"Para iluminar hay que estar iluminados, para transformar hay que estar transformados. Conocer íntimamente a Cristo permite darle a conocer con hechos y palabras.
Nosotros no somos videntes trasnochados ni tenemos que callar las maravillas de Dios. Es el Señor el que nos dice: "Ve y profetiza a mi pueblo de Israel" (Am 7,15). Profetizar no es adivinar, es decir que la fe no se la fabrica cada uno. Se requiere valentía para ser sacerdote, porque no buscamos obtener el aplauso del público. Para lo que hoy se requiere valentía es para adherirse a la fe de la Iglesia, aunque esta fe esté en contraposición con el "esquema" del mundo contemporáneo.
Hoy hace falta valentía para comprometerse "a favor de la inviolabilidad de la vida humana desde su primer momento, oponiéndose radicalmente al principio de la violencia, de modo especial en defensa de las criaturas más indefensas. Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenamiento del Creador, restablecido por Cristo. La fe adulta no se deja zarandear de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que esos vientos no son el soplo del Espíritu Santo -que vosotros recibiréis hoy-; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo". (Benedicto XVI, Homilía en las I vísperas de la solemnidad de san Pedro y san Pablo, 28.06.2009).
Nosotros no somos videntes trasnochados ni tenemos que callar las maravillas de Dios. Es el Señor el que nos dice: "Ve y profetiza a mi pueblo de Israel" (Am 7,15). Profetizar no es adivinar, es decir que la fe no se la fabrica cada uno. Se requiere valentía para ser sacerdote, porque no buscamos obtener el aplauso del público. Para lo que hoy se requiere valentía es para adherirse a la fe de la Iglesia, aunque esta fe esté en contraposición con el "esquema" del mundo contemporáneo.
Hoy hace falta valentía para comprometerse "a favor de la inviolabilidad de la vida humana desde su primer momento, oponiéndose radicalmente al principio de la violencia, de modo especial en defensa de las criaturas más indefensas. Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenamiento del Creador, restablecido por Cristo. La fe adulta no se deja zarandear de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que esos vientos no son el soplo del Espíritu Santo -que vosotros recibiréis hoy-; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo". (Benedicto XVI, Homilía en las I vísperas de la solemnidad de san Pedro y san Pablo, 28.06.2009).
