martes 30 de junio de 2009

CALENDARIO LITÚRGICO DEL USO EXTRAORDINARIO DEL RITO ROMANO

JULIO

MIÉRCOLES 1. Fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo (I clase, rojo) Gloria, Credo y Prefacio de la Cruz.

JUEVES 2. La Visitación de Nuestra Señora (II clase, blanco) Conmemoración de los Santos Mártires Proceso y Martiniano. Gloria, Credo y prefacio de la Virgen “Et in Visitatione”. 2ª oración de los Santos Mártires.

VIERNES 3. San Ireneo, obispo y mártir (III clase, rojo) Gloria y prefacio común. (Primer Viernes de Mes: se permite la misa votiva del Sagrado Corazón conmemorando la memoria de San Ireneo)

SÁBADO 4. Conmemoración de la Santísima Virgen en sábado (IV clase, blanco) Gloria y prefacio de la Virgen “Et in veneratione”. Primer sábado de mes. En algunos lugares, Beato Pedro Jorge Frassati.


DOMINGO 5. V domingo de Pentecostés (II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad. JORNADA DE RESPONSABILIDAD DEL TRÁFICO (CEE, optativa)


LUNES 6. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem.

MARTES 7. San Cirilo y San Metodio, obispos y confesores (III clase, blanco) Gloria y prefacio común. En algunos lugares, San Fermín, obispo y mártir.

MIÉRCOLES 8. Santa Isabel, reina de Portugal, viuda (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.

JUEVES 9. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem. En Colombia, Ntra. Sra. de Chinquinquirá.

VIERNES 10. Los Siete hermanos mártires, Santa Rufina y Segunda, vírgenes y mártires (III clase, rojo) Gloria y prefacio común. En algunos lugares, San Cristóbal.

SÁBADO 11. Conmemoración de la Santísima Virgen en sábado (IV clase, blanco) Gloria y prefacio de la Virgen “Et in veneratione”. Conmemoración de San Pío I, papa y mártir.


DOMINGO 12. VI domingo después de Pentecostés (II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad.


LUNES 13. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem.

MARTES 14. San Buenaventura, obispo y doctor. (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.

MIÉRCOLES 15. San Enrique Emperador, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.

JUEVES 16. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Conmemoración de Nuestra Señora la Virgen del Carmen. Se permite cualquier misa votiva (por lo que se puede celebrar la Misa de la Virgen del Carmen) como también la de Réquiem.

VIERNES 17. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Conmemoración de San Alejo, confesor. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem. En algunos lugares, el Triunfo de la Santa Cruz.

SÁBADO 18. San Camilo de Lelis, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común. Conmemoración de Santa Sinforosa e hijos.


DOMINGO 19. VII domingo de Pentecostés (II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad.


LUNES 20. San Jerónimo Emiliano, confesor (III clase, blanco) Gloria y prefacio común. Conmemoración de santa Margarita, virgen y mártir.

MARTES 21. San Lorenzo de Brindis, confesor y doctor (III clase, blanco) Gloria y Prefacio común. Conmemoración de Santa Práxedes.

MIÉRCOLES 22. Santa María Magdalena, penitente (III clase, blanco) Gloria y prefacio comín.

JUEVES 23. San Apolinar, obispo y mártir. (III clase, rojo) Gloria y prefacio común. Conmemoración de San Liborio, obispo y confesor.

VIERNES 24. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Conmemoración de Santa Cristina, virgen y mártir. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem. En algunos lugares, San Francisco Solano.

SABADO 25. Fiesta de Santiago Apóstol (I clase en España, rojo) Misa en el "Propio de España". Gloria, Credo y Prefacio de los Apóstoles.


DOMINGO 26. VIII domingo de Pentecostés (II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad. Conmemoración de Santa Ana, madre de la Santísima Virgen.


LUNES 27. Feria (IV clase, verde) Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Conmemoración de San Pantaleón, mártir. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem.

MARTES 28. San Nazario y Celso, mártires; San Víctor I, papa y mártir; San Inocencio I, papa y confesor (III clase, rojo) Gloria y Prefacio común. En algunos lugares Santa Catalina Thomas.

MIÉRCOLES 29. Santa Marta, virgen (III clase, blanco) Gloria y prefacio común. Conmemoración de los santos Félix, Simplicio, Faustino y Beatriz, mártires.

JUEVES 30 Feria (IV clase, verde) Misa del domingo sin gloria ni credo, prefacio común. Conmemoración de San Abdón y Senén, mártires. Se permite cualquier misa votiva como también la de Réquiem.

VIENRES 31. San Ignacio de Loyola (III clase, blanco) Gloria y prefacio común.

lunes 29 de junio de 2009

Homilía del Papa Benedicto XVI en la Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo


Señores Cardenales,

Venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,

¡Queridos hermanos y hermanas!

Dirijo a todos mi saludo cordial con las palabras del Apóstol al lado de cuya tumba nos encontramos: A ustedes gracia y paz en abundancia” (1 Pe 1,2). Saludo, en particular, a los Mimbros de la Delegación del Patriarcado ecuménico de Constantinopla y a los numerosos Obispos Metropolitanos que hoy reciben el Palio. En la oración colecta de esta jornada solemne pedimos al Señor “que la Iglesia siga siempre la enseñanza de los Apóstoles de los cuales ha recibido el primer anuncio de la Fe”. La petición que dirigimos a Dios al mismo tempo nos interpela: ¿seguimos nosotros las enseñanzas de los grandes Apóstoles fundadores? ¿Les conocemos en verdad? En el Año Paulino que ayer concluyó buscamos escuchar de un modo nuevo a él, el “maestro de las gentes”, y de aprender así nuevamente el alfabeto de la fe. Hemos buscado reconocer con Pablo y mediante Pablo a Cristo y encontrar así el camino para la recta vida cristiana. En el Canon del Nuevo Testamento, además de las Cartas de san Pablo, hay también dos Cartas bajo el nombre de san Pedro. La primera de ellas se concluye explícitamente con un saludo desde Roma, pero que aparece bajo el apocalíptico nombre de cobertura de Babilonia: “Les saluda la co-elegida que vive en Babilonia…” (5,13). Llamando a la Iglesia de Roma la “co-elegida”, la coloca en la gran comunidad de todas las Iglesias locales – en la comunidad de todos aquellos que Dios ha unido, para que en la “Babilonia” del tiempo de este mundo construyan su Pueblo y hagan entrar a Dios en la historia. La Primera Carta de san Pedro es un saludo dirigido desde Roma a la entera cristiandad de todos los tiempos. Ella nos invita a escuchar “la enseñanza de los Apóstoles”, que nos indica el camino hacia la vida.

Esta Carta es un texto muy rico, que proviene del corazón y toca el corazón. Su centro es – ¿cómo podría ser diversamente? – la figura de Cristo, que viene ilustrado como Aquél que sufre y que ama, como Crucificado y Resucitado: “Insultado, no respondía con insultos, maltratado, no amenazaba venganza… De sus llagas fuimos curados” (1 Pe 2,23s). Partiendo del centro que es Cristo, la Carta constituye pues, también, una introducción a los fundamentales Sacramentos cristianos del Bautismo y de la Eucaristía y un discurso dirigido a los sacerdotes, en el cual Pedro se califica como co-presbítero con ellos. Él habla a los Pastores de todas las generaciones como aquel que personalmente ha sido encargado por el Señor de apacentar sus ovejas y así recibió de manera particular un mandato sacerdotal. ¿Que cosa, por tanto, nos dice san Pedro – precisamente en el Año Sacerdotal – acerca de la tarea del sacerdote? Ante todo, él comprende el ministerio sacerdotal totalmente a partir de Cristo. Llama a Cristo el “pastor y custodio de las… almas” (2,25). Donde la traducción italiana habla de “custodio”, el texto griego tiene la palabra epíscopos (obispo). Un poco más adelante, Cristo es calificado como el Pastor supremo: archipoímen (5,4). Sorprende que Pedro llame a Cristo mismo obispo – obispo de las almas. ¿Qué intenta decir con ello? En la Palabra griega está contenido el verbo “ver”; por eso ha sido traducida como “custodio” o sea “vigilante”. Pero ciertamente no se entiende una vigilancia externa, como se puede decir tal vez de un guardia carcelario. Se entiende más bien como un ver desde la altura – un ver a partir de la elevación de Dios. Un ver en la perspectiva de Dios es un ver del amor que quiere servir al otro, que quiere ayudarlo a ser verdaderamente sí mismo. Cristo es el “obispo de las almas”, nos dice Pedro. Esto significa: Él nos ve en la perspectiva de Dios. Mirando a partir de Dios, se tiene una visión de conjunto, se ven los peligros como también las esperanzas y las posibilidades. En la perspectiva de Dios se ve la esencia, se ve el hombre interior. Si Cristo es el obispo de las almas, el objetivo es aquél de evitar que el alma en el hombre se empobrezca, es hacer sí que el hombre no pierda su esencia, la capacidad para la verdad y el amor. Hacer sí que él venga a conocer a Dios; que no se pierda en callejones sin salida; que no se pierda en el aislamiento, sino que permanezca abierto para el conjunto. Jesús, el “obispo de las almas”, es el prototipo de todo ministerio episcopal y sacerdotal. Ser obispo, ser sacerdote significa en esta perspectiva: asumir la posición de Cristo. Pensar, ver y actuar a partir de su posición elevada. A partir de Él estar a disposición de los hombres, para que encuentren la vida.Así la palabra “obispo” se acerca mucho al término “pastor”, es más, los dos conceptos pasan a ser intercambiables. Es tarea del pastor, pastorear y custodiar el rebaño y conducirlo a los pastos justos. Pastorear el rebaño quiere decir tener cuidado en que las ovejas encuentren la nutrición justa, sea saciada su hambre y apagada su sed. Fuera de metáfora, esto significa: la palabra de Dios es la nutrición de la que el hombre tiene necesidad. Hacer siempre de nuevo presente la palabra de Dios y dar así nutrición a los hombres es la tarea del recto Pastor. Y él debe saber también resistir a los enemigos, a los lobos. Debe preceder, indicar el camino, conservar la unidad del rebaño. Pedro, en su discurso a los presbíteros, evidencia aún una cosa muy importante. No basta hablar. Los Pastores deben hacerse “modelos del rebaño” (5,3).
La palabra de Dios es traída del pasado al presente, cuando es vivida. Es maravilloso ver como en los santos la palabra de Dios se convierte en una palabra dirigida a nuestro tiempo. En figuras como Francisco y después de nuevo como el Padre Pío y muchos otros, Cristo es convertido en realmente contemporáneo de su generación, sale del pasado y entra en el presente. Esto significa ser pastor – modelo del rebaño: vivir la Palabra ahora, en la gran comunidad de la santa Iglesia. Muy brevemente quisiera aún llamar la atención sobre otras dos afirmaciones de la Primera Carta de san Pedro, que tienen que ver de manera especial con nosotros, en este tiempo. Está ante todo la frase hoy nuevamente descubierta, en base a la cual los teólogos medioevales comprendieron su tarea: “Adorar al Señor, Cristo, en sus corazones, dispuestos siempre a responder a quien pregunte la razón de la esperanza que hay en ustedes” (3,15). La fe cristiana es esperanza. Abre el camino hacia el futuro. Y es una esperanza que posee racionalidad; una esperanza cuya razón podemos y debemos exponer. La fe proviene de la Razón eterna que entró en nuestro mundo y nos ha mostrado al verdadero Dios. Va más allá de la capacidad propia de nuestra razón, así como el amor ve más que la simple inteligencia. Pero la fe habla a la razón y en la confrontación dialéctica puede resistir a la razón. No la contradice, sino que va a la par con ella y, al mismo tiempo, conduce más allá de ella – introduce en la Razón más grande de Dios. Como Pastores de nuestro tiempo tenemos la tarea de comprender nosotros primero la razón de la fe. La tarea de no dejarla permanecer simplemente como una tradición, sino reconocerla como respuesta a nuestras preguntas. La fe exige nuestra participación racional, que se profundiza y se purifica en un compartir de amor. Forma parte de nuestros deberes como Pastores penetrar la fe con el pensamiento para estar en grado de demostrar la razón de nuestra esperanza en la disputa de nuestro tiempo. Más aún – el pensar, por sí solo, no basta. Así como el hablar, por sí solo, no basta. En la catequesis bautismal y eucarística en el segundo capítulo de su carta, Pedro alude al Salmo usado por la Iglesia primitiva en el contexto de la comunión, especialmente el versículo que dice: “Gustad y ved que bueno es el Señor” (Sal 34 [33], 9; 1 Pe 2,3). Solo el gustar conduce al ver. Pensemos en los discípulos de Emaús: solo en la comunión convivida con Jesús, solo en la fracción del pan se les abren los ojos. Solo en la comunión con el Señor realmente experimentada ellos se convierten en videntes. Esto vale para todos nosotros: más allá del pensar y del hablar, tenemos necesidad de la experiencia de la fe; de la relación vital con Jesucristo. La fe no debe permanecer como una teoría: debe ser vida. Si en el Sacramento encontramos al Señor; si en la oración hablamos con Él; si en las decisiones cotidianas nos unimos a Cristo – entonces “veremos” siempre de más cuanto Él es bueno. Entonces experimentaremos qué bueno es estar con Él. De una tal certeza vivida se deriva la capacidad de comunicar la fe a los demás de modo creíble.
El Cura de Ars no era un gran pensador. Pero él “gustaba” al Señor. Vivía con Él desde las minucias de lo cotidiano además de las grandes exigencias del ministerio pastoral. De este modo se convirtió en “uno que ve”. Había gustado, y por esto sabía que el Señor es Bueno. Oremos al Señor, para que nos dé este gustar y podamos convertirnos en testigos creíbles de la esperanza que está en nosotros.Al final quisiera hacer notar aún una pequeña, pero importante palabra de san Pedro. Después del inicio de la Carta él nos dice que la meta de nuestra fe es la salvación de las almas (Cf. 1,9). En el mundo del lenguaje y del pensamiento de la actual cristiandad esta es una afirmación extraña, y para algunos quizás escandalosa. La palabra “alma” ha caído en descrédito. Se dice que esto llevaría a una división del hombre en espíritu y físico, en alma y cuerpo, mientras que en realidad sería una unidad indivisible. Además “la salvación de las almas” como meta de la fe parece indicar un cristianismo individualista, una pérdida de responsabilidad para el mundo en su conjunto, en su corporeidad y en su materialidad. Pero de todo esto no se encuentra nada en la carta de san Pedro. El celo por el testimonio a favor de la esperanza, la responsabilidad por los demás caracterizan el entero texto.
Para comprender la palabra sobre la salvación de las almas como meta de la fe debemos partir de otro punto. Sigue siendo verdad que el descuido de las almas, el empobrecimiento del hombre interior no destruye solo al individuo, sino que amenaza el destino de la humanidad en su conjunto. Sin sanación de las almas, sin sanación del hombre desde dentro, no puede haber una salvación para la humanidad. La verdadera enfermedad de las almas, san Pedro la califica como ignorancia – es decir, como no conocimiento de Dios. Quien no conoce a Dios, quien al menos no lo busca sinceramente, queda fuera de la verdadera vida (Cf. 1 Pe 1,14). Aún otra palabra de la Carta puede sernos útil para entender mejor la fórmula “salvación de las almas”: “Purifiquen sus almas con la obediencia a la verdad” (Cf. 1,22). Es la obediencia a la verdad la que hace pura al alma. Y es el convivir con la mentira que la contamina. La obediencia a la verdad comienza con las pequeñas verdades de lo cotidiano, que con frecuencia pueden ser fatigosas y dolorosas. Esta obediencia se extiende después hasta la obediencia sin reservas de frente a la Verdad misma que es Cristo. Tal obediencia nos hace no sólo más puros, sino, sobretodo, también libres para el servicio a Cristo y también a la salvación del mundo, que por siempre toma inicio con la purificación obediente de la propia alma mediante la verdad. Podemos indicar el camino hacia la verdad solo si nosotros mismos – en obediencia y paciencia – nos dejamos purificar por la verdad.Y ahora me dirijo a ustedes, queridos Hermanos en el episcopado, que ahora recibirán de mis manos el palio. Ha sido tejido con lana de corderos que el Papa bendijo en la fiesta de santa Inés. De este modo se recuerda a los corderos y a las ovejas de Cristo, que el Señor resucitado confió a Pedro con la tarea de apacentarles (Cf. Jn 21,15-18). Recuerda el rebaño de Jesucristo, que ustedes, queridos Hermanos, deben apacentar en comunión con Pedro. Nos recuerda a Cristo mismo, que como Buen Pastor tomó sobre sus espaldas a la oveja perdida, la humanidad, para llevarla a casa. Nos recuerda el hecho que Él, el Pastor Supremo, quiso hacerse Cordero, para hacerse cargo desde dentro del destino de todos nosotros; para llevarnos y sanarnos desde dentro. Queremos orar al Señor, para que nos permita estar sobre sus huellas Pastores justos, “no porque estamos obligados, sino de buena gana, como le gusta a Dios… con ánimo generoso… modelos del rebaño” (1 Pe 5,2s). Amén.

FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO EN LA FRATERNIDAD

MEDITACIÓN
SOBRE SAN PEDRO Y SAN PABLO

I. San Pedro había sido testigo ocular de la mayoría de los milagros de Jesucristo y, con todo, lo negó tres veces en la noche misma de su Pasión. ¡Cuánta es la fragilidad del hombre abandonado a su propia miseria! Humillémosnos, trabajemos en nuestra salvación con temor y temblor. Pero no desesperemos: basta una sola mirada de Jesús para sacarnos del pecado. Lloremos, pues, a ejemplo de San Pedro, que derramaba un torrente continuo de lágrimas al solo recuerdo de su perfidia. ¡Que tus lágrimas sean como la sangre que brota de las heridas de tu corazón! (San Agustín).

II. San Pablo, de perseguidor de Jesucristo, llegó a ser el Apóstol de las gentes. ¿Qué somos nosotros? ¿Qué hemos hecho? Si nos hemos convertido como él, mantengámonos firmes en la virtud y muramos antes que perder la gracia de Dios. Imitemos su paciencia en los sufrimientos, su celo por la salvación de las almas, su humildad, su amor por Jesucristo. Escuchemos lo que él nos dice: Sed mis imitadores como yo lo soy de Cristo.

III. Considera la honra que al presente reciben en la tierra estos dos Apóstoles. Los reyes, los emperadores y los papas se consideran dichosos de poder prosternarse ante las sagradas cenizas de un pescador y de un artesano, porque la santidad los ha hecho omnipotentes en el cielo. Ambiciosos: ¿qué son los honores del mundo, comparados a éstos? Regocijémosnos de que Dios haya honrado tanto a sus servidores. Pero si los santos son así honrados en la tierra, ¿qué honores no recibirán en el cielo? Humillémosnos, imitemos sus ejemplos y compartiremos su gloria.



Reportaje de la Santa Misa en el Priorato de las Misioneras de Fraternidad


Oraciones al pie del Altar


Predicación






Ofertorio


Elevación de la Sagrada Hostia



<< Ecce Agnus Dei >>


Último Evangelio



domingo 28 de junio de 2009

29 DE JUNI0: DIA DEL PAPA EN LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

La admirable luz de la eternidad,
derrama su dulce brillo sobre el día feliz
en que los príncipes de los apóstoles reciben su corona,
y en que los pecadores ven abrirse anchuroso el camino del cielo.
Pablo, maestro del mundo, y Pedro, el portero del cielo,
ambos padres de Roma y jueces del más severo tribunal,
llegan a la mansión eterna, despues de morir
el uno por la espada y el otro en la cruz.
¡Oh feliz Roma! tú fuieste consagrada
por la gloriosa sangre de estos dos príncipes;
y teñida con esta resplandeciente púrpura,
brillas en toda el universo con majestad incomparable.
Gloria eterna, honor y poder
y júblio a la Trinidad,
que en la unidad gobiernan todoas las cosas
por todos los siglos. Amen.

Traducción del Himno Decora lux

ORACIÓN

Dios nuestro, que nos llenas de santa alegría con la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de estos apóstoles, de quienes recibió el primer anuncio de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.


CATEQUESIS DEL PAPA BENEDICTO XVI
- Pedro, el pescador
- Pedro, el apóstol
- Pedro, la roca sobre la que Cristo fundó su Iglesia
- Pablo, perfil del hombre y del apóstol
- Pablo, la centralidad de Cristo
- Pablo. El Espíritu en nuestro corazones

HOMILIAS DEL PAPA BENEDICTO XVI EN ESTA FIESTA
- Año 2005
- Año 2006
- Año 2007
- Año 2009

ORACIONES POR EL PAPA

CANTOS GREGORIANOS DE LA MISA DE ESTA FIESTA (mp3)

TU ES PETRUS DE PALESTRINA

martes 23 de junio de 2009

TRANSCRIPCIÓN DE LA BULA APOSTÓLICA



TRANSCRIPCIÓN DE LA BULA
BENEDICTO, obispo, Siervo de los Siervos de Dios, al Venerable hermano
BRAULIO RODRÍGUEZ PLAZA, actualmente Arzobispo de Valladolid, electo Arzobispo de la Iglesia Metropolitana de Toledo, salud y Bendición Apostólica. Conscientes plenamente de la preeminencia y esplendor de la Iglesia de Toledo, nos apresuramos en conferirle un pastor diligente ya que Nuestro Venerable Hermano Antonio, de la Santa Romana Iglesia Cardenal Cañizares Llovera, deja el cuidado de la misma. Ahora te tenemos presente, Venerable Hermano,
personalmente próximo, cuyo anterior ministerio sobremanera valoramos. Pues, enriquecido con ornato de insignes virtudes y colmado de dotes humanas, llevaste a cabo, con fruto, el ministerio episcopal. Por consiguiente, con diligente deliberación, dirigimos hacia ti nuestro pensamiento al reflexionar sobre el Pastor idóneo para la egregia Sede Toledana. Así pues, acogiendo el parecer de la Congregación para los Obispos, en virtud de Nuestra autoridad Apostólica, telegimos y confirmamos Arzobispo Metropolitano de Toledo, con todos los derechos y obligaciones que te atribuyen los sagrados cánones. En consecuencia, mostrarás tu solicitud al clero y pueblo fiel, a quienes bajo tu prudencia y recta instrucción, exhortamos a la más ferviente piedad y al ejercicio de obras saludables. Sin embargo, no queremos finalmente, Venerable Hermano, concluir sin expresarte el afecto de Nuestro corazón y de nuevo manifestarte nuestra consideración. Revestido de las celestiales luces y sostenido por la eficacia de los auxilios divinos, podrás sobrellevar las ocupaciones encaminadas a la utilidad de todos los fieles.
Finalmente con abundancia de oraciones, invocamos para ti el patrocinio de la Madre celestial, que te sirva de ayuda en el nuevo ministerio que has de ejercer y te ampare y ayude hasta el final.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el dieciséis de abril, del año del Señor de 2009, cuarto de Nuestro Pontificado.
BENEDICTO XVI
Francisco Di Felice Protonotario Apostólico

lunes 22 de junio de 2009

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

El viernes 19 de junio celebramos en el Priorato de las Misioneras de la Fraternidad la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. A las 20.30 de la tarde comenzaba la celebración de la Santa Misa oficiada por D. Manuel Folgar. En la predicación D. Manuel nos explicó que el origen de la devoción al Corazón de Cristo no tiene un momento determinado en la historia de la Iglesia, sino que se remonta al origen mismo del cristianismo y a la contemplación del Costado herido del Salvador, traspasado materialmente por la lanza del soldado y espiritualmente por nuestros pecados. Sin embargo, es a raíz de la aparición del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque en Paray-le-Monial (Francia) cuando se instituye la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. También nos recordó la importancia de España en la promoción de esta devoción, desde el Monumento al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles hasta los distintos santuarios y monumentos que se encuentran en toda la geografía española: Santuario Nacional de la Gran Promesa en Valladolid; Templo expiatorio del Tibidabo, el Cristo del Otero en Palencia, etc....
Después de la Santa Misa comenzó el acto eucarístico en el que tuvo lugar la procesión con el Santísimo Sacramento hasta el altar dedicado al Sagrado Corazón de Jesús en la finca del Priorato. Llegados al altar, Don Manuel realizó la consagración de la Fraternidad al Sagrado Corazón de Jesús.



Imagen antíquisima del Sagrado Corazón de Jesús que se venera en el Priorato de las Misioneras de la Fraternidad



Santa Misa




Altar dedicado al Sagrado Corazón de Jesús


Inicio de la procesión con el Santísimo Sacramento

Cantemos al Amor de los amores...


























Consagración de la Fraternidad al Sagrado Corazón de Jesús




Bendición con el Santísimo Sacramento






Las banderas vaticanas que acompañaban el paso del Señor manifiestan nuestra comunión con el Santo Padre y con la Iglesia, especialmente en este día en que el Romano Pontífice inauguraba el Año Sacerdotal.


A lo largo de la procesión el Hermano José Manuel entonó distintos cantos eucarísticos o dedicados al Corazón de Jesús







La procesión concluye con el canto de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús



Tantum ergo...


Bendición final




Después de la reserva del Santísimo Sacramento, como en todos los actos eucarísticos de la Fraternidad, nos consagramos a Nuestra Reina y Madre cantando el Himno "Totus Tuus Maria"





Altar preparado ante la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que se encuentra en uno de los jardines del Priorato.

MONSEÑOR BRAULIO RODRIGUEZ TOMÓ POSESIÓN DE LA SEDE PRIMADA

Monseñor Braulio Rodriguez incensando la imagen de Nuestra Señora

El arzobispo Primado es recibido por el Alcalde de Toledo en la Puerta Vieja de la Bisagra



HOMILÍA EN LA TOMA DE POSESIÓN DE LA SEDE PRIMADA
21 de junio de 2009
Leemos en el Libro Santo que, muerto Moisés, el Señor le dice a Josué: “¡Ánimo, sé valiente!, que tú repartirás a este pueblo la tierra que prometí con juramento a vuestros padres. Tú ten mucho ánimo y sé valiente para cumplir todo lo que mandó mi siervo Moisés, (…) No te asustes ni te acobardes, que contigo está el Señor” (Jos 1,6-7.9). Son palabras muy pertinentes, queridos hermanos, para esta celebración y que se ajustan a mis sentimientos en estos momentos de mi vida: la tarea me supera, soy consciente de mi inadecuación a ella. ¿Qué hacer? Lo habéis oído, hermanos: ser valiente, no acobardarme, pero sólo porque está el Señor en medio de su Pueblo. ¿Cómo, en caso contrario, aceptar esta misión que su Santidad Benedicto XVI ha querido encomendarme, y a quien agradezco de corazón su confianza? ¿Cómo adecuarme a lo que Jesucristo quiere de mí a través de quien es la Cabeza del Colegio Apostólico, pastor universal? ¿Cómo presentarme aquí, ante vosotros, hermanos cardenales, arzobispos y obispos, Sr. Nuncio? ¿Me atrevería a dirigiros estas palabras, porción del Pueblo Santo de Dios que formáis la Iglesia de Toledo, sacerdotes y fieles, religiosos y consagrados? ¿O ante ustedes, Sr. Alcalde con su Corporación, Sr. Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, autoridades civiles, militares, académicas y judiciales, autonómicas o de la Nación, que han querido estar presentes en la Catedral Primada? La respuesta a estas preguntas es clara: lo puedo presentarme ante vosotros por Cristo, que dice san Pablo que en Él podemos responder “Amén”, pues en Él todo se ha convertido en un “sí” (cfr. 2 Cor 1,20).
¿Por qué hablar ante vosotros, que habéis venido de tantos sitios tan queridos por mí: de la Archidiócesis de Valladolid, a quienes saludo con el corazón agradecido, de Salamanca, de Osma-Soria, de Madrid, Getafe y Alcalá de Henares, de mi pueblo natal, Aldea del Fresno –mis saludos fraternos-, y sobre todo de las parroquias de Toledo: sacerdotes, consagrados y fieles laicos? Sólo existe, en realidad, una razón de mi presencia entre vosotros. Lo afirma el Apocalipsis, cuando dice que los muros de la nueva Jerusalén “se asientan sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero” (Ap 21,14). Únicamente porque mis hermanos obispos y yo hemos sucedido a los Apóstoles como Pastores de la Iglesia, podemos presentarnos ante vosotros, amados de Dios, y guiaros, santificaros y enseñaros, en comunión jerárquica con el sucesor de Pedro y con los otros miembros del Colegio Episcopal.
¡Qué misterio que podamos re-presentar a Jesucristo, Cabeza de este Cuerpo de la Iglesia! Yo me admiro y, aunque me sienta débil, la confianza se hace grande y no temo nada con el Señor. En Cristo, como Obispo, según la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, puedo ser pastor, guardián solícito, padre, hermano, amigo, portador de consuelo, servidor, maestro, hombre fuerte, sacramento de bondad. Y eso quiero ser para vosotros, queridos hermanos e hijos de Toledo, porque esas palabras me remiten a Jesucristo y me indican que he de ser hombre de fe y de discernimiento, de esperanza y de empeño real, de mansedumbre y de comunión.
Ser sucesores de los Obispos, en mi caso, es llegar a Toledo tras de tan preclaros arzobispos en la sucesión apostólica, algo que me da seguridad y orientación. Es, pues, momento de agradecer profundamente al Cardenal don Francisco Álvarez y al Cardenal don Antonio Cañizares sus desvelos y su vida gastada a favor de esta Iglesia. Pero no quiero olvidar a don Marcelo, de quien tengo tan vivo recuerdo de su amistad y su sabiduría según Dios, ni al Cardenal Tarancón, que fue más tarde mi arzobispo y me ordenó presbítero de la querida Diócesis de Madrid-Alcalá; tampoco a los santos arzobispos a los que venerar: san Ildefonso, san Julián, san Eugenio, y a tantos arzobispos de la historia de esta preclara Iglesia Primada.
Ser sucesor de los Apóstoles nos da la gracia y la responsabilidad de asegurar a la Iglesia de Toledo la nota de apostolicidad, pero también la posibilidad real de que el Evangelio se conserve siempre íntegro, pues el Obispo está llamado a custodiar y transmitir la Sagrada Escritura, a promover la Traditio, es decir, el anuncio del único Evangelio que comprende la Palabra de Dios, la Caridad que transforma a los hombres y a nuestro mundo y la necesaria Liturgia, la que conmemora el Misterio de Jesucristo, su Misterio Pascual.
Además de todas estas hermosas realidades, el Obispo está obligado a iluminar con la fuerza del Evangelio las nuevas cuestiones que los cambios de las situaciones históricas presentan de continuo. Ahí están, ante nosotros, los cambios en las cuestiones culturales, sociales, económicas, científicas y tecnológicas. ¿Serán estas cuestiones competencia, pues, del Obispo? No, si entra en el juego político; sí, si se trata de iluminar y orientar problemas concretos que tienen los hombres y mujeres, también los cristianos, y que se abordan desde una fe en Jesucristo que unifica y no crea dualismos estériles y esterilizantes, pues la verdad no destruye, sino que purifica y une.
Nos dicen en ocasiones que los católicos somos presuntuosos, mirando a los demás con desdén. No es así, y no debe ser así. También a nosotros Dios tiene preguntas que no sabemos responder, como Job, y no nos está permitido juzgar a los demás; pero creer en Jesucristo, cuya verdad nos hace libres, no hace de nosotros hombres y mujeres que no sepan cómo comportarse ni dar sentido a su vida desde una realidad objetiva.
Eso sí, tenemos experiencia también de lo que nos ocurre cuando creemos estar solos o con Cristo durmiendo y surgen tormentas y desesperamos. También Jesucristo nos pregunta: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. Yo mismo vengo a vosotros porque me apremia el amor de Cristo. Pero con vosotros, hermanos de esta Iglesia de Toledo, he de aprender una vez más la lección nunca aprendida: que si uno, Cristo, murió por todos, todos murieron, es decir, Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
Lo que yo deseo ahora, en este día del comienzo de mi ministerio episcopal en la Archidiócesis Primada, lo que habéis de pedirme es que tenga fortaleza interior y exterior, para que no sólo hable, sino que esté también interiormente decidido, a fin de que sea cristiano no únicamente de nombre, sino sobre todo con la vida; que sea fiel a Cristo y esté dispuesto a gastar mi vida por vosotros, para que vosotros seáis lo más grande que se puede ser en este mundo: cristiano. Recuerdo ahora lo que san Ignacio de Antioquia ya confesaba: “Lo que necesita el cristianismo, cuando es odiado por el mundo, no son palabras, sino grandeza de alma” (Ad Rom. C. 3,1-5).
Exigidme, pues, que esté dispuesto a caminar con vosotros, a serviros, a no ahorrar tiempo para animaros, para acercarme a los problemas concretos, a acompañar a los sacerdotes y también a los niños, jóvenes y mayores, a los atribulados y más pobres, a los que sufren, a los que les cuesta transmitir la preciosa fe a sus hijos, a los parados y a los inmigrantes. Recordadme que el Obispo no es obispo para sí, sino para los demás, para los muchos hijos que Dios le ha dado en Toledo, sacerdotes, seminaristas y fieles laicos, religiosos y otros consagrados, mayores y ancianos.
¿Cómo me será posible afrontar tantas cosas? ¿Lo haré yo solo? Sería una desmesura. Estáis vosotros, familias cristianas, jóvenes y niños. Estáis vosotros, queridos sacerdotes. ¿A dónde iré yo sin vosotros? Vengo a servir a una Iglesia rica en personas valiosas, en sacerdotes y fieles laicos comprometidos. La tarea eclesial no la hace uno solo y son los santos los que más hacen avanzar la nave de la Iglesia. Lo que más me ilusiona es saber que somos la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios, el Cuerpo de Cristo, que todos somos esa nueva humanidad en Cristo resucitado, que nos sentimos hermanos, salvados por Jesucristo. Y que tenemos que llegar a la edad adulta del Cristo total; que no somos una realidad amorfa, sino que el Señor nos ha ganado el corazón. Trabajaré con ahínco en despertar más la corresponsabilidad de todos los hijos de Dios, con una hermosísima pluralidad y diversidad de carismas, pero un solo Dios y Señor.
“Así como la cabeza y el cuerpo de un hombre (o una mujer) no hacen más que un solo y único hombre, el Hijo de la Virgen y sus miembros, los elegidos, no hacen más que un solo y único hombre y un solo Hijo del hombre. Es el Cristo total, Cabeza y cuerpo, de quien habla la Escritura (…) Por eso, conforme a esta afirmación frecuente en la Escritura, el cuerpo no es sin la Cabeza, ni la Cabeza sin el cuerpo, igual que la Cabeza y el cuerpo no existen sin Dios. Así es el Cristo total (…) En pocas palabras, si Él es Hijo de Dios por su origen, sus miembros lo son por adopción, según las palabras del apóstol Pablo: Habéis recibido un Espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba!, Padre” (Isaac de Stella, Sermón 42 para la Ascensión).
A cada uno de vosotros, que bien representáis aquí a la comunidad diocesana entera, dirijo con afecto mis saludos y mis gracias más sinceras por el trabajo pastoral que lleváis a cabo. Con vosotros agradezco a D. Antonio Cañizares sus desvelos y esfuerzos pastorales de estos años, junto a Monseñor Carmelo Borobia, Obispo Auxiliar. Por medio vuestro, envío a todas las parroquias y comunidades cristianas mi saludo cordial. Os dirijo las palabras que san Pablo escribió a los fieles de Roma: “A todos vosotros amados de Dios que estáis (en Toledo), a los santos por vocación, a vosotros gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo el Señor” (Rom 1,7).
Miremos todos a la Virgen, la gloriosa Madre del Sagrario; ella nos acerca a la esperanza, pues nos precede en la peregrinación de la fe y el amor. Sí, hermanos, nuestra vida está abierta a la esperanza de la vida eterna, como se refleja en la entraña de nuestra Liturgia Hispana, que anuncia con alegría incontenible que ha triunfado el León de la tribu de Judá, nuestro Señor Jesucristo “hasta que venga glorioso desde el cielo” (in claritate de coelis). Amén.

sábado 20 de junio de 2009

SU EMINENCIA EL CARDENAL ANTONIO MARÍA ROUCO VARELA RENUEVA HOY LA CONSAGRACIÓN DE ESPAÑA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


Declaraciones del Cardenal Antonio María Rouco:

"Vivimos hoy un momento grave, y vamos a renovar la consagración al Corazón de Cristo de una nación con una historia impregnada de cristianismo, más que otros países de Europa. Volveremos a pedirle al Señor por la fe de España, por la fe de los españoles, para que no la pierdan; para que vivan con esperanza"
"El padre Bernardo Hoyos va a ser beatificado pronto, y las apariciones a él del Sagrado Corazón tienen mucha solidez. Queremos que eso resuene como una nota de la especial Providencia de Cristo con respecto a España, la gran nación misionera de la Iglesia en la Edad Moderna. Tenemos confianza en esa especial Providencia, que no permitirá que la apostasía se extienda, se consume, sino al contrario. Tenemos la esperanza de una nueva primavera de la Iglesia en España, con repercusiones en la Iglesia universal. Vemos que están surgiendo nuevas realidades de grupos, de personas, de carismas que todavía no han mostrado una eficacia deslumbrante, y que pueden parecer sólo florecillas. Pero son ya más que brotes verdes. ¡Son un jardín que empieza a florecer! Y muchos jóvenes vienen a conocer esas flores de la nueva vida".

"En el postconcilio hubo un declive de la espiritualidad del Sagrado Corazón. Iba unida a prácticas de religiosidad popular, que al no encajar fácilmente con las reformas litúrgicas, se fueron dejando. También afectó la crisis del matrimonio y de la familia. El Corazón de Jesús estaba muy metido en la vida de las familias españolas, que se consagraban a Él, como recordaban las placas en las puertas de las casas.
Algunos vincularon el Sagrado Corazón a ciertas fórmulas de piedad melosas, dulzonas... Esas deformaciones se dieron, pero también existía una veta profundamente enraizada, sobre todo, en la espiritualidad ignaciana. Más aún, hubo un movimiento que intentó recuperar y renovar, en clave del nuevo marco teológico y espiritual abierto por el Concilio Vaticano II, la teología del Sagrado Corazón de Jesús. En Toulouse, se celebró, en 1981, un Congreso, en el que tuvo una ponencia muy famosa el entonces cardenal Ratzinger. Y hubo grupos de fieles muy activos en España. La devoción se mantuvo viva, pero ahora está adquiriendo nueva fuerza, creo que por la necesidad que tenemos de experimentar la gracia de Cristo en un mundo tan atomizado, tan fracturado..."
"La devoción al Sagrado Corazón de Jesús ha estado siempre unida a la piedad eucarística. En el sacrificio eucarístico, se actualiza el momento en el que, del corazón de Cristo, salen sangre y agua. Y en el sagrario existe esa presencia real de Cristo eucarístico. La misma explicación de la instauración del sacramento de la Eucaristía, de que el Señor se humille, hasta convertirse en las sustancias del pan y del vino a disposición del hombre, que Lo puede profanar, que Lo puede ofender, es expresión de esa verdad increíble de que Dios se entrega de una forma en que la humillación no puede ser mayor. Lo inerme de la acción de Dios no puede quedar más al descubierto. Se pone en nuestras manos, y en las manos del sacerdote, en primer lugar, porque es el ministro que hace posible la renovación del sacrificio eucarístico y la adoración permanente al Señor en la Eucaristía. Por tanto, es el máximo protagonista de ese amor al Sagrado Corazón de Jesús, y el máximo responsable de que esa espiritualidad, que está en lo más hondo del sacramento de la Eucaristía, sea de provecho para los fieles, para que puedan ir a beber a las fuentes de la salvación... Podríamos hablar de la identidad eucarística del sacerdote. El sacerdote se define por la Eucaristía, básicamente, por su relación con la Eucaristía.
El Papa ha pedido, además, a los sacerdotes que se coloquen en una situación de tensión, de vocación a la santidad sacerdotal, y que ahonden en la vivencia del misterio de la comunión de la Iglesia y estudien a fondo el Concilio Vaticano II, que no puede entenderse en clave de ruptura, sino de continuación y renovación de una tradición viva que se hace vida nueva, se hace presentación nueva, en este momento dado de la Iglesia. Y termina el Papa pidiendo que el sacerdote viva misioneramente su vocación; que se identifique, primero, en su interior y personalmente, y que se identifique también externamente, para ser testigo misionero del Evangelio. Un sacerdocio propuesto y vivido así, con la figura ideal del santo Cura de Ars, embebido de la devoción al Corazón de Jesús, es lo que nos propone hoy el Papa. La relación entre el Año Sacerdotal y la consagración de España al Corazón de Jesús no puede ser más estrecha..."

¡SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, REINAD EN ESPAÑA Y EN EL MUNDO ENTERO!


Sus Majestades los Reyes Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia

Su Majestad el Rey lee el texto de la Consagración de España

Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús por Su Majestad el Rey Alfonso XIII, el 30 de mayo de 1919 en el Cerro de los Ángeles

“Corazón de Jesús Sacramentado, Corazón del Dios Hombre, Redentor del Mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan:
España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante este trono de tus bondades que para Tí se alza en el centro de la península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades esta gran patria española, fuerte y constante en el amor a la Religión y en su adhesión a la Monarquía.
Sintiendo la tradición católica de la realeza española y continuando gozosos la historia de su fe y de su devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la tierra a establecer el reino de Dios en la paz de las almas, redimidas por Vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de Vuestra Divinidad conceder participación de Vuestro Poder a los Príncipes de la tierra y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz.
Vos sois el camino seguro que conduce a la posesión de la vida eterna: luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de vuestra gracia, todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma.
Venga, pues, a nosotros tu Santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la Ciencia y de las Letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias.
Gracias, Señor, por habernos librado misericordiosamente de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos ha desangrado; continuad con nosotros la obra de vuestra amorosa providencia.
Desde estas alturas que para Vos hemos escogido, como símbolo del deseo que nos anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid a los pobres, a los obreros, a los proletarios todos para que en la pacifica armonía de todas las clases sociales, encuentren justicia y caridad que haga más suave su vida, mas llevadero su trabajo.
Bendecid al Ejército y a la Marina, brazos armados de la Patria, para que en la lealtad de su disciplina y en el valor de sus armas sean siempre salvaguardia de la Nación y defensa del Derecho. Bendecidnos a todos los que aquí reunidos en la cordialidad de unos mismos santos amores de la Religión y de la Patria, queremos consagraros nuestra vida, pidiéndoos como premio de ella el morir en la seguridad de Vuestro Amor y en el regalado seno de Vuestro Corazón Adorable. Así sea.”

REPORTAJE INAUGURACIÓN PONTIFICIA DEL AÑO SACERDOTAL

Ayer, dia 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en la Basilica del Vaticano, el Papa Benedicto XVI inauguró el Año Sacerdotal en una solemne celebración de las Visperas y Esposición del Santísimo. Antes de comenzar, el Papa pudo venerar la reliquia del corazón del Santo Cura de Ars traída para esta celebración por el Obispo de Belley -Ars El corazón de Dios se estremece de compasión! En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia presenta a nuestra contemplación este misterio, el misterio del corazón de un Dios que se conmueve y ofrece todo su amor a la humanidad. En el Corazón de Jesús se expresa el núcleo esencial del cristianismo; en Cristo se nos revela y entrega toda la novedad revolucionaria del Evangelio: el Amor que nos salva y nos hace vivir ya en la eternidad de Dios.
Si es verdad que la invitación de Jesús a "permanecer en su amor" (Cf. Juan 15, 9) se dirige a todo bautizado, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Jornada de Santificación Sacerdotal, esta invitación resuena con mayor fuerza para nosotros sacerdotes, en particular esta tarde, solemne inicio del Año Sacerdotal, que he convocado con motivo del 150° aniversario de la muerte del santo Cura de Ars.
Nuestra misión es indispensable para la Iglesia y para el mundo, que exige fidelidad plena a Cristo y una incesante unión con Él; es decir, exige que busquemos constantemente la santidad como hizo san Juan María Vianney. A ejemplo del santo cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz".

Él nos llama a partir el pan de su amor, a perdonar los pecados y a guiar al rebaño en su nombre. Precisamente por este motivo no tenemos que alejarnos nunca del manantial del Amor que es su Corazón atravesado en la cruz.
Incluso nuestras carencias, nuestros límites y debilidades deben volvenos a conducir al Corazón de Jesús. Si es verdad que los pecadores, al contemplarle, deben aprender el necesario "dolor de los pecados" que los vuelve a conducir al Padre, esto se aplica aún más a los ministros sagrados.
Hace poco he podido venerar, en la Capilla del Coro, la reliquia del santo cura de Ars: su corazón. Un corazón inflamado de amor divino. Que se conmovía ante el pensamiento de la dignidad del sacerdote y hablaba a los fieles con tonos tocantes y sublimes, afirmando que ¡"después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo no se entenderá bien sino en el cielo"En la adoración eucarística, que seguirá a la celebración de las Vísperas, pediremos al Señor que inflame el corazón de cada presbítero con esa caridad pastoral capaz de asimilar su personal "yo" al de Jesús sacerdote, para así poderlo imitar en la más completa entrega de uno mismo.
Que nos acompañe la Virgen santa, nuestra Madre, en el Año Sacerdotal que hoy iniciamos, para que podamos ser guías firmes e iluminados para los fieles que el Señor confía a nuestros cuidados pastorales ¡Amen!


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Fotografías: L'Osservatore Romano y New liturgical movement

jueves 18 de junio de 2009

CARTA DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA EL AÑO SACERDOTAL


CARTA DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI PARA LA CONVOCATORIA DEL AÑO SACERDOTAL CON OCASIÓN DEL 150 ANIVERSARIO DEL DIES NATALIS DEL SANTO CURA DE ARS

Queridos hermanos en el Sacerdocio:
He resuelto convocar oficialmente un “Año Sacerdotal” con ocasión del 150 aniversario del “dies natalis” de Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo, que comenzará el viernes 19 de junio de 2009, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús –jornada tradicionalmente dedicada a la oración por la santificación del clero.
Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo, y se concluirá en la misma solemnidad de 2010.

miércoles 17 de junio de 2009

TRIDUO AL SAGRADO CORAZÓN

Publicamos a continuación tres textos de Juan Pablo II en el rezo dominical del Ángelus sobre el Sagrado Corazón que pueden servirnos de preparación para esta gran fiesta.

Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados

17‑VIII‑1986

1. Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados. El Corazón de Jesús es fuente de vida, porque por medio de Él actúa la victoria sobre la muerte. Es fuente de santidad, porque en Él ha sido vencido el pecado que es adversario de la santidad en el corazón del hombre.

Jesús, que el domingo de Resurrección entra por la puerta cerrada, en el Cenáculo, dice a los Apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo; a quien perdonareis los pecados, les serán perdonados» (Jn 20, 23).

Y diciendo esto, les muestra las manos y el costado, en el que están visibles los signos de la Crucifixión. Muestra el costado, lugar del Corazón traspasado por la lanza del centurión.

2. Así, pues, los Apóstoles han sido llamados a volver al Corazón, que es propiciación por los pecados del mundo. Y con ellos también nosotros somos llamados.

La potencia de la remisión de los pecados, la potencia de la victoria sobre el mal que alberga en el corazón del hombre, se encierra en la Pasión, y en la Muerte de Cristo Redentor. Un signo particular de esta potencia redentora es precisamente el Corazón.

La Pasión de Cristo y su Muerte se han apoderado de todo su cuerpo. Se han cumplido mediante todas las heridas, que El ha recibido durante la Pasión. Y se han cumplido sobre todo en el Corazón, porque el Corazón agonizaba mientras se apagaba todo el cuerpo. El Corazón se consumía al ritmo del sufrimiento que producían todas las heridas.

3. En este despojamiento el Corazón ardía de amor. Una llama viva de amor ha consumido el Corazón de Jesús en la Cruz.

Este amor del Corazón fue la potencia propiciadora por nuestros pecados. Ello ha superado ‑y supera para siempre ­todo el mal contenido en el pecado, todo el alejamiento de Dios, toda la rebelión de la libre voluntad humana, todo mal uso de la libertad creada, que se opone a Dios y a su santidad.

El amor que ha consumado el Corazón de Jesús ‑el amor que ha causado la muerte de su Corazón‑ era y es una potencia invencible. Mediante el amor del Corazón divino, la muerte ha logrado la victoria sobre el pecado. Se ha convertido en fuente de vida y de santidad.

4. Cristo mismo conoce hasta el fondo este misterio redentor de su Corazón. Es testimonio inmediato del mismo. Cuando dice a los Apóstoles: Recibid el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, da testimonio de aquel Corazón que es propiciación por los pecados del mundo.

María, que eres refugio de los pecadores, ¡acércanos al Corazón de tu Hijo!

Corazón de Jesús, paciente y muy misericordioso

27‑VII‑1986.

1. ¡Corazón de Jesús, paciente y muy misericordioso!

Hoy, con ocasión de la oración del Ángelus, deseamos releer una vez más, junto con María, el Evangelio; en cierto sentido lo releemos todo entero, e inmediatamente. En él aparece el Corazón de Jesús, paciente e inmensamente misericordioso.

¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que «pasó haciendo bien» a todos (cfr Act 10, 38)? ¿De Aquel que hizo que los ciegos adquiriesen la vista, los cojos caminasen, los muertos resucitasen? ¿Que a los pobres se les anunciara la Buena Nueva (cfr Lc 7, 22)?

¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que no tenía El mismo dónde reclinar la cabeza, mientras que los lobos tienen sus guaridas y los pájaros sus nidos (cfr Mt 8, 20)?

¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que defendió a la mujer adúltera de la lapidación y luego le dijo: «Vete, y de ahora en adelante no peques más», (cfr Ioh 8, 3‑10)

¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que fue llamado «amigo de publicanos y pecadores» (cfr Mt 11, 19)?

2. ¡Miremos, junto con María, el interior de este Corazón!

¡Releámoslo a lo largo del Evangelio!

Más aún, sobre todo releamos este Corazón en el momento de la Crucifixión. Cuando ha sido traspasado por la lanza. Cuando se ha desvelado hasta el fondo el misterio en Él escrito.

El Corazón paciente, porque está abierto a todos los sufrimientos del hombre. ¡El Corazón paciente, porque está dispuesto Él mismo a aceptar un sufrimiento inconmensurable con metro humano!

¡El Corazón paciente, porque es inmensamente misericordioso!

En efecto, ¿qué es la misericordia, sino esa medida particularísima del amor, que se expresa en el sufrimiento?

¿Qué es, en efecto, la misericordia sino esa medida definitiva del amor, que desciende al centro mismo del mal para vencerlo con el bien?

¿Qué es sino el amor que vence el pecado del mundo mediante el sufrimiento y la muerte?

3. ¡Corazón de Jesús, paciente y muy misericordioso!

¡Madre, que has mirado en este Corazón, cuando estabas presente al pie de la Cruz!

Madre que, por voluntad de este Corazón, te has hecho Madre de todos nosotros.

¿Quién conoce como Tú el misterio del Corazón de Jesús en Belén, en Nazaret, en el Calvario

¿Quién como Tú sabe que es paciente e inmensamente misericordioso?

¿Quién como Tú da testimonio incesantemente de ello?

Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones

25‑VIII‑1985.

1. Corazón de Jesús, rey y centro de todos los co­razones.

Jesucristo es rey de los corazones. Sabemos que durante su actividad mesiánica en Palestina el pueblo, al ver los signos que hacía, quiso proclamarlo rey.

Veía en Cristo un justo heredero de David, que durante su reino llevó a Israel al culmen del esplendor.

2. Sabemos también que ante el tribunal de Pilato, Jesús de Nazaret, a la pregunta: «¿Tú eres rey...?», respondió: «Mi reino no es de este mundo... Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz» (Ioh 18, 33. 3637).

3. En este mundo Cristo es rey de los corazones. Nunca quiso ser soberano temporal, ni siquiera sobre el trono de David.

Sólo deseó ese reino que no es de este mundo y que, al mismo tiempo, en este mundo se arraiga por medio de la verdad en los corazones humanos: en el hombre interior.

Por este reino anunció el Evangelio e hizo grandes signos. Por este reino, el reino de los hijos y de las hijas adoptivos de Dios, dio su vida en la Cruz.

4. Y confirmó de nuevo este reino con su Resurrección, dando el Espíritu Santo a los Apóstoles y a los hombres en la Iglesia.

De este modo Jesucristo es el rey y centro de todos los corazones.

Reunidos en Él por medio de la verdad, nos acercamos a la unión del reino, donde Dios «enjugará toda lágrima» (Apc, 7, 17), porque será «todo en todos» (1 Cor 15, 28).

5. Hoy, reunidos para la acostumbrada plegaria dominical del Ángelus Dómini, elevamos ‑juntamente con la Madre de Dios‑ al Corazón de su Hijo la invocación: Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de mí.

domingo 14 de junio de 2009

SANTO PADRE: "EN EL CENTRO DE ESTA FIESTA DEL CORPUS CHRISTI SE ENCUENTRA EL MISTERIO DE LA TRANSUBSTANCIACIÓN"

" El amor todo lo transforma y, por tanto, se comprende que en el centro de esta fiesta del Corpus Christi se encuentra el misterio de la transubstanciación, signo de Jesús-Caridad, que transforma el mundo. Al contemplarle y adorarle, decimos: sí, el amor existe, y dado que existe, las cosas pueden cambiar para mejor y nosotros podemos esperar. La esperanza que procede del amor de Cristo nos da la fuerza para vivir y afrontar las dificultades. Por ello, cantamos, mientras llevamos en procesión al Santísimo Sacramento; cantamos y alabamos a Dios que se ha revelado escondiéndose en el signo del pan partido. De este Pan todos tenemos necesidad, pues es largo y cansado el camino hacia la libertad, la justicia y la paz.
¡Podemos imaginar con cuánta fe y amor la Virgen habrá recibido y adorado en su corazón la santa Eucaristía! Cada vez era para ella como revivir todo el misterio de su Hijo Jesús: desde la concepción hasta la resurrección. "Mujer eucarística" la ha llamado mi venerado y amado predecesor, Juan Pablo II. Aprendamos de ella a renovar continuamente nuestra comunión con el Cuerpo de Cristo para amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado".
(Del ángelus 14/6/09)

DON NICOLA BUX Y DON SALVADOR VITIELLO: "SÓLO EL SACRIFICIO HACE POSIBLE EL BANQUETE"


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides)
- En la homilía de la Solemnidad del Corpus Christi 2009, el Santo Padre Benedicto XVI ha llamado de nuevo la atención de toda la Iglesia sobre el riesgo de la "secularización" también entre los fieles, e incluso entre el Clero, y ha afirmado la relación entre sacrificio y banquete, en la Eucaristía. El Papa ha afirmado: “celebrando la Pascua con los suyos, el Señor en el misterio anticipó el sacrificio que se habría consumido el día después sobre la cruz. La institución de la Eucaristía se nos presenta así como anticipación y aceptación por parte de Jesús de su muerte. Escribe sobre ello san Efrén Siro: ‘Durante la cena, Jesús se inmoló así mismo; en la cruz Él fue inmolado por los otros’”.Hoy es más urgente que nunca, con vistas a una recuperación de la dimensión de lo sagrado tan necesario en Europa, ayudar a todos los fieles a comprender o recordar la universal dimensión sacrifical de la liturgia eucarística. Sin ceder a la religiosidad "pagana" pre-cristiana, sino más bien, favoreciendo una correcta comprensión del sacrificio expiatorio de Cristo Señor, el cual se ofreció a si mismo por nosotros y por nuestra salvación. Es necesario recordar a todos los partidarios de la reducción de la Santa Misa a banquete, como esto es únicamente la consecuencia del Sacrificio. Sin la muerte de Cristo en la Cruz, los hombres nunca habrían podido llegar a ser "comensales de Dios", ni habrían podido vivir una comunión incluso física con Él, por medio de la Comunión eucarística, que es anticipación de la condición de resucitados, capaz de superar los vínculos del espacio y tiempo. En este sentido no se debe nunca contraponer la dimensión sacrifical a la de la "cena del Señor”, pues sencillamente la primera es la misma condición de posibilidad de la segunda. ¡No hay "cena" sin Sacrificio! El Santo Padre ha afirmado además: “Hoy existe el riesgo de una secularización que se introduce también en el interior de la Iglesia, que puede traducirse en un culto eucarístico formal y vacío, en celebraciones a las que les falta aquella participación del corazón que se expresa en la veneración y respeto de la liturgia. Siempre es fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose dominar por las actividades y por las preocupaciones terrenales”.La correcta comprensión de la Eucaristía como Sacrificio pone al amparo de dichas superficiales interpretaciones y, sobre todo, la deseada recíproca fecundación entre la forma ordinaria y aquella extraordinaria del único rito latino, podrá, en el tiempo, permitir, también a nivel litúrgico, esa "recuperación teológica" hoy más necesaria que nunca. Porque "con la Eucaristía el cielo viene sobre la tierra, el mañana de Dios desciende al presente y el tiempo es como abrazado por la eternidad divina". (Agencia Fides 12/6/09)

jueves 11 de junio de 2009

PAPA BENEDICTO: HOY SE DA EL RIESGO DE UNA SECULARIZACIÓN SERPENTEANTE DENTRO DE LA IGLESIA. ¡QUÉDATE CON NOSOTROS, CRISTO!

"Hoy se da el riesgo de una secularización serpenteante incluso dentro de la Iglesia, que puede traducirse en un culto eucarístico formal y vacío, en celebraciones carentes de esa participación del corazón, que se expresa en veneración y respeto por la liturgia"




"Siempre es fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose llevar por las actividades y las preocupaciones terrenales".



"Con la Eucaristía, por tanto, el cielo baja sobre la tierra, el mañana de Dios desciende en el presente y el tiempo queda como abrazado por la eternidad divina"


"Libera a este mundo del veneno del mal, de la violencia y del odio que contamina las conciencias, purifícalo con la potencia de tu amor misericordioso"



"¡Quédate con nosotros, Cristo, entréganos el don de Tí y danos el pan que nos alimenta para la vida eterna!".


CORPUS EN TOLEDO, SEDE PRIMADA




Homilía del Sr. Cardenal, D. Antonio Cañizares Llovera:

¡Qué gran alegría sentimos todos en este día tan de Toledo, tan arraigado en su tradición más propia, tan ligado a nuestra realidad toledana, tan en su centro! Durante siglos, sin interrupción, este jueves ha sido y seguirá siendo momento al que dirigen sus miradas y en el que expresan sus sentimientos más hondos las buenas y nobles gentes de Toledo. Son días en que Toledo refulge con un brillo especial en sus calles y plazas, y saca al corazón y arterias de la ciudad, para adorar, contemplar, y darle gloria, la mayor de sus riquezas, con mucho, y de más preciado valor: el Cuerpo de Cristo, Cristo en persona.
Se trata de la fiesta en la que nuestra ciudad pone a la vista de todos lo que son sus cimientos, y desvela para todos la roca verdadera en la que se asienta con tanta solidez su historia y su vocación, su presente y su futuro; es la fiesta en la que expresa su honda fe de la que vive, la que le nutre, y la que le ha hecho capaz de sus más grandes gestas y de los sacrificios y gestos de amor y servicio más sencillos: es su fe en el Señor, en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, presente realmente en el sacramento del altar; es la fiesta del "Corpus Christi", que se prolonga a lo largo de días con dos cimas de igual altura en el jueves y el domingo, con una ruta abierta de esperanza en medio de la noche iluminada por la presencia del Señor acompañado de los jóvenes, en el viernes, y con el sosiego en el camino de la adoración eucarística en capillas y parroquias.
Dios ha querido que mi despedida como Obispo vuestro y para vosotros, especialmente de vosotros mis queridos hermanos sacerdotes, coincida con esta fiesta de la Eucaristía, razón de ser de nuestro sacerdocio. En su despedida Jesús dejó a sus discípulos el gran regalo de la Eucaristía, memorial de la entrega de su vida, testamento-alianza nueva y definitiva del amor con que Dios nos ama hasta el extremo, sacramento de comunión con el Señor y fuente inexhaurible de nuestra comunión con Dios y con los demás hombres. Al compartir con todos vosotros, en la hora de decir adiós y siempre unidos, este memorial sagrado, somos enriquecidos con el don que nos une, fortalece y sostiene en la misma comunión y nos hace ser Iglesia, signo eficaz de la unión íntima con Dios y de la unidad del género humano. El sentido de este adiós, como el sentido de mi llegada aquí hace siete años, o el sentido de mi ministerio entre vosotros lo encontramos en la Eucaristía, acción de gracias a Dios, sacrificio-obediencia-ofrenda al Padre de Jesucristo al que somos asociados, presencia real de Cristo en persona entre nosotros, pan vivo bajado del Cielo partido y compartido para que tengamos vida y entreguemos la vida, cuanto tenemos y somos, plegaria de bendición, de expiación para el perdón de los pecados y de súplica intercesora y salvadora en favor de los hombres, alimento para el camino, culto de adoración suprema a Dios. La Eucaristía, podéis imaginarlo, ha sido para mí, como lo es para todo cristiano, la razón de ser de mi vida entre vosotros y para vosotros; ha sido la fuente y la fuerza del ministerio episcopal que se me confió para el servicio vuestro; el alimento divino que me ha alimentado y sostenido. La Eucaristía ha sido y es todo para mí, porque todo para mí es Cristo, y no he querido saber entre vosotros otra cosa que Cristo, Enmanuel, Dios que es Amor.
Por eso en este día, con mis hermanos Obispos y sacerdotes, con los fieles cristianos aquí presentes o ausentes, con todos, deseo que nuestra atención se centre por completo en la verdad de la Eucaristía, y que nos pongamos en adoración delante de este Misterio: "Misterio grande, Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega 'hasta el extremo', un amor que no conoce medida" (EdE 11).
La noche en que iba a ser entregado, Jesús nos entregó el regalo más grande, instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre. Las palabras del Apóstol Pablo, que acabamos de escuchar en la segunda lectura, nos llevan a las circunstancias dramáticas en que nació la Eucaristía. "En ella está inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor. No sólo lo evoca sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos. Esta verdad la expresan bien las palabras con las cuales el pueblo responde a la proclamación del 'misterio de la fe' que hace el sacerdote: 'Anunciamos tu muerte. Señor. El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. El Misterio eucarístico no puede ser entendido como algo aparte, independiente de la Cruz o con una referencia solamente indirecta al sacrificio del Calvario" (EdE 12). Por eso decimos, "Anunciamos tu muerte Señor".
Reconocemos y confesamos en estas palabras, que sellan el relato de la Cena, el cumplimiento del amor de Dios que nos ha amado hasta el extremo entregándonos a su propio Hijo por nosotros. "Por nosotros" es el amor de Jesús en su muerte que nos redime y nos salva. Ahí está el amor de Cristo, el amor de Dios que se nos da todo, para que esté en nosotros y nosotros en Él, un amor infinito sin reservarse nada, un amor, pues, que llega hasta el extremo, un amor que no tiene medida. No olvidemos, por lo demás, que "el don de su amor y su obediencia hasta el extremo de dar la vida, es en primer lugar un don a su Padre. Ciertamente es un don en favor nuestro, más aun, de toda la humanidad, pero don ante todo al Padre: sacrificio que el Padre aceptó correspondiendo a esta donación total de su Hijo, que se hizo obediente hasta la muerte con su entrega paternal, es decir, con el don de la vida nueva e inmortal de la resurrección" (EdE 13).
Por todo ello, la Iglesia ha recibido en la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino el don por excelencia y pleno, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación (EE 11)".
La Eucaristía es el sacramento de la presencia "verdadera, real y substancial" de Cristo y de su obra redentora en medio de nosotros y en favor nuestro. El sacrificio en la Cruz de Jesucristo "es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes. Así, todo fiel puede tomar parte de él, obteniendo frutos inagotablemente" (EE 11).
Aquí se cumple la promesa de Jesús: "Estaré con vosotros hasta el fin de los siglos"; aquí Jesucristo es verdaderamente "Enmanuel", "Dios con nosotros" (Mt 1,23), Dios con los hombres que ha puesto su morada por ellos y se ha entregado a ellos para siempre en una alianza salvadora y definitiva. Por la Eucaristía la 'plenitud de los tiempos' (Cf Gal 4,4) no es un acontecimiento pasado sino una realidad presente ya mediante aquellos signos sacramentales que lo evocan y perpetúan.
En la Eucaristía, por ello, se contiene el "sumo bien de la Iglesia, es decir, Cristo en persona, nuestra pascua y pan vivo, que por su carne vivificada y vivificante por el Espíritu Santo, da vida a los hombres" (PO 5). Este misterio, en el que se anuncia y celebra la muerte y resurrección de Cristo en espera de su venida, en el que se actualiza, por tanto, el mayor amor que es dar la vida por los amigos y el abismo insondable del amor de Cristo a los suyos con el que nos amó hasta el extremo, este misterio eucarístico encierra toda la riqueza y vida de la Iglesia, es la fuente desde la que todo mana y la meta a la que todo conduce, constituye así el corazón de la vida eclesial. Deberíamos adentrarnos en la espesura y densidad inmensa de este misterio eucarístico. Ahí está todo. Ahí está nuestra esperanza. Ahí está el amor de Cristo que nos redime y nos salva; el amor que se nos da en comunión para que nosotros, en comunión con él, nos demos a los demás: "Tomad y comed...Haced esto en memoria mía"."Un mandamiento nuevo os doy: Amaos como yo os he amado". "Dadles vosotros de comer, como yo mismo voy a dar de comer".
Jesús reparte su Cuerpo y su Sangre. Haciendo del pan su Cuerpo y del vino su Sangre, anticipa su muerte, la acepta en lo más íntimo y la transforma en una acción de amor. Lo que desde el exterior es violencia brutal -la crucifixión-, desde el interior se transforma en un acto de amor que se entrega totalmente. Esta es la transformación sustancial que se realizó en el Cenáculo de Jerusalén hace dos mil años y que estaba destinada a suscitar un proceso de transformaciones cuyo último fin es la transformación del mundo hasta que Dios sea todo en todos. Desde siempre los hombres esperan en su corazón, de algún modo, un cambio, una transformación del mundo. Este es, ahora, el acto central de transformación capaz de renovar verdaderamente el mundo: la violencia se transforma en amor y, por tanto, la muerte en vida. La victoria del amor sobre el odio, la victoria del amor sobre la muerte. Solo esta íntima explosión del bien que vence al mal puede suscitar la cadena de transformaciones que poco a poco cambiarán el mundo. Todos los demás cambios son superficiales y no salvan. Por esto hablamos de redención: lo que desde lo más íntimo era necesario ha sucedido, y nosotros podemos entrar en este dinamismo. Jesús puede distribuir su Cuerpo, porque se entrega realmente a sí mismo. Esta primera transformación fundamental de la violencia en amor, de la muerte en vida lleva consigo las demás transformaciones. Pan y vino se convierten en su Cuerpo y su Sangre. Llegados a este punto la transformación no puede detenerse, antes bien, es aquí donde debe comenzar plenamente. El Cuerpo y la sangre de Cristo se nos dan para que también nosotros mismos seamos transformados. Nosotros mismos debemos llegar a ser Cuerpo de Cristo, sus consanguíneos. Todos comemos el único pan y esto significa que entre nosotros llegamos a ser una sola cosa".
Permitidme que, al final de esta homilía, dirija mis palabras de despedida a mis queridos hermanos sacerdotes, rogándoles que también me despidan de los fieles cristianos de las comunidades cristianas a las que sirvan. Han sido años muy intensos y gozosos, en los que tampoco, como no puede ser de otra manera, ha faltado la cruz. A todos os he querido, y os quiero, entrañablemente. A todos y cada uno me gustaría abrazar, agradecer y pedir perdón; con todos deseo unirme en la misma comunión en el Cuerpo del Señor que nos hace ser su Iglesia; por todos quiero orar; con todos anhelo dar gracias al Señor.
Al finalizar este tiempo de gracia que Dios me ha concedido estar con vosotros y siendo para vosotros, mis hermanos, amigos y principales e imprescindibles colaboradores, lo único que puedo hacer es darle gracias a Dios, por su infinita misericordia, por todo lo bueno que El es y por todo lo bueno que El ha hecho a través de mi ministerio en favor de su Iglesia en estos meses.
Y como tampoco han faltado sombras - tal vez ha habido más sombras y oscuridades de las que esperabais - os ruego que me acompañéis en la súplica de perdón al que es rico en misericordia y Dios de toda consolación y que, teniendo como tenéis, un corazón grande y generoso, me perdonéis cuanto necesite ser perdonado, que, sin duda, será mucho.
De nuevo, muchas gracias, que Dios os ayude, os bendiga y os enriquezca, en su Hijo Jesucristo, con toda clase de bienes. Siempre a vuestro servicio. ¡Adelante! Un abrazo.

NADIE COME DE ESTA CARNE SIN ANTES ADORARLA...


"Nadie come de esta carne sin antes adorarla(...), pecaríamos si no la adoráramos". En efecto, en la Eucaristía el Hijo de Dios viene a nuestro encuentro y desea unirse a nosotros; la adoración eucarística no es sino la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia. Recibir la Eucaristía significa adorar lo que recibimos. Precisamente así y sólo así, nos hacemos una sola cosa con Él y, en cierto modo, pregustamos anticipadamente la belleza de la liturgia celestial. La adoración fuera de la Santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica. En efecto, "sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera. Y precisamente en este acto personal de encuentro con el Señor madura luego también la misión social contenida en la Eucaristía y que quiere romper las barreras no sólo entre el Señor y nosotros, sino también y sobre todo las barreras que nos separan a los unos de los otros".
Benedicto XVI
Sacramentum caritatis 66

ADOREMUS IN AETERNUM SANCTISSIMUM SACRAMENTUM

Panis angelicus fit panis hominum; dat panis coelicus figuris terminum; o res mirabilis! Manducat Dominum pauper, pauper servus et humilis. pauper, pauper servus et humilis. Panis angelicus fit panis hominum; dat panis coelicus figuris terminum; o res mirabilis! Manducat Dominum pauper, pauper servus et humilis. pauper, pauper servus, servus et humilis.
El pan de los ángeles se hizo el pan de los hombres; el pan celeste acaba con las prefiguraciones; ¡oh cosa admirable! Consume a tu Señor el pobre, siervo y humilde.

miércoles 10 de junio de 2009

PUBLICACIONES DE LA FRATERNIDAD


Vigilad y orad (123 págs. con ilustraciones en todo color) está estructurado en 11 capítulos o encuentros que recorren el Evangelio de San Mateo parándose en aquellos pasajes centrales de la vida y predicación de Nuestro Señor Jesucristo. Cada capítulo se compone de la lectura del Evangelio, de un salmo de respuesta y una meditación. Las meditaciones no pretenden ser un análisis exegético de los textos, sino que, en un lenguaje sencillo, claro y directo, buscan que el lector pueda profundizar en un ambiente de oración en el misterio de Jesús, el Hijo de Dios.
9 encuentros con Cristo Sacerdote (98 pags. con ilustraciones en todo color) no pretende ser un tratado teológico, sino que con un lenguaje sencillo, cercano y claro, el autor acerca al lector el porqué de este título esencial de Cristo y desgrana las implicaciones y conscuencias del sacerdocio bautismal en la vida del cristiano. Al final de la obra, se han puesto las Letanías de Cristo Sacerdote y Víctima, que en palabras del siervo de Dios Juan Pablo II: ¡Cuanta riqueza teológica encierran estas expresiones! Se trata de letanías profundamente basadas en la Sagrada Escritura...
9 Virtudes de la Virgen María (115 pags. con ilustraciones en todo color) versa sobre las virtudes de la Virgen María que han sido compendiadas por San Luis María Grignion de Montfort: humildad profunda, fe viva, obediencia ciega, oración continua, mortificación universal, pureza divina, caridad ardiente, paciencia heroica, dulzura angelical y sabiduría divina. Son 10, pero por motivos de espacio y maquetación, se reúnen en una sola su mortificación y paciencia. Igualmente, con lenguaje sencillo y claro, el autor acerca estas virtudes de la Virgen: diferentes aspectos de la Madre Dios y Madre nuestra que nos ayudarán a intimar, profundizar y penetrar en el misterio de esta Mujer que siendo plenamente humana ha sido plenamente divinizada.
Esta colección de libros son fruto de los 'Encuentros de Oración'' que la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina viene realizando en los últimos años en torno a Jesús Sacramentado.

El precio de cada libro es de 12 euros. Con su compra estás colaborando en el sostenimiento económico del apostolado y de las comunidades de la Fraternidad.

Si deseas adquirlo, puedes enviar un correo electrónico a santamariarenet@hotmail.com. O llamar a los siguientes numeros de teléfono: 986 711 112 y 619 011 226. También puedes escribirnos a Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina. Pazo de la Torre, 12 C.P. 36191 Barro- PONTEVEDRA (ESPAÑA)

martes 9 de junio de 2009

APOSTOLADO DE LA FRATERNIDAD EN FÁTIMA (PORTUGAL)

El pasado sábado día 6 de junio tuvo lugar en Fátima (Portugal) la reunión de un Cenáculo de oración. Hasta allía se desplazaron D. Manuel Folgar y el Hno. José Manuel. Se desarrolló con el siguiente programa:
9.30 h. Saludo y oración de apertura
10.00 h. Conferencia: Oración y vida cristiana
11.00 h. Pausa
11.15 h. Santo Rosario
12.00h. Conferencia: Doctrina sobre la Santa Misa
13.00 h. Almuerzo
15.00 h. Conferencia: Necesidad de la formación permenente para el cristiano
16.00 h. Pausa
16.15 h. Meditación reparadora de los misterios del Rosario.
17.00 h. Preguntas
18.00 h. Confesiones
19.00 h. Celebración de la Santa Misa


El P. Joao María Rodrigues hace la presentación del encuentro

Oración inicial


D. Manuel Folgar imparte una de las pláticas


"Nuestra Señora en Fátima apela a nuestra responsabilidad de orar y adorar..."
" La Santa Misa es el corazón mismo de la vida cristiana y de la vida de la Iglesia.
Si se oscurece la verdad y la conciencia acerca del Santo Sacrificio, entonces se pervierte su finalidad principal y se acaba pervirtiendo la esencia de la vida cristiana".
"La formación doctrinal y espiritual es un derecho y un deber de todos los fieles..."

En la homilía el celebrante recordó que el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia y que permanentemente hemos de invocar su asitencia, para que renueve los corazones de todos los que formamos parate del Cuerpo Místico de Cristo, para que renueve las familias y las diversas instituciones y comunidades de la Iglesia. Para que actúe sobre el mundo entero disponiendo los corazones de los hombres para recibir la Buena Noticia del Evangelio.
El Espíritu Santo cubrió con su sombra a la Virgen Santísima y en su seno formó la Santísima humanidad de Jesucristo. Así también los bautizados somos fruto del Espíritu Santo y de María, en cuanto que Ella es verdadera Madre nuestra y nosotros verdaderos hijos suyos; en cuanto que el Divino Espíritu es el que nos cristifica e injerta en nuestras almas la vida divina por los méritos de Cristo nuestro Redentor y Salvador.
La Virgen, Esposa fidelísima del Espíritu Santo, atrae permenentemente como un imán al Espíritu Divino para que no cese de formar en las almas la imagen viva y fiel de Cristo, dilatando así su maternidad y acrecentando el Cuerpo Místico y la familia de los hijos de Dios.
¡Ven, Espíritu Santo! ¡Ven, por María!
¡Ven, sobre la Iglesia y sobre el mundo para que el reinado de Cristo se dilate hasta los confines de la tierra!












jueves 4 de junio de 2009

SANTA MISA CANTADA EN LA FIESTA DE JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

Ofrecemos a continuación el reportaje fotográfico de la Santa Misa celebrada con motivo de la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote en la Capilla de San José de Porranes (Barro -Pontevedra) muy próxima al Priorato de las Misioneras de la Fraternidad.



Incensación antes del Introito


Gloria in excelsis Deo

Oración colecta

Sermón





Ofertorio



Incensación de las ofrendas y del sacerdote





Elevación de la Sagrada Hostia



Segundo Confíteor

Ecce Agnus Dei

FIESTA DE JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

"Tu es sacerdos in aeternum
secundum ordinem Melchisedech"



Hoy celebramos una de las fiestas más importantes de nuestra Fraternidad, la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

Los orígenes de esta fiesta se remontan a principios del siglo XX, pues en algunos misales de la época encontramos la misa votiva de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Sin embargo, en España adquirió el rango de Fiesta el 22 de agosto de 1973 gracias a los esfuerzos del santo arzobispo de Valencia Don Jose María García Lahiguera. Los primeros pasos de este acontecimiento se remontan a 1950, en que con motivo de un viaje a Roma, él, junto con la Madre Fundadora de las Oblatas de Cristo Sacerdote, Madre María del Carmen Hidalgo de Caviedes y Gómez solicitaron a S. S. el Papa Pio XII la gracia de poder celebrar todos los años, el día 25 de abril, aniversario de la fundación de la Congregación, en todos los monasterios la liturgia propia de la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. La Santa Sede concedió este privilegio a la Congregación en un rescripto de fecha 25 de junio de 1952.
El interés por la fiesta se iba propagando y extendiendo entre muchos sacerdotes. En noviembre de 1954, Don José María García Lahiguera propuso a la Congregación de San Pedro Apóstol de Madrid que se adhiriera para elevar a la Santa Sede la petición de la institución de la fiesta litúrgica y el 31 de mayo de 1956 se envió toda la documentación a la Sagrada Congregación de Ritos. Aunque el asunto parece que entonces se paraliza Don José María no pierde ocasión para insistir en su propósito y al abrirse el Concilio Vaticano II en el que él mismo participó como Padre Conciliar, se dirige por escrito a la Comisión Conciliar de Liturgia e, incluso en la intervención que tuvo en el Aula Conciliar del esquema sobre los sacerdotes el 25 de octubre de
1965 –en la que habló de la responsabilidad de los obispos, de la dirección espiritual de los sacerdotes, de los ejercicios espirituales–, llegó a proponer ‘como monumento litúrgico del Concilio la institución de la Fiesta de Cristo Sacerdote’. Esta propuesta fue rubricada por 194 Padres Conciliares, de los cuales cinco eran Cardenales.
En principio la propuesta no prosperó, pero como la Instrucción para la aplicación de la Constitución Conciliar sobre la Sagrada Liturgia de 24 de junio de 1970 permitía a las congregaciones religiosas solicitar la aprobación de los textos litúrgicos de su Titular, se elaboraron los textos para la Misa y la Liturgia de las Horas de Cristo Sacerdote, que fueron aprobadas por la Sagrada Congregación para el Culto Divino por rescripto de 21 de diciembre de 1971. En abril de 1972, Mons. José María García Lahiguera remitió los textos a todos los obispos españoles proponiéndoles que sea todo el episcopado español el que solicite la inserción de dicha fiesta en el calendario litúrgico nacional. Por fin el 5 de julio de 1973 la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española, después de mucho trabajo, sufrimiento y sobre todo oración suplicante y confiada por parte de Don José María, aprobó la petición a la Santa Sede, que fijó su inserción con fecha 22 de agosto de 1973, fijando su celebración en el jueves siguiente a la solemnidad de Pentecostés.
En su deseo de que llegara a ser fiesta universal interesó a muchos obispos de América latina para que también sus naciones la solicitasen a la Santa Sede y actualmente son varias las naciones que la celebran.


Nuestra felicitación y hermandad espiritual a las comunidades que viven la espiritualidad de Cristo Sacerdote:


-Confraternidad de Cristo Sacerdote (Australia)

-Oasis de Jesús Sacerdote (España)

-Oblatas de Cristo Sacerdote

-Siervas Seglares de Cristo Sacerdote

-Misioneras de Cristo Sacerdote

-Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote

-Familia de la Cruz (México)

-Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote

-Sociedad de Jesucristo Sacerdote


miércoles 3 de junio de 2009

2ª PARTE DEL REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE LA TOMA DE HÁBITO DE LA HERMANA MARÍA MONTSERRAT DE SAN JOSÉ

Vísperas Solemnes

Incensación de los sacerdotes asistentes por uno de los "pluvialistas"



Adoración Eucarística







Bendición con el Santísimo Sacramento


Presentación de la candidata

El sacerdote exhorta a la futura novicia
La retirada del velo o mantilla de postulante simboliza la ruptura con el mundo, con el "hombre viejo"
Después de tonsurar los cabellos trazando la señal de la Cruz el celebrante va entregando las distintas partes que forman el hábito de las Misioneras de la Fraternidad

Finalmente, el sacerdote cubre la cabeza de la nueva novicia

Con el canto del Veni Sponsa entonado en gregoriano por el celebrante aparece la novicia revestida con el hábito


Imposición de la corona




Con el canto del Veni Creator dos hermanas de la Comunidad dejan caer sobre la novicia, que se encuentra postrada con los brazos en cruz, una lluvia de pétalos de rosas



Ecce quam bonum et quam iucumdum habitare fratres in unum
La Hermana Mª Montserrat abraza a Sor María Rocha, Hermanita de los Ancianos Desamparados, grandísima benefactora de la Fraternidad.
Algunas fotos para el recuerdo... En la imagen superior la nueva religiosa con sus padres y hermana

El merecido refrigerio en el patio del Priorato







Mes del Sagrado Corazón de Jesús (3)

LA REDENCIÓN ES FRUTO DEL AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS. El misterio de la Redención divina es, ante todo y por su propia naturaleza, un misterio de amor, esto es, un misterio del amor justo de Cristo a su Padre celestial, a quien el sacrificio de la cruz, ofrecido con amor y obediencia, presenta una satisfacción sobreabundante e infinita por los pecados del género humano: Cristo sufriendo, por caridad y obediencia, ofreció a Dios algo de mayor valor que lo que exigía la compensación por todas las ofensas hechas a Dios por el género humano. Además, el misterio de la Redención es un misterio de amor misericordioso de la augusta Trinidad y del Divino Redentor hacia la humanidad entera, puesto que, siendo ésta del todo incapaz de ofrecer a Dios una satisfacción condigna por sus propios delitos, Cristo, mediante la inescrutable riqueza de méritos que nos ganó con la efusión de su preciosísima Sangre, pudo restablecer y perfeccionar aquel pacto de amistad entre Dios y los hombres, violado por vez primera en el paraíso terrenal por culpa de Adán y luego innumerables veces por las infidelidades del pueblo escogido.
Pio XII, Haurietis Aquas

PROPÓSITO ESPIRTUAL: Detestar el pecado
PROPÓSITO PRÁCTICO: Recibir el Sacramento de la Penitencia.

martes 2 de junio de 2009

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS: TOMA DE HÁBITO DE LA HERMANA MARÍA MONTSERRAT DE SAN JOSÉ, MISIONERA DE LA FRATERNIDAD

El 31 de mayo, Solemnidad de Pentecostés, fue un día de gran alegría para nuestra Fraternidad, pues, una nueva Hermana recibió el Hábito de las Misioneras de la Fraternidad comenzando así la etapa de Noviciado.

Después del período de postulantado, iniciado en el pasado mes de noviembre, la Hermana María Montserrat de San José recibió de manos del Padre Manuel Folgar, el hábito y las Reglas del Instituto de las Misioneras de la Fraternidad.
La ceremonia, que estuvo marcada por la asistencia de más de diez sacerdotes, religiosas de otros Institutos y multitud de fieles, se celebró en la Capilla de San José situada a pocos metros del Priorato de la Fraternidad. A las 18.30 h. comenzaba el canto de las II Vísperas Solemnes seguidas por un breve tiempo de adoración eucarística culminado con la Bendición con el Santísimo Sacramento tras la cual comenzaron los ritos propios de la toma de hábito.
A continuación ofrecemos algunas fotografías de la celebración esperando poder añadir más en los días siguientes:


Los sacerdotes se revisten en la sacristía en una ambiente alegre y fraterno


En la imagen vemos a cuatro de los seis "pluvialistas", que acompañaron al "preste" (celebrante) durante las vísperas, dirigiéndose hacia el templo en la procesión de entrada.








El preste canta la Capítula



Incensación del altar durante el Magníficat



Rito de la toma de háb¡to


La nueva novicia entra en el templo revestida con el hábito




"Ven, Esposa, recibe la corona que el Señor te ha preparado desde la eternidad"


Mes del Sagrado Corazón de Jesús (2)

EL CORAZÓN DE JESÚS, DIVINO Y HUMANO. Este amor de Dios tan tierno, indulgente y sufrido en el Antiguo Testamento era el preludio de aquella muy encendida caridad que el Redentor prometido había de mostrar a todos con su amantísimo Corazón y que iba a ser el modelo de nuestro amor y la piedra angular de la Nueva Alianza.
Porque, en verdad sólo Aquel que es el Unigénito del Padre y el Verbo hecho carne lleno de gracia y de verdad, al descender hasta los hombres, oprimidos por innumerables pecados y miserias, podía hacer que de su naturaleza humana, unida hipostáticamente a su Divina Persona, brotara un manantial de agua viva que regaría copiosamente la tierra árida de la humanidad, transformándola en florido jardín lleno de frutos. Obra admirable que había de realizar el amor misericordiosísimo y eterno de Dios, y que ya parece preanunciar en cierto modo el profeta Jeremías con estas palabras: Te he amado con un amor eterno, por eso te he atraído a mí lleno de misericordia... He aquí que vienen días, afirma el Señor, en que pactaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una alianza nueva; ... Este será el pacto que yo concertaré con la casa de Israel después de aquellos días, declara el Señor: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón; yo les seré su Dios, y ellos serán mi pueblo...; porque les perdonaré su culpa y no me acordaré ya de su pecado.

PIO XII, Haurietis Aquas
PROPÓSITO ESPIRITUAL: Pensar cuáles serían los sentimientos de Jesús en cada cosa que me acontezca hoy.
PROPÓSITO PRÁCTICO: Invitar a amigos y familiares a que hagan un altar en sus casas un altar al Sagrado Corazón.

lunes 1 de junio de 2009

Mes del Sagrado Corazón de Jesús (1)

EL CULTO AL CORAZÓN DE JESÚS. Hemos querido, Venerables Hermanos, proponer a vuestra consideracion y a la del pueblo cristiano, en sus lineas generales, la naturaleza intima del culto al Corazon de Jesus, y las perennes gracias que de él se derivan, tal como resaltan de su fuente primera, la revelacion divina. Estamos persuadidos de que estas Nuestras reflexiones, dictadas por la ensenanza misma del Evangelio, han mostrado claramente como este culto se identifica sustancialmente con el culto al amor divino y humano del Verbo Encarnado, y también con el culto al amor mismo con que el Padre y el Espiritu Santo aman a los hombres pecadores; porque, como observa el Doctor Angélico, el amor de las tres Personas divinas es el principio y origen del misterio de la Redencion humana, ya que, desbordandose aquel poderosamente sobre la voluntad humana de Jesucristo y, por lo tanto, sobre su Corazon adorable, le indujo con un idéntico amor a derramar generosamente su Sangre para rescatarnos de la servidumbre del pecado: Con un bautismo tengo que ser bautizado, y ¡qué angustias hasta que se cumpla!.
PIO XII, Haurietis Aquas

PROPOSITO ESPIRITUAL: Vivir todo este mes muy unido al Corazón de Jesús
PROPÓSITO PRÁCTICO: Colocar en un lugar de casa un altar con un cuadro o imagen del Sagrado Corazón.