* Palabras de Benedicto XVI durante el rezo del Ángelus el pasado domingo día 10:
El mes de octubre es llamado el mes del Rosario. Se trata, por así decirlo, de una “entonación espiritual” dada por la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María del Rosario, que se celebra el día 7. Somos por tanto invitados a dejarnos guiar por María en esta oración antigua y siempre nueva, que a Ella le es especialmente querida porque nos conduce directamente a Jesús, contemplado en sus misterios de salvación: gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Tras las huellas del Venerable Juan Pablo II, quisiera recordar que el Rosario es oración bíblica, toda entretejida de Sagrada Escritura. Es oración del corazón, en la que la repetición del Ave María orienta el pensamiento y el afecto hacia Cristo, y por tanto se hace súplica confiada a la Madre suya y nuestra. Es oración que ayuda a meditar la Palabra de Dios y a asimilar la Comunión eucarística, según el modelo de María que custodiaba en su corazón todo lo que Jesús hacía y decía, y su misma presencia.
Queridos amigos, sabemos cuánto veneran a la Virgen María nuestros hermanos y hermanas de Oriente Medio. Todos la miran a ella como Madre solícita, cercana a todo sufrimiento, y como Estrella de esperanza. A su intercesión confiamos la Asamblea sinodal que hoy se abre, para que los cristianos de esa región se refuercen en la comunión y den a todos testimonios del Evangelio del amor y de la paz.
Queridos amigos, sabemos cuánto veneran a la Virgen María nuestros hermanos y hermanas de Oriente Medio. Todos la miran a ella como Madre solícita, cercana a todo sufrimiento, y como Estrella de esperanza. A su intercesión confiamos la Asamblea sinodal que hoy se abre, para que los cristianos de esa región se refuercen en la comunión y den a todos testimonios del Evangelio del amor y de la paz.
En lengua española, dijo el Santo Padre:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana(...) Invito a todos a identificarse cada vez más con Jesucristo, a vivir de su amor, a serle fieles en todo momento, a agradecerle tantos dones como recibimos de su divina bondad y a descubrir su presencia salvadora en medio de las pruebas de la vida. Que en este mes de octubre, la invocación constante del Dulce Nombre de la Virgen María, mediante el rezo del santo Rosario, sea para todos fuente de consuelo y esperanza. ¡Feliz Domingo!