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23 de octubre de 2014

ACUDIR AL APÓSTOL SAN PEDRO



Ya que en la piedra inmortal de tu nombre
quiso el Señor afirmar nuestra vida
y edificar con su mano escondida
la verdadera morada del hombre; 

Ya que tan sólo las llaves seguras
que Jesucristo te puso en las manos
pueden abrir a los seres humanos
la bendición de las puertas más puras;

Ya que tu barca es el único leño
que en el naufragio de todas las cosas
flota feliz en las aguas furiosas
para salvar a las almas sin dueño;

Ya que en las olas que el mundo levanta
sobre el dolor de la humana conciencia
sólo es posible esperar con paciencia
en la virtud de tu red sacrosanta;

Pídele a Dios que nos dé con tu llanto
la contrición con que hollaste a la muerte,
antes que el gallo final nos despierte
con el reproche sin fin de su canto;

Que con tu fe que ante nadie se arredra
nos asegure en la tierra cambiante
para que nuestra virtud se levante
con la firmeza de un muro de piedra;

Que nos dispute al abismo del mundo
con el afán de tu red milagrosa
y que en la paz de tu barca gloriosa
tenga lugar nuestro amor vagabundo;

Que nos infunda tu inmensa esperanza
y tu confianza robusta y sencilla
para buscar en tu barca la orilla
que solamente a su bordo se alcanza;

Y que tu barca segura y certera
siga en la noche el mejor derrotero
para llegar por el mar traicionero
a la ribera en que Dios nos espera.
Francisco Luis Bernárdez:

EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO


Del Matrimonio

1º. Naturaleza del Sacramento del Matrimonio

831. ¿Qué es el sacramento del Matrimonio? El Matrimonio es un sacramento instituido por nuestro Señor Jesucristo, que establece una santa e indisoluble unión entre el hombre y la mujer y les da gracia para amarse uno a otro santamente y educar cristianamente a los hijos.
832. ¿Por quién fue instituido el Matrimonio? El matrimonio fue instituido por el mismo Dios en el paraíso terrenal y en el Nuevo Testamento fue elevado por Jesucristo a la dignidad de sacramento.
833. ¿Tiene alguna particular significación el sacramento del Matrimonio? El sacramento del Matrimonio significa la indisoluble unión de Jesucristo con la santa Iglesia, su esposa y madre nuestra amantísima.
834. ¿Por qué se dice que el vínculo del matrimonio es indisoluble? Se dice que el vínculo del matrimonio es indisoluble o que no puede desatarse si no es por la muerte de uno de los cónyuges, porque así lo estableció Dios desde el principio y así lo proclamó solemnemente nuestro Señor Jesucristo.
835. En el matrimonio cristiano, ¿puede el contrato separarse del sacramento? No, señor; en el matrimonio entre cristianos el contrato no puede separarse del sacramento, porque para ellos no es otra cosa el matrimonio que el mismo contrato natural elevado por Jesucristo a la dignidad de sacramento.
836. ¿No puede, por consiguiente, entre cristianos haber verdadero matrimonio que no sea sacramento? Entre cristianos no puede haber verdadero matrimonio que no sea sacramento.
837. ¿Qué efectos produce el sacramento del Matrimonio? El sacramento del Matrimonio:
1º. Acrecienta la gracia santificante.
2º. Confiere gracia especial para cumplir todos los deberes matrimoniales.

2º. Ministros, rito y disposiciones

838. ¿Cuáles son los ministros de este sacramento? Los ministros de este sacramento son los mismos esposos, los cuales recíprocamente confieren y reciben el sacramento.
839. ¿De qué manera se administra este sacramento? Este sacramento, como conserva la naturaleza del contrato, se administra por los mismos contrayentes con declarar en presencia de su párroco o del sacerdote a quien él delegare y de dos testigos, que se unen en matrimonio.
840. ¿De qué sirve, pues, la bendición que da el párroco a los desposados? La bendición que da el párroco a los desposados no es necesaria para constituir el sacramento, pero sirve para sancionar la unión de los mismos en nombre de la Iglesia y para atraer sobre ellos más copiosamente las bendiciones de Dios.
841. ¿Qué intención ha de tener quien contrae matrimonio? Quien contrae matrimonio ha de tener intención:
1º. De hacer la voluntad de Dios que le llama a tal estado.
2º. De procurar en él la santificación de su propia alma.
3º. De educar cristianamente a los hijos, si Dios se los diere.
842. ¿Cómo se dispondrán los novios para recibir con fruto el sacramento del Matrimonio?Los novios, para recibir con fruto el sacramento del Matrimonio:
1º. Han de encomendarse de corazón a Dios para conocer su voluntad y alcanzar de Él las gracias necesarias en tal estado.
2º. Han de consultar a sus respectivos padres antes de hacer ninguna promesa, como lo exige la obediencia y respeto que se les debe.
3º. Han de prepararse con una buena confesión, y aun general de toda su vida, si fuera menester.
4º. Deben apartarse de toda peligrosa familiaridad en el trato mutuo, ya de palabra, ya de obra.
843. ¿Cuáles son las principales obligaciones de las casados? Las principales obligaciones de los casados son:
1º. Guardar inviolablemente la fidelidad conyugal y portarse siempre y en todo cristianamente.
2º. Amarse uno a otro, soportarse con paciencia y vivir en paz y concordia.
3º. Si tienen hijos, pensar seriamente en proveerlos de lo necesario, darles cristiana educación y dejarles en libertad de escoger el estado a que Dios los llamare.

3º. Condiciones e impedimentos

844. ¿Qué es necesario para contraer válidamente el matrimonio cristiano? Para contraer válidamente el matrimonio cristiano es necesario estar libre de todo impedimento dirimente del matrimonio y dar libremente su consentimiento al contrato matrimonial delante del propio párroco o del Ordinario del lugar o de un sacerdote delegado por alguno de los dos, y ante dos testigos, por lo menos.
845. ¿Qué es necesario para contraer lícitamente el matrimonio cristiano? Para contraer lícitamente el matrimonio cristiano es necesario estar libre de los impedimentos impedientes del matrimonio, saber las cosas principales de la religión y hallarse en estado de gracia; de otra manera se cometería un sacrilegio.
846. ¿Qué son los impedimentos del matrimonio? Los impedimentos del matrimonio son ciertas circunstancias que hacen el matrimonio o inválido o ilícito. En el primer caso se dicen impedimentos dirimentes; en el segundo, impedimentos impedientes.
847. Traedme algún ejemplo de impedimento dirimente. Impedimentos dirimentes son, por ejemplo, la consanguinidad hasta el tercer grado inclusive, el parentesco espiritual proveniente del Bautismo, el voto solemne de castidad, la disparidad de cultos, etc.
848. Decidme algún ejemplo de impedimento impediente. Impedimentos impedientes son, por ejemplo, la diversidad de Religión entre bautizados, el voto simple de castidad, etc.
849. ¿Están obligados los fieles a manifestar a la autoridad eclesiástica los impedimentos del matrimonio que conocen? Los fieles están obligados a manifestar a la autoridad eclesiástica los impedimentos del matrimonio que conocen, y por esta causa publican los párrocos las amonestaciones o proclamas.
850. ¿Quién tiene potestad de establecer impedimentos matrimoniales, de dispensar de ellos y de juzgar de la validez del matrimonio cristiano? Sólo la Iglesia tiene potestad de poner impedimentos y de juzgar de la validez del matrimonió entre cristianos, así como sólo la Iglesia puede dispensar de los impedimentos que ella ha puesto.
851. ¿Por qué sólo la Iglesia tiene potestad de poner impedimentos y de juzgar de la validez del matrimonio? Sólo la Iglesia tiene potestad de poner impedimentos, de juzgar de la validez del matrimonio y de dispensar de los impedimentos que ella ha puesto porque, como en el matrimonio cristiano no puede el contrato separarse del sacramento, aun el contrato cae bajo la potestad de la Iglesia que es la única que recibió de Jesucristo el derecho de legislar y decidir en cosas sagrada.
852. ¿Puede la autoridad civil desatar, con el divorcio, el vínculo del matrimonio cristiano?No, señor; la autoridad civil no puede desatar el vínculo del matrimonio cristiano, porque no tiene poder para entrometerse en materia de sacramentos ni separar lo que Dios juntó.
853. ¿Qué es lo que llaman matrimonio civil? Lo que llaman matrimonio civil no es más que una formalidad prescrita por la ley a fin de dar y asegurar los efectos civiles a los casados y a sus hijos.
854. ¿Basta para un cristiano el matrimonio o contrato civil? Para un cristiano no basta el contrato civil, porque no es sacramento, y, por consiguiente, no es verdadero matrimonio.
855. ¿En qué condiciones se hallan los esposos que viven unidos sin haber contraído más que el matrimonio civil? Los esposos que viven unidos sin haber contraído más que el matrimonio civil se hallan en estado de continuo pecado mortal, y su unión será siempre ilegítima delante de Dios y de la Iglesia.
NOTA: Donde por la ley se exija la ceremonia del llamado matrimonio civil, debe este también celebrarse; pues aunque no sea sacramento ni matrimonio entre cristianos, sirve para asegurar a los contrayentes y a sus hijos los efectos civiles de la sociedad conyugal, y por esto la autoridad eclesiástica, por regla general, no permite el matrimonio religioso sin el cumplimiento de los actos prescritos por la ley civil.
* Catecismo Mayor de San Pío X

EL SACRIFICIO DE LA CRUZ


EL SACRIFICIO DE LA CRUZ.
Hemos aclarado brevemente la noción de sacrificio, primer paso necesario para seguir adelante con nuestro estudio. Puesto que el Sacrificio del Altar es sustancialmente el mismo de la Cruz, en el paso siguiente tenemos que exponer lo que nos enseña la doctrina católica sobre la Pasión de de Jesús. ¿En qué la Pasión fue un sacrificio, y como se encuentra en ella la esencia del sacrificio?

¿Fue la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo un sacrificio?

Con unanimidad, la Tradición enseña que la muerte de Cristo fue sacrificio gratísimo a Dios16. El Concilio de Trento (Ses. XXII, cap.1º) describe de esta manera el drama del Viernes Santo: El Dios y Señor nuestro [Jesucristo], se ofreció una sola vez a sí mismo a Dios Padre en el altar de la cruz, con la interposición de la muerte, a fin de realizar para ellos [los que habían de ser santificados] la eterna redención. Veamos cómo esta descripción contiene los elementos esenciales del sacrificio, tal como los vimos en los párrafos anteriores.

Destinatario y fines de la Pasión de Cristo.

El destinatario de la Pasión fue Dios Padre. El motivo esencial por el que Jesús se entregó a la Pasión fue el amor al Padre: (Cristo) padeció por amor del Padre, según las palabras del Evangelio según San Juan (14, 31): Para que sepa el mundo que amo al Padre, y que obro según el mandato que el Padre me dio, levantaos, vámonos de aquí‘, a saber, al lugar de la Pasión17. Por razón de la perfección del alma y de las virtudes de Jesús, este acto de caridad incluía necesariamente la adoración y gratitud. Sin embargo el fin esencial de la Pasión fue alcanzar la eterna redención. Sobre la Cruz Jesús expió nuestros pecados, nos amó y nos limpió de nuestros pecados por la virtud de su sangre18 y se ofreció como propiciación por nosotros –hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo19–, pidiendo por todos los hombres el perdón y la vida eterna –Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen 20–. Por tanto, es manifiesto que los fines de la Pasión corresponden con los fines de un verdadero sacrificio. Hay que notar que el Sacrificio de la Cruz fue perfectísimo y alcanzó sumamente la expiación y propiciación por los pecados del género humano: Cristo, al padecer por caridad y por obediencia, presentó a Dios una ofrenda mayor que la exigida como recompensa por todas las ofensas del género humano. Primero, por la grandeza de la caridad con que padecía. Segundo, por la dignidad de su propia vida, ofrecida como satisfacción, puesto que era la vida de Dios y del hombre. Tercero, por la universalidad de su Pasión y por la grandeza del dolor asumido (…). Y, por tal motivo, la Pasión de Cristo no fue sólo una satisfacción suficiente, sino también superabundante por los pecados del género humano, según aquellas palabras de San Juan (1 Jn. 2,2): Él es víctima de propiciación por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero21.

El sacerdote y la víctima: el mismo Cristo.

En el Sacrificio de la Cruz, el sacerdote y la víctima son uno solo: el mismo Jesús. Lo afirma claramente el Concilio de Trento –El Dios y Señor nuestro [Jesucristo], se ofreció una sola vez a sí mismo a Dios Padre en el altar de la cruz– y lo repite muchas veces la Sagrada Escritura: Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima a Dios cual incienso (de olor) suavísimo22; Yo soy el buen Pastor (…) y pongo mi vida por mis ovejas23.
Se puede decir con toda verdad que Jesús se inmoló a sí mismo porque dejó que los judíos y romanos lo mataran, mientras, siendo Dios, lo podía impedir: Cristo fue causa de su Pasión y muerte, por-que pudo impedirlas. En primer lugar, conteniendo a sus enemigos, de modo que o no quisiesen o no pudiesen matarle. En segundo lugar, porque su espíritu tenía poder para conservar la naturaleza de su cuerpo, de suerte que no recibiera ningún daño. Tal poder lo tuvo el alma de Cristo porque estaba unida al Verbo de Dios en unidad de persona (…) Por consiguiente, al no rechazar el alma de Cristo ningún daño inferido a su cuerpo, sino queriendo que su naturaleza corporal sucumbiese a tal daño, se dice que entregó su espíritu o que murió voluntariamente 24

La acción sacrificial: oblación cruenta de los sufrimientos y vida de Jesús

El mismo Jesús en la Cruz se ofreció como víctima inmaculada a Dios 25 por caridad y obediencia al Padre eterno. Derramó hasta la última gota de su sangre para manifestar la perfecta expiación de los pecados que iba a alcanzar su muerte.
Por tanto, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo cumple perfectamente con la esencia de un sacrificio: Jesús, Sumo Sacerdote, se ofreció a sí mismo como víctima, derramando su sangre hasta la última gota para alcanzarnos la vida eterna. Nos queda por ver cómo la Santa Misa renueva el Sacrificio del Viernes Santo.
R. P. Jean-Michel Gomis
NOTAS:
15 IIa IIae, c.85, a.2.
16 IIIª c.47, a.2.
17 IIIª c.47, a.2.
18 Apoc. 1, 5.
19 Rom. 5, 10.
20 Lc. 23, 34.
21 IIIª c.48, a.2.
22 Ef. 5, 2.
23 Jn. 10, 14-15.
24 IIIª c.47, a.1.

25 Pío XII, Mediator Dei (1947) nº 1.

20 de octubre de 2014

MENSAJE FINAL DEL SÍNODO

''Los Padres Sinodales, reunidos en Roma junto al Papa Francisco en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, nos dirigimos a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. Manifestamos nuestra admiración y gratitud por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor.
Nosotros, pastores de la Iglesia, también nacimos y crecimos en familias con las más diversas historias y desafíos. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y también de dificultades.
La misma preparación de esta asamblea sinodal, a partir de las respuestas al cuestionario enviado a las Iglesias de todo el mundo, nos permitió escuchar la voz de tantas experiencias familiares. Después, nuestro diálogo durante los días del Sínodo nos ha enriquecido recíprocamente, ayudándonos a contemplar toda la realidad viva y compleja de las familias.
Queremos presentarles las palabras de Cristo: ''Yo estoy ante la puerta y llamo, Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo''. Como lo hacía durante sus recorridos por los caminos de la Tierra Santa, entrando en las casas de los pueblos, Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades.
En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas. La oscuridad se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cundo se insinúan el el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia.
Ante todo, está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexión serena. Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana.
Entre tantos desafíos queremos evocar el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles.
Pensamos en las dificultades económicas causadas por sistemas perversos, originados ''en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano'', que humilla la dignidad de las personas. Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad.
Pensamos también en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias prófugas que migran sin esperanza por los desiertos, en las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones. Pensamos también en las mujeres que sufren violencia, y son sometidas al aprovechamiento, en la trata de personas, en los niños y jóvenes víctimas de abusos también de parte de aquellos que debían cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza, y en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad.
Mientras tanto, ''la cultura del bienestar nos anestesia y [?] todas estas vidas truncadas por la falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera''. Reclamamos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común.
Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie. Agradecemos a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.
También está la luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y aún en viviendas muy precarias. Brilla y calienta cuerpos y almas. Esta luz, en el compromiso nupcial de los cónyuges, se enciende con el encuentro: es un don, una gracia que se expresa ?como dice el Génesis? cuando los dos rostros están frente a frente, en una ''ayuda adecuada'', es decir semejante y recíproca. El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don. Es lo que expresa de manera sugerente la mujer del Cantar de los Cantares: ''Mi amado es mío y yo soy suya? Yo soy de mi amado y él es mío''.
El itinerario, para que este encuentro sea auténtico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. Este camino conoce también la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aun más allá del vigor y de la frescura juvenil. El amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada. Bajo esta luz, el amor conyugal, único e indisoluble, persiste a pesar de las múltiples dificultades del límite humano, y es uno de los milagros más bellos, aunque también es el más común.
Este amor se difunde naturalmente a través de la fecundidad y la generatividad, que no es sólo la procreación, sino también el don de la vida divina en el bautismo, la educación y la catequesis de los hijos. Es también capacidad de ofrecer vida, afecto, valores, una experiencia posible también para quienes no pueden tener hijos. Las familias que viven esta aventura luminosa se convierten en un testimonio para todos, en particular para los jóvenes.
Durante este camino, que a veces es un sendero de montaña, con cansancios y caídas, siempre está la presencia y la compañía de Dios. La familia lo experimenta en el afecto y en el diálogo entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas. Además lo vive cuando se reúne para escuchar la Palabra de Dios y para orar juntos, en un pequeño oasis del espíritu que se puede crear por un momento cada día. También está el empeño cotidiano de la educación en la fe y en la vida buena y bella del Evangelio, en la santidad. Esta misión es frecuentemente compartida y ejercitada por los abuelos y las abuelas con gran afecto y dedicación. Así la familia se presenta como una auténtica Iglesia doméstica, que se amplía a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Por otra parte, los cónyuges cristianos son llamados a convertirse en maestros de la fe y del amor para los matrimonios jóvenes.
Hay otra expresión de la comunión fraterna, y es la de la caridad, la entrega, la cercanía a los últimos, a los marginados, a los pobres, a las personas solas, enfermas, extrajeras, a las familias en crisis, conscientes de las palabras del Señor: ''Hay más alegría en dar que en recibir''. Es una entrega de bienes, de compañía, de amor y de misericordia, y también un testimonio de verdad, de luz, de sentido de la vida.
La cima que recoge y unifica todos los hilos de la comunión con Dios y con el prójimo es la Eucaristía dominical, cuando con toda la Iglesia la familia se sienta a la mesa con el Señor. Él se entrega a todos nosotros, peregrinos en la historia hacia la meta del encuentro último, cuando Cristo ''será todo en todos''. Por eso, en la primera etapa de nuestro camino sinodal, hemos reflexionado sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión.
Nosotros, los Padres Sinodales, pedimos que caminen con nosotros hacia el próximo Sínodo. Entre ustedes late la presencia de la familia de Jesús, María y José en su modesta casa. También nosotros, uniéndonos a la familia de Nazaret, elevamos al Padre de todos nuestra invocación por las familias de la tierra:
Padre, regala a todas las familias la presencia de esposos fuertes y sabios, que sean manantial de una familia libre y unida.

Padre, da a los padres una casa para vivir en paz con su familia.
Padre, concede a los hijos que sean signos de confianza y de esperanza y a jóvenes el coraje del compromiso estable y fiel. 
Padre, ayuda a todos a poder ganar el pan con sus propias manos, a gustar la serenidad del espíritu y a mantener viva la llama de la fe también en tiempos de oscuridad.
Padre, danos la alegría de ver florecer una Iglesia cada vez más fiel y creíble, una ciudad justa y humana, un mundo que ame la verdad, la justicia y la misericordia''.

DISCURSO DEL PAPA AL FINALIZAR EL SÍNODO



Queridos: Eminencias, Beatitudes, Excelencias, hermanos y hermanas:
¡Con un corazón lleno de reconocimiento y de gratitud quiero agradecer junto a ustedes
al Señor que nos ha acompañado y nos ha guiado en los días pasados, con la luz del Espíritu Santo!
Agradezco de corazón a S. E. Card. Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, S. E. Mons. Fabio Fabene, Sub-secretario, y con ellos agradezco al Relator S. E. Card. Peter Erdő y el Secretario Especial S. E. Mons. Bruno Forte, a los tres Presidentes delegados, los escritores, los consultores, los traductores, y todos aquellos que han trabajado con verdadera fidelidad y dedicación total a la Iglesia y sin descanso: ¡gracias de corazón!
Agradezco igualmente a todos ustedes, queridos Padres Sinodales, Delegados fraternos, Auditores, Auditoras y Asesores por su participación activa y fructuosa. Los llevare en las oraciones, pidiendo al Señor los ¡recompense con la abundancia de sus dones de su gracia!
Puedo decir serenamente que – con un espíritu decolegialidad y de sinodalidad – hemos vivido verdaderamente una experiencia de “sínodo”, un recorrido solidario, un“camino juntos”.
Y siendo “un camino” – como todo camino – hubo momentos de corrida veloz, casi de querer vencer el tiempo y alcanzar rápidamente la meta; otros momentos de fatiga, casi hasta de querer decir basta; otros momentos de entusiasmo y de ardor. Momentos de profunda consolación, escuchando el testimonio de pastores verdaderos (Cf. Jn. 10 y Cann. 375, 386, 387) que llevan en el corazón sabiamente, las alegrías y las lágrimas de sus fieles. Momentos de gracia y de consuelo, escuchando los testimonios de las familias que han participado del Sínodo y han compartido con nosotros la belleza y la alegría de su vida matrimonial. Un camino donde el más fuerte se ha sentido en el deber de ayudar al menos fuerte, donde el más experto se ha prestado a servir a los otros, también a través del debate. Y porque es un camino de hombres, también hubo momentos de desolación, de tensión y de tentación, de las cuales se podría mencionar alguna posibilidad:
La tentación del endurecimiento hostil, esto es el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos todavía aprender y alcanzar. Es la tentación de los celantes, de los escrupulosos, de los apresurados, de los así llamados “tradicionalistas” y también de los intelectualistas.
La tentación del “buenismo” destructivo, que a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causa y las raíces. Es la tentación de los “buenistas”, de los temerosos y también de los así llamados “progresistas y liberalistas”.
La tentacion de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso (Cf. Lc 4, 1-4) y también de transformar el pan en piedra , y tirárla contra los pecadores, los débiles y los enfermos (Cf. Jn 8,7) de transformarla en“fardos insoportables” (Lc 10,27).
- La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo y inclinarlo al Espíritu de Dios.
- La Tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!
Queridos hermanos y hermanas, las tentaciones no nos deben ni asustar ni desconcertar, ni mucho menos desanimar, porque ningún discípulo es más grande de su maestro; por lo tanto si Jesús fue tentado – y además llamado Belcebú (Cf. Mt 12,24) – sus discípulos no deben esperarse un tratamiento mejor.
Personalmente me hubiera preocupado mucho y entristecido si no hubieran estado estas tenciones y estas discusiones animadas; este movimiento de los espíritus, como lo llamaba San Ignacio (EE, 6) si todos hubieran estado de acuerdo o taciturnos en una falsa y quietista paz. En cambio he visto y escuchado – con alegría y reconocimiento – discursos e intervenciones llenos de fe, de celo pastoral y doctrinal, de sabiduría, de franqueza, de coraje y parresia. Y he sentido que ha sido puesto delante de sus ojos el bien de la Iglesia, de las familias y la “suprema lex”: la “salus animarum” (Cf. Can. 1752). Y esto siempre sin poner jamás en discusión la verdad fundamental del Sacramento del Matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreatividad, o sea la apertura a la vida (Cf. Cann. 1055, 1056 y Gaudium et Spes, 48).
Esta es la Iglesia, la viña del Señor, la Madre fértil y la Maestra premurosa, que no tiene miedo de aremangarse las manos para derramar el olio y el vino sobre las heridas de los hombres (Cf. Lc 10,25-37); que no mira a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar y clasificar a las personas. Esta es la Iglesia Una, Santa, Católica y compuesta de pecadores, necesitados de Su misericordia. Esta es la Iglesia, la verdadera esposa de Cristo, que busca ser fiel a su Esposo y a su doctrina. Es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos (Cf. Lc 15). La Iglesia que tiene las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos y ¡no sólo a los justos o aquellos que creen ser perfectos! La Iglesia que no se avergüenza del hermano caído y no finge de no verlo, al contrario, se siente comprometida y obligada a levantarlo y a animarlo a retomar el camino y lo acompaña hacia el encuentro definitivo con su Esposo, en la Jerusalén celeste. 
¡Esta es la Iglesia, nuestra Madre! Y cuando la Iglesia, en la variedad de sus carismas, se expresa en comunión, no puede equivocarse: es la belleza y la fuerza del sensus fidei, de aquel sentido sobre natural de la fe, que viene dado por el Espíritu Santo para que, juntos, podamos todos entrar en el corazón del Evangelio y aprender a seguir a Jesús en nuestra vida, y esto no debe ser visto como motivo de confusión y malestar.
Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte esta contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia. El Espíritu Santo que a lo largo de la historia ha conducido siempre la barca, a través de sus Ministros, también cuando el mar era contrario y agitado y los Ministros infieles y pecadores.
Y, como he osado decirles al inicio, era necesario vivir todo esto con tranquilidad y paz interior también, porque el sínodo se desarrolla cum Petro et sub Petro, y la presencia del Papa es garantía para todos.
Por lo tanto, la tarea del Papa es aquella de garantizar la unidad de la Iglesia; es aquella de recordar a los fieles su deber de seguir fielmente el Evangelio de Cristo; es aquella de recordar a los pastores que su primer deber es nutrir la grey que el Señor les ha confiado y de salir a buscar – con paternidad y misericordia y sin falsos miedos – la oveja perdida.
Su tarea es la de recordar a todos que la autoridad en la Iglesia es servicio (Cf. Mc 9,33-35) como ha explicado con claridad el Papa Benedicto XVI con palabras que cito textualmente: “la Iglesia esta llamada y se empeña en ejercitar este tipo de autoridad que es servicio, y la ejercita no a título propio, sino en el nombre de Jesucristo… a través de los Pastores de la Iglesia, de hecho, Cristo apacienta a su grey: es Él que la guía, la protege, la corrige porque la ama profundamente. Pero el Señor Jesús, Pastor supremo de nuestras almas, ha querido que el Colegio Apostólico, hoy los Obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro … participaran en este misión suya de cuidar al pueblo de Dios, de ser educadores de la fe, orientando, animando y sosteniendo a la comunidad cristiana, o como dice el Concilio, “cuidando sobre todo que cada uno de los fieles sean guiados en el Espíritu santo a vivir según el Evangelio su propia vocación, a practicar una caridad sincera y operosa y a ejercitar aquella libertad con la que Cristo nos ha librado”(Presbyterorum Ordinis, 6)… Y a través de nosotros – continua el Papa Benedicto – es que el Señor llega a las almas, las instruyen las custodia, las guía. San Agustín en su Comentario al Evangelio de San Juan dice: “Sea por lo tanto un empeño de amor apacentar la grey del Señor” (123,5); esta es la suprema norma de conducta de los ministros de Dios, un amor incondicional, como aquel del buen Pastor, lleno de alegría, abierto a todos, atento a los cercanos y premuroso con los lejanos (Cf. S. Agustín, Discurso 340, 1; Discurso 46,15), delicado con los más débiles, los pequeños, los simples, los pecadores, para manifestar la infinita misericordia de Dios con las confortantes de la esperanza(Cf. Id., Carta 95,1)” (Benedicto XVI Audiencia General, miércoles, 26 de mayo de 2010).
Por lo tanto la Iglesia es de Cristo – es su esposa – y todos los Obispos del Sucesor de Pedro, tienen la tarea y el deber de custodiarla y de servirla, no como patrones sino comoservidores. El Papa en este contexto no es el señor supremosino más bien el supremo servidor – “Il servus servorum Dei”; el garante de la obediencia , de la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y al Tradición de la Iglesia poniendo de parte todo arbitrio personal, siendo también – por voluntad de Cristo mismo – “el Pastor y Doctor supremo de todos los fieles” (Can. 749) y gozando “de la potestad ordinaria que es suprema, plena, inmediata y universal de la iglesia” (Cf. Cann. 331-334).
Queridos hermanos y hermanas, ahora todavía tenemos un año para madurar con verdadero discernimiento espiritual, las ideas propuestas y encontrar soluciones concretas a las tantas dificultades e innumerables desafíos que las familias deben afrontar; para dar respuesta a tantos desánimos que circundan y sofocan a las familias, un año para trabajar sobre la “Relatio Synodi” que es el reasunto fiel y claro de todo lo que fue dicho y discutido en esta aula y en los círculos menores.
¡El Señor nos acompañe y nos guie en este recorrido para gloria de Su nombre con la intercesión de la Virgen María y de San José! ¡Y por favor no se olviden de rezar por mí!.
(Traducción del italiano: Guillermo Ortiz y Renato Martinez)

18 de octubre de 2014

¿POR QUÉ EL SÁBADO ES EL DÍA DE LA VIRGEN?


¿Por qué la Iglesia consagró el sábado al culto de Nuestra Señora? Desde el principio de los tiempos, la Santa Madre del Creador ha sido amada y venerada al modo que Cristo deseó para Ella. A lo largo de su historia, la Esposa del Señor buscó formas de honrarla y servirla adecuadamente. Conozca, pues, el origen de esta costumbre instituida por el Papa Beato Urbano Segundo...

El Papa Beato Urbano Segundo, habiendo huido a Francia por causa del emperador Enrique Tercero, que le perseguía, celebró Concilio en Claramonte, y ordenando diversas cosas para la gobernación del clero, mandó que se rezase cada día el Oficio de Nuestra Señora, y los sábados, si no hubiese Doble o Semidoble, fuese rezado el de Ella. Fue el primer Pontífice que concedió Cruzada contra infieles. Lo dice San Antonio de Florencia en su Segunda Parte Historial.

¿Por qué se dio el día del sábado a la Virgen? Hay algunas razones y congruencias. Una es porque el día que padeció algún santo suele celebrarse su fiesta, y la Virgen, si padeció martirio, fue el Viernes y el Sábado Santo. El Viernes fue dedicado al martirio del Hijo, y vino bien que el Sábado siguiente se dedicase al martirio de la Madre.

Es otra razón que, así como en el día del sábado cesó Dios las obras de la Creación y descansó, en ninguna alma descansó así el Espíritu Santo, como en la de Cristo y en la de su Soberana Madre. En las otras almas hubo alguna repugnancia, a lo menos de Pecado Original, y algún venial, mas en la de Cristo y en la de la Virgen no hubo tal repugnancia, pues ni hubo pecado venial ni Original.

Es la tercera razón que Dios bendijo el día del Sábado; así la bienaventurada Virgen María fue bendita por las tres Personas: el Padre la bendijo escogiéndola por Hija, el Hijo la bendijo escogiéndola por madre y el Espíritu Santo la bendijo escogiéndola por esposa. El ángel la bendijo cuando la saludó, y todo el mundo la bendice, porque la reverencia y loa.

La quinta razón es porque el Sábado es medio entre el día del gozo, que es el Domingo, y el día penoso, que es el Viernes; así la Virgen es medianera entre Dios y los hombres.
Fuente: Cristiandad.org

LIBERTAD PARA ASIA BIBI



Si ante el tribunal de Lahore, en Pakistán, Asia Bibi hubiera dicho este jueves que renunciaba a su fe católica y se convertía al islam, hubiera sido puesta en libertad inmediatamente.
Pero no lo ha hecho. Asia Bibi sigue siendo cristiana.
Y por eso el tribunal que debía revisar su condena a muerte ha confirmado la pena de muerte.
Esta es una noticia triste, pero no es el final del proceso: la ejecución no se va a aplicar. Todavía podemos hacer cosas para tratar de salvarla.
  • Asia Bibi, madre de familia, fue condenada a muerte hace cinco años por un tribunal de primera instancia, en aplicación de la ley antiblasfemia y con la única "prueba" de un clérigo musulmán que decía que unas vecinas le habían dicho que habían visto a la acusada bebiendo de una fuente y ofendiendo a Mahoma.
  • El tribunal superior de Lahore, en el Estado del Punjab paquistaní, es el tribunal de segunda instancia. Y este jueves ha revisado el recurso contra la pena capital presentado por Asia Bibi. 
  • En lugar de dejarla en libertad a la vista de que no hay ninguna prueba que permita aplicar la ley antiblasfemia, el tribunal ha persistido en la opción más radical y talibán de la ley y ha confirmado la pena de muerte. El fallo se ha producido tras una vista en la que, sin razón que lo justifique, han aparecido en la sala una veintena de mulás (clérigos islámicos). Su presencia ha podido tener un claro efecto intimidatorio sobre los jueces, que al verlos rápidamente han suspendido todas las audiencias previstas para la mañana del jueves con el fin de tratar a la mayor velocidad posible el caso de Asia Bibi.
  • La condena a muerte se ha confirmado pero no se ejecutará de momento porque queda una tercera y última instancia a la que apelar: el tribunal supremo de Pakistán. Los abogados disponen ahora de 30 días para presentar el recurso ante el supremo paquistaní.
  • Desde Pakistán, fuentes del entorno de Asia Bibi trasladan esta petición: “Por favor, mantened vuestras oraciones y el apoyo para salvar la vida de Asia Bibi hasta que no nos queden fuerzas”.
  • Este jueves MasLibres.org se ha vuelto a poner a disposición de Asia Bibi para seguir ayudándola en esta nueva y última fase legal de su juicio: seguiremos ayudando cuanto podamos a la familia, a sus abogados, y estaremos preparados para traerla a España inmediatamente en el momento en que sea puesta en libertad por el tribunal supremo de Pakistán. ¡Porque estamos convencidos de que al final se impondrá la verdad y Asia Bibi será libre!
Como primera medida, dirígete respetuosamente al presidente de la República Islámica de Pakistán, Mamnoon Hussain: envía tu mensaje pidiendo el indulto. Entregaremos todos los mensajes al Gobierno de Pakistán.
FIRMA TU PETICIÓN Y PASA ESTA ALERTA A TODOS CUANTOS PUEDAS:
http://www.hazteoir.org/alerta/62980-aun-estas-tiempo-ayudar-asia-bibi

17 de octubre de 2014

¿QUÉ ES LA SANTA MISA?


 ¿QUÉ ES LA SANTA MISA?
En el Catecismo de San Pío X leemos que la Santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y de vino en memoria del Sacrificio de la Cruz. (…) El Sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo de la Cruz (…) 7. Por lo tanto, para comprender la esencia de la Santa Misa –en la medida que se puede comprender, ya que los misterios de fe no se pueden comprender perfectamente, sino más bien exponer y delimitar–, es necesario definir la noción de sacrificio en general y la esencia del Sacrificio de la Cruz.

¿QUÉ ES UN SACRIFICIO?

En el siglo XIII, Santo Tomás no dudaba en afirmar que en cualquier época y en cualquier nación los hombres ofrecieron siempre sacrificios 8. Sin embargo, nuestra época irreligiosa, marcada por la pérdida del sentido de Dios y su reemplazo por el culto al hombre, desconoce la misma noción de sacrificio. Inspirándose de la doctrina del Doctor Común9, el Catecismo de San Pío X enseña que el sacrificio en general consiste en ofrecer una cosa sensible a Dios y destruirla de alguna manera en reconocimiento de su supremo dominio sobre nosotros y sobre todas las cosas10. Expliquemos los elementos de esta definición.

 ¿A quién se ofrece el sacrificio, y para qué?

El destinatario del sacrificio es necesariamente Dios (el Dios verdadero o un dios falso); el sacrificio es por naturaleza un acto de adoración. Es la oblación de algo exterior como testimonio de nuestra sumisión a Dios11. Con este espíritu, el pagano Traseas en el siglo Iº, condenado por Nerón a abrirse las venas, rociaba la sala con su sangre para ofrecerla en libación a Júpiter (considerado por los romanos como el dios supremo): quería manifestar que su vida sólo le pertenece a Dios, y que nadie más puede disponer de ella.
Además de la adoración el sacrificio puede tener otros fines:
- La acción de gracias (en griego: eucaristía). Se trata de agradecer a Dios por los beneficios recibidos. Por ejemplo, los romanos celebraban las victorias importantes entrando triunfalmente en Roma y yendo al templo para ofrecer sacrificios. En el Antiguo Testamento, el sacrificio del cordero pascual conmemoraba el fin de la cautividad de Egipto y el paso del Mar Rojo12.
El pedido o imprecación. Se ofrece el sacrificio con el fin de pedir algunos beneficios. En China, por ejemplo, los emperadores de la dinastía Ming iban tres veces al año al Templo de Pekín para ofrecer animales en sacrificio, pidiendo la lluvia y la protección para gobernar durante un año.
La expiación o satisfacción. Se trata de implorar el perdón divino y ofrecer víctimas para reparar las faltas cometidas. Estos sacrificios se encontraban tanto en los ritos paganos como judíos. Un sacrificio por el pecado se ofrecía todos los días en la religión del Antiguo Testamento, y una vez al año tenía lugar el sacrificio incruento del chivo expiatorio: cargándolo con todos los pecados de Israel, se lo expulsaba al desierto13. Estos sacrificios tenían por finalidad hacer a Dios favorable y propicio a los hombres, de manera que escuche sus súplicas. Por eso se habla también de propiciación.

¿Quién lo ofrece?

Los pueblos siempre nombraron a algún encargado para ofrecer a Dios el sacrificio: el sacerdote. El sacerdote es mediador, esto es, el representante de los hombres ante Dios, y a la vez el representante de Dios ante los hombres. Generalmente es consagrado durante una ceremonia ritual particular, como lo vemos en el caso del sacerdocio judío del Antiguo Testamento14

La acción sacrificial: una oblación, con destrucción de la realidad ofrecida.

El sacrificio consiste en una oblación, cruenta o incruenta, signo del sacrificio interior espiritual, con que el alma se ofrece a sí misma a Dios15. La oblación incluye la destrucción de la víctima, para manifestar el soberano dominio de Dios sobre la creación. Generalmente se presentaban oblaciones cruentas (con efusión de la sangre) en el caso de los sacrificios de expiación y propiciación: con su pecado, el hombre había merecido la muerte y la ira divina; la inmolación del animal reemplazaba la del pecador, manifestando que el hombre reconocía la gravedad de su culpa y su deseo de repararla.

La realidad ofrecida: la víctima

Las realidades ofrecidas en sacrificios fueron muy variadas a lo largo de la historia: objetos, alimentos, animales, y hasta… personas humanas. Asombra ver que casi todos los pueblos de la Antigüedad cayeron en las prácticas abominables del sacrificio humano: aztecas, babilonios, romanos, griegos, habitantes de la India, beduinos, celtas… ofrecieron sus hijos o –más a menudo– sus presos a los dioses.
R.P. Jean-Michel Gomis
Fuente: materinmaculata.wordpress.com
Notas:
7 Catecismo Mayor de San Pío X, pregunta nº 655-656.
8 IIa IIae, c. 85, a.1, s.c.
9 IIa IIae, c.85.
10 Catecismo Mayor de San Pío X, pregunta nº 653.
11 IIa IIae, c.85, a.4.
12 Éx. 12.
13 Lev. 16, 10.
14 Éx. 29.