24 de mayo de 2010

BENEDICTO XVI: LAS IGLESIAS PARTICULARES DEBEN CONFORMARSE SIEMPRE A LA IGLESIA UNIVERSAL

Extracto de la homilía en la Misa de Pentecostés:
Éste es el efecto de la obra de Dios: la unidad; por eso la unidad es la señal de reconocimiento, la “tarjeta de visita” de la Iglesia a lo largo de su historia universal. Desde el principio, desde el día de Pentecostés, habla todas las lenguas. La Iglesia universal precede a las Iglesias particulares, y éstas deben siempre conformarse a ella, según un criterio de unidad y universalidad. La Iglesia ya no es prisionera de fronteras políticas, raciales ni culturales; no se puede confundir con los Estados ni con las Federaciones de Estados, porque su unidad es de otro tipo y aspira a atravesar todas las fronteras humanas.
De esto, queridos hermanos, deriva un criterio práctico de discernimiento para la vida cristiana: cuando una persona, o una comunidad, se cierra en su propio modo de pensar y de actuar, es signo de que se está alejando del Espíritu Santo. El camino de los cristianos y de las Iglesias particulares debe confrontarse siempre con el de la Iglesia una y católica, y armonizarse con él. Esto no significa que la unidad creada por el Espíritu Santo sea una especie de igualitarismo. Al contrario, éste es más el modelo de Babel, es decir, la imposición de una cultura de la unidad que podemos definir como “técnica”. La Biblia, de hecho, nos dice que en Babel todos hablaban una sola lengua. En Pentecostés, en cambio, los Apóstoles hablan lenguas diversas para que cada uno entienda el mensaje en su propio idioma. La unidad del Espíritu se manifiesta en la pluralidad de la comprensión. La Iglesia es por su naturaleza una y múltiple, destinada como está a vivir en todas las naciones, en todos los pueblos, y en los más diversos contextos sociales.