra parte, aunque existiese este camino, no le conduciría más que a una mística del uno, y no a una mística cristiana, que es esencialmente trinitaria.
El itinerario del alma, tal como se expresa muchas veces: del Cristo-Hombre al Cristo-Dios, no nos parece muy feliz. Cierto, nuestras relaciones con Cristo han sido fundadas sobre la comunidad de naturaleza, mas estas relaciones de naturaleza terminan necesariamente en la Persona del Verbo. La relación del hombre es con la Persona divina que subsiste en nuestra naturaleza y no con la naturaleza asumida. No existe camino alguno entre el hombre y Dios, mas la encarnación ha hecho que mi relación con Jesús, que es mi hermano en su naturaleza humana y es Hijo del hombre, sea con toda verdad mi relación con el mismo Dios.
Aunque es moderna, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús es, ciertamente, en el año litúrgico una de las fiestas más grandes y más importantes. Nos enseña, efectivamente, la importancia absolutamente única que en la espiritualidad cristiana tiene nuestra relación con Cristo. Fundada sobre la naturaleza común, tiene el carácter de una relación particularmente íntima y espontánea, y por lo mismo, en la facilidad y simplicidad de esta relación, entra el hombre en el seno mismo de Dios porque no es a la persona de un hombre al que el hombre se une, sino a la misma Persona de Dios.
La obligación del alma pierde ese tono de austeridad sobrehumana, este acento de violencia que pertenece a la Santidad en cuanto que exige la renuncia absoluta y la pobreza total: el alma no está sola en su rudo caminar hacia Dios. Dios no es para ella un ser infinitamente lejano e inaccesible; ha venido a ser su amigo, su compañero.
“He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres”, nos dice; y añade: “Tú al menos, ámame”
Toda la grandeza y el significado de la devoción del Corazón de Jesús está en estas palabras divinas. ¿Cómo habremos osado nosotros esperar esta amistad con Cristo? Y es precisamente Él quién te pide amor, quién mendiga tener amistad contigo. Estas palabras son un eco de aquellas otras que Cristo dirigió a San Pedro antes de subir a los cielos, las últimas palabras de Cristo según el Evangelio de San Juan. Se ha hablado mucho, y tal vez demasiado, de la sublimidad del prólogo del cuarto evangelio; ¿más no son estas palabras: Me amas más que estos, todavía más sublimes y misteriosas?
El fin del Evangelio tiene, al menos, la misma sublimidad que el prólogo: Dios se vuelve al hombre y le pide amor. El Verbo se ha hecho carne para pedir el amor del hombre: “¿Me amas más que éstos?” Que Dios nos ame es ya una cosa tan maravillosa que jamás los filósofos antiguos llegaron a poderlo pensar; que Dios mendigue amor es algo que supera la misma imaginación del hombre; mas de estas dos verdades depende la posibilidad de una amistad nuestra con Jesús, su dulcísima realidad, y es la devoción al Corazón de Jesús la que encarna esta verdad en nuestra vida.
La vida espiritual sin esta amistad sería sólo un esfuerzo impotente de superar los límites humanos con el deseo de alcanzar a Dios; una aspiración sublime y al mismo tiempo trágicamente angustiosa; pero Dios se ha hecho hombre y nos ha pedido nuestro amor. El alma se extravía y se pierde si intenta tomar el camino que conduce a la Divinidad prescindiendo de Cristo; el camino que conduce a Dios no es la tiniebla ni el silencio, la soledad o la nada. Después que Dios se ha hecho hombre, lo que es más profundamente humano ha venido a ser la revelación y el camino para la unión con Dios, y es la intimidad, la amistad, el amor.
Y he aquí que nosotros somos los amigos de Jesús. Él es nuestro amigo. Nuestra vida es una comunión de amor: reposamos mutuamente, nos hablamos, caminos juntos. ¡Es todo esto tan puro y tan bello! Él me ama y yo le amo; nada más. ¿No es esto ya el paraíso?
En la historia de la cristianismo más que una distinción entre la mística de la luz y de los gustos divinos y una mística de la noche y de las purificaciones pasivas hay que hacer notar una distinción más profunda entre la mística de los libros espirituales y la misma vida de los santos. Las grandes obras de la mística cristiana, si se exceptúan los escritos estrictamente autobiográficos, casi todas dependen del neoplatonismo. El cristianismo es una mística, no una mística del Uno, sino una mística de la Trinidad; el hombre para entrar en el misterio de Dios, para inmergirse en su vida íntima y perderse en el abismo de esta luz, no debe dejar de ser hombre.
Dios se ha hecho hombre y se ha llamado Jesús. No existe otro camino para alcanzar a Dios que el mismo que El ha hecho para unirse al hombre. Nadie viene al Padre sino por Mí, dice Jesús en el evangelio de Juan (14, 6). Parece cosa extraña que San Juan de la Cruz hable tan poco de Cristo, mas la doctrina de los Santos no está contenida sólo en sus obras escritas: pocas palabras son suficientes a veces para hacernos entrever una profundidad sin nombre. Tal vez se habla y se escribe poco de los que se vive más: toda el alma delicada y ardiente de San Juan de la Cruz se abre y se revela más plenamente en las palabras que él dirige a Jesús un día de Navidad que en sus tratados de la Subida y de la Noche oscura.

Mi dulce y tierno Jesús
Si amores me han de matar
agora tienen lugar.

Y el mismo Dionisio el místico se muestra más verdadero y más grande en la narración de Carpos que en su teología del silencio: en la visión de Jesús dispuesto a sufrir de nuevo por la salvación de los hombres (Carta VIII).
P. Antonio Foschiatti OP

LA AMISTAD DE JESÚS


San Ignacio de Loyola, en los ejercicios espirituales, como culmen de la primera semana dedicada a la contemplación de nuestro Fin último (Dios Amor nuestro Sumo Bien) y de aquello que nos impide la consecución del Sumo Bien y del Sumo Amor (el pecado) quiere que dejemos correr el afecto de nuestro arrepentimiento y de nuestra amistad delante de Jesús Crucificado por mi amor, por mi...que se entregó por mí, que está sediento de mi amor... Quiere que contemple al Amigo verdadero, Aquel que nos ama y nos ha purificado con Su Sangre...Quiere que fije mi mirada en todo el mundo y pueda descubrir si hay un Amor semejante al de Jesucristo..."No hay Amor más Grande que dar la Vida por los amigos..." Miremos a Jesucristo nuestro amigo, desde Belén hasta la Cruz, anonadado y hecho servidor, herido, burlado y despreciado...y todo eso para hacerme Su Amigo, para comprar mi pobre amor. Por eso, ante tantos cumplidos interesados, ante tanta palabrería hueca, ante tanto dolor y sufrimiento, ante tantas cruces insoportables porque son cruces sin Cristo, sin el Amigo Jesús, sin el Amor que transfigura y da sentido al dolor...fijemos la mirada en ése Corazón herido y traspasado y dejemos que nos transforme con su perdón y misericordia nuevamente en "sus" amigos...¿Quién no habría de amar al que tanto nos amó? ¿Quién no habría de amar al Primer Amigo? ¿Qué he hecho por Cristo, qué hago por Cristo...qué he de hacer por Cristo? ¡Felíz día del Amigo en el Corazón traspasado de Jesús, en el Corazón de todo verdadero Amor!
*Enviado por nuestro amigo el P. Marco Antonio Foschiatti OP

17 de julio de 2010

EL TEMOR DE LO SAGRADO


Parece que no se dan cuenta de la elemental importncia de lo sagrado en la religión. Y así, embotan el sentido de lo sagrado y con ello minan y socavan la verdadera religión. Su enfoque "democrático" les hace menospreciar el hecho de que en todos los hombres que tienen anhelo de Dios hay también anhelo de lo sagrado y un sentido de diferencia entre lo sagrado y lo profano. El obrero o el campesino tienen este sentido, exctamente igual que el intelectual. Si el individuo es católico, deseará hallar en la Iglesia una atmósfera sagrada. Y esto seguirá siendo verdad, trátese o no de un mundo urbano o industrial. El individuo será capaz de distinguir entre el "arriba" esotérico y el "arriba" divino. No se sentirá oprimido, ni mucho menos, por el hecho de que Dios esté infinitamente sobre él, de que Cristo sea el Dios-hombre. Mira gozosamente a la Iglesia con su autoridad divina. Espera que todo sacerdote, como representante de la Iglesia, irradie una atmósfera distinta que la del laico de la calle.


Muchos sacerdotes creen que el reemplazar la atmósfera sagrada que reina, por ejemplo, en los maravillosos templos de la Edad Media o del barroco, en lo que se celebraba la misa en latín, por una atmósfera profana, funcionalista, neutra y monótona, ha de capacitar a la Iglesia para encontrarse en amor con el hombre sencillo. Pero esto es un error fundamental. Será algo que no llene los más profundos anhelos de ese hombre. Le ofrecerá piedras, en vez de pan. Esos sacerdotes, en lugar de combatir la irreverencia (que se halla hoy tan difundida), contribuyen de hecho a difundirla más. No entienden que el pontificalismo esotérico es realmente una forma de secularización. y de que su verdadera antítesis es la unción santa que todos los santos poseían: el espíritu de respeto, la fusión de la humildad con un comportamiento apropiado al sagrado oficio.


La experiencia dirá a todo el que tenga ojos para ver y oídos para oír que un solo sacerdote santo atrae más almas para Cristo, especialmente entre las "personas sencillas", que los que tratan de acercarse más al pueblo, adoptando una actitud que carezca del sello de su oficio sagrado. Michel de Saint Pierre ha presentado admirablemente esta realidad en su novela Los nuevos curas. Esos sacerdotes no hablan a lo más hondo del hombre. Al reaccionar simplemente contra el anterior pontificalismo, hablan tan sólo a un estrato superficial y secular del hombre. Podrán tener éxitos momentáneos, atrayendo más gente a la iglesia, incrementando la actividad parroquial. Pero no lograrán que la gente se acerque más a Cristo. Ni saciarán su profunda sed de Dios y de paz: de esa paz que el mundo no puede dar, de esa paz que sólo Cristo puede dar. Y el Kairós nos llama a atraer personas hacia Cristo, no simplemente hacia la parroquia. Hans Urs von Balthasar lo expresó de la siguiente manera:


"La fantasía del clero está absorbida por la preocupación de llenar el tiempo de la manera más útil y variada... El párroco está satisfecho de la comunidad parroquial, porque esta se da muy buena maña para participar en el acto de culto. Los feligreses están satisfechos de sí mismos... Es un caso clarísimo de la Iglesia que está satisfecha de sí misma"


Los que confunden la reserva santa con el pontificalismo, y la sacralidad con el esoterismo, dan muestras de incurrir en una singular contradicción. Acentúan la apertura que hay que tener hacia las corrientes de nuestra época. Tratan de evitar el alejamiento de la vida cotidiana: ese alejamiento que -según ellos- caracterizaría a la anterior concepción del Cristianismo. Y pretenden acercar lo más posible la religión a la vida de cada día. Pero, al mismo tiempo, ignoran los rasgos más básicos de la naturaleza humana. Y, así, caen en un falso supranaturalismo. Por ejemplo, en un sermón del día de la Ascensión, oí decir a un sacerdote que las mentes de los Apóstoles estaban nubladas al sentirse llenos de tristeza por la marcha de Nuestro Señor. La razón es sencilla, argumentaba este sacerdote. Cristo está presente en medio de los que se reunen en su nombre. Este argumento pasa por alto la realidad humana evidente de que ver es más dichoso aún que creer. Aunque en la tierra nuestra relación con Cristo está basada en la fe, la cual nos capacita para saber que Cristo está presente en la Eucaristía y en medio de los que creen, sin embargo todo el que ama verdaderamente a Cristo desea con ardor verle cara a cara en la eternidad. Y todo verdadero cristiano se da cuenta plenamente del inaudito privilegio, concedido a los Apóstoles y discípulos, de disfrutar de la presencia de Jesús, de poder verle y escuchar sus palabras, de vivir en verdadera comunión con él. Si exceptuamos la experiencia mística, este privilegio no puede reemplazarse por ninguna comunión basada únicamente en la fe. Este profundo anhelo de una unión con Cristo, plenamente experimentada, de la visión de Cristo, inunda la vida de los santos. Resuena en aquellas palabras de San Juan, con que finaliza el Apocalipsis:


Veni, Domine Iesu!


Está expresado en la última estrofa del maravilloso Adoro Te, de Santo Tomás de Aquino:

Iesu, quem velatum nunc aspicio,

Oro, fiat illud, quod tan sitio:

Ut, te revelata cernens facie,

Visu sim beatus tuae gloriae.


"¡Jesús, a quien ahora contemplo aculto bajo un velo! Te suplico que suceda lo que anhelo con sed tan ardiente: que, al mirarte después de revelado tu rostro, sea feliz con la contemplación de tu gloria."


Hay una negación parecida de la naturaleza humana y un "correlativo" sobrenaturalismo en todos los que acentúan excesivamente la presencia de Cristo en nuestro prójimo y pretenden que importa poco el que nos dirijamos a Jesucristo mismo o nos encontremos con él en el prójimo. por muy cierto que sea que hemos de encontrar a Cristo en el prójimo, sin embargo hay enorme distancia entre nuestra comunión con Cristo mismo y el hecho de que le hallemos en nuestro prójimo. Estar unidos (en directa comunión "Yo-Tú") con Jesucristo -el infinitamente Santo- debe constituir el gran anhelo de nuestra vida, la bienavemturanza que debemos esperar. Colocar la realidad de hallar a Cristo en nuestro prójimo -incluso cuando se trate del hombre más insignificante o malo- en el mismo plano que nuestra comunión directa con Cristo, es desconocer tanto la naturaleza humana como la experiencia cristiana. En primer lugar, existe una diferencia radical entre la manera con que los santos reflejan a Cristo y la manera con que encontramos a Cristo en una persona corriente. Los santos irradian algo de la santidad de Cristo. Y entonces podemos saborear directamente la calidad misma de la santidad. Pero ver a Cristo en los hombres inferiores, eso nace únicamente de la fe.


Además, como ya hemos dicho, el hallar a Cristo en nuestro prójimo presupone necesariamente una relación directa con Cristo mismo. Tan sólo porque Cristo ha dicho: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mateo 25, 40), somos capaces de hallar a Cristo en nuestro prójimo, a pesar de todos los obstáculos que ese prójimo pueda poner en nuestro camino. Y se olvida con harta frecuencia que las palabras de Cristo se refieren a nuestras acciones para con el prójimo, y no a la experiencia embelesadora y única de nuestra comunión de amor con Cristo. Tal vez se argumente diciendo que las acciones hechas al prójimo son acciones hechas directamente a Cristo. Pero es imposible sostener que nuestra bienaventuranza es tan completa en comunión con nuestro prójimo como en comunión con Cristo. El hallar a Cristo en nuestro prójimo es una proeza de la caridad. Y la caridad -repetimos- se constituye únicamente en la comunión directa (comunión Yo-Tú) con Cristo.
*Dietrich von Hildebrand. El caballo de Troya en la ciudad de Dios

CON EL PODER DE LA SANGRE DE CRISTO





Señor Jesús, en Tu Nombre, y con el poder de Tu Sangre Preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego,debajo de la tierra,en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno, y en el mundo en el cual nos moveremos hoy.


Con el poder de la Sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envies a nuestros hogaresy lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafaely toda su corte de Santos Angeles.
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada una de ellas), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos, y los bienes que El generosamente nos envía para nuestro sustento.


Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos, el aire que respiramos y en fe colocamos un círculo de Su Sangre alrededor de toda nuestra familia.Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar (nombrar a cada una de ellas).


Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar. Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que Tu paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.


Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida, ya que gracias a Ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo. Amén.

EL CRIMEN DE LA DESLEALTAD


Cómo manejar la traición de un amigo

A todos nos ha pasado alguna vez, alguien nos ha traicionado. Comúnmente esa experiencia hace que afloren sentimientos de dolor, sorpresa, incertidumbre, coraje, frustración, ansiedad y depresión. La traición, además de generar síntomas psicológicos, puede crear síntomas físicos como problemas estomacales, dolores de cabeza e insomnio.
Puedes sentir que te usaron para beneficio propio, para “trepar”, para adquirir reconocimiento y dinero.
Y qué ocurre cuando la traición proviene de un amigo, al que le habías depositado confianza, le habías tomado cariño y al que, por su apariencia de hombre de Dios y de palabra, no pensabas ni remotamente que podría traicionarte. Cuando juntos habían comenzado a desarrollar nuevos proyectos que te costaron horas de trabajo y esfuerzo; donde pusiste todo tu profesionalismo y recursos, entrega y amor. Proyecto que te quitó tiempo que pudiste haber utilizado para compartir con tu familia, para disfrutar del descanso o para emprender algo que sí hubiera valido la pena.
Es aún más doloroso cuando ese amigo de apariencia “íntegra” oró contigo y por ti. Cuando es de aquellos que ministran con la palabra, las canciones y las vivencias en los púlpitos y en las plazas, en los conciertos y en los programas de radio y televisión. Y duele más aún cuando los que te traicionaron andan huyendo como ladrones en la noche, sin querer dar la cara, porque saben que te vendieron por unas monedas como lo hizo Judas.
De acuerdo al diccionario, la palabra traición es el crimen de la deslealtad. Traidor puede referirse a una persona que traiciona a un amigo o se abandera con un enemigo.
Las heridas de la traición pueden cambiar el rumbo de una persona para bien o para mal. Puede que de ahora en adelante dejes de creer en los demás; que en cada rostro veas los ojos de la traición. O puede que aprendas a ver en la situación una lección.
Alguien me dijo que cada vez que pasara por una situación difícil le dijera a Dios: “No entiendo nada, pero gracias”. Esta acción abre los canales de energía para la sanación interior. También podría decirle a Dios: “Muéstrame el propósito de esta lección, muéstrame el bien que se esconde detrás de todo ésto”.
Nada se da en el vacío. Todo tiene un propósito en la vida, aunque a veces no lo veamos de primera intención. A veces perdiendo, ganamos. Ganamos experiencia, conocimientos, y nos fortalecemos. En situaciones como éstas debemos pensar que el que cometió la ofensa no nos traicionó a nosotros, sino que se traicionó a sí mismo y a Dios, porque demostró con su acción que estaba sembrando en terreno baldío, predicando lo que no practica.
El acto de perdonar ayuda, pero no olvidemos la ofensa, ya que si olvidamos podemos repetir el mismo error. Lo que sí es importante es quitar el resentimiento para que cuando recordemos lo ocurrido lo hagamos sin dolor o coraje.
Existe un ejercicio muy bueno para estos casos que se llama “la silla vacía”. El mismo consiste en que colocas una silla de frente e imaginas que la persona que cometió la falta está sentada ahí. Entonces le dices todo lo que hubieras querido decirle y cómo esa situación te está afectando. Escribir una carta con todo lo que quisieras decirle también es beneficioso.
Como seres humanos que somos, todos cometemos errores. Lo importante es aprender de ellos, no perder la esperanza, ni la fe y no medir a todo el mundo con la misma vara. Hay que levantar el espíritu, la autoestima y la autoconfianza. Hay que extender la mirada más allá del tronco, que por estar en el medio, no te deja ver el bosque. Después de una caída hay que levantarse con más fuerza y demostrarle al que te ofendió todo lo que se perdió por haber cometido su traición.
*Por Aixa M. Resto Camacho CPL
Fuente: aixaresto.wordpress.com

15 de julio de 2010

MIRA A LA ESTRELLA, INVOCA A MARÍA

Reina y Madre Mía:

Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis cansancios: aliéntame
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En todos los peligros: ampárame
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén."

10 de julio de 2010

IPSA CONTERET


Oh María, Virgen poderosa,

grande e ilustre defensora de la Iglesia,

singular auxilio de los cristianos,

terrible como un ejército ordenado en batalla.

Tú sola has triunfado en todas las herejías del mundo.

Oh Madre, en nuestras angustias,

en nuestras luchas, en nuestros apuros,

líbranos del enemigo

y en la hora de la muerte, llévanos al Paraíso.

Amén.

(San Juan Bosco)

INVADIDOS POR LA HEREJÍA DE PELAGIO...

El pelagianismo es una herejía permanente que, al paso de los siglos, se produce en la Iglesia con formulaciones y palabras renovadas. Los pelagianos actuales, aunque no suelen derivar su optimismo antropológico hacia un ascetismo vigoroso, son fieles a las tesis fundamentales del pelagianismo. Es fácil comprobar que ciertas manifestaciones -no todas, claro- de la teología de la secularización y de la liberación llevan más o menos marcado el sello pelagiano.
Puede decirse, en general, que hay pelagianismo cuando la predicación apremia la conducta ética de los hombres, sin mayores alusiones a la necesidad de la gracia de Cristo, como si ellos por sí solos pudieran ser buenos y honestos, y también eficaces en la transformación de la sociedad, con tal de que se empeñen en ello. Hay pelagianismo cuando el cristiano cae en el moralismo y se dejan a un lado los grandes temas dogmáticos, la Trinidad, la presencia eucarística, etc. La moral individual y social, en ese planteamiento, no aparece como la consecuencia necesaria de vivir en Cristo, en la fe y en la gracia, sino como el motor decisivo de la vida cristiana. Y así, la inhabitación trinitaria, la Presencia divina vivificante, el acceso litúrgico al manantial de la gracia, la misma fe, en una palabra, el misterio, quedan devaluados, como elementos accesorios, no estrictamente necesarios para la salvación del hombre y de la sociedad.

Hay pelagianismo cuando ya no se habla del pecado original, y de los destrozos que causó en la raza humana. Hay pelagianismo allí donde la oración, concretamente la oración de petición, pasa a un segundo plano, se olvida o se niega; y allí donde falta el espíritu de acción de gracias y la alegría cristiana, humilde y esperanzada. Hay pelagianismo cuando se adula al hombre (la juventud, la mujer, el obrero, el universitario, el intelectual), y cuando el olvido sistemático del pecado original permite ignorar prácticamente que todo hombre (también si es joven, mujer, obrero, universitario o intelectual) es indeciblemente miserable, falso, débil, sujeto al influjo del Maligno, y necesitado de salvación por gracia sobrenatural de Cristo.

Hay pelagianismo cuando los sacramentos y el culto litúrgico dejan de ser la clave de la transformación en Cristo de hombres y también de sociedades... Los que creen que su salvación es ante todo gracia de Cristo jamás se apartan de los manantiales litúrgicos de la gracia; pero los que esperan salvarse por sus propias fuerzas malviven alejados de estas fuentes -lo que, por otra parte, no alarma especialmente a los pastores pelagianos-. El paso que sigue al alejamiento crónico es la simple apostasía.

Es pelagiano, en fin, el cristianismo que se limita a proponer valores morales enseñados por Cristo -verdad, libertad, justicia, amor al prójimo, unidad, paz, etc; en buena parte admitidos por el mundo, al menos teóricamente-, pero no afirma que Cristo mismo es "la verdad", y que sin él se pierde el hombre en el error (Jn 14, 6); que sólo él "nos ha hecho libres" (Gal 5, 1); que sólo por la fe en él alcanzamos "la justicia que procede de Dios" (Flp 3, 9); que sólo él ha difundido en nuestros corzones por el Espíritu Santo la fuerza del verdadero amor fraterno (Rm5,5); que sólo él es capaz de reunir a todos los hombres que andan dispersos, pues para eso dio su vida (Jn 11, 52); y en fin, que solamente "él es nuestra paz" (Ef 2, 14).
* José Rivera y José María Iraburu. Síntesis de espiritualidad católica.

9 de julio de 2010

Opiniones sobre el libro 'Summorum Pontificum, ¿un problema o una riqueza?'



Este libro sobre el Motu Proprio es una contribución a la implantación lenta, pero constante e imparable, de la Misa tradicional. Analiza las bondades de la Misa tradicional que en nada se contraponen con la liturgia postconciliar. Es una aliento para aquellos indecisos o recelosos para que no vean en la Misa tradicional algo incompatible con el Concilio Vaticano II. La liturgia tradicional es un tesoro de riqueza espiritual tal que sólo puede enriquecer a aquellos que la sigan, aunque sean esporadicamente.
Un sacerdote anónimo

EL ERROR DE EXAGERAR LA DIFERENCIA ENTRE UNA ÉPOCA Y OTRA...

Por muy diferentes que puedan ser los tiempos en cuanto a las condiciones de vida, el hombre sigue siendo básicamente el mismo. El estado de la técnica y de la medicina y la organización de la vida comunitaria son muy distintos, hoy día, de lo que fueron en la Edad Media. Pero las fuentes de la auténtica felicidad en la tierra siguen siendo las mismas: el amor, la verdad, el matrimonio, la familia, la belleza de la naturaleza y del arte, la labor creadora. Aunque los cambios en la historia plantean muchos problemas nuevos, podemos hallar en las diferentes épocas las mismas controversias metafísicas básicas y los mismos dramas de la vida. Es verdad que podemos hallar en la historia la aparición y decadencia de estilos de vida que caracterizan la existencia de los hombres durante algún tiempo, y que hallan su expresión en la arquitectura, en las costumbres y en las modas del pensamiento y de la conducta.
Pero, esencialmente, el hombre no cambia: el hombre sigue estando expuesto a los mismos peligros morales; en todas las épocas, está igualmente necesitado de redención, y está igualmente llamado a la perfección moral e incluso a la santidad. Siguen teniendo aplicación para él aquellas palabras de San Agustín: "Nos hiciste, oh Señor, para ti. Y nuestro corazón esta inquieto hasta que descanse en ti".
Más aún, cuando se llega a las cuestiones humanas de naturaleza profunda y básica, la diferencia entre dos personas contemporáneas puede ser, y con frecuencia es, mayor que la diferencia entre dos personas muy separadas en el tiempo. La diferencia entre Sócrates y Calicles, tal como se representa en el Gorgias de Platón, es mucho mayor que la diferencia entre Calicles y Nietzsche. Beethoven y Rossini están mucho más distanciados que Beethoven y Bach. Miguel Angel se diferencia mucho más de su contemporáneo Bandinelli que de Fidias. El Cardenal Newman está inmensamente más cerca de San Agustín que Carlos Marx. Una distancia mucho mayor separa a Don Bosco e Garibaldi o de Comte que de San Francisco de Asís o de San Martín de Tours. Y las diferencias a que aludimos, no se refieren únicamente al reino de las ideas, sino a toda la órbita espiritual en la que esas personas se han movido.

Y así, expresiones tales como "el hombre del siglo XIX" o "el hombre moderno" están cargadas de ambigüedad. No existe tal "hombre moderno" universal. Hay tan sólo tendencias intelectuales y culturales que ejercen cierta dominación transitoria. La noción de que el "hombre moderno" es una norma a la que todos nosotros deberíamos conformarnos es -por tanto- o engañosa o carente de sentido. Aunque la entendamos sólo como portadora de la mentalidad que prevalece temporalmente, la noción de "hombre moderno" no podrá ser jamás una norma para nosotros. Esta mentalidad "de época" puede estar en armonía o en desarmonía con la verdad. Puede ser buena o mala, profunda o superficial. El simple hecho de que prevalezca en una época histórica determinada, no indica lo más mínimo la actitud que hemos de adoptar hacia ella. Podría ser que debiéramos alentarla y favorecerla. Y podría ser también que tuviéramos que combatirla con toda nuestra fuerza. Tan sólo si esa mentalidad es buena y se funda en la verdad, debemos favorecerla. Pero, en ese caso, hemos de hacerlo por su valor inherente: valor que es independiente de su vitalidad histórico-social, de su dominio temporal. Imponer esa mentalidad a todos los que no la comparten, es ir -evidentemente- contra el espíritu de libertad y respeto hacia la dignidad de la persona, y viola un principio fundamental de la verdadera democracia: el respeto hacia las minorías. Es, más aún, una contradicción absurda el decretar arbitrariamente (como muchos intelectuales hacen) lo que es el "hombre moderno", y pretender luego que esa es la norma de la época: norma a la que también deben conformarse los que vivien en esa época. En realidad, esas personas se enorgullecen desmesuradamente, al proyectar su propia mentalidad en lo que ellas creen que es el hobre moderno.
Sin embargo, lo más importante es ver que la unidad de estilo que una época pueda tener, no nos da derecho jamás a extender ese estilo a la esfera de la verdad y de la moralidad. Es imposible hablar de una verdad del renacimiento, de una verdad del barroco, de una verdad moderna, si por moralidad entendemos la verdadera naturaleza de las actitudes morales y no los sustitutivos morales, los cuales, ciertamente, pueden ser típicos de una dterminada época. Y esto hemos de aplicarlo con mayor razón aún a las materias religiosas. No hay una santidad medieval, por contraste con la del barroco. No hay una santidad del siglo XIX, que se distinga de la del siglo XX. La transformación en Cristo es siempre la misma esencialmente. Las diferencias que hallamos entre los santos, se deben mucho más a las diferentes personalidades que a la época en que vivieron. Y cuando hablamos de la piedad típica de una época determinada (siempre con el peligro de cometer una simplificación excesiva), nuestra expresión podrá referirse únicamente a un tipo de piedad que no esté en contradicción con la piedad de otra época, sino que la complete. Mientras nos refiramos a una auténtica piedad cristiana, y no a desviaciones, la diferencia es semejante a la que existe entre diversos tipos de devoción: por ejemplo, la devoción al Niño Jesús, a la Pasión de Cristo, al Sagrado Corazón...
*Dietrich von Hildebrand: El caballo de Troya en la ciudad de Dios

8 de julio de 2010

Opiniones sobre el libro 'Summorum Pontificum, ¿un problema o una riqueza?'


Es oportunísimo y muy necesario el libro.
Felicito al autor y a la querida Fraternidad que lo edita.
Envío el dinero para que se me remitan 5 libros. Puede que un ejemplar se lo entregue a un Obispo (pero me parece que los Obispos no leen, tal vez por contagio de los que reciben sus pastorales, que tampoco parece que las lean ...). A ver si encontramos medios de distribución. UN fuerte abrazo y la reiteración de mi felicitación, pidiendo oraciones, que también ofrezco para que crezca, con tal calidad, esa Fraternidad. DIOS SABE MAS.
Fátima

Opiniones sobre el libro 'Summorum Pontificum, ¿un problema o una riqueza?'



ALABADO SEA JESUCRISTO!!

MIRA EL LIBRO ESTE ÚLTIMO DEL SUMMURUM PONTIFICUM, NOS LO VAIS A MANDAR?...SINO PARA PEDIRLO YO, POR QUE ESTOY BASTANTE INTERESADO. SI OS TENGO QUE MANDAR ALGO DE IMPORTE, POR LO DEL CORREO, DECIDMELO SIN PROBLEMA. ME ESTÁN LLEGANDO REFERENCIAS MUY BUENAS, CASI EL MEJOR QUE SE HA EDITADO HASTA AHORA.

Un amigo de Betania

LETANÍA DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO

Señor, ten piedad de nosotros.
Señor Jesucristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Señor Jesucristo, óyenos
.Señor Jesucristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Sangre de Cristo, Sangre del Unigénito del Padre Eterno: Sálvanos.
Sangre de Cristo, Sangre del Verbo Encarnado: Sálvanos.
Sangre de Cristo, corriendo a la tierra en la agonía: Sálvanos.
Sangre de Cristo, brotando en la flagelación: Sálvanos.
Sangre de Cristo, emanando en la coronación de espinas: Sálvanos.
Sangre de Cristo, derramada en la Cruz: Sálvanos.
Sangre de Cristo, el precio único de nuestra salvación: Sálvanos.
Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón: Sálvanos.
Sangre de Cristo, en la Eucaristía bebida y baño de las almas: Sálvanos.
Sangre de Cristo, río de Misericordia: Sálvanos.
Sangre de Cristo, vencedora de los demonios: Sálvanos.
Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires: Sálvanos.
Sangre de Cristo, fuerza de los confesores: Sálvanos.
Sangre de Cristo, que engendra vírgenes: Sálvanos.
Sangre de Cristo, constancia de los tentados: Sálvanos.
Sangre de Cristo, alivio de los enfermos: Sálvanos.
Sangre de Cristo, consuelo de los que lloran: Sálvanos.
Sangre de Cristo, esperanza de los que hacen penitencia: Sálvanos.
Sangre de Cristo: alivio de los moribundos: Sálvanos.
Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones: Sálvanos.
Sangre de Cristo, prenda de la Vida Eterna: Sálvanos.
Sangre de Cristo, que libera a las almas del lago del Purgatorio: Sálvanos.
Sangre de Cristo, dignísima de toda gloria y honor: Sálvanos.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: Ten Misericordia de nosotros.
Señor, Tú nos redimiste en tu Sangre, e hiciste de nosotros un Reino para Dios y Padre tuyo.

Oremos:
Omnipotente y Sempiterno Dios, que constituiste a tu Unigénito Hijo Redentor del mundo y quisiste aplacarte con su Sangre; te suplicamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra Redención, que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, ¡para que gocemos en el Cielo de su fruto eterno! Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén

7 de julio de 2010

EL PAPA HA LLEGADO A CASTELGANDOLFO




Su Santidad el Papa ha llegado esta tarde a la Villa Pontificia de Catelgandolfo donde residirá hasta el próximo mes de octubre.

FUENTE NÚMERO 100 EN LOS JARDINES VATICANOS, DEDICADA A SAN JOSÉ, PATRONO DEL PAPA

Es para mí motivo de alegría inaugurar esta fuente en los Jardines Vaticanos, en un contexto natural de singular belleza. Es una obra que va a incrementar el patrimonio artístico de este encantador espacio verde de la Ciudad del Vaticano, rico de testimonios histórico-artísticos de varias épocas. De hecho, no solo los prados, las flores, los árboles, pero también las torres, las casitas, los templetes, las fuentes, las estatuas y las demás construcciones hacen de estos Jardines un unicum fascinante. Ellos fueron para mis Predecesores, y son también para mí un espacio vital, un lugar que frecuento a menudo para transcurrir un poco de tiempo en oración y en serena distensión.
Al dirigir a cada uno de vosotros mi cordial saludo, deseo manifestar vivo reconocimiento por este regalo, que me habéis ofrecido, dedicándolo a san José. ¡Gracias por este delicado y cortés pensamiento! Fue una empresa comprometida, que ha visto la colaboración de muchos. Agradezco ante todo al señor cardenal Giovanni Lajolo también por las palabras que me ha dirigido y por la interesante presentación de los trabajos llevados a cabo. Con él agradezco al arzobispo monseñor Carlo Maria Viganò y el obispo monseñor Giorgio Corbellini, respectivamente Secretario General y Vice-Secretario General de la Gobernación. Expreso vivo aprecio a la Dirección de los Servicios Técnicos, al proyectista y al escultor, a los consultores y al equipo de trabajo, con un pensamiento especial a los esposos Hintze y al señor Castrignano, de Londres, que han financiado generosamente la obra, como también a las hermanas del monasterio de San José de Kyoto. Una palabra de gratitud a la Provincia de Trento, a los ayuntamientos y a las empresas trentinas, por su contribución.

Confiarse a Dios no significa ver todo claro según nuestros criterios
Esta fuente está dedicada a san José, figura querida y cercana al corazón del pueblo de Dios y a mi corazón. Los seis paneles de bronce que la embellecen evocan otros tantos momentos de su vida. Deseo brevemente detenerme sobre ellos. El primer panel respresenta los desposorios entre José y María; es un episodio que reviste gran importancia. José era de la estirpe real de David y, en virtud de su matrimonio con María, conferirá al Hijo de la Virgen – al Hijo de Dios – el título legal de “hijo de David”, cumpliendo así las profecías. El desposorio de José y María es, por ello, un acontecimiento humano, pero determinante en la historia de salvación de la humanidad, en la realización de las promesas de Dios; por ello tiene también una connotación sobrenatural, que los dos protagonistas aceptan con humildad y confianza.
Bien pronto para José llega el momento de la prueba, una prueba comprometida para su fe. Prometido de María, antes de ir a vivir con ella, descubre su misteriosa maternidad y se queda turbado. El evangelista Mateo subraya que, siendo justo, no quería repudiarla, y por tanto decidió despedirla en secreto. Pero en sueños – como está representado en el segundo panel – el ángel le hizo comprender que lo que sucedía en María era obra del Espíritu Santo; y José, fiándose de Dios, consiente y coopera en el plano de la salvación. Ciertamente, la intervención divina en su vida no podía no turbar su corazón. Confiarse a Dios no significa ver todo claro según nuestros criterios, no significa realizar lo que hemos proyectado; confiarse a Dios quiere decir vaciarse de sí mismos, renunciar a sí mismos, porque solo quien acepta perderse por Dios puede ser “justo” como san José, es decir, puede conformar su propia voluntad a la de Dios y así realizarse.
José, llamado a ser discípulo de Jesús

El Evangelio, como sabemos, no ha conservado ninguna palabra de José, el cual lleva a cabo su actividad en el silencio. Es el estilo que le caracteriza en toda la existencia, tanto antes de encontrarse frente al misterio de la acción de Dios en su esposa, sea cuando – consciente de este misterio – está junto a María en la Natividad – representada en la tercera imagen. En esa noche santa, en Belén, con María y el Niño, está José, al que el Padre Celestial confió el cuidado cotidiano de su Hijo sobre la tierra, un cuidado llevado a cabo en la humildad y en el silencio.
El cuarto panel reproduce la escena dramática de la Fuga a Egipto para escapar a la violencia homicida de Herodes. José es obligado a dejar su tierra con su familia, de prisa: es otro momento misterioso en su vida; otra prueba en la que se le pide plena fidelidad al designio de Dios.
Después, en los Evangelios, José aparece sólo en otro episodio, cuando se dirige a Jerusalén y vive la angustia de perder al hijo Jesús. San Lucas describe la afanosa búsuqeda y la maravilla de encontrarlo en el Templo – como aparece en el quinto panel –, pero aún mayor es el estupor de escuchar las misteriosas palabras: "¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?". Esta doble pregunta del Hijo de Dios nos ayuda a entender el misterio de la paternidad de José. Recordando a sus propios padres la primacía de Aquel a quien llama "Padre mío", Jesús afirma el primado de la voluntad de Dios sobre toda otra voluntad, y revela a José la verdad profunda de su papel: también él está llamado a ser discípulo de Jesús, dedicando su existencia al servicio del Hijo de Dios y de la Virgen Madre, en obediencia al Padre Celestial.
Vida silenciosa, pero preciosa del Custodio del Redentor

El sexto panel representa el trabajo de José en su taller de Nazaret. Junto a él trabajó Jesús. El Hijo de Dios está escondido a los hombres y sólo María y José custodian su misterio y lo viven cada día: el Verbo encarnado crece como hombre a la sombra de sus padres, pero, al mismo tiempo, estos permanecen, a su vez, escondidos en Cristo, en su misterio, viviendo su vocación.
Queridos hermanos y hermanas, esta bella fuente dedicada a san José constituye un recuerdo simbólico de los valores de la sencillez y de la humildad al llevar a cabo día a día la voluntad de Dios, valores que distinguieron la vida silenciosa, pero preciosa del Custodio del Redentor. A su intercesión confío las esperanzas de la Iglesia y del mundo. Que él, junto a la Virgen María, su esposa, guíe siempre mi camino y el vuestro, para que podamos ser instrumentos gozosos de paz y de salvación.

BENEDICTO XVI: EL PUEBLO DE DIOS PRECEDE A LOS TEÓLOGOS


Teólogos de valor, como Duns Scoto sobre la doctrina de la Inmaculada Concepción, enriquecieron con su contribución específica de pensamiento lo que el Pueblo de Dios ya creía espontáneamente sobre la Beata Virgen, y manifestaba en los actos de piedad, en las expresiones del arte y, en general, en la vida cristiana. Así la fe tanto en la Inmaculada Concepción, como en la Asunción corporal de la Virgen estaba ya presente en el Pueblo de Dios, mientras que la teología no había encontrado aún la clave para interpretarla en la totalidad de la doctrina de la fe. Por tanto el Pueblo de Dios precede a los teólogos y todo esto gracias a ese sensus fidei sobrenatural, es decir, esa capacidad infundida por el Espíritu Santo, que capacita para abrazar la realidad de la fe, con la humildad del corazón y de la mente. En este sentido, el Pueblo de Dios es "magisterio que precede", y que debe ser después profundizado y acogido intelectualmente por la teología. ¡Que los teólogos puedan siempre ponerse a la escucha de esta fuente de la fe y conservar la humildad y la sencillez de los pequeños! Lo recordé hace unos meses diciendo: “Hay grandes doctos, grandes especialistas, grandes teólogos, maestros de fe, que nos han enseñado muchas cosas. Están versados en los detalles de la Sagrada Escritura... pero no han podido ver el propio misterio, el verdadero núcleo... ¡Lo esencial permanece escondido! En cambio, hay también en nuestro tiempo pequeños que han conocido este misterio. Pensemos en santa Bernardette Soubirous; en santa Teresa de Lisieux, con su nueva lectura 'no científica' de la Biblia, pero que entra en el corazón de la Sagrada Escritura"
*De la Catequesis impartida por el Santo Padre en la Audiencia de este miércoles.

6 de julio de 2010

Opinión sobre el libro 'Summorum Pontificum, ¿un problema o una riqueza?'

El libro sobre Summorum Pontificum publicado por Uds. es interesantísimo, tiene muchos matices y despeja creo todas dudas que podrían darse. Lo importante es que recalca lo que escribió el Papa y lo que comentan cardenales y obispos en plena comunión con él. Habida cuenta que la Iglesia no funciona por decretos, ni órdenes, un obispo (y puede que hasta un cura) no debe esperar a que su superior le diga lo que tiene que hacer, sino que, conociendo la voluntad del Papa y a la mayor gloria de Dios, anticiparse y realizar prudentemente y con toda paz estos deseos. Esto es la verdadera obediencia, y no poner obstáculos, criticar, mirarlo como problema, etc. En cuanto a la Misa Tridentina, es un verdadero don el Motu Propio, un derecho que nos da el Papa, y que enriquece los dos ritos, pues en esta Misa más adelante podrían introducirse los nuevos prefacios, los nuevos santos y fiestas, etc. y en la de Pablo VI, celebrarla con el verdadero sentido de sacralidad y sacrificio, siempre siendo el sacerdote mediador entre Dios y los hombres, o sea, ganaría mucho.
PEDRO BRAVO

Opinión sobre el libro 'Summorum Pontificum, ¿un problema o una riqueza?'

EL LIBRO ES UNA MARAVILLA, NO TIENE DESPERDICIO Y DICE VERDADES COMO TEMPLOS. TANTO ME GUSTA QUE QUISIERA ENVIARLO A TODAS LAS PARROQUIAS DE ESPAÑA Y A TODOS LOS CONVENTOS. EL PROBLEMA SIEMPRE ES EL ECONOMICO, NO POR EL IMPORTE DEL LIBRO QUE ES UN IMPORTE SIMBOLICO, SINO POR LO QUE SE LLEVA CORREOS QUE NO ES POCO, A VECES, CUESTA MAS EL COLLAR QUE EL PERRO.

DE MOMENTO SE LO VOY A ENVIAR A 5 OBISPOS DE ESPAÑA, Y POR SUPUESTO A ALGUNOS SACERDOTES, ASI QUE POR FAVOR ME ENVIEN OTROS 10 EJEMPLARES QUE PAGARÉ JUNTO CON LOS QUE ENVIEN A SALAMANCA POR UN IMPORTE DE 20 EUROS EL MATERIAL MAS 5 DE GASTOS DE ENVIO. YA ME DIRAN SI TIENEN EXISTENCIAS.
BETANIA

5 de julio de 2010

ORDENACIONES POR EL RITO TRADICIONAL


Su Eminencia el Cardenal Cañizares Llovera, Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha ordenado nuevos sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro en el seminario de Wigratzbad (Alemania). Las Sagradas Órdenes han sido administradas siguiendo el Rito Tradicional.
*Tomado de New Liturgical Movement

MES DE JULIO, CONSAGRADO A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO


ALABANZAS A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO
Autor: Padre Pedro García, Claretiano


Jesús, autor de nuestra salvación. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, que diste tu Sangre en precio de nuestro rescate.¡Bendita es tú Sangre preciosa !

Jesús, cuya Sangre nos reconcilia con Dios. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa !

Jesús, que con tu Sangre nos purificas a todo. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, que con tu Sangre limpias culpas. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, por cuya Sangre tenemos acceso a Dios. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, que nos das tú Espíritu cuando bebemos tú Sangre. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, con cuya Sangre pregustamos las delicias del cielo. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, que con tú Sangre fortaleces nuestra debilidad. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, que nos das tú Sangre en la Eucaristía. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, cuya Sangre es prenda del banquete eterno. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, que nos vistes con tú Sangre como traje del Reino. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Jesús, cuya Sangre proclama nuestro valor ante Dios. ¡Bendita es tú Sangre Preciosa!

Oración
Jesús, Salvador nuestro, presenta al Padre Tu Sangre que, en virtud del Espíritu Santo, derramaste por nuestro amor. Purificados de nuestros pecados en el baño de esa Sangre sagrada, esperamos alcanzar por ella la gracia de las gracias: nuestra salvación eterna. Así sea.

EL PAPA BENEDICTO XVI HONRA LA MEMORIA DE SU PREDECESOR SAN CELESTINO V

San Pedro Celestino fue desde su juventud un "buscador de Dios"
¡Queridos amigos! Mi visita tiene lugar con ocasión del Año Jubilar especial convocado por los obispos del Abruzzo y de Molise para celebrar los ochocientos años del nacimiento de san Pedro Celestino. Sobrevolando vuestro territorio, he podido contemplar la belleza del paisaje y, sobre todo, admirar algunas localidades estrechamente ligadas a la vida de esta insigne figura: el Monte Morrone, donde Pedro condujo por mucho tiempo la vida eremítica; la ermita de san Onofre, donde en 1294 le llegó la noticia de su elección como Sumo Pontífice, que tuvo lugar en el Cónclave de Perusa; y la Abadía de “Santo Spirito”, cuyo altar mayor fue consagrado por él después de su coronación, que tuvo lugar en la Basílica de Collemaggio en L’Aquila. A esta Basílica yo mismo, en abril del año pasado, me dirigí para venerar la urna con sus despojos y dejar el palio recibido en el día del inicio de mi Pontificado. Han pasado ya ochocientos años desde el nacimiento de san Pedro Celestino V, pero él permanece en la historia por las conocidas circunstancias de su tiempo y de su pontificado y, sobre todo, por su santidad. La santidad, de hecho, no pierde nunca su fuerza atractiva, no cae en el olvido, no pasa nunca de moda, al contrario, con el paso del tiempo, resplandece cada vez con mayor luminosidad, expresando la perenne tensión del hombre hacia Dios. De la vida de san Pedro Celestino quisiera por tanto recoger algunas enseñanzas, válidas también en nuestros días.
Pedro Angelerio desde su juventud fue un “buscador de Dios”, un hombre deseoso de encontrar respuestas a los grandes interrogantes de nuestra existencia: ¿quién soy, de dónde vengo, por qué vivo, para quién vivo? Él se puso de viaje buscando la verdad y la felicidad, se puso a la búsqueda de Dios, y, para escuchar su voz, decidió separarse del mundo y vivir como ermitaño. El silencio se convierte así en el elemento que caracteriza su vida cotidiana. Y es precisamente en el silencio exterior, pero sobre todo en el interior, donde él llega a percibir la voz de Dios, capaz de orientar su vida. Hay aquí un primer aspecto importante para nosotros: vivimos en una sociedad en la que cada espacio, cada momento parece que tenga que “llenarse” de iniciativas, de actividades, de sonidos; a menudo no hay tiempo siquiera para escuchar y dialogar. ¡Queridos hermanos y hermanas! No tengamos miedo de hacer silencio fuera y dentro de nosotros, si queremos ser capaces no sólo de percibir la voz de Dios, sino también la voz de quien está a nuestro lado, la voz de los demás.

La cruz constituyó el centro de su vida
Pero es importante subrayar también un segundo elemento: el descubrimiento del Señor que hace Pedro Angelerio no es el resultado de un esfuerzo, sino que lo hace posible la propia Gracia de Dios, que le precede. Lo que él tenía, lo que él era, no le venía de sí mismo: le había sido dado, era gracia, y era por ello también responsabilidad ante Dios y ante los demás. Aunque nuestra vida sea muy distinta, también vale lo mismo para nosotros: todo lo esencial de nuestra existencia nos ha sido dado sin nuestra aportación. El hecho de que yo vivo no depende de mí; el hecho de que me hayan sido dadas personas que me han introducido en la vida, que me han enseñado qué es amar y ser amado, que me han transmitido la fe y me han abierto la mirada a Dios: todo esto es gracia y no está “hecho por mí”. Por nosotros mismos no habríamos podido hacer nada si no nos hubiera sido dado: Dios nos precede siempre, y en cada vida hay cosas bellas y buenas que podemos reconocer fácilmente como gracia suya, como rayo de luz de su bondad. Por esto debemos estar atentos, tener siempre abiertos los “ojos interiores”, los de nuestro corazón. Y si aprendemos a conocer a Dios en su bondad infinita, entonces seremos capaces también de ver, con asombro, en nuestra vida – como los santos – los signos de ese Dios, que está siempre cerca de nosotros, que es siempre bueno con nosotros, que nos dice: “¡Ten fe en mí!".
En el silencio interior, en la percepción de la presencia del Señor, Pedro de Morrone había madurado, además, una experiencia viva de la belleza de la creación, obra de las manos de Dios: sabía captar su sentido profundo, respetaba sus signos y sus ritmos, hacía uso de ella para lo que es esencial a la vida. Sé que esta Iglesia local, como también las demás del Abruzzo y de Molise, están activamente comprometidas en una campaña de sensibilización para la promoción del bien común y de la salvaguardia de la creación: os animo en este esfuerzo, exhortando a todos a sentirse responsables de su propio futuro, como también del de los demás, respetando y custodiando la creación, fruto y signo del Amor de Dios.
En la segunda lectura de hoy, tomada de la Carta a los Gálatas, hemos escuchado una bellísima expresión de san Pablo, que es también un retrato espiritual perfecto de san Pedro Celestino: “Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo”. Verdaderamente la Cruz constituyó el centro de su vida, le dio la fuerza de afrontar las duras penitencias y los momentos más comprometidos, desde su juventud hasta su última hora: él fue siempre consciente de que de ella viene la salvación. La Cruz dio a san Pedro Celestino también una clara conciencia de pecado, siempre acompañada de una también clara conciencia de la infinita misericordia de Dios hacia su criatura. Viendo los brazos completamente abiertos de su Dios crucificado, se sintió llevar al mar infinito del amor de Dios. Como sacerdote, tuvo experiencia de la belleza de ser administrador de esta misericordia absolviendo a los penitentes del pecado, y, cuando fue elegido a la Sede del Apóstol Pedro, quiso conceder una particular indulgencia, llamada "La Perdonanza". Deseo exhortar a los sacerdotes a que se conviertan en testigos claros y creíbles de la buena noticia de la reconciliación con Dios, ayudando al hombre de hoy a recuperar el sentido del pecado y del perdón de Dios, para experimentar esa alegría sobreabundante de la que el profeta Isaías nos habló en la primera lectura.

El breve y sufrido pontificado de Celestino V
Finalmente, un último elemento: San Pedro Celestino, aún llevando una vida eremítica, no estaba “cerrado en sí mismo”, sino que estaba lleno de la pasión de llevar la buena noticia del Evangelio a los hermanos. Y el secreto de su fecundidad pastoral estaba precisamente en “permanecer” con el Señor, en la oración, como se nos ha recordado también en el pasaje evangélico de hoy: el primer imperativo es siempre el de orar al Señor de la mies. Y sólo después de esta invitación, Jesús define algunos compromisos esenciales de los discípulos: el anuncio sereno, claro y valiente del mensaje evangélico – también en los momentos de persecución – sin ceder ni a la fascinación de la moda, ni al de la violencia o de la imposición; el desapego de la preocupación por las cosas – el dinero y el vestido – confiando en la Providencia del Padre; la atención y cuidado en particular hacia los enfermos en el cuerpo y en el espíritu. Estas fueron también las características del breve y sufrido pontificado de Celestino V, y estas son las características de la actividad misionera de la Iglesia en toda época.
¡Queridos hermanos y hermanas! Estoy entre vosotros para confirmaros en la fe. Deseo exhortaros, con fuerza y afecto, a permanecer firmes en esa fe que habéis recibido, que da sentido a la vida y que da la fuerza para amar. Que nos acompañen en este camino el ejemplo y la intercesión de la Madre de Dios y de San Pedro Celestino. ¡Amen!

*De la homilía de Benedicto XVI en su Viaje Apostólico a Sulmona