
¡Soy tan poco amado de los hombres! ¡Siempre buscando amor, no encuentro más que ingratitud! ¡Qué pocas son las almas que me aman de verdad!
Quiero que estés dispuesta a consolar mi Corazón siempre que te lo pida, pues el consuelo que me da un alma fiel compensa la amargura de que me colman las almas frías e indiferentes. A veces sentirás la angustia de mi Corazón en el tuyo, pero de este modo me aliviarás. No temas. Yo estoy contigo.
Cuando te dejo tan fría, tomo tu ardor para calentar otras almas.
Cuando te hago sentir angustia es para no descargar mi cólera sobre las almas...
Cuando estás insensible y me dices que me amas es cuando más consuelas mi Corazón.
Un solo acto de amor, cuando te sientas desamparada, repara muchas ingratitudes de otras almas. Mi Corazón los cuenta y los recibe como bálsamo precioso.
Quiero que me des almas.
Y para ello no te pido más que amor en todos tus actos.
Hazlo todo por amor: sufre por amor, trabaja por amor, sobre todo abandónate al amor.
* De las revelaciones del Sagrado Corazón a Sor Josefa Menéndez