8 de septiembre de 2009

EL SANTO PADRE VUELVE A DENUNCIAR LA HERMENÉUTICA DE LA RUPTURA Y LA DISCONTINUIDAD QUE SE PROPAGÓ EN EL POSTCONCILIO

* Tomado de la alocución dirigida por el Vicario de Cristo a los obispos de Brasil con motivo de su visita ad limina apostolorum.
"Apreciados hermanos, en las décadas posteriores al Concilio Vaticano II, algunos interpretaron la apertura, no como una exigencia del ardor misionero del Corazón de Cristo, sino como un paso a la secularización, vislumbrando en ella algunos valores de gran densidad cristiana como la igualdad, la libertad, la solidaridad, mostrándose disponibles a hacer concesiones y a descubrir campos de cooperación. Se asistió a intervenciones de algunos responsables eclesiales en debates éticos, que respondían a las expectativas de la opinión pública, pero que dejaban de hablar de ciertas verdades fundamentales de la fe, como del pecado, de la gracia, de la vida teologal y de los novísimos. Sin darse cuenta se cayó en la auto secularización de muchas comunidades eclesiales; éstas, esperando agradar a los que no venían, vieron partir, defraudados y desilusionados, a muchos de los que formaban parte de ellas: nuestros contemporáneos, cuando vienen a nosotros, quieren ver lo que no ven en otro sitio, es decir, la alegría y la esperanza que brotan del hecho de que estamos con el Señor resucitado.
Actualmente hay una nueva generación ya nacida en este ambiente eclesial secularizado que, en lugar de buscar apertura y consensos, ve cómo, en la sociedad, el foso de las diferencias y contraposiciones al Magisterio de la Iglesia, sobre todo en el campo ético, se hace cada vez más grande. En este desierto de Dios, la nueva generación siente una gran sed de trascendencia.
Son los jóvenes de esta nueva generación los que llaman a la puerta del Seminario, y que necesitan encontrar formadores que sean verdaderos hombres de Dios, sacerdotes totalmente dedicados a la formación, que den testimonio del don de sí mismos a la Iglesia, a través del celibato y de la vida austera, según el modelo de Cristo el Buen Pastor. Así, estos jóvenes aprenderán a ser sensibles al encuentro con el Señor, en la participación diaria en la Eucaristía, amando el silencio y la oración, procurando en primer lugar la gloria de Dios y la salvación de las almas. Amados hermanos, como sabéis, es tarea del obispo establecer los criterios esenciales para la formación de los seminaristas y de los presbíteros en la fidelidad a las normas universales de la Iglesia: en este espíritu deben desarrollarse las reflexiones sobre este tema, objeto de la asamblea plenaria de vuestra Conferencia Episcopal el pasado mes de abril.
Seguro de poder contar con vuestro celo en lo relativo a la formación sacerdotal, invito a todos los obispos, a sus sacerdotes y seminaristas, a reproducir en la vida la caridad de Cristo Sacerdote y Buen Pastor, como hizo el Santo Cura de Ars. Y, con él, tomen por modelo y protección de su propia vocación a la Virgen Madre, que respondió de un modo único a la llamada de Dios, concibiendo en su corazón y en su carne al Verbo hecho hombre para entregarlo a la humanidad".