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14 de mayo de 2008

CARDENAL VIRGILIO NOÉ: GRACIAS A DIOS TENEMOS AL PAPA BENEDICTO XVI

*El Cardenal Virgilio Noé, fue Maestro de las Ceremonias Litúrgicas bajo el Pontificado de Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Ahora es Arcipreste de la Basílica de San Pedro y Vicario del Papa para la Ciudad del Vaticano.
Reproducimos parte de la entrevista publicada en el blog Petrus.
*La traducción es nuestra.

Permanece imborrable la denuncia de Pablo VI sobre la presencia del humo de Satanás en la Iglesia. Todavía hoy, aquél discurso goza de increíble actualidad. Pero, ¿qué quería decir el Papa exactamente?
Vosotros de 'Petrus' habéis dado un buen golpe, porque estoy en disposición de revelar, por primera vez, lo que quería denunciar Pablo VI con aquella afirmación. Bien, el Papa Montini por Satanás pretendía clasificar a todos aquellos sacerdotes, obispos y Cardenales que no rendían culto al Señor celebrando la Santa Misa a causa de una errada interpretación y aplicación del Concilio Vaticano II. Habló de humo de Satanás porque sostenía que aquellos sacerdotes que de la Santa Misa hacían paja en nombre de la creatividad, en realidad estaban poseídos de la vanagloria y de la soberbia del Maligno. Por lo tanto, el humo de Satanás no era otra cosa que la mentalidad que quería echar por tierra los cánones tradicionales y litúrgicos de la ceremonia Eucarística.
Y pensar que Pablo VI viene señalado como la causa de todos los males de la liturgia post-conciliar. Pero , según lo que usted revela, Eminencia, Montini comparó el caos litúrgico,aunque fuese de forma velada, directamente a algo infernal.
Él condenaba los desvaríos de protagonismo y el delirio de omnipotencia que siguieron a nivel litúrgico el Concilio. La Misa es una ceremonia sagrada, repetía frecuentemente, todo debe ser preparado y estudiado adecuadamente respetando los cánones, nadie es 'señor' de la Misa. Desgraciadamente, muchos después del Vaticano II no lo han entendido y Pablo VI sufrió por ello considerando el fenómeno como un ataque del demonio.
Eminencia, en conclusión: ¿qués es la verdadera liturgia?
Es tributar gloria a Dios. La liturgia va efectuada siempre y de cualquier modo con decoro: también una señal de la Cruz mal hecha es sinónimo de desprecio y chapucería. Sobre todo, lo repito, después del Vaticano II se ha creído que todo o casi todo estaba permitido. Ahora es necesario recuperar, y a prisa, el sentido de lo sagrado en el ars celebrandi, antes que el humo de Satanás invada completamente toda la Iglesia. Gracias a Dios, tenemos al Papa Benedicto XVI: su Misa y su estilo litúrgico son un ejemplo de corrección y dignidad.