martes 13 de octubre de 2009

¡GRACIAS, BEATÍSIMO PADRE, POR SER LUZ EN MEDIO DE TANTA OSCURIDAD, DULZURA ENTRE TANTO DESAFECTO Y FRIALDAD!

*El Santo Padre y Dario se saludan con todo afecto.

Gracias, Beatísimo Padre:
Eres para nosotros un fogonazo de blanca y suave luz en medio de tanta oscuridad.
Eres ternura, afecto y dulzura entre tanta frialdad y dureza.
Gracias, Santidad, suave brisa que el Señor nos regala a los hijos de la Iglesia y al mundo entero.
Tu palabra, siempre cálida y amable.
Tu gesto, siempre cercano y delicado.
Tu sonrisa que esconde dificultades, sinsabores y sufrimientos.
Tu mirada paciente y cálida... Mirada de padre, de hermano y de amigo.
Tus manos siempre abiertas, dispuestas a abrazar a esta pobre humanidad.
Tus brazos siempre apuntando hacia lo alto con gesto transcendente y elocuente.
Tu caminar acelerado y majestuoso, como quien pisa la tierra urgido por la premura de sembrar a manos llenas. Y tu corazón en el cielo... ¡Oh sí, tu corazón en el cielo!
¡Bendito tú, Benedicto, que vienes en el nombre del Señor!
¡Bendito el Papa de la dulce sonrisa, del gesto sereno, de la timidez afectuosa!
¡El Papa de la Belleza, de la Verdad y de la Eucaristía!
¡En tí, Benedicto, somos bendecidos desde lo alto!

P. Manuel Mª