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1 de octubre de 2014

AVE MARÍA


SUPREMI APOSTOLATUS


El apostolado supremo que Nos está confiado y las circunstancias difíciles por las que atravesamos, Nos advierten a cada momento e imperiosamente Nos empujan a velar con tanto más cuidado por la integridad de la Iglesia cuanto mayores son las calamidades que la afligen.
Por esta razón, a la vez que Nos esforzamos cuanto sea posible en defender por todos los medios los derechos de la Iglesia y en prevenir y rechazar los peligros que la amenazan y asedian, empleamos la mayor diligencia en implorar la asistencia de los divinos socorros, con cuya única ayuda pueden tener buen resultado Nuestros afanes y cuidados.
Devoción a María. El Rosario
Y creemos que nada puede conducir más eficazmente a este fin, que, con la práctica de la Religión y la piedad hacernos propicia a la excelsa Madre de Dios, la Virgen María, que es la que puede alcanzarnos la paz y dispensarnos la gracia, colocada como está por su Divino Hijo en la cúspide de la gloria y del poder, para ayudar con el socorro de su protección a los hombres que en medio de fatigas y peligros se encuentran en la Ciudad Eterna.
Por esto, y próximo ya el solemne aniversario que recuerda los innumerables y grandes beneficios que ha reportado al pueblo cristiano la devoción del Santo Rosario de María, Nos queremos que en el corriente año esta devoción sea objeto de particular atención en el mundo católico, a fin de que por la intercesión de la Virgen María obtengamos de su Divino Hijo venturoso alivio y término a Nuestros males. Por lo mismo hemos pensado, Venerables Hermanos, dirigiros estas Letras, a fin de que, conocido Nuestro propósito, excitéis con vuestra autoridad y con vuestro celo la piedad de los pueblos para que cumplan con él esmeradamente.
2. María ampara a la Iglesia en los tiempos calamitosos
En tiempos críticos y angustiosos siempre el principal y constante cuidado de los católico refugiarse bajo la égida de María y ampararse a su maternal bondad, lo cual demuestra que la Iglesia católica ha puesto siempre y con razón en la Madre de Dios toda su confianza. En efecto, la Virgen, exenta de la mancha original, escogida para ser la Madre de Dios y asociada por lo mismo a la obra de la salvación del género humano, goza cerca de su Hijo de un favor y poder tan grande, como nunca han podido ni podrán obtenerlo ni los hombres ni los Ángeles. Así, pues, ya que le es sobremanera dulce y agradable conceder su socorro y asistencia a cuantos la pidan, desde luego es de esperar que acogerá cariñosa las preces de la Iglesia universal.
Mas esta piedad tan grande y tan llena de confianza en la Reina de los cielos, nunca a brillado con más resplandor que cuando la violencia de los errores, el desbordamiento de las costumbres, o los ataques de adversarios poderosos, han parecido poner en peligro la Iglesia de Dios.
Los ejemplos de la historia
La historia antigua y moderna, y los fastos más memorables de la Iglesia recuerdan las preces públicas y privadas dirigidas a la Virgen Santísima, como los auxilios concedidos por Ella; e igualmente en muchas circunstancias la paz y tranquilidad pública, obtenidas por su intercesión. De ahí estos excelentes títulos de Auxiliadora, Bienhechora y Consoladora de los cristianos; Reina de los ejércitos y Dispensadora de la paz, con que se la ha saludado. Entre todos los títulos es muy especialmente digno de mención el de Santísimo Rosario, por el cual han sido consagrados perpetuamente los insignes beneficios que le debe la cristiandad.
Ninguno de vosotros ignora, Venerables Hermanos, cuántos sinsabores y amarguras causaron a la Santa Iglesia de Dios a fines del siglo XII los heréticos Albigenses, que, nacidos de la secta de los últimos Maniqueos llenaron de sus perniciosos errores el Mediodía de Francia, y todos los demás países del mundo latino, y llevando a todas partes el terror de sus armas, extendían por doquiera su dominio con el exterminio y la muerte.
Santo Domingo y el Rosario
Contra tan terribles enemigos, Dios suscitó en su misericordia al insigne Padre y fundador de las Orden de los Dominicos. Este héroe, grande por la integridad de su doctrina, por el ejemplo de sus virtudes y por sus trabajos apostólicos, se esforzó en pelear contra los enemigos de la Iglesia Católica, no con la fuerza ni con las armas, sino con la más acendrada fe en la devoción del Santo Rosario, que él fue el primero en propagar, y que sus hijos han llevado a los cuatro ángulos del mundo. Preveía, en efecto, por inspiración divina, que esta devoción pondría en fuga, como poderosa máquina de guerra, a los enemigos, y confundiría su audacia y su loca impiedad. Así lo justificaron los hechos. Gracias a este modo de orar, aceptado, regulado y puesto en práctica por la Orden de Santo Domingo, principiaron a arraigarse la piedad, la fe y la concordia, y quedaron destruidos los proyectos y artificios de los herejes; muchos extraviados volvieron al recto camino y el furor de los impíos fue refrenado por las armas católicas empuñadas para resistirle.


3. María de las Victorias contra los turcos
La eficacia y el poder de esa oración se experimentaron en el siglo XVI, cuando los innumerables ejércitos de los turcos estaban en vísperas de imponer el yugo de la superstición y de la barbarie a casi toda Europa. Con este motivo el Soberano Pontífice Pío V, después de reanimar en todos los Príncipes Cristianos el sentimiento de la común defensa, trató, en cuanto estaba a su alcance, en hacer propicio a los cristianos a la todopoderosa Madre de Dios y de atraer sobre ellos su auxilio, invocándola por medio del Santísimo Rosario. Este noble ejemplo que en aquellos días se ofreció a tierra y cielo, unió todos los ánimos y persuadió a todos los corazones; de suerte que los fieles cristianos dedicados a derramar su sangre y a sacrificar su vida para salvar a la Religión y a la patria, marchaban, sin tener en cuenta su número, al encuentro de las fuerzas enemigas reunidas no lejos del golfo de Corinto; mientras los que no eran aptos para empuñar las armas, cual piadoso ejército de suplicantes, imploraban y saludaban a María, repitiendo las fórmulas del Rosario, y pedían el triunfo de los combatientes.
La Soberana Señora así rogada, oyó muy luego sus preces, pues que, empeñado el combate naval en las Islas Equínadas, la escuadra de los cristianos, reportó, sin experimentar grandes bajas, una insigne victoria y aniquiló las fuerzas enemigas.
Por este motivo, el mismo Santo Pontífice, en agradecimiento a tan señalado beneficio, quiso que se consagrase con una fiesta en honor de María de las Victorias, el recuerdo de ese memorable combate, y después Gregorio XIII sancionó dicha festividad con el nombre de Santo Rosario.
Asimismo en el siglo último alcanzáronse importantes victorias sobre los turcos en Temesvar, Hungría y Corfú, las cuales se obtuvieron en días consagrados a la Santísima Virgen, y terminadas las preces públicas del Santísimo Rosario. Esto inclinó a Nuestro predecesor Clemente XI a decretar para la Iglesia universal la festividad del Santísimo Rosario.
4. Los Romanos Pontífices hablan del Santo Rosario
Asi, pues, demostrado que esta forma de orar es agradable a la Santísima Virgen y tan propia para la defensa de la Iglesia y del pueblo cristiano, como para atraer toda suerte de beneficios públicos y particulares, no es de admirar que varios de Nuestros Predecesores se hayan dedicado a fomentarla y recomendarla con especiales elogios. Urbano IV aseguró que el rosario proporcionaba todos los días ventajas al pueblo cristiano; Sixto V dijo que ese modo de orar cedía en mayor honra y gloria de Dios, y que era muy conveniente para conjurar los peligros que amenazaban al mundo; León X, declaró que se había instituido contra los heresiarcas y las perniciosas herejías, y Julio III le apellidó loor de la Iglesia. San Pío V dijo también del Rosario que, con la propagación de estas preces, los fieles empezaron a enfervorizarse en la oración y que llegaron a ser hombres distintos a lo que antes eran; que las tinieblas de la herejía se disiparon, y que la luz de la fe brilló en su esplendor. Por último, Gregorio XIII declaró que Santo Domingo, había instituido el Rosario para apaciguar la cólera de Dios e implorar la intercesión de la bienaventurada Virgen María.
5. León XIII y el momento actual
Inspirado Nos en este pensamiento y en los ejemplos de Nuestros predecesores, hemos creído oportuno establecer preces solemnes, elevándolas a la SAntísima Virgen en su Santo Rosario, para obtener de Jesucristo igual socorro contra los peligros que Nos amenazan. Ya veis, Venerables Hermanos, las difíciles pruebas a que todos los días está expuesta la Iglesia; la piedad cristiana, la moralidad pública, la fe misma, que es el bien supremo y el principio de todas las virtudes, todo está amenazado cada día de los mayores peligros.
Además no sólo conocéis Nuestra difícil situación y Nuestras múltiples angustias, sino que vuestra caridad os lleva a sentir con Nos cierta unión y sociedad; pues es muy doloroso y lamentable ver a tantas almas rescatadas por Jesucristo, arrancadas a la salvación por el torbellino de un siglo extraviado y precipitadas en el abismo y en la muerte eterna. En nuestros tiempos tenemos tanta necesidad del auxilio divino como en la época en que el gran Domingo levantó el estandarte del Rosario de María, a fin de curar los males de su época. Ese gran Santo, iluminado por la luz celestial, entrevió claramente que, para curar a su siglo, ningún medio podía ser tan eficaz como el atraer a los hombres a Jesucristo, que es el camino, la verdad y la vida, impulsándolos a dirigirse a la Virgen, a quien está concedido el poder de destruir todas las herejías.
En qué consiste el Rosario
La fórmula del Santo Rosario la compuso de tal manera Santo Domingo, que en ella se recuerdan por su orden sucesivo los misterios de Nuestra salvación y en este ejercicio de meditación se incorpora la mística corona, tejida de la salutación angélica; intercalándose la oración dominical a Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Nos, que buscamos un remedio a males parecidos, tenemos derecho a creer que, valiéndonos de la misma oración que sirvió a Santo Domingo para hacer tanto bien, podremos ver desaparecer asimismo las calamidades que afligen a nuestra época.
6. Mes de Octubre y festividad consagrada al Santo Rosario
Por lo cual no sólo excitamos vivamente a todos los cristianos a dedicarse pública o privadamente y en el seno de sus familias a recitar el Santo Rosario y a perseverar en este santo ejercicio, sino que queremos que el mes de Octubre de este año se consagre enteramente a la Reina del Rosario. Decretamos por lo mismo y ordenamos que en todo el orbe católico se celebre solemnemente en el año corriente, con esplendor y con pompa la festividad del Rosario, y que desde el primer día del mes de Octubre próximo hasta el segundo día del mes de Noviembre siguiente, se recen en todas las iglesias curiales, y si los Ordinarios lo juzgan oportuno, en todas las iglesias y capillas dedicadas a la Santísima Virgen, al menos cinco decenas del Rosario, añadiendo las Letanías Lauretanas. Deseamos asimismo que el pueblo concurra a estos ejercicios piadosos, y que se celebre en ellos el santo sacrificio de la Misa, o se exponga el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles, y se de luego la bendición con el mismo. Será también de Nuestro agrado, que las cofradías del Santísimo Rosario de María lo canten procesionalmente por las calles conforme a la antigua costumbre. Y donde por razón de la circunstancias, esto no fuere posible, procúrese sustituir con la mayor frecuencia a los templos y con el aumento de las virtudes cristianas.
Las indulgencias concedidas
En gracia de los que practicaren lo que queda dispuesto, y para animar a todos, abrimos los tesoros de la Iglesia, y a cuantos asistieron en el tiempo antes designado a la recitación pública del Rosario y las Letanías, y orasen conforme a Nuestra intención, concedemos siete años y siete cuarentena de indulgencias por cada vez. Y de la misma gracia queremos que gocen los que legítimamente impedidos de hacer en público dichas preces, las hicieren privadamente. Y a aquellos que en el tiempo prefijado practicaren al menos diez veces en público o en secreto, si públicamente por justa causa no pudieren, las indicadas p reces, y purificada debidamente su alma, se acercaren a la Sagrada Comunión les dejamos libres de toda expiación y de toda pena en forma de indulgencia plenaria.
Concedemos también plenísima remisión de sus pecados a aquellos que, sea en el día de la fiesta del Santísimo Rosario, sea en los ocho días siguientes, purificada su alma por medio de la confesión se acercaren a la Sagrada Mesa y rogaren en algún templo, según Nuestra intención, a Dios y a la Santísima Virgen, por las necesidades de la Iglesia.
7. Exhortación final
¡Obrad pues, Venerables Hermanos! Cuanto más os intereséis por honrar a María y por salvar a la sociedad humana, más debéis dedicaros a alentar la piedad de los fieles hacia la Virgen Santísima, aumentando su confianza en ella. Nos consideramos que entra en los designios providenciales el que en estos tiempos de prueba para la Iglesia florezca más que nunca en la inmensa mayoría del pueblo cristiano el culto de la Santísima Virgen.
Quiera Dios que excitadas por Nuestras exhortaciones e inflamadas por vuestros llamamientos las naciones cristianas, busquen, con ardor cada día mayor, la protección de María; que se acostumbren cada vez más al rezo del Rosario, a ese culto que Nuestros antepasados tenían el hábito de practicar no sólo como remedio siempre presente a sus males, sino como noble adorno de la piedad cristiana. La celestial Patrona del género humano escuchará esas preces y concederá fácilmente a los buenos el favor de ver acrecentarse sus virtudes, y a los descarriados el de volver al bien y entrar de nuevo en el camino de salvación. Ella obtendrá que el Dios vengador de los crímenes, inclinándose a la clemencia y a la misericordia, restituya al orbe cristiano y a la sociedad, después de eliminar en lo sucesivo todo peligro, el tan apetecible sosiego.
Bendición Apostólica
Alentado por esta esperanza Nos suplicamos a Dios por la intercesión de aquélla en quien ha puesto la plenitud de todo bien, y le rogamos con todas Nuestras fuerzas, que derrame abundantemente sobre vosotros, Venerables Hermanos, sus celestiales favores. Y como prenda de Nuestra benevolencia, os damos de todo corazón a vosotros, a vuestro Clero y a los pueblos confiados a vuestros cuidados, la Bendición Apostólica.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 1º de septiembre de 1883, año sexto de Nuestro Pontificado.
León XIII, P.P.

29 de septiembre de 2014

LA TERRIBLE VISIÓN DE LEÓN XIII

En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión horrible. Después de celebrar la Santa Misa, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedó sumido en una realidad que sólo el veía. Su rostro tenia expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporó, levantó su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Que le sucede su Santidad? ¿Se siente mal?
El respondió: "¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina
¿Qué vio León XIII?  "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.

Después de media hora, llamó al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entregó una hoja de papel y le ordenó que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenia que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí él había escrito.


Oración:

"San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén."

SANCTE MICHAEL ARCHÁNGELE, DEFENDE NOS IN PRAELIO


Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires” (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y a tan “alto precio rescatados” (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstalas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo. “Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente el denominado diablo y Satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles” (Apoc. 12,.8-9).

He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de “ángel de luz” (II Cor. 11, 14) con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.

La Iglesia te venera como su guardián y patrono, se gloría que eres su defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones (Apoc. 20). 
 León XIII

18 de septiembre de 2014

AUDIENCIA DEL PAPA EMÉRITO A JÓVENES SACERDOTES PORTUGUESES

 El Papa Emérito recibió en audiencia en el Monasterio Mater Ecclesiae  a un grupo de jóvenes sacerdotes portugueses. De igual modo pudieron participar con Benedicto XVI en el rezo de las Vísperas y escuchar una disertación.
Los sacerdotes cumplimentaron a Benedicto XVI con algunos regalos y le agradecieron vivamente la gran labor de su Pontificado.






Fuente: facebook Pe. Helder Ruivi

15 de septiembre de 2014

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES



PRIMER DOLOR
LA PROFECÍA DE SIMEÓN

“Este niño está destinado en Israel para que unos caigan y otros se levanten; será signo de contradicción para que sean descubiertos los pensamientos de todos; y a ti una espada te atravesará el corazón”
Lc 2, 34-35

El Corazón Inmaculado de María es un Corazón traspasado por el dardo incandescente del amor divino y, por eso mismo, traspasado por el dolor y por el sufrimiento.
Es el torrente del amor que la inunda el fuego que alimenta su Corazón compasivo, compartiendo permanentemente las ansias, los trabajos, las penas y los sufrimientos del Corazón de Jesús en el que arden ininterrumpidamente las llamas del fuego que ha venido a traer a la tierra.
Tan sólo a la luz del amor divino podremos llegar a comprender la lógica del sufrimiento redentor y a desear vivamente ‘compadecer’ con Cristo y con María por la redención del mundo.
La suerte de los hijos se torna siempre motivo de alegría o de preocupación para la madre. El corazón materno es caja de resonancia tanto de los triunfos como de los fracasos de todos y cada uno de sus hijos. En él se reproducen como un eco todos los dolores, los sufrimientos y las penalidades de los suyos.
María, Madre de Dios y Madre de todos los hombres, sufre en su corazón el dolor por todos los que permanecen caídos en la postración del pecado, alejados de la vida de la gracia, desviados del camino de la salvación o ignorantes de la obra redentora.
La frialdad, la tibieza, el desprecio y el rechazo que anidan en tantos corazones respecto a Jesucristo y a su propuesta de salvación, son una afilada espada que atraviesa el Corazón Inmaculado de María.
Como Madre, María es portadora de vida, portadora de Cristo y desea ardientemente que todos sus hijos “tengan vida y la tengan abundante”.
¿Cuál no será su dolor por los hijos que eligen vivir “en tinieblas y sombras de muerte”, rechazando a Aquél que es la Luz y la Vida del mundo?
Asociémonos a la oración y al ofrecimiento continuo de la Virgen por la conversión de los pobres pecadores y por nuestra propia conversión.



SEGUNDO DOLOR
LA HUÍDA A EGIPTO

“Él se levantó, tomó al niño y a su madre de noche, se fue a Egipto y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo”
Mt 2, 14-15

La Sagrada Familia se pone en camino hacia una tierra lejana y extranjera, con el peso inmenso en el alma de la sentencia de muerte decretada por Herodes contra el Niño, con el corazón herido por la pena provocada por la cruel matanza de los inocentes. Una terrible y espesa oscuridad los envuelve. Es la hora de la fe, del abandono más absoluto en la voluntad de Dios.
En lo profundo del sufrimiento provocado por la huida, por las penalidades del viaje y por todos los inconvenientes de vivir en el destierro, hemos de ver la firme voluntad del Padre de que Jesús y María compartiesen las penas y los lamentos del antiguo Israel en la tierra de Egipto, la humillación de la esclavitud, la esperanza contra toda esperanza en la intervención liberadora de Dios, el deseo ardiente de la Tierra prometida, las penalidades del desierto.
El Mesías enviado hace suyos, compartiéndolos en su carne, los clamores dolorosos de su Pueblo. La Virgen Madre asume y comparte los mismos dolores del Pueblo y del Hijo amado.
Ella acompaña en el dolor del destierro a Jesús que como nuevo Moisés, desde Egipto avanzará hacia la Tierra prometida como el único y verdadero libertador de todos los hombres.
La huida a Egipto no es sólo un compartir y solidarizarse con los sufrimientos del pasado para asumirlos y vivificarlos con la gracia redentora. Es también una forma de redimir las injusticias de todos los perseguidos por el nombre de Jesús. Y, sobre todo, la remisión de todas nuestras huidas de Dios, de su amor, de su perdón y de su gracia para entregarnos al pecado.
La Madre comparte la humillación del Hijo perseguido y amenazado, que se anonada para liberar a todos los hombres de la esclavitud en la que estamos sumidos bajo la tiranía del Maligno, del mundo y del pecado.



TERCER DOLOR
JESÚS PERDIDO EN EL TEMPLO

“Pensando que estaba en la caravana, anduvieron camino de un día. Buscáronle entre parientes y conocidos, y al no hallarle, se volvieron a Jerusalén en busca suya”.
                                     Lc 2, 44-45

Tres días interminables para José y para María.
Los padres buscan desesperadamente a su hijo entre la multitud.
La angustia de no conocer su paradero, el miedo por su suerte y el nerviosismo al pasar las horas y los días sin encontrarle se clavan como afilados puñales en sus corazones.
Cuanto más tardan en encontrarle, con más ansia le buscan.
Misteriosamente, con el anhelo de encontrarle y abrazarle para nunca más soltarle, crece también el amor.
Cuanto más ansiosamente le buscan más se dan cuenta de cuánto le aman.
Jesús es la razón de su vida.
Jesús es su todo.
María y José nos enseñan con su vida a buscar, escuchar y cumplir la voluntad de Dios.
Ahora, podemos también encontrar en ellos ejemplo e inspiración para buscar a Dios con sinceridad de corazón, con amor y santa perseverancia.
Los tres días de ausencia de Jesús son profecía de la espada que atravesará el Corazón Inmaculado de María cuando el Hijo amado sea depositado en el sepulcro.
Son profecía, también del Dolor que María habrá de experimentar en su Corazón por la pérdida de los hijos engendrados al pie de la Cruz, perdidos en una vida de alejamiento de Dios, lejos de la casa y del amor del Padre, privados de los frutos de la Redención de Cristo y de la herencia del reino de los cielos.
Compartamos el Dolor de Nuestra Madre.
Busquemos cada día, tomados de su mano, el rostro de Cristo.
Busquemos con Ella a nuestros hermanos alejados para que vuelvan a la casa paterna.



CUARTO DOLOR
EL ENCUENTRO EN LA VÍA DOLOROSA

“Tomaron, pues, a Jesús, que, llevando su cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota”.
                                                 Jn 19, 16-17

Ella, que compartió la vida entera de su Hijo, segundo a segundo, desde el momento mismo de la Encarnación en su seno, había de compartir también sus postreras y amargas horas.
La primera y mejor discípula y seguidora de su propio Hijo no podía dejar de recorrer junto a Él la vía dolorosa.
María y Jesús, a lo largo de su vida, recorrieron en todo momento el mismo camino trazado para Ellos por el Padre Eterno, conforme a su voluntad y a sus planes de Redención y Salvación del género humano.
La Vía Dolorosa es un mismo y único camino para Jesús y para María en el que sus corazones alcanzan el culmen de la fusión, derramándose totalmente el uno en el otro.
Jesús no camina hacia la cruz sin María.
Jesús abre el camino, abre la Vía Dolorosa, la senda angosta y la puerta estrecha que conduce a la Vida .
María, como Madre y primera redimida, va poniendo sus pies sobre las huellas frescas  y ensangrentadas de su Hijo.
María, como Madre de todos los redimidos, es la primera en transitar por el camino abierto por Cristo, indicándonos a sus hijos el camino y atrayéndonos a todos nosotros hacia su Sacrificio Redentor.
En la Vía Dolorosa se funden las miradas de Jesús y de María anegándose en un torrente de mutua ternura y en santa complicidad de renovar y llevar hasta su culminación la consagración de la Encarnación: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad” .
Sean cuales sean las circunstancias de nuestra vía dolorosa, siempre contaremos con la presencia maternal de María.
Su mirada estará buscando la nuestra para infundirnos confianza, ánimo y valor.
Compartamos el Dolor materno de la Virgen por todos sus hijos que se  apartan del camino que conduce a la vida, transitando por sendas de pecado y de muerte.



QUINTO DOLOR
LA AGONÍA Y LA MUERTE DE JESÚS

“Era ya como la hora sexta, y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora de nona, obscurecióse el sol y el velo del templo se rasgó por medio. Jesús, dando una gran voz, dijo: Padre, en tus manos entrego mi espíritu; y diciendo esto, expiró”.
                                        Lc. 23, 44-46

Hemos de reparar en el abismo de sufrimientos que se le piden a la Madre sobre el monte Calvario.
El espeluznante martilleo de los clavos atravesando las manos y los pies de Jesús.
La ignominia de ver a su Hijo y a su Dios crucificado entre dos malhechores.
El reparto de sus vestidos después de echarlos a suerte.
Las burlas de las autoridades y del pueblo.
El escarnio de los soldados ofreciéndole vinagre.
Los insultos de uno de los malhechores crucificados.
El lamento de Jesús: “Tengo sed” , sin que la Madre pudiese apagarla.
Y el grito desgarrado de soledad y abandono: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” , sin que la Madre pudiese consolarle.
La Cruz de Jesús es también la Cruz de María.
Cada uno de los clavos traspasaron su Corazón Inmaculado, cosiéndolo a la Cruz de su Jesús.
La ignominia y las burlas soportadas por el Hijo fueron dardos que se clavaron en su alma virginal.
La sed de Jesús secó el océano de su Corazón y de su alma.
El abandono experimentado por el Hijo la hizo a Ella sentirse triplemente abandonada como Hija del Padre, como Madre del Hijo y como Esposa del Espíritu Santo.
En el Calvario la Madre agoniza con su Hijo y muere místicamente con Él.
Todo ello fue necesario para que nosotros pudiésemos nacer a la vida de la gracia.
Somos hijos del Dolor.
Somos fruto del Amor.


SEXTO DOLOR
LA LANZADA Y EL DESCENDIMIENTO

“Llegando a Jesús, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua”.
                                               Jn 19, 33-34

Quien lo había dado todo, hasta su propia vida, permitió que su amor hasta el extremo quedase expresado y rubricado en el derramamiento de su sangre hasta la última gota.
De su costado herido y traspasado mana el agua que nos lava de nuestras iniquidades y nos purifica de nuestros pecados, que han sido la causa de su muerte redentora.
De su costado abierto brota la sangre que nos alimenta y nos da vida.
“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” .
“Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna” .
La sangre de Jesús es la sangre que recibió de María la Virgen en cuyo seno fue formada su santísima Humanidad cuando el Espíritu Santo  vino sobre Ella y la virtud del Altísimo la cubrió con su sombra .
La sangre que regó el Monte Calvario y en la que son bañadas las almas de todos los redimidos es la Sangre Preciosísima de Jesús, recibida de María.
La lanza que atraviesa el costado de Jesús, rasga y abre también el Corazón de María para que del nuevo Adán y de la nueva Eva brote la vida y surja con la nueva creación un “linaje escogido” , de hombres y mujeres nuevos “muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” .
Del corazón herido de Jesús nace místicamente la Iglesia y con el agua y la sangre brotan los sacramentos que comunican la vida sobrenatural.
El Corazón de María es traspasado y herido con una espada de Dolor para que de Él nazcan todos los que van a ser sus hijos en el orden de la gracia.
La espada de Dolor abre su Corazón a su nueva maternidad.
María acoge en su regazo materno el cuerpo sin vida de Jesús y en Él estrecha y abraza a todos sus hijos muertos a la vida sobrenatural y desfigurados por la maldad del pecado, ofreciendo su Dolor incomparable para que la muerte del Hijo sea causa de vida y de salvación para sus hijos.


SÉPTIMO DOLOR
LA SEPULTURA DE JESÚS Y LA SOLEDAD DE MARÍA

“Había cerca del sitio donde fue crucificado un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual nadie aún había sido depositado. Allí, a causa de la Parasceve de los judíos, por estar cerca el monumento, pusieron a Jesús”.
                                    Jn 19, 41-42

Cuando Jesús tenía doce años desapareció durante tres días.
María, en compañía de José, lo buscó con todas sus ansias.
Ahora, nuevamente, aunque en circunstancias muy diferentes habrá de afrontar la dolorosa separación física de Jesús.
La Virgen Santísima vive su propia y desgarradora experiencia del silencio de Dios.
Una terrible y espesa noche oscura se abate sobre su alma.
Pero, María sabe ofrecer su vida y sabe ofrecerse a sí misma a Dios.
Lo ha hecho siempre y lo hace también ahora cuando se le pide todo, cuando ya no queda por pedirle nada más importante que Ella pueda dar.
¿Se siente María derrotada?
No, se siente rota por tanto Dolor.
¿Siente a su Hijo como un fracasado y derrotado?
De ninguna manera.
Ella sabe y cree firmemente que en Él ha triunfado el amor.
¿Creía y aguardaba la Madre la Resurrección del Hijo?
Nada puede aminorar sus sufrimientos que en unión con los de su Hijo contribuyen a la Redención de todos los hombres.
María, la llena de gracia, es también la Mujer con plenitud de fe.
Ella sabe esperar.
Ella espera en Dios con todas sus fuerzas.
Ella guarda en el cofre precioso de su Corazón Inmaculado todas y cada una de las palabras y de las enseñanzas de su Hijo.
Ella  cree firmemente, sin sombra de duda, que antes pasaran el cielo y la tierra que una sola de las palabras y promesas de Jesús deje de cumplirse .
El cuerpo de Jesús es depositado en el sepulcro.
Jesús sigue vivo en el templo del Corazón Inmaculado de María.
La Virgen espera, aguarda, sufre y ama.
La Virgen cree con todas sus fuerzas.

Meditaciones: P. Manuel Folgar

11 de septiembre de 2014

ENTREVISTA A MONSEÑOR SCHNEIDER


Voto Católico Colombia: En los próximos meses, obispos y cardenales se reunirán en Roma para discutir el tema de los católicos vuelos a casar, los católicos divorciados que luego se han casado por lo civil, quienes no pueden acceder a la comunión. ¿Piensa usted que es posible cambiar la aproximación pastoral en el tema de dar la comunión de los divorciados vueltos a casar, sin tocar la Doctrina y el Magisterio de la Iglesia?
Mons. Athanasius Schneider: En primer lugar quisiera decir que el sínodo no tratará en primer lugar, el tema de la admisión o la posibilidad del acceso de los católicos vueltos a casar a la santa comunión, sino que el tema del sínodo es la familia, la familia cristiana. Y este tema es uno de otros muchos temas. Pero los medios masivos, no cristianos, secularizados, y algunos grupos ideológicos al interior de la Iglesia, lo presentan ahora como el tema central.
Toda solución pastoral tiene que estar  de acuerdo a las verdades de Dios. Y en este caso tenemos la verdad de Dios, no una ley de la Iglesia, sino el sexto mandamiento: “No cometerás adulterio”. Los divorciados vueltos a casar viven en adulterio, no en un matrimonio válido, y por lo tanto, ellos están viviendo contra el sexto mandamiento, la voluntad de Dios. Y esto es lo más importante, porque la Iglesia no tiene autoridad para dar una solución pastoral (en concreto, admitir a los divorciados vueltos a casar a la santa comunión) la cual es contraria a las verdades de Dios. La única posibilidad es admitir a los divorciados vueltos a casar a la comunión cuando ellos realmente estén sinceramente arrepentidos de sus actos de adulterio al vivir juntos, y tengan un propósito fuerte de, con la gracia de Dios, evitar más pecados contra el sexto mandamiento. Es decir, vivir juntos como si fueran hermanos, pero no cometer actos reservados sólo para las parejas en matrimonio válido.
Hay personas católicas que son divorciados vueltos a casar, que se esfuerzan por vivir en su nueva unión sin cometer pecado, pero sin separarse, porque tienen hijos que cuidar. También están las personas solas que han sido abandonados por su cónyuge, que viven en castidad y no se han vuelto a casar. Entonces hay que caer en cuenta que ya hay soluciones pastorales en la Iglesia Católica. Quizás, una solución pastoral puede ser ayudar a esas parejas vueltas a casar, a vivir en continencia, invitarlas y ayudarlas, a formarse y a orar para pedir la gracia de Dios. Como lo veo, es la única solución pastoral real que corresponde con la gracia de Dios.
VCCol: Cambiando de tema, ha habido mucha controversia acerca de una entrevista publicada por un diario italiano, La Repubblica, en la que el periodista Scalfari cita al Papa hablando sobre “el problema del celibato”. No sabemos si la cita es real o inventada, pero ha habido también menciones del celibato como un problema frente a las vocaciones al sacerdocio, por parte de otros obispos de América Latina. ¿Cree usted que hay alguna relación entre el celibato y la reducción en el número de vocaciones?
Mons. Schneider: No. Completamente no, porque también hay varios grupos protestantes (como la iglesia anglicana o la iglesia luterana) donde los pastores pueden casarse y sin embargo también sufren pérdida de pastores. Incluso en algunas iglesias ortodoxas, donde los presbíteros pueden casarse, también ocurre.
No lo es, porque el celibato es el modo de vida de Jesucristo y de sus apóstoles. Aún los apóstoles que estaban casados antes de que Jesús los llamara, cuando Jesús los llamó vivieron en celibato. Todos los apóstoles, Pedro, Pablo, todos.  Y esto es una tradición apostólica, no sólo una tradición eclesiástica, más que eclesiástica, es una tradición dada por los apóstoles. En mi opinión, la Iglesia no tiene autoridad para cambiar esta ley y a hacer opcional el celibato, porque es abolirlo, abolir una ley dada por los apóstoles.
El problema no es el celibato, el problema es la fe, la fe católica, la falta de esta fe, la falta de espíritu cristiano, de espíritu apostólico. Entonces tenemos que mejorar que se viva el Espíritu de Verdad en las familias, porque el problema de las vocaciones no es el celibato sino la falta de familias católicas. Tenemos que ayudar a formar buenas familias católicas, grandes y bien educadas, y este es el semillero natural para las futuras vocaciones.
VCCol: Una de las cuestiones principales en la interpretación del Concilio Vaticano II, es la del concepto de “Libertad Religiosa”,  porque en las enseñanzas de los papas antes del concilio la libertad religiosa fue condenada, y con luego de la declaración conciliar Dignitatis Humanae la Iglesia pasó a defender el concepto de libertad religiosa. ¿Cree usted que puede haber una interpretación de ese concepto manteniendo la continuidad de la Doctrina de la Iglesia sobre la materia?
Mons. Schneider: Seguro, porque el documento mismo, Dignitatis Humanae, establece al inicio que las enseñanzas de la Iglesia concernientes a la libertad religiosa permanece invariable. Esta es la primera declaración, y entonces tenemos que interpretar Dignitatis Humanae de acuerdo a este primer principio de que la Doctrina Tradicional sobre libertad religiosa permanece invariable.
Además, esta es una declaración, es decir que no tiene un alto valor doctrinal. Es una declaración, no un decreto o una constitución. Tiene un valor de autoridad relativamente bajo, y creo que la Iglesia escogió esta expresión, de declaración, porque no es una sentencia final sobre la materia, sino sólo una declaración para ese momento histórico preciso hace 50 años, en el escenario de la persecución de los cristianos en los países comunistas. Y por eso la Iglesia, los padres conciliares, tenían que usar argumentos para convencer a gobiernos ateos de conceder la libertad religiosa, argumentos de razón natural, basados en la dignidad humana.
Es una declaración que no fue completamente perfecta, para mí, una declaración que requiere una reflexión más profunda. Por eso la Iglesia ha tenido que hacer declaraciones adicionales posteriores sobre el tema, para mantener que el error no tiene el mismo derecho que la Verdad, y que la Iglesia es única, y en una sociedad católica tiene derecho de tener una posición preeminente, porque es obra de la Verdad. Pero ahora ya no hay naciones católicas, todos los gobiernos son, digamos, ateos.
VCCol: Pero aún hay países católicos que en su Constitución reconocen a la Fe Católica como la verdadera, como Polonia, Costa Rica…
Mons. Schneider: Debemos agradecer a Dios por eso. Quisiera que hubiera más naciones católicas en América Latina y el este de Europa que volvieran sobre esto, porque ese es el sentido de la democracia cuando la mayoría de la población es católica. Por supuesto hay que tolerar a los otros cultos, lo cual la Iglesia ha enseñado siempre.
VCCol: Se ha dicho que con la abdicación del Papa Benedicto XVI se ha creado una nueva institución. ¿Cree usted que después de esto, todos los próximos papas renunciarán?
Mons. Schneider: Espero que no. No sería bueno para la Iglesia. Esta renuncia, la de Benedicto XVI, contiene en sí misma el peligro de confundir y crear cisma. No debe ser, espero que no ocurra, pero puede ser que pase. Y por lo tanto, creo que en lo posible debe evitarse la renuncia de los papas. Es una excepción en la ley, la Iglesia lo permite, pero así debe permanecer, como excepción.

Fuente: http://www.votocatolico.co/

EL ESTADO ISLÁMICO VIENE DEL INFIERNO


Monseñor Shlemon Warduni, obispo auxiliar de Bagdad de los caldeos. 

“Posiblemente esta gente del Estado Islámico viene del infierno, son peores que los demonios. Por esto hemos gritado en voz alta para pedir ayuda a todo el mundo: a los cristianos, musulmanes, ateos, a toda la gente de buena voluntad. Para que nuestro pueblo, nuestros fieles, nuestros ancianos, nuestros niños no sean maltratados de este modo duro y terrible”, expresó en declaraciones a "I Tempi" monseñor Shlemon Warduni, obispo auxiliar de Bagdad de los caldeos. 

El prelado describió de este modo las atrocidades cometidas por los yihadistas contra los cristianos y otras minorías en Irak, a quienes han decapitado o esclavizado por negarse a convertirse al islam. 

“La suerte de todos los iraquíes es la misma. Todos están inquietos, no solo los cristianos, porque no hay paz ni seguridad desde hace muchos años”, advirtió y agregó que en los últimos meses sucede algo que “nunca pudimos ni imaginar: que estos maleantes han obligado a los cristianos y a todas las minorías a huir en masa. Los cristianos viven en Mosul desde hace dos mil años”, pero ya no hay más una oración en la ciudad. 

Monseñor Warduni señaló que los miles de refugiados en el Kurdistán iraquí necesitan vivienda, comida, ropa y medicinas. “Muchos de ellos duermen bajo el sol con este calor terrible”. 

Sobre las acciones de los yihadistas, dijo que incluso se atrevieron a “robar los aretes a una niña de dos años y arrancar 15 euros de la mano de una anciana”. 

“Han sembrado el terror en los corazones de la gente. Incluso antes que entraran a la llanura del Nínive, de hecho, esos pueblos estaban casi del todo vacíos. Pedimos tantas cosas al mundo para que los cristianos y demás puedan en primer lugar vivir y luego lo puedan hacer con dignidad”, sostuvo. 

Asimismo, pidió a la comunidad internacional impedir que los yihadistas puedan adquirir más armas, así como enviar una fuerza internacional que proteja a los refugiados y “liberar nuestras villas y ciudades de las manos de estos criminales para devolvérselas a los cristianos y los miembros de otras minorías”, porque el Estado Islámico quiere “desarraigarnos de esta tierra”. 

“Cada semana se rezaba y se celebraba la misa en Mosul. Cuánta gente ahora llora: ‘Otra semana sin misa, sin participar del Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

UN SÍNODO SOBRE LA FAMILIA O UN EXTRAÑO SINCRETISMO


El Próximo mes de Octubre se va un celebrar en Roma un Sínodo sobre la Familia. Un gran número de Altas Jerarquías de la Iglesia, Obispos y Consultores de todo el mundo: El Papa como Presidente General, un Secretario General, varios Presidentes Delegados, un Relator General, un Secretario Especial, diversas Comisiones de las Iglesias Orientales Católicas, los Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, los Cardenales Jefes de los Dicasterios de la Curia Romana, los Miembros del Consejo Ordinario, otros Miembros de Nómina Pontificia, un gran número de Colaboradores y un extenso etcétera que componen en total una larga lista.
Como no podía esperarse menos, el cristiano de a pie, guardando siempre las formas y el debido respeto, tiene perfecto derecho a reflexionar y expresar su pensamiento acerca de lo que hace y dice la Jerarquía que gobierna la Iglesia a la que él pertenece. San Pablo exhortaba a los cristianos con la siguiente consigna: Examinad todas las cosas, retened lo bueno y apartaos de toda clase de mal (1 Te 5:21). Por otra parte, el Cristianismo es la Religión que más ha abogado por la búsqueda de la verdad: No os escribo porque ignoréis la verdad, sino porque la conocéis y sabéis que ninguna mentira proviene de la verdad, decía el Apóstol San Juan en su Primera Carta (2:21).
Y lo primero que se le ocurre al cristiano común que piensa, con respecto a tan enorme e importante acontecimiento eclesial es acerca de su objeto y, por supuesto, de su oportunidad. Claro que cuando la legítima Jerarquía lo convoca es porque habrán sido propuestos unos fines bien determinados, promovidos por una clara necesidad, buscando todos ellos el mejor bien de la Iglesia y lo más conveniente a la salvación de las almas. Es evidente que la Iglesia debe adaptarse a las exigencias de los tiempos y a los requerimientos de todos los lugares.
 Pero de ningún modo está obligado el cristiano de la calle a comprenderlo todo, y de ahí su legítima ansiedad a preguntarse por los últimos porqués (y también por los primeros). Tampoco le ha negado nadie algo que es tan natural al ser humano cual es la capacidad de asombrarse ante lo que presencia. Pues fue precisamente el asombro lo que motivó en los albores del pensamiento humano el nacimiento de la Filosofía. Ahora bien, nadie se atreverá a poner en duda que muchas cosas que suceden en la Iglesia actual no dejan de suscitar admiración.
Un Sínodo Universal sobre la Familia. En el que la Iglesia, según se dice, tratará de afrontar los desafíos que el mundo moderno presenta ante la Doctrina tradicional sobre la Familia. ¿Quizá una Nueva Doctrina? ¿Nuevas aportaciones que complementen y seguramente apuntalen la Doctrina tradicional de la Iglesia? ¿Un intento de añadir especificaciones que faltan en la Revelación o de suprimir otras que sobran? ¿Tal vez de cambiarlas y modificarlas? Todo ello enfocado, claro está, desde la perspectiva de las necesidades del mundo moderno, que es, en último término, el elemento determinante que ha provocado el problema.
Como puede verse, las preguntas se acumulan en número sobre el ingenuo pensamiento del cristiano corriente. La primera de las cuales es la siguiente: Si el problema, en primera y última instancia, viene determinado por las exigencias del mundo moderno, que es el que ha obligado a re--examinar los datos de la Revelación, ¿dónde queda la fe de la antigua creencia según la cual es la Palabra de Dios la que juzga y determina al mundo, y no el mundo el que juzga y determina la Palabra de Dios?
Y las preguntas podrían continuar. Una renovación y actualización de la Doctrina sobre la Familia. ¿Pues no estaba ya contenida esta Doctrina en el Nuevo Testamento, y concretamente en el Evangelio y en las Cartas de los Apóstoles?
Para lograr una cierta comprensión de la necesidad de este importante Sínodo es necesario partir de la idea según la cual la Iglesia ha formado a la Familia cristiana sobre la base de unos principios incompletos. Millones de familias cristianas han vivido durante siglos fundamentadas sobre la base de unas estructuras que ahora se descubren como erróneas o al menos como incompletas.
Claro está ---se dice ahora--- que no se trata de eso. Sino de responder a las necesidades provocadas por los nuevos desafíos con los que el mundo moderno amenaza la Doctrina de la Iglesia.
Una clara falacia que esconde, a su vez, dos grandes mentiras que en realidad se reducen a una.
En primer lugar, que no es el mundo moderno el que amenaza a la Iglesia acerca de su Doctrina sobre la Familia. Sino el mundo de siempre es el que ha amenazado y estado en constante oposición contra la Iglesia. El mundo no ha dejado en ningún momento de combatir a la Iglesia y al Evangelio predicado por ella, y de ahí que sea falso decir que es el mundo moderno el que amenaza, como si de una cosa nueva se tratara.
En segundo lugar, hablar de nuevos desafíos que se presentan contra la Familia, ante los que ---según parece--- son incapaces de dar respuesta la Revelación ante todo, y las Enseñanzas de la Iglesia de veinte siglos después, no tiene ningún sentido. ¿Quién y cómo ha sido descubierto tal problema ---un tremendo fallo en la Doctrina--- y cuándo ha sido demostrado?
Pero hay algo más que confunde al cristiano del montón, llamado por su misma situación y naturaleza a escuchar y aprender de las enseñanzas de la Iglesia Jerárquica (a este grupo de cristianos se les denominaba en la Doctrina antigua como Iglesia discente): El solo hecho de poner sobre el tapete toda esta problemática induce a pensar en dos cosas:
Tiene que ver la primera con el hecho de que la Doctrina de la Nueva Ley, que es la que induce al cristiano a vivir una vida nueva en Cristo, está incompleta; en cuanto que no ha sido capaz de adaptarse a las necesidades de todos los tiempos y lugares.
La segunda se refiere a la sospecha de la relatividad de la Revelación. Como si estuviera en lo cierto el Modernismo al asegurar que la Palabra de la Escritura tiene que adaptarse al pensamiento de los hombres, según las circunstancias de los diversos tiempos y lugares (historicismo).
Es difícil evitar la sensación, una vez reunido tan gran número de gentes provenientes de tan diversos lugares, y con tantos matices en sus creencias pretendidamente comunes, de que el Sínodo busca encontrar una soluciónconsensuada, según se dice en el argot moderno. Pero nadie ha demostrado todavía que la verdad se logre nunca a través de opiniones diversas contrastadas y consensuadas: pues de la mezcla de lo diverso, y aun de lo contrario, no puede surgir la sencillez de la verdad.
El resultado final, que es en realidad a lo que se expone el Sínodo, no es otro sino la posibilidad de aumentar la confusión y debilitar todavía más la ya vacilante fe de unos cristianos que forman parte de una Iglesia en crisis.
POR P. ALFONSO GÁLVEZ

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