Después del reciente "desencadernarse una valancha de protestas", nosotros agradecemos vivamente al Santo Padre el haber conducido el debate a los niveles en los cuales se debe desenvolver, esto es los de la fe.
Nosotros compartimos su preocupación prioritaria de la predicación "a nuestro tiempo en el cual en vastas regiones de la tierra la fe corre el riesgo de apagarse como una llama que no tiene más alimento".
La Iglesia atraviesa efectivamente una crisis grave que no podrá ser resuelta más que con un retorno integral a la pureza de la fe.
Con San Atanasio, nosotros afirmamos que "Quien quiera salvarse, debe antes que nada mantener la fe católica: quien no la conserva íntegra e inviolada andará, sin duda, hacia su ruina eterna" (Símbolo Quicumque).
Lejos de querer detener la Tradición en el 1962, queremos considerar el Concilio Vaticano II y las enseñanzas postconciliares a la luz de esta Tradición que San Vicente de Lerins ha definido como "lo que ha sido siempre creído en todas partes y por todos" (Commonitorium), ininterrumpidamente y en un sentido perfectamente homogéneo. Es así que podremos contribuir a la evangelización que es pedida por el Salvador (Mateo, 28,19-20).
La Hermandad Sacerdotal San Pío X asegura a Benedicto XVI su voluntad de afrontar los coloquios doctrinales, reconocidos como "necesarios" en el Decreto del 21 de enero, con el deseo de servir a la Verdad revelada que es la primera caridad que debe ser manifestada a todos los hombres, cristianos o no.
Ella le asegura su plegaria para que su fe no vacile y pueda confirmar a todos sus hermanos.(Lc 22,32).
Nosotros ponemos estos coloquios doctrinales bajo la protección de Nuestra Señora de la Confianza, con la certeza de que Ella nos concederá la gracia de transmitir fielmente lo que hemos recibido, "tradidi quod et accepi" (Cor 15, 3)
La Hermandad Sacerdotal San Pío X asegura a Benedicto XVI su voluntad de afrontar los coloquios doctrinales, reconocidos como "necesarios" en el Decreto del 21 de enero, con el deseo de servir a la Verdad revelada que es la primera caridad que debe ser manifestada a todos los hombres, cristianos o no.
Ella le asegura su plegaria para que su fe no vacile y pueda confirmar a todos sus hermanos.(Lc 22,32).
Nosotros ponemos estos coloquios doctrinales bajo la protección de Nuestra Señora de la Confianza, con la certeza de que Ella nos concederá la gracia de transmitir fielmente lo que hemos recibido, "tradidi quod et accepi" (Cor 15, 3)
Menzingen, 12 marzo 2009
+ Bernard Fellay
*Traducción de nuestro blog