17 de enero de 2009

NUEVO APOSTOLADO DE LA FRATERNIDAD: TODOS LOS SÁBADOS EN PONTEVEDRA, SANTA MISA Y ORACIÓN POR EL PAPA Y POR LA SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES

SANTA MISA
"II DOMINGO DESPUÉS DE LA EPIFANÍA"















ADORACIÓN EUCARÍSTICA Y PRECES SACERDOTALES








Homilía de la Santa Misa celebrada esta tarde a las 19 h. en el Convento de Santa Clara de la ciudad de Pontevedra.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo

En la lectura tomada de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos se nos ofrece con palabras impregnadas de suavidad y dulzura un auténtico programa de vida cristiana. Se trata de aquellos sentimientos puros y nobles que deben abundar en el corazón de cada cristiano. Se trata al mismo tiempo de las características que deben identificar los comportamientos y la manera de proceder de todos los seguidores de Cristo.

Estos sentimientos y comportamientos son el fruto de la acción de la gracia de Dios en nosostros, Por ello hemos de vivir permanentemente atentos y dispuestos a colaborar con la gracia de Dios que recibimos en los sacramentos para que nuestra vida vaya conformándose cada día más y más con la imagen de Jesucristo Nuestro Señor.

Según el Apóstol nos recuerda, conforme a las enseñanzas y ejemplos de Jesucristo, la vida del cristiano ha de estra toda ella transida de un amor verdadero y sin fingimiento a Dios y al prójimo.

El amor es la ley suprema que ha de inspirar nuestra relación con Dios y con los hermanos. Fruto de ese amor verdadero será el aborrecimiento del mal, el horror a cualquier forma de mal, y la firme determinación de aplicarnos al bien.

¿Cómo podemos distinguir con claridad la línea divisoria entre el bien y el mal en un tiempo de confusión y relativismo como el nuestro? El Señor nos ha entregado esa brújula precisa y certera que son los santos mandamientos. Y en la Sagrada Escritura, sobre todo en los escritos del Nuevo Testamento, podemos encontrar las indicaciones precisas que brotan de las enseñanzas y de los ejemplos de Nuestro Redentor.

En el Santo Evangelio se nos presenta hoy la figura esplendorosa y maternal de la Virgen Santísima. En Ella como en ninguna otra criatura podemos contemplar la imagen viva de su propio Hijo. Se nos muestra radiante de caridad anticipándose a las necesidades del prójimo; diligente en el celo por la gloria de Dios; pronta para socorrer a quienes la necesitan; confiada en la súplica orante que dirige a Jesús: "No les queda vino".

En Nuestra Madre bendita encontraremos siempre la mejor Maestra y la mejor escuela para llegar a ser verdaderos discípulos y seguidores de Cristo. Al mismo tiempo, encontraremos siempre en Ella a la Madre tierna que no cesa de interceder por nosotros y por nuestras necesidades ante su Hijo.

Renovemos hoy nuestro amor y nuestra confianza hacia la Virgen con el firme propósito de imitarla cada vez más fielmente y de recurrir a Ella cada vez más con mayor confianza. Encomendémosle especialmente las grandes necesidades de la Iglesia y del mundo, la persona e intenciones del Vicario de Cristo, el aumento de las vocaciones, la santificación de los sacerdotes y de las familias cristianas, la paz entre todos los hombres. Amén

Rvdo. D. Manuel Folgar