10 de febrero de 2009

JORNADA DE ORACIÓN POR EL PAPA Y LA SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES EN PONTEVEDRA



ADORACIÓN EUCARÍSTICA

Vamos a dar comienzo a esta particular oración ante Jesús Sacramentado pidiendo muy especialmente por la persona y por las intenciones de nuestro Santo Padre Benedicto XVI.

Al inicio de su pontificado el Papa solicitó nuestra oración constante para que él como supremo Pastor de la Iglesia no temiese ante los lobos que amenazan el rebaño de Cristo.

En los últimos días Benedicto XVI ha vuelto a solicitar la oración de los católicos para apoyarle espiritualmente y atraer las gracias divinas que le asistan y sostengan en el difícil y delicado gobierno de la Iglesia.

Son muchos los ataques que desde dentro y fuera de la Iglesia se dirigen contra el Vicario de Cristo. Son abundantes y dolorosas las resistencias que el Santo Padre encuentra en quienes en el mundo entero deberían apoyar su labor y trabajar por llevar a cabo sus paternales indicaciones. Unos manifestando abiertamente su desacuerdo, y los más ignorando y silenciando sus indicaciones.

Desde muchos medios de comunicación en diversas naciones, e incluso por parte de algunos miembros de la Iglesia, se lleva a cabo una penosa campaña de descrédito hacia el Vicario de Cristo, de desafecto hacia su persona y de rebelión contra sus disposiciones.

Nuestra respuesta de hijos ha de ser acudir a su llamada y ante Jesús Sacramentado orar insistentemente por el Papa. Nuestros ojos se dirigen también hacia la Madre de la Iglesia y Reina de los Apóstoles para que asista y sostenga al "Dulce Cristo en la tierra", Benedicto XVI.


DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA




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Homilía de D. Manuel Folgar

Comenzamos hoy el Tiempo de Septuagésima que la Iglesia estima como una preparación para la Cuaresma.

El término septuagésima significa que estamos a unos setenta días de la Pascua, concretamente a 63 días. Los ornamentos de color morado nos recuerdan que la oración y el recogimiento deben ser los medios privilegiados para disponer adecuadamente nuestro corazón a la celebración de los misterios centrales de nuestra fe cristiana.

Esto nos da pie para recordar que no es posible una vida cristiana sólida si no está fundamentada sobre el cimiento de la oración. Tampoco podemos esperar un crecimiento en la vida espiritual ni una vivencia más perfecta de las virtudes cristianas si no luchamos contra la disipación y la superficialidad, viviendo recogidos y orientados permanentemente hacia Dios.

Oración y recogimiento nos señala la Iglesia para crecer en santidad y alcanzar la meta de nuestra vocación cristiana.

La Santa Misa es la gran oración de la Iglesia. Es la oración por excelencia.

La Santa Misa es la oración de Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y eterno sacerdote. En ella tributa al Padre el culto de adoración, la alabanza y la acción de gracias. En ella se ofrece como Víctima de expiación por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero, y atrae sobre nosotros las gracias y las bendiciones del Padre.

Si la Santa Misa es la oración de Cristo Sacerdote y por ello la oración por excelencia de su Santa Iglesia, también debe ser nuestra más preciada oración.

Como miembros del Cuerpo Místico de Cristo hemos de unirnos a Aquél que es Cabeza del Cuerpo y sumarnos al mismo culto que Él ofrece al Padre. Así, la participación frecuente en la Santa Misa de una forma "plena, consciente y activa" será el medio más excelente para progresar en nuestra vida espiritual y crecer en santidad.

Nada hemos de valorar tanto como la Santa Misa. Ningún medio hay tan eficaz para fortalecer nuestra vida cristiana como la participación frecuente en el Sacrificio eucarístico, uniéndonos con todas nuestras fuerzas a Jesucristo, haciendo nuestras las mismas disposiciones que Él tiene cuando se ofrece en el altar para gloria de Dios Padre y por nuestra salvación.

No hay acción más meritoria, ni más agradable a Dios, ni más beneficiosa para nosotros que esta de participar con las debidas disposiciones en los sagrados misterios.

Para ilustrarnos y animarnos a vivir con recogimiento, tomando distancia de una vida disoluta y tibia, la Iglesia nos ofrece hoy las palabras de la Epístola de San Pablo a los Corintios: "Hermanos, quien se prepara para la lucha de todo se abstiene". Y recordándonos la corona eterna del cielo nos anima a desear ese premio y a poner los medios para alcanzarlo: "Corred, pues, de tal manera que lo ganéis".

Pidamos a la Virgen Santísima, cuya llama de oración no se extingue en su Corazón Inmaculado, que haga de nosotros sus hijos hombres y mujeres de oración, y que a imitación de Ella llevemos una vida piadosa, recogida y santa para llegar a alcanzar la corona de gloria que no se marchita"