22 de octubre de 2009

SANTA MISA EN MAR DEL PLATA

El P. Marco Antonio Foschiati, O.P. ofrece el Santo Sacrificio de la Misa. Es Capellán para el Uso Extraordinario en la diócesis de Mar del Plata en la República Argentina.





Homilía en una primera Misa
(Domingo de la Divina Misericordia)


“¡¡Introduje mis manos en las heridas de sus clavos, he palpado su Costado abierto y exclamé: Señor mío y Dios mío!!”

Hoy se nos invita a introducirnos en el Corazón del Redentor, en su Corazón que se ha vaciado totalmente, en su Corazón muerto y petrificado a causa de nuestros pecados pero que vuelve a latir y se transforma en el Corazón del mundo…vuelve a latir con la fuerza renovadora de su Vida Resucitada y se transforma en el Corazón de todos nosotros…, en nuestro Corazón viviente, el Corazón de todos los sacerdotes.

Hoy nos introducimos en esta Herida abierta que es Fuente Viva; Herida abierta de donde brota el manantial de la Misericordia. Esa Herida es un Templo abierto en donde conocemos quién es Dios, quién es Jesucristo: tocamos el Corazón de un hombre y nos encontramos con el Corazón de Dios. ¡Por la fe, en el camino revelador y comunicador de la Santa Humanidad de Jesús, el hombre puede tocar a Dios y ser tocado, purificado y recreado por El! Recibimos del Señor de la Vida el soplo vivificante del Espíritu y su mano herida y glorificada vuelve a plasmar su Divina Imagen en nosotros: “Posuisti super me manum tuam: quam admirabile est scientia tua!!”

El Resucitado no sólo nos muestra su Costado abierto, su Corazón-Fuente que ahora vive para Dios sino que introduciéndonos en lo más hondo del Misterio de su Amor y de su Redención nos envía. Y nos envía con la misma fuerza del Amor, con la misma dignidad con el mismo Padre lo envía a El mismo: “Como el Padre me envió así Yo os envío…” Nos adentramos en el Corazón de la Redención, allí palpamos y recibimos la Vida de Dios para llevarla, para descender, para continuar en el Espíritu Santo el envío del Hijo. Nuestro sacerdocio, participación del único Sacerdocio de Jesús, se enraíza, se encadena nada menos que en el envío del Padre al Hijo. Somos un eslabón en esta cadena de envíos que parte del Corazón del Padre y se centra en el Corazón traspasado y abierto del Resucitado. La Gracia y el Conocimiento de Jesucristo sólo pueden llegar a tantos hermanos a través de nuestro humilde servicio y en la acogida de nuestro ser enviados.

Ahora bien, ¿a dónde somos enviados? A los de corazón roto, a los pobres en el alma y en el cuerpo, a los enfermos, a los que no conocen el sentido de sus vidas…
¿Desde dónde somos enviados? Desde el Corazón de Jesucristo. Un envío que implica la permanencia de amigo en El. Permanencia en el amor y en el cumplimiento de su Voluntad. ¿Para qué somos enviados? Para hacer nuestro Su caminar, Su abajamiento, Su entrega de vida: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos…”
Somos enviados para lavar los pies cansados, abatidos y sucios de nuestros hermanos. La esencia del envío es reconducir los corazones al Padre por el Hijo en el soplo nuevo y vivificante del Espíritu Santo. Llevar a los hombres divididos por el odio, la violencia y el rencor homicida al gozo pleno de la Comunión Trinitaria: “Para que el Amor con que me amaste esté en ellos y Yo también esté en ellos.”
¿Para qué somos enviados? Para dar la Vida, pero no la nuestra sino la de Jesucristo y nuestra pobre y pequeña vida en El: “Por Cristo, con El y en El.” En El, en Cristo…, sumergidos e introducidos en su Costado abierto por amor, palpando a Dios, amando desde El y siendo misericordia que sólo se aprende y se bebe del Corazón abierto del Crucificado y Resucitado. Allí aprendemos lo que es la Misericordia. “Misereor Cor…” No se puede vivir la Misericordia sin tocarla en el Corazón de Cristo; sin permanecer en ella, predicando, santificando, perdonando desde ella.
Nuestras manos deben ser el más precioso cáliz que pueda introducirse en ése Misterio profundo de la Redención, en el Costado abierto, para luego abrirse y derramarse generosamente a todos; aún a costa de quedar nosotros vacíos, heridos y secos. De la fuente seca del Corazón de Cristo brota la Vida, de la fuente seca del sacerdote (que en su amor no se guarda nada para sí) brota la vida de la gracia y el perdón ofrecido:

“¡Oh Dios qué preciosa es tu misericordia, los humanos nos acogemos a la sombra de tus alas, porque en Ti está la fuente de la Vida y tu Luz nos hace ver la luz…!!”
“Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación…”

Muy querido Padre y Hermano, hoy inicias tu Sacerdocio bajo el signo de la Misericordia, desde el envío del Resucitado. Él mismo, abre sus labios benditos y te dice: ¡Sé Misericordia! En la predicación de mi Palabra, en mi Oblación que presentas al Padre, en tu oración de intersección que también es la mía… ¡Sé Misericordia!!

Inicias tu sacerdocio desde el signo del Corazón de Jesús vivo y resucitado, Corazón abierto, siempre abierto en su darse, siempre abierto en su ser Fuente de la Vida. Haz de este Corazón tu Centro y tu Morada, tu Escuela Sacerdotal: allí palpamos y aprendemos, allí somos tocados por la Misericordia para ser luego instrumentos vivos de ella. Que ese Costado sea el lugar del ejercicio de tu Sacerdocio: tu altar, tu templo, tu oratorio, tu ofrenda y el Regalo; sí el Regalo, que en el generoso gastaste de ti mismo, puedas llevar a tus hermanos. Vive allí, gustando y viviendo la Misericordia, no vivas en la periferia, vive en el centro del misterio de la redención y lleva a tus hermanos a ése Centro, a ése Corazón.

Aunque muchas veces experimentemos la pobreza de nuestras manos y la de nuestro amor, aunque vivamos el vacío de nuestras pobres manos humanas: ¡¡No tengas miedo!! Esas manos pobres de hombre están ungidas, están “cristificadas” para dar a Cristo. ¡Cuantas veces deberemos exclamar con el joven Cura rural de Bernanos:

“Oh milagro de mis manos vacías, oh milagro de éste mi pobre corazón en agonía, que a pesar de todo, puede dar y conceder la Paz!”.
La Paz, don del Resucitado. Y en el Misterio de nuestras manos vacías y de nuestro corazón vaciado cantar nuevamente con el Cura rural de Bernanos: ¡¡Todo es Gracia!!”
¡¡Todo es Misericordia!! Amén


P. Marco Antonio Foschiatti OP
Convento de San Martín de Porres
Mar del Plata (Buenos Aires)
Argentina