El pasado sábado día 6 de junio tuvo lugar en Fátima (Portugal) la reunión de un Cenáculo de oración. Hasta allía se desplazaron D. Manuel Folgar y el Hno. José Manuel. Se desarrolló con el siguiente programa:
9.30 h. Saludo y oración de apertura
10.00 h. Conferencia: Oración y vida cristiana
11.00 h. Pausa
11.15 h. Santo Rosario
12.00h. Conferencia: Doctrina sobre la Santa Misa
13.00 h. Almuerzo
15.00 h. Conferencia: Necesidad de la formación permenente para el cristiano
16.00 h. Pausa
16.15 h. Meditación reparadora de los misterios del Rosario.
17.00 h. Preguntas
18.00 h. Confesiones
19.00 h. Celebración de la Santa Misa
" La Santa Misa es el corazón mismo de la vida cristiana y de la vida de la Iglesia.
Si se oscurece la verdad y la conciencia acerca del Santo Sacrificio, entonces se pervierte su finalidad principal y se acaba pervirtiendo la esencia de la vida cristiana".
"La formación doctrinal y espiritual es un derecho y un deber de todos los fieles..."
En la homilía el celebrante recordó que el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia y que permanentemente hemos de invocar su asitencia, para que renueve los corazones de todos los que formamos parate del Cuerpo Místico de Cristo, para que renueve las familias y las diversas instituciones y comunidades de la Iglesia. Para que actúe sobre el mundo entero disponiendo los corazones de los hombres para recibir la Buena Noticia del Evangelio.
El Espíritu Santo cubrió con su sombra a la Virgen Santísima y en su seno formó la Santísima humanidad de Jesucristo. Así también los bautizados somos fruto del Espíritu Santo y de María, en cuanto que Ella es verdadera Madre nuestra y nosotros verdaderos hijos suyos; en cuanto que el Divino Espíritu es el que nos cristifica e injerta en nuestras almas la vida divina por los méritos de Cristo nuestro Redentor y Salvador.
La Virgen, Esposa fidelísima del Espíritu Santo, atrae permenentemente como un imán al Espíritu Divino para que no cese de formar en las almas la imagen viva y fiel de Cristo, dilatando así su maternidad y acrecentando el Cuerpo Místico y la familia de los hijos de Dios.
¡Ven, Espíritu Santo! ¡Ven, por María!
¡Ven, sobre la Iglesia y sobre el mundo para que el reinado de Cristo se dilate hasta los confines de la tierra!