7 de diciembre de 2010

CONSAGRACIÓN DE LA FRATERNIDAD A LA INMACULADA

Te saludamos, oh María sin pecado concebida, Madre de Dios, Reina y Madre nuestra.
Somos tus hijos, rescatados por la Sangre de Jesús, peregrinos y militantes por los caminos del mundo entre gozos y tristezas, angustias y esperanzas. Desde el trono de la gloria regálanos tu mirada maternal de misericordia y de consuelo.
En este día, Soberana Madre nuestra, nos consagramos cada uno de nosotros a tu Inmaculado Corazón, consagrándote también, en calidad de hijos esclavos de amor tuyos, la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina con todos sus miembros y colaboradores, sus bienhechores y sus obras.
Somos enteramente tuyos, Oh Reina y Madre nuestra, y cuanto tenemos tuyo es.
Reina en nuestras almas haciéndonos humildes y sencillos como Tú.
Fortalece nuestra fe, aumenta nuestra esperanza en las promesas de Jesús y aviva en nosotros el fuego del amor de Dios.
Vive Tú en cada uno de nosotros y dígnate servirte de nuestras humildes personas y obras apostólicas para dilatar tu reinado maternal hasta los confines de la tierra.
Venga tu reinado de amor sobre las familias, que las transforme en santuarios de la vida, de la piedad y de la entrega. Líbralas de tantas amenazas de muerte como se ciernen sobre ellas.
Llegue tu reinado a los corazones de la infancia y de la juventud. ¡Sí, venga a ellos tu reino! Tuyos son y que siempre permanezcan tuyos.
Reina en la Iglesia de Jesús, tu Iglesia, de la que eres Madre y Maestra, y que hoy navega entre tempestades y amenazas de asalto a la roca. Venga a ella tu reinado de unidad.
Señora y Reina del mundo, protege a los pueblos del monstruo de la guerra que siega las vidas de los inocentes. Líbralos del hambre, instaurando tu reino de caridad en las almas. Defiéndelos de la injusticia y la explotación. No dejes al mundo caer en la tentación de despreciar la vida humana.
Atrae hacia Cristo a todos los pueblos y naciones de la tierra, liberándolos de la esclavitud del pecado y de las tinieblas del error.
Venga a nosotros tu Reino, oh María, nuevo adviento para la llegada de Cristo, Príncipe de la paz y Rey de los cielos y de la tierra. Amén
* Altar de la Inmaculada preparado por la Madre María Elvira con motivo de una de las Vigilias de la Inmaculada organizadas por los Grupos de Oración Santa María Reina en los años 90.