31 de marzo de 2015

MARTES SANTO

MARTES SANTO
LA HIGUERA MALDITA. — Este día vuelve de nuevo Jesús a Jerusalén muy de mañana. Quiere dirigirse al templo y confirmar allí sus últimas enseñanzas.
Claramente prevé que el desenlace de su misión va a comenzar. El mismo acaba de decir a sus discípulos: "Dentro de dos días se celebrará la Pascua y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado"1. Los discípulos que marchan en compañía de su maestro por el camino de Betania a Jerusalén quedan estupefactos al contemplar la higuera que Jesús había maldito el día anterior. Se había secado como un leño cortado, desde las raíces hasta las hojas.
Pedro se acerca a Jesús y le dice: "Maestro, mira la higuera que maldijiste; se ha secado." Jesús aprovecha la ocasión para enseñarnos que la materia está sometida al espíritu cuando éste se mantiene unido a Dios por la fe y dice: "Tened fe en Dios: en verdad os digo que cualquiera que dijere a este monte: levántate y arrójate al mar y no dudare en su corazón, mas creyere que se hará todo cuanto dijere, todo le será hecho. Por tanto os digo que todas las cosas que pidiereis en vuestra oración creed que las recibiréis; y se os darán" 2.
1 Mt. XXVI, 2.
2 Mc. X. 20-24.
JESÚS EN EL TEMPLO. — Continuando el camino, pronto se entra en la ciudad, y a penas ha llegado Jesús al templo, se le acercan los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntan: "¿Con qué poder haces estas cosas, quién te ha dado tal poder?"'. Se puede ver en el Santo Evangelio la respuesta de Jesús, así como las diversas enseñanzas que dió con ocasión de este encuentro. No hacemos más que indicar, de un modo general, el uso que hizo de las últimas horas de su vida mortal nuestro divino Redentor; la meditación del Evangelio suplirá lo que no decimos.
Como los días precedentes, sale de la ciudad por la tarde, y atravesando el monte de los Olivos, se retira a Betania, con su Madre y sus amigos.
La Iglesia lee hoy, en la Misa, el relato de la Pasión según San Marcos. En orden cronológico el Evangelio de San Marcos fue escrito después del de San Mateo: Por esta razón se da el segundo lugar a la Pasión según San Marcos. Es más corta que la de San Mateo y parece un resumen de la misma; pero se encuentran en ella ciertos detalles que son propios de este Evangelista y nos muestran las notas de un testigo ocular. Todos sabemos, en efecto, que San Marcos fue discípulo de San Pedro y que escribió su Evangelio bajo la dirección del Príncipe de los Apóstoles
1. Mc. XI , 27, 28,
En Roma se celebra la Estación en la Iglesia de Santa Prisca.
MISA
Dentro de tres días se alzará la cruz sobre el monte, sosteniendo en sus brazos al autor de nuestra salvación. En el introito de hoy, la Iglesia nos manda saludar por anticipado al trofeo de nuestra victoria y gloriarnos en él.
INTROITO
Mas a nosotros nos conviene gloriarnos de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo: en quien están nuestra salud, nuestra vida y nuestra resurrección: por el cual hemos sido salvados y libertados.
— Salmo: Compadézcase Dios de nosotros, y bendíganos: brille sobre nosotros su rostro, y tenga piedad de nosotros. —
Mas a nosotros...
En la colecta, la Iglesia pide que el santo aniversario de la Pasión del Salvador sea para nosotros fuente de misericordia, y que no se termine sin que nosotros seamos plenamente reconciliados con la divina justicia.
COLECTA
Omnipotente y sempiterno Dios: haz que celebremos los Misterios de la Pasión del Señor de tal modo, que merezcamos alcanzar nuestro perdón. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
EPISTOLA
Lección del Profeta Jeremías (XI, 18-20).
En aquellos días dijo Jeremías: Señor, tú me lo demostraste y yo lo conocí: entonces me hiciste ver sus obras. Y yo fui como un cordero manso, que llevan a degollar: y no conocí que maquinaban contra mí designios, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto, y arranquémosle de la tierra de los vivientes, y su nombre no se recuerde ya más. Pero tú, Señor de los Ejércitos, que juzgas justamente, y escrutas los riñones y los corazones, harás que yo vea tu venganza en ellos: porque a ti, Señor, Dios mío, he revelado mi causa.
LA INMOLACIÓN DEL MESÍAS. — Una vez más deja oír su voz el profeta Jeremías. Hoy nos presenta las propias palabras de sus enemigos que han conspirado para darle muerte. Todo es misterioso; se siente que el profeta es aquí figura de uno mayor que él. "Pongamos, dicen, astillas en su pan", es decir: Arrojemos un leño venenoso en su alimento para causarle la muerte.
Tal es el sentido literal cuando no se refiere más que al profeta; pero, ¡cuánto mejor se cumplen estas palabras en nuestro Redentor! La carne divina, nos dice, es el pan verdadero bajado del cielo; este Pan, este cuerpo del Hombre-Dios está destrozado, ensangrentado; los judíos le clavan sobre un madero de modo que está traspasado de dolor al mismo tiempo que este madero está completamente bañado en su sangre. Sobre este madero se inmola el Cordero de Dios; y por este sacrificio participamos del Pan celestial, que es al mismo tiempo la carne del Cordero y nuestra verdadera Pascua.
El gradual, tomado del salmo XXXIV, nos muestra el contraste de la vida humilde del Salvador con los aires amenazadores y arrogantes de sus enemigos.
GRADUAL
Pero yo, cuando ellos me molestaban, me vestía de cilicio, y humillaba mi alma con el ayuno: y mi oración se revolvía en mi seno. V/. Juzga, Señor, a los que me dañan, vence a los que me combaten, empuña las armas, y el escudo, y levántate en mi ayuda.
La Pasión según San Marcos se canta después del Gradual con los mismos ritos que se observaron en la de San Mateo.
En el Ofertorio, el Mesías pide a su Padre socorro contra las asechanzas de sus enemigos que se disponen a hacerle morir.
OFERTORIO
Guárdame, Señor, de la mano del pecador: y líbrame de los hombres inicuos.
En la Secreta, la Iglesia presenta a la divina Majestad el tributo de nuestros ayunos con la hostia santa de la cual toman su mérito y eficacia.
SECRETA
Suplicámoste, Señor, hagas que estos sacrificios, santificados con saludables ayunos, nos restauren eficazmente. Por el Señor.
Las palabras del salmista, que la Iglesia toma para la Antífona de la Comunión nos muestran la audacia siempre creciente de los enemigos del
Salvador y las disposiciones de su alma en los días que precedieron a su sacrificio.
COMUNIÓN
Hablan contra mí los que se sientan en la puerta: y cantan coplas contra mí los que beben vino: pero yo, Señor, dirijo a ti mi oración en el tiempo de tu voluntad, fiado, oh Dios, en la muchedumbre de tus misericordias.
En la Poscomunión la Iglesia pide, por los méritos del Sacrificio que acaba de renovar, el perdón completo de todos nuestros males, cuyo remedio es la sangre del Cordero divino.
POSCOMUNIÓN
Haz, oh Dios omnipotente, que con tus santos Misterios se curen nuestros vicios, y alcancemos los remedios sempiternos. Por el Señor.
Humillad vuestras cabezas delante de Dios.
ORACIÓN
Haz, Señor, que tu misericordia nos purifique de todo rastro de vejez, y nos haga capaces de la santa novedad. Por el Señor.
Dom Prosper Gueranger O.S.B.

25 de marzo de 2015

EL SÍ DEL HIJO Y EL SÍ DE LA MADRE

Celebramos en este día el Sí del Hijo de Dios y el Sí de la Madre de Dios.
Ambos acogen con veneración la voluntad amorosa del Padre eterno y responden con un Sí que destapa el divino frasco de perfume que contiene las fragancias del amor hasta el extremo, de la entrega de sí mismo,de la piedad filial y de la obediencia libre y perfecta.
Con el Sí del Hijo y de la Madre se inicia la Obra redentora del género humano;la nueva creación, más maravillosa e imponente todavía que la primera; la Nueva y Eterna Alianza de Dios con los hombres, creados a su imagen y semejanza, redimidos por la Sangre Preciosa del Hijo a quien la Madre se asocia lena y perfectamente con sus Dolores y con su transfixión al pie de la Cruz.
La íntima unión de voluntades entre el Hijo y la Madre hace posible el milagro de la Encarnación del Verbo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad Beatísima, que al asumir la naturaleza humana de la carne de María y por la Unción del Espíritu Santo es ungido y consagrado como Sumo y eterno Sacerdote, Único Mediador entre Dios y los hombres, Pontífice entre el cielo y la tierra,Redentor del género humano, Rey de Reyes y Señor de los que gobiernan.
Al tiempo que la Virgen Madre, cubierta por la sombra del Espíritu Santo, es ungida y consagrada como Madre de Dios, Esposa del Espíritu Santo, Templo y morada de la Trinidad Santísima, Mediadora y Dispensadora universal de todas las gracias, Corredentora del género humano, Madre de todos los hombres y Reina de los cielos y de la tierra.
La Obra redentora comienza con el Sí del Hijo: "Aquí estoy , oh Dios, para hacer tu voluntad". Y con el Sí de la Madre: "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".
Se trata de un Sí incondicional que entraña un abandono completo y confiado en las manos del Padre. No es un abandono a ciegas, ni inconsciente, ni tampoco temeroso. Se trata de un abandono filial, amoroso, repleto de confianza, igual que el niño se entrega en los bazos de su madre.
Un Sí responsable y consciente, sabedores de que el camino no estará exento de sufrimientos y profundas amarguras.
Un Sí dado en la intimidad y en el silencio del propio corazón, pero que terminará resonando en la tierra entera, como testimonio público de amor sin medida cuando desde lo alto del Calvario y en la cátedra de la cruz haya que pronunciar el "Consummatum est".
Se trata de un Sí que va a desencadenar una batalla terrible entre el Bien y el Mal. Un Sí que va a movilizar a todas las fuerzas infernales hasta la consumación de los siglos contra el Ungido de Dios, contra la Madre y contra los redimidos.
Pero al fin y al cabo, el Sí de ambos es el Sí de la victoria suprema.
Victoria de la Vida sobre la muerte; victoria del amor sobre el odio; victoria de la gracia sobre el pecado; victoria de la justicia sobre la opresión.
El Sí de la victoria suprema de la Verdad sobre la mentira. La victoria del cielo sobre el infierno.
Una victoria que ya es tal, pero que se irá evidenciando a través de mil batallas a lo largo de los siglos, con la sola arma de la fe.
El Sí del Hijo y de la Madre es el Sí de la humildad que aplastará la soberbia, el Sí de la Paz que ahogará el odio y la violencia, el Sí de la vida que vencerá a la muerte, el Sí del Bien que derrotará el Mal.
En el Sí del Hijo y de la Madre está el Sí del Padre a la humanidad, que conlleva su perdón y su gracia, la potencia infinita de su amor y de su misericordia.
Manuel María de Jesús F.F.

21 de marzo de 2015

SÁBADO MARIANO

¡Santísima y muy afligida Madre, Virgen de los Dolores y Reina de los Mártires! Estuviste de pie, inmóvil, bajo la Cruz, mientras moría tu Hijo.
Por la espada de dolor que te traspasó entonces, por el incesante sufrimiento de tu vida dolorosa y el gozo con que ahora eres recompensada de tus pruebas y aflicción, mírame con ternura Madre, ten compasión de mí que vengo a tu presencia para venerar tus dolores. Deposito mi petición con infantil confianza en el santuario de tu Corazón herido.
Te suplico que presentes a Jesucristo, en unión con los méritos infinitos de su Pasión y Muerte, lo que sufriste junto a la Cruz, y por vuestros méritos me sea concedida esta petición (Mencione el favor que desea).
¿A quién acudiré yo en mis necesidades y sufrimientos sino a ti, Madre de misericordia? Tan hondo bebiste del cáliz de tu Hijo que puedes compadecerte de los sufrimientos de quienes están todavía en este valle de lágrimas.
Ofrece a nuestro divino Salvador lo que Él sufrió en la Cruz para que su recuerdo le mueva a compadecerse de mí, pecador. Refugio de pecadores y esperanza de la humanidad, acepta mi petición y escúchala favorablemente, si es conforme a la voluntad de Dios.
Señor Jesucristo, te ofrezco los méritos de María, Madre tuya y nuestra, que ganó bajo la Cruz. Por su amable intercesión pueda yo obtener los deliciosos frutos de tu Pasión y Muerte.

19 de marzo de 2015

EN LA SOLEMNIDAD DE NUESTRO SANTO PATRÓN

La Solemnidad del Santo Patrón de la Fraternidad, San José, siempre estará asociada en la mente y en el corazón de cuantos  conocieron y trataron a la Madre María Elvira.
Se cumple hoy el 9º aniversario del fallecimiento de la Madre María Elvira de la Santa Cruz, Cofundadora de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina y de las Hermanas Misioneras de la Fraternidad.
Esa asociación entre la Solemnidad de San José y la Madre María Elvira está muy por encima de una coincidencia de fechas, si bien estoy plenamente convencido de que su partida de este mundo, coincidente con la fiesta de nuestro Santo Padre y Guardián San José, fue providentemente escogida por Dios nuestro Señor como una gracia para ella y también para cuantos compartíamos con ella el don del mismo carisma vocacional y apostólico en el seno de la Santa Iglesia.
Las decisiones de la Divina Providencia, que en ocasiones llegan a traspasar y romper de dolor nuestro pobre corazón humano, meditadas y guardadas día a día en lo más íntimo de nuestra alma al calor de la fe y de la esperanza terminan por ser plenamente aceptadas y estimadas como un don, fruto de la Sabiduría infinita de Dios, pero también como fruto de su amor y de su misericordia sin límites. Porque el mismo que hiere es quien venda la herida de los corazones y los acaba sanando. Y porque el Señor, en su Providencia amorosa, es el único que sabe y puede sacar de los males bienes incontables.
Humanamente la pérdida de la Madre María Elvira puede ser justamente considerada como una pérdida irreparable. Cada persona es única en su personalidad y en aquellas cualidades y gracias que ha recibido de Dios, y se convierte en un don para los otros cuando comparte su vida y su corazón con ellos.
Sin embargo, esa pérdida irreparable a nivel humano Dios la puede transformar en una gracia inmensa. Una gracia que ilumina, que fortalece, que acompaña a cuantos abren su corazón y aceptan superar ese drama apoyados en la fe, en la esperanza y en el amor de Cristo crucificado y resucitado de entre los muertos.
No puedo menos, por deber y por un agradecimiento sin medida a Dios y a la Madre María Elvira, dejar de cantar y de contar las maravillas del Señor, siempre bajo mi limitada y pobre perspectiva, aunque consciente de que lo que percibimos de las obras del Señor en lo íntimo de sus hijos más fieles y que corresponden a su gracia es siempre tan sólo la punta del iceberg.
Soy testigo privilegiado del alto grado hasta el que nuestra Hermana se entregó con el fin de corresponder al don y a la vocación que recibió del Señor para vivir como Esposa y Madre.
Esposa de Cristo, cuya aspiración más alta consistía para ella en participar de la Cruz del Esposo uniendo a la oblación de su vida a la oblación que el Sumo y Eterno Sacerdote hizo de Sí mismo desde su Encarnación hasta la consumación de su entrega en el Calvario- Consummatum est-.
La oblación comprendida y plenamente aceptada como la prueba y manifestación del amor más grande hacia el Esposo y hacia el género humano - Pro eis ego sanctifico meipsum-.
Es el culmen, el broche de oro, la coronación de la sublime vocación recibida del Amado.
Esposa de Cristo para ser al mismo tiempo Madre por la fecundidad espiritual de la acción del Espíritu, Señor y dador de vida. Un maternidad espiritual que se alimenta y se ejerce en el seno de la Iglesia Madre.
Esta maternidad fecunda, la Madre María Elvira la fue aprendiendo y desarrollando en una intimidad maravillosa de la mano de Aquella que es Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre de todos los hombres.
La Madre María Elvira fue alumna aventajada en la Escuela de María, como lo fueron las santas vírgenes cristianas. Como lo fue nuestra Santa Protectora Teresa del Niño Jesús. De tal forma que María Elvira aprendió velozmente que su vocación también consistía en ser el amor en el seno de su Madre la Iglesia. Sólo así podía corresponder a sus esponsales con Cristo y ejercitar su maternidad espiritual.
Ser el amor en el seno de la Madre Iglesia se concretizó para ella en una entrega sin reservas a Cristo vivo y victimado en la Eucaristía y a María Corredentora del género humano. Siempre con la santa pretensión de colaborar con la gracia para conformarse y asemejarse más y más al Esposo y a la Madre de misericordia.Y como fruto de ese amor, la entrega sin reservas a cuantos el Señor fue poniendo en el camino de su vida.
En su corazón maternal ocupaban un lugar especialísimo los niños, los ancianos y los más pobres. Un lugar muy particular reservaba en su corazón para los sacerdotes de Jesucristo.
Nunca he encontrado a nadie que superase a la Madre María Elvira respecto de la veneración hacia los sacerdotes. Su oración más inflamada y acompañada del ofrecimiento de sus mayores sacrificios eran especialmente reservados por ella para los ministros de Jesucristo.
En la Escuela de María aprendió a volar y voló bien alto.
Comprendió que no se es madre si no se engendra  no se transmite y no se comparte la propia  vida.
En la Escuela de María aprendió las lecciones divinas del Esposo y de la Madre: hay que morir para vivir; hay que entregar la propia vida para que otros tengan vida y la tengan en abundancia.
De esta forma quiso ofrecer su vida y aceptar con infinita paz su muerte. Como un acto de amor, como un ejercicio divino de amor maternal.
Su amor esponsal a Cristo y su amor maternal vivido hasta la consumación en el seno de la Iglesia han quedado sellados para toda la eternidad.
El vacío inmenso que ha dejado humanamente se compensa con la certeza personal de que su amor acrisolado y transfigurado es una llama viva que intercede constantemente ante Cristo Sacerdote por todos nosotros.
Ese vacío inmenso se va llenando con la esperanza de participar un día con ella y con todos los que mueren en el Señor de las alegrías de la Jerusalén celestial.
Quiera Dios y la Virgen Santísima que muchas jóvenes se decidan a seguir sus pasos, vivir su espiritualidad y ser continuadoras de su obra en el seno de la Iglesia.
Manuel María de Jesús F.F.

GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ

ORACIÓN
Oh glorioso Patriarca, San José, a Vos vengo para veneraros de corazón como al más fiel esposo de la Madre de Dios, como cabeza de la familia más santa, como padre nutricio del Hijo de Dios, y como el leal depositario de los tesoros de la Santísima Trinidad.
En vuestra persona honro la elección del Padre que quiso compartir con Vos la autoridad sobre su Unigénito Hijo; venero la elección del Hijo divino quien quería obedeceros y recibir su sustento ganado por el trabajo de vuestras manos; la elección del Espíritu Santo, quien os confió su castísima esposa.
Os ensalzo porque habéis llevado en vuestras manos al Niño Dios, estrechándole a vuestro pecho, transportado de alegría. Amén

PATRONO DE LA IGLESIA DE NUESTRO TIEMPO

28. En tiempos difíciles para la Iglesia, Pío IX, queriendo ponerla bajo la especial protección del santo patriarca José, lo declaró «Patrono de la Iglesia Católica». El Pontífice sabía que no se trataba de un gesto peregrino, pues, a causa de la excelsa dignidad concedida por Dios a este su siervo fiel, «la Iglesia, después de la Virgen Santa, su esposa, tuvo siempre en gran honor y colmó de alabanzas al bienaventurado José, y a él recurrió sin cesar en las angustias».
¿Cuáles son los motivos para tal confianza? León XIII los expone así: «Las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial Patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús (...). José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia (...). Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo».
29. Este patrocinio debe ser invocado y todavía es necesario a la Iglesia no sólo como defensa contra los peligros que surgen, sino también y sobre todo como aliento en su renovado empeño de evangelización en el mundo y de reevangelización en aquellos «países y naciones, en los que —como he escrito en la Exhortación Apostólica Post-Sinodal Christifideles laici— la religión y la vida cristiana fueron florecientes y» que «están ahora sometidos a dura prueba». Para llevar el primer anuncio de Cristo y para volver a llevarlo allí donde está descuidado u olvidado, la Iglesia tiene necesidad de un especial «poder desde lo alto» (cf. Lc 24, 49; Act 1, 8), don ciertamente del Espíritu del Señor, no desligado de la intercesión y del ejemplo de sus Santos.
30. Además de la certeza en su segura protección, la Iglesia confía también en el ejemplo insigne de José; un ejemplo que supera los estados de vida particulares y se propone a toda la Comunidad cristiana, cualesquiera que sean las condiciones y las funciones de cada fiel.
Como se dice en la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano II sobre la divina Revelación, la actitud fundamental de toda la Iglesia debe ser de «religiosa escucha de la Palabra de Dios», esto es, de disponibilidad absoluta para servir fielmente a la voluntad salvífica de Dios revelada en Jesús. Ya al inicio de la redención humana encontramos el modelo de obediencia —después del de María— precisamente en José, el cual se distingue por la fiel ejecución de los mandatos de Dios.
Pablo VI invitaba a invocar este patrocinio «como la Iglesia, en estos últimos tiempos suele hacer; ante todo, para sí, en una espontánea reflexión teológica sobre la relación de la acción divina con la acción humana, en la gran economía de la redención, en la que la primera, la divina, es completamente suficiente, pero la segunda, la humana, la nuestra, aunque no puede nada (cf. Jn 15, 5), nunca está dispensada de una humilde, pero condicional y ennoblecedora colaboración. Además, la Iglesia lo invoca como protector con un profundo y actualísimo deseo de hacer florecer su terrena existencia con genuinas virtudes evangélicas, como resplandecen en san José».
31. La Iglesia transforma estas exigencias en oración. Y recordando que Dios ha confiado los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de San José, le pide que le conceda colaborar fielmente en la obra de la salvación, que le dé un corazón puro, como san José, que se entregó por entero a servir al Verbo Encarnado, y que «por el ejemplo y la intercesión de san José, servidor fiel y obediente, vivamos siempre consagrados en justicia y santidad».
Hace ya cien años el Papa León XIII exhortaba al mundo católico a orar para obtener la protección de san José, patrono de toda la Iglesia. La Carta Encíclica Quamquam pluries se refería a aquel «amor paterno» que José «profesaba al niño Jesús»; a él, «próvido custodio de la Sagrada Familia» recomendaba la «heredad que Jesucristo conquistó con su sangre». Desde entonces, la Iglesia —como he recordado al comienzo— implora la protección de san José en virtud de «aquel sagrado vínculo que lo une a la Inmaculada Virgen María», y le encomienda todas sus preocupaciones y los peligros que amenazan a la familia humana.
Aún hoy tenemos muchos motivos para orar con las mismas palabras de León XIII: «Aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios... Asístenos propicio desde el cielo en esta lucha contra el poder de las tinieblas...; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad». Aún hoy existen suficientes motivos para encomendar a todos los hombres a san José.
32. Deseo vivamente que el presente recuerdo de la figura de san José renueve también en nosotros la intensidad de la oración que hace un siglo mi Predecesor recomendó dirigirle. Esta plegaria y la misma figura de José adquieren una renovada actualidad para la Iglesia de nuestro tiempo, en relación con el nuevo Milenio cristiano.
El Concilio Vaticano II ha sensibilizado de nuevo a todos hacia «las grandes cosas de Dios», hacia la «economía de la salvación» de la que José fue ministro particular. Encomendándonos, por tanto, a la protección de aquel a quien Dios mismo «confió la custodia de sus tesoros más preciosos y más grandes» aprendamos al mismo tiempo de él a servir a la «economía de la salvación». Que san José sea para todos un maestro singular en el servir a la misión salvífica de Cristo, tarea que en la Iglesia compete a todos y a cada uno: a los esposos y a los padres, a quienes viven del trabajo de sus manos o de cualquier otro trabajo, a las personas llamadas a la vida contemplativa, así como a las llamadas al apostolado.
El varón justo, que llevaba consigo todo el patrimonio de la Antigua Alianza, ha sido también introducido en el «comienzo» de la nueva y eterna Alianza en Jesucristo. Que él nos indique el camino de esta Alianza salvífica, ya a las puertas del próximo Milenio, durante el cual debe perdurar y desarrollarse ulteriormente la «plenitud de los tiempos», que es propia del misterio inefable de la encarnación del Verbo.
Que san José obtenga para la Iglesia y para el mundo, así como para cada uno de nosotros, la bendición del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Redemptoris Custos. San Juan Pablo II

16 de marzo de 2015

EL SANTO PADRE ANUNCIA AÑO SANTO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA

«También este año, la víspera del cuarto domingo de Cuaresma, nos hemos reunido para celebrar la liturgia penitencial. Estamos unidos a muchos cristianos que hoy, en todas las partes del mundo, han acogido la invitación de vivir este momento como signo de la bondad del Señor. El sacramento de la Reconciliación, en efecto, permite acercarnos con confianza al Padre para tener la certeza de su perdón. Él es verdaderamente «rico en misericordia» y la extiende en abundancia sobre quienes recurren a Él con corazón sincero.
Estar aquí para experimentar su amor, en cualquier caso, es ante todo fruto de su gracia. Como nos ha recordado el apóstol Pablo, Dios nunca deja de mostrar la riqueza de su misericordia a lo largo de los siglos. La transformación del corazón que nos lleva a confesar nuestros pecados es «don de Dios». Nosotros solos no podemos. Poder confesar nuestros pecados es un don de Dios, es un regalo, es «obra suya» (cf. Ef 2, 8-10). Ser tocados con ternura por su mano y plasmados por su gracia nos permite, por lo tanto, acercarnos al sacerdote sin temor por nuestras culpas, pero con la certeza de ser acogidos por él en nombre de Dios y comprendidos a pesar de nuestras miserias; e incluso sin tener un abogado defensor: tenemos sólo uno, que dio su vida por nuestros pecados. Es Él quien, con el Padre, nos defiende siempre. Al salir del confesionario, percibiremos su fuerza que nos vuelve a dar vida y restituye el entusiasmo de la fe. Después de la confesión renacemos.
El Evangelio que hemos escuchado (cf. Lc 7, 36-50) nos abre un camino de esperanza y de consuelo. Es bueno percibir sobre nosotros la mirada compasiva de Jesús, así como la percibió la mujer pecadora en la casa del fariseo. En este pasaje vuelven con insistencia dos palabras: amor y juicio.
Está el amor de la mujer pecadora que se humilla ante el Señor; pero antes aún está el amor misericordioso de Jesús por ella, que la impulsa a acercarse. Su llanto de arrepentimiento y de alegría lava los pies del Maestro, y sus cabellos los secan con gratitud; los besos son expresión de su afecto puro; y el ungüento perfumado que derrama abundantemente atestigua cuán precioso es Él ante sus ojos. Cada gesto de esta mujer habla de amor y expresa su deseo de tener una certeza indestructible en su vida: la de haber sido perdonada. ¡Esta es una certeza bellísima! Y Jesús le da esta certeza: acogiéndola le demuestra el amor de Dios por ella, precisamente por ella, una pecadora pública. El amor y el perdón son simultáneos: Dios le perdona mucho, le perdona todo, porque «ha amado mucho» (Lc 7, 47); y ella adora a Jesús porque percibe que en Él hay misericordia y no condena. Siente que Jesús la comprende con amor, a ella, que es una pecadora. Gracias a Jesús, sus muchos pecados Dios los carga sobre sí, ya no los recuerda (cf. Is 43, 25). Porque también esto es verdad: cuando Dios perdona, olvida. ¡Es grande el perdón de Dios! Para ella ahora comienza un nuevo período; renació en el amor a una vida nueva.
Esta mujer encontró verdaderamente al Señor. En el silencio, le abrió su corazón; en el dolor, le mostró el arrepentimiento por sus pecados; con su llanto, hizo un llamamiento a la bondad divina para recibir el perdón. Para ella no tendrá lugar ningún juicio si no es el que viene de Dios, y es el juicio de la misericordia. El protagonista de este encuentro es ciertamente el amor, la misericordia que va más allá de la justicia.
Simón, el dueño de casa, el fariseo, al contrario, no logra encontrar el camino del amor. Todo está calculado, todo pensado... Él permanece inmóvil en el umbral de la formalidad. Es algo feo el amor formal, no se entiende. No es capaz de dar el paso sucesivo para ir al encuentro de Jesús que le trae la salvación. Simón se limitó a invitar a Jesús a comer, pero no lo acogió verdaderamente. En sus pensamientos invoca sólo la justicia y obrando así se equivoca. Su juicio acerca de la mujer lo aleja de la verdad y no le permite ni siquiera comprender quién es su huésped. Se detuvo en la superficie –en la formalidad–, no fue capaz de mirar al corazón. Ante la parábola de Jesús y la pregunta sobre cuál servidor amó más, el fariseo respondió correctamente: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Y Jesús no deja de hacerle notar: «Has juzgado rectamente» (Lc 7, 43). Sólo cuando el juicio de Simón se dirige al amor, entonces él está en lo correcto.
La llamada de Jesús nos impulsa a cada uno de nosotros a no detenerse jamás en la superficie de las cosas, sobre todo cuando estamos ante una persona. Estamos llamados a mirar más allá, a centrarnos en el corazón para ver de cuánta generosidad es capaz cada uno. Nadie puede ser excluido de la misericordia de Dios; todos conocen el camino para acceder a ella y la Iglesia es la casa que acoge a todos y no rechaza a nadie. Sus puertas permanecen abiertas de par en par, para que quienes son tocados por la gracia puedan encontrar la certeza del perdón. Cuanto más grande es el pecado, mayor debe ser el amor que la Iglesia expresa hacia quienes se convierten. ¡Con cuánto amor nos mira Jesús! ¡Con cuánto amor cura nuestro corazón pecador! Jamás se asusta de nuestros pecados. Pensemos en el hijo pródigo que, cuando decidió volver al padre, pensaba en hacer un discurso, pero el padre no lo dejó hablar, lo abrazó (cf. Lc 15, 17-24). Así es Jesús con nosotros. «Padre, tengo muchos pecados...». –«Pero Él estará contento si tu vas: ¡te abrazará con mucho amor! No tengas miedo».
Queridos hermanos y hermanas, he pensado con frecuencia de qué forma la Iglesia puede hacer más evidente su misión de ser testigo de la misericordia. Es un camino que inicia con una conversión espiritual; y tenemos que recorrer este camino. Por eso he decidido convocar un Jubileo extraordinario que tenga en el centro la misericordia de Dios. Será un Año santo de la misericordia. Lo queremos vivir a la luz de la Palabra del Señor: «Sed misericordiosos como el Padre» (cf. Lc 6, 36). Esto especialmente para los confesores: ¡mucha misericordia!
Este Año santo iniciará en la próxima solemnidad de la Inmaculada Concepción y se concluirá el 20 de noviembre de 2016, domingo de Nuestro Señor Jesucristo Rey del universo y rostro vivo de la misericordia del Padre. Encomiendo la organización de este Jubileo al Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, para que pueda animarlo como una nueva etapa del camino de la Iglesia en su misión de llevar a cada persona el Evangelio de la misericordia.
Estoy convencido de que toda la Iglesia, que tiene una gran necesidad de recibir misericordia, porque somos pecadores, podrá encontrar en este Jubileo la alegría para redescubrir y hacer fecunda la misericordia de Dios, con la cual todos estamos llamados a dar consuelo a cada hombre y a cada mujer de nuestro tiempo. No olvidemos que Dios perdona todo, y Dios perdona siempre. No nos cansemos de pedir perdón. Encomendemos desde ahora este Año a la Madre de la misericordia, para que dirija su mirada sobre nosotros y vele sobre nuestro camino: nuestro camino penitencial, nuestro camino con el corazón abierto, durante un año, para recibir la indulgencia de Dios, para recibir la misericordia de Dios.

LLAMAMIENTO POR LA PAZ DEL VICARIO DE CRISTO

Queridos hermanos y hermanas:
Con dolor, con mucho dolor, he conocido los atentados terroristas de hoy contra dos iglesias en la ciudad de Lahore en Paquistán, que han provocado numerosos muertos y heridos. Son iglesias cristianas. Los cristianos son perseguidos. Nuestros hermanos derraman la sangre sólo porque son cristianos. Mientras aseguro mi oración por las víctimas y por sus familias, suplico al Señor, fuente de todo bien, el don de la paz y la concordia para aquel país, y que esta persecución contra los cristianos que el mundo busca de esconder, termine y sea la paz.
Plaza de San Pedro, 15 de marzo 2015

14 de marzo de 2015

SÁBADO MARIANO

Nuestra Señora de Soufanieh
(Siria)
ORACIÓN
Dios nuestro, que en tu misteriosa providencia has querido asociar tu Iglesia a los sufrimientos de tu Hijo, concede a los fieles que sufren persecución a causa de tu nombre, el don de la paciencia y de la caridad, para que puedan dar testimonio fiel y creíble de tus promesas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén
Madre y Señora Nuestra intercede especialmente ante tu querido Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, por todos los cristianos perseguidos que ponemos en tus manos maternales. Que el mismo Jesucristo les de fuerzas.Amén

13 de marzo de 2015

EL JUICIO DE DIOS SERÁ IMPLACABLE

La masacre, llevada a cabo por el Estado Islámico, de 21 trabajadores cristianos emigrados a Libia.Los asesinos habrían ofrecido a los secuestrados la posibilidad de convertirse al islam para evitar la muerte. Por su parte, el obispo copto católico de Guizá, Mons. Antonio Mina, ha dicho sin embargo: «El nombre de Jesús ha sido la última palabra que ha salido de sus labios. Como en la pasión de los primeros mártires [...], así han celebrado su victoria. Esa victoria que ningún asesino puede arrebatar. Ese nombre susurrado en el último instante de la vida es como un sello del martirio».
La Iglesia copta no ha tardado en hablar oficialmente. El patriarca Teodoro ha subrayado que estos egipcios han sido asesinados porque profesaban la fe cristiana, y ha anunciado que los nombres de las víctimas se incluirán en el Sinaxario, el equivalente oriental del martirologio romano; un procedimiento que equivale a la canonización en la Iglesia latina.
El martirio de estos 21 fieles se conmemorará el 8 de Amshir del calendario copto (el 15 de febrero del calendario gregoriano), que es también la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo.
Así se llaman los 21 nuevos mártires de la Iglesia copta:
1. Milad Makeen Zaky
2. Abanoub Ayad Attiya
3. Maged Soliman Shehata
4. Youssef Shukry Younan
5. Kyrillos Shukry Fawzy
6. Bishoy Estefanous Kamel
7. Samuel Estefanous Kamel
8. Malak Ibrahim Sinout
9. Tawadros Youssef Tawadros
10. Girgis Milad Sinout
11. Mina Fayez Aziz
12. Hany Abdel-Messih Saleeb
13. Bishoy Adel Khalaf
14. Samuel Alham Wilson
15. Ezzat Bishri Naseef
16. Lucas Nagati
17. Gaber Munir Adly
18. Essam Baddar Samir
19. Malak Farag Abram
20. Sameh Salah Farouq
21. Un trabajador aún sin identificar de la aldea de Al Our
 El nombre de Jesús ha sido la última palabra surgida de sus labios
"Al igual que en la pasión de los primeros mártires, se han confiado en las manos de Aquel que poco después los iba a recibir. Y así han celebrado su victoria, la victoria que ningún asesino les podrá arrebatar. Ese nombre susurrado en el último momento es como el sello de su martirio", ha destacado Mons. Aziz. 
El juicio de Dios será implacable sobre mí, sobre ti, sobre los hombres y mujeres de esta generación.Quizás no tanto por nuestra maldad, cuanto por nuestra frialdad. Porque no somos ni fríos ni calientes. Porque nuestra enfermedad mortal se llama tibieza.
El juicio de Dios será implacable sobre el occidente rico y apóstata que vive arrodillado ante el becerro de oro habiendo abandonado el amor y el culto al Dios vivo y verdadero. El occidente que rechazando la realeza social del único Señor, Jesucristo, ahora vive postrado vergonzosamente ante los ídolos de creación humana.
Nos hemos sacudido el yugo llevadero y la carga ligera de la fe de Cristo para dejarnos encadenar con gruesos grilletes que nos tienen bien atados la mente,el alma y el corazón.
Renegando del primero y más importante de los mandamientos divinos: "amarás al Señor tu Dios sobre todas las cosas", la caridad se ha apagado de tal forma en nuestros corazones que nos hemos envenenado con la pócima mortal del egoísmo, del indiferentismo, de la soberbia y de la vanidad.
Al perder la caridad -el amor de Dios- nuestros corazones se han mutado en corazones de piedra y no de carne. Corazones pétreos que endurecidos y cerrados en sí mismos se han tornado sordos a cualquier clamor y lamento del prójimo; ciegos, imposibilitados para ver las necesidades de nuestros hermanos; fríos y duros hasta el punto de permanecer impávidos ante las lágrimas de los corazones sufrientes y doloridos.
El juicio de Dios será implacable sobre los cristianos de occidente, tan a menudo entretenidos en congresos, sínodos, centenarios y años con dedicatoria; embelesados en disputas teológicas, con el alma narcotizada por los estupefacientes del laicismo, del liberalismo y del consumismo.
El juicio de Dios será implacable sobre una iglesia militante que ha renunciado al campo de batalla por el confort de los salones; que ha aparcado las armas de la fe para rendirse y entregarse  en los brazos seductores de los nuevos poderes mundanos. Una iglesia militante que sólo sueña con ser llevada del brazo y paseada públicamente por los galanes de la modernidad;orgullosa de coquetear con unos y con otros. Una iglesia militante que no se recata de repudiar y minusvalorar gran parte de la afortunada herencia recibida, al mismo tiempo que no deja de halagar y de manifestarse deslumbrada por los oropeles ajenos.
El juicio de Dios será implacable sobre unos y otros; sobre los falsos hermanos que se hacen cómplices del escandaloso silencio que reina en el mundo ante la matanza y el terror que pesa sobre los seguidores de Cristo en las tierras atormentadas por los fundamentalistas islámicos y por los enemigos de Cristo.
La escandalosa situación que viven nuestros hermanos no ocupa el primer lugar de la infinidad de páginas católicas.
Me encuentro con numerosos católicos que viven ignorantes de dicha situación, informados únicamente por lo poco que escuchan en los medios de comunicación, pero totalmente desinformados en sus parroquias.
¿De qué se predica, entonces, en nuestras iglesias? ¿Donde está la vivencia de la comunión de los santos? ¿Donde el espíritu de piedad que mueve a la oración de súplica constante por la suerte de nuestros hermanos? ¿Realmente, encuentra fe en esta tierra que es nuestro corazón el Hijo del Hombre? ¿Cuál es nuestro primer deber como cristianos, después del amor a Dios, sino el velar y trabajar por la suerte de nuestros hermanos en la fe?
Es ahí donde se ve como muchas obras sociales y muchos manifiestos de lucha por la justicia social, son tan sólo un humanitarismo horizontal, cuando no una instrumentalización de los pobres para satisfacer y ensalzar tan sólo nuestro ego.
No hay caridad cristiana allí donde no se llora con quien llora; donde no se sufre con el que está sufriente; donde no se ve y se contempla el rostro de Cristo en el rostro desfigurado del hermano.
La caridad va infinitamente más allá de la mera beneficencia.
La caridad es un fuego que consume el alma y el corazón del que ama al prójimo con el mismo amor que recibe de Dios.
La caridad no es un sentimiento vago, ni tan siquiera un conjunto de acciones benéficas.
La caridad ni siquiera es estar con los pobres, sino hacerse pobre vaciándose uno de sí mismo para dejarse llenar de Dios y darse enteramente a los hermanos.
Dios juzgará con vara de hierro los espíritus cobardes, los silencios y la indiferencia, la inanición y los pecados de omisión ante este drama que hace estremecer a los mismos habitantes del cielo.
¡Tan poco vale la vida de los cristianos!
¡Tan poco valen las lágrimas de las criaturas horrorizadas por los espantos que se ven obligadas a presenciar con sus propios ojos!
¿Escandalizan y alertan más al primer mundo la destrucción de estatuas y de imágenes milenarias que la destrucción y el martirio de los seguidores de Jesús de Nazaret?
El juicio será sin misericordia para quien no haya ejercitado la misericordia con su prójimo.
La voz de Dios Padre suena hoy y sonará un día todavía más atronadora que la más terrible de las tormentas: ¿Dónde está tu hermano?
Gracias sean dadas al Padre y a Nuestro Señor Jesucristo, Rey de los mártires, por el maravilloso testimonio de fe, de esperanza y de caridad que están dando nuestros hermanos perseguidos por su condición de cristianos.
La sangre derramada por esos hermanos nuestros salpique nuestras conciencias y nuestros corazones para que nos contagien la firmeza y la alegría de la fe de Cristo, para que nos despierten de nuestra apatía espiritual y se renueve en los cristianos de occidente la gracia y la fuerza del "amor primero".
Hermanos mártires de Oriente Medio rogad por nosotros, rogad por la Santa Iglesia de Dios.
¡Nuestra Señora de Soufanieh, Reina y Madre de los perseguidos y martirizados, ruega por todos tus hijos!
¡Nuestra Señora de Soufanieh, Reina y Madre de Siria, ruega por todos tus hijos!
¡Nuestra Señora de Soufanieh, Madre de Dios y Madre nuestra, concede al mundo el don de la paz!
Manuel María de Jesús
F.F.

EL AVANCE SATÁNICO DEL HORROR Y LA DESTRUCCIÓN

1. ¿Qué es y qué quiere Estado Islámico?
El grupo estableció un califato, que es una forma de Estado dirigido por un líder político y religioso de acuerdo con la ley islámica o sharia, que controla un territorio entre los Estados de Siria e Irak y que pretende recibir el apoyo total del mundo musulmán.
Aunque sólo tiene presencia en estos dos países, EI prometió "romper las fronteras" del Líbano y Jordania con el fin de "liberar a Palestina".
Ha pedido el apoyo de los musulmanes de todo el mundo y demanda que todos juren lealtad a su líder (califa), Abu Bakr al-Baghdadi.
2. ¿Cuáles son sus orígenes?
Las tácticas utilizadas por Estado Islámico son consideradas "muy extremas" por los líderes de al Qaeda.
Para buscar las raíces de Estado Islámico hay que remontarse a 2002, cuando el fallecido Abu Musab al-Zarqawi, un jordano creó el grupo radical Tawhid wa al-Jihad.
Un año después de la invasión liderada por EE.UU. en Irak, Zarqawi juró lealtad a Osama bin Laden y fundó al Qaeda en Irak, que se convirtió en la mayor fuerza insurgente durante los años de la ocupación estadounidense.
Sin embargo, después de la muerte de Zarqawi en 2006, al Qaeda creó una organización alterna llamada el Estado Islámico de Irak (ISI, por sus siglas en inglés).
ISI fue debilitada por las tropas de EE.UU. y por la creación de consejos Sahwa (Despertar), liderados por tribus sunitas que rechazaron la brutalidad de ISI.
Entonces en 2010, Abu Bakr al-Baghdadi se convirtió en el nuevo líder, reconstruyó la organización y realizó múltiples ataques en el país. En 2013 se unió a la rebelión contra el presidente sirio, Bashar al Asad, junto al frente al Nusra.
Al menos un millón de personas han sido desplazadas en Irak.
En abril de ese año, Abu Bakr anunció la fusión de las milicias en Irak y Siria y las bautizó como Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés).
Los líderes del frente al Nusra, con el que habían combatido contra al Asad, rechazaron la decisión. Pero los combatientes leales a Abu Bakr lo siguieron en su empeño yihadista.
En diciembre de 2013, ISIS se enfocó en Irak y aprovechó la profunda división política entre el gobierno de orientación chiíta y la minoría sunita.
Ayudados por los líderes tribales, lograron controlar la ciudad de Faluya.
Pero el verdadero golpe lo dieron en junio de este año, cuando tomaron el control de Mosul, la segunda ciudad del país y continuaron su avance hacia la capital, Bagdad.
A mediados de julio habían consolidado su control sobre docenas de ciudades y localidades. En ese punto, ISIS declaró la creación del califato y cambió su nombre al de Estado Islámico.
3. ¿Cuánto territorio controla EI?
Algunas estimaciones calculan que Estado Islámico y sus aliados controlan al menos 40.000 kilómetros cuadrados en Irak y Siria, casi el territorio de Bélgica.
Otros afirman que son cerca de 90.000 kilómetros cuadrados, el mismo espacio en el que reposa el Estado de Jordania.
Videos y fotografías de decapitaciones son enseñadas para que los soldados iraquíes abandonen sus puestos.
Ese territorio incluye las ciudades de Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar en Irak y Raqqa en Siria. Además de campos de petróleo, represas, carreteras y límites fronterizos.
Al menos ocho millones de personas viven bajo el control parcial o total de EI, que ha implementado una estricta interpretación de la sharia, forzando a las mujeres a llevar velo, obligando a los no musulmanes a convertirse o a pagar un impuesto, e imponiendo castigos que incluyen ejecuciones.
4. ¿Cuántos combatientes pertenecen a EI?
Algunos miembros de la tribu sunita han mostrado su apoyo a Estado Islámico.
Funcionarios de EE.UU. creen que Estado Islámico tiene alrededor de 15.000 milicianos activos.
Sin embargo, el experto iraquí en seguridad Hisham al-Hisham dijo a principios de agosto que podrían ser entre 30.000 y 50.000 los combatiendes de EI, de los cuales el 30% están por convicción, mientras que el resto han ingresado por coerción de los líderes del grupo.
Un considerable número de combatientes no son ni iraquíes ni sirios.
La consultora Soufan, especializada en investigación y seguridad en Medio Oriente, estimó que al menos 12.000 extranjeros integran las filas del ejército de EI, incluyendo unos 2.500 provenientes de los países de Occidente que han viajado a Siria e Irak en los últimos tres años.
5. ¿Qué tipo de armamento tiene?
El poder del armamento de Estado Islámico es bastante amplio.
Los combatientes de Estado Islámico tienen acceso y son capaces de usar una gran cantidad de armamento, incluida artillería pesada, ametralladoras, lanzadores de cohetes y baterías antiaéreas.
En medio de su incursión militar capturaron tanques de guerra y vehículos blindados de los ejércitos sirio e iraquí.
Además han logrado tener un constante abastecimiento de munición que les permite tener armado a su ejército. Su poder de ataque en los recientes enfrentamientos con la Peshmerga (el ejército kurdo) en el norte de Irak sorprendió a muchos.
6. ¿Cómo se financia?
Al menos 2.500 miembros de EI provienen de países de occidente.
Estado Islámico reportó tener unos US$2.000 millones en efectivo, convirtiéndose en el grupo insurgente más rico del mundo.
Al principio su apoyo llegaba de algunas personas naturales de los países árabes del Golfo Pérsico, como Qatar y Arabia Saudita.
Últimamente ha logrado convertirse en una organización sostenible financieramente, con autonomía, ganando millones de dólares por la venta de petróleo y gas de los campos que controla, de los impuestos que recauda en su territorio y algunas actividades ilícitas como extorsión, contrabando y secuestro.
Su ofensiva en Irak también fue bastante lucrativa, ya que obtuvo acceso al efectivo que se encontraba en los bancos de las principales ciudades que ha logrado controlar.
7. ¿Por qué sus tácticas son tan brutales?
En lugares donde tienen control, Estado Islámico cobra impuestos.
Los miembros de Estado Islámico son yihadistas que tienen una interpretación extremista de la rama sunita del islam y creen que ellos son los únicos creyentes reales.
Su visión del resto del mundo está basada en el hecho de son no creyentes que quieren destruir su religión, justificando de esa forma sus ataques contra otros musulmanes y no musulmanes.
Las decapitaciones, crucifixiones y asesinatos en masa han sido utilizados para atemorizar a sus enemigos. En medio de este panorama de horror, los miembros de EI justifican sus actos citando los versos del Corán que dicen algo como "golpear la cabeza" de los no creyentes.
De hecho, el líder de al Qaeda Ayman al-Zawahiri, quien rechazó las acciones de EI en febrero, le advirtió al califa que esas brutalidades le harían perder el "corazón y la cabeza de los musulmanes".
Fuente:BBC Mundo

12 de marzo de 2015

LA DINÁMICA DEL PERDÓN

Para pedir perdón a Dios es necesario seguir la enseñanza del “Padrenuestro”: arrepentirse con sinceridad de los propios pecados, sabiendo que Dios perdona siempre, y perdonar a los demás con la misma amplitud del corazón. Lo reafirmó el Papa Francisco durante su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
La omnipotencia de Dios se detiene ante la puerta cerrada de un corazón.
Dios es omnipotente, pero también su omnipotencia, en cierto sentido, se detiene ante la puerta cerrada de un corazón. Un corazón que no quiere perdonar a quien lo ha herido. El Papa Francisco se inspiró en el Evangelio del día en el que Jesús explica a Pedro que es necesario perdonar “setenta veces siete”, que equivale a “siempre”, para reafirmar que el perdón de Dios a nuestros pecados  y nuestro perdón a los demás están estrechamente relacionados.
“Perdóname”, no “discúlpame”
El Papa Bergoglio explicó que todo parte de cómo nosotros, en primer lugar, nos presentamos a Dios para pedir que nos perdone. El ejemplo de Francisco lo ofrece la Lectura del día, que muestra al profeta Azarías que invoca clemencia por el pecado de su pueblo, que está sufriendo, pero que también es culpable de haber “abandonado la ley del Señor”. Azarías – dijo el Santo Padre –  no protesta, “no se lamenta ante Dios” por los sufrimientos, sino que más bien reconoce los errores del pueblo y “se arrepiente”:
“Pedir perdón es otra cosa, es distinto que pedir disculpas. ¿Yo me equivoco? Pero, discúlpame, me he equivocado… ¡He pecado! No tiene nada que ver una cosa con la otra. El pecado no es una simple equivocación. El pecado es idolatría, es adorar al ídolo, al ídolo del orgullo, de la vanidad, del dinero, del ‘mí mismo’, del bienestar… Tantos ídolos que nosotros tenemos. Y por esta razón Azarías no pide disculpas. Pide perdón”.
Perdona a quien te ha hecho el mal
Hay que pedir perdón sinceramente, con el corazón, y de corazón debe ser dado a quien nos ha ofendido. Como el patrón de la parábola evangélica relatada por Jesús, que condona una deuda enorme a un siervo suyo porque se compadece por sus súplicas. Y no como hace ese mismo siervo con un semejante, tratándolo sin piedad y mandándolo a la cárcel, aun siendo deudor de una suma irrisoria. La dinámica del perdón  – recordó Francisco – es la que enseña Jesús en el “Padrenuestro”:
“Jesús nos enseña a rezar así al Padre: ‘perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos  a los que nos ofenden’. Si yo no soy capaz de perdonar, no soy capaz de pedir perdón. ‘Pero, Padre, yo me confieso, voy a confesarme…’. ‘¿Y qué haces antes de confesarte?’. ‘Pienso en las cosas que he hecho mal…’. ‘Está bien’. ‘Después pido perdón al Señor y prometo no volver a hacerlas…’. ‘Bien. Y después vas a lo del sacerdote. Pero antes te falta una cosa: ¿has perdonado a aquellos que te han hecho el mal?’”.
Conscientes del pecado
En una palabra, Francisco resumió que “el perdón que Dios te dará”, requiere “el perdón que tú des a los demás”:
“Este es el razonamiento que Jesús nos enseña sobre el perdón. Primero: pedir perdón no es un sencillo pedir disculpas, es ser consciente del pecado, de nuestra idolatría, de las tantas idolatrías. Segundo: Dios siempre perdona, siempre. Pero pide que yo perdone. Si yo no perdono, en cierto sentido cierro la puerta al perdón de Dios. ‘Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’”.
Fuente: news.va