lunes 31 de diciembre de 2007

¡FELIZ Y SANTO AÑO NUEVO! ¡CRISTO ES NUESTRA PAZ!



Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI
Familia humana, comunidad de paz

Para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz
1 de enero de 2008

1. Al comenzar el nuevo año deseo hacer llegar a los hombres y mujeres de todo el mundo mis fervientes deseos de paz, junto con un caluroso mensaje de esperanza. Lo hago proponiendo a la reflexión común el tema que he enunciado al principio de este mensaje, y que considero muy importante: Familia humana, comunidad de paz. De hecho, la primera forma de comunión entre las personas es la que el amor suscita entre un hombre y una mujer decididos a unirse establemente para construir juntos una nueva familia. Pero también los pueblos de la tierra están llamados a establecer entre sí relaciones de solidaridad y colaboración, como corresponde a los miembros de la única familia humana: «Todos los pueblos —dice el Concilio Vaticano II— forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra (cf. Hch 17,26); también tienen un único fin último, Dios»[1] .

Familia, sociedad y paz

2. La familia natural, en cuanto comunión íntima de vida y amor, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer[2] , es el «lugar primario de ‘‘humanización'' de la persona y de la sociedad»[3] , la «cuna de la vida y del amor»[4] . Con razón, pues, se ha calificado a la familia como la primera sociedad natural, «una institución divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organización social»[5] .

3. En efecto, en una vida familiar «sana» se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz. No ha de sorprender, pues, que se considere particularmente intolerable la violencia cometida dentro de la familia. Por tanto, cuando se afirma que la familia es «la célula primera y vital de la sociedad»[6] , se dice algo esencial. La familia es también fundamento de la sociedad porque permite tener experiencias determinantes de paz. Por consiguiente, la comunidad humana no puede prescindir del servicio que presta la familia. El ser humano en formación, ¿dónde podría aprender a gustar mejor el «sabor» genuino de la paz sino en el «nido» que le prepara la naturaleza? El lenguaje familiar es un lenguaje de paz; a él es necesario recurrir siempre para no perder el uso del vocabulario de la paz. En la inflación de lenguajes, la sociedad no puede perder la referencia a esa «gramática» que todo niño aprende de los gestos y miradas de mamá y papá, antes incluso que de sus palabras.

4. La familia, al tener el deber de educar a sus miembros, es titular de unos derechos específicos. La misma Declaración universal de los derechos humanos, que constituye una conquista de civilización jurídica de valor realmente universal, afirma que «la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el Estado»[7] . Por su parte, la Santa Sede ha querido reconocer una especial dignidad jurídica a la familia publicando la Carta de los derechos de la familia. En el Preámbulo se dice: «Los derechos de la persona, aunque expresados como derechos del individuo, tienen una dimensión fundamentalmente social que halla su expresión innata y vital en la familia»[8] . Los derechos enunciados en la Carta manifiestan y explicitan la ley natural, inscrita en el corazón del ser humano y que la razón le manifiesta. La negación o restricción de los derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre, amenaza los fundamentos mismos de la paz.

5. Por tanto, quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal «agencia» de paz. Éste es un punto que merece una reflexión especial: todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz. La familia tiene necesidad de una casa, del trabajo y del debido reconocimiento de la actividad doméstica de los padres; de escuela para los hijos, de asistencia sanitaria básica para todos. Cuando la sociedad y la política no se esfuerzan en ayudar a la familia en estos campos, se privan de un recurso esencial para el servicio de la paz. Concretamente, los medios de comunicación social, por las potencialidades educativas de que disponen, tienen una responsabilidad especial en la promoción del respeto por la familia, en ilustrar sus esperanzas y derechos, en resaltar su belleza.

La humanidad es una gran familia

6. La comunidad social, para vivir en paz, está llamada a inspirarse también en los valores sobre los que se rige la comunidad familiar. Esto es válido tanto para las comunidades locales como nacionales; más aún, es válido para la comunidad misma de los pueblos, para la familia humana, que vive en esa casa común que es la tierra. Sin embargo, en esta perspectiva no se ha de olvidar que la familia nace del «sí» responsable y definitivo de un hombre y de una mujer, y vive del «sí» consciente de los hijos que poco a poco van formando parte de ella. Para prosperar, la comunidad familiar necesita el consenso generoso de todos sus miembros. Es preciso que esta toma de conciencia llegue a ser también una convicción compartida por cuantos están llamados a formar la común familia humana. Hay que saber decir el propio «sí» a esta vocación que Dios ha inscrito en nuestra misma naturaleza. No vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas. Por eso es esencial que cada uno se esfuerce en vivir la propia vida con una actitud responsable ante Dios, reconociendo en Él la fuente de la propia existencia y la de los demás. Sobre la base de este principio supremo se puede percibir el valor incondicionado de todo ser humano y, así, poner las premisas para la construcción de una humanidad pacificada. Sin este fundamento trascendente, la sociedad es sólo una agrupación de ciudadanos, y no una comunidad de hermanos y hermanas, llamados a formar una gran familia.

Familia, comunidad humana y medio ambiente

7. La familia necesita una casa a su medida, un ambiente donde vivir sus propias relaciones. Para la familia humana, esta casa es la tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad. Hemos de cuidar el medio ambiente: éste ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio orientador el bien de todos. Obviamente, el valor del ser humano está por encima de toda la creación. Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea más importante que el hombre. Quiere decir más bien que no se la considera de manera egoísta, a plena disposición de los propios intereses, porque las generaciones futuras tienen también el derecho a obtener beneficio de la creación, ejerciendo en ella la misma libertad responsable que reivindicamos para nosotros. Y tampoco se ha de olvidar a los pobres, excluidos en muchos casos del destino universal de los bienes de la creación. Hoy la humanidad teme por el futuro equilibrio ecológico. Sería bueno que las valoraciones a este respecto se hicieran con prudencia, en diálogo entre expertos y entendidos, sin apremios ideológicos hacia conclusiones apresuradas y, sobre todo, concordando juntos un modelo de desarrollo sostenible, que asegure el bienestar de todos respetando el equilibrio ecológico. Si la tutela del medio ambiente tiene sus costes, éstos han de ser distribuidos con justicia, teniendo en cuenta el desarrollo de los diversos países y la solidaridad con las futuras generaciones. Prudencia no significa eximirse de las propias responsabilidades y posponer las decisiones; significa más bien asumir el compromiso de decidir juntos después de haber ponderado responsablemente la vía a seguir, con el objetivo de fortalecer esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos.

8. A este respecto, es fundamental «sentir» la tierra como «nuestra casa común» y, para ponerla al servicio de todos, adoptar la vía del diálogo en vez de tomar decisiones unilaterales. Si fuera necesario, se pueden aumentar los ámbitos institucionales en el plano internacional para afrontar juntos el gobierno de esta «casa» nuestra; sin embargo, lo que más cuenta es lograr que madure en las conciencias la convicción de que es necesario colaborar responsablemente. Los problemas que aparecen en el horizonte son complejos y el tiempo apremia. Para hacer frente a la situación de manera eficaz es preciso actuar de común acuerdo. Un ámbito en el que sería particularmente necesario intensificar el diálogo entre las Naciones es el de la gestión de los recursos energéticos del planeta. A este respecto, se plantea una doble urgencia para los países tecnológicamente avanzados: por un lado, hay que revisar los elevados niveles de consumo debidos al modelo actual de desarrollo y, por otro, predisponer inversiones adecuadas para diversificar las fuentes de energía y mejorar la eficiencia energética. Los países emergentes tienen hambre de energía, pero a veces este hambre se sacia a costa de los países pobres que, por la insuficiencia de sus infraestructuras y tecnología, se ven obligados a malvender los recursos energéticos que tienen. A veces, su misma libertad política queda en entredicho con formas de protectorado o, en todo caso, de condicionamiento que se muestran claramente humillantes.

Familia, comunidad humana y economía

9. Una condición esencial para la paz en cada familia es que se apoye sobre el sólido fundamento de valores espirituales y éticos compartidos. Pero se ha de añadir que se tiene una auténtica experiencia de paz en la familia cuando a nadie le falta lo necesario, y el patrimonio familiar —fruto del trabajo de unos, del ahorro de otros y de la colaboración activa de todos— se administra correctamente con solidaridad, sin excesos ni despilfarro. Por tanto, para la paz familiar se necesita, por una parte, la apertura a un patrimonio trascendente de valores, pero al mismo tiempo no deja de tener su importancia un sabio cuidado tanto de los bienes materiales como de las relaciones personales. Cuando falta este elemento se deteriora la confianza mutua por las perspectivas inciertas que amenazan el futuro del núcleo familiar.

10. Una consideración parecida puede hacerse respecto a esa otra gran familia que es la humanidad en su conjunto. También la familia humana, hoy más unida por el fenómeno de la globalización, necesita además un fundamento de valores compartidos, una economía que responda realmente a las exigencias de un bien común de dimensiones planetarias. Desde este punto de vista, la referencia a la familia natural se revela también singularmente sugestiva. Hay que fomentar relaciones correctas y sinceras entre los individuos y entre los pueblos, que permitan a todos colaborar en plan de igualdad y justicia. Al mismo tiempo, es preciso comprometerse en emplear acertadamente los recursos y en distribuir la riqueza con equidad. En particular, las ayudas que se dan a los países pobres han de responder a criterios de una sana lógica económica, evitando derroches que, en definitiva, sirven sobre todo para el mantenimiento de un costoso aparato burocrático. Se ha de tener también debidamente en cuenta la exigencia moral de procurar que la organización económica no responda sólo a las leyes implacables de los beneficios inmediatos, que pueden resultar inhumanas.

Familia, comunidad humana y ley moral

11. Una familia vive en paz cuando todos sus miembros se ajustan a una norma común: esto es lo que impide el individualismo egoísta y lo que mantiene unidos a todos, favoreciendo su coexistencia armoniosa y la laboriosidad orgánica. Este criterio, de por sí obvio, vale también para las comunidades más amplias: desde las locales a la nacionales, e incluso a la comunidad internacional. Para alcanzar la paz se necesita una ley común, que ayude a la libertad a ser realmente ella misma, en lugar de ciega arbitrariedad, y que proteja al débil del abuso del más fuerte. En la familia de los pueblos se dan muchos comportamientos arbitrarios, tanto dentro de cada Estado como en las relaciones de los Estados entre sí. Tampoco faltan tantas situaciones en las que el débil tiene que doblegarse, no a las exigencias de la justicia, sino a la fuerza bruta de quien tiene más recursos que él. Hay que reiterarlo: la fuerza ha de estar moderada por la ley, y esto tiene que ocurrir también en las relaciones entre Estados soberanos.

12. La Iglesia se ha pronunciado muchas veces sobre la naturaleza y la función de la ley: la norma jurídica que regula las relaciones de las personas entre sí, encauzando los comportamientos externos y previendo también sanciones para los transgresores, tiene como criterio la norma moral basada en la naturaleza de las cosas. Por lo demás, la razón humana es capaz de discernirla al menos en sus exigencias fundamentales, llegando así hasta la Razón creadora de Dios que es el origen de todas las cosas. Esta norma moral debe regular las opciones de la conciencia y guiar todo el comportamiento del ser humano. ¿Existen normas jurídicas para las relaciones entre las Naciones que componen la familia humana? Y si existen, ¿son eficaces? La respuesta es sí; las normas existen, pero para lograr que sean verdaderamente eficaces es preciso remontarse a la norma moral natural como base de la norma jurídica, de lo contrario ésta queda a merced de consensos frágiles y provisionales.

13. El conocimiento de la norma moral natural no es imposible para el hombre que entra en sí mismo y, situándose frente a su propio destino, se interroga sobre la lógica interna de las inclinaciones más profundas que hay en su ser. Aunque sea con perplejidades e incertidumbres, puede llegar a descubrir, al menos en sus líneas esenciales, esta ley moral común que, por encima de las diferencias culturales, permite que los seres humanos se entiendan entre ellos sobre los aspectos más importantes del bien y del mal, de lo que es justo o injusto. Es indispensable remontarse hasta esta ley fundamental empleando en esta búsqueda nuestras mejores energías intelectuales, sin dejarnos desanimar por los equívocos o las tergiversaciones. De hecho, los valores contenidos en la ley natural están presentes, aunque de manera fragmentada y no siempre coherente, en los acuerdos internacionales, en las formas de autoridad reconocidas universalmente, en los principios del derecho humanitario recogido en las legislaciones de cada Estado o en los estatutos de los Organismos internacionales. La humanidad no está «sin ley». Sin embargo, es urgente continuar el diálogo sobre estos temas, favoreciendo también la convergencia de las legislaciones de cada Estado hacia el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales. El crecimiento de la cultura jurídica en el mundo depende además del esfuerzo por dar siempre consistencia a las normas internacionales con un contenido profundamente humano, evitando rebajarlas a meros procedimientos que se pueden eludir fácilmente por motivos egoístas o ideológicos.

Superación de los conflictos y desarme

14. La humanidad sufre hoy, lamentablemente, grandes divisiones y fuertes conflictos que arrojan densas nubes sobre su futuro. Vastas regiones del planeta están envueltas en tensiones crecientes, mientras que el peligro de que aumenten los países con armas nucleares suscita en toda persona responsable una fundada preocupación. En el Continente africano, a pesar de que numerosos países han progresado en el camino de la libertad y de la democracia, quedan todavía muchas guerras civiles. El Medio Oriente sigue siendo aún escenario de conflictos y atentados, que influyen también en Naciones y regiones limítrofes, con el riesgo de quedar atrapadas en la espiral de la violencia. En un plano más general, se debe hacer notar, con pesar, un aumento del número de Estados implicados en la carrera de armamentos: incluso Naciones en vías de desarrollo destinan una parte importante de su escaso producto interior para comprar armas. Las responsabilidades en este funesto comercio son muchas: están, por un lado, los países del mundo industrialmente desarrollado que obtienen importantes beneficios por la venta de armas y, por otro, están también las oligarquías dominantes en tantos países pobres que quieren reforzar su situación mediante la compra de armas cada vez más sofisticadas. En tiempos tan difíciles, es verdaderamente necesaria una movilización de todas las personas de buena voluntad para llegar a acuerdos concretos con vistas a una eficaz desmilitarización, sobre todo en el campo de las armas nucleares. En esta fase en la que el proceso de no proliferación nuclear está estancado, siento el deber de exhortar a las Autoridades a que reanuden las negociaciones con una determinación más firme de cara al desmantelamiento progresivo y concordado de las armas nucleares existentes. Soy consciente de que al renovar esta llamada me hago intérprete del deseo de cuantos comparten la preocupación por el futuro de la humanidad.
15. Hace ahora sesenta años, la Organización de las Naciones Unidas hacía pública de modo solemne la Declaración universal de los derechos humanos (1948-2008). Con aquel documento la familia humana reaccionaba ante los horrores de la Segunda Guerra Mundial, reconociendo la propia unidad basada en la igual dignidad de todos los hombres y poniendo en el centro de la convivencia humana el respeto de los derechos fundamentales de los individuos y de los pueblos: fue un paso decisivo en el camino difícil y laborioso hacia la concordia y la paz. Una mención especial merece también la celebración del 25 aniversario de la adopción por parte de la Santa Sede de la Carta de los derechos de la familia (1983-2008), así como el 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008). La celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI, y retomada con gran convicción por mi amado y venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II, ha ofrecido a la Iglesia a lo largo de los años la oportunidad de desarrollar, a través de los Mensajes publicados con ese motivo, una doctrina orientadora en favor de este bien humano fundamental. Precisamente a la luz de estas significativas efemérides, invito a todos los hombres y mujeres a que tomen una conciencia más clara sobre la común pertenencia a la única familia humana y a comprometerse para que la convivencia en la tierra refleje cada vez más esta convicción, de la cual depende la instauración de una paz verdadera y duradera. Invito también a los creyentes a implorar a Dios sin cesar el gran don de la paz. Los cristianos, por su parte, saben que pueden confiar en la intercesión de la que, siendo la Madre del Hijo de Dios que se hizo carne para la salvación de toda la humanidad, es Madre de todos.
Deseo a todos un feliz Año nuevo.

Vaticano, 8 de diciembre de 2007

lunes 24 de diciembre de 2007

LA LUZ HA BRILLADO EN LAS TINIEBLAS


¡FELIZ NAVIDAD !

Pasados innumerables siglos
desde la creación del mundo,
cuando en el principio
Dios creó el cielo y la tierra
y formó el hombre a su imagen;
después también de muchos siglos,
desde que el Altísimo pusiera su arco en las nubes,
acabado el diluvio,
como signo de alianza y de paz;
veintiún siglos despues
de la emigración de Abrahám,
nuestro padre en la fe,
de Ur de los Caldeos;
trece siglos después
de la salida del pueblo de Israel de Egipto
bajo la guía de Moisés;
cerca de mil años después
que David fue ungido como rey;
la semana sesenta y cinco
según la profecía de Daniel;
en la Olimpiada ciento noventa y cuatro,
el año setecientos cincuenta y dos
de la fundación de la Urbe;
el año cuarenta y dos
del imperio de César Octaviano Augusto;
estando todo el orbe en paz,
JESUCRISTO, DIOS ETERNO
E HIJO DEL ETERNO PADRE,
queriendo consagrar el mundo
con su piadosísima venida,
concebido del Espíritu Santo,
nueve meses después de su concepción,
NACE EN BELÉN DE JUDA,
HECHO HOMBRE DE MARÍA VIRGEN:
LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

Pregón de Navidad




EL BELÉN


Es una costumbre universal que en Navidad se pongan en las casas y en sitios públicos los belenes o nacimientos: representaciones por medio de figuritas de la historia del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.

Esta costumbre se remonta al s. XIII, cuando San Francisco de Asís realiza en la gruta de Greccio una representación con animales y personas para presentar la historia del nacimiento de Jesús de tal manera que todos lo pudieran comprender. Algunas personas trataron de hacer lo mismo en sus casas utilizando pequeñas figurillas de madera o barro. De Italia la costumbre se extendió por Europa y de España paso a toda América Latina

La preparación de los mismos se convierte en una ocasión para que los miembros de la familia entren en contacto con el misterio de la Navidad, y para que se recojan en un momento de oración delante del Niño Dios. Es también una ocasión para que los padres o abuelos expliquen a los niños este gran acontecimiento de la Redención: Dios se hace hombre naciendo pobre para salvarnos del pecado y de la muerte.


BENDICIÓN DEL BELÉN

En este momento en que nos hemos reunido toda la familia para iniciar las fiestas de Navidad, dirijamos nuestra oración al Señor Jesús, Hijo de Dios vivo y de Santa María, que quiso ser también hijo de una familia humana; digámosle:

Por tu nacimiento, Señor, protege a nuestra familia.

Señor Jesús, Palabra Eterna, que al venir al mundo, anunciaste la alegría a la tierra, alegra nuestros corazones con la alegría de visita. Por tu nacimiento, Señor…

Reconciliador del mundo, que con tu nacimiento nos has revelado la fidelidad de Dios-Padre a sus promesas, haz que nosotros seamos también fieles a las promesas de nuestro bautismo. Por tu nacimiento, Señor…

Rey del cielo y de la tierra, que por tus ángeles anunciaste la paz a los hombres, conserva en tus paz nuestras vidas y que haya paz en nuestro país y en todo el mundo. Por tu nacimiento, Señor…

Hijo de Santa María, que quisiste ser Hijo de Mujer, concédenos descubrir que María es también nuestra Madre y ayúdanos a amarla con la ternura filial de tu corazón. Por tu nacimiento, Señor…

Dios-con-nosotros, que quisiste nacer en el seno de una familia, bendice nuestro hogar para que en él siempre reine el amor; de manera especial acuérdate de las familias que en estas fiestas de navidad viven en soledad y dolor y haz que sientan el consuelo de saberse hijos de la gran familia de Dios. Por tu nacimiento, Señor…

Terminemos nuestras peticiones rezando la oración de los hijos de Dios: Padre nuestro…

Luego el padre de familia dice:

Señor Dios, Padre nuestro,
que tanto amaste al mundo
que nos entregaste a tu Hijo único
nacido de María la Virgen,
dígnate bendecir este nacimiento
y a la familia cristiana
que está aquí presente,
para que las imágenes de este Belén
nos ayuden a profundizar en la fe.
Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.


BENDICIÓN DE LA MESA EN LA NOCHE BUENA

Bendice, Padre Bueno, esta mesa que preparamos
para tu Hijo en familia.
Bendice los alimentos
que en su honor vamos a compartir.
Bendícenos a cada uno con tu Amor, que fue tan grande,
que quisiste compartir con nosotros este mundo.
Bendice a quienes quisiéramos que estuvieran aquí
en esta noche tan santa: a los que están lejos,
a los que partieron hacia tu Casa...
Te pedimos que nos guíe tu estrella
hasta los hermanos y hermanas
que no tienen comida,
a los que no tienen casa, o trabajo,
a lo que sufren por causa de nuestra injusticia.
Que como los Reyes Magos nos dejemos guiar
hacia los que no tienen familia,
y hacia los que no tienen paz, porque les faltas Tú.
Te rogamos que el corazón de cada uno de nosotros,
sea un humilde pesebre donde Jesús pueda nacer.
Y así, seamos capaces
de construir un mundo de amor. Amén.

“Alegría, gozo y paz
en la tierra a los hombres

porque esta noche nace el Señor.”

jueves 20 de diciembre de 2007

Adviento: viene nuestro Rey


El adviento con Benedicto XVI

“Adviento”. ¿Qué significa verdaderamente este tiempo? “Adviento” es una palabra latina que podemos traducir con las españolas “presencia”, “llegada”. En el lenguaje del mundo antiguo, era un tecnicismo que designaba la llegada de una autoridad, especialmente la presencia en la provincia de los reyes o los emperadores. Pero también se utilizaba para expresar la venida de la divinidad, que sale de su soledad, se revela a los hombres y manifiesta su presencia, o para indicar la presencia de Dios celebrada solemnemente en el culto. Los cristianos la adoptaron para exponer su peculiar relación con Jesucristo. Para los cristianos, Jesús es el rey llegado a esta pobre provincia “tierra”, a la que ha regalado la fiesta de su visita. Él es el Señor, en cuya presencia en medio de la asamblea litúrgica creen los cristianos. Con esta palabra querían expresar la siguiente idea: Dios esta presente, no se ha alejado del mundo ni nos ha dejado solos. Aun cuando no podamos verlo ni percibirlo como a las demás cosas, está presente y se dirige a nosotros de múltiples formas. El Adviento nos hace recordar dos cosas: de un lado, que la presencia de Dios en el mundo ha comenzado ya, que está presente de un modo misterioso; de otro, que su presencia acaba de comenzar, no se ha consumado, sino que está creciente, deviniendo y madurando. Su presencia ha comenzado ya, y nosotros, los cristianos, somos los hombres a través de los cuales Él quiere estar presente en el mundo. Mediante nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor quiere hacer que su luz alumbre de nuevo la noche del mundo. Así es como las luces, que hemos encendido en las noches oscuras de esta estación invernal, son consuelo y exhortación: certeza consoladora de que la luz del mundo ha salido ya en la oscuridad de la noche de Belén, de que la noche profana de los pecados humanos se ha transformado en la noche sagrada del perdón divino de los mismos.

Joseph Ratzinger, Cooperadores de la verdad
Patmos, Madrid, 1991 pág. 457

lunes 17 de diciembre de 2007

El problema: compaginar dogma y forma


XVI
PENSAMIENTO LITÚRGICO DE BENEDICTO XVI

Para entender los problemas que hoy en día afectan a la reforma litúrgica, es preciso recordad una polémica que surgió en los años de entreguerras, y ya casi olvidada, en la que reside el núcleo de la pregunta actual. (…)* Lo que preocupaba a los jóvenes de esa época no eran los problemas dogmáticos tradicionales de la doctrina eucarística, sino la celebración litúrgica como forma viva. La “forma” fue descubierta como una dimensión teológico y espiritual con un peso específico. (…) La forma pasó a ser la expresión interior de la realidad espiritual acontecida en la liturgia. (…)

La celebración eucarística, la introducción de la eucaristía por Jesús mismo, que está descrita con bastante detalle en el Nuevo Testamento, tuvo lugar en un Jueves Santo, en la última cena. Así la celebró indiscutiblemente el propio Jesús. Ante ello debe enmudecer toda crítica. “La forma general es la comida” escribió Joseph Pascher. (…) Esta forma de expresión debió causar asombro en los círculos de la teología dogmática. ¿No era esta la postura de Lutero, que el Concilio de Trento había condenado? ¿No se negaba el carácter de sacrifico de la Misa a favor de una teoría de la cena? (…) La caracterización de la Misa como sacrificio era, según ellos, una declaración dogmática que atañe a la esencia teológica oculta de la Eucaristía; la afirmación de la comida se refería, en cambio, a la forma litúrgica concreta, visible, y no negaba en absoluto el contenido teológico tal y como era entendido por el Concilio de Trento. (…) La falta de claridad en la relación entre las esferas dogmática y litúrgica, que siguió presente incluso en el Vaticano II, constituye el problema central de la reforma litúrgica; por este lastre se explica una buena parte de los problemas que nos ocupan desde entonces.

*Las supresiones de texto son hechas por nosotros para facilitar la comprensión de la idea general.

Joseph Ratzinger, La fiesta de la fe
DDB, Bilbao, 1999 pág 43-47

sábado 15 de diciembre de 2007

CARDENAL ALFONSO MARÍA STICKLER DESCANSE EN PAZ


El Cardenal Alfonso María Stickler ha sido llamado a la Casa del Padre. Su larga vida se caracteriza por el amor ardiente a Jesucristo, por su entrega generosa al servicio de la Santa Iglesia y del Vicario de Cristo, y por su defensa intrépida de la fe católica.
Hijo fiel de San Juan Bosco, canonista de reconocido prestigio, ferviente devoto y defensor de la Santa Misa Tradiconal, destacó por su gran libertad a la hora de denunciar el falso espíritu católico que todavía hoy trata de hacerse dominante en el seno de la Iglesia.
Que el Señor misericordioso lo premie como a un "siervo bueno y fiel".

miércoles 12 de diciembre de 2007

XV
PENSAMIENTO LITÚRGICO DE BENEDICTO XVI


Ante las crisis políticas y sociales de nuestros días y las exigencias morales que éstas plantean a los cristianos, bien podría parecer secundario el ocuparse de problemas como la liturgia y la oración. Pero la pregunta de si reconoceremos las normas morales si conseguiremos la fuerza espiritual, necesarias para superar la crisis, no se debe plantear sin considerar al mismo tiempo la cuestión de la adoración. Sólo cuando el hombre, cada hombre, se encuentra en presencia de Dios y se siente llamado por él, se ve asegurado también su dignidad. Por este motivo, el preocuparnos por la forma adecuada de la adoración no sólo no nos aleja de la preocupación por los hombres, sino que constituye su mismo núcleo. (…) La cuestión decisiva tratada en todos los artículos es siempre la misma: cómo podemos, en nuestros días, rezar y unirnos a la alabanza de Dios en el seno de la Iglesia, cómo la salvación de los hombres y la gloria de Dios puede reconocerse y experimentarse como un todo.

Joseph Ratzinger, La fiesta de la fe
DDB, Bilbao, 1999 pág 9-10

lunes 10 de diciembre de 2007

Pontevedra, ciudad del Inmaculado Corazón de María

10 de diciembre
LXXXII ANIVERSARIO
DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
EN PONTEVEDRA

Tal día como hoy, hace 82 años, la Virgen María se aparció a sor Lucía en la ciudad de Pontevedra cuando era religiosa dorotea mostrándole el misterio de su Corazón Inmaculado.

Era el 10 de diciembre de 1925. En la celda de la Hermano Lucía se aparece la Santísima Virgen y a su lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Virgen, poniendo una mano en el hombro de Lucía, le mostró un corazón que tenía en la otra mano rodeado de espinas. Al mismo tiempo dijo el Niño: "Ten pena del Corazón de tu Santísima Madre, que está cubierto de espinas que los hombres ingratos constantemente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para quitárselas". Y la Virgen prosiguió: "Mira, hija mía, mi Corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos, en cada momento, me clavan con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y dí que a todos aquéllos que durante 5 meses - en el primer sábado - se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan 15 minutos de compañía meditando sobre los 15 misterios del rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación".

Pontevedra se ha convertido desde ese momento en el Paray-le-Monial del Inmaculado Corazón de María. Hagamos todo los posible por dar a conocer este mensaje del cielo y con nuestra vida y nuestra oraciones reparemos también nosotros el corazón de María, nuestra Reina y Madre.

Inmaculado Corazón de María,
sed la salvación mía.

sábado 8 de diciembre de 2007

UNA ÚNICA HISTORIA BAJO LA MISERICORDIA DE DIOS


El adviento con Benedicto XVI

Es adviento. Si pensamos detenidamente, como Job hablando con Dios, lo que debemos decir, percibiremos enseguida cuán verdadero es el Adviento, también hoy, para nosotros. Se trata de algo que, a mi juicio, hemos de aceptar. El adviento es una realidad también para la Iglesia. Dios no ha dividido la historia en dos mitades, clara la una y oscura la otra. Ni tampoco ha segmentado a los hombres en dos clases, aquellos a los que salva y aquellos a los que ha olvidado. Sólo existe una única e indivisible historia, caracterizada toda ellas por la debilidad y miseria del hombre, pero que se encuentra íntegramente bajo el amor misericordioso de Dios que la abarca y la sostiene sin cesar. Nuestro siglo nos obliga a vivir la verdad del Adviento de un modo enteramente nuevo: la verdad de que, aun habiendo sido ya, lo sigue siendo todavía hoy, la irrefutable certeza de que la presencia de Dios, la cual, aún hallándose en la oscuridad, es alumbrada por su luz. Este hecho, el que el adviento haya sido ya y lo siga siendo todavía, significa también que Dios no ha sido para ningún período de la historia solamente pasado, algo que hayamos dejado atrás y en el que ya se hubiera hecho todo. La verdad es exactamente la contraria: Dios es el origen de todos, pues de Él venimos, pero también el futuro, pues nos dirigimos hacia el.

Joseph Ratzinger, Cooperadores de la verdad
Patmos, Madrid, 1991 pág. 456

miércoles 5 de diciembre de 2007

LA INMACULADA Y EL ADVIENTO


La Inmaculada Concepción es una de las fiestas más bellas y populares de la Beata Virgen María. “Llena de gracia” es el nombre más bello de María, nombre que le ha dado Dios mismo, para indicar que es desde siempre y para siempre la amada, la elegida, la favorecida para acoger el don más precioso, Jesús, “el amor encarnado de Dios”.

Podemos saber por qué entre todas las mujeres Dios ha elegido a María de Nazaret. La respuesta está oculta:“Es un misterio insondable de la divina voluntad”. Todavía hay una razón que el Evangelio pone en evidencia: su humildad, la humildad de María. Así se ha convertido en la Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundirla entre toda la familia humana. Esta “bendición” no es otra cosa que Jesucristo mismo. Él es la Fuente de la gracia, de la cual María ha sido colmada desde el primer instante de su existencia. Ha acogido con fe a Jesús y con amor lo ha donado al mundo. Ésta es también nuestra vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a Cristo en nuestra vida y donarlo al mundo, “para que el mundo se salve por medio de Él”.

La fiesta de la Inmaculada ilumina como un faro el tiempo de Adviento, que es tiempo de vigilante y de confiada esperanza del Salvador. Mientras avanzamos al encuentro de Dios que viene, miramos a María que “brilla como signo de segura esperanza y consolación para el pueblo de Dios en camino”.

Benedicto XVI

¡Inmaculada Virgen María!
Luz radiante para el que está en camino.

Fuego ardiente que purifica el alma.

Brisa suave para todo corazón fatigado.

Esperanza del que sufre.

María, Arca de la Alianza;

medianera de todas las gracias
intercede por nosotros, tus hijos,
enséñanos a ser cada día más limpios,

más auténticos para que nuestros ojos
puedan ver
y nuestros oídos puedan oír. Amén.


¡Oh María, sin pecado concebida!
Rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

lunes 3 de diciembre de 2007

ESTAR DESPIERTOS PARA DIOS Y PARA LOS DEMÁS HOMBRES


El adviento con Benedicto XVI

En el capítulo 13 de carta que Pablo escribió a los cristianos en Roma, dice el Apóstol lo siguiente: “La noche va muy avanzada y se acerca ya el día. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistamos las armas de la luz. Andemos decentemente y como de día, no viviendo en comilonas y borracheras, no en amancebamientos y libertinajes, no en querellas y envidias, antes vestíos del Señor Jesucristo…” Según eso, Adviento significa ponerse en pie, despertar, sacudirse el sueño. ¿Qué quiere decir Pablo? Con términos como “comilonas, borracheras, amancebamientos y querellas” ha expresado claramente lo que entiende por “noche”. Las comilonas nocturnas, con todos sus acompañamientos, son para él la expresión de lo que significa la noche y el sueño del hombre. Esos banquetes se convierten para Pablo en imagen del mundo pagano en general que, viviendo de espaldas a la verdadera vocación humana se hunde en lo material, permanece en la oscuridad sin verdad y duerme a pesar del ruido y del ajetreo. La comilona nocturna aparece como imagen de un mundo malogrado. ¿No debemos reconocer con espanto cuán frecuentemente describe Pablo de ese modo nuestro paganizado presente? Despertarse del sueño significa sublevarse contra el conformismo del mundo y de nuestra época, sacudirnos, con valor para la virtud y la fe, el sueño que nos invita a desentendernos de nuestra vocación y nuestras mejores posibilidades. Tal vez las canciones del Adviento, que oímos de nuevo esta semana, se tornen señales luminosas para nosotros que nos muestren el camino y nos permita reconocer que hay una promesa más grande que la del dinero, el poder y el placer. Estar despiertos para Dios y para los demás hombres: de ahí el tipo de vigilancia a la que se refiere el Adviento, la vigilancia que descubre la luz y proporciona más claridad al mundo.

Joseph Ratzinger, Cooperadores de la verdad
Patmos, Madrid, 1991 pág. 455

domingo 2 de diciembre de 2007

EL ADVIENTO: TIEMPO DE MARÍA


La Iglesia ha visto necesario desde los primeros siglos establecer un tiempo de preparación para el gran acontecimiento de la Navidad. Este tiempo se llama Adviento -“hacia el que viene”- y consta de cuatro semanas. Podemos distinguir dos aspectos en este tiempo litúrgico: la preparación para celebrar dignamente la primera venida de Nuestro Señor Jesucristo para redimirnos con su muerte en cruz, y también la preparación para la venida en gloria del Señor que ha de venir ha juzgar a vivos y muertos para instaurar un mundo nuevo.

El adviento pone de relieve la cooperación de María en el misterio de la redención. Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo que se llamará Emmanuel (Is 7,14; Miq 5, 2-3) Ella destaca entre los humildes y pobres del Señor que confiadamente esperan en el cumplimiento de las Promesas. En ella también se cumple la plenitud de los tiempos al tomar de ella el cuerpo el Hijo de Dios. En María, la Iglesia y cada uno de nosotros, vemos la vocación a compartir su vida divina después de nuestra existencia terrena.

Es, pues, para todos los cristianos, un tiempo de vivir con María, unidos a ella, esperando la llegada del Mesías y Salvador.

Te saludamos, oh María,
Virgen de la Esperanza, sierva de tu Señor.
Tú aguardaste con fe las promesas de salvación.

Haz que nosotros confiemos siempre en Dios.

Dios te salve, María…

Te saludamos, oh María,
Virgen de la Esperanza, tú eres la hija de tu Hijo.

Tú has recibo con alegría el anuncio del ángel.

Concédenos la alegría que nace del amor a Dios.

Dios te salve, María…


Te saludamos, oh María,
Virgen de la Esperanza, tú eres la Madre del Salvador.
Tú has sido digna morada para tu Dios.

Dispón nuestro corazón a la llegada del Señor.

Dios te salve, María…


“Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.”