9 de noviembre de 2009

EN SU VISITA PASTORAL, BENEDICTO XVI CONQUISTA EL CORAZÓN DE LAS GENTES DE BRESCIA, LA TIERRA DE PABLO VI

"Vivimos en tiempos en los que se advierte una verdadera “emergencia educativa”. Formar a las jóvenes generaciones, de las que depende el futuro, nunca ha sido fácil, pero en este tiempo nuestro parece haberse vuelto aún más complejo. Lo saben bien los padres, los profesores, los sacerdotes y aquellos que detentan responsabilidades educativas. Se están difundiendo una atmósfera, una mentalidad y una forma de cultura que llevan a dudar del valor de la persona, del significado de la verdad y del bien, en último término, de la bondad de la vida. Y sin embargo se advierte con fuerza una difusa sed de certezas y de valores. Es necesario entonces transmitir a las futuras generaciones algo válido, reglas sólidas de comportamiento, indicar objetivos altos hacia los que orientar con decisión la propia existencia. Aumenta la demanda de una educación capaz de hacerse cargo de las esperanzas de la juventud; una educación que sea ante todo testimonio y, para el educador cristiano, testimonio de fe".

"Giovanni Battista Montini insistía en la formación de los jóvenes, para hacerles capaces de entrar en relación con la modernidad, una relación, esta, difícil y a menudo crítica, pero siempre constructiva y dialógica. De la cultura moderna subrayaba algunas características negativas, tanto en el campo del conocimiento como en el de la acción, como el subjetivismo, el individualismo y la afirmación ilimitada del sujeto. Al mismo tiempo, sin embargo, consideraba necesario el diálogo a partir siempre de una sólida formación doctrinal, cuyo principio unificador era la fe en Cristo; una “conciencia” cristiana madura, capaz por tanto de una confrontación con todos, pero sin ceder a las modas del tiempo".

"Para el Papa Montini el joven debe ser educado a juzgar el ambiente en el que vive y actúa, a considerarse como persona y no un número en la masa: en una palabra, se le debe ayudar a tener un “pensamiento fuerte”, capaz de una “actuación fuerte”, evitando el peligro, que a veces se corre, de anteponer la acción al pensamiento y de hacer de la experiencia la fuente de la verdad. Afirmó a propósito: “la acción no puede ser luz de sí misma. Si no quiere inclinar al hombre a pensar como actúa, es necesario educarlo a actuar como piensa".

"Con valor -Montini- indicó el camino del encuentro con Cristo como experiencia educativa liberadora y única respuesta a los deseos y las aspiraciones de los jóvenes, convertidos en víctimas de la ideología. “Vosotros jóvenes de hoy , repetía, estáis embrujados por un conformismo, que puede llegar a ser habitual, un conformismo que pliega inconscientemente vuestra libertad al dominio automático de corrientes externas de pensamiento, de opinión, de sentimiento, de acción, de moda: y después, llevados por un gregarismo que os da la impresión de ser fuertes, os convertís de vez en cuando en rebeldes en grupo, en masa, a menudo sin saber por qué". "Pero después – notaba una vez más – si adquirís conciencia de Cristo, y os adherís a él... sucede que llegaréis a ser interiormente libres… sabréis para qué y para quién vivís... Y al mismo tiempo, cosa maravillosa, sentiréis nacer en vosotros la ciencia de la amistad, de la socialidad, del amor. Ya no estaréis aislados” .




"Pablo VI se definió a sí mismo "viejo amigo de los jóvenes": sabía reconocer y compartir su tormento cuando se debaten entre la voluntad de vivir, la necesidad de certeza, el anhelo del amor y el sentimiento de extravío, la tentación del escepticismo, la experiencia de la desilusión. Había aprendido a comprender su alma y recordaba que la indiferencia agnóstica del pensamiento actual, el pesimismo crítico, la ideología materialista del progreso social no bastan al espíritu, abierto a bien distintos horizontes de verdad y de vida ".


"Maestro de vida y testigo valiente de esperanza fue este venerado predecesor mío, no siempre comprendido, al contrario más de alguna vez opuesto y aislado por movimientos culturales entonces dominantes. Pero, sólido aunque físicamente frágil, condujo sin titubeos a la Iglesia; no perdió nunca la confianza en los jóvenes, renovándoles, y no sólo a ellos, la invitación a fiarse de Cristo y a seguirle en el camino del Evangelio".



*Textos tomados del Discurso de Benedicto XVI en la inauguración del Instituto Pablo VI, con motivo de su Visita Pastoral a Brescia ayer domingo.