"Permanezcamos en la fe recibida en una sociedad en que “la barca de la Iglesia es sacudida por el viento de las ideologías, que con sus aguas penetran en ella y parecen condenarla a hundirse”. Pero sabemos que “quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará”, y que la misión de la Iglesia, “estando al servicio de Dios, es estar al servicio del mundo en términos de amor y verdad”. En esta misión los apóstoles vivieron la preocupación de transmitir la Palabra de Dios en su totalidad y de ensanchar las fronteras del Evangelio. Así lo hizo el Apóstol Santiago, el primero entre los apóstoles en beber el cáliz del Señor precisamente a causa de la fidelidad a la verdad de la palabra de Cristo. También nosotros hemos de anunciar con valentía a Cristo, su propuesta de vida, su mensaje de reconciliación y perdón. Sólo en él se encuentra el sentido pleno de la vida que cuando se gasta al servicio de los demás se gana y cuando se vive para uno mismo, se pierde. ¡Hay que ser muy libres para vivir abnegadamente! “Nadie me quita la vida” (Jn 10,18), dice Jesús. Necesitamos libertad para tomar la vida en las propias manos y elegir vivir dándola. La paradoja de la abnegación es la que está detrás de la felicidad de las Bienaventuranzas: morir para vivir; ser pobre para ser rico; abajarse para ser levantado; ser último, esclavo, servidor..., para ser el primero; vender lo que se tiene para conseguir el mayor tesoro; hacerse pequeño para ser grande; perder la vida para encontrarla".25 de julio de 2009
MONSEÑOR JULIÁN BARRIO: "PERMANEZCAMOS EN LA FE RECIBIDA"
"Permanezcamos en la fe recibida en una sociedad en que “la barca de la Iglesia es sacudida por el viento de las ideologías, que con sus aguas penetran en ella y parecen condenarla a hundirse”. Pero sabemos que “quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará”, y que la misión de la Iglesia, “estando al servicio de Dios, es estar al servicio del mundo en términos de amor y verdad”. En esta misión los apóstoles vivieron la preocupación de transmitir la Palabra de Dios en su totalidad y de ensanchar las fronteras del Evangelio. Así lo hizo el Apóstol Santiago, el primero entre los apóstoles en beber el cáliz del Señor precisamente a causa de la fidelidad a la verdad de la palabra de Cristo. También nosotros hemos de anunciar con valentía a Cristo, su propuesta de vida, su mensaje de reconciliación y perdón. Sólo en él se encuentra el sentido pleno de la vida que cuando se gasta al servicio de los demás se gana y cuando se vive para uno mismo, se pierde. ¡Hay que ser muy libres para vivir abnegadamente! “Nadie me quita la vida” (Jn 10,18), dice Jesús. Necesitamos libertad para tomar la vida en las propias manos y elegir vivir dándola. La paradoja de la abnegación es la que está detrás de la felicidad de las Bienaventuranzas: morir para vivir; ser pobre para ser rico; abajarse para ser levantado; ser último, esclavo, servidor..., para ser el primero; vender lo que se tiene para conseguir el mayor tesoro; hacerse pequeño para ser grande; perder la vida para encontrarla".
Publicado por
Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina