
El introito, tomado del salmo 17, es un himno de acción de gracias por el amparo prestado al justo: "Él me ha libertado de gentes turbulentas, me ha ensalzado sobre los que me acometían y me defiende del furor de mis enemigos" ¿De qué modo correspondió el Padre a tan firme esperanza de su Hijo moribundo? Librándole de los lazos de la muerte, constituyéndole juez, cuya sentencia es inapelable, sobre toda la humanidad, incluso sobre aquellos que poco antes sentados en el lithostrotos o emiciclo del Sanedrín habían clamado: reus est mortis, por último, correspondió sacándole del Sheol para constituirle primogénito de todos los muertos que resucitarán a la vida, constituyéndole principio y manantial de vida perdurable.
Como en adelante ya va declinando hacia su término, rogamos al Señor por que las almas fieles se vean cada vez más iluminadas, toda vez que se ha santificado ya la abstinencia material del alimento, en virtud de la mortificación de todos los otros apetitos desordenados; y pues Él es quien ha puesto en nuestros labios estos deseos, se digne acogerlos benignamente y coronarlos llevándolos a efecto.
* Beato Cardenal Schuster