
El 10 de diciembre de 1925, la Santísima Virgen se apareció a Sor Lucía de Fátima en su celda, cuando esta había ingresado en la orden de las Religiosas Doroteas y vivía en la ciudad española de Pontevedra, y a su lado, suspenso en una nube luminosa, estaba el Niño Jesús. La Santísima Virgen puso su mano en el hombro de Lucía y, mientras lo hacía, le mostró un Corazón rodeado de espinas que ella tenía en la otra mano. Al mismo tiempo, el Niño Jesús le dijo:
"Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre, que está cubierto de espinas, que los hombres ingratos a cada momento le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para quitárselas".
"Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre, que está cubierto de espinas, que los hombres ingratos a cada momento le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para quitárselas".