31 de mayo de 2010

REINA Y MADRE DE MISERICORDIA


Madre de Dios y señora mía, María. Como se presenta a una gran reina un pobre andrajoso y llagado,así me presento a ti, reina de cielo y tierra. Desde tu trono elevado dígnate volver los ojos a mí, pobre pecador.Dios te ha hecho tan rica para que puedas socorrer a los pobres,y te ha constituido reina de misericordia para que puedas aliviar a los miserables. Mírame y ten compasión de mí. Mírame y no me dejes; cámbiame de pecador en santo.

Veo que nada merezco y por mi ingratitud debiera verme privado de todas las gracias que por tu medio he recibido del Señor.Pero tú, que eres reina de misericordia, no andas buscando méritos, sino miserias y necesidades que socorrer. ¿Y quién más pobre y necesitado que yo?

Virgen excelsa, ya sé que tú, siendo la reina del universo, eres también la reina mía. Por eso, de manera muy especial, me quiero dedicar a tu servicio, para que dispongas de mí como te agrade. Te diré con san Buenaventura: Señora, me pongo bajo tu servicio para que del todo me moldees y dirijas. No me abandones a mí mismo; gobiérname tú, reina mía. Mándame a tu arbitrio y corrígeme si no te obedeciera, porque serán para mí muy saludables los avisos que vengan de tu mano.

Estimo en más ser tu siervo que ser el dueño de toda la tierra. ”Soy todo tuyo, sálvame”. Acéptame por tuyo y líbrame. No quiero ser mío; a ti me entrego.Y si en lo pasado te serví mal, perdiendo tan bellas ocasiones de honrarte, en adelante quiero unirme a tus siervosl os más amantes y más fieles. No quiero que nadie me aventaje en honrarte y amarte, mi amable reina. Así lo prometo y, con tu ayuda, así espero cumplirlo. Amén. Amén.
*San Alfonso María de Ligorio

LA SANTÍSIMA VIRGEN GOZA DE REGIO PODER Y ARDE EN AMOR MATERNAL


Para ayudarnos a comprender la sublime dignidad que la Madre de Dios ha alcanzado por encima de las criaturas todas, hemos de pensar bien que la Santísima Virgen, ya desde el primer instante de su concepción, fue colmada por abundancia tal de gracias que superó a la gracia de todos los Santos.
Por ello —como escribió Nuestro Predecesor Pío IX, de f. m., en su Bula— «Dios inefable ha enriquecido a María con tan gran munificencia con la abundancia de sus dones celestiales, sacados del tesoro de la divinidad, muy por encima de los Ángeles y de todos los Santos, que Ella, completamente inmune de toda mancha de pecado, en toda su belleza y perfección, tuvo tal plenitud de inocencia y de santidad que no se puede pensar otra más grande fuera de Dios y que nadie, sino sólo Dios, jamás llegará a comprender».

Además, la Bienaventurada Virgen no tan sólo ha tenido, después de Cristo, el supremo grado de la excelencia y de la perfección, sino también una participación de aquel influjo por el que su Hijo y Redentor nuestro se dice justamente que reina en la mente y en la voluntad de los hombres. Si, de hecho, el Verbo opera milagros e infunde la gracia por medio de la humanidad que ha asumido, si se sirve de los sacramentos, y de sus Santos, como de instrumentos para salvar las almas, ¿cómo no servirse del oficio y de la obra de su santísima Madre para distribuirnos los frutos de la Redención?

«Con ánimo verdaderamente maternal —así dice el mismo Predecesor Nuestro, Pío IX, de ilustre memoria— al tener en sus manos el negocio de nuestra salvación, Ella se preocupa de todo el género humano, pues está constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y está exaltada sobre los coros todos de los Ángeles y sobre los grados todos de los Santos en el cielo, estando a la diestra de su unigénito Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, con sus maternales súplicas impetra eficacísimamente, obtiene cuanto pide, y no puede no ser escuchada».

A este propósito, otro Predecesor Nuestro, de feliz memoria, León XIII, declaró que a la Bienaventurada Virgen María le ha sido concedido un poder «casi inmenso en la distribución de las gracias»; y San Pío X añade que María cumple este oficio suyo «como por derecho materno».

Gloríense, por lo tanto, todos los cristianos de estar sometidos al imperio de la Virgen Madre de Dios, la cual, a la par que goza de regio poder, arde en amor maternal.
* De la Encíclica Ad caeli reginam del Venerable Pío XII

SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, REINA

Te rogamos, Señor, nos concedas, que al celebrar la solemnidad de la gloriosa Virgen María nuestra Reina y Madre Dulcísima, protegidos por su auxilio, merezcamos conseguir la paz en esta vida y la gloria en la vida venidera. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

24 de mayo de 2010

BENEDICTO XVI: LAS IGLESIAS PARTICULARES DEBEN CONFORMARSE SIEMPRE A LA IGLESIA UNIVERSAL

Extracto de la homilía en la Misa de Pentecostés:
Éste es el efecto de la obra de Dios: la unidad; por eso la unidad es la señal de reconocimiento, la “tarjeta de visita” de la Iglesia a lo largo de su historia universal. Desde el principio, desde el día de Pentecostés, habla todas las lenguas. La Iglesia universal precede a las Iglesias particulares, y éstas deben siempre conformarse a ella, según un criterio de unidad y universalidad. La Iglesia ya no es prisionera de fronteras políticas, raciales ni culturales; no se puede confundir con los Estados ni con las Federaciones de Estados, porque su unidad es de otro tipo y aspira a atravesar todas las fronteras humanas.
De esto, queridos hermanos, deriva un criterio práctico de discernimiento para la vida cristiana: cuando una persona, o una comunidad, se cierra en su propio modo de pensar y de actuar, es signo de que se está alejando del Espíritu Santo. El camino de los cristianos y de las Iglesias particulares debe confrontarse siempre con el de la Iglesia una y católica, y armonizarse con él. Esto no significa que la unidad creada por el Espíritu Santo sea una especie de igualitarismo. Al contrario, éste es más el modelo de Babel, es decir, la imposición de una cultura de la unidad que podemos definir como “técnica”. La Biblia, de hecho, nos dice que en Babel todos hablaban una sola lengua. En Pentecostés, en cambio, los Apóstoles hablan lenguas diversas para que cada uno entienda el mensaje en su propio idioma. La unidad del Espíritu se manifiesta en la pluralidad de la comprensión. La Iglesia es por su naturaleza una y múltiple, destinada como está a vivir en todas las naciones, en todos los pueblos, y en los más diversos contextos sociales.

NO HAY PENTECOSTÉS SIN LA VIRGEN MARÍA


Alocución de Benedicto XVI durante el rezo del Ángelus de ayer domingo:

¡Queridos hermanos y hermanas!
Cincuenta días después de la Pascua, celebramos la solemnidad de Pentecostés, en la que recordamos la manifestación de la potencia del Espíritu Santo, el cual , como viento y como fuego, descendió sobre los Apóstoles reunidos en el Cenáculo y les hizo capaces de predicar con valentía el Evangelio a todas las gentes. El misterio de Pentecostés, que justamente nosotros identificamos con ese acontecimiento, verdadero “bautismo” de la Iglesia, no se agota, sin embargo, en eso. La Iglesia, de hecho, vive constantemente de la efusión del Espíritu Santo, sin el cual agotaría sus propias fuerzas, como una barca de vela a la que le faltara el viento. Pentecostés se renueva de manera particular en algunos momentos fuertes, tanto en el ámbito local como en el universal, tanto en pequeñas asambleas como en grandes convocatorias. Los Concilios, por ejemplo, han tenido sesiones gratificantes de especial efusión del Espíritu Santo, y entre éstas se encuentra ciertamente el Concilio Ecuménico Vaticano II. Podemos recordar también el célebre encuentro de los movimientos eclesiales con el Venerable Juan Pablo II, aquí en la Plaza de San Pedro, precisamente en Pentecostés del 1998. Pero la Iglesia experimenta innumerables “pentecostés” que vivifican las comunidades locales: pensemos en las Liturgias, en particular aquellas vividas en momentos especiales para la vida de la comunidad, en las que la fuerza de Dios se percibe de manera evidente infundiendo en las almas alegría y entusiasmo. Pensemos en tantos congresos de oración, en los que los jóvenes sienten claramente la llamada de Dios a arraigar su vida en su amor, también consagrándose enteramente a Él.


No hay por tanto Iglesia sin Pentecostés. Y querría añadir: no hay Pentecostés sin la Virgen María. Así fue al inicio, en el Cenáculo, donde los discípulos “perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” -como nos refiere el libro de los Hechos de los Apóstoles. Y así es siempre, en todo tiempo y lugar. He sido testigo también de ello hace pocos días, en Fátima. Lo que vivió, de hecho, aquella inmensa multitud, en la explanada del Santuario, donde todos éramos un solo corazón y una sola alma, ¿no es un renovado Pentecostés? En medio de nosotros estaba María, la Madre de Jesús. Es ésta la experiencia típica de los grandes Santuarios marianos: Lourdes, Guadalupe, Pompeya, Loreto, o también de los más pequeños: allá donde los cristianos se reúnen en oración con María, el Señor da su Espíritu.


Queridos amigos, en esta fiesta de Pentecostés, también nosotros queremos estar espiritualmente unidos a la Madre de Cristo y de la Iglesia invocando con fe una renovada efusión del divino Paráclito. La invocamos para toda la Iglesia, en particular, en este Año Sacerdotal, para todos los ministros del Evangelio, para que el mensaje de salvación sea anunciado a todas las gentes.

22 de mayo de 2010

EL DON DEL AMOR CONTIENE TODOS LOS DEMÁS. ¡SANTO ESPÍRITU, ENSÉÑANOS A AMAR!




El Espíritu Santo

La fe en el Espíritu Santo está ligada a la aceptación de su misión. La primera misión del Espíritu Santo es la de transmitirse a sí mismo y, como él es Dios, el primero de sus dones, el que los contiene a todos los demás, es el don del amor. Por eso debemos pedirle al Espíritu Santo que nos enseñe a amar. Ligado al amor está la santidad y el perdón.
Tradicionalmente se ha dicho que, además, los dones del Espíritu Santo son siete: temor, fortaleza, piedad, consejo, ciencia, entendimiento y sabiduría.

Espíritu de Amor:
El Espíritu Santo es Dios y como Dios es amor, el don que transmite el Espíritu al que entra en comunión con Él es el amor de Dios.
Santidad y perdón:
Cuando amas estás en el camino de la santidad, de la perfección. Y cuando te sales de ese camino por el pecado, puedes volver a él por el arrepentimiento.
La teología católica, al referirse al Espíritu Santo, destaca siempre los llamados “dones” que Él aporta y regala a los fieles.
El primero de estos dones es el propio Espíritu Santo. Dado que Él es Dios y que Dios es amor (1 Jn 4,8.16), recibir el Espíritu Santo es recibir el amor, es dejar que el amor entre en ti, haga morada en ti y te vivifique y transforme. El Catecismo lo entiende así cuando afirma: “El Amor -refiriéndose a Dios, por lo cual lo escribe con mayúsculas- que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor ‘Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado’ (Rm 5,5)” (nº 733).
El don del amor
El primer don del Espíritu Santo, pues, es el don del amor. Y eso es lo más importante que debemos pedirle a Él. “Enséñame a amar”, debemos decirle. “No me dés otra cosa antes que esto, pues ahí está la clave de todo lo demás y si no sé amar no sé nada y no sirvo para nada”, hemos de insistirle en nuestras plegarias. “No vengo a buscar el agua de la fuente -decía Tagore en una preciosa meditación-, vengo a buscar el manantial”. Algo así podemos decirle nosotros al Espíritu Santo. “No quiero los frutos, quiero el árbol que da los frutos. Quiero el amor, quiero a Dios”.
El que posee el don del amor, está en el camino de la santidad y éste es el segundo fruto o don del Espíritu Santo. Quizá deberíamos incluso cambiarle el nombre y denominarle: “Espíritu Santificador”, en el sentido de que Él no es sólo santo sino que su santidad es capaz de comunicarse, de transmitirse, de contagiarse. Si nosotros anheláramos tanto la santidad como la salud, por ejemplo, o como el dinero, o como el afecto de tal o cual persona, o como los honores, o como el éxito profesional, entonces veríamos a las muchedumbres llenando los templos para suplicarle a Dios no por tal o cual necesidad material, sino para pedirle el don de la santidad. “¿Qué has venido a pedir, hijo?”, oiríamos decir al Señor en lo íntimo de nuestra conciencia. Y nosotros le responderíamos: “Quiero ser santo. Por encima de todo, Señor, purifícame de mis miserias, que tu gracia me sostenga y acompañe. Lléname de amor y de la capacidad de amar. Hazme santo porque Tú, Señor, eres santo”.

El perdón de Dios
Ser santo sería relativamente fácil si no fuera porque somos pecadores. “Puesto que hemos muerto, o al menos, hemos sido heridos por el pecado -dice el Catecismo-, el primer efecto del don del Amor es la remisión de nuestros pecados. La Comunión con el Espíritu Santo (2 Co 13,13) es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado” (nº 734).
Es curioso y muy significativo que, en una de las apariciones de Cristo Resucitado, éste se dirija a los apóstoles diciéndoles: “Recibid el Espíritu Santo”, para añadir a continuación: “A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados y a quienes se los retengáis les quedan retenidos”. Es, pues, el propio Cristo el que une el don del Espíritu con el don del perdón. El Espíritu Santo es un Espíritu de perdón. Recibimos, con Él, el perdón -lo recibimos cuando nos confesamos, naturalmente-, y también es Él el que obra en nosotros para movernos a perdonar a los demás, para hacernos capaces de llevar a cabo el más difícil y hermoso de los actos de amor al prójimo.
La tradición ha ligado al Espíritu Santo con otros siete dones, además de los ya mencionados. Estos, sin embargo, no son recogidos por el Catecismo, pero forman parte de la espíritualidad clásica.
Los siete dones son: temor, fortaleza, piedad, consejo, ciencia, entendimiento y sabiduría.
El don de temor nos invita a tener presente no sólo el amor de Dios, sino también la justicia de Dios. Es especialmente útil pedirlo y aplicarlo cuando se es víctima de una situación de pecado reincidente, que termina por convencernos de que lo que hacemos no es tan malo y de que, en todo caso, Dios jamás será capaz de condenar enternamente a sus hijos.

El don de fortaleza nos ayuda para afrontar las dificultades de la vida, bien las que están ligadas directamente a la confesión o práctica de la fe -críticas por ir a misa o por defender al Santo Padre, por ejemplo-, bien las que proceden de la vida misma. Lo podemos pedir cuando estamos atribulados, cuando tenemos ganas de rendirnos porque las desgracias se han sucedido y acumulado, cuando nos parece que no merece la pena seguir luchando.

El don de piedad nos ayuda a fortalecer la vida espiritual, a dedicar más tiempo a la oración, a frecuentar los sacramentos, sobre todo el de la penitencia.

El don de consejo fortalece la prudencia y nos sirve para discernir cómo debemos comportarnos. Quizá se podría volver a recordar aquella oración, dirigiéndola al Espíritu Santo: “Ayúdame, Señor, a cambiar lo que se puede cambiar, a aceptar lo que no se puede cambiar y a saber distinguir una cosa de la otra”.

El don de ciencia perfecciona la fe y nos ayuda a intuir cuándo una doctrina o una persona es verdaderamente católica. Con frecuencia asistimos a la exposición de teorías sugestivas que, sin embargo, camuflan errores. Por este don sabremos notar cuándo están en comunión con la Iglesia y cuándo no.

El don de entendimiento nos sirve para penetrar en los misterios de la fe. Aceptamos las cosas que la Iglesia nos enseña, pero a veces no las entendemos, lo mismo que no entendemos bien la Sagrada Escritura. Este don aumenta nuestra capacidad de comprender a Dios y a sus cosas.
El don de sabiduría, por último, perfecciona la caridad y nos hace comprender cuándo y cómo tenemos que amar y hasta dónde tenemos que llegar en el servicio al prójimo.


FUENTE: mercaba.org

VENI SANCTE SPIRITUS, VENI PER MARIAM

– Eterno Padre, en nombre de Jesucristo y por la intercesión de la Virgen María, envía a mi corazón el Espíritu Santo.
Ven, Espíritu Santo, a mi corazón y santifícalo.
Ven, Padre de los pobres, y alíviame.
Ven, Autor de todo bien, y consuélame.
Ven, Luz de las mentes, e ilumíname.
Ven, Consolador de las almas y confórtame.
Ven, eterno Amor, e inflama mi corazón.
Ven, dulce Huésped de los corazones, y no te apartes de mí. Ven, verdadero Refrigerio de mi vida, y renuévame.
(Tres veces “Gloria al Padre ...”)

– Eterno Padre, en nombre de Jesucristo y por la intercesión de la Virgen María, envía a mi corazón el Espíritu Santo.
Espíritu Santo, Dios de infinita caridad, dame tu santo amor.
Espíritu Santo, Dios de las virtudes, conviérteme.
Espíritu Santo, Fuente de luces celestes, disipa mi ignorancia.
Espíritu Santo, Dios de infinita pureza, santifica mi alma.
Espíritu Santo, Dios de toda felicidad, comunícate a mi corazón.
Espíritu Santo, que habitas en mi alma, transfórmala y hazla toda tuya.
Espíritu Santo, Amor sustancial del Padre y del Hijo, permanece siempre en mi corazón.
(Tres veces “Gloria al Padre”).

– Eterno Padre, en nombre de Jesucristo y por la intercesión de la Virgen María, envía a mi corazón el Espíritu Santo.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don de la Sabiduría.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Entendimiento.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Consejo.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Fortaleza.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Ciencia.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Piedad.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don del Santo Temor de Dios.
(Tres veces “Gloria al Padre”).

– Eterno Padre, en nombre de Jesucristo y por la intercesión de la Virgen María, envía a mi corazón el Espíritu Santo.
Ven, Espíritu, y concédeme los frutos de caridad, gozo y paz.
Ven, Espíritu, y concédeme los frutos de paciencia, magnanimidad y bondad.
Ven, Espíritu, y concédeme los frutos de benignidad, mansedumbre y fe.
Ven, Espíritu, y concédeme los frutos de modestia, continencia y castidad.
(Tres veces “Gloria al Padre”)

VENI SANCTE SPIRITUS





Veni Sancte Spiritus et emite caelitus lucis tuae radium
Veni pater pauperum, veni dator munerum, veni lumen cordium.
Consolator optime, dulcis hospes animae, dulce refrigerium.
In labore requies, in aestu temperies, in fletu solatium.
O lux beatissima, reple cordis intima tuorum fidelium.
Sine tuo numine nihil est in homine, nihil est inoxium.
Lava quod est sordidum, riga quod est aridum, sana quod est saucium.
Flecte quod est rigidum, fove quod est frigidum, rege quod est devium.
Da tuis fidelibus in te confidentibus, sacrum septenarium.
Da virtutis meritum, da salutis exitum, da perenne gaudium.
Amen, Alleluia.

Ven Espíritu Santo y desde el cielo envía un rayo de tu luz.
Ven padre de los pobres, ven dador de las gracias, ven luz de los corazones.
Consolador óptimo, dulce huésped del alma, dulce refrigerio.
Descanso en el trabajo, en el ardor tranquilidad, consuelo en el llanto.
Oh luz santísima: llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles.
Sin tu ayuda nada hay en el hombre, nada que sea inocente.
Lava lo que está manchado, riega lo que es árido, cura lo que está enfermo.
Doblega lo que es rígido, calienta lo que es frío, dirige lo que está extraviado.
Concede a tus fieles que en Ti confían, tus siete sagrados dones.
Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales el eterno gozo.
Amén, Aleluya.

21 de mayo de 2010

MONSEÑOR NICOLA BUX INVITA A SACERDOTES Y OBISPOS A PROMOVER LA LITURGIA TRADICIONAL

Monseñor Nicola Bux es Consultor de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe y Consultor de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.
Ofrecemos la profunda e interesantísima entrevista que le ha realizado AlbaDigital:
- ¿Podría explicar en qué consiste la participación actuosa de mente y de corazón?
Dice San Pablo en su Carta a los Romanos, en el capítulo 12, que debemos ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio razonable, agradable a Dios. Esa es una participación “activa”, es decir; de acto, de acción. Nuestra acción máxima es la de unir nuestra vida a Cristo y, sobre todo, ofrecer nuestra vida a la oferta de Cristo en el sacrificio de la Cruz. Esta es la Misa.
Esta es la participación, la parte que falta cuando San Pablo, en la carta a los colosenses, dice “cumplo lo que falta al sufrimiento de Cristo en mi carne, a favor de su cuerpo, que es la Iglesia”. Él quiere decir que esa actividad, esa acción en la liturgia es unir nuestra vida a la de Cristo. Esa es la participación que la constitución litúrgica del concilio habla y remite: promover, pedir. Por tanto, que los fieles en la liturgia sean conscientes de que cumplen esa parte, que falta -en cierto sentido- a Cristo. Uno puede decir “¿Cómo puede ser? ¿A la Redención de Cristo le falta algo?” No, es completa, “todo está cumplido”. Es nuestra parte la que falta, tenemos que poner de nuestra parte. Esto requiere que miremos a Cristo, que le contemplemos.


- Frente a la participación actuosa, ¿cuales son las características de la mala participación?
Se caracteriza en que, en vez de partir de Cristo, partimos de nosotros mismos, de nuestras ideas, de nuestros proyectos, del deseo de éxito, de organizar la liturgia, de crearla, de cambiarla según los gustos subjetivos y, en suma, poniendo en el centro de la liturgia no al Señor, sino a nosotros mismos. Creo que hoy un síntoma de este centralismo humano, antropologíco, es la sede del celebrante en el centro de la Iglesia. Nunca en la historia se dio así. Incluso el obispo antiguamente no se sentaba nunca en el centro, sino que encabezaba la asamblea, mientras era el altar lo que estaba en el centro.


- Pero hoy la sede está en el centro…
Hemos puesto al hombre en el centro, en vez de al Señor. Alguno puede objetar que el sacerdote representa a Cristo. Sin duda esto es cierto, aunque en una medida muy reducida. Antes Cristo era representado por la centralidad del santuario, del altar. El sacerdote es un ministro de Cristo, por tanto, importante, pero no puede estar siempre en el centro, cuando ofrece la oración de gracias, la eucaristía.


- ¿Por qué la entrada del novus ordo se produjo de una manera tan súbita y, para algunos, tan traumática?
La reforma litúrgica fue impuesta por expertos estudiosos que después se sirvieron de un decreto papal para poder dar fuerza a esa reforma. Es una reforma que no respeta el desarrollo que se había dado antes (1950, 1960) en continuidad, sino que es una reforma que ha creado un trauma. Todos recordamos cuando fue promulgado el calendario de los santos, en 1970; hubo muchas reacciones polémicas; así también cuando fue promulgado el ‘Ordo Missae’, porque se divisaba que venía obligada una forma de celebrar que no estaba en relación con las formas precedentes.


- ¿Esto quiere decir que la reforma de Pablo VI no fue buena?
Era buena, estaba bienintencionada, pero quizás el mismo Pablo VI, como algunos estudiosos han profundizado, no pensaba que se hubiesen traspasado las fronteras que la constitución litúrgica había establecido, sobre todo en el artículo 23, por ejemplo: “que las nuevas formas deben desarrollarse orgánicamente de las ya existentes”. El rito de Pablo VI puede ser celebrado digna y correctamente si se recupera el sentido de la liturgia que tiene el rito tradicional.


- ¿Cual es el objetivo de las reformas litúrgicas de Santo Padre?
Seguir al Papa significa volver a dar centralidad a Cristo en la liturgia, que es el lugar de la presencia de Dios, donde el hombre lo puede encontrar. El hombre de hoy busca a Dios. “En el mundo hay muchos lugares donde la fe corre el riesgo de apagarse”, dice Benedicto XVI a los obispos después de revocar las excomuniones a los cuatro obispos ordenados por Monseñor Lefebvre. En el mundo la fe corre el riesgo de apagarse, hay una necesidad por hacer a Cristo presente en el mundo. Y no hay mejor modo de hacerlo que celebrar la Liturgia en modo ‘mistérico’, digno, profundo. Así que debemos seguir al Papa que conoce bien la liturgia desde el punto de vista histórico, moral, jurídico, pastoral.


- Desde luego, Benedicto XVI aboga por ahondar en el estudio de la liturgia.
Todos -tanto amantes de la tradición como los que aman la innovación- hemos de estudiar más las fuentes litúrgicas, la patrística, las Sagradas Escrituras, la teología medieval y moderna, para descubrir todo lo que se ha desarrollado en 2000 años de historia de la Iglesia. Siempre ha habido reformas litúrgicas, pero no de manera traumática, sino con un desarrollo orgánico. La liturgia se debe desarrollar como se desarrolla un paisaje; no con terremotos, sino con una modificación sin traumas, casi sin darse cuenta. Hoy somos muy sensibles al medio ambiente. No queremos que el paisaje se desgaste, queremos que su desarrollo sea respetado. Así también debe ser para la liturgia.


- Que se celebre la Misa con dignidad tambien parece ser uno de los objetivos de este pontificado.
Dice el Santo Padre que deben haber cada vez más comunidades y lugares ejemplares, que celebren la liturgia con buen ejemplo, con la adoración de Dios. “Participar” quiere decir adorar a Dios, conocer que está presente. Saber que nosotros servimos a Dios, que le damos gloria. Esto es lo que hoy es necesario, porque los jóvenes que buscan climas y ambientes ‘excitantes’ entren en estos ambientes, que no son iguales a los del mundo. Son distintos porque es el lugar del Cielo en la Tierra, el lugar del encuentro del hombre con Dios. Los jóvenes pueden asombrarse de la belleza de las Iglesias.


- La tradición artística de la Iglesia podría ser de gran ayuda para propiciar este encuentro…
Aquí, en España, tenéis unos retablos muy bellos que son un símil de las iconostasis orientales. Cuando uno entra y ve estos retablos extraordinarios, ojos y corazón van a lo alto: el color, el esplendor, la gloria dada a lo divino. También el oído, que escucha la música gregoriana y polifónica. Son cosas que buscan las generaciones jóvenes. Por no hablar de la lengua sagrada, del latín. Hoy los jóvenes viven en una sociedad multicultural. No tienen el problema de decir “no entiendo la lengua”, como las generaciones pasadas. Debemos recrear este clima de la liturgia, que ayuda a la generación de hoy a no buscar en sitios erróneos, sino a buscar a Dios, a buscarse a sí mismos encontrando a Dios.


- ¿El sacerdote mirando a la cruz en vez de a los fieles cumple una función escatológica?
He dicho antes que la liturgia es la mirada hacia el Señor. De todos, porque la liturgia está enteramente orientada al Señor, es adoración y contemplación del Señor. La posición del sacerdote es vuelto a oriente, es decir, a donde sale el sol, es decir, a Cristo; sol de la justicia, el “sol que surge de lo alto”, como dice San Lucas y en el cántico de Zacarías “el Señor que viene y que vendrá”. Esta mirada, físicamente, está significada por el hecho que también el sacerdote mira a oriente, y todos los fieles, si ven que el sacerdote hace eso, mirarán a oriente también. Como dice el Santo Padre en sus escritos de teólogo, “la Misa no es una especie de círculo cerrado”, donde lo que hacemos es, justamente, un círculo, nos miramos entre nosotros, sino que está abierta al futuro, que viene, que irrumpe.


- ¿La Misa ad orientem ayuda a los fieles a penetrar en el misterio eucarístico?
La palabra “escatología” quiere decir “las últimas cosas que entran en el tiempo”, del griego “escatá”. Es el Señor quien hace las últimas cosas, las cosas siempre nuevas, el Señor que viene a renovar la tierra. La orientación del sacerdote hacia el ábside, hacia la Cruz, es un hecho muy importante. Ahora el Santo Padre pone la Cruz sobre el altar para que, incluso si no se puede celebrar vuelto al Oriente, la Cruz sea el punto de orientación; para que los fieles no miren al sacerdote, sino a Cristo, a la Cruz. Eso es muy importante como modo de continuar la reforma litúrgica, que no se acaba, que continúa siempre, en cada generación. Por tanto, esto de la orientación hacia el Señor, también física, psicológicamente, ayuda a los fieles a entender que la liturgia está orientada al Señor.


- ¿Se puede decir entonces que la Misa Gregoriana se celebra “de espaldas al pueblo”?
Es una frase artificiosa, porque no es verdad. La Misa hacia el pueblo se ha creado en el siglo XX, por un movimiento de opinión que pensaba darle la vuelta a las cosas. Por desgracia, lo han logrado. La Misa no es “de espaldas al pueblo”. Basta asistir a las liturgias orientales, que se celebran todas vueltas hacia el santuario. Hay una parte que sí está vuelta a la asamblea, la liturgia de la palabra, pero la de la anáfora, de la eucaristía, es hacia el Señor. En la liturgia de la palabra, Dios nos habla. En la Eucaristía, nosotros oramos al Señor, le respondemos. Esto es un punto muy importante, desde el punto de vista teológico, psicológico y misionero.


- Frente a los que acusan a la Misa Gregoriana de ‘estecista’, ¿qué cabría responderles?
Yo conozco muchos partidarios de la Misa nueva que tienen un gusto “esteticista”. Es la tentación de todos, la tentación de la forma. No es una condena, porque el hombre tiene ojos y necesita de la forma. No me puede llegar ningún contenido sin ella. Si veo un dulce, una tarta, que estuviese deformada, no me la como. Si en vez de eso, es bonita, está confeccionada, etc., me atrae.
La liturgia es una forma (en griego ‘éstesi’ y ‘forma’ son lo mismo), que debe atraer. No es errado que haya estética. Hasta la teología, dice Hans Urs von Balthasar, es una estética, es una belleza que atrae, pero debe atraer al contenido. Por tanto, la estética no es algo exclusivo de los partidarios de la Misa Gregoriana. Está también en los de la liturgia nueva. La estética es la forma a través de la cual llegamos al contenido principal de la liturgia que es “aquél que es la belleza”, por definición “el más bello de los hijos de los hombres”. Somos atraídos por Él.
Quería concluir invitando a sacerdotes, obispos, y también al Arzobispo de Madrid, a quien he tenido el honor de conocer en el Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía, que sé que es una persona con gran clarividencia, comprensiva, que profundiza en las cosas, a promover esta realidad. Realidad de muchos jóvenes, que -se puede ver en Internet- quieren la celebración de la liturgia tradicional. Así que invito a los obispos a no cerrar los ojos ante esa realidad. La realidad viene antes que nuestras ideas y, como padres, han de ejercer la paternidad; alentando, sosteniendo, corrigiendo, ayudando. Porque así nosotros ayudaremos a este trabajo del Santo Padre de traer a Dios al mundo y de ayudar a los hombres a encontrar a Dios.


Fuente: AlbaDigital

CARTA DEL PAPA AL CARDENAL SODANO, LEGADO PONTIFICIO PARA EL CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL QUE SE CELEBRARÁ EN TOLEDO

Venerable Hermano Nuestro
ANGELO SODANO, Cardenal de la Santa Iglesia Romana
Decano del Colegio Cardenalicio

Creemos firmemente que todos los bienes fluyen, como de una fuente, del mismo Señor. Los fieles, que se acercan a él con toda confianza, se llenan de gracia y se enriquecen copiosamente con sus dones celestiales. Pues “el don, que está en Cristo, siendo uno está en todos; y porque no falta en ninguna parte, se da en la medida en que cada uno quiera recibirlo; habita en tanto en cuanto cada uno quiera merecerlo” (S.Hilario, De Trinitate, 2, 31).
Con inmenso gozo hemos sabido que entre los días 27 al 30 del mes de mayo se reunirán en la muy ilustre ciudad de Toledo una gran cantidad de fieles para celebrar el X Congreso Eucarístico Nacional. Estando en pleno Año Sacerdotal y Año Jubilar Compostelano, el Pueblo de Dios se ve colmado de gracias celestiales y de conmemoraciones salvíficas con las que, sustentado, puede llevar a cabo su misión en las ocupaciones cotidianas que deben ser desempeñadas con fortaleza y diligencia. Para hacernos presente en tan importante acontecimiento, a petición del Venerable Hermano Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo Metropolitano de Toledo, Primado de España, en nombre del resto de los obispos, hemos decidido enviar a un varón eminente que ejerza
nuestra participación y nos represente. A ti, pues, Venerable Hermano Nuestro, dirigimos nuestro pensamiento, tú que por tu dignidad y el lugar distinguido que ocupas entre los Padres del Colegio Cardenalicio, eres sin duda la persona idónea para ejercer este ministerio y llevarlo a cabo admirablemente. Así pues, movido por un gran afecto a tu persona, Venerable Hermano Nuestro, te proclamamos y constituimos como Legado Nuestro para la celebración a la que nos hemos referido anteriormente.
Finalmente, manifestarás abiertamente nuestra benevolencia y solicitud mientras ofrecemos oraciones para que, alimentados con el pan divino, se renueven las almas y los espíritus y se enriquezcan con señalada piedad. Igualmente queremos que trasmitas a todos un caluroso saludo y que impartas, en mi nombre, a todos los participantes de este acontecimiento nuestra Bendición Apostólica, de manera que sea anuncio de gracias divinas y estímulo de renovación espiritual.

Dado en el Palacio Vaticano el día 21 del mes de Abril, del año 2010, sexto de Nuestro
Pontificado.

Papa Benedicto XVI

14 de mayo de 2010

COBERTURA TOTAL DEL VIAJE DEL PAPA A PORTUGAL


PUEDEN VER LA COBERTURA TOTAL DEL VIAJE APOSTÓLICO DEL PAPA A PORTUGAL EN EL BLOG HERMANO: http://missatridentinaemportugal.blogspot.com/

EL PAPA CONSAGRA TODOS LOS SACERDOTES DEL MUNDO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA



Madre Inmaculada,
en este lugar de gracia,
convocados por el amor de tu Hijo Jesús,Sumo y Eterno Sacerdote,
nosotros,hijos en el Hijo y sacerdotes suyos,
nos consagramos a tu Corazón materno,
para cumplir fielmente la voluntad del Padre.

Somos conscientes de que, sin Jesús,
no podemos hacer nada
y de que, sólo por Él, con Él y en Él,
seremos instrumentos de salvación para el mundo.

Esposa del Espíritu Santo,
alcánzanos el don inestimablede la transformación en Cristo.
Por la misma potencia del Espíritu que,
extendiendo su sombra sobre ti,
te hizo Madre del Salvador,
ayúdanos para que Cristo, tu Hijo,
nazca también en nosotros.
Y, de este modo, la Iglesia pueda ser renovada por santos sacerdotes,
transfigurados por la gracia de Aquel que hace nuevas todas las cosas.

Madre de Misericordia,
ha sido tu Hijo Jesús quien nos ha llamadoa ser como Él:
luz del mundo y sal de la tierra.
Ayúdanos,con tu poderosa intercesión,
a no desmerecer esta vocación sublime,
a no ceder a nuestros egoísmos,
ni a las lisonjas del mundo,
ni a las tentaciones del Maligno.

Presérvanos con tu pureza,
custódianos con tu humildad
y rodéanos con tu amor maternal,
que se refleja en tantas almas consagradas a ti
y que son para nosotros auténticas madres espirituales.

Madre de la Iglesia,
nosotros, sacerdotes,queremos ser pastores
que no se apacientan a sí mismos,
sino que se entregan a Dios por los hermanos,
encontrando la felicidad en esto.
Queremos cada día repetir humildemente
no sólo de palabra sino con la vida, nuestro "aquí estoy".
Guiados por ti,
queremos ser apóstoles de la Divina Misericordia,
llenos de gozo por poder celebrar diariamente el Santo Sacrificio del Altar
y ofrecer a todos los que nos lo pidan el sacramento de la Reconciliación.

Abogada y Mediadora de la gracia,
tú que estas unida a la única mediación universal de Cristo,
pide a Dios, para nosotros,
un corazón completamente renovado,
que ame a Dios con todas sus fuerzas
y sirva a la humanidad como tú lo hiciste.

Repite al Señor esa eficaz palabra tuya:
"no les queda vino",
para que el Padre y el Hijo
derramen sobre nosotros,
como una nueva efusión,el Espíritu Santo.

Lleno de admiración y de gratitud
por tu presencia continua entre nosotros,
en nombre de todos los sacerdotes,
también yo quiero exclamar:
"¿quién soy yo para que me visitela Madre de mi Señor? "
Madre nuestra desde siempre,
no te canses de "visitarnos",
consolarnos, sostenernos.
Ven en nuestra ayuda
y líbranos de todos los peligros que nos acechan.
Con este acto de ofrecimiento y consagración,
queremos acogerte de un modo más profundo y radical,
para siempre y totalmente,en nuestra existencia humana y sacerdotal.

Que tu presencia haga reverdecer el desierto de nuestras soledades
y brillar el sol en nuestras tinieblas,
haga que torne la calma después de la tempestad,
para que todo hombre vea la salvación del Señor,
que tiene el nombre y el rostro de Jesús,
reflejado en nuestros corazones,
unidos para siempre al tuyo.
Amén

12 de mayo de 2010

BENEDICTO XVI A NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA



Señora Nuestra
y Madre de todos los hombres y mujeres,
aquí estoy, como un hijo
que viene a visitar a su Madre
y lo hace en compañía
de una multitud de hermanos y hermanas.
Como sucesor de Pedro,
a quien se le ha confiado la misión
de presidir al servicio
de la caridad en la Iglesia de Cristo
y de confirmar a todos en la fe
y en la esperanza,
quiero presentar a tu
Corazón inmaculado
las alegrías y las esperanzas
además de los problemas y los sufrimientos
de cada uno de estos hijos e hijas tuyos
que se encuentran en la Cova de Iría
o que nos acompañan desde lejos.
Madre amabilísima,
tu conoces a cada uno por su nombre,
con su rostro y su historia,
y quieres a todos
con la benevolencia materna
que brota del corazón mismo de Dios Amor.
A todos te los confío y consagro.
María Santísima,
Madre de Dios y Madre nuestra.

El venerable Papa Juan Pablo II,
que te visitó tres veces, aquí en Fátima,
y dio gracias a esa "mano invisible"
que lo libró de la muerte
en el atentado del 13 de mayo,
en la Plaza de San Pedro, hace casi treinta años,
quiso ofrecer al Santuario de Fátima
un proyectil que le hirió gravemente
y fue incrustado en tu corona de Reina de la Paz.
Es de profundo consuelo
saber que tu estás coronada
no sólo con la plata
y el oro de nuestras alegrías y esperanzas,
sino también con el "proyectil"
de nuestras preocupaciones y sufrimientos.
Agradezco, Madre querida,
las oraciones y los sacrificios
que los Pastorcillos
de Fátima elevaban por el Papa,
llevados por los sentimientos
que tú les inspiraste en las apariciones.
Agradezco también a todos aquellos que,
cada día,
rezan por el sucesor de Pedro
y por sus intenciones
para que el Papa sea fuerte en la fe,
audaz en la esperanza y celoso en el amor.

Madre querida por todos nosotros
entrego aquí en tu Santuario de Fátima,
la Rosa de Oro
que he traído de Roma,
como homenaje de gratitud del Papa
por las maravillas que el Omnipotente
ha realizado por tu mediación
en los corazones de tantos peregrinosque vienen a esta tu casa materna.
Estoy seguro de que los Pastorcillos de Fátima
los beatos Francisco y Jacinta
y la sierva de Dios Lucía de Jesús
nos acompañan en esta hora de súplica y de júbilo.
*Benedicto XVI

3 de mayo de 2010

GRACIAS A TODOS LOS SACERDOTES...

Calendario litúrgico del uso extraordinario del Rito Romano



MAYO


Normas generales para el tiempo pascual:
- Se añaden dos aleluyas al Introito de todas las misas.
- Se dice siempre “Gloria in excelsis Deo”
- No se dice Gradual ni Tracto, sino el aleluya pascual, también en las fiestas de los santos.
- Se añade a la Ant. del Ofertorio y de la Comunión un aleluya.
- Se dice siempre el prefacio pascual - in hoc potissimum-, excepto que lo tenga propio.
- En todas las ferias de IV clase, se permite celebrar misa votiva del algún santo o cotidiana de difuntos.


SÁBADO 1. San José, obrero. (I clase, blanco) Gloria y Credo. Prefacio de San José "Et te in solemnitate". No se permite la misa votiva del Inmaculado Corazón de Maria.

DOMINGO 2. IV Domingo de Pascua (II clase, blanco) Gloria, Credo y prefacio pascual.
LUNES 3. Feria (IV clase, blanco) Misa del Domingo IV de Pascua, sin credo.
MARTES 4. Santa Mónica, viuda (III clase, blanco) Gloria y prefacio pascual.
MIERCOLES 5. San Pío V, papa y confesor. (III clase, blanco) Gloria y prefacio pascual
JUEVES 6. Feria (IV clase, blanco) Gloria y prefacio pascual.
Se puede celebrar misa votiva (III clase) de Nuestro Señor Sumo y Eterno Sacerdote donde se realice un acto de piedad por la santificación del clero. Se permite cualquier otra misa votiva o de difuntos.En algunos lugares, Santo Domingo Savio.
VIERNES 7. San Estanislao, obispo y mártir (III clase, rojo) Gloria y prefacio pascual. Se puede celebrar misa votiva del Sagrado Corazón donde se realice algún acto en su honor. Se hace conmemoración de San Estanislao.
SABADO 8. Santa María en sábado (IV clase, blanco) Gloria y prefacio de la Virgen "Et in veneratione". En algunos lugares María, Medianera de todas las gracias.
DOMINGO 9. V Domingo de Pascua (II clase, blanco) Gloria, credo y prefacio pascual.
En algunos lugares, la Virgen de los Desamparados.
LUNES 10. Lunes de Rogativas o San Antonino
  • San Antonino, obispo y confesor (III clase, rojo) Gloria y prefacio pascual, conmemoración de San Gordiano y Epimaco.
  • Si se hace procesión y canto de las Letanías, la misa es propia de las Rogativas (morado, sin gloria ni credo) y conmemoración de San Antonino.
MARTES 11. Martes de Rogativas o San Felipe y Santiago, apóstoles
  • San Felipe y Santiago (II clase, rojo) Gloria y Credo. Prefacio de los apóstoles. Sin conmemoración de las Rogativas.
  • Si se hace procesión y canto de las Letanías, la misa es propia de las Rogativas (morado, sin gloria ni credo, conmemoración de San FElipe y Santiago.
En algunos lugares, Ntra Señora Aparecida.
MIERCOLES 12. Miércoles de Rogativas o Vigilia de la Ascensión
  • Vigilia de la Ascensión (II clase, blanco) Conmemoración de Santos Nereo, Aquiles y Domitila (virgen) y Pancracio, mártires. Gloria y Prefacio de Pascua.
  • Si se hace procesión y canto de las Letanías, la misa es propia de las Rogativas (morado, sin gloria ni credo, conmemoración de la Vigilia.
TIEMPO DE LA ASCENSIÓN
JUEVES 13. Solemnidad de la Ascensión del Señor. (I clase, blanco) Gloria, Credo, Prefacio de las Ascensión y embolismos propios. Después del Evangelio, se apaga el cirio pascual.
VIERNES 14. Feria (IV clase, blanco) Gloria y prefacio de la Ascensión (sin comunicantes propios). Conmemoración de san Bonifacio, mártir. En algunos lugares Santa Gemma Galgani.
Se permite cualquier misa votiva o de difuntos.
Hoy comienza la novena al Espíritu Santo.
SABADO 15. San Juan Bautista de la Salle, confesor y protector de la Fraternidad (III clase, blanco) Gloria y prefacio de la Ascensión (sin comunicantes propios). En algunos lugares, San Isidro labrador.

DOMINGO 16. Domingo despues de la Ascensión (II clase, blanco) Gloria, credo y prefacio de la Ascensión (sin comunicantes propios)
En algunos lugares Nuestra Señor de Luján.
Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales

LUNES 17. San Pascual Bailón, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio de la Ascensión (sin comunicantes propios)
MARTES 18. San Venancio, mártir (III clase, rojo) Gloria y prefacio de la Ascensión. (sin comunicantes propios)
MIERCOLES 19. San Pedro Celestino, papa y confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio de la Ascensión. (sin comunicantes propios)
JUEVES 20. San Bernardino de Siena (III clase, blanco) Gloria y prefacio de la Ascensión. (sin comunicantes propios)
VIERNES 21. Feria (IV clase, blanco) Gloria y prefacio de la Ascensión. Se permite cualquier misa votiva o cotidiana de difuntos. (sin comunicantes propios)
SABADO 22. Viligilia de PEntecostés (I clase, rojo) Gloria sin Credo, prefacio, comunicantes y hanc igitur de PEntecostes.
En algunos lugares Santa Rita. En algunos lugares Santa Joaquina Vedruna.
DOMINGO 23. DOMINGO DE PENTECOSTES (I clase, rojo) Gloria, Secuencia, Credo, prefacio y comunicantes propio.
En algunos lugares, Aparición de Santiago Apóstol.
Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar.

LUNES 24. LUNES DE LA OCTAVA DE PENTECOSTÉS. (I clase, rojo) Gloria, Secuencia, Credo, prefacio y comunicantes de Pentecostés.
MARTES 25. MARTES DE LA OCTAVA DE PENTECOSTÉS
(I clase, rojo)Gloria , Secuencia, Credo, prefacio y comunicantes de Pentecostés
MIERCOLES 26. MIERCOLES DE TEMPORAS DE PENTECOSTES (I clase, rojo) Gloria, Secuencia, Credo, prefacio y comunicantes de Pentecostés. Atención a las rúbricas propias para las lecciones.
JUEVES 27. JUEVES DE LA OCTAVA DE PENTECOSTÉS (I clase, rojo) Gloria , Secuencia, Credo, prefacio y comunicantes de Pentecostés
VIERNES 28. VIERNES DE TEMPORAS DE PENTECOSTÉS (I clase rojo) Gloria , Secuencia, Credo, prefacio y comunicantes de Pentecostés Atención a las rúbricas propias para las lecciones.
SABADO 29. SÁBADO DE TEMPORAS DE PENTECOSTÉS (I clase, rojo) Gloria , Secuencia, Credo, prefacio y comunicantes de Pentecostés. Atención a las rúbricas propias para las lecciones.
TIEMPO ENTRE AÑOS DESPUES DE PENTECOSTÉS
Para vísperas, se toma el II volumen del breviario.
DOMINGO 30. FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD (I clase, blanco) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad. Para la aspersión de la agua bendita antes de la Misa mayor se cante el Asperges me.
LUNES 31. Santa María Reina, madre y protectora principal de la Fraternidad (II clase, blanco) Gloria, Credo y prefacio de la Virgen "Et in festivitate". COnmemoracion de santa Petronila. Por mandato de Pio XII, se recita hoy el acto de Consagración de genero humano a la Corazón Inmaculado de María.

EL CARDENAL CAFFARRA CELEBRÓ LA SANTA MISA TRADICIONAL EN BOLONIA

Ayer, domingo 2 de mayo, el Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo de Bolonia (Italia), celebró la Santa Misa Gregoriana en la iglesia de Santa María de la Piedad, a la que asistieron unos 400 fieles.
Se trata del primer Cardenal italiano que siendo Obispo residencial celebra la Misa de San Pío V. Resulta altamente siginificativo que ante un hecho tan extraordinario los medios no hayan hecho meción del evento.









FUENTE: Messainlatino.it

EL PAPA, PEREGRINO ANTE LA SÁBANA SANTA EN TURÍN: "TRAIGO EN MI CORAZÓN A TODA LA IGLESIA"









Traigo en mi corazón a toda la Iglesia...
Queridos amigos:
Se trata de un momento muy esperado por mí. En otra ocasión, estuve ante la Sábana Santa, pero ahora vivo esta peregrinación con particular intensidad: quizá porque el paso de los años me hace todavía más sensible al mensaje de este extraordinario icono; quizá, y diría sobre todo, porque estoy aquí como sucesor de Pedro, y traigo en mi corazón a toda la Iglesia, es más, a toda la humanidad. Doy las gracias a Dios por el don de esta peregrinación, y también por la oportunidad de compartir con vosotros una breve meditación, que me sugiere el subtítulo de esta solemne exposición: "El misterio del Sábado Santo".
La Sábana de Turín nos ofrece la imagen de cómo era su cuerpo...

Se puede decir que la Sábana Santa es el icono de este misterio, icono del Sábado Santo. De hecho, es una tela de sepulcro, que ha envuelto el cuerpo de un hombre crucificado, y que corresponde en todo a lo que nos dicen los Evangelios sobre Jesús, quien crucificado hacia mediodía, expiró a eso de las tres de la tarde. Al caer la noche, dado que era la Parasceve, es decir, la vigilia del sábado solemne de Pascua, José de Arimatea, un rico y autorizado miembro del Sanedrín, pidió valientemente a Poncio Pilato que le permitiera sepultar a Jesús en su sepulcro nuevo, que había excavado en la roca a poca distancia del Gólgota. Tras alcanzar el permiso, compró una sábana y, tras la deposición del cuerpo de Jesús de la cruz, lo envolvió con aquel lienzo y lo puso en aquella tumba (Cf. Marcos 15,42-46). Es lo que refiere el Evangelio de Marcos y con él concuerdan los demás evangelistas. Desde ese momento, Jesús permaneció en el sepulcro hasta el alba del día después del sábado, y la Sábana de Turín nos ofrece la imagen de cómo era su cuerpo en la tumba durante ese tiempo, que cronológicamente fue breve (en torno a un día y medio), pero con un valor y un significado inmenso e infinito.
Nuestra época se ha convertido cada vez más en un Sábado Santo

El Sábado Santo es el día del escondimiento de Dios, como se lee en una antigua homilía: "¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y soledad, porque el Rey duerme (...). Dios en la carne ha muerto y el Abismo ha despertado". En el Credo, profesamos que Jesucristo "padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos".
Queridos hermanos y hermanas: en nuestro tiempo, especialmente después del siglo pasado, la humanidad se ha hecho particularmente sensible al misterio del Sábado Santo. El escondimiento de Dios forma parte de la espiritualidad del hombre contemporáneo, de manera existencial, casi inconsciente, como un vacío en el corazón que ha ido haciéndose cada vez más grande. Al final del siglo XIX, Nietzsche escribía: "¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros le hemos matado!". Esta famosa expresión, si se analiza bien, es tomada casi al pie de la letra, por la tradición cristiana, con frecuencia la repetimos en el Vía Crucis, quizá sin darnos cuenta plenamente de lo que decimos. Después de las dos guerras mundiales, de los lagers y de los gulags, de Hiroshima y Nagasaki, nuestra época se ha convertido cada vez más en un Sábado Santo: la oscuridad de este día interpela a todos los que reflexionan sobre la vida, de manera particular nos interpela a nosotros, creyentes. También nosotros tenemos que vérnoslas con esta oscuridad.
La solidaridad más radical

Y, sin embargo, la muerte del Hijo de Dios, de Jesús de Nazaret, tiene un aspecto opuesto, totalmente positivo, fuente de consuelo y de esperanza. Y esto me hace pensar en el hecho de que la Sábana Santa se comporta como un documento "fotográfico", dotado de un "positivo" y de un "negativo". De hecho, es precisamente así: el misterio más oscuro de la fe es al mismo tiempo el signo más luminoso de una esperanza que no tiene confines. El Sábado Santo es la "tierra de nadie" entre la muerte y la resurrección, pero en esta "tierra de nadie" ha entrado Uno, el Único, que la ha recorrido con los signos de su Pasión por el hombre: "Passio Christi. Passio hominis". Y la Sábana Santa nos habla exactamente de ese momento, es testigo precisamente de ese intervalo único e irrepetible en la historia de la humanidad y del universo, en el que Dios, en Jesucristo, ha compartido no sólo nuestro morir, sino también nuestra permanencia en la muerte. La solidaridad más radical.
El ser humano vivie por el hecho de que es amado y puede amar

En ese "tiempo-más-allá-del-tiempo", Jesucristo "descendió a los infiernos". ¿Qué significa esta expresión? Quiere decir que Dios, hecho hombre, ha llegado hasta el punto de entrar en la soledad máxima y absoluta del hombre, donde no llega ningún rayo de amor, donde reina el abandono total sin ninguna palabra de consuelo: "los infiernos". Jesucristo, permaneciendo en la muerte, cruzó la puerta de esta soledad última para guiarnos también a nosotros y atravesarla con él.
Todos hemos experimentado alguna vez una sensación aterradora de abandono, y lo que más miedo nos da de la muerte es precisamente eso, como niños que tenemos miedo de estar solos en la oscuridad y sólo la presencia de una persona que nos ama nos puede tranquilizar. Esto es precisamente lo que sucedió en el Sábado Santo: en el reino de la muerte resonó la voz de Dios. Sucedió lo impensable: es decir, el Amor penetró "en los infiernos"; incluso en la oscuridad máxima de la soledad humana más absoluta podemos escuchar una voz que nos llama y encontrar una mano que nos saca afuera. El ser humano vive por el hecho de que es amado y puede amar; y si incluso en el espacio de la muerte ha llegado a penetrar el amor, entonces incluso allí ha llegado la vida. En la hora de la máxima soledad nunca estaremos solos: "Passio Christi. Passio hominis".
El poder de la Sábana Santa

¡Este es el misterio de Sábado Santo! Precisamente desde allí, desde la oscuridad de la muerte del Hijo de Dios, ha surgido la luz de una nueva esperanza: la luz de la Resurrección. Me parece que al contemplar esta sagrada tela con los ojos de la fe se percibe algo de esa luz. La Sábana Santa ha quedado sumergida en esa oscuridad profunda, pero es al mismo tiempo luminosa; y yo pienso que si miles y miles de personas vienen a venerarla, sin contar a quienes la contemplan a través de las imágenes, es porque en ella no sólo ven la oscuridad, sino también la luz; más que la derrota de la vida y del amor, ven la victoria, la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio; ciertamente ven la muerte de Jesús, pero entrevén su Resurrección; en el seno de la muerte ahora palpita la vida, pues en ella mora el amor. Este es el poder de la Sábana Santa: del rostro de este "varón de dolores", que carga con la pasión del hombre de todo tiempo y lugar, incluso con nuestras pasiones, nuestros sufrimientos, nuestras dificultades, nuestros pecados --"Passio Christi. Passio hominis"-- emana una solemne majestad, un señorío paradójico.
Todo este cuerpo habla...
Este rostro, estas manos y estos pies, este costado, todo este cuerpo habla, es en sí mismo una palabra que podemos escuchar en silencio ¿Cómo habla la Sábana Santa? ¡Habla con la sangre, y la sangre es la vida! La Sábana Santa es un icono escrito con sangre; sangre de un hombre flagelado, coronado de espinas, crucificado y herido en el costado derecho. La imagen impresa en la Sábana Santa es la de un muerto, pero la sangre habla de su vida. Cada traza de sangre habla de amor y de vida. Especialmente esa gran mancha cercana al costado, hecha de la sangre y del agua manados copiosamente de una gran herida provocada por una lanza romana, esa sangre y ese agua hablan de vida. Es como un manantial que murmura en el silencio y nosotros podemos oírlo, podemos escucharlo, en el silencio del Sábado Santo.
Queridos amigos, alabemos siempre al Señor por su amor fiel y misericordioso. Al salir de este lugar santo, nos llevamos en los ojos la imagen de la Sábana Santa, llevamos en el corazón esta palabra de amor, y alabamos a Dios con una vida llena de fe, de esperanza y de caridad. Gracias.