Luz hermosa, claro día.
Que la tierra aragonesa
Te dignaste visitar,
Este pueblo que te adora,
De tu amor favor implora,
Y te aclama y te bendice
Abrazada a tu Pilar.
Pilar sagrado
Faro esplendente,
Rico presente
De caridad,
Pilar bendito
Trono de gloria.
Tú a la victoria
Nos llevarás.
Cantad, cantad
Himnos de honor y alabanza
A la Virgen del Pilar.

"Con alegría desbordante celebramos esta Fiesta de Nuestra Señora del Pilar, Reina y Madre de la Hispanidad. También en este día, y no por mera coincidencia, celebramos la Fiesta nacional de España.
La celebración religiosa y la celebración social guardan una estrechísima relación, porque la Hispanidad hunde sus raíces en el evangelio de Cristo y en la fe cristiana.
Decir España, es decir "predicación apostólica", "unidad de fe entre la diversidad de pueblos que la conforman", "solera de valores cristianos y por ello genuinamente humanos".
Decir España, es decir "tierra de María Santísima", "pueblo, cuya mirada contemplativa ha sabido detenerse permanentemente en la meditación de los misterios de la Pasión Salvadora y en la Cruz redentora de Cristo", "pueblo que como un solo corazón y una sola alma adora con amor y júbilo desbordante la Presencia de Jesús Sacramentado"
Decir España, es decir un patrimonio de fe y de valores cristianos, rico como ningún otro, recibido de nuestros padres y antepasados en una cadena ininterrumpida de dos mil años de fidelidad a Cristo, a su Evangelio y a su Iglesia Santa y Católica.
Decir España, es decir "ardor misionero", "fuego de caridad que pretende iluminar y dar calor hasta los confines de la tierra"
Decir España, es decir "ardor apostólico por la extensión del Reino de Cristo y de su Sagrado Corazón".
España, es una vocación y una elección que recae sobre un pueblo, profundamente amado por Cristo. Vocación,que es llamada divina a sembrar con espíritu de servicio y de caridad hacia el prójimo las semillas del reino.
Todo eso y mucho más es decir España"...

"En este día de la Fiesta Nacional y Día de la Hispanidad, renovamos nuestra consagración a Nuestra Madre del Pilar, para que cada uno de nosotros, nuestras familias, nuestros pueblos, y las naciones que formamos la gran familia Hispana nos mantegamos fieles a Cristo hasta el final de los tiempos.
Que la fe de nuestro pueblo se acreciente y se desarrolle, firme y segura como aquella Columna que la Madre Santísima entregó al Apóstol Santiago, y que es venerada con amor y devoción por los hijos de España en el Santuario Bendito, que es la Basílica del Pilar de Zaragoza"...

"El amor y el respeto a la patria son una exigencia de los Mandamientos de la ley de Dios. En el cuarto Mandamiento se nos manda honrar al padre y a la madre. No se trata de un amor con carácter de exclusividad, en cuyo caso no sería amor, sino más bien un sentimiento narcisista y egoísta. Se trata del amor verdadero, cuya dinámica empuja a abrirse más y más, a dilatarse has ta el punto de ser a cada paso más universal, más católico.
La patria es la herencia sagrada recibida de nuestroa mayores como fruto de la bendición y de la Providencia amorosa de Dios. La patria es una tierra, pero es mucho más que eso: es una fe que da sentido a la propia existencia y la configura; es un cúmulo de valores espirituales, sociales y familiares.
La patria -herencia de nuestros padres- es una manera muy particular de concebir la propia existencia, la historia y hasta la eternidad.
La patria es mucho más que un concepto meramente político, contingente o parcial.
Indudablemente, que el orden temporal y el orden espiritual son autónomos en su propio campo y competencias, y han de regirse por sus propias leyes. Sin embargo, pretender una separación absoluta, o incluso una permanente confrontación entre ambos poderes, sería privar al orden temporal de su alma y de su espíritu. Dramáticamente, este vendría a ser como un cuerpo muerto, privado del espíritu que lo vivifica y lo sostiene.
Así, la Iglesia continúa ofreciendo y proponiendo con pasión y constancia el aliento de la fe y la espiritualidad del evangelio para que las realidades temporales, orientadas hacia Dios, encuentren su propia plenitud y la fecundidad que favorezca a todos los ciudadanos.
Es en este sentido que Su Santidad el Papa Juan Pablo II lanzó desde Compostela una llamada, que es todo un reto y un desafío, a los pueblos de Europa y a España misma.
Un reto en el que el Vicario de Cristo nos desafía a que en la hora presente reavivemos las raíces cristianas que nos han hecho grandes y merecedores de admiración y respeto entre el concierto de las naciones.
¿Será capaz la gran familia Hispana de profundizar en las riquezas patrimoniales heredadas de sus mayores para redescubrir con nuevo estupor su propia identidad y vocación histórica?
Así lo pedimos a Nuestra Señora del Pilar, para que nosotros como Ella proclamemos en el corazón de nuestra historia las grandezas del Señor y las misericordias que Él hace en favor de todos los pueblos".
* Las imágenes han sido tomadas durante la celebración de la Santa Misa en la Iglesia del Salvador de Toledo con motivo de la Fiesta de Nuestra Señora del Pilar. También reproducimos algunas ideas de la homilía pronunciada por el P. Manuel María, fundador de la Fraternidad.¡En la imagen aparece Daniel, nuestro primer monaguillo toledano!

¡Bendita y alabada sea la hora
en que María Santísima
vino en carne mortal a Zaragoza!
¡Por siempre sea bendita y alabada!
