miércoles 11 de noviembre de 2009

BENEDICTO XVI: MONUMENTAL CATEQUESIS SOBRE CLUNY

Queridos hermanos y hermanas,
esta mañana quisiera hablaros de un movimiento monástico que tuvo gran importancia en los siglos de la Edad Media, y que ya había nombrado en otras catequesis. Se trata de la orden de Cluny, que al principio del siglo XII, momento de su máxima expansión, contaba con casi 1.200 monasterios: ¡una cifra verdaderamente impresionante! En Cluny, precisamente hace 1.100 años, en el 910, se fundó un monasterio puesto bajo la guía del abad Bernón, después de la donación de Guillermo el Piadoso, Duque de Aquitania. En ese momento el monaquismo occidental, que floreció algunos años antes con san Benito, había decaído mucho por diversas causas: las inestables condiciones políticas y sociales debidas a las continuas invasiones y devastaciones de pueblos no integrados en el tejido europeo, la pobreza difundida y sobre todo la dependencia de las abadías de los señores locales, que controlaban todo lo que pertenecía a los territorios de su competencia. En este contexto, Cluny representó el alma de una profunda renovación de la vida monástica, para reconducirla a su inspiración original.


En Cluny se restauró la observancia de la Regla de san Benito con algunas adaptaciones ya introducido por otros reformadores. Sobre todo se quiso garantizar el lugar fundamental que debe ocupar la Liturgia en la vida cristiana. Los monjes cluniacenses se dedicaban con amor y gran cuidado la celebración de las Horas litúrgicas, al canto de los Salmos, a procesiones tan devotas como solemnes, y sobre todo, en la celebración de la Santa Misa. Promovieron la música sacra; quisieron que la arquitectura y el arte contribuyeran a la belleza y a la solemnidad de los ritos; enriquecieron el calendario litúrgico de celebraciones especiales, como, por ejemplo, al principio de noviembre, la Conmemoración de los fieles difuntos, que también nosotros hemos celebrado hace poco; incrementaron el culto de la Virgen María. Se reservó mucha importancia a la liturgia, porque los monjes de Cluny estaban convencidos de que esta era participación en la liturgia del Cielo. Y los monjes se sentían responsables de interceder ante el altar de Dios por los vivos y los difuntos, dado que muchísimos fieles les pedían con insistencia que se les recordara en la oración. Por lo demás, precisamente por este motivo había querido Guillermo el Piadoso el nacimiento de la Abadía de Cluny. En el antiguo documento, que atestigua su fundación, leemos: “Establezco con este don que en Cluny sea construido un monasterio de regulares en honor de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y que en él se recojan monjes que viven según la Regla de san Benito (…) que allí se frecuente un venerable refugio de oración con votos y súplicas, y se busque y se implore con todo deseo e íntimo ardor la vida celeste, y se dirijan al Señor asiduamente oraciones, invocaciones y súplicas”.


Para custodiar y alimentar este clima de oración, la regla cluniancense acentuó la importancia del silencio, a cuya disciplina los monjes se sometían de buen grado, convencidos de que la pureza de las virtudes, a las que aspiraban, requería un íntimo y constante recogimiento. No sorprende que bien pronto, una fama de santidad envolviera el monasterio de Cluny, y que muchas otras comunidades monásticas decidieran seguir sus costumbres. Muchos principios y Papas pidieron a los abades de Cluny que difundieran su reforma, de modo que en poco tiempo se extendió una tupida red de monasterios ligados a Cluny o con verdaderos y propios vínculos jurídicos, o con una especie de afiliación carismática. Se iba así dibujando una Europa del espíritu en las varias regiones de Francia, Italia, España, Alemania, Hungría.


El éxito de Cluny fue asegurado ante todo por la elevada espiritualidad que allí se cultivaba, pero también por algunas otras condiciones que favorecieron su desarrollo. A diferencia de cuanto había sucedido hasta entonces, el monasterio de Cluny y las comunidades dependientes de él fueron reconocidas exentas de la jurisdicción de los obispos locales y sometidas directamente a la del Romano Pontífice. Esto comportaba un vínculo especial con la sede de Pedro, y gracias precisamente a la protección y al ánimo de los Pontífices, los ideales de pureza y de fidelidad, que la reforma cluniacense pretendía perseguir, pudieron difundirse rápidamente. Además, los abades eran elegidos sin injerencia alguna por parte de las autoridades civiles, a diferencia de lo que sucedía en otros lugares. Personas verdaderamente dignas se sucedieron en la guía de Cluny y de las numerosas comunidades monásticas dependientes: el abad Otón de Cluny, de quien hablé en una catequesis hace dos meses, y otras grandes personalidades, como Aimar, Mayolo, Odilón y sobre todo Hugo el Grande, que llevaron a cabo su servicio durante largos periodos, asegurando estabilidad a la reforma emprendida y a su difusión. Además de Otón, son venerados como santos Mayolo, Odilón y Hugo.



La reforma cluniacense tuvo efectos positivos no sólo en la purificación y en el despertar de la vida monástica, y también en la vida de la Iglesia universal. De hecho, la aspiración a la perfección evangélica, representó un estímulo a combatir dos graves males que afligían a la Iglesia de aquella época: la simonía, es decir, la adquisición de cargos pastorales previo pago, y la inmoralidad del clero secular. Los abades de Cluny con su autoridad espiritual, los monjes cluniacenses que se convirtieron en obispos, alguno de ellos incluso Papas, fueron protagonistas de esta imponente acción de renovación espiritual. Y los frutos no faltaron: el celibato de los sacerdotes volvió a ser estimado y vivido, y en la asunción de los oficios eclesiásticos se introdujeron procedimientos más transparentes.


Fueron también significativos los beneficios aportados a la sociedad por los monasterios inspirados en la reforma cluniacense. En una época en la que sólo las instituciones eclesiásticas proveían a los indigentes se practicó con empeño la caridad. En todas las casas, el limosnero se dedicaba a hospedar a los viandantes y a los peregrinos necesitados, los sacerdotes y los religiosos de viaje, y sobre todo a los pobres que venían a pedir alimento y techo por algún día. No menso importantes fueron otras dos instituciones, típicas de la civilización medieval, promovidas por Cluny: las llamadas “treguas de Dios” y la “paz de Dios”. En una época fuertemente marcada por la violencia y por el espíritu de venganza, con las “treguas de Dios” se aseguraban largos periodos de no beligerancia, con ocasión de determinadas fiestas religiosas y de algunos periodos de la semana. Con la “paz de Dios” se pedía, bajo pena de una censura canónica, el respeto de las personas inermes y de los lugares sagrados.


En la conciencia de los pueblos de Europa se incrementaba así ese proceso de larga gestación, que habría llevado a reconocer, de modo cada vez más claro, dos elementos fundamentales para la construcción de la sociedad, es decir, el valor de la persona humana y el bien primario de la paz. Además, como sucedía para las demás fundaciones monásticas, los monasterios cluniacenses disponían de amplias propiedades que, puestas diligentemente a fructificar, contribuyeron al desarrollo de la economía. Junto al trabajo manual, no faltaron tampoco algunas típicas actividades culturales del monaquismo medieval, como las escuelas para niños, la puesta en marcha de bibliotecas, los scriptoria para la transcripción de los libros.

De este modo, hace mil años, cuando estaba en pleno desarrollo el proceso de formación de la identidad europea, la experiencia cluniacense, difundida en vastas regiones del continente europeo, ha aportado su contribución importante y preciosa. Reclamó la primacía de los bienes del espíritu; tuvo elevada la tensión hacia los bienes de Dios; inspiró y favoreció iniciativas e instituciones para la promoción de los valores humanos; educó a un espíritu de paz. Queridos hermanos, oremos para que todos aquellos que están preocupados por un auténtico humanismo y el futuro de Europa, sepan descubrir, apreciar y defender el rico patrimonio cultural y religioso de estos siglos.

lunes 9 de noviembre de 2009

EN SU VISITA PASTORAL, BENEDICTO XVI CONQUISTA EL CORAZÓN DE LAS GENTES DE BRESCIA, LA TIERRA DE PABLO VI

"Vivimos en tiempos en los que se advierte una verdadera “emergencia educativa”. Formar a las jóvenes generaciones, de las que depende el futuro, nunca ha sido fácil, pero en este tiempo nuestro parece haberse vuelto aún más complejo. Lo saben bien los padres, los profesores, los sacerdotes y aquellos que detentan responsabilidades educativas. Se están difundiendo una atmósfera, una mentalidad y una forma de cultura que llevan a dudar del valor de la persona, del significado de la verdad y del bien, en último término, de la bondad de la vida. Y sin embargo se advierte con fuerza una difusa sed de certezas y de valores. Es necesario entonces transmitir a las futuras generaciones algo válido, reglas sólidas de comportamiento, indicar objetivos altos hacia los que orientar con decisión la propia existencia. Aumenta la demanda de una educación capaz de hacerse cargo de las esperanzas de la juventud; una educación que sea ante todo testimonio y, para el educador cristiano, testimonio de fe".

"Giovanni Battista Montini insistía en la formación de los jóvenes, para hacerles capaces de entrar en relación con la modernidad, una relación, esta, difícil y a menudo crítica, pero siempre constructiva y dialógica. De la cultura moderna subrayaba algunas características negativas, tanto en el campo del conocimiento como en el de la acción, como el subjetivismo, el individualismo y la afirmación ilimitada del sujeto. Al mismo tiempo, sin embargo, consideraba necesario el diálogo a partir siempre de una sólida formación doctrinal, cuyo principio unificador era la fe en Cristo; una “conciencia” cristiana madura, capaz por tanto de una confrontación con todos, pero sin ceder a las modas del tiempo".

"Para el Papa Montini el joven debe ser educado a juzgar el ambiente en el que vive y actúa, a considerarse como persona y no un número en la masa: en una palabra, se le debe ayudar a tener un “pensamiento fuerte”, capaz de una “actuación fuerte”, evitando el peligro, que a veces se corre, de anteponer la acción al pensamiento y de hacer de la experiencia la fuente de la verdad. Afirmó a propósito: “la acción no puede ser luz de sí misma. Si no quiere inclinar al hombre a pensar como actúa, es necesario educarlo a actuar como piensa".

"Con valor -Montini- indicó el camino del encuentro con Cristo como experiencia educativa liberadora y única respuesta a los deseos y las aspiraciones de los jóvenes, convertidos en víctimas de la ideología. “Vosotros jóvenes de hoy , repetía, estáis embrujados por un conformismo, que puede llegar a ser habitual, un conformismo que pliega inconscientemente vuestra libertad al dominio automático de corrientes externas de pensamiento, de opinión, de sentimiento, de acción, de moda: y después, llevados por un gregarismo que os da la impresión de ser fuertes, os convertís de vez en cuando en rebeldes en grupo, en masa, a menudo sin saber por qué". "Pero después – notaba una vez más – si adquirís conciencia de Cristo, y os adherís a él... sucede que llegaréis a ser interiormente libres… sabréis para qué y para quién vivís... Y al mismo tiempo, cosa maravillosa, sentiréis nacer en vosotros la ciencia de la amistad, de la socialidad, del amor. Ya no estaréis aislados” .




"Pablo VI se definió a sí mismo "viejo amigo de los jóvenes": sabía reconocer y compartir su tormento cuando se debaten entre la voluntad de vivir, la necesidad de certeza, el anhelo del amor y el sentimiento de extravío, la tentación del escepticismo, la experiencia de la desilusión. Había aprendido a comprender su alma y recordaba que la indiferencia agnóstica del pensamiento actual, el pesimismo crítico, la ideología materialista del progreso social no bastan al espíritu, abierto a bien distintos horizontes de verdad y de vida ".


"Maestro de vida y testigo valiente de esperanza fue este venerado predecesor mío, no siempre comprendido, al contrario más de alguna vez opuesto y aislado por movimientos culturales entonces dominantes. Pero, sólido aunque físicamente frágil, condujo sin titubeos a la Iglesia; no perdió nunca la confianza en los jóvenes, renovándoles, y no sólo a ellos, la invitación a fiarse de Cristo y a seguirle en el camino del Evangelio".



*Textos tomados del Discurso de Benedicto XVI en la inauguración del Instituto Pablo VI, con motivo de su Visita Pastoral a Brescia ayer domingo.

sábado 7 de noviembre de 2009

PRIMER SÁBADO DE MES

GRAN PROMESA DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
* Revelada por la Stma.Virgen a Sor Lucía, vidente de Fátima, en Pontevedra (España) el 10 de diciembre de 1925
A todos aquellos que durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen cinco decenas del Rosario y me hagan quince minutos de compañía meditando sobre los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación.

LA LITURGIA DEBERÍA REFLEJAR LA BELLEZA DE DIOS


S.E.R. Mons. Walker Nickless. Obispo de Sioux City

"Nuestra liturgia debería irradiar verdadera belleza, reflejando la belleza de Dios mismo y de lo que Él hace por nosotros en Cristo Jesús. Debería elevar nuestra alma – en primer lugar a través del intelecto y de la voluntad, pero también por medio de nuestros sentidos y emociones – para adorar a Dios, ya que estamos teniendo parte en el culto eterno del Cielo. En este valle de lágrimas, la Liturgia debería ser la estrella polar, un lugar de maravilla y consuelo en el día a día de nuestras vidas, un lugar de luz y de elevada belleza, más allá del alcance de las sombras mundanas. Muchas personas entran en contacto con la Iglesia, y a veces con la oración y con Dios, sólo a través de la Misa dominical. ¿Acaso no deberíamos ofrecer una experiencia de belleza y trascendencia, convincentemente distinta de nuestras vidas diarias? ¿No debería ser cada faceta de nuestra ofrenda proporcionada a la realidad divina?"

OBISPO DE SAN MARINO-MONTEFELTRO: EN LAS INSTITUCIONES EUROPEAS SE ESTÁ CATALIZANDO TODO EL PEOR LAICISMO

* Comunicado del Obispo de San Marino-Montefeltro ante la sentencia condenatoria sobre la presencia del crucifijo en las escuelas públicas.
¡ESTA ES LA VOZ DEL BUEN PASTOR! ¡ESTA VOZ, SÍ LA RECONOCEN LAS OVEJAS!
La decisión tomada por la Corte de los Derechos humanos de Estrasburgo era ampliamente previsible y, en ciertos aspectos, esperada. En estas instituciones se está catalizando sustancialmente todo el peor laicismo que tiene una connotación objetivamente anticatólica y tiende a eliminar, incluso con la violencia, la presencia cristiana de la vida de la sociedad y, además, los símbolos de esta presencia. Otros ya han indicado, sobre todo la Conferencia Episcopal Italiana, la mezquindad cultural de esta decisión, la miopía, como ha dicho la Santa Sede, pero yo creo que es correcto decir que se trata de una voluntad subversiva hacia la presencia cristiana, conducida con una ferocidad sólo comparable a la aparente objetividad o neutralidad de las instituciones del derecho. Sin embargo, es también correcto – como hacían nuestros antepasados, y nosotros a menudo hemos olvidado esta lección -, que nos preguntemos si nosotros, como pueblo cristiano y, además, quisiera decir como eclesiásticos, no tenemos algunas responsabilidades por esta situación. Siempre es correcto leer en profundidad si, de algún modo, hemos corrido el riesgo de ser cómplices.El asunto de Estrasburgo, en su brutalidad, es también una consecuencia de demasiado irenismo que atraviesa al mundo católico desde hace décadas, por el cual la preocupación fundamental no es nuestra identidad sino el diálogo a toda costa, estar de acuerdo con las posiciones más distantes. Este respeto de la diversidad de las posiciones culturales y religiosas, sostenido por la idea de una sustancial equivalencia entre las diversas posiciones y religiones, que hace perder al catolicismo su absoluta especificidad. Un irenismo, un aperturismo, una voluntad de diálogo a toda costa, que es recompensada de la única manera en que el poder humano recompensa siempre estas desordenadas actitudes de compromiso: el desprecio y la violencia.Es necesario renovar la conciencia de la propia identidad, de la propia especificidad como acontecimiento humano y cristiano frente a cualquier otra posición, y prepararnos para vivir el diálogo con todas las otras posiciones, no sobre la base de una desmovilización de la propia identidad sino como expresión última, crítica, intensa, de nuestra identidad.Finalmente, resultará tal vez una prueba significativa, una prueba que puede ser formativa, una prueba por medio de la cual – como a menudo nos recuerda la tradición de los grandes Padres de la Iglesia -, Dios continúa educando a su pueblo. Pero es necesario que el juicio sea claro y no se frene en reacciones emotivas sino que se lea en profundidad la tarea que tenemos delante: recuperar nuestra identidad eclesial y comprometernos en el testimonio frente al mundo.Este acontecimiento ha impresionado profundamente al Obispo y a la Iglesia de San Marino-Montefeltro; el día 12 de noviembre, a las 18.30 hs en el Santuario del Crucificado de Talamello, el Obispo presidirá una Liturgia de reparación frente a lo que, objetivamente, es un gesto de rechazo del Crucificado. Al mismo tiempo, en las diversas realidades parroquiales de toda la Diócesis, los Párrocos han sido invitados a preparar este momento a través de oportunas iniciativas.
Pennabili, 4 de noviembre de 2009.
+ Luigi Negri
Obispo de San Marino-Montefeltro

viernes 6 de noviembre de 2009

MEMORIA HISTÓRICA: EL HOLOCAUSTO DE LA IGLESIA EN ESPAÑA

En 1939 la Iglesia emergía de una situación creada por los años de guerra (1936-39) y por los años precedentes de la República (1931-36). La nota dominante fue una persecución sistemática, denunciada solemnemente por el Papa y el Episcopado ante el mundo entero. La Constitución de la República y las leyes que la desarrollaron (1931-33) habían sometido a la Iglesia (a la institución y a los ciudadanos católicos) a los siguientes vejámenes:Privación del derecho a la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y retirada de los crucifijos. Prohibición a las Congregaciones Religiosas de ejercer la enseñanza, apenas paliada por retrasos en la ejecución y por iniciativas creadoras de nuevos colegios; en 1936 el Gobierno manda ocupar los edificios.


Detención de Religosas Adoratrices por milicianos

Disolución de las Ordenes con voto especial de obediencia al Papa, que se aplicó a la Compañía de Jesús, con nacionalización e incautación efectiva de todos sus bienes muebles e inmuebles y supresión de la vida en común. Nacionalización de todos los inmuebles de la Iglesia (templos, seminarios, conventos, etc.) y de todo el mobiliario destinado al culto. Extinción del Presupuesto del Clero, con el que se compensaban en parte las rentas de los bienes raíces anteriormente incautados: estrechez y aun miseria para el común de los sacerdotes. Leyes contra la institución familiar (secularización del matrimonio, divorcio, aborto). Precariedad en la asistencia religiosa a los católicos acogidos en centros asistenciales. Intromisión estatal en la vida de las Congregaciones. Restricción del culto fuera de los templos e incautación de los cementerios. Todo, agravado porque, al multiplicarse las arbitrariedades abusivas de autoridades subalternas, solían quedar impunes.

Imágenes profanadas y destruidas
Los Obispos de entonces resumieron así la situación: se trata a la Iglesia, no como a persona jurídica respetada, sino como a un peligro.Al llegar la guerra, la Iglesia recobró su libertad en la zona nacional. En la llamada zona roja se procedió desde el primer momento a su destrucción. La Iglesia deja de existir como institución pública reconocida. Lo que subsiste de su actividad es clandestino, especialmente en las grandes urbes, que facilitan el ocultamiento.

Quema del Colegio Ntra. Sra. de las Maravillas de los Hnos. de La Salle
Los grupos revolucionarios –socialistas, comunistas, anarquistas-, continuando lo que inició en 1934 la revolución organizada por el partido socialista, en Asturias, realizaron en forma premeditada una destrucción sistemática: con exhibición e impunidad y en gran medida como instrumentos del Estado o detentadores de su poder. Si la intensidad fue mayor en el año 1936, los efectos, con nuevas amenazas y no pocas víctimas, continuaron hasta el fin.

Templos destruidos y profanados
Se interrumpió todo culto público, toda predicación, toda publicación, toda institución y asociación religiosa. Se inutilizaron para su destino todos los edificios (iglesias, conventos, seminarios, etc.), se profanaron, se convirtieron en almacenes, mercados, cuarteles…Se quemaron o destrozaron muchas iglesias y la mayor parte de los retablos, imágenes, altares. Se requisó o dispersó el ajuar litúrgico, con pérdidas de decenas de millares de obras del patrimonio artístico. Se saquearon o incendiaron numerosos archivos y se expoliaron bibliotecas.


Detención del Cardenal Segura

Los sacerdotes y religiosos fueron acosados con voluntad de exterminio. Entre los religiosos, principalmente, los varones; pero algunas de las víctimas más tempranas fueron religiosas de clausura, como las Carmelitas de Guadalajara, declaradas Mártires por la Santa Sede. Bastaba ser sacerdote para ser asesinado, casi siempre sin apariencia de juicio y en muchísimos casos con crueldad horrenda

Iglesia de las Madres Salesas

Un jefe revolucionario afirmó en agosto de 1936: “El problema de la Iglesia…nosotros lo hemos resuelto yendo a la raíz. Hemos suprimido sus sacerdotes, las iglesias y el culto”. “La Iglesia ha sido completamente aniquilada”.


Profanación de tumbas y cadáveres
Se salvaron de morir únicamente los que lograron esconderse o los que, como presos, se beneficiaron de la moderación de algunos funcionarios.

Parodia de milicianos. Los que iban a llevar a España a la libertad...

Pasada la tormenta, y ajustados los recuentos de víctimas se comprobó que habían sido sacrificados trece obispos (no se salvó ninguno de los que permanecieron en la zona, excepto un ciego hospitalizado), y unos siete mil sacerdotes y religiosos, lo que equivale, como promedio, a un tercio del total del Clero en la zona republicana, alcanzando en algunas diócesis casi la mitad.
Al Clero hay que añadir decenas de miles de seglares, asesinados sólo por su condición de católicos piadosos o miembros de asociaciones apostólicas, sin contar los ejecutados por razones más directamente políticas.


Fusilamiento de la imagen del Sagrado Corazón

Milicianos y milicianas disfrazados de Hijas de la Caridad vitoreando a Rusia y el comunismo


* Texto: Monseñor José Guerra Campos (La Iglesia en España. Síntesis histórica)

jueves 5 de noviembre de 2009

6 DE NOVIEMBRE: ¡SANTOS MÁRTIRES DEL SIGLO XX EN ESPAÑA, ROGAD POR NOSOTROS!

ORACIÓN
Oh Dios, que enviaste a tu Hijo, para que muriendo y resucitando nos diese su Espíritu de amor. Nuestros hermanos,mártires del siglo XX en España, mantuvieron su adhesión a Jesucristo de manera tan radical y plena que les permitiste derramar su sangre por Él. Danos la gracia y la alegría de la conversión para asumir las exigencias de la fe; ayúdanos, por su intercesión,y por la de María, Reina de los mártires,a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad y a promover una viva comunión entre los miembros de tu Iglesia en España; enséñanos a comprometernos, con nuestros pastores, en la nueva evangelización haciendo de nuestras vidas testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos. Te lo pedimos por Jesucristo, el Testigo fiel y veraz, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


































CON CADA UNO DE VOSOTROS ORAMOS Y PROCLAMAMOS:

¡VIVA CRISTO REY!

lunes 2 de noviembre de 2009

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS

* En la Iglesia del Salvador de Toledo se ha celebrado la Conmemoración de los Fieles Difuntos conforme al Uso Extraordinario de la Santa Misa. Al final de cada una de las misas de rezaron tres responsos por las Benditas Almas del Purgatorio.

¡Oh Rey de infinita majestad,
que nos dais sin merecerla,
la eterna vida, salvadme
fuente de piedad!

¡Oh piadoso Jesús, acordaos
que padecísteis por mí.
No me condenéis en aquel
decisivo día!
¡Cuánto habéis sufrido en buscarme!
Para redimirme habéis querido
morir en la Cruz.
¡Oh, no sea valdío tanto trabajo!
Justo juez de las venganzas, perdonadme
antes que llegue el día en que
he de daros cuenta de mi vida.
Yo lloro mis pecados
porque me reconozco culpable;
me avergüenzo de mi mala vida;
perdonad a quien humildemente os lo pide.
Perdonasteis a la Magdalena,
y escuchasteis al buen ladrón;
me dais esperanza de perdón.

SANTO PADRE: EL MODO MÁS PROPIO DE HONRARLES ES REZAR POR ELLOS

*Palabras del Papa en la alocución del Ángelus de ayer domingo:
"Mañana, nos espera la anual Conmemoración de todos los fieles difuntos. Querría invitar a vivir esta fiesta anual según el auténtico espíritu cristiano, es decir en la luz que procede del Misterio pascual. Cristo ha muerto y resucitado y nos ha abierto el paso a la casa del Padre, el Reino de la vida y de la paz. Quien sigue a Jesús en esta vida es acogido donde Él nos ha precedido. Por tanto, mientras visitamos los cementerios, recordemos que allí, en las tumbas, reposan sólo los restos mortales de nuestros seres queridos a la espera de la resurrección final. Sus alma -como dice la Escritura- ya “están en las manos de Dios” (Sab 3, 1). Por tanto, el modo más propio y eficaz de honrarles es rezar por ellos, ofreciendo actos de fe, de esperanza y de caridad. En unión al Sacrificio eucarístico, podemos interceder por su salvación eterna, y experimentar la comunión más profunda, a la espera de reencontrarnos juntos, para gozar por siempre del Amor que nos ha creado y redimido".

EL CARDENAL PREFECTO DE LA LITURGIA CELEBRA EN LA IGLESIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE LOS PEREGRINOS EN LA CIUDAD ETERNA

Su Eminencia el Cardenal Cañizares, Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, celebró la Santa Misa de la Fiesta de Todos los Santos, conforme al Uso Extraordinario del Rito Romano, en la Iglesia de la Santísima Trinidad de los peregrinos de la ciudad de Roma.
Esta parroquia ha sido confiada a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro y en ella se aplica el Motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI. Es una parroquia personal en la que se celebra la Sagrada Liturgia conforme al Uso extrordinario y a los Libros Litúrgicos de 1962, promulgados por el Beato Juan XXIII.
Llegada de Su Eminencia a la Parroquia


Un monaguillo besa el Anillo Pastoral


Su Eminencia se reviste con los ornamentos sagrados. En la foto la tunicela.


En la sacristía, oraciones previas.


Procesión de entrada hacia el altar



Introibo ad altare Dei...
El subdiácono se dispone a leer la Epístola
Canto del Evangelio

El Pontífice escucha la proclamación del Evangelio desde el trono
A continuación, el celebrante besa el Evangeliario


Presentación de Su Eminencia

Incensación de los fieles


Comunión de los fieles



Despedida de Su Eminencia Don Antonio Cardenal Cañizares Llovera en la entrada de la parroquia