18 de marzo de 2010

GOZOS DE SAN JOSÉ

Pues sois Santo sin igual
y de Dios el más honrado:
sed José, nuestro abogado,
en esta vida mortal.
Antes que hubieseis nacido
ya fuisteis santificado,
y ab eterno destinado,
para ser favorecido:
nacisteis de esclarecido
linaje y sangre real.
Vuestra vida fue tan pura,
que en todo sois sin segundo;
después de María el mundo
no vio más santa criatura;
y así fue vuestra ventura
entre todos sin igual.
Vuestra santidad declara
aquel caso soberano,
cuando en vuestra santa mano
floreció la seca vara,
y porque nadie dudara
hizo el cielo esta señal.
A vista de este portento
todo el mundo os respetaba,
y parabienes os daba
con alegría y contento;
publicando el casamiento
con la Reina celestial.

Con júbilo recibisteis
a María por esposa,
Virgen pura, santa, hermosa,
con la cual feliz vivisteis;
y por ella conseguisteis
dones y luz celestial.
Oficio de carpintero
ejercitasteis en vida,
para ganar la comida,
y Él a vos con su sabor;
Vos le disteis el sudor
y Él os dio vida inmortal.

Vos fuisteis la concha fina
en donde con entereza
se conservó la pureza
de aquella Perla divina,
vuestra Esposa y Madre digna,
la que nos sacó del mal.
Cuando la visteis preñada,
fue grande vuestra tristeza;
sin condenar la pureza,
tratábais vuestra jornada;
estorbóla la embajada
de aquel Nuncio celestial.

No tengáis, oh José, espanto,
el Paraninfo decía:
lo que ha nacido de María
es del Espíritu Santo.
Vuestro consuelo fue tanto,
cual pedía caso tal.
Vos sois el hombre primero
que visteis a Dios nacido;
en vuestros brazos dormido
tuvisteis aquel Lucero;
siendo Vos el Tesorero
de aquel inmenso caudal.

Por treinta años nos guardasteis
aquel Tesoro infinito,
en Judea y en Egipto
adonde le retirasteis;
entero nos conservasteis
aquél rico mineral.
Cuidado, cuando perdido,
os causó gran sentimiento,
que se os volvió en contento
de quien siempre obedecido
del cielo restituido,
sois con amor filial.




A vuestra muerte, dichosa
estuvo siempre con Vos
el mismo humanado Dios
con María, vuestra esposa,
y para ser más gloriosa
vino un Coro angelical.


Con Cristo resucitasteis
en cuerpo y alma glorioso,
y a los cielos victorioso
vuestro Rey acompañasteis:
a su derecha os sentasteis,
haciendo coro especial.

Allí está como abogado
de todos los pecadores,
alcanzando mil favores
al que os llama atribulado;
ninguno desconsolado
salió de este tribunal.