8 de febrero de 2016

LLAMADOS A CONFORTAR A CUANTOS SE SIENTEN PECADORES E INDIGNOS ANTE EL SEÑOR

* Alocución Ángelus 7 de febrero
«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de este domingo cuenta – en la narración de San Lucas – la llamada de los primeros discípulos de Jesús (Lc 5,1-11). El hecho sucede en un contexto de vida cotidiana: hay algunos pescadores en la orilla del lago de Galilea, los cuales, después de una noche de trabajo pasada sin pescar nada, están lavando y arreglando las redes. Jesús sube a la barca de uno de ellos, Simón, llamado Pedro, le pide que se aparte un poco de la orilla y se pone a predicar la Palabra de Dios a la multitud que se había reunido. Cuando termina de hablar le dice que navegue mar adentro y que echen las redes. Simón había conocido ya a Jesús y experimentado el poder prodigioso de su palabra, por lo que le responde: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes». (v 5). Y esta su fe no queda decepcionada; en efecto las redes se llenan de tal cantidad de peces que estaban a punto de romperse (cf v.)
Ante este evento extraordinario, los pescadores quedan apoderados por el temor. Simón Pedro se echa a los pies de Jesús diciendo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». (v 8) Este signo prodigioso lo ha convencido de que Jesús no es solo un formidable maestro, cuya palabra es verdadera y poderosa, sino que Él es el Señor, es la manifestación de Dios. Y esa presencia tan cercana suscita en Pedro el fuerte sentido de su mezquindad e indignidad. Desde un punto de vista humano, piensa que debería haber una distancia entre el pecador y el Santo. En verdad, precisamente su propia condición de pecador requiere que el Señor no se aparte de él, de la misma forma en que un médico no puede alejarse de las personas que están enfermas.
La respuesta de Jesús a Simón Pedro es aseguradora y firme: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres». (v 10) y nuevamente el pescador de Galilea, volviendo a confiar en esta palabra, abandona todo y sigue a Aquel que se ha vuelto su Maestro y Señor. Y así hicieron también Santiago y Juan, socios en el trabajo con Simón. Ésta es la lógica que guía la misión de Jesús y la misión de la Iglesia: ir a buscar, ‘pescar’ a los hombres y a las mujeres, no para hacer proselitismo, sino para devolver a todos su plena dignidad y libertad, mediante el perdón de los pecados. Esto es lo esencial del cristianismo: difundir el amor regenerador y gratuito de Dios, con actitud de acogida y de misericordia hacia todos, para que cada uno pueda encontrar la ternura de Dios y tener plenitud de vida. Y aquí, en particular, pienso en los confesores: son los primeros en tener que dar la misericordia del padre, según el ejemplo de Jesús, como hicieron también los dos frailes santos, el Padre Leopoldo y el Padre Pío.
El Evangelio de hoy nos interpela: ¿sabemos confiar verdaderamente en la palabra del Señor? O ¿nos dejamos desalentar por nuestros fracasos? En este Año Santo de la Misericordia estamos llamados a confortar a cuantos se sienten pecadores e indignos ante el Señor y abatidos por sus propios errores, diciéndoles las palabras de Jesús: «No temas». ¡La misericordia del Padre es más grande que tus pecados! ¡No temas!
Que nos ayude la Virgen María a comprender cada vez más que ser discípulos significa poner nuestros pies en las huellas dejadas por el Maestro: son las huellas de la gracia divina que regenera la vida para todos».
Fuente:news.va

AUDIENCIA DEL PAPA A LOS GRUPOS DE ORACIÓN DEL PADRE PÍO

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Les doy mi bienvenida – ¡veo que son muchos! – y agradezco a Monseñor Castoro por las palabras que me ha dirigido. Doy un saludo a todos ustedes que han venido de diferentes países y regiones, unidos por el afecto y el agradecimiento a San Pío de Pietrelcina. Están muy agradecidos, ya que les ayudó a descubrir el tesoro de la vida, que es el amor de Dios, y a experimentar la belleza del perdón y  la misericordia del Señor. Y esta es una ciencia que debemos aprender todos los días, porque es la belleza: la belleza del perdón y de la misericordia del Señor.
Realmente podemos decir que el Padre Pío era un servidor de la misericordia. Lo fue a tiempo completo, la práctica, a veces hasta el agotamiento, "el ministerio de la escucha".  Se convirtió a través de la del ministerio de la confesión, una acaricia viviente de Padre,  que cura las heridas del pecado y conforta el corazón con la paz. San Pio no se cansó jamás de recibir  a las personas y de escucharlas, de gastar tiempo y fuerzas para difundir el perfume de perdón del Señor. Podía hacerlo porque siempre estaba unido a la fuente: se saciaba  continuamente de Jesús Crucificado, y así se convirtió en un canal de misericordia.
Ha llevado en su corazón a tantas personas y tantos sufrimientos, uniendo todo al amor a Cristo que se donó «hasta el fin» (Jn 13,1). Ha vivido el gran misterio del dolor ofrecido por amor. De este modo, su pequeña gota ha llegado a ser un gran río de misericordia, que ha regado tantos corazones desiertos y ha creado oasis de vida en muchas partes del mundo.
Pienso en los grupos de oración, que San Pío ha definido «viveros de fe, hogares de amor»; no solo centros de encuentro para estar bien con los amigos y consolarse un poco, sino hogares de amor divino. ¡Y estos son los grupos de oración! La oración, en efecto, es una verdadera y propia misión, que lleva el fuego del amor a toda la humanidad. El Padre Pío dijo que la oración es una «fuerza que mueve el mundo»: la oración es una fuerza que mueve el mundo. Pero, ¿nosotros creemos en esto? ¡Es así! ¡Hagan la prueba! Esa – agregó – «extiende la sonrisa y la bendición de Dios sobre toda languidez y debilidad» (II Encuentro Internacional de los grupos de oración, 5 de mayo de 1966).
La oración, entonces, no es una buena práctica para conseguir un poco de paz en el corazón; tampoco un medio devoto para obtener de Dios lo que nos sirve. Si fuera así, estaría movida por un sutil egoísmo. Pero, yo rezo para estar bien, como si tomara una aspirina: no, no es así. Yo rezo para obtener esto: pero esto es hacer un negocio. No es así. La oración es otra cosa. Es otra cosa. La oración es, en realidad, una obra de misericordia espiritual, que quiere llevarlo todo al corazón de Dios. Toma tú, que eres padre: y seria así, para hacerlo simple. La oración es decir: “pero, toma tú, que eres padre, tu eres padre. Míranos, tú, que eres padre”. Es esta la relación con el padre. La oración es así. Es un don de fe y de amor, una intercesión tan necesaria como el pan. En una palabra, significar confiar; es decir, confiar a la Iglesia, confiar a las personas, confiar las situaciones al Padre: “yo te encomiendo esto”, para que las cuide. Por ello, la oración, como amaba decir el Padre Pío, es «la mejor arma que tenemos, una llave que abre el corazón de Dios». Una llave que abre el corazón de Dios: es una llave fácil. El corazón de Dios no está blindado con tantas medidas de seguridad. Tú puedes abrirlo con una llave común, con la oración. Porque tiene un corazón de amor, un corazón de padre. Es la fuerza más grande de la Iglesia, que nunca debemos dejar, porque la Iglesia da frutos si hace como la Virgen y los Apóstoles, que «perseveraban unidos en la oración» (Hch 1,14), cuando esperaban el Espíritu Santo. Perseverantes y  firmes en la oración. De lo contrario, se corre el riesgo de apoyarse donde sea: en los medios, el dinero, el poder; y luego la evangelización desvanece y la alegría se apaga y el corazón se hace aburrido. ¿Ustedes quieren tener un corazón aburrido? ¿No? ¿Quieren tener un corazón gozoso? ¡Sí! Recen: esta es la receta.
Mientras les agradezco su empeño, los animo a fin de que los grupos de oración sean “centrales de misericordia”: centrales siempre abiertas y activas, que con el poder humilde de la oración provean al mundo la luz de Dios y la energía del amor a la Iglesia. El Padre Pío, que se definía sólo «un pobre fraile que reza», escribió que la oración es «el más alto apostolado que un alma pueda ejercer en la Iglesia de Dios» (Epistolario II, 70). ¡Sean siempre apóstoles gozosos de la oración! La oración hace milagros. El Apostolado de la oración hace milagros.
Junto a la obra de misericordia espiritual de los grupos de oración, San Pío ha querido una extraordinaria obra de misericordia corporal: la “Casa Alivio del Sufrimiento”, inaugurada hace  sesenta años. Él deseo que no fuera sólo un hospital excelente, sino un «templo de ciencia y de oración». En efecto, «los seres humanos necesitan siempre algo más que una atención sólo técnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atención cordial» (Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 31). Es tan importante esto: curar la enfermedad pero, sobre todo, cuidar al enfermo. Son dos cosas diferentes, y las dos importantes, ¿eh? Curar la enfermedad, pero también cuidar al enfermo. Puede suceder que, mientras se medican las heridas del cuerpo, se agraven las heridas del alma, que son más lentas y, con frecuencia, más difíciles de sanar. También los moribundos, a veces aparentemente inconscientes, participan en la oración hecha con fe cerca de ellos, y se encomiendan a Dios, a su misericordia. Yo recuerdo la muerte de un amigo sacerdote. Era un apóstol, un hombre de Dios. Pero, estaba en coma desde hace tiempo, desde hace tiempo. No era razonable, ese coma. Los médicos decían: “no se sabe cómo hace para respirar”. Y entró otro amigo sacerdote. Se acercó a él y le dijo, el escuchaba: “déjate llevar por el Señor. Déjate llevar. Ten confianza, confía en el Señor”. Y con estas palabras, él se fue en paz. Tanta gente tiene necesidad, tantos enfermos que se pelean por palabras de dulzura, que dan fuerza para llevar adelante la enfermedad o ir al encuentro con el Señor: tienen necesidad de ser ayudados en confiar en el Señor. Les estoy muy agradecido, a ustedes y a cuantos sirven a los enfermos con competencia, amor y fe viva. Pidamos la gracia de reconocer la presencia de Cristo en las personas enfermas y en quienes sufren; como repetía Padre Pío: «el enfermo  es Jesús». El enfermo es Jesús. Es la carne de Cristo.
También deseo dirigir un saludo especial a los fieles de la Arquidiócesis de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo. San Juan Pablo II dijo que «quien acudía a San Giovanni Rotondo para participar en su misa, para pedirle consejo o confesarse con Padre Pío, descubría en él una imagen viva de Cristo doliente y resucitado. En el rostro del padre Pío resplandecía la luz de la resurrección » (Homilía de la beatificación de P. Pío de Pietrelcina, 2 de mayo 1999: Insegnamenti XXII, 1 [1999], 862). ¡Que quien vaya a su hermosa tierra – yo quiero ir, ¿eh?!  ¡Que quien vaya a su hermosa tierra encuentre también en ustedes la luz del Cielo! Les agradezco y les pido por favor que no se olviden de rezar por mí. Gracias.
Todos juntos rezamos, pero toquemos a la puerta del corazón de Dios que es Padre de misericordia: Padre nuestro…
También no somos una Iglesia huérfana: tenemos una madre. Oremos a nuestra madre: recemos a nuestra madre. Ave María…

EL PAPA FRANCISCO VENERÓ LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS PÍO Y LEOPOLDO

Al igual que decenas de miles de devotos, de tantas partes del mundo, que han llegado a Roma en peregrinación, también el Papa Francisco veneró las reliquias de los Santos Pío y Leopoldo, en la Basílica de San Pedro, la tarde del sábado 6 de febrero.
Después de un momento de oración personal ante los santos capuchinos Pío de Pietralcina y Leopoldo Mandić, el Obispo de Roma se detuvo una media hora en la Basílica vaticana, junto con Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.
Y se unió a los fieles que rezaban el Santo Rosario, para luego saludar a algunos de los presentes, entre ellos algunos religiosos.
Fuente: Radio Vaticana

PROCESIÓN DE LAS RELIQUIAS DEL SANTO PADRE PÍO Y SAN LEOPOLDO MANDIC HACIA EL VATICANO


5 de febrero de 2016

¡DIOS NO QUIERE LA CONDENA DE NINGUNO!

*Audiencia General 3 de febrero
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La Sagrada Escritura nos presenta a Dios como misericordia infinita, pero también como justicia perfecta. ¿Cómo conciliar las dos cosas? ¿Cómo se articula la realidad de la misericordia con las exigencias de la justicia? Podría parecer que sean dos realidades que se contradicen; en realidad no es así, porque es justamente la misericordia de Dios que lleva a cumplimiento la verdadera justicia. Es propio la misericordia de Dios que lleva a cumplimiento la verdadera justicia. ¿Pero, de qué justicia se trata?
Si pensamos en la administración legal de la justicia, vemos que quien se considera víctima de una injusticia se dirige al juez en un tribunal y pide que se haga justicia. Se trata de una justicia retributiva, que aplica una pena al culpable, según el principio que a cada uno debe ser dado lo que le corresponde. Como recita el libro de los Proverbios: «Así como la justicia conduce a la vida, el que va detrás del mal camina hacia la muerte» (11,19). También Jesús lo dice en la parábola de la viuda que iba repetidas veces al juez y le pedía: «Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario» (Lc 18,3).
Pero este camino no lleva todavía a la verdadera justicia porque en realidad no vence el mal, sino simplemente lo circunscribe. En cambio, es solo respondiendo a esto con el bien que el mal puede ser verdaderamente vencido.
Entonces hay aquí otro modo de hacer justicia que la Biblia nos presenta como camino maestro a seguir. Se trata de un procedimiento que evita recurrir a un tribunal y prevé que la víctima se dirija directamente al culpable para invitarlo a la conversión, ayudándolo a entender que está haciendo el mal, apelando a su conciencia. En este modo, finalmente arrepentido y reconociendo su proprio error, él puede abrirse al perdón que la parte agraviada le está ofreciendo. Y esto es bello: la persuasión; esto está mal, esto es así… El corazón se abre al perdón que le es ofrecido. Es este el modo de resolver los contrastes al interno de las familias, en las relaciones entre esposos o entre padres e hijos, donde el ofendido ama al culpable y desea salvar la relación que lo une al otro. No corten esta relación, este vínculo.
Cierto, este es un camino difícil. Requiere que quien ha sufrido el mal esté listo a perdonar y desear la salvación y el bien de quien lo ha ofendido. Pero solo así la justicia puede triunfar, porque, si el culpable reconoce el mal hecho y deja de hacerlo, es ahí que el mal no existe más, y aquel que era injusto se hace justo, porque es perdonado y ayudado a encontrar la camino del bien. Y aquí está justamente el perdón, la misericordia.
Es así que Dios actúa en relación a nosotros pecadores. El Señor continuamente nos ofrece su perdón y nos ayuda a acogerlo y a tomar conciencia de nuestro mal para poder liberarnos. Porque Dios no quiere nuestra condena, sino nuestra salvación. ¡Dios no quiere la condena de ninguno, de ninguno! Alguno de ustedes podrá hacerme la pregunta: ¿Pero padre, la condena de Pilatos se la merecía? ¿Dios la quería? ¡No! ¡Dios quería salvar a Pilatos y también a Judas, a todos! ¡Él, el Señor de la misericordia quiere salvar a todos! El problema es dejar que Él entre en el corazón. Todas las palabras de los profetas son un llamado apasionado y lleno de amor que busca nuestra conversión. Es esto lo que el Señor dice por medio del profeta Ezequiel: «¿Acaso deseo yo la muerte del pecador … y no que se convierta de su mala conducta y viva?» (18,23; Cfr. 33,11), ¡aquello que le gusta a Dios!
Y este es el corazón de Dios, un corazón de Padre que ama y quiere que sus hijos vivan en el bien y en la justicia, y por ello vivan en plenitud y sean felices. Un corazón de Padre que va más allá de nuestro pequeño concepto de justicia para abrirnos a los horizontes ilimitados de su misericordia. Un corazón de Padre que nos trata según nuestros pecados y nos paga según nuestras culpas. Y precisamente es un corazón de Padre el que queremos encontrar cuando vamos al confesionario. Tal vez nos dirá alguna cosa para hacernos entender mejor el mal, pero en el confesionario todos vamos a encontrar un padre; un padre que nos ayude a cambiar de vida; un padre que nos de la fuerza para ir adelante; un padre que nos perdone en nombre de Dios. Y por esto ser confesores es una responsabilidad muy grande, muy grande, porque aquel hijo, aquella hija que se acerca a ti busca solamente encontrar un padre. Y tú, sacerdote, que estás ahí en el confesionario, tú estás ahí en el lugar del Padre que hace justicia con su misericordia. Gracias.
Fuente: news.va

RORATE CAELI ENTREVISTA A MONSEÑOR SCHNEIDER

* Monseñor Atanasio Schneider nació en Tokmok, ciudad de la República Socialista Soviética de Kirguistán que en aquel momento formaba parte de la Unión Soviética y que actualmente forma parte de Kirguistán. En 1973, inmediatamente después de hacer la primera comunión, salió con su familia para Alemania. Fue ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1990. Enseñó Patrística en el Seminario "María, Madre de la Iglesia" de Karaganda.
El 2 de junio de 2006 fue consagrado obispo en San Pedro del Vaticano por el cardenal Angelo Sodano. En 2011 fue destinado al puesto de obispo auxiliar en la Archidiócesis de Astaná. Actualmente es el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Kazajistán.
LA IGLESIA POSTSINODAL Y LOS NO CREYENTES DENTRO DE LA JERARQUÍA
Rorate Caeli: Acerca del sínodo pasado, no sabremos cuál será el impacto legal que tendrá en la Iglesia por algún tiempo ya que es el Papa quien debe dar el siguiente paso; más allá del resultado, y a todos los efectos, ¿no existe ya un cisma en la Iglesia? De ser así, ¿qué significa en sentido práctico? ¿En qué manera se manifestará ante el católico típico de a pie?
S.E. Schneider: El cisma significa, según la definición que le da el Código de derecho canónico, Can. 751, «cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos». Es necesario distinguir entre el defecto en una creencia, o herejía, y el cisma. El defecto en una creencia, o herejía, es ciertamente un pecado mayor que el cisma, como lo afirma Santo Tomas de Aquino: «es evidente que la infidelidad es pecado contra Dios mismo, en cuanto que es en sí mismo la verdad primera en que se apoya la fe. El cisma, en cambio, se opone a la unidad de la Iglesia, que es un bien participado, menor que Dios mismo. Resulta, pues, evidente que el pecado de infidelidad, por su naturaleza, es más grave que el de cisma» (II-II, p. 39, r. 2 c). 
La crisis de la Iglesia en nuestros días consiste en un creciente fenómeno, el de individuos que no creen plenamente, o no profesan íntegramente la fe católica, y que con frecuencia ocupan puestos estratégicos para la vida de la Iglesia, como profesores de teología, maestros en seminarios, superiores religiosos, párrocos y hasta obispos y cardenales. Estos individuos, con una fe defectuosa, declaran estar sometidos a la autoridad del Papa. 
El colmo de la confusión y el absurdo se manifiesta cuando esos clérigos semiherejes afirman que aquellos que defienden la pureza y la integridad de la fe católica se oponen al Papa —son cismáticos-, según esa opinión. Para el católico medio, desde las bancadas, una situación de confusión como esta es un verdadero reto a su fe en una Iglesia indestructible. Deben, sin embargo, continuar aferrándose a la integridad de su fe según las verdades católicas inmutables que hemos recibido de nuestros antepasados, las mismas que encontramos plasmadas en el catecismo tradicional y en las obras de los Padres y Doctores de la Iglesia.   
Rorate Caeli: Ya que hablamos del católico medio, ¿con qué tendrá que lidiar el típico párroco postsinodal que no tuvo necesidad de encarar antes? ¿Qué nuevas presiones, tal como el lavado de pies a mujeres el Jueves Santo, según el ejemplo de Francisco, agobiarán a los párrocos aún más al sumarse a las ya existentes?
S.E. Schneider: El párroco católico típico debe conocer bien el significado inmutable de la fe católica, así como el significado perenne de las normas de la liturgia católica y, consciente de todo esto, fundar ahí su certeza y su entereza interior. Debe recordar siempre los principios católicos del discernimiento: «Quod semper, quod ubique, quod ab omnibus”», lo que se ha creído y practicado siempre, por todos y por doquier. 

Las categorías «siempre, por doquier y por todos» no se deben considerar en un sentido aritmético, sino en un sentido moral. Un criterio concreto para el discernimiento es el siguiente: ¿Consiste el cambio en una afirmación doctrinal, en una práctica pastoral o doctrinal, una ruptura con el pasado centenario o quizá milenario? ¿Causa realmente esta innovación que la fe luzca más diáfana y brillante? ¿Nos acerca más esta innovación a la santidad de Dios, o manifiesta de manera más profunda los misterios divinos? ¿Esta innovación en la disciplina incrementa realmente en mayor medida nuestro celo por la santidad de vida? 


En lo que se refiere específicamente a la innovación de lavar los pies de una mujer durante la Santa Misa de la Última Cena el Jueves Santo, en esta Santa Misa celebramos la conmemoración de la institución de la eucaristía y del sacerdocio. Por lo tanto, lavar los pies de hombres y mujeres constituye no sólo una distracción del enfoque central en la Eucaristía y el sacerdocio, sino que genera también confusión en torno al simbolismo histórico de «los doce» y del sexo masculino de los apóstoles. Universalmente, la tradición de la Iglesia jamás ha permitido el lavado de pies durante la misa, únicamente fuera de ella, en una ceremonia especial. 


Por cierto, el hecho de que un hombre lave en público los pies de una mujer y los bese —y en nuestro caso se trata de un sacerdote o un obispo— se considera, por cualquier persona con sentido común en cualquier cultura, como un acto indebido y hasta indecente. Demos gracias a Dios que ningún sacerdote u obispo está obligado a lavar en público los pies de una mujer el Jueves Santo, ya que no existe una norma vinculante y el lavado es, en si mismo, tan sólo facultativo.    
LA FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X (FSSPX)
Rorate Caeli: Una situación atípica en la Iglesia es la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX). ¿A que se debe, Su Excelencia, que tantos católicos se sientan atemorizados por la FSSPX, o sientan ansiedad ante cualquier asociación con esta? Según lo que Su Excelencia ha podido observar ¿que dones considera que la FSSPX podría introducir en la vertiente central del catolicismo?
S.E. SchneiderCuando algo o alguien es insignificante o débil a nadie le causa temor. Aquellos que están atemorizados de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X están, en resumidas cuentas, atemorizados de las verdades católicas perennes y de sus precisiones en el ámbito moral y litúrgico. 

Cuando la FSSPX cree, adora y vive moralmente de la misma manera que nuestros antepasados, de la misma manera que lo hicieron los santos más conocidos durante un periodo milenario, no nos queda más que considerar la obra de estos sacerdotes católicos y fieles de la FSSPX como un don a la Iglesia en nuestros días —quizá incluso como uno de los instrumentos de los que se vale la Divina Providencia para remediar la enorme crisis actual de la fe, de la moral y de la liturgia dentro de la Iglesia. 

Existen, sin embargo, en algunos sectores de la FSSPX, como ocurre en toda sociedad humana, personalidades excéntricas; estas tienen un método y una mentalidad con cierta escasez de justicia y caridad y como consecuencia ese sentire cum ecclesia, y hay peligro de una doctrina autocéfala y de considerarse como la última instancia judicial de la Iglesia. Sin embargo, a mi saber y entender, la parte saludable corresponde con la mayoría de la FSSPX, y yo considero a su Superior General, Su Excelencia monseñor Bernard Fellay, como un obispo católico verdaderamente ejemplar. Hay esperanzas de un reconocimiento canónico de la FSSPX.   
EL SÍNODO Y LA PAPOLATRÍA
Rorate Caeli: Volviendo al Sínodo, mientras que se centra en la tradición, ¿cree Su Excelencia que los cambios en la liturgia Romana después del Vaticano II han contribuido a la actual crisis en la Iglesia, en el matrimonio, en la familia y en la moral de la sociedad en general?
S. E. Schneider: Yo no afirmaría eso de tal manera. De hecho, el origen de la actual crisis en la Iglesia, la crisis del matrimonio, la de la familia y  la de la moral en general no es la reforma litúrgica, sino los defectos en la fe con la doctrina del relativismo, de la que brota la moral y la litúrgia relativista. Ya que si yo tengo fe de forma defectuosa, viviré con una moral defectuosa en la vida y adoraré defectuosamente, de manera indiferente. Primero es necesario restaurar la claridad y la firmeza de la doctrina, de la fe y de la moral en todos los niveles, para desde allí, empezar a mejorar la liturgia. La integridad y la belleza en la fe exigen la integridad y la belleza de la vida moral, y esto exige a su vez la integridad y la belleza de la adoración pública.
Rorate Caeli: Siguiendo con el Sínodo, está claro para aquellos que tienen ojos para ver cómo el Papa Francisco ha causado gran confusión en lugar de claridad durante el proceso Sinodal, y como este alentó un giro hacia la ruptura al elevar el papel de los Cardenales Kasper y Danneels, del Arzobispo Cupich, etc. ¿Cuál sería la actitud correcta que un católico debería tomar en relación al Papa en estos tiempos difíciles? ¿Estarían los católicos obligados a dar a conocer sus opiniones y a “resistir” tal y como el Cardenal Burke dijo en una entrevista el año pasado con nosotros, incluso cuando sus opiniones son críticas con el Papa?
S. E. Schneider: Durante muchas generaciones, hasta nuestros días, reinó en la vida de la Iglesia una especie de “papa-centrismo”, o una especie de “papolatría“, que era sin duda alguna, algo excesivo en comparación con la visión moderada y sobrenatural de la persona del Papa y la debida veneración que le era debida en tiempos más antiguos. Una actitud tan exagerada hacia la persona del Papa genera en la práctica un sentido teológico excesivo y equivocado sobre el dogma de la infalibilidad Papal.
Si el Papa fuese a decirle a toda la iglesia que hiciese algo que pudiese dañar directamente a una verdad inmutable Divina o a un mandamiento Divino, todos los católicos tendrían el derecho a corregirlo en la debida forma, respetuosamente y movidos de reverencia y amor por el oficio sagrado y la persona del Papa. La Iglesia no es la propiedad privada del Papa. El Papa no puede decir “yo soy la Iglesia”, como hizo el rey Luis XIV de Francia, quien dijo: “L’État c’est moi.” El Papa es sólo el Vicario, no el sucesor de Cristo.
Las preocupaciones acerca de la pureza de la fe, es en última instancia una cuestión de todos los miembros de la Iglesia que son uno, y un cuerpo único vivo. En los tiempos antiguos, antes de confiarle a alguien el cargo sacerdotal u obispal, se les preguntaba a los fieles si podían garantizar que el candidato tenía una fe adecuada y una elevada conducta moral. El viejo Pontificale Romanum dice: “El capitán de un barco y sus pasajeros tienen las mismas razones para sentirse seguros o en peligro durante un viaje, por lo tanto, deben ser una sola mente en sus intereses comunes.” Fue precisamente el Concilio Vaticano II, quien alentó a los fieles, para contribuir al auténtico bien de la Iglesia, con el fortalecimiento de la fe.
Creo que, en un momento en el que una gran parte de los titulares de la oficina del Magisterio son negligentes en su deber sagrado, el Espíritu Santo llama a día de hoy a los fieles, para que llenen ese vacío y para que con un auténtico “sentire cum ecclesia“, defiendan con valentía la fe Católica.
LA TRADICIÓN Y SUS ENEMIGOS DE DENTRO
Rorate Caeli: ¿Es el Papa la medida de la Tradición, o está él medido por la Tradición? Y ¿deberían de rezar los fieles católicos para que llegase pronto un Papa tradicional?
S. E. Schneider: El Papa no es ciertamente la medida de la tradición, sino todo lo contrario. Siempre debemos tener en mente la siguiente enseñanza dogmática del Concilio Vaticano I: La función de los sucesores de Pedro no consiste en dar a conocer una nueva doctrina, sino en vigilar y exponer fielmente el depósito de la fe transmitida por los apóstoles (cf. Constitutio Dogmatica Pastor Aeternus, cap. 4).
En el cumplimiento de una de sus tareas más importantes, el Papa ha de esforzarse para que “A fin de que, apartado todo el rebaño de Cristo del pasto venenoso del error, sea alimentado con el manjar saludable de la doctrina celestial” (Concilio Vaticano I, ibíd.). La siguiente expresión, que estaba en uso desde los primeros siglos de la Iglesia, es una de las definiciones más notables del oficio Papal, y tiene que ser en cierto sentido como una segunda naturaleza de cada Papa: Y así Nos, adhiriéndonos fielmente a la Tradición de la fe cristiana entendida desde su origen (Concilio Vaticano I, ibíd.).
Siempre debemos orar para que Dios dé a Su Iglesia Papas con mentalidad tradicional. Sin embargo, tenemos que creer en estas palabras: “A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad” (Hechos 1: 7).
Rorate CaeliSabemos que hay muchos obispos y cardenales – posiblemente la mayoría – que quieren cambiar el lenguaje doctrinal de la Iglesia y la antigua disciplina, bajo las excusas del “desarrollo de la doctrina” y de la “pastoral de la compasión.” ¿Qué está mal con su argumento?
S. E. Schneider: Expresiones tales como “desarrollo de la doctrina” y “pastoral de misericordia” son de hecho, generalmente un pretexto para cambiar la enseñanza de Cristo, y en contra de su sentido e integridad perennes, tal y como los Apóstoles la habían transmitido a toda la Iglesia, y que fue preservada fielmente a través de los Padres de la Iglesia, de las enseñanzas dogmáticas de los Concilios Ecuménicos y de los Papas.
En definitiva, esos clérigos quieren otra Iglesia, y aun otra religión: Una religión naturalista, que se adapte al espíritu de la época. Tales clérigos son realmente lobos vestidos de oveja, a menudo, coqueteando con el mundo. No son pastores valientes, sino más bien conejos cobardes.
EL PAPEL DE LA MUJER EN LA IGLESIA
Rorate CaeliEscuchamos mucho sobre el papel de la mujer en la Iglesia de hoy – el llamado “genio femenino”. Las mujeres, obviamente, han jugado un papel fundamental en la Iglesia desde el principio, empezando por la Santísima Virgen María. Pero litúrgicamente, Cristo nos mostró Su posición tan clara como el agua, tal y como lo hicieron los papas preconciliares. ¿Cree Su Excelencia que la implicación de las mujeres en la liturgia, tanto si se trata de mujeres que toman parte en el Novus Ordo de la Misa como de niñas monaguillas, ha jugado un papel positivo o negativo en la Iglesia de las últimas cuatro décadas?
S. E. Schneider: No Hay ninguna duda sobre el hecho de que la implicación de las mujeres en los servicios litúrgicos en el altar (tanto como lectores, o sirviendo en el altar o distribuyendo la Sagrada Comunión) representa una ruptura radical con toda la tradición universal de la Iglesia. Por lo tanto, es una práctica que está en contra de la tradición Apostólica.
Esta práctica dio a la liturgia de la Santa Misa, una clara forma protestante y caracterizándola como si fuese una reunión informal de oración o un evento de catequesis. Esta práctica va sin duda contra las intenciones de los Padres del Concilio Vaticano II y no hay en ellos una indicación de esto en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia.
LA SANTA MISA TRADICIONAL
Rorate Caeli: Su Excelencia es bien conocido por la celebrar la Santa Misa Tradicional en muchos lugares alrededor del mundo. ¿Cuál es la lección más profunda que Vuestra Excelencia ha aprendido al decir la Misa en latín, tanto como sacerdote y como obispo, para que otros sacerdotes y obispos pueden tener la esperanza de ganar la misma experiencia al decir la Misa Tradicional?
S. E. Schneider: La más profunda de las lecciones que he aprendido de la forma tradicional de decir la Misa es esto: Yo solo soy sólo un pobre instrumento de lo sobrenatural, y de una elevada acción sagrada, cuyo celebrante principal es Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Siento que durante la celebración de la Misa, pierdo, en cierto sentido, mi libertad individual, por las palabras y los gestos que son prescritos incluso en sus detalles más pequeños, y no soy capaz de deshacerme de ellos. En mi corazón siento profundamente que sólo soy un siervo y un ministro, que aunque con libre albedrío en la fe y en el amor, no se cumple mi voluntad, sino la voluntad de Otro.
El más que milenario y tradicional antiguo rito de la Santa Misa, que ni siquiera el Concilio de Trento cambió, porque el Ordo Missae antes y después de este Concilio era casi idéntico, proclama con fuerza evangelizadora la Encarnación y la Epifanía de la inefable santidad e inmensidad de Dios, que en la liturgia como “Dios con nosotros”, o como “Emmanuel,” se hace tan pequeño y tan cercano a nosotros. El rito tradicional de la Santa Misa está muy elaborado y, al mismo tiempo, es una poderosa proclamación del Evangelio, al realizar la obra de nuestra salvación.
Rorate Caeli: Si el Papa Benedicto está en lo correcto al decir que el Rito Romano en la actualidad (aunque parezca extraño) existe en dos formas, en lugar de uno, ¿por qué no ha sucedido todavía el que todos los seminaristas estén obligados a estudiar y aprender la Santa Misa Tradicional en latín, como parte de su formación en el seminario? ¿Cómo puede ser que un sacerdote diocesano de la Iglesia Romana no conozca las dos formas del rito de su Iglesia? Y ¿cómo pueden denegar a tantos católicos los sacramentos y la Santa Misa por el Rito Tradicional si es igual a la otra forma?
S. E. Schneider: De acuerdo con las intenciones del Papa Benedicto XVI, y de las normas claras en la Instrucción “Universae Ecclesiae”, todos los seminaristas católicos tienen que saber la forma tradicional de la Santa Misa y saber celebrarla. El mismo documento dice que esta forma de Misa es un tesoro para toda la Iglesia – esto es para todos los fieles.
El Papa Juan Pablo II hizo un llamamiento urgente a todos los obispos para acomodar generosamente el deseo de los fieles con respecto a la celebración de la forma tradicional  de la Santa Misa. Cuando los clérigos y obispos obstruyen o restringen la celebración de la Misa Tradicional, no obedecen lo que dice el Espíritu Santo a la Iglesia, y actúan de una manera muy anti-pastoral. Se comportan como si fuesen los poseedores del tesoro litúrgico, que no les pertenece, ya que son únicamente sus administradores.
Al negar la celebración de la Misa Tradicional o su obstrucción y discriminación en contra de ella, se comportan como un administrador infiel y caprichoso que – contrario a las instrucciones del padre de la casa – mantiene la despensa bajo llave como una malvada madrastra que da a los niños una comida magra. Tal vez estos clérigos tienen miedo del gran poder de la verdad que irradia la celebración de la Misa Tradicional. Uno podría comparar a la Misa Tradicional con un león: al dejarlo libre, se defenderá a sí mismo.
RUSIA AÚN NO ESTÁ CONSAGRADA EXPLÍCITAMENTE
Rorate Caeli: Hay muchos rusos ortodoxos donde vive Su Excelencia. ¿Le han preguntado a Su Excelencia personas en el Patriarcado de Moscú o el mismo Alexander de Astana sobre el reciente Sínodo o acerca de lo que está sucediendo en la Iglesia bajo el pontificado de Francisco? ¿O han llegado ya al punto de que no les importe esta situación?
S. E. Schneider: Los Prelados Ortodoxos con los que tengo contacto, generalmente no están bien informados sobre la actualidad interna o los conflictos de la Iglesia Católica. Al menos nunca han hablado conmigo acerca de tales cuestiones. A pesar de que no reconocen la jurisdicción de la primacía del Papa, sin embargo ven al papado como el puesto principal dentro del rango jerárquico de la Iglesia, desde un punto de vista de orden  protocolario.
Rorate Caeli: Estamos a sólo un año del centenario de Fátima. indiscutiblemente Rusia no fue consagrada al Inmaculado Corazón de María y ciertamente no ha sido convertida. La Iglesia, aunque siempre está inmaculada, se encuentra en un completo desorden – tal vez incluso peor que durante la herejía arriana. ¿Irán las cosas de mal a peor antes de que puedan mejorar? Y ¿cómo deberían de prepararse los fieles católicos para lo que viene?
S. E. Schneider: Tenemos que creer firmemente: La Iglesia no es nuestra, ni del Papa. La Iglesia es de Cristo y sólo Él la posee y la conduce indefectiblemente, incluso a través de los periodos más oscuros de crisis, tal y como de hecho es la presente situación actual.
Esta es una demostración del carácter Divino de la Iglesia. La Iglesia es esencialmente un misterio, un misterio sobrenatural, y no podemos acercarnos a ella, del mismo modo que nos acercaríamos a un partido político o a una sociedad meramente humana. Al mismo tiempo, la Iglesia es humana y en su nivel humano, tiene hoy en día que soportar una dolorosa pasión, que es a su vez una participación en la Pasión de Cristo.
Uno puede pensar que la Iglesia de nuestros días está siendo flagelada como lo fue nuestro Señor; que está siendo despojada, tal y como lo fue Nuestro Señor, en la décima estación de la Cruz. La Iglesia, nuestra Madre, está siendo arrinconada contra las cuerdas no sólo por los enemigos de Cristo, sino también por algunos de sus colaboradores en el rango del clero, e incluso a veces del alto clero.
Todos los que somos buenos hijos de la Madre Iglesia, como valientes soldados, tenemos que intentar liberar a nuestra Madre – con las armas espirituales para defender y proclamar la verdad, la promoción de la Liturgia Tradicional, la adoración Eucarística, la cruzada del Santo Rosario, la batalla contra el pecado en la vida privada y la búsqueda de la santidad.
Tenemos que orar para que el Papa pueda pronto consagrar explícitamente a Rusia al Inmaculado Corazón de María, y entonces Ella ganará, tal y como la Iglesia oró desde los tiempos antiguos: “Alégrate, Virgen María, tú sola has destruido todas las herejías del mundo entero.” (Gaude, Maria Virgo, cunctas haereses sola interemisti in universo mundo).
[Traducción por Enrique Treviño y Miguel Tenreiro. Artículo original]
Fuente: http://rorate-caeli.blogspot.com/

2 de febrero de 2016

NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA

Oración a Nuestra Señora de la Candelaria

Nuestra Señora de la Candelaria, Madre de la Luz,
un día en el templo nos mostraste a Jesús, Nuestro Salvador.
Hoy venimos a Vos,
nosotros que muchas veces caminamos en tinieblas,
porque sabemos que seguís mostrándolo
a todo hombre que abre su corazón.
Danos la luz de la FE
que nos ayude a seguir los pasos de tu Hijo.
Danos la luz de la ESPERANZA
para vivir el Evangelio a pesar de las dificultades.
Danos la luz del AMOR
para reconocer y servir a Cristo que vive en los hermanos.
Danos la luz de la VERDAD
para descubrir el mal que nos esclaviza y rechazarlo.
Danos la luz de la ALEGRÍA
para ser testigos de la Vida Nueva que Dios nos ofrece.
Madre buena de la Luz, tómanos de la mano,
ilumina nuestro camino, muéstranos a Jesús.
Amén