No podemos menos de agradecer al Señor el gran don que nos ha regalado en la persona de Nuestro Santo Padre Benedicto XVI.Sólo desde la raíz de una profunda vida espiritual y desde una íntima comunión con Cristo se puede explicar la alegría permanente del Santo Padre, la serenidad que manifiesta ante los escollos y dificultades, la paz que pretende contagiarnos a todos sus hijos. Todo ello sólo puede ser fruto de su esperanza inquebrantable en Cristo de quien es digno Vicario en la tierra.
¡GRACIAS, SANTO PADRE!