Con motivo de la Solemnidad de la Anunciación, se celebró en el Priorato de las Misioneras de la Fraternidad una Santa Misa cantada. Además de diversos miembros de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, participaron en la Santa Misa fieles de las diversas parroquias.
En la homilía, el Presidente General de la Fraternidad invitó a los asistentes a imitar a la Santísima Virgen María, quien meditaba y guardaba en su Corazón Inmaculado los misterios de la fe y las obras que el Señor hace en favor de todos los hombres.
Cada cristiano, a ejemplo de María, ha de tener esa mirada contemplativa y esa visión sobrenatural para que la vida de cada uno esté realmente orientada hacia Dios.
Hizo también hincapié en el "Sí" del Verbo encarnado al plan redentor del Padre, y en el "Sí" de la Virgen como respuesta al anuncio que el Arcángel San Gabriel le comunicó.
Era un mismo y único espíritu el que movía al Hijo y a la Madre: acoger y secundar la voluntad salvadora del Padre:
-"Tú no quieres sacrificios, pero me has dado un cuerpo y yo te digo: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad".
- "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".
Dios espera que cada uno de nosotros nos sumemos con nuestro "Sí" a aquél que Jesús y María pronunciaron al comienzo de la obra de la Redención.
Hemos de profundizar en la radicalidad de la entrega que expresan las palabras de nuestra Señora. Ante Dios Ella se define como 'Esclava'.
La esclavitud de María respecto a Dios es una esclavitud de amor. Brota, se desarrolla y culmina toda ella en el amor.
De esta manera, su vida entera está transida por el puro amor de Dios. Y es así que en su esclavitud amorosa encuentra la más genuina y plena libertad.
Esta 'esclavitud' de amor vivida al unísono por el Hijo y por la Madre, será propuesta por nuestro Señor Jesucristo a todos sus seguidores:
- "El que quiera ganar su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la salvará".
Es el amor lo que urge a la entrega absoluta al amado. Y ese mismo amor y entrega producen la salvación, la libertad plena y verdadera.
Finalmente, invitó a todos los presentes a orar por todos los sacerdotes, miembros de institutos religiosos y de vida consagrada. Ellos hacen presente y prolongan en el tiempo el "Sí" de Jesús y de María, siendo de esta manera privilegiados continuadores de la obra de la redención.


















































