"Engendrado del Padre según la Divinidad, antes de los siglos; y en los últimos días engendrado, El mismo, de María Virgen, Madre de Dios, según la Humanidad, por nosotros y por nuestra salvación."(Concilio de Calcedonia, año 451, Denz. 148)
"Si alguno dijere que la Santa Gloriosa siempre Virgen María se llama Madre de Dios de un modo abusivo y no verdaderamente...sea anatema"
( Concilio de Constantinopla II, can. 6, Denz. 218)La maternidad divina de María es consecuencia necesaria de la unidad de Cristo. Cristo, aunque poseedor de dos naturalezas, es Uno, una sola Persona, y esa Persona única es divina, y nace, en el tiempo, de María. Por eso la Iglesia ha definido como dogma divinamente revelado que María es verdaderamente Madre de Dios.
En el Evangelio no se llama nunca expresamente a María "Madre de Dios". Pero se la llama frecuentísimamente "Madre de Jesús". Mas Jesús es verdadero Dios, no habiendo en Él otro sujeto o Persona que la divina. Consiguientemente, la que es Madre de Jesús es verdaderamente Madre de Dios.
No es la naturaleza hija de la madre, sino la persona cuya es la naturaleza que la madre transmite. Ni la Maternidad se refiere a la naturaleza transmitida, sino a la persona a quien se le transmite. Maternidad y filiación son relaciones personales.
En el Evangelio, el mismo que es con toda propiedad Hijo del Padre -y por tanto Dios-, Ese mismo es con igual propiedad Hijo de María.
En el Nuevo Testamento explícitamente se nos dice que Dios nace de la Virgen María, es Hijo de Ella. Correspondiendo la filiación a la maternidad, es evidente que si Dios es Hijo de la Virgen María, la Virgen María es Madre de Dios.
1) En Rom. 9,5 se nos dice: "Cristo que es sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos, tra e su origen, según la carne, de los judíos." Mas Cristo trae su origen de los judíos mediante la Virgen María, de la que nace "hecho de mujer" (Gál. 4,4). Por lo mismo, el que es Dios bendito por los siglos nace, según la carne, de la Virgen María, que es así verdaddra Madre del que es Dios bendito por los siglos (Cf. santo Tomás, 3º, q. 34, art.4)
2) En Gálatas, 4,4, leemos: "Envió Dios a su Hijo, hecho de mujer". El Hijo de Dios es Dios. Y ese Hijo de Dios no sólo es enviado al mundo, sino que "es hecho de mujer". La Virgen María no es mero carnal que pase al Verbo una humanidad que Dios cree: es verdadera "hacedora" del Verbo según su naturaleza humana -"hecho de mujer"-.
Difícilmente podría expresarse más viva y gráficamente su actividad materna con relación al Verbo, Hijo de Dios y Dios verdadero, que diciéndonos que ese Hijo de Dios enviado al mundo es "hecho de mujer".
3) En San Lucas, 1, 26-38, el mismo que será llamado Hijo del Altísimo e Hijo de Dios, Ese mismo será concebido y parido como Hijo propio de la Virgen María (Lc. 1,31.32.35). La Virgen es así verdaderamente Madre del mismo de quien el Altísimo es Padre de toda eternidad.
Mas ese Hijo del Altísimo, ese Hijo de Dios desde toda eternidad, que ahora se hace hombre, es verdadera y propiamente Dios (Jn. 1,1.14; 20,28; Rom. 9,5; Jn. 5,20 etc) Es, pues, evidente que María concibe y da a luz como verdadera Madre al mismo Dios, al darle en el tiempo naturaleza humana.
4) En San Mateo, 1,21-23, el Angel dice a San José que María dará a luz un hijo que es "Dios con nosotros". Mas si "Dios con nosotros" es verdadero Hijo de María al nacer de Ella, María verdaderamente es su Madre. Es, pues, María verdadera Madre de "Dios con nosotros", de Dios hecho hombre.
5) Recordemos finalmente las palabras dirigidas a María por Isabel, "llena del Espíritu Santo" (Lc. 1,41) -y por lo mismo impulsada a decirlas por ese mismo Espíritu de verdad-: "¿De dónde a mí elq ue venga a Mí la Madre de mi Señor?" (Lc. 1, 43). "Mi Señor" es la traducción de la palabra hebrea Adonay, forma enq ue los judíos pronunciaban la palabra Yah´veh -Dios, El que es-, por no osar expresar su nombre. Así, lo que Santa Isabel en realidad dice a María es: "¿De dónde a mí el que venga a mí la Madre de Yahveh, la Madre de Dios?".
Ni puede en verdad entenderse de otro modo, ya que a nadie, si no es a Dios, hubiera Isabel llamado simplemente "mi Señor", aún antes de que naciera. Ni Ella, que se sabía a su vez madre milagrosa de un gran profeta -el mayor de los profetas-, se hubiera sentido profundamente confundida al recibir la visita de la joven María, si la creyera tan sólo Madre de un hombre extraordinario, y no Madre de Dios.
* Madre Virgen. Antonio Pacios.