18 de enero de 2009

GRACIAS, BEATÍSIMO PADRE, POR LA ALEGRÍA, LA PAZ Y SERENIDAD QUE NOS TRANSMITÍS A TODOS VUESTROS HIJOS

No podemos menos de agradecer al Señor el gran don que nos ha regalado en la persona de Nuestro Santo Padre Benedicto XVI.
Sólo desde la raíz de una profunda vida espiritual y desde una íntima comunión con Cristo se puede explicar la alegría permanente del Santo Padre, la serenidad que manifiesta ante los escollos y dificultades, la paz que pretende contagiarnos a todos sus hijos. Todo ello sólo puede ser fruto de su esperanza inquebrantable en Cristo de quien es digno Vicario en la tierra.
¡GRACIAS, SANTO PADRE!