2 de junio de 2010

LA RAZÓN ÚLTIMA ES EL AMOR INFINITO DE JESÚS

La razón última de la presencia de Jesús en la Divina Eucaristía hemos de buscarla en el amor.
La presencia del Señor no es fría ni estática. Por el contrario, tras los velos del Sacramento está su Corazón vivo, palpitante, abrasado en amor.
La Eucaristía es la presencia del Amor, porque Dios es amor, porque la Eucaristía es el mismo Dios que por amor se nos ofrece y se nos entrega.
"Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo". ¿Hasta qué extremo?, hemos de preguntarnos.
Hasta el extremo de entregarse a la muerte voluntariamente por nosotros. "Y es que no hay amor más grande que este de dar uno la vida por sus amigos".
Hasta el extremo de querer perpetuar su entrega y su oblación por medio del Santo Sacrificio de la Misa.
Hasta el extremo de permanecer victimado en el Sacramento de la Eucaristía sin cesar de ofrecerse y de interceder por nosotros.
Hasta el extremo de darse a nosotros como Pan de Vida y semilla de eternidad.
El amor de Jesús Eucaristía es un amor cruciforme. Un acto supremo de amor al Padre y de amor a los hombres.
En el acto de amor de Jesús se aúnan el amor a Dios sobre todas las cosas, con toda la mente, con todas las fuerzas y con todo el ser, y el amor al prójimo hasta entregar la propia vida.
Si la Divina Eucaristía no fuese el Sacramento del Amor, no podría ser el corazón de la Iglesia, no podría ser el centro de la vida cristiana. Si es todo eso, lo es porque contiene verdadera, real y substancialmente al mismísimo Jesucristo.
"El que tenga sed que venga a Mí y beba gratis". Esta llamada, este ofrecimiento de Cristo es manifestación de su amor. Jesús no espera a que los sedientos llamemos a las puertas de su Corazón pidiendo socorro. Él se ofrece primero: "Quien tenga sed que venga". Y es que en esto se nos manifiesta la verdad y la profundidad de su amor, en que Él nos ha amado primero, antes de que nosotros le hayamos amado a Él.
Antes de que nosotros nos acerquemos, es Él mismo quien primero se acerca a nosotros y nos hace el ofrecimiento de Sí mismo, el ofrecimiento de su amor: "El que tenga sed que venga a Mí y beba gratis el agua de la Vida".
P. Manuel María de Jesús