25 de septiembre de 2009

ARZOBISPO PRIMADO DE ESPAÑA: DESCUBRIR LA ALEGRÍA DE PERTENECER A LA MADRE IGLESIA


*De la homilía de Monseñor Braulio Rodríguez en el Santuario de Guadalupe con motivo de la Fiesta del Nacimiento de la Virgen:

"Los católicos necesitamos de esa pequeñez, de esa humildad, de esa apertura, para descubrir a Dios en nuestra vida, y su Palabra, que la Tradición nos ha entregado en la Sagrada Biblia. Desconocemos o tal vez no conocemos suficientemente el tesoro que tenemos en la fe. En ocasiones estamos asustados porque nos ponen dificultades desde fuera, desde la cultura dominante, y pensamos que no hay lugar en nuestra sociedad para vivir dignamente nuestra fe. No es verdad, hermanos. Nuestra debilidad no está en que nos ataquen los que no nos quieren; está en que no vivimos la fe cristiana como un acontecimiento, como algo que nos sucede, con un deseo de recibir cada día la gracia del Señor para vivir la maravilla de nuestra fe. Nuestra debilidad está en desconfiar de la Iglesia, Madre, Esposa, Pueblo del Señor, Seno que nos ha dado la vida.Y nos entran complejos, como si no valiera esta fe para ser hoy hombres y mujeres y afrontar con confianza las luchas de la vida, mostrando la victoria de la fe que el Hijo de Dios nos ha conseguido y de la que gozamos desde el Bautismo. Vivimos la fe como si fuera algo añadido que traemos hasta nosotros y estamos divididos en dos mitades separando la fe del resto de la vida. No. La Virgen nos muestra cómo aceptar la Palabra, el Verbo de Dios en nuestra vida, para que sea siempre fresca y viva nuestra vida cristiana.Yo quiero pedirle a Santa María de Guadalupe que consigamos todos en esta fiesta un asombro ante el Dios que nos habla, un conocimiento de la Escritura, una alegría de pertenecer a la Madre Iglesia, que nos da cada día a Cristo, como María lo dio a los pastores y a los Magos en la Navidad, porque eran pequeños y humildes. Hemos de estrenar cada mañana lo que el nacimiento de la Virgen anuncia: que después de la culpa de la primera mujer y su esposo, esto es, de Adán y la que es “carne de su carne y hueso de sus huesos”, por fin se nos abrió la anhelada puerta de la vida y fuimos llamados de las tinieblas a la alegría de la luz eterna por el Hijo de la Virgen María".