29 de mayo de 2012

MÁS FOTOS DE LAS VÍSPERAS PONTIFICALES
















PENTECOSTÉS EN EL SALVADOR

La Iglesia que nace en Pentecostés, ante todo, no es una comunidad particular —la Iglesia de Jerusalén—, sino la Iglesia universal, que habla las lenguas de todos los pueblos. De ella nacerán luego otras comunidades en todas las partes del mundo, Iglesias particulares que son todas y siempre actuaciones de una sola y única Iglesia de Cristo. Por tanto, la Iglesia católica no es una federación de Iglesias, sino una única realidad: la prioridad ontológica corresponde a la Iglesia universal. Una comunidad que no fuera católica en este sentido, ni siquiera sería Iglesia. 
Benedicto XVI

 ¡Cuán importante y por desgracia no suficientemente comprendido es el don de la Reconciliación, que pacifica los corazones! La paz de Cristo sólo se difunde a través del corazón renovado de hombres y mujeres reconciliados y convertidos en servidores de la justicia, dispuestos a difundir en el mundo la paz únicamente con la fuerza de la verdad, sin componendas con la mentalidad del mundo, porque el mundo no puede dar la paz de Cristo. Así la Iglesia puede ser fermento de la reconciliación que viene de Dios. Sólo puede serlo si permanece dócil al Espíritu y da testimonio del Evangelio; sólo si lleva la cruz como Jesús y con Jesús. Precisamente esto es lo que testimonian los santos y las santas de todos los tiempos.
Benedicto XVI






Pero, ¿cómo es posible entrar en el misterio del Espíritu Santo? ¿Cómo se puede comprender el secreto del Amor? El pasaje evangélico nos lleva hoy al Cenáculo, donde, terminada la última Cena, una experiencia de desconcierto entristece a los apóstoles. El motivo es que las palabras de Jesús suscitan interrogantes inquietantes: habla del odio del mundo hacia Él y hacia los suyos, habla de una misteriosa partida suya y queda todavía mucho por decir, pero por el momento los apóstoles no son capaces de cargar con el peso (Cf. Juan 16, 12). Para consolarles les explica el significado de su partida: se irá, pero volverá, mientras tanto no les abandonará, no les dejará huérfanos. Enviará el Consolador, el Espíritu del Padre, y será el Espíritu quien les permita conocer que la obra de Cristo es obra de amor: amor de Él que se ha entregado, amor del Padre que le ha dado.
Benedicto XVI



Entre la Ascensión del Resucitado y el primer Pentecostés cristiano, los Apóstoles y la Iglesia se reúnen con María para esperar con ella el don del Espíritu Santo, sin el cual no se puede ser testigos. Ella, que ya lo había recibido para engendrar al Verbo encarnado, comparte con toda la Iglesia la espera del mismo don, para que en el corazón de todo creyente «se forme Cristo» (cf. Ga 4, 19). Si no hay Iglesia sin Pentecostés, tampoco hay Pentecostés sin la Madre de Jesús, porque ella vivió de un modo único lo que la Iglesia experimenta cada día bajo la acción del Espíritu Santo.
Benedicto XVI

VIDEO RESUMEN DE LAS VÍSPERAS PONTIFICALES

26 de mayo de 2012

VÍDEOS DE LA VISITA PASTORAL A LA IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO











EL ARZOBISPO PRIMADO DE ESPAÑA PRESIDE LAS VÍSPERAS PONTIFICALES CON MOTIVO DE LA VISITA PASTORAL A LA IGLESIA DEL SALVADOR

Con motivo de la Santa Visita Pastoral a la Parroquia de Santo Tomé (Toledo), el Arzobispo Primado de España, Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, presidió las Vísperas Pontificales en la Iglesia del Salvador, donde la Comunidad de Hermanos de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina celebran diariamente la Santa Misa y el Oficio Divino conforme al Uso extraordinario del Rito romano. En la foto el Señor Arzobispo entra en el templo acompañado del Señor Cura Párroco y del Superior de la Fraternidad, después de haber besado el Lignum Crucis y haber realizado el asperges.

El Sr. Arzobispo realiza la Visita al Santísimo Sacramento acompañado por el Párroco y por el Superior de la Comunidad revestidos de capa pluvial.

Tras la oración por el Obispo, el Superior  de la Comunidad dirigió estas palabras de bienvenida al prelado.  

Querido Sr. Arzobispo:
Con profunda alegría, en nombre propio y también haciéndome portavoz del Sr. Cura Párroco, de la Comunidad de Hermanos y de todos los presentes, le doy la bienvenida a esta iglesia del Salvador.
Su visita es para todos nosotros un acontecimiento de gracia y por eso estamos alegres y manifestamos nuestra alegría.
Es el Señor quien nos visita y se acerca a nosotros en la Persona de nuestro Obispo, manifestándonos de este modo la riqueza de su amor. El Buen Pastor es quien nos pastorea a través del ministerio de los Sagrados Pastores.
Somos conscientes de ello y por lo mismo no podemos menos que recibirle manifestando con fe viva: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
La Visita Pastoral es un medio privilegiado por medio del cual el Señor a través de nuestro Obispo nos manifiesta su caridad pastoral hablándonos al corazón, dándonos apoyo, ánimo y aliento en medio de las pruebas, cansancios y dificultades, confirmándonos en la fe.
Para el Obispo es fuente de gozo salir al encuentro del rebaño que le ha sido confiado. Para nosotros es fuente de gracia y de inmenso gozo reconocer a nuestro lado la voz de nuestro Pastor.
Querido Don Braulio, damos gracias a Dios que nos permite con motivo de esta Santa Visita Pastoral testimoniar como verdaderamente el “Obispo es el principio y fundamento visible de la unidad de la Iglesia particular”. A través del Obispo y en su persona se nos regala el camino para fortalecer nuestra comunión con Cristo y con los hermanos; nuestra comunión con la Iglesia universal. Así, este don de la comunión y de la catolicidad espanta el peligro de que podamos caer en el error de “fomentar una espiritualidad parcial, que tiene en cuenta tan solo algún o algunos aspectos de la totalidad lo cual produce necesariamente un dualismo que impide la capacidad real de fundamentar la vida y desarrollarla con vigor”, tal y como usted nos advertía paternalmente con motivo de la Santa Misa Crismal.
Sin duda alguna, su presencia en medio de nosotros, ayudará a que nuestras comunidades se conviertan cada vez más en “la casa y la escuela de comunión”, “No como un ghetto sino como vida real de familia abierta siempre a la vida y a la sociedad”.
Sr. Arzobispo, gracias por acercarnos el don de la Paz que es el don de Cristo Resucitado para los suyos.

D. Braulio dirigió a todos los presentes una breve exhortación antes de comenzar la liturgia de las Vísperas.
Imposición del incienso al comienzo de la Procesión
Canto de la Antífona. En tiempo pascual, los cinco salmos se cantan con una única antífona: Allelúia, alleluia, allelúia. 
Canto de los salmos

Todos los presentes pudieron seguir la solemne liturgia con el folleto preparado para esta ocasión. 
vísperaspontificales.vistapastoral.25 de mayo

Momento de la Capítula
El primer pluvialista preintona el Himno "Iste Confessor" al Prelado

Durante el canto del Magnificat se realiza la incensación del altar

El primer pluvialista inciensa al Sr. Arzobispo, a las Dignidades y a los otros pluvialistas. 
El turiferario inciensa al primer pluvialista y al clero asistente. 
Incensación de los fieles
Canto de la oración

Bendición Pontifical
Procesión final hacia la Sacristía

22 de mayo de 2012

DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN -vídeos-


Oh Jesús, alegría de los pechos,
Oh Sembrador de la salud humana,
Que redimiste al orbe que creaste
Y eres la casta luz de quienes te aman.

¿Qué clemencia te inclina hasta el extremo
De soportar nuestras pesadas culpas,
Y de morir, no obstante tu inocencia,
Para salvarnos de la muerte dura?

Tú violentas el caos del infierno,
Libras a los que en él están cautivos,
Y después de alcanzar tan noble triunfo
Subes hasta la diestra del Altísimo.

Que tu propia indulgencia te constriña
A reparar del todo nuestros daños,
Y a permitirnos contemplar tu rostro,
Y a enriquecernos con su brillo santo.

Tú que eres senda y guía hacia los cielos
Sé la meta de nuestros corazones,
El consuelo de todas nuestrás lágrimas
Y el dulce premio a nuestras vidas de hombres.

Himno de  la Ascensión Humanae Sator






19 de mayo de 2012

CARDENAL RATZINGER: ¡RESISTA, MAESTRO, RESISTA!


Monseñor Domenico Bartolucci, fue nombrado por  el Venerable Pío XII Maestro "ad vitam" de la Capilla Sixtina pero fue alejado del cargo en 1997, medida que fue vigorosamente rechazada por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger. Meses antes de que éste cesara en el cargo, el Cardenal Ratzinger lo alentó diciéndole: ¡Resista, Maestro, resista!. Siendo ya Papa Benedicto XVI creó a Monseñor Bartolucci Cardenal de la Santa Iglesia Romana. Traemos al blog una fabulosa entrevista concedida por Monseñor Bartolucci, cuyo contenido es de absoluta actualidad.

Maestro, la reciente publicación del Motu Proprio “Summorum Pontificum” ha traído un soplo de aire fresco en el desolador panorama litúrgico que nos rodea; también usted puede ahora, por lo tanto, celebrar la “Misa de siempre”.
Pero, a decir verdad, yo siempre la he celebrado ininterrumpidamente, a partir de mi ordenación… tendría dificultad, en cambio, no habiéndola dicho nunca, en celebrar la Misa del rito moderno.
¿Nunca abolida, entonces?
Son las palabras del Santo Padre, aún si algunos fingen no entenderlas y si muchos en el pasado han sostenido lo contrario.
Maestro, será necesario conceder a los denigradores de la Misa antigua que esta última no es “participada”…
¡No digamos disparates! He conocido la participación de los tiempos antiguos tanto en Roma, en la Basílica, como en el mundo, como aquí abajo en el Mugello, en esta parroquia de este bello pueblo, un templo poblado de gente llena de fe y de piedad. El Domingo, en las vísperas, el sacerdote habría podido limitarse a entonar el “Deus in adiutorium meum intende” y luego ponerse a dormir sobre el asiento… los campesinos habrían continuado solos y los jefes de familia habrían pensado en entonar las antífonas.
¿Una velada polémica, Maestro, respecto al actual estilo litúrgico?
Yo no sé si, ¡ay de mí!, han estado en un funeral: “aleluya”, aplausos, frases risueñas, uno se pregunta si esta gente leyó alguna vez el Evangelio; Nuestro Señor mismo lloró sobre Lázaro y su muerte. Aquí, con este sentimentalismo insípido, no se respeta ni siquiera el dolor de una madre. Yo les habría mostrado cómo asistía el pueblo a una Misa de difuntos, con qué compunción y devoción se entonaba aquel magnífico y tremendo “Dies Irae”.
¿La reforma no ha sido hecha por gente consciente y doctrinalmente formada?
Discúlpeme, pero la reforma ha sido hecha por gente árida, se lo repito, árida. Y yo los he conocido. En cuanto a la doctrina, el Cardenal Ferdinando Antonelli, de venerada memoria, solía decir a menudo: “¿qué hacemos liturgistas que no conocen la teología?”.
 Estamos de acuerdo con usted, Monseñor, pero es cierto también que la gente no entendía…
Queridísimos amigos, ¿han leído alguna vez a San Pablo?: “no importa saber más allá de lo necesario”, “es necesario amar el conocimiento ‘ad sobrietatem’”. De aquí a algunos años se intentará entender la transubstanciación como se explica un teorema de matemática. ¡Pero si ni siquiera el sacerdote puede comprender hasta el fondo tal misterio!
¿Pero cómo se llegó, entonces, a esta distorsión de la liturgia?
Fue una moda, todos hablaban, todos “renovaban”, todos pontificaban, en la estela del sentimentalismo, de reformas. Y las voces que se levantaban en defensa de la Tradición bimilenaria de la Iglesia eran hábilmente calladas. Se inventó una especie de “liturgia del pueblo”… cuando escuchaba estas frases, me venían en mente las palabras de mi profesor del seminario que decía: “la liturgia es del clero para el pueblo”, ella desciende de Dios y no sale desde abajo. Debo reconocer, sin embargo, que aquel aire hediondo se ha hecho menos denso. Las jóvenes generaciones de sacerdotes son, tal vez, mejores que las que las han precedido, no tienen los furores ideológicos dominados por un modernismo iconoclasta, están llenos de buenos sentimientos pero les falta formación.
¿Qué quiere decir, Maestro, con que “les falta formación”?
¡Quiero decir que queramos los seminarios! Hablo de aquellas estructuras que la sabiduría de la Iglesia había cincelado elegantemente durante los siglos. No se da cuenta de la importancia del seminario: una liturgia vivida, los momentos del año son vividos “socialmente” con los hermanos… el Adviento, la Cuaresma, las grandes fiestas que siguen a la Pascua. Todo esto educa, ¡y no se imagina cuánto! Una retórica tonta dio la imagen de que el seminario arruina al sacerdote, de que los seminaristas, alejados del mundo, permanecen encerrados en sí mismos y distantes de la gente. Todas fantasías para disipar una riqueza formativa plurisecular y para remplazarla luego con nada.
Retornando a la crisis de la Iglesia y al cierre de muchos seminarios, ¿Usted es partidario de un retorno a la continuidad de la Tradición?
Mire, defender el rito antiguo no es ser del pasado sino ser “de siempre”. Vea, se comete un error cuando a la misa tradicional se la llama “Misa de San Pío V” o “Tridentina”, como si fuese la Misa de una época particular: es nuestra Misa, la romana, es universal en los tiempos y en los lugares, una única lengua desde la Oceanía hasta el Ártico.
Por lo que respecta a la continuidad en los tiempos, quisiera contarles un episodio. Una vez estábamos reunidos en compañía de un Obispo, cuyo nombre no recuerdo, en una pequeña iglesia del Mugello, y llegó la noticia de la repentina muerte de un hermano nuestro, propusimos celebrar enseguida una Misa pero nos dimos cuenta de que sólo había misales antiguos. El Obispo rechazó categóricamente celebrar. No lo olvidaré nunca y reitero que la continuidad de la liturgia implica que, salvo minucias, se pueda celebrar hoy con aquel viejo misal polvoriento tomado de un estante y que hace cuatro siglos sirvió a un predecesor mío en el sacerdocio.
Monseñor, se habla de una “reforma de la reforma” que debería limar las deformaciones que vienen de los años sesenta...
La cuestión es bastante compleja. Que el nuevo rito tenga deficiencias es ya una evidencia para todos y el Papa ha dicho y escrito varias veces que debería “mirar al antiguo”; sin embargo, Dios nos guarde de la tentación de los líos híbridos; la Liturgia, con la “ele” mayúscula, es la que nos viene de los siglos, ella es la referencia, no se la debe corromper con compromisos “a Dio spiacenti e a l’inimici sui” [que desagradan a Dios y a sus enemigos].
¿Qué quiere decir, Maestro?
Tomemos, como ejemplo, las innovaciones de los años sesenta. Algunas “canciones populares” beat y horribles y tan de moda en las iglesias en el ’68, hoy ya son trozos de arqueología; cuando se renuncia a la perennidad de la tradición para hundirse en el tiempo, se está condenado al cambiar de las modas. Me viene a la mente la Reforma de Semana Santa de los años cincuenta, hecha con una cierta prisa bajo un Pío XII ya cansado. Y bien, sólo algunos años después, bajo el pontificado de Juan XXIII (quien, más allá de lo que se diga, en liturgia era de un tradicionalismo convencido y conmovedor), me llegó una llamada de Mons. Dante, ceremoniero del Papa, que me pedía preparar el “Vexilla Regis” para la inminente celebración del Viernes Santo. Respondí: “pero lo han abolido”. Se me respondió: “el Papa lo quiere”. En pocas horas, organicé las repeticiones de canto y, con gran alegría, cantamos de nuevo lo que la Iglesia había cantado por siglos en aquel día. ¡Todo esto para decir que, cuando se hacen desgarros en el tejido litúrgico, esos agujeros son difíciles de cubrir y se ven! Nuestra liturgia plurisecular debemos contemplarla con veneración y recordar que, en el afán de “mejorarla”, corremos el riesgo de hacerle sólo daños.
Maestro, ¿qué papel tuvo la música en este proceso?
Tuvo un rol importante por varias razones. El melindroso cecilianismo, al cual ciertamente Perosi no fue ajeno, introdujo con sus aires pegadizos un sentimentalismo romántico nuevo, que nada tenía que ver con aquella densidad elocuente y sólida de Palestrina. Ciertas extravagancias de Solesmes habían cultivado un gregoriano susurrado, fruto también de aquella pseudo restauración medievalizante que tanta suerte tuvo en el siglo XIX.
Cundía la idea de la oportunidad de una recuperación arqueológica, tanto en música como en liturgia, de un pasado lejano del cual nos separaban los así llamados “siglos oscuros” del Concilio de Trento… Arqueologismo, en resumen, que no tiene nada que ver con la Tradición y que quiere restaurar lo que tal vez nunca ha existido. Un poco como ciertas iglesias restauradas en estilo “pseudo-románico” por Viollet-le-Duc.
Por lo tanto, entre un arqueologismo que quería remitirse al pasado apostólico, prescindiendo de los siglos que nos separan de ellos, y un romanticismo sentimental, que desprecia la teología y la doctrina en una exaltación del “estado de ánimo”, se preparó el terreno para aquella actitud de suficiencia respecto a lo que la Iglesia y nuestros Padres nos habían transmitido.
 ¿Qué quiere decir, Monseñor, cuando en el ámbito musical ataca a Solesmes?
Quiero decir que el canto gregoriano es modal, no tonal; es libre, no ritmado, no es “uno, dos tres, uno dos tres”; no se debía despreciar el modo de cantar de nuestras catedrales para sustituirlo con un susurro pseudo-monástico y afectado. No se interpreta un canto del Medioevo con teorías de hoy sino que se lo toma como ha llegado hasta nosotros; además, el gregoriano sabía ser también canto de pueblo, cantando con fuerza nuestro pueblo expresaba su fe. Esto Solesmes no lo entendió, pero todo esto sea dicho reconociendo el gran y sabio trabajo filológico que hizo con el estudio de los manuscritos antiguos.
Maestro, ¿en qué punto estamos, entonces, de la restauración de la música sagrada y de la liturgia?
No niego que haya algunos signos de restablecimiento. Sin embargo, veo el persistir de una ceguera, casi una complacencia por todo lo que es vulgar, grosero, de mal gusto e incluso doctrinalmente temerario… No me pida, por favor, que dé un juicio sobre las “chitarrine” y sobre las “tarantelle” que todavía nos cantan durante el ofertorio… El problema litúrgico es serio, no se debe escuchar a aquellas voces que no aman a la Iglesia y que se lanzan contra el Papa. Y si se quiere sanar al enfermo, hay que recordar que el médico piadoso hace la llaga purulenta…