" El amor todo lo transforma y, por tanto, se comprende que en el centro de esta fiesta del Corpus Christi se encuentra el misterio de la transubstanciación, signo de Jesús-Caridad, que transforma el mundo. Al contemplarle y adorarle, decimos: sí, el amor existe, y dado que existe, las cosas pueden cambiar para mejor y nosotros podemos esperar. La esperanza que procede del amor de Cristo nos da la fuerza para vivir y afrontar las dificultades. Por ello, cantamos, mientras llevamos en procesión al Santísimo Sacramento; cantamos y alabamos a Dios que se ha revelado escondiéndose en el signo del pan partido. De este Pan todos tenemos necesidad, pues es largo y cansado el camino hacia la libertad, la justicia y la paz.¡Podemos imaginar con cuánta fe y amor la Virgen habrá recibido y adorado en su corazón la santa Eucaristía! Cada vez era para ella como revivir todo el misterio de su Hijo Jesús: desde la concepción hasta la resurrección. "Mujer eucarística" la ha llamado mi venerado y amado predecesor, Juan Pablo II. Aprendamos de ella a renovar continuamente nuestra comunión con el Cuerpo de Cristo para amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado".
(Del ángelus 14/6/09)