jueves 31 de enero de 2008

MONSEÑOR RANJITH:RENOVAR LA FE EN LA PRESENCIA REAL DE CRISTO

Monseñor Ranjith, Secretario de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, ofrece las siguientes reflexiones en el prefacio del libro "Dominus est", escrito por monseñor Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de Karaganda (Kazakistan) (Librería Editrice Vaticana).

"La convicción profunda de que en las especies Eucarísticas el Señor está verdadera y realmente presente y la creciente práxis de conservar la Santa Comunión en el Tabernáculo contribuyó a la práxis de arrodillarse en actitud de humilde adoración del Señor en la Eucaristía".

"La Eucarístía debe ser acogida con estupor, máxima reverencia y en actitud de humilde adoración" y "asumir gestos y actitudes del cuerpo y del espíritu que facilitan el silencio, el recogimiento, la humilde aceptación de nuestra pobreza ante la infinita grandeza y santidad de Aquél qu eviene a nuestro encuentro en las especies Eucarísticas se hace coherente e indispensable".

"En algunas iglesias tal práxis va siempre a menos y los responsables no sólo imponen a los fieles recibir la Santísima Eucaristía de pie, sino también han eliminado todas la genuflexiones abligando a los fieles a estar sentados, o de pie, también durante la elevación de las especies Eucarísticas presentadas para la adoración".

*No dejan de ser realmente emocionantes estas palabras del Secretario de la Sagrada Congregación para el Culto Divino. Es un lenguaje al que tristemente ya no estamos acostumbrados. Un lenguaje transido de fe, de verdadera piedad católica y de profunda devoción hacia el misterio Eucarístico.
Aquí, sí que las 'ovejas' pueden reconocer la voz del Buen Pastor. En los lenguajes de los últimos años, utilizados por la mayoría de los Pastores, sólo se reconoce una voz extraña.
Los resultados están a la vista: la trivialización del Santísimo Sacramento, la pérdida del fervor eucarístico, una crisis brutal de vida cristiana.
¿No se han percatado de esto los Señores Obispos o han preferido mirar hacia otro lado? ¿Se han comportado como verdaderos Pastores o se han quedado en las esferas académicas, especulativas y lejos de la vida concreta de sus fieles?
Lo sabremos cuando respondan ante Dios.
Continúa Monseñor Ranjith, ahora acerca de la práctica de la Comunión en la mano:

"Introducida abusivamente y aprisa en algunos ambientes de la Iglesia inmediatamente después del Concilio se convirtió después en regular para toda la Iglesia"
*Recordemos que esta práctica fue introducida contra la opinión negativa y contraria de la mayoría abrumadora del episcopado mundial que fue consultado en su momento. Del mismo modo se ha ido extendiendo por los abusos de autoridad de muchos sacerdotes que despóticamente lo han impuesto y siguen imponiéndolo a sus fieles sin que los Obispos hagan nada por defender los derechos de los fieles.¡Un verdadero escándalo y abuso!

"Este gesto contribuye a un gradual y creciente debilitamiento de la actitud de reverencia hacia las Sagradas especies Eucarísticas" "Una alarmante pérdida de recogimiento y un espíritu de general desatención".

*¿Tampoco constatan esto los Sacerdotes? ¿No lo constatan los Obispos en sus múltiples visitas a las parroquias y en sus propias catedrales? Si no son capaces de constatarlo, entonces tristemente habrá que decir que han perdido toda sensibilidad espiritual y eucarística.
¿Y si lo constatan por qué motivo vienen estando parados sin hacer nada para remediarlo?

"Se ve al presente que los comulgantes vuelven a sus puestos como si nada extraordinario hubiese acontecido. Mayormente distraidos están los niños y los adolescentes. En muchos casos no se ve aquél sentido de seriedad y silencio interior que deben señalar la presencia de Dios en el alma"

*No podemos dejar de preguntarnos si los famosos 'planes pastorales' diocesanos recogen esta realidad y buscan remediarla. ¿Si esto no es una preocupación pastoral, qué es lo importante entonces?

SE VERIFICAN GRAVES ABUSOS:

"Hay quien lleva las Sagradas especies para tenerlas como "souvenir", quien las vende y quien las lleva para profanar en ritos satánicos".
"También en las grandes concelebraciones, incluso en Roma, varias veces han sido encontradas las especies sagradas tiradas en el suelo"

*Tristemente esto no es una novedad. Conocemos iglesias y catedrales en las que han tenido que ser recogidas las sagradas formas tiradas en el suelo por algunos comulgantes. Conocemos de catequistas que han tenido que obligar a los niños a entregar la sagrada forma guardada en los bolsillos.

"Creo que ha llegado el momento de valorar bien dicha práxis, y de revisar si es necesario abandonar estapráctica que de hecho no fue indicada ni en la Sacrosantum Concilium ni por los Padres Conciliares, y que fue aceptada después de una introducción abusiva en algunos países".

"Ahora, más que nunca, es necesario ayudar a los fieles a renovar una viva fe en la presencia real de Cristo en las especies Eucarísticas con el fin de reforzar la vida misma de la Iglesia y de defenderla de las peligrosas distorsiones de la fe, que tales situaciones están causando"

Las razones de este gesto "deben ser no tanto las razones académicas sino pastorales -tanto espirituales como litúrgicas-; en definitiva, aquello que edifica mejor la fe".

*Suponemos que los apóstoles de la comunión en la mano seguirán en sus trece y quizás aún con más fervor apostólico. Sin embargo, estas palabras hacen justicia a muchos sacerdotes, religiosos y laicos que durante muchos años han procurado extremar todos los cuidados para que la fe, la adoración, el respeto y la piedad Eucarística no se vieran en peligro por las nuevas prácticas y corrientes desacralizadoras.


lunes 28 de enero de 2008

SACERDOTES DE ESPÍRITU MARCADAMENTE CATÓLICO


Al recibir en audiencia a los alumnos del Almo Colegio Capránica, el Vicario de Cristo manifestó los anhelos de su corazón de Supremo Pastor respecto a la formación de los seminaristas y a la vida espiritual de los sacerdotes:
"En diversas circunstancias he recordado a seminaristas y sacerdotes la urgencia de cultivar una profunda vida interior, un contacto personal y constante con Cristo en la oración y en la contemplación, y un anhelo sincero de santidad. En efecto, para un cristiano, y con mayor razón para un sacerdote, sin una verdadera amistad con Jesús es imposible cumplir la misión que el Señor le confía. Ciertamente, para el presbítero conlleva también una seria preparación cultural y teológica, que vosotros, queridos alumnos, estáis adquiriendo durante estos años de estudio en Roma".
El conocimiento y la 'experiencia vivencial' en la Iglesia de Roma, Madre y Maestra de todas las Iglesias, sigue siendo, según Benedicto XVI, un elemento fundamental en la formación de sacerdotal:
"Es más, yo diría que precisamente la estancia en esta ciudad puede dar un impulso decisivo a vuestro itinerario de formación, pues los niveles de experiencia y los contactos que se pueden vivir aquí constituyen un don providencial y un estímulo singular. La presencia de la Cátedra de Pedro, el trabajo de hombres y organismos que ayudan al Obispo de Roma a presidir en la caridad, un conocimiento más directo de algunas Iglesias particulares, especialmente de la diócesis de Roma, son elementos importantes que ayudan a un joven llamado al sacerdocio a prepararse a su futuro ministerio".
El Santo Padre subraya el espíritu auténtico que debería mover a los Obispos cuando envían seminaristas o sacerdotes para ser formados en Roma. Algo que va mucho más allá de la mera adquisición de títulos o grados académicos: 'la romanidad':
"Por lo demás, vuestros pastores os han mandado a la ciudad del Sucesor de Pedro con la esperanza de que volváis luego enriquecidos con un espíritu marcadamente católico, con una sensibilidad eclesial más plena y de alcance universal".
El Papa concluyó su alocución con la siguientes palabras:
"Queridos alumnos, aprovechad al máximo las posibilidades que la Providencia os ofrece durante estos años de estancia en Roma. Sobre todo, cultivad una íntima relación con el Cordero inmaculado, imitando a santa Inés, que lo siguió fielmente hasta el sacrificio de la vida. Que gracias a la intercesión de esta santa virgen y mártir, y sobre todo al continuo recurso a la protección materna de María, Virgo sapiens, el Señor os ayude a prepararos con empeño constante para el futuro ministerio".

VOLVERSE HACIA EL SEÑOR: CAMINO PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS



Traemos a nuestro blog, por ser especialmente significativas en el momento actual, las siguientes palabras del Papa pronunciadas en la audiencia general del pasado miércoles 23 de enero:
"En la liturgia de la Iglesia antigua, después de la homilía del obispo o del que presidía la celebración, el celebrante principal decía: "Conversi ad Dominum". A continuación, él mismo y todos se levantaban y se volvían hacia Oriente. Todos querían mirar hacia Cristo. Sólo convertidos, sólo con esta conversión a Cristo, con esta mirada común dirigida a Cristo, podemos encontrar el don de la unidad".

domingo 27 de enero de 2008

LA FRATERNIDAD EN TIERRAS ARGENTINAS



El Hermano Carlos María, de los Hijos Esclavos de Santa María Reina, ha viajado hasta la República Argentina donde permanecerá, Dios mediante, durante un mes. Junto a la Hermana María de Luján, Consagrada de vida solitaria de la Fraternidad y residente en la Argentina, visitarán distintas diócesis y grupos de 'esclavitud mariana' con el fin de alentar espiritualmente a los hermanos y hermanas en el camino de entrega a la Virgen Santísima.
También aprovecharán para presentar y dar a conocer la espiritualidad de la Fraternidad a distintos sacerdotes y seglares.
Desde aquí queremos animar a todos aquellos que deseen conocer más detalladamente la Fraternidad que aprovechen la estancia del Hermano en tierras argentinas para encontrarse con él. Pueden contactarnos a través del e-mail que aparece en la página web de la Fraternidad.
Puede ser también una ocasión excelente para todos aquellos jóvenes que sienten vocación a la Vida Religiosa tanto masculina como femenina conforme a la espiritualidad de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina.
Creemos firmemente que la catolicidad hispanoamericana tiene mucho que aportar en la hora presente al servicio del Santo Padre, de la Iglesia y de la obra de la Nueva evangelización.
Encomendamos los frutos de este viaje a la poderosa intercesión de San José y lo ponemos bajo el amparo maternal de Nuestra Señora de Luján.

miércoles 23 de enero de 2008

AVE CRUX, SPES NOSTRA


VIVIR LA SANTA MISA

“La predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden;
mas para los que se salvan - para nosotros -
es fuerza de Dios.
Así, mientras los judíos piden señales
y los griegos buscan sabiduría,
nosotros predicamos a un Cristo crucificado:
escándalo para los judíos, necedad para los gentiles;
mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos,
un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.”


1Co 1, 18-24

En la celebración de la Santa Misa según el modo extraordinario, el sacerdote comienza haciendo la señal de la cruz y diciendo: “In nómine Patris et Filii et Spiritui Sancto. Amén.”, acompañado por los fieles que hacen también sobre ellos la señal de la cruz.

En este gesto y en estas palabras hay varias cosas que debemos tener presentes:

1. La santa cruz es la señal del cristiano. En el catecismo se nos pregunta: ¿Cuál es la señal del cristiano? Y respondemos: la Santa Cruz porque es figura de Cristo crucificado que en ella nos redimió. La cruz ha sido el lugar del suplicio donde Cristo ha entregado su vida. La cruz se convierte en altar donde se ofrece el sacrificio para la salvación del mundo.

La cruz era una pena del derecho romano. Era un suplicio para bandidos y ladrones. Se les crucificaba y podían estar hasta siete días colgados, hasta que morían asfixiados. En Roma se colocaban cruces en las principales vías de acceso a la ciudad para que los que llegaban a la ciudad vieran que había justicia y que en Roma no se permitía el robo y el delito. La crucifixión era una pena de escarmiento público.

Jesús, siendo judío, debía haber muerto lapidado porque -según el Sumo Sacerdote- había blasfemado. Era la tradición judía (Lv 24, 14: "Saca al blasfemo fuera del campamento; todos los que le oyeron pongan las manos sobre su cabeza y que lo lapide toda la comunidad".) Pero como los judíos no podían aplicar las condenas a muerte, lo entregaron a Pilato para que lo ejecutase él.

Jesús muere condenado por Roma. Y decir Roma en aquel momento, es decir el mundo. Así la muerte de Cristo adquiere un carácter universal. Jesús no muere como un profeta del pueblo judío, sino que muere como el Salvador del mundo, como el único Redentor. Su muerte ha redimido la culpa de todos los hombres.

2. La santa misa es la renovación del sacrificio de la cruz. Así lo dice el Catecismo de la Iglesia Católica: "Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura". 1323. "El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las palabras mismas de la institución: "Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros" y "Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que será derramada por vosotros". En la Eucaristía, Cristo da el mismo cuerpo que por nosotros entregó en la cruz, y la sangre misma que "derramó por muchos para remisión de los pecados". 1365

3. Haced todo en el nombre del Señor. Nos dice san Pablo: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” Col 3,17 Por eso al comenzar la misa diciendo “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, comenzamos la sagrada liturgia unidos a Cristo para gloria de Dios por medio del Espíritu Santo. Nuestras acciones no tienen valor sobrenatural alguno si no las hacemos unidos a Cristo; en cambio, toda acción que realicemos unidos al sacrificio de Cristo adquiere un valor de eternidad, un valor salvífico porque Cristo las incorpora a su ofrenda. Es así como nos unimos al sacerdocio de Cristo, del que participamos en virtud del santo bautismo.

4. “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Al comenzar la santa misa invocando a la Santísima Trinidad hemos de recordar nuestro bautismo. Hemos sido bautizados “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Por el bautismo hemos sido incorporados a Cristo Sacerdote, Profeta y Rey. Es por ello, que asistiendo a la santa misa podemos unirnos al sacrificio de Cristo.
Con respecto a esto enseña el Concilio Vaticano II: "Los bautizados son consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo por la regeneración y por la unción del Espíritu Santo, para que por medio de todas las obras del hombre cristiano ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien las maravillas de quien los llamó de las tinieblas a la luz admirable. Por ello, todos los discípulos de Cristo, perseverando en la oración y alabanza a Dios, han de ofrecerse a sí mismos como hostia viva, santa y grata a Dios, han de dar testimonio de Cristo en todo lugar, y a quien se la pidiere, han de dar también razón de la esperanza que tienen en la vida eterna. La condición sagrada y orgánicamente constituida de la comunidad sacerdotal se actualiza tanto por los sacramentos como por las virtudes. Los fieles, incorporados a la Iglesia por el bautismo, quedan destinados por el carácter al culto de la religión cristiana y, regenerados como hijos de Dios, tienen el deber de confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia. Por el sacramento de la confirmación se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fortaleza especial del Espíritu Santo, y de esta forma se obligan con mayor compromiso a difundir y defender la fe, con su palabra y sus obras, como verdaderos testigos de Cristo. Participando del sacrificio eucarístico, fuente y cima de toda vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y a sí mismos juntamente con ella; y así, tanto por la oblación como por la sagrada comunión, todos toman parte activa en la acción litúrgica, no confusamente, sino cada uno según su condición. Pero una vez saciados con el cuerpo de Cristo en la asamblea sagrada, manifiestan concretamente la unidad del pueblo de Dios aptamente significada y maravillosamente producida por este augustísimo sacramento". Lumen Gentium 10-11

5. La cruz símbolo escatológico. En el bautismo hemos sido marcados con la cruz. Esta signación hecha por el sacerdote y por los padres y padrinos significa la incorporación al misterio de Cristo Crucificado por el que hemos sido salvados. Somos marcados con la señal de Cristo salvador.
Esta marca de Cristo –signo de salvación- nos evoca el acontecimiento de liberación de Israel de la esclavitud de Egipto donde el ángel exterminador no tocó las casas de los israelitas marcadas en las jambas con la sangre del cordero (Ex 12, 27). También el profeta Ezequiel habla de los marcados por el signo de la letra T (tau): "Pasa por la ciudad, recorre Jerusalén y marca con una cruz en la frente a los hombres que gimen y lloran por los pecados que se cometen en la ciudad " (Ez 9,4). Aquí el profeta Ezequiel está hablando del ‘resto’ del pueblo de Dios que permanece fiel, para distinguirlos de los infieles. La signación tiene también en este texto carácter salvífico. En el libro del Apocalipsis encontramos un texto muy parecido: se menciona la marca que llevan los elegidos. “Luego vi a otro ángel que subía del Oriente y tenía el sello de los vivos; y gritó con fuerte voz a los cuatro ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar: "No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios" (Ap. 7-2,3).
Por tanto cada vez que hacemos la señal de la cruz debemos recordar que por ella ha venido la salvación al mundo, por su virtud hemos sido salvados.

“En el misterio de la cruz se revela plenamente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre celeste. Para reconquistar el amor de su criatura, aceptó pagar un precio muy alto: la sangre de su Hijo unigénito. La muerte, que para el primer Adán era signo extremo de soledad y de impotencia, se transformó de este modo en el acto supremo de amor y de libertad del nuevo Adán.
Así pues, podemos afirmar, con san Máximo el Confesor, que Cristo «murió, si así puede decirse, divinamente, porque murió libremente». En la cruz se manifiesta el eros de Dios por nosotros. Efectivamente, ‘eros’ es —como dice el Pseudo Dionisio Areopagita— la fuerza «que hace que los amantes no lo sean de sí mismos, sino de aquellos a los que aman». ¿Qué mayor «eros loco» que el que impulsó al Hijo de Dios a unirse a nosotros hasta el punto de sufrir las consecuencias de nuestros delitos como si fueran propias?”

Mensaje de Benedicto XVI
para la Cuaresma 2007

viernes 18 de enero de 2008

BENEDICTO XVI PROPONE LA SABIDURÍA DE VIDA DEL CRISTIANISMO. LECCIÓN QUE DEBERÍA HABER IMPARTIDO EN SU VISITA A LA SAPIENZA



[...] ¿Qué cosa puede o debe decir el Papa en el encuentro con la universidad de su ciudad? Reflexionando sobre esta pregunta, me ha parecido que ella incluye a otras dos, cuya clarificación debería conducir a la respuesta. Es necesario, en efecto, preguntarse: ¿Cuál es la naturaleza y la misión del papado? Y también: 'cuál es la naturaleza y la misión de la universidad? […]

El Papa es ante todo obispo de Roma, y como tal, en virtud de la sucesión al Apóstol Pedro, tiene una responsabilidad episcopal en relación con toda la Iglesia católica. […] Pero esta comunidad de la que cuida el obispo de Roma – sea grande o pequeña – vive en el mundo; y sus condiciones, su camino, su ejemplo y su palabra influyen inevitablemente en todo el resto de la comunidad humana en su conjunto. […] Así, el Papa habla como representante de una comunidad de creyentes en la cual durante los siglos de su existencia ha madurado una determinada sabiduría de vida. Habla como representante de una comunidad que guarda en ella un tesoro de conocimiento y de experiencia éticas, que resulta importante para la entera humanidad. En este sentido habla como representante de una razón ética.

Pero ahora se nos debe preguntar: ¿Y qué es la universidad? ¿Cuál es su tarea? […] Pienso que se puede decir que el verdadero, íntimo origen de la universidad está en el anhelo de conocimiento que es propio del ser humano. Él quiere saber qué cosa es todo aquello que lo rodea. Quiere verdad.

En este sentido se puede ver el interrogarse de Sócrates como el impulso del cual ha nacido la universidad occidental. Pienso por ejemplo – por mencionar solamente un texto – en la disputa con Eutifrón, que frente a Sócrates defiende la religión mítica y su devoción. A ello Sócrates contrapone una pregunta: “¿Tú crees que entre los dioses exista verdaderamente una guerra recíproca y terribles enemistades y combates? 'Debemos, Eutifrón, efectivamente decir que todo ello es verdad? (6 b-c). En esta pregunta aparentemente poco devota – pero que en Sócrates derivaba de una religiosidad más profunda y más pura, de la búsqueda del Dios verdaderamente divino – los cristianos de los primeros siglos se han reconocido a ellos mismos y el camino que recorrieron. Acogieron su fe no en modo positivista, o como la vía de salida de deseos no apagados; la comprendieron como la disolución de la neblina de la religión mitológica para hacer lugar al descubrimiento de aquel Dios que es Razón creadora y al mismo tiempo Razón-Amor. Por esto, el interrogarse de la razón sobre el Dios más grande como también sobre la verdadera naturaleza y sobre el verdadero sentido del ser humano era para ellos no una forma problemática de falta de religiosidad, sino hacía parte de la esencia de su modo de ser religiosos. Por tanto, no tenía necesidad de disolver o dejar de lado el interrogarse socrático, sino que podían, más aún, debían acogerlo; y reconocer como parte de la propia identidad la búsqueda fatigosa de la razón para alcanzar el conocimiento de la verdad completa. Es más, podía así – en el ámbito de la fe cristiana, en el mundo cristiano – nacer la universidad.

Es necesario dar un paso más. El hombre quiere conocer, quiere verdad. Verdad es ante todo una cosa del ver, del comprender, de la theoría, como la llama la tradición griega. Pero la verdad jamás es solamente teórica. Agustín, al establecer una correlación entre las Bienaventuranzas del Discurso de la Montaña y los dones del Espíritu Santo mencionados en Isaías 11, afirmó una reciprocidad entre “scientia” y “tristitia”: el simple saber, dice, entristece. Y, de hecho, quien ve y aprende solamente todo lo que ocurre en el mundo, termina triste. Pero verdad es más que saber: el conocimiento de la verdad tiene como fin el conocimiento del bien. Este es también el sentido del interrogarse socrático: ¿Cuál es el bien que nos hace verdaderos? La verdad nos hace buenos, y la bondad es verdadera: este es el optimismo que vive en la fe cristiana, porque a ella ha sido concedida la visión del Logos, de la Razón creadora que, en la Encarnación de Dios, se ha revelado como el Bien, como la Bondad misma.

En la teología medieval ha habido una disputa en profundidad sobre la relación entre teoría y práctica, sobre la justa relación entre conocer y actuar – una disputa que aquí no debemos desarrollar. De hecho, la universidad medieval con sus cuatro facultades presenta esta correlación.

Comencemos con la facultad que, según la comprensión de entonces, era la cuarta, la de medicina.

También si era considerada más como “arte” que como ciencia, sin embargo, su inserción en el cosmos de la universitas significaba claramente que era colocada en el ámbito de la racionalidad, que el arte del curar estaba bajo la guía de la razón y era sustraída al ámbito de la magia. Curar es una tarea que requiere siempre más que la simple razón, pero precisamente por esto tiene necesidad de la conexión entre saber y poder, tiene necesidad de pertenecer a la esfera de la ratio.

Inevitablemente aparece la cuestión de la relación entre praxis y teoría, entre conocimiento y actuar, también en la facultad de jurisprudencia.

Se trata de dar justa forma a la libertad human que es siempre libertad en la comunión recíproca: el derecho es el presupuesto de la libertad, no su antagonista. Pero aquí emerge inmediatamente la pregunta: ¿Cómo se determinan los criterios de justicia que hacen posible una libertad vivida en común y que sirven al ser bueno del hombre?

A esta altura se impone un salto al presente: es la cuestión de cómo se puede encontrar una normativa jurídica que constituya un ordenamiento de la libertad, de la dignidad humana y de los derechos del hombre. Es la cuestión que nos ocupa hoy en los procesos democráticos de formación de la opinión y que simultáneamente nos angustia como cuestión para el futuro de la humanidad.

Jürgen Habermas expresa, a mi parecer, un amplio consenso del pensamiento actual, cuando dice que la legitimidad de una carta constitucional, como presupuesto de la legalidad, derivaría de dos fuentes: de la participación política igualitaria de todos los ciudadanos y de la forma razonable en que los contrastes políticos son resueltos.

Respecto a esta “forma razonable” él anota que ella no puede ser sólo una lucha por mayorías aritméticas, sino que debe caracterizarse como un “proceso de argumentación sensible a la verdad” (wahrheitssensibles Argumentationsverfahren). He dicho bien, pero es cosa muy difícil de transformar en una praxis política. Los representantes de aquel público “proceso de argumentación” son – lo sabemos – prevalentemente los partidos como responsables de la formación de la voluntad política. De hecho, ellos tendrán sin falta en la mira sobre todo obtener mayorías y con ello cuidarán casi inevitablemente intereses que prometen satisfacer; pero tales intereses son frecuentemente particulares y no sirven verdaderamente al conjunto. La sensibilidad por la verdad siempre de nuevo viene derrotada por la sensibilidad por los intereses. Encuentro significativo el hecho que Habermas hable de la sensibilidad por la verdad como de un elemento necesario en el proceso de argumentación política, reinsertando así el concepto de verdad en el debate filosófico y político.

Pero entonces se vuelve inevitable la pregunta de Pilato: ¿Qué cosa es la verdad? ¿Y cómo se le reconoce? Si por esto se remite a la “razón pública”, como hace John Rawls, se sigue necesariamente la pregunta: ¿Qué cosa es razonable? ¿Cómo una razón se demuestra verdadera razón? En todo caso, en base a ello se hace evidente que, en la búsqueda del derecho a la libertad, a la verdad, a la justa convivencia deben ser escuchadas instancias diferentes respecto a los partidos y grupos de interés, sin que con ello se quiera negar su importancia en lo más mínimo.

Regresamos así a la estructura de la universidad medieval. Junto a la facultad de jurisprudencia estaban las de filosofía y de teología, a las que estaba confiada la búsqueda del ser humano en su totalidad y la tarea de mantener despierta la sensibilidad por la verdad.

Se podría decir sin duda que este es el sentido permanente y verdadero de ambas facultades: ser custodios de la sensibilidad por la verdad, no permitir que se distraiga al hombre de la búsqueda de la verdad. ¿Pero cómo pueden ellas responder a esta tarea? Esta es una pregunta para la cual de nuevo es necesario siempre esforzarse y que nunca es propuesta y resuelta de modo definitivo. Así, en este momento, ni siquiera yo puedo ofrecer propiamente una respuesta, sino más bien una invitación a seguir en camino con esta pregunta – en camino con los grandes que a lo largo de toda la historia han luchado y buscado, con sus respuestas y con sus inquietudes por la verdad, que remite continuamente más allá de toda respuesta aislada.

Teología y filosofía forman en ello una peculiar pareja de gemelos, en la cual ninguna de las dos puede ser separada totalmente de la otra, y sin embargo, cada una debe conservar la propia tarea y la propia identidad:

Es mérito histórico de santo Tomás de Aquino – frente a la diferente respuesta de los Padres a causa de su contexto histórico – el haber puesto en evidencia la autonomía de la filosofía y con ella el derecho y la responsabilidad propias de la razón que se interroga en base a sus fuerzas.

Diferenciándose de las filosofías napoleónicas, en las que religión y filosofía estaban inseparablemente enlazadas, los Padres habían presentado la fe cristiana como la verdadera filosofía, subrayando también que esta fe corresponde a las exigencias de la razón en busca de la verdad; que la fe es el “sí” a la verdad, respecto a las religiones míticas convertidas en simple hábito. Pero después, al momento del nacimiento de las universidades, en Occidente no existían más aquellas religiones, sino sólo el cristianismo, y así era necesario subrayar de manera nueva la responsabilidad propia de la razón, que no es absorbida por la fe.

Tomás se encontró actuando en un momento privilegiado: por primera vez los escritos filosóficos de Aristóteles eran accesibles en su integridad: estaban presentes las filosofías judía y árabe, como específicas apropiaciones y prosecuciones de la filosofía griega. Así el cristianismo, en un nuevo diálogo con al razón de los otros, que venia encontrando, debió luchar por la propia racionalidad. La facultad de filosofía que, conocida como “facultad de los artistas”, hasta aquel momento había sido sólo propedéutica a la teología, se volvió entonces una facultad auténtica, un colega autónomo de la teología y de la fe reflejada en ella.

No podemos detenernos aquí en el cautivador debate que de ello derivó. Diría que la idea de santo Tomás acerca de la relación entre filosofía y teología podría ser expresada en la formula que se encuentra en el Concilio de Calcedonia para la cristología: filosofía y teología deben relacionarse entre sí “sin confusión y sin separación”

“Sin confusión” quiere decir que cada una debe conservar su identidad propia. La filosofía debe ser verdaderamente una búsqueda de la razón en su propia libertad y responsabilidad; debe ver sus límites y así como su grandeza y amplitud. La teología debe seguir buscando en el tesoro de conocimientos que ella no ha inventado, que siempre la supera y que al no agotarse nunca mediante la reflexión, pone siempre de nuevo en marcha el pensamiento".

Junto al “sin confusión” está también el “sin separación”. La filosofía no vuelve a comenzar cada vez desde el punto cero del sujeto pensante de forma aislada, sino que se inserta en el gran diálogo de la sabiduría histórica, que ella crítica y dócilmente una y otra vez acoge y desarrolla. Pero no debe tampoco cerrarse a aquello que las religiones y en particular la fe cristiana han recibido y dado a la humanidad como indicación del camino.

Muchas de las cosas dichas por teólogos en el curso de la historia o también traducidas en la práctica por las autoridades eclesiales han sido demostradas falsas por la historia y hoy nos confunden. Pero al mismo tiempo es verdad que la historia de los santos, la historia del humanismo crecido sobre la base de la fe cristiana demuestra la verdad de esta fe en su núcleo esencial, haciéndola con ello también una instancia para la razón pública. Cierto, mucho de lo que dicen la teología y la fe puede ser hecho propio solamente dentro de la fe y por tanto no puede presentarse como exigencia para aquellos a los cuales esta fe queda como algo inaccesible. Pero es verdad que al mismo tiempo que el mensaje de la fe cristiana nunca es solamente una “comprehensive religious doctine” en el sentido de Rawls, sino una fuerza de purificación para la razón misma, que ayuda a ser más uno mismo. El mensaje cristiano, en base a su origen, debería ser siempre una estimulo hacia la verdad y, de este modo, una fuerza contra la presión del poder y de los intereses.

Pues, hasta ahora sólo he hablado de la universidad medieval, buscando sin embargo dejar transparentar la naturaleza permanente de la universidad y de su tarea. En los tiempos modernos se han abierto nuevas dimensiones del saber, que en la universidad son valorizados sobre todo en dos grandes ámbitos: ante todo en las ciencias naturales que se han desarrollado sobre la base de la conexión de experimentación y de prosupuesta racionalidad de la materia; en segundo lugar, en las ciencias históricas y humanas, en las que el hombre, escrutando el espejo de su historia y aclarando las dimensiones de su naturaleza, trata de comprenderse mejor a sí mismo.

En este desarrollo se ha abierto a la humanidad no sólo una medida inmensa de saber y de poder. Ha crecido también el conocimiento y el reconocimiento de los derechos y de la dignidad del hombre, y de esto solamente podemos estar agradecidos.

Pero jamás se puede decir que el camino del hombre está completo y que el peligro de caer en la deshumanización ha cesado completamente, como lo vemos en el panorama de la historia actual. El peligro actual del mundo occidental – para hablar sólo de esto – es que el hombre, precisamente en virtud de la grandeza de su saber y su poder, se rinda ante la cuestión de la verdad. Lo que significa al mismo tiempo que la razón, al final, se doblega frente a la presión de los intereses y a los atractivos de la utilidad, obligada a reconocerla como criterio último.

Dicho desde el punto de vista de la estructura de la universidad: existe el peligro de que la filosofía, no sintiéndose más capaz de su verdadera tarea, se degrade en positivismo; que la teología, con su mensaje dirigido a la razón, sea confinada en la esfera privada de un grupo más o menos grande. Pero si la razón – estimulada por su presunta pureza – se vuelve sorda al gran mensaje que viene de la fe cristiana y de su sabiduría, se seca como un árbol cuyas raíces no alcanzan más las aguas que le dan vida. Pierde el aliento por la verdad y así ya no se hace grande sino pequeña.

Aplicado a nuestra cultura europea ello significa: si ella quiere sólo auto-construirse en base al círculo de las propias argumentaciones y a lo que de momento la convence y – preocupada por su laicidad – se separa de las raíces de las cuales vive, entonces no llega a ser más razonable y más pura, sino que se descompone y se hace añicos.

Con esto regreso al punto de partida. ¿Qué cosa tiene que hacer o decir el Papa en la universidad? Seguramente no debe buscar imponer a otros en modo autoritario la fe, que puede ser sólo donada en libertad. Más allá de su ministerio de pastor en la Iglesia y según la naturaleza intrínseca de este ministerio pastoral, su misión es mantener despierta la sensibilidad por la verdad; invitar siempre de nuevo a la razón a ponerse en búsqueda de lo verdadero, del bien, de Dios y, en este camino, invitarla a percibir las luces útiles surgidas a lo largo de la historia de la fe cristiana, y a percibir así a Jesucristo como la Luz que ilumina la historia y ayuda a encontrar la vía hacia el futuro.
Benedicto XVI

(*Traducción del blog de Sandro Magister)

CARTA DEL PAPA AL PADRE KOLVENBACH. LO QUE EL VICARIO DE CRISTO ESPERA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS



En ocasión de la 35ª Congregación General de la Compañía de Jesús, es mi vivo deseo hacer llegar a Usted y a cuantos toman parte en la Asamblea el más cordial saludo, unido a la seguridad de mi afecto y de mi constante cercanía espiritual. Sé lo importante que es para la vida de la Compañía el acontecimiento que se está celebrando, sé también que, por ello, ha sido preparado con gran cuidado. Se trata de una ocasión providencial para imprimir a la Compañía de Jesús aquel renovado impulso ascético y apostólico que es deseado por todos, para que los Jesuitas puedan llevar a cabo plenamente su misión y afrontar los desafíos del mundo moderno con aquella fidelidad a Cristo y a la Iglesia que distinguió la acción profética de San Ignacio de Loyola y de sus primeros compañeros.

El Apóstol escribe a los fieles de Tesalónica que les ha anunciado el evangelio de Dios, «animándoos y conjurándoos - precisa él - a comportaros de manera digna de aquel Dios que os llama a su reino y a su gloria» (1 Ts 2,12), y añade: «Precisamente por esto también nosotros damos gracias a Dios continuamente porque, habiendo recibido de nosotros la palabra divina de la predicación, la habéis acogido no como palabra de hombres, sino cual es en verdad, como palabra de Dios, que actúa en vosotros que creéis» (1 Ts 2,13). La palabra de Dios, por tanto, primeramente es «recibida», es decir escuchada, después, penetrando hasta el corazón, es «acogida» y quien la recibe reconoce que Dios habla por medio de su enviado: de este modo la palabra actúa en los creyentes. Como entonces, también hoy la evangelización exige total y fiel adhesión a la palabra de Dios: adhesión, ante todo, a Cristo, y escucha atenta de su Espíritu que guía a la Iglesia, dócil obediencia a los Pastores que Dios ha puesto para guiar a su pueblo y prudente y franco diálogo con las instancias sociales, culturales y religiosas de nuestro tiempo. Todo esto presupone, como es sabido, una íntima comunión con Aquél que nos llama a ser sus amigos y discípulos, una unidad de vida y de acción que se alimenta de su palabra, de contemplación y oración, de separación de la mentalidad del mundo y de incesante conversión a su amor para que sea Él, Cristo, quien viva y actúe en cada uno de nosotros. Está aquí el secreto del auténtico éxito del empeño apostólico y misionero de todo cristiano, y aún más de cuantos son llamados a un servicio más directo del Evangelio.

Tal convicción está ciertamente bien presente en cuantos toman parte en la Congregación General, y siento la urgencia de reconocer el gran trabajo ya realizado por la comisión preparatoria que a lo largo del año 2007 ha examinado los postulados llegados de las Provincias y ha indicado los temas a afrontar. Querría expresar mi agradecimiento en primer lugar a Usted, querido y venerado Padre Prepósito General, que desde 1983 está guiando de modo iluminado, sabio y prudente la Compañía de Jesús, tratando por todos los modos de mantenerla en el cauce del carisma ignaciano. Usted, por razones objetivas, ha pedido varias veces ser exonerado de su cargo, asumido con gran sentido de responsabilidad en un momento no fácil de la historia de la Orden. Le expreso el más vivo agradecimiento por el servicio prestado a la Compañía y, más en general, a la Iglesia. Mi sentimiento de gratitud se extiende a sus más directos colaboradores, a los participantes en la Congregación General y a todos los Jesuitas esparcidos por todas las partes del Planeta. A todos y a cada uno llegue el saludo del Sucesor de Pedro, que sigue con afecto y estima el múltiple y apreciado trabajo apostólico de los Jesuitas, y alienta a todos en el camino abierto por el santo Fundador y recorrido por grupos innumerables de hermanos dedicados a la causa de Cristo, muchos de los cuales han sido inscritos por la Iglesia en el catálogo de los beatos y de los santos. Que ellos protejan y sostengan a la Compañía de Jesús en la misión que desarrolla en esta nuestra época, marcada por numerosos y complejos desafíos culturales y religiosos, difíciles.

Y precisamente a este propósito, ¿cómo no reconocer la valiosa contribución que la Compañía ofrece a la acción de la Iglesia en varios campos y de muchas maneras? ¡Contribución verdaderamente grande y benemérita, que sólo el Señor podrá recompensar debidamente! Como mis venerados Predecesores, los Siervos de Dios Pablo VI y Juan Pablo II, también yo aprovecho la oportunidad de la Congregación General para poner de relieve tal aportación y, al mismo tiempo, para ofrecer a vuestra reflexión algunas consideraciones, que os sirvan de aliento y estímulo para realizar cada vez mejor el ideal de la Compañía, en plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia, tal como se describe en la siguiente expresión que os es bien familiar: «Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia su esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra» (Litt. Ap. Exposcit debitum, 21 julio 1550). Se trata de una «peculiar» fidelidad, sancionada también, para no pocos de vosotros, por un voto de obediencia inmediata al Sucesor de Pedro «perinde ac cadaver». De esta vuestra fidelidad, que constituye la señal distintiva de la Orden, la Iglesia tiene aún mayor necesidad hoy, en una época en que se advierte la urgencia de transmitir, de manera integral, a nuestros contemporáneos, distraídos por tantas voces discordantes, el único e inmutado mensaje de salvación que es el Evangelio, «no como palabra de hombres, sino cual es en verdad, como palabra de Dios», che opera en los que creen.

Para que esto suceda es indispensable, como ya recordaba el amado Juan Pablo II a los participantes en la 34ª Congregación General, que la vida de los miembros de la Compañía de Jesús, como también su investigación doctrinal, estén siempre animadas de un verdadero espíritu de fe y comunión en «dócil sintonía con las indicaciones del Magisterio» (Insegnamenti, vol. I, pp. 25-32). Deseo vivamente que la presente Congregación General reafirme con claridad el auténtico carisma del Fundador, para alentar a todos los Jesuitas a promover la verdadera y sana doctrina católica. Como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, he podido apreciar la valiosa colaboración de Consultores y expertos Jesuitas, que, en plena fidelidad a su carisma, han contribuido de manera considerable a la fiel promoción y recepción del Magisterio. No es éste ciertamente un empeño fácil, especialmente cuando se está llamado a anunciar el Evangelio en contextos sociales y culturales muy diversos y hay que confrontarse con mentalidades diferentes. Aprecio, por tanto, sinceramente tal esfuerzo realizado al servicio de Cristo, esfuerzo que es fructuoso para el verdadero bien de las almas en la medida en que uno se deja guiar por el Espíritu Santo, y permanece dócil a las enseñanzas del Magisterio, refiriéndose a los principios clave de la vocación eclesial del teólogo expuestos en la Instrucción Donum veritatis.

La obra evangelizadora de la Iglesia cuenta, por tanto, mucho con la responsabilidad formativa que la Compañía tiene en el campo de la teología, de la espiritualidad y de la misión. Y, precisamente, para ofrecer a toda la Compañía de Jesús una clara orientación que la sostenga en una dedicación apostólica fiel y generosa, podría resultar muy útil que la Congregación General reafirme, en el espíritu de San Ignacio, la propia adhesión total a la doctrina católica, en particular sobre puntos neurálgicos hoy fuertemente atacados por la cultura secular, como, por ejemplo, la relación entre Cristo y las religiones, algunos aspectos de la teología de la liberación y varios puntos de la moral sexual, sobre todo en lo que se refiere a la indisolubilidad del matrimonio y a la pastoral de las personas homosexuales.

Reverendo y querido Padre, estoy persuadido que la Compañía advierte la importancia histórica de esta Congregación General y, guiada por el Espíritu Santo, quiere una vez más, como decía el amado Juan Pablo II en enero de 1995, reafirmar, «sin equívocos y sin dudas, su específico camino hacia Dios, como lo trazó San Ignacio en la Formula Instituti: la fidelidad amorosa a vuestro carisma será fuente segura de renovada fecundidad» (Insegnamenti, vol. XVIII/1, 1995, p. 26). Resultan además muy actuales las palabras que mi venerado Predecesor Pablo VI os dirigió en otra ocasión análoga: «Todos debemos velar para que la adaptación necesaria no se realice con detrimento de la identidad fundamental, de la esencialidad de la figura del jesuita, como se describe en la Formula Instituti, como la historia y la espiritualidad de la Orden la proponen y como la interpretación auténtica de las necesidades mismas de los tiempos parece reclamar hoy. Aquella imagen no deber ser alterada, no debe ser desfigurada» (Insegnamenti, vol. XII, 1974, pp. 1181-1182).

La continuidad de las enseñanzas de los Sucesores de Pedro es prueba de la gran atención y cuidado que ellos mostraron respecto de los Jesuitas, su estima por vosotros y el deseo de poder contar siempre con la aportación preciosa de la Compañía para la vida de la Iglesia y para la evangelización del mundo. Confío la Congregación General a la intercesión del santo Fundador y de los santos de la Orden, a la materna protección de María, para que todo hijo espiritual de San Ignacio pueda tener ante los ojos «primero a Dios, y luego el modo de ser de este su instituto» (Formula Instituti, I). Con tales sentimientos aseguro un constante recuerdo en la oración e imparto de corazón a Usted, Reverendo Padre, a los Padres de la Congregación General y a la entera Compañía de Jesús una especial Bendición Apostólica.

Del Vaticano, 10 Enero 2008

Benedictus XVI

martes 15 de enero de 2008

LA SANTA SEDE SUSPENDE LA VISITA DEL SANTO PADRE A LA SAPIENZA DE ROMA

La Santa Sede acaba de hacer pública la decisión de suspender la visita del Santo Padre a la Sapienza de Roma, la Universidad estatal, después que el Rector Magnífico de dicho Centro hubiese invitado a Benedicto XVI para pronunciar un discurso el próximo 17 de enero.
A primera vista podría parecer una humillación el hecho de que se haya suspendido la visita papal, después de que un grupo de profesores y de alumnos hayan "tomado" el rectorado y amenazado con una manifestación sonora mientras durase el discurso del Vicario de Cristo.
Nuestra opinión es otra muy distinta. Es ciertamente una humillación, pero la humillada es la misma Universidad.
Desde luego, que sin ánimo de englobar ni a todos los docentes ni a todo el alumnado, este suceso es un claro exponente de la pseudocultura -incultura, más bien- que pretende dominar no sólo el ámbito de las Universidades europeas, sino también de la política y de la sociedad.
Es la negación misma de la esencia del verdadero saber, de la auténtica cultura. Es , en este caso, la negación misma del espíritu y del método universitario.
Lo sucedido en la Sapienza, como en otras Universidades europeas, no es otra cosa que la manifestación violenta de una ideología que pretende, no con las armas de la discusión y de la confrontación intelectual, propias de la verdadera cultura, imponer burdamente el pensamiento único y monocolor. Y como es habitual en toda esta ralea, lo hacen en nombre de la libertad y de la tolerancia.
Una vez más se hace patente que no hay nadie más sectario que estos que presumen de liberales.
Nada pierde el Papa y nada pierde la Iglesia. Quien verdaderamente pierde por retroceso es la cultura, la Universitas. La gran perdedora es en este caso la propia Sapienza.
¡AVANTI, SANTO PADRE!

UNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL PALABRAS . ¿ES ESTE EL "EJÉRCITO" DEL PAPA?



Delegados de la 35 Congregación General de la Compañía de Jesús


"Los religiosos deben llevar el hábito de su instituto, hecho de acuerdo con la norma del derecho propio, como signo de su consagración y testimonio de pobreza. Los religiosos clérigos de un instituto que no tenga hábito propio, usarán el traje clerical, conforme a la norma del canon 284"
Código de Derecho Canónico. C. 669

" Obligación del traje eclesiástico:
En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que e presbítero -hombre de Dios, dispensador de sus misterios- sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público. El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel -más aún, por todo hombre- su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.
Por esta razón, el clérigo debe llevar "un traje eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legítimas costumbres locales". El traje, cuando es distinto del talar, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armonía con las disposiciones del derecho universal.
Por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las práxis contrarias no se pueden considerar legítimas costumbres y deben ser removidas por la autoridad competente.
Exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia"
(Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros
Aprobado y mandado publicar por Su Santidad el Papa Juan Pablo II el 31 de enero de 1994)

lunes 14 de enero de 2008

AD DOMINUM

"Lo que es decisivo para la colocación del sacerdote en el altar, es el carácter sacrificial de la misa. El sacrificio se vuelve hacia aquél a quien se ofrece el sacrificio, por eso se coloca ante el altar ad dominum, hacia el Señor.
Además, si se quiere resaltar el carácter de cena de la celebración eucarística, el simple hecho de celebrar versus populum no sería suficiente para dar este carácter tan aparente como se le imagina y que tan a menudo se desea. Pues sólo "el presidente de la cena" se coloca en la mesa. El resto de los "participantes a la cena", sin relación directa con la "mesa de la cena". Esta es la razón por la que, en los pequeños grupos, hoy se tiende a colocar a los asistentes rodeando el altar; lo que en adelante, traerá como consecuencia borrar completamente el carácter sacrificial de la misa. No se hará justicia a este sacrificio, sino es haciendo lo que siempre se ha hecho, volvernos con el sacerdote "hacia el Señor", por consiguiente, todos en la misma dirección.
Según la concepción católica, la misa es algo más que una comunidad reunida para celebrar una cena en memoria de Jesús de Nazareth. Lo importante no es la constitución de una comunidad, ni lo que ella vive -aunque esto no deba subestimarse- sino sobre todo el culto que se rinde a Dios.
No es el hombre sino Dios quien debe ser siempre el punto de referencia. De aquí que desde los orígenes todos se orientaban hacia Él y no un cara a cara entre sacerdote y asamblea. Es necesario sacar la consecuencia y reconocer francamente que la celebración versus populum es un error. Porque ella es en definitiva una orientación hacia el hombre y no hacia Dios"
Monseñor Klaus Gamber. Fundador del Instituto Litúrgico de Ratisbona.

domingo 13 de enero de 2008

SE CONTINÚAN VULNERANDO LOS DERECHOS DE LOS FIELES Y DESPRECIANDO LAS LEYES DE LA IGLESIA


¿Tienen derecho los fieles a recibir la Sagrada Comunión en la boca? Parece mentira que haya que hacerse esta pregunta. Sin embargo, aunque parezca increíble, hay lugares, también en nuestra diócesis compostelana, en los que se les niega a los fieles este derecho. Tenemos datos muy fiables de auténticos abusos de poder y por parte de señores que se han pasado la vida ligados al staff clerical. Pues habrá que decirles que los que no somos ni hemos sido del staff también sabemos leer, también tenemos derechos y para nada tenemos que escondernos ni ocultarnos. Estamos en nuestra casa, porque la Iglesia es tan casa nuestra como de ellos, cosa que a menudo parecen olvidar estos señores.
SÍ, LOS FIELES TIENEN TODO EL DERECHO A RECIBIR LA SAGRADA COMUNIÓN EN LA BOCA Y, HOY POR HOY, NO HAY CURA QUE LES PUEDA NEGAR ESE DERECHO.
¿Qué pasaría si fuese al contrario? ¿Qué calificativos tendría que soportar un sacerdote que se negara a distribuir la Sagrada Comunión en la mano?
Tristemente seguimos con las bribonadas de los de siempre porque hay una parte que siempre calla. Hay una parte que siempre se siente acomplejada y traga y calla y consiente.
¿Tienen derecho los fieles a recibir la Sagrada Comunión de rodillas? Pues, también hay que responder afirmativamente. SÍ. LOS FIELES TIENEN DERECHO A RECIBIR LA SAGRADA COMUNIÓN DE RODILLAS. Y, sin embargo, en multitud de sitios se les niega abiertamente este derecho. Pues, sepan que donde no se respeta el derecho no hay justicia. Y una Iglesia sin justicia se transformaría en cualquier cosa menos en Iglesia de Jesucristo.
Los novadores, aparentemente tan amantes de la Liturgia, ¿por qué no tienen la misma disposición para facilitar el cumplimiento de las normas de la Iglesia como la tienen para todo tipo de veleidades, ensayos y creatividades personalistas?
Ahí va un aviso para navegantes. Ni más ni menos que las disposiciones de la Sagrada Congregación para el Culto Divino. Para un Católico no hay nada más que decir. Para un Católico Roma sigue siendo Madre y Maestra de todas las Iglesias. Y si lo dudan no tenemos inconveniente en preguntar a la misma Roma. ¿Están dispuestos? Nosotros sí, cuando quieran.
Como dicen ahora, EL CALLAR SE VA A ACABAR.

Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum

Protocolo Nº 1322/02/L

Roma, 1º de Julio de 2002

Su Excelencia:

Esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha recibido recientemente informes de miembros de la feligresía de su Diócesis a quienes se les niega la Sagrada Comunión cuando, al acercarse a recibirla, se ponen de rodillas en lugar de permanecer de pie. Los informes dicen que tal norma ha sido anunciada a los fieles. Tenemos indicios de que semejante fenómeno podría estar algo más extendido en la Diócesis, pero a esta Congregación no le es posible verificar si es así. No obstante, este Dicasterio tiene la seguridad de que Su Excelencia estará en una posición que le permita hacer una determinación más fiable sobre el asunto. De todas maneras, las quejas proporcionan una ocasión a esta Congregación para hacer saber el criterio que habitualmente se establece sobre esta materia, con el expreso pedido a Ud. de que lo haga conocer a cualquier sacerdote a quien sea necesario informarle.

La Congregación está de hecho preocupada por el número de quejas similares que ha recibido desde varios lugares en los últimos meses, y considera que cualquier negativa de dar la Sagrada Comunión a un miembro de la feligresía, fundada en que se encuentra de rodillas para recibirla, es una grave violación a uno de los derechos más básicos del feligrés cristiano, a saber, el de ser ayudado por sus Pastores por me-dio de los Sacramentos (Código de Derecho Canónico, canon 213).

En vista de la ley que establece que “los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos” (C. Canónico 843, § 1), no debe negarse la Sagrada Comunión a ningún católico durante la Santa Misa, excepto en casos que pongan en peligro de grave escándalo a otros creyentes, como el pecador público o la obstinación en la herejía o el cisma, públicamente profesado o declarado.

Aún en aquellos países donde esta Congregación ha aprobado la legislación local que establece el permanecer de pie como la postura para recibir la Sagrada Comunión, de acuerdo con las adaptaciones permitidas a las Conferencias Episcopales por la Institución Generalis Missalis Romani n. 160, § 2, lo ha hecho con la condición de que a los comulgantes que escojan arrodillarse no les será negada la Sagrada Comunión.

De hecho, como Su Eminencia el Cardenal Joseph Ratzinger, ha enfatizado recientemente, la práctica de arrodillarse para recibir la sagrada comunión tiene en su favor una tradición multisecular, y es un signo particularmente expresivo de adoración, completamente apropiado en razón de la verdadera, real y substancial presencia de Nuestro Señor Jesucristo bajo las especies consagradas.

Dado la importancia de este asunto, la Congregación pide que Su Excelencia averigüe específicamente si este sacerdote niega de ordinario la Sagrada Comunión a algún miembro de la feligresía en las circunstancias descriptas más arriba y, si la queja se verifica, pide también que Ud. le ordene firmemente, a él y a cualquier otro sacerdote que pueda haber tenido tal práctica, que se abstengan de actuar así en el futuro.

Los sacerdotes deben entender que la Congregación considerará cualquier queja futura de esta naturaleza con mucha seriedad, y si ellas se verifican, actuará disciplinariamente en consonancia con la gravedad del abuso pastoral.

Agradezco a Su Excelencia su atención sobre este asunto y cuento con su amable colaboración al respecto.

Sinceramente suyo en Cristo.

Jorge A. Cardenal Medina Estévez
Prefecto

+Francesco Pío Tamburrino
Secretario

EL NUEVO MOVIMIENTO LITÚRGICO ESTÁ EN MARCHA. BENEDICTO XVI HA CELEBRADO LA SANTA MISA VERSUS AD ORIENTEM



Con motivo de la Fiesta del Bautismo del Señor, Su Santidad el Papa Benedicto XVI ha celebrado la Santa Misa en la Capilla Sixtina. Dando un nuevo paso adelante en lo que , sin duda alguna, podemos llamar el Nuevo Movimiento Litúrgico Su Santidad ha celebrado el Santo Sacrificio versus ad orientem.
Así están las cosas en Roma, Madre y Maestra de todas las Iglesias.
Una vez más damos gracias a Dios por habernos dado a Benedicto XVI y agradecemos a Su Santidad su coraje y su Magisterio.

sábado 12 de enero de 2008

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA



AÑO NUEVO, VIDA NUEVA

La vida de los hombres está limitada a un tiempo y a un espacio. Nacemos, crecemos y morimos. Nuestra vida terrena tiene un principio y un final. Las horas pasan, igual que los días e igual que los años. Nuestra vida es una carrera ascendente que debemos hacer para llegar a la meta: la vida eterna. Debemos cumplir las etapas hacia el cielo.

Una forma tradicional de representar la santidad es la de una escalera. Los distintos escalones marcan los diferentes grados de unión con Dios. El comienzo de un año nuevo es una ocasión para examinar en que escalón estamos. ¿Cómo está mi relación con Dios? Si somos sinceros en la respuesta, veremos que nos falta mucho o incluso que aun teniendo ochenta años no hemos empezado. Pero esto no debe causar en nosotros frustración o desánimo. Debemos tomar la firme decisión para comenzar y seguir escalando hacia la santidad. Hemos de tomar nuevos propósitos.

La vida es tiempo de gracia, tiempo de merecer. Dios quiere que nos salvemos y que lleguemos al conocimiento de la Verdad. Este conocimiento nos da la vida verdadera. Si llegamos a conocer la Verdad seremos capaces de llevar a cabo la gran empresa de nuestra vida: la santidad propia y la de los que nos rodean.

“Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestíos del hombre nuevo”.
Col 3, 9-10

martes 8 de enero de 2008

LA FAMILIA: UN DON DE DIOS A LA HUMANIDAD

Con motivo de la Fiesta de San Julián, Patrón de la Isla de Arosa, D. Manuel Folgar pronunció la siguiente homilía en la parroquia isleña:

Queridos hermanos:
Esta fecha del 7 de enero tiene para todos nosotros un significado especial al conmemorar la fiesta de nuestro patrono San Julián. Somos conscientes de que somos eslabones de una cadena que comenzó a engarzarse hace muchos años en este querido pueblo de la Isla y de la que forman parte también nuestros padres, nuestros abuelos y nuestros antepasados. También ellos, como hoy nosotros, festejaron en este día la memoria de San Julián y acudieron a su intercesión para por medio de él alcanzar las gracias y la protección de Dios sobre todas las familias cristianas de esta parroquia.La fiesta patronal nos recuerda de algún modo que no somos seres solitarios, que no pasamos por este mundo en el anonimato, que nuestra vida no es simplemente un vivir al lado de otras personas, sin más.
La fiesta patronal viene a renovar en todos nosotros la conciencia de que somos una familia, la familia parroquial. Desde el día de nuestro nacimiento formamos parte de una comunidad humana particular que es nuestro pueblo, en el cual no somos seres anónimos. Podemos decir que cada uno de nosotros no somos sólo el fruto de la generación de nuestros padres, sino también el fruto de todos los hombres y mujeres que han colaborado con su trabajo, con su vida y con su humanidad a construir un pueblo, una comunidad humana digna en la que nosotros hemos sido acogidos y nos hemos integrado.
Esta realidad ha de despertar también en cada uno el deseo de aportar lo mejor de sí mismo para contribuir al bien común.
Somos miembros de una comunidad humana que es nuestro pueblo, pero somos además miembros de una comunidad, aún mucho más amplia y que se extiende por la tierra entera.
Desde el día de nuestro bautismo fuimos incorporados a la Iglesia Católica, siendo acogidos en nuestra querida comunidad parroquial de la Isla.
También la parroquia ha sido para nosotros una verdadera familia en la que hemos crecido, en la que hemos aprendido las verdades eternas. La vida de cada uno de nosotros está íntimamente ligada a la vida parroquial: al lado de otros niños, durante años, hemos acudido a la catequesis parroquial. Cada domingo nos venimos encontrando con nuestros vecinos y amigos para asistir al Santo Sacrificio de la Misa. Aquí se han desarrollado acontecimientos muy importantes en la vida de muchas, por no decir de todas, las familias: el bautismo de los pequeños, la primera comunión de los niños, las confirmaciones de los jóvenes, las bodas de nuestros padres, hermanos y familiares. Y algo tan personal y entrañable como es también la última despedida de nuestros seres queridos y de nuestros amigos.
Es muy importante caer en la cuenta de esta estrechísima vinculación que todos tenemos con nuestra parroquia. Al analizar esta realidad uno cae en la cuenta de que su vida va discurriendo toda ella en medio de una verdadera y auténtica familia: la familia de sangre, la familia de los vecinos, y la familia cristiana formada por todos aquellos que profesamos la misma fe Católica.
Así lo ha previsto Dios. Él no nos ha creado para vivir en soledad, sino para vivir en familia.
Esta dimensión familiar de nuestra existencia es un don, un regalo de Dios. No hay que pensar mucho para descubrir cómo nuestra vida personal está profundamente ligada a tantas personas con las que hemos compartido nuestra existencia y de las que hemos recibido ayuda, cariño, amistad, compañía, ánimo y consuelo en las dificultades.
Pero, esta dimensión familiar de nuestra existencia además de ser un regalo de Dios es también una responsabilidad.
Así como hemos recibido bienes de los otros, tenemos la responsabilidad personal de contribuir al bien de los demás, de poner nuestras cualidades al servicio de nuestro pueblo y de nuestra parroquia. Es dándonos y entregándonos con generosidad como verdaderamente crecemos y maduramos en cuanto personas y cristianos.
Todos tienen siempre algo que aportar, toda persona está capacitada para hacer el bien a los demás, todo el mundo puede colaborar y arrimar el hombro para que las cosas vayan cada vez mejor. La generosidad no es sólo un valor humano, es también un verdadero valor cristiano. Y en la medida en que buscamos no sólo el bien personal, sino también el bien de los otros, en esa misma medida estamos siendo verdaderos cristianos y verdaderos hijos de Dios.
Al crear el mundo Dios soñó con una humanidad que fuese una verdadera familia, la familia humana sostenida y apoyada sobre el fundamento de la vida familiar.
En efecto, las familias son el fundamento de los pueblos, de las parroquias, de las naciones y de la sociedad misma.
¡Qué hermoso día, este de nuestro santo Patrón San Julián, para agradecer a Dios el don de nuestras familias!
Un día apropiado para recordar a todos los que nos han precedido y nos han legado lo que somos y lo que tenemos.
Pero también es un día apropiado para que como comunidad parroquial nos unamos a la Iglesia entera y anunciemos con alegría el evangelio de la familia.
Las familias cristianas están llamadas en este momento a dar testimonio de que el amor y la fidelidad son valores auténticos por los que vale la pena luchar. La fidelidad, cuando es verdaderamente fruto del amor y del respeto, más que una carga es una fuente de alegría para los mismos esposos y para los hijos.
Las familias cristianas están llamadas a dar testimonio del valor supremo y sagrado de la vida humana. Nunca la vida de un niño puede ser valorada como una tragedia, una desgracia o una maldición, sino como un don y como una bendición del Creador. Jamás se podrá equiparar la vida con la muerte.
La familia ha de redescubrir la función educadora que Dios le ha otorgado. Han de ser los padres los primeros y constantes educadores de sus hijos, dándoles una educación humana y cristiana.
Es en el hogar, bajo la mirada atenta de los padres y de los abuelos, donde los niños y los jóvenes han de imbuirse de los verdaderos valores humanos y cristianos: el respeto, la educación, la generosidad, la piedad, también la capacidad de sacrificio, la honradez, y todos esos valores que luego harán posible que haya ciudadanos responsables y cristianos a carta cabal.
La escuela y la parroquia nada pueden si no cuentan con la ayuda y con la colaboración de los padres.
En este día, fiesta de la familia parroquial, encomendemos a San Julián a todas las familias cristianas de la Isla para que permanezcan en la unidad, en la fidelidad, y sean fundamento seguro de la vida social y cristiana. Amén.

sábado 5 de enero de 2008

VENITE, ADOREMUS

"Después de haber oído al rey, se fueron, y la estrella que habían visto en Oriente les precedía, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella sintieron grandísimo gozo, y, llegando a la casa, vieron al niño con María, su madre, y de hinojos le adoraron, y abriendo sus cofres, le ofrecieron como dones oro, incienso y mirra" Mt 2, 9-11

Una de las consecuencias más funestas que se derivan de la corrupción litúrgica es la pérdida del espíritu de adoración. A ello contribuyen todas esas celebraciones carentes de sentido sobrenatural en las que la comunidad se repliega sobre sí misma en vez de abrirse a la catolicidad y al misterio de Dios. Celebraciones en las que el culto a Dios pasa a un segundo o tercer plano, cuando no desaparece absolutamente del horizonte. Pseudoliturgias que pretenden celebrar la vida de los asistentes más que entrar en comunión con Aquél que es la Vida.
Adorar "en espíritu y en verdad" sólo es posible dejándose enseñar y guiar por el Espíritu Santo. Nunca podrá ser fruto de artificos humanos, ni de técnicas psicológicas, ni de preparaciones ambientales.
Adorar "en espíritu y en verdad" no es posible sin entrar en comunión con Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote que es el primer adorador del Padre.
Es en medio de la Iglesia, "templo del Dios vivo", y en plena comunión con Ella, "Cuerpo místico de Cristo", como podemos formar parte de la muchedumbre que en el correr de los siglos , primero en la tierra y luego en el cielo, adoran al único y verdadero Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
No nos cabe duda que recuperar, promover y fortalecer el espíritu de adoración en el seno mismo de la Iglesia es uno de los principales objetivos que se ha propuesto Su Santidad el Papa Benedicto XVI.
"Ya decía san Agustín: "nemo autem illam carnem manducat, nisi prius adoraverit; (...) peccemus non adorando -Nadie come de esta carne sin antes adorarla(...) pecaríamos si no la adoráramos". En efecto, en la Eucaristía el Hijo de Dios viene a nuestro encuentro y desea unirse a nosotros; la adoración eucarística no es si no la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia. Recibir la Eucaristía significa adorar al que recibimos. Precisamente así, y sólo así, nos hacemos una sola cosa con Él y, en cierto modo, pregustamos anticipadamente la belleza de la liturgia celestial. La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica" -Sacramentum Caritatis 66-

Hemos leído en el texto de San Mateo como los Magos ante la presencia del Niño Dios "de hinojos le adoraron". Es de vital importancia que nuestro cuerpo se una a nuestra alma expresando mediante el lenguaje corporal la actitud de adoración de nuestro espíritu. Es muy importante que no neguemos a Dios el culto público, visible y exterior que ha de ser manifestación de nuestra fe y de nuestro amor.
¿Concuerdan con estas enseñanzas del Vicario de Cristo esos templos de los que se han retirado los reclinatorios, impidiendo a los fieles la adoración pública del Santísimo Sacramento?
¿Contribuyen a la dignidad del culto, a la sacralidad de la Santa Misa y a la piedad de los fieles la ausencia de actos externos de adoración promovidos por no pocos sacerdotes? ¿Deben plegarse los fieles a semejantes abusos de autoridad? La respuesta es clara: ni deben plegarse, ni deben contribuir a semejante corrupción del auténtico espíritu del culto católico.
Benedicto XVI nos enseña en Sacramentum Caritatis que la Santa Misa es el acto más grande de adoración de la Iglesia. Cualquiera lo diría al observar, tristemente, numerosísimas celebraciones.
También en esto los fieles tienen en su mano el colaborar a que así sea. Cuando el sacerdote se empeña en desacralizar la Santa Misa deben exigir que se respeten las normas litúrgicas, deben acudir a la autoridad competente pidiendo que sus derechos sean respetados. Y deben, si no son debidamente atendidos, asistir allí donde el culto es celebrado con la dignidad exigida por la Iglesia.
Los laicos pueden y deben hacer mucho más de lo que a veces hacen para contribuir a que la Sagrada Liturgia de la Iglesia sea respetada y dignificada. Sólo así, en una labor conjunta, podremos ir arrinconando todas esas actitudes sectarias de quienes pretenden implantar una Iglesia a su medida, conforme a sus gustos y caprichos, haciendo de verdaderos caballos de Troya en el seno mismo de la Iglesia.
Es la hora de que los fieles promuevan también el culto permanente a la Divina Eucaristía, engrosando las filas de aquellas asociaciones que fomentan dicho culto, como la Adoración Nocturna y otras. Acudiendo a adorar al Señor allí donde está expuesto, o haciendo la Visita diaria a Jesús Sacramentado.
Sólo a través de un profundo amor y reverencia a la Santa Misa, de una piedad eucarística sincera y de la adoración frecuente podremos atraer innumerables gracias sobre la Iglesia y sobre la humanidad entera. Es este espíritu de adoración el motor de la nueva evangelización.
Desde cada Sagrario y desde cada Altar somos invitados: Venite, adoremus.


martes 1 de enero de 2008

DOS DE ENERO: SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS. ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA FRATERNIDAD


Oh Dios, que dispusiste el que tu Unigénito Hijo fuese el Salvador del mundo y se llamase Jesús: concédenos propicio, que gocemos en los cielos de la vista de aquel cuyo Nombre veneramos en la tierra. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén